Ciencia cordial, un desafío educativo

El libro es el resultado de 18 meses de trabajo colaborativo entre grupos académicos de la Universidad de Aveiro, coordinado por Isabel Martins, y de la Universidad de Oviedo, coordinado por Mariano Martín Gordillo. Lo que se presenta (respetando las lenguas de los investigadores) es un material excelente para pensar la enseñanza de las ciencias y en el que se pone varios temas en cuestión como el del papel de las matemáticas en la educación y la cada vez más alta presencia de la exotitulación en esa asignatura. El éxito laboral de los egresados de matemática en la empresa y el bajo número de titulados que generan las universidades españolas hace que sea cada vez más frecuente que las clases de matemática sean impartidas por graduados en química, biología y otras carreras similares.

Par conocer mejor el libro les comparto la presentación que hacen los editores:

Presentación del libro Ciencia cordial: un desafío educativo 
Mariano Martín Gordillo e Isabel P. Martins (Coords.)
Ed. Catarata, Madrid, 2018

Cordiales y entrañables. Así son hoy las relaciones entre los países ibéricos y entre las grandes lenguas iberoamericanas. De hecho, las palabras cordial y entrañable/entranhável comparten significados en español y en portugués. Lo cordial conforta y fortalece el corazón. Lo entrañable supone intimidad y afecto.Lo cordial y lo entrañable se llevan bien con lo racional. Por eso es tan oportuna la caracterización que Miguel Ángel Quintanilla ha hecho de las tecnologías entrañables en el libro que publicó recientemente con Martín Parselis, Darío Sandrone y Diego Lawler en esta misma colección[1]. Su opuesto no es solo el extrañamiento de lo humano que producen las otras tecnologías, sino también la visceralidad con que a veces son asumidas esas tecnologías no entrañables y la resistencia a usar la razón para desvelar su carácter alienante.

La reivindicación de unas tecnologías entrañables que tengan una relación más apropiada con los seres humanos anima a revisar también nuestras relaciones con la ciencia, especialmente en la educación científica. Lamentablemente esas relaciones no han sido siempre tan cordiales como sería deseable. En muchas ocasiones las ciencias se han asignaturizado en nuestros currículos de modo que conocer los resultados acaba pareciendo más importante que aprender los procesos. O enseñar las respuestas correctas parece más urgente que ensayar las preguntas tentativamente pertinentes que caracterizan a esa actividad y esa forma singular de conocimiento que llamamos ciencia.

Así, los contenidos de las asignaturas escolares han convertido la iniciación a la ciencia en un itinerario minoritario hacia una parte de la cultura tan importante para todos los ciudadanos como es hoy la científica. Un itinerario que parece excluir a quienes se sienten concernidos por aquella vieja advertencia que presidía la entrada de la Academia platónica: “Nadie entre aquí sin saber matemáticas”. Y es que el carácter universalmente propedéutico que se atribuye a esa disciplina y su singular relación con las demás quizá no suscite aún la reflexión y el debate que seguramente merece.

La habilidad para resolver problemas matemáticos es, sin duda, importante. Pero suponer que, tanto en la formación general de todos los ciudadanos como en la de los especialistas de todas las ciencias, esa habilidad es más relevante que la curiosidad, la creatividad y las capacidades heurísticas emparentadas con la actividad artística es seguramente un prejuicio que genera algunos efectos secundarios no deseables. Por ejemplo, que la ciencia escolar no les resulte cordial a muchas personas. Tras años de relaciones difíciles con las matemáticas muchos alumnos acaban asumiendo que las ciencias no son para ellos, que son saberes abstrusos y alejados del resto de la cultura. Y ello no porque las matemáticas y las demás ciencias realmente lo sean sino porque la manera en que se han priorizado las primeras en los diseños curriculares quizá haya acabado por asignarles el papel de aquel elitista lema platónico o el de ese demonio escolar de Maxwell del que habló Pierre Bourdieu hace ya tiempo.

Quizá son demasiados los alumnos que acaban excluidos de la deseable familiaridad y cordialidad que los ciudadanos de una sociedad democrática deberían tener siempre con la cultura científica. Un trato similar al que todos deberían tener también con el resto de la cultura y con las artes.

