Archivo de febrero, 2019

Tecnociencia

Por José Antonio Acevedo Díaz.

Las relaciones entre la ciencia y la tecnología pueden seguir diferentes modelos; de hecho, estos modelos se han dado a través de los tiempos (Acevedo, 2006). En uno de ellos, la intensificación de estas relaciones implica su entrelazamiento, fusión o indistinción como tecnociencia, lo que, en cierto modo, presupone una identidad ontológica (Niiniluoto, 1997). Se trata de un fenómeno que parece ser más frecuente en la contemporaneidad, pero no en el pasado.

Los sociólogos de la ciencia y la tecnología atribuyen la introducción del término tecnociencia a Bruno Latour, en la década de los años 1980, para su uso en la metodología de los estudios sociales sobre ciencia y tecnología (Latour, 1987/1992), Según Raynaud (2018): “El término [tecnociencia] ha sido retomado por muchos de sus colaboradores [de Latour] directos o indirectos.” (Raynaud, 2018, p. 294). (más…)

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Comercialización y mercantilización de la ciencia

José Antonio Acevedo Díaz

La revista Science & Education dedicó un número especial a la comercialización y mercantilización de la ciencia académica; véase la introducción de Irzik (2013). Posteriormente, Erduran and Dagher (2014) incluyeron este tema en su interesante propuesta de enseñanza de la Naturaleza de la Ciencia en la educación científica.

Considero que se trata de un aspecto no-epistémico de gran interés para una mejor y más holística comprensión de la Naturaleza de la Ciencia; un asunto al que no se le suele prestar la atención necesaria en la educación científica. Me ocupé por primera vez de ello en la segunda mitad de los años 1990 (Acevedo-Díaz, 1997), y lo he retomado en ocasiones posteriores (e.g., Acevedo, 2006).

La ciencia, como búsqueda sistemática de conocimiento teórico (episteme), tiene sus orígenes en la Grecia Clásica. No obstante, como se acepta habitualmente, la ciencia moderna es un fenómeno muy posterior, que puede datarse entre finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII, en el que el filósofo Francis Bacon fue su gran propagandista.

Aunque el dogma teoricista, heredero de la tradición platónica-aristotélica, siempre ha estado presente en la civilización occidental, Bacon defendió que el conocimiento para manipular las cosas materiales era más útil para el progreso social que el saber abstracto, subrayando así la vertiente instrumental de la ciencia. Así mismo, Descartes también llegó a afirmar que verdad y utilidad son inseparables. Por tanto, la ciencia moderna tuvo el sentido de lo útil e interés por los asuntos tecnológicos desde sus orígenes.

Una mirada al pasado nos permite comprobar que los científicos se han relacionado, en mayor o menor medida, con el Estado, el ejército, los empresarios y los comerciantes en cualquier época (Stewart, 1992). Son conocidas las implicaciones sociales, industriales y comerciales de afamados científicos londinenses durante los siglos XVII y XVIII, tales como Boyle y Hooke (Stewart, 1997). Así mismo, en el siglo XIX, ilustres físicos teóricos como Maxwell y Kelvin aparecen ligados también a la tecnología y a la ciencia industrial; por ejemplo, en relación con el cableado de la telegrafía transatlántica (Pestre, 2000; Smith & Wise, 1989).

Aunque los ejemplos se extienden por todas las épocas, es durante el siglo XX, y lo que va del siglo XXI, cuando ha aumentado más el interés por el valor comercial de la ciencia y su mercantilización. Lo abordaré en un par de notas próximas dedicadas, respectivamente, a la big science (macrociencia o gran ciencia) y a la tecnociencia.

Referencias

Acevedo-Díaz, J. A. (1997). ¿Publicar o patentar? Hacia una ciencia cada vez más ligada a la tecnología. Revista Española de Física, 11(2), 8-11.

Acevedo-Díaz, J. A. (2006). Modelos de relaciones entre ciencia y tecnología: un análisis social e histórico. Revista Eureka sobre Enseñanza y Divulgación de las Ciencias, 3(2), 198-219.

Erduran, S., & Dagher, R. F. (2014). Reconceptualizing the Nature of Science for Science Education. Dordrecht: Springer.

Irzik, G. (2013). Introduction: Commercialization of Academic Science and a New Agenda for Science Education. Science & Education, 22(10), 2375-2384. https://link.springer.com/article/10.1007/s11191-013-9583-8

Pestre, D. (2000). Entre torre de marfil y Silicon Valley. Mundo científico, 209, 57-60.

Sánchez-Ron, J. M. (2004). Imagen pública e intereses privados. En F. J. Rubia, I. Fuentes y S. Casado (coords.) (2004), Percepción social de la ciencia, pp. 97-113. Madrid: Academia Europea de Ciencias y Artes (AECYA)/UNED Ediciones.

Smith, C., & Wise, N. (1989). Energy and Empire, William Thomson, Lord Kelvin, 1824-1907. Cambridge: Cambridge University Press.

Stewart, L. (1992). The Rise of Public Science. Cambridge, U.K.: Cambridge University Press.

Stewart, L. (1997). La ciudad de Londres. El encuentro de la ciencia y el mercado. Mundo científico, 183, 810-815.

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Dilemas éticos en la ciencia: patriotismo nacionalista

Por José Antonio Acevedo Díaz.

El patriotismo nacionalista llevado a su extremo ha dado lugar a crueles y sangrientas guerras. No todas estas han sido en Europa, pero sí frecuentes; no hay más que repasar brevemente la historia.

 

De este patriotismo nacionalista no se han librado los científicos. Por ejemplo, el químico alemán Fritz Haber le dijo con vehemencia al químico francés Victor Grignard: “Durante la paz un científico pertenece al mundo pero durante la guerra pertenece a su país” (Martín et al., 2015, p. 225). Los dos científicos fueron galardonados con el premio Nobel (Grignard en 1912 y Haber en 1918), y ambos fueron activos partícipes en el desarrollo de gases químicos mortíferos de uso militar durante la Primera Guerra Mundial. A pesar de su activa colaboración con el ejército alemán donde alcanzó el grado honorífico de capitán, Haber, que era judío, abandonó Alemania con la llegada de Hitler al poder en 1933. (más…)

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Los científicos también son humanos, para bien y para mal (III)

Por José Antonio Acevedo Díaz
Decir que Newton es tal vez el científico más grande de la historia no debería ser una sorpresa para nadie. Pero también estaba obsesionado con el poder y el prestigio personal, lo que le llevó a actuar de un modo ruin y falto de ética en más de una ocasión.
Es bien conocida su polémica hasta la muerte con Leibniz sobre la prioridad de elaboración del cálculo infinitesimal (diferencial e integral). Newton lo desarrolló su método de fluxiones unos diez años antes que Leibniz, pero no lo publicó en su momento. La notación de Leibniz es la que prevaleció. No insistiré más en esta polémica. (más…)
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