Científicos en tiempos de guerra (II)

Por José Antonio Acevedo Díaz.

Tras conocer el lanzamiento, en agosto de 1945, de las bombas atómicas Little Boy sobre Hiroshima y Fat Man sobre Nagasaki, Albert Einstein manifestó: “Debería quemarme los dedos con los que escribí aquella primera carta a Roosevelt”.

La carta a la que se refiere Einstein la escribió el 2 de agosto de 1939, a petición de tres físicos de origen húngaro que también habían tenido que abandonar Alemania por ser judíos: Leó Szilárd, Edward Teller y Eugene Wigner. En ella, alertaba a Franklin D. Roosevelt, presidente de los Estados Unidos por entonces, del peligro potencial de que, a raíz del descubrimiento de la fisión del uranio realizado por Otto Hahn y Fritz Strassmann en Berlín en diciembre de 1938, Alemania pudiese fabricar bombas atómicas (Sánchez-Ron, 2009). De algún modo, esa carta contribuiría a impulsar el establecimiento del proyecto nuclear estadounidense conocido como Proyecto Manhattan (Manhattan Engineer District), que culminó con el lanzamiento de las mencioadas dos bombas atómicas sobre Japón.

Más de dos años después de que Einstein y sus colegas húngaros hubieran instado al presidente Roosevelt a que se prestara atención a la posibilidad de construir armas atómicas, Estados Unidos puso en marcha el Proyecto Manhattan en secreto. Ello sucedió el 6 de diciembre de 1941, justo un día antes de que los japoneses lanzaran su criminal ataque sorpresa sobre Pearl Harbor, que precipitaría la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial (Isaacson, 2008).

El proyecto Manhattan ilustra perfectamente las complejas y dramáticas relaciones entre ciencia, tecnología y poder militar. Estas se ven reflejadas también en las relaciones entre el general Leslie Groves, jefe militar del proyecto, y el científico Robert Oppenheimer, director científico del mismo (Acevedo, Vázquez y Manassero, 2002). La compleja personalidad de Oppenheimer se ve plasmada en la película, de 1987, Creadores de sombras (Fat Man and Little Boy) (El País, 19/3/1990). Menos conocida es la película de 1947, de estilo casi documental, ¿Principio o fin? (The Beginning or the End?). En la misma, se sigue con minuciosidad el desarrollo de la primera bomba atómica hasta su lanzamiento en Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Sin embargo, en este film no se cuestiona el dilema de si lanzar la bomba fue una decisión moralmente correcta o no, posiblemente debido a presiones políticas.

En el proyecto Manhattan trabajaron numerosos científicos e ingenieros, entre ellos destacaré los siguientes:

Robert Oppenheimer, físico estadounidense y director científico del proyecto.

Enrico Fermi, físico italiano que construyó la primera pila nuclear.

Edward Teller, físico húngaro judío que huyó de Europa cuando Hitler llegó al poder.

Leó Szilárd, físico judío húngaro-estadounidense. Amigo y colaborador de Teller.

Hans Bethe, físico alemán-estadounidense judío. Director de la división teórica en el laboratorio secreto de Los Álamos.

Richard Feynman, físico estadounidense. Director del equipo de calculistas de la división teórica.

John Von Neumann, matemático húngaro-estadounidense, cuya aportación principal fue el diseño del método de implosión.

Dicho lo anterior, en marzo de 1945 estaba claro que Alemania estaba muy próxima a su derrota, y que no disponía de ninguna bomba atómica. Heisemberg, intencionadamente o no, no lo había logrado. Hitler había estado más interesado en la cohetería y el desarrollo de las V2 (Vergeltungswaffe 2), diseñadas por el ingeniero alemán Wernher von Braun, que en las posibilidades militares de la fisión nuclear. ¿Era realmente necesario seguir con el proyecto y usar bombas atómicas para conseguir la rendición de Japón? El presidente Roosevelt murió el 12 de abril de 1945, sucediéndole ese mismo día Harry S. Truman. Sin suscitar apenas debate en las más altas instancias políticas, se tomó la decisión de lanzar dos bombas atómicas; primero sobre Hiroshima (el 6 de agosto de 1945) y poco después sobre Nagasaki (el 9 de agosto de 1945).

Por su interés como fuente de poder (science is power), circa de mediados del siglo XX es cuando la ciencia ha tenido que doblegarse a gran escala y con más frecuencia que antaño a los imperativos político, militar y económico (Ferné, 1989), lo que queda ilustrado históricamente por el proyecto Manhattan, un proyecto pionero y paradigmático de macro-ciencia o gran ciencia (big science) militarizada (Acevedo, 2006).

Referencias bibliográficas

Acevedo, J. A. (2006). Modelos de relaciones entre ciencia y tecnología: un análisis social e histórico. Revista Eureka sobre Enseñanza y Divulgación de las Ciencias, 3(2), 198-219.

Acevedo, J. A., Vázquez, A. y Manassero, M. A. (2002). El movimiento Ciencia, Tecnología y Sociedad y la enseñanza de las ciencias. Disponible en línea en Sala de Lecturas CTS+I de la OEI, http://www.oei.es/historico/salactsi/acevedo13.htm. Traducción al español del capítulo 1 del libro de Manassero, M. A., Vázquez, A. y Acevedo, J. A. (2001): Avaluació dels temes de ciència, tecnologia i societat. Palma de Mallorca: Conselleria d’Educació i Cultura del Govern de les Illes Balears.

El País (19/3/1990): https://elpais.com/diario/1990/03/19/cultura/637801201_850215.html

Ferné, G. (1989). La ciencia una nueva mercancía. Mundo científico, 91, 564-571.

Isaacson, W. (2008). Einstein, su vida y su universo. Barcelona: Debate.

Sánchez-Ron, J. M. (2009). El jardín de Newton. Barcelona: Crítica.

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