En esta reivindicación del carácter esencialmente humano de las ciencias y las tecnologías y del replanteamiento de la manera en que se debe promover la cultura científica en el ámbito educativo, queremos destacar asimismo la afinidad de los contenidos de este libro con la forma en que José Antonio Acevedo-Díaz y Antonio García-Carmona han querido ejemplificar (en otra obra[2] de esta colección) que, tanto en el aula como en la formación inicial de los docentes, es muy fructífero el trabajo sobre controversias de la historia de la ciencia y la tecnología para un acercamiento educativamente cordial a algo tan importante como la comprensión de la naturaleza de la ciencia.

Por otra parte, enseñar ciencia contempla, además del qué y el para qué, también el cómo. Ahora bien, en esta última dimensión, la didáctica, importa destacar la relevancia del trabajo práctico y experimental. El aprendizaje de las ciencias, desde los primeros años de escolaridad, requiere de metodologías activas en las que el alumno asume una posición central. La naturaleza de la ciencia impone que las estrategias de enseñanza contemplen el cuestionamiento, la búsqueda de evidencias que confirmen o refuten las ideas previas sobre los problemas formulados. Ser culto desde el punto de vista científico, tal como Paul Hurd lo definía en un primer nivel, implica saber distinguir teorías de dogmas, datos de mitos, ciencia de pseudociencia, evidencia de propaganda, hechos de ficción, conocimiento de opinión. Ahora bien, para alcanzar este propósito es fundamental la elección de estrategias de enseñanza cordiales que no se restrinjan sólo a la memorización de saberes canónicos.

Asimismo consideramos muy importante repensar el lugar de la cultura científica en las organización de las enseñanzas y analizar el papel que las especialidades y las culturas docentes tienen en la configuración y desarrollo de los currículos escolares. Son, entre otros, aspectos relevantes para definir los contextos que resultan propicios para una ciencia educativamente cordial. Pero se trata de cuestiones de amplio alcance que, por su extensión y complejidad, desbordan los propósitos de este libro. No obstante, su primera parte pretende aportar un acercamiento mínimo a algunos de esos asuntos con trabajos que apuntan en esa dirección.

El primer capítulo se aproxima a la experiencia española en la inclusión en la enseñanza media de materias relacionadas de forma general con la cultura científica y los enfoques CTS. Se trata de un breve acercamiento valorativo a la definición de sus contenidos prescritos y al lugar que han venido ocupando en los currículos.

El segundo capítulo también tiene como referente el caso español y en él se presentan algunas consideraciones sobre las relaciones y asimetrías existentes entre las especialidades universitarias y docentes, así como los posibles efectos de las mismas en la configuración de las culturas docentes, especialmente en relación con el fenómeno de la exotitulación.

El tercer capítulo corresponde al contexto portugués y en él se plantean los temas de ciencia, ciudadanía y desarrollo sostenible y la forma de abordarlos con niños de 10-12 años. El caso descrito muestra cómo promover capacidades de pensamiento crítico y  desarrollar actitudes y valores, aplicables a otros contextos y situaciones que requieran construcción de conocimiento, cuestionamiento y argumentación, en una perspectiva de participación ciudadana. Para que la escuela prepare a los alumnos para la vida en sociedades desconocidas y cada vez más exigentes, es necesario ‘traer para dentro de la escuela’ la simulación de casos reales donde las capacidades pretendidas puedan ser desarrolladas.

Si los contextos educativos son el tema que articula las contribuciones de la primera parte del libro, en la segunda se presentan algunos proyectos que ejemplifican la relación educativamente cordial que aquí se defiende. Tres contribuciones portuguesas y dos españolas muestran las potencialidades de proyectos que van más allá de la disciplina de las disciplinas y que apuestan decididamente por el fomento de la cultura científica desde enfoques CTS. Varios de esos trabajos tienen además un alcance y una vocación netamente iberoamericana.

Así el cuarto capítulo presenta un caso innovador desarrollado en una escuela pública de 1º CEB (6-10 años), concebida de raíz para integrar la enseñanza formal y no formal de ciencias (el CIEC), basado en contextos históricos, sociales, culturales y tecnológicos de la región donde se inserta. Se trata de un proyecto innovador y único en Portugal, apoyado por el poder político regional, lo que ha contribuido a una mayor y mejor educación en ciencias de los niños y también de propia la comunidad. Conocer cómo fue proyectado y cómo se desarrolla es una experiencia muy enriquecedora.

