Carta Cultural Iberoamericana

Programa 2. Ampliación de la participación de la sociedad en la acción cultural

La cultura no es una tarea exclusiva de los responsables políticos de este ámbito, ni de las personas o grupos sociales comprometidos con el sector. Ha de formar parte del conjunto de las políticas públicas y convertirse en el referente principal de buena parte de las iniciativas privadas y de las organizaciones cívicas. Solo de esta manera se conseguirá situar a la cultura en el centro de los debates sociales. La centralidad de la cultura en el ámbito social que se expuso en el capítulo primero alcanza ahora, cuando se perfila su desarrollo en programas concretos, su significado más completo: la centralidad exige relevancia, referencia, presencia política y comunicacional, coordinación institucional y compromiso social. Hacen falta nuevos aliados que crean en la fuerza transformadora del quehacer cultural. La tarea es convencerlos, abrir cauces de participación, reforzar sus iniciativas y conseguir que merezca la pena compartir un proyecto cultural.

La primera gran tarea es la convergencia de las políticas públicas y de sus instituciones en un proyecto cultural colectivo. Los municipios, las políticas de diseño de nuevos barrios o de viviendas, las instituciones relacionadas con la salud, con el medio ambiente o con la universidad, los medios de comunicación públicos, las universidades…, todos han de ser conscientes de que solo una narrativa cultural de su estar en la sociedad, de sus tareas y de sus utopías puede proyectarles hacia el futuro. El reduccionismo técnico limita la participación, la creación y la innovación. Es preciso incorporar la dimensión cultural en cada una de las instituciones sociales en consonancia con sus objetivos específicos. Es preciso también coordinar todas estas perspectivas culturales en proyectos integrados, para que así encuentren su fuerza y su capacidad de transformar la realidad y la vida de las personas. Para lograrlo, el compromiso de las ciudades es fundamental, lo que se comentará y concretará a continuación, en el programa tercero.

En este marco hay que situar la necesidad de establecer nuevas y renovadas relaciones, recíprocas y dinámicas, entre la cultura, la ciencia y la tecnología, uno de los ámbitos establecidos en la Carta Cultural Iberoamericana. La importancia cada vez mayor de la ciencia y la tecnología en la economía, en la administración pública e incluso en la experiencia personal, como resultado del intenso desarrollo científico-tecnológico contemporáneo, ha hecho que la preocupación por la cultura científica y tecnológica alcance en nuestros días una gran relevancia política y social. La necesidad de promover una cultura de ciencia socialmente apropiable, y de hacerla accesible a los ciudadanos, ha creado nuevos desafíos en la sociedad del conocimiento. Distintos organismos internacionales y numerosos programas de ciencia y tecnología nacionales resaltan la importancia de contar, en un país moderno, con una población adulta capaz de entender y participar en la formulación y ejecución de políticas científicas y tecnológicas.

También es importante destacar las relaciones entre cultura y medio ambiente. Ambas dimensiones son especialmente significativas para el desarrollo y la universalización de los derechos humanos, y en especial la participación, el disfrute de un ambiente saludable, el logro de un futuro sostenible para todos los pueblos y la igualdad en el acceso a los bienes y servicios culturales, haciendo ver que la universalización de los derechos humanos es tanto un requisito como un objetivo de la sustentabilidad.

La segunda tarea es incorporar en el proyecto colectivo a los diferentes sectores sociales, teniendo en cuenta su diversidad organizativa y la pluralidad de sus objetivos. El denominado «tercer sector» incluye, entre otros, las organizaciones no gubernamentales (ONG), los grupos de voluntarios, las fundaciones, las iniciativas de las empresas en el ejercicio de su responsabilidad social, las redes sociales, las iniciativas comunitarias y las cooperativas culturales. Pero, además, comprende las miles de iniciativas que en los barrios, en los pueblos y en los distintos grupos sociales surgen de manera informal. Su enorme amplitud hace casi imposible su articulación ni siquiera en forma de mosaico móvil, en el que las piezas se integran solo el tiempo necesario para dejar paso a nuevas figuras.

Este tercer sector desarrolla múltiples funciones en el campo de la cultura (Durán, 2007)1: participación ciudadana, producción cultural, generación de servicios culturales, comunicación, economía social e innovación en el ámbito cultural, por citar algunos de los más importantes. Su papel es imprescindible para el desarrollo de las políticas culturales. El posible acierto de este documento se va a medir por su capacidad para ilusionar y comprometer en torno a él a los millones de personas que de una u otra forma participan activamente en el campo cultural.

Objetivos

1. Desarrollar proyectos en los que participen de forma coordinada las diferentes administraciones públicas.

2. Establecer modelos de participación del sector privado en la cultura y facilitar su compromiso financiero, ordenando y asumiendo las buenas prácticas del sector.

3. Ampliar los programas de investigación en el ámbito cultural y establecer acuerdos estables entre el campo científico y los programas de desarrollo cultural.

4. Fomentar la cultura científica para formar ciudadanos responsables con el medio ambiente y con la calidad de vida de las personas en el planeta.

5. Promover la defensa del medio ambiente como parte integrante del patrimonio cultural.

Líneas de acción

1. Diseñar con los ministerios de Cultura de los países interesados y otros organismos públicos, algunos proyectos culturales en los que participen diferentes instituciones públicas y privadas.

2. Crear o actualizar los marcos legales para favorecer patrocinios, donaciones, transmisiones patrimoniales y, en general, un desarrollo ordenado del tercer sector.

3. Adaptar la legislación para favorecer la creación de nuevos vínculos con universidades, asociaciones, colectivos empresariales y profesionales para impulsar proyectos culturales.

4. Ampliar las encuestas y mediciones cuantitativas sobre cultura científica, como instrumento de diseño, evaluación y seguimiento de las políticas públicas, y coordinar este trabajo con los observatorios culturales.

5. Apoyar la generación de una red de museos de ciencia como espacios de trabajo en investigación compartidos.

6. Dotar a las bibliotecas públicas y a las casas de cultura de la región de los elementos tecnológicos que faciliten el acceso libre de los ciudadanos a los contenidos y a las posibilidades de comunicación que permite internet.

7. Promover espacios de trabajo y reflexión conjuntos entre las administraciones públicas iberoamericanas responsables de la cultura y del medio ambiente, para emprender acciones que refuercen la cultura de la sustentabilidad y la promoción y defensa de la diversidad cultural y natural.

 

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Comentarios

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