Ciencia vs mitología… el choque de la ciencia contra la realidad

Otra razón para pensar la interdisciplinariedad en el aula.
Por: Xavier Gando. Buenos Aires, Argentina. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
Resumen: Una de las razones de ser de la ciencia es la búsqueda de la verdad de las cosas… para la ciencia, verdad y realidad, ¿son sinónimos, homónimos o antónimos?… La ciencia, ¿explica siempre la realidad?; o, simplemente al chocar contra ella en ocasiones la explica y en otras no tanto. ¿Puede ser que la ciencia en algún punto choque contra la realidad?… si esto pasara, y no es que no pase, ¿qué estaría mal?, ¿ciencia o realidad?… además, la ciencia siempre confluye en verdades irrefutables, ¿es posible que deriven de la ciencia verdades contradictorias, por tanto, mutuamente excluyentes?

El mundo entero cambia perpetuamente. Y toda cosa (en el mundo) cambia en cada instante. Así, toda cosa se determina en cada momento con una nueva determinación distinta a la que la determinaba un momento antes. Y, sin embargo, la realidad única que alcanzan todos esos cambios sucesivos permanece por siempre inalterada. Ello se debe al hecho de que la “realidad única” no es sino la realidad misma de lo Absoluto al adoptar la “primera determinación”, y todas las formas (o sea las sucesivas determinaciones) son accidentes que se producen sucesivamente, cambiando y renovándose en cada momento.”
Sufismo y taoísmo: estudio comparativo de conceptos filosóficos clave, Volumen 1 – pág. 236.- Toshihiko Izutsu

Suele suceder que frente a la necesidad de adoptar una posición ante una disyuntiva concreta, nos encontremos ante la evidencia de dos verdades contradictorias y por tanto, en principio, mutuamente excluyentes, que nos lo dificulte. El problema está en que a las dos las consideramos verdades, por tanto, ¿cuál prevalece? Automáticamente arribamos a una encrucijada con el condicionante de tener que elegir entre al menos dos caminos; encrucijada cruel y frustrante en ocasiones, porque al parecer tales caminos siendo completamente distintos, nos conducen a un mismo sitio conceptual, una tercera verdad lógica resultante, irrefutable pero distinta en función de cada camino elegido.

El primer camino de selección suele ser quizá más fácil de recorrer, porque discurre en nuestra mente y nos involucra a título personal e individual, algo que George Orwell denominó “doblepensar”, el poder o la capacidad de mantener dos creencias contradictorias en la mente, simultáneamente, y aceptar ambas. Este es un proceso personal en el que a fin de cuentas elegimos qué creer, y que en el peor de los casos implicará, como decía Orwell, saber y no saber, emplear lógica contra lógica que deriva en la más refinada sutileza del sistema: inducir conscientemente a la inconsciencia, y luego hacerse inconsciente para no reconocer que se había generado un acto de autosugestión.

El segundo camino es más complejo, porque involucra algo más que verdades contradictorias que en realidad y en su esencia son independientes; algo conocido como una doble verdad, lo que Averroes definía como una verdad única pero entendida de diversas maneras y aplicables de acuerdo a la circunstancia, según deriven: a) del dogma y la fe; ó, b) del ejercicio de la razón.

Esto se vuelve un dilema, a mi parecer, por nuestra necesidad de obtener… o más bien, nuestra creencia asimilada de que solamente puede existir una respuesta válida o verdadera para cada problema; y sobre todo, que esa única respuesta, una vez hallada, automáticamente permite u obliga a rechazar cualquier/toda otra eventual respuesta, por errónea. Esta lógica nos induce a pensar que la verdad indefectiblemente se opone al error, oposición firmemente rechazada por Nietzsche que ya en su tiempo habló de la existencia de errores irrefutables y verdades contradictorias producto de la investigación científica, y esto lo planteó no como un ataque a la ciencia, sino a la liviandad, mecanicismo y absolutismo con que se la suele encasillar, el de limitar su función a emitir un concepto que defina una verdad de manera absoluta, siendo que los conceptos tienen un valor relativo. “La verdad es aquella clase de error sin la que una determinada especie de seres vivos no podrían vivir. El valor para la vida es lo que decide en última instancia”, decía Nietzche.

Continuando con esta concepción de la verdad relativa, la teoría de la verdad como coherencia sostiene que ésta no es más que la coherencia con un conjunto determinado de proposiciones o creencias, seleccionando del universo de creencias posibles solamente aquellas que las personas realmente sostienen; Bertrand Russell refutó esta teoría argumentando que simultáneamente, tanto la creencia como su correspondiente negación guardarán coherencia con al menos un conjunto de creencias, lo cual derivaría en que creencias contradictorias puedan ser juzgadas ciertas de acuerdo con la teoría coherentista; pero dado que ambas no pueden ser verdaderas al mismo tiempo (por ser contradictorias), la teoría no puede ser válida, concluía Russell.