El quinto capítulo describe un proyecto de diseño fresco e innovador, el EduPARK, desarrollado al aire libre, en un parque municipal de la ciudad de Aveiro (Portugal), con los niños, los estudiantes de profesorado y los profesores en activo. Recurriendo a aplicaciones diseñadas para dispositivos móviles, los visitantes del parque profundizan en el conocimiento sobre especies animales y vegetales y también sobre aspectos arquitectónicos, en una perspectiva integrada ciencia-tecnología-sociedad e innovación. El proyecto está también considerado como de interés potencial en el sector turístico.

El sexto capítulo muestra una experiencia de enseñanza que involucra las disciplinas de matemáticas y de la educación visual, centrada en el aprendizaje activo y significativo, facilitadora del desarrollo de la creatividad de los alumnos. El caso descrito, desarrollado en una escuela portuguesa, está enfocado en los temas de simetrías e isometrías y muestra cómo es posible con adolescentes de 13 y 14 años desarrollar y alimentar el gusto por las matemáticas y el arte. Asimismo corrobora la filosofía subyacente en la simbiosis STEMA (science, technology, mathematics and art).

El séptimo capítulo presenta un proyecto de alcance iberoamericano que se ha venido desarrollando en esta década con la configuración paralela de una comunidad de educadores iberoamericanos para la cultura científica y la gestación de un inmenso banco de materiales didácticos de muy diversa naturaleza accesibles en español (y algunos de ellos también en portugués).

Por último, el octavo capítulo proyecta hacia el futuro unas iniciativas didácticas particularmente incardinadas en la idea de una ciencia cordial como son las de los casos simulados sobre controversias tecnocientíficas. Una somera descripción de este tipo de propuestas didácticas y una breve presentación de un nuevo caso simulado relacionado con el futuro de las lenguas son el contenido del capítulo final.

Este libro es fruto, por tanto, de la cordialidad luso-española y la reivindica en la enseñanza de las ciencias. La misma cordialidad que caracteriza a la relación que mantienen los autores de estos trabajos. Una relación nacida y fortalecida en numerosos encuentros desde hace ya bastantes años en el marco de los Seminarios Iberoamericanos de Educación CTS (Aveiro, Valladolid, Madrid, Málaga, Brasilia, Bogotá…), en publicaciones compartidas (como los monográficos titulados Educación CTS, número 6, y Nuevos desafíos en la enseñanza de las ciencias, la matemática y la tecnología, número 33, en la Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad) y que ha cuajado más recientemente en la Cátedra Ibérica CTS+I  constituida en Lisboa en noviembre de 2015 y que, con sucesivos encuentros en Aveiro, Oviedo y Avilés, ha ido dando frutos de los que son parte también los propios trabajos de este libro.

No podemos dejar de destacar aquí el apoyo constante que nos han prestado José Antonio López Cerezo, de la Universidad de Oviedo, y Juan Carlos Toscano, Secretario Técnico de Ciencia de la Organización de Estados Iberoamericanos. Sin su aliento y animo constante este libro, como tantos otros trabajos, no habría llegado a existir.

Una última cosa importante. Comenzábamos señalando que las relaciones entre nuestras dos lenguas son cordiales y entrañables. Para nosotros siempre ha sido así porque en nuestros encuentros cada cual usa la suya sin que tengamos problemas para entendernos. En estos tiempos en que otra lengua con menos hablantes nativos que el español (y muchísimos menos que la gran comunidad iberoamericana que habla nuestras lenguas) aspira a convertirse en lengua global, imponiendo tácitamente su ontología y su axiología, creemos que es importante la publicación de libros que, como este, no son solo bilingües sino cordiales con nuestras dos lenguas. Confiamos en que sus contenidos también lo sean para los lectores que no necesitan que una tercera les incordie.

 


[1] Quintanilla, M. A. et al. (2017): Tecnologías entrañables, Ed. Catarata, Madrid.
[2] Acevedo-Díaz, J.A. y García-Carmona A. (2017): Controversias en la historia de la ciencia y cultura científica, Ed. Catarata, Madrid.
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Comentarios

Me encantaría leer todo el libro, pero desde ya los felicito porque llenan un vació en la enseñanza de las ciencias.
Volveré a escribirles cuando pueda recibir y leer todo el libro.

Estimada amiga
Dentro de un año (agosto de 2019) el libro quedará publicado en PDF para descarga gratuita.
Un saludo

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(requerido)


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