Debate Metas Educaticvas 2021 – Riesgos del desarrollo y del subdesarrollo

José A. López Cerezo, Universidad de Oviedo

No es ninguna sorpresa indicar la gran actualidad del tema del riesgo, en el marco de la actual sociedad del conocimiento. La frase “sociedad del riesgo” fue introducida en 1986 por un sociólogo alemán, Ulrick Beck. Con esta frase Beck hacía referencia a la centralidad que ha adquirido el riesgo en nuestra sociedad post-industrial, como consecuencia del gran impacto de la ciencia y la tecnología en el desarrollo industrial del mundo moderno. Se trata del reverso de la conocida, en la mirada optimista, como sociedad del conocimiento. Habitar una sociedad del riesgo no significa simplemente tener que afrontar más o mayores peligros que en el pasado, sino hacer frente a una peligrosidad cualitativamente distinta. Muchos de los daños que en el pasado se atribuían a la naturaleza, al destino o a voluntades sobrenaturales, y eran vistos así como peligros inevitables, hoy son habitualmente imputados a acciones y decisiones humanas, y, por tanto, se les otorga la forma de riesgos.

De este modo, hablar de riesgos no sólo es hablar de daños potenciales para la salud sino también imputar responsabilidad a algún agente social por acción o por omisión de la acción. Juzgar, además, que un riesgo es inaceptable no es estimar que su ocurrencia es demasiado probable (la dimensión principal del llamado “riesgo objetivo”), aunque esto sea tenido en cuenta, sino sobre todo considerar que la exposición es involuntaria, que sus potenciales consecuencias son inasumibles, que está injustamente distribuido, que no es adecuadamente compensado, etc

En este sentido, dentro de la aproximación psicológica en el estudio científico del riesgo, y frente al reduccionismo técnico que lo equipara a probabilidad de fatalidad, se enfatiza el carácter multidimensional del riesgo cuando se tiene en cuenta la cuestión de su aceptabilidad. Un autor como Paul Slovic habla incluso de “la personalidad del peligro”: una cualidad subjetiva que está a la base del juicio popular sobre daños potenciales y depende de variables como el potencial catastrófico, la familiaridad, la capacidad de control, la equidad, la confianza en la administración o los gestores de la fuente del riesgo, la amenaza a generaciones futuras o la voluntariedad de la exposición.

Esta es la razón que explica la gran visibilidad del riesgo en el mundo desarrollado: la aparente paradoja de que a mayor nivel de vida, mayor atención sanitaria y mayor longevidad en una sociedad, un mayor número de riesgos alcanzan visibilidad pública y causan alarma entre la población. La cuestión clave es que cuanto mayor es el conocimiento y los medios técnicos disponibles, tantos más daños potenciales son identificados como riesgos y más graves son las atribuciones de responsabilidad por acción o por inacción. Por ello, hablar de alarmismos y psicosis injustificadas – una frecuente reacción institucional desde las primeras protestas públicas contra la energía nuclear hasta el actual debate sobre organismos transgénicos, es cometer el error de asimilar los riesgos a peligros inevitables. Es como confundir la escasez con la desnutrición. La escasez, al igual que el riesgo, es un concepto comparativo que requiere una definición contextual: depende de la distancia y de la significatividad atribuida a esa distancia. La omnipresencia del riesgo en sociedades democráticas afluentes, con un alto desarrollo científico-tecnológico y una creciente movilización ciudadana, es precisamente lo que cabe esperar de la personalización del peligro que supone el riesgo.

Con todo, el riesgo, al igual que otros fenómenos sociales, necesita ser contextualizado. El riesgo de los carros en ciudad de México, además de los accidentes, es la tremenda polución que generan, es el riesgo de lo que llaman “contingencia ambiental”. El riesgo específico para la salud de los carros de Medellín o Bogotá es que pueden explotar; es el riego de los carros-bomba. Análogamente, el riesgo en España de una central nuclear es la amenaza de accidente o liberación ambiental de radiación; el riesgo en Cuba de la única central nuclear que comenzaron a construir, la central de Jaragua en la bahía de Cienfuegos, es que no llegara a terminarse y tener que seguir con los cortes de corriente eléctrica.

La conocida feminista y crítica social Hilary Rose decía del enfoque de Beck que quizás era apropiado para una sociedad afluente como la alemana, pero que no encajaba bien en las sociedades necesitadas que cubren la mayor parte del planeta. ¿Es el riesgo un fenómeno específico del mundo desarrollado; una preocupación fuera de lugar para los países en desarrollo? Creo que la respuesta es no. En primer lugar el riesgo hoy tiene un gran potencial catastrófico, se concreta con frecuencia en amenazas que no se detienen ante fronteras nacionales o clases sociales. La explosión de Chernóbil afectó a la pobre población ucraniana y de las anexas repúblicas bálticas, pero también a los acomodados finlandeses y suecos. Lo mismo sucede con el deterioro de la capa de ozono y tantas otras amenazas actuales. Pero también ocurre que los riesgos no globales o transnacionales, como la destrucción de ecosistemas específicos o los perjuicios para la salud de ciertas poblaciones o categorías de obreros por actividades industriales, son riesgos locales que resultan con frecuencia de una desigual distribución internacional y social de las fuentes del peligro. Los barrios marginales, con más paro y menos ingresos, son los que suelen dar mejor acogida a nuevas industrias contaminantes que no serían aceptadas en otros entornos menos necesitados. Los países más pobres son los que asumen el deterioro de la pérdida de su masa forestal autóctona y la repoblación con especies exóticas que producen un deterioro del entorno. Son los mismos países que después probablemente producirán la pasta de papel a través de la contaminante industria celulósica. Finalmente, son otros países más ricos los que acogen a la limpia empresa manufacturera que produce el libro de calidad y a la sede de la editorial multinacional que lo distribuye. El riesgo es ciertamente un fenómeno global que no es independiente de la distribución de la riqueza y el poder, un fenómeno que reclama una mirada crítica desde el Sur.

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