Al margen de la discusión filosófica, la realidad es que existen verdades contradictorias, y más aún, de hecho existen ideales humanos contradictorios consecuentes. Quizá la dificultad de fondo consiste en que confundimos la razón de ser de la ciencia, con la razón resultante de la aplicación del método científico en busca de un conocimiento coyuntural específico, Castrodeza dice que la razón de ser de la ciencia no es ocuparse de revelar la verdad, sino que las teorías que ella genera tienen sentido con su finalidad instrumental que es la permanente adaptación del hombre a su entorno, a manera de ejemplo reflexiona en que “…la propuesta de Darwin, como ocurre con la de todos los demás científicos, no empezó a ser oída por verdadera, sino porque era la que ofrecía la interpretación del mundo que más se ajustaba con el espíritu de una época que estaba empezando”, equivalente a la distancia a aquel famoso: “y sin embargo, se mueve”.

“Toda verdad atraviesa tres fases: primero, es ridiculizada; segundo, recibe violenta oposición; tercero, es aceptada como algo evidente”. Arthur Schopenhauer

Cuando aceptemos este hecho e intentemos ir más allá de la verdad vigente, cuando no nos limitemos exclusivamente a los modelos y experimentos cuyos resultados son previsibles mientras sigamos un orden de pasos prefijados, indefectible y automáticamente caeremos en la necesidad de la interdisciplinariedad para entender el mundo que nos rodea, porque en esa tarea es indudable que varios saberes necesarios escaparán al conocimiento y especialización individual.

Permanentemente surgen interrogantes que la ciencia conocida no es capaz de explicar, [aún]. Cada uno de ellos perfectamente pueden ser motivo de experiencias investigativas independientemente del nivel de conocimiento del grupo de estudiantes, que en el peor de los casos limitará la profundidad de su tratamiento… incluso, todavía quedan varios misterios antiguos sin una explicación científica indiscutible y que alimentan el mundo de la mitología. Hoy interactuamos en una comunidad que abarca como mínimo 2 continentes y más de 4.600 colegas, lo cual permite, a más de compartir saberes, incluso certificar algunas verdades sin necesidad de ir a la fuente física a verificarlas, excelente vehículo de interdisciplinariedad y aula extendida.

Ciencia, mito o realidad. Para muestra un botón. Mitología al margen, hace mucho tiempo se volvió viral un documento relacionado con las pirámides y otros monumentos muy antiguos… la ficción siempre es un ingrediente atrapante, que pone un velo de misterio y aventura a la investigación de lo desconocido… el problema principal hasta el día de hoy sigue siendo el cómo se construyeron y la precisión con que se hicieron en eras históricas tan diferentes. La similitud de las pirámides en Egipto, Teotihuacán, Indonesia, o monumentos como el “Templo de Osiris”, la estatua de “Ramsés II”, (que ante la imposibilidad física de moverla sin destruirla, hubo que construir las instalaciones para su exposición a su alrededor), las ruinas en Machu Picchu, “la pirámide negra del Hijo del Creador” de la Cueva de Los Tayos en Ecuador, etc. Las conclusiones científicas aplicables para una zona, como por ejemplo el sistema de agua que reduce la fuerza de tracción requerida para el desplazamiento de los trineos sobre la arena supuestamente utilizado para la construcción de las pirámides en Egipto, no es aplicable en México, China o Indonesia; y menos para las construcciones en Machu Picchu o la Isla de Pascua. Se han realizado muchos cálculos experimentales que producen resultados a todas luces inviables, incluso existe al menos un ejemplo actual que permite visualizar la magnitud de la obra que implica construir una pirámide como la de Guiza, por ejemplo, es el complejo militar llamado Stanley R. Mickelsen Safeguard Complex ubicado en Dakota del Norte, EEUU. En fin, un universo muy amplio de investigación histórica, geográfica, matemática, lingüística, física, astronómica, sociológica, de herramientas y equipos, ciencia y tecnología aplicada, comparación con estándares actuales de construcción, etc., etc… mucho por hacer, sin detenernos solamente en lo dicho por Isaac Asimov: La ciencia puede divertirnos y fascinarnos, pero es la Ingeniería la que cambia el mundo.

No queda remedio que seguir a Bunge, quien refiere un rasgo fundamental inherente a la ciencia: se trata de un conocimiento falible; abunda más aún diciendo que no podemos ser tan ingenuos como para pensar que la ciencia nos proporciona una verdad absoluta e incuestionable… es posible discutirla y criticarla, lo cual lejos de ser un síntoma de debilidad, es una de sus mayores fortalezas. Aceptar esta realidad nos acerca a la interdisciplinariedad, no existen verdades absolutas ni dueños de la verdad única, aunque esto paradójicamente parezca una verdad absoluta.

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