Un licenciado sin estudiar

 Si creemos al centenario Pepín Bello, superviviente de todas las vanguardias, en las conversaciones sostenidas con dos periodistas catalanes, que acaba de publicar la editorial Anagrama, de Barcelona, Federico García Lorca ha sido el único estudiante de la historia de la universidad española que ha obtenido un título superior sin haber mirado –así, sin haber mirado— un libro de la carrera, en este caso la de Derecho. Urgido por su padre a tener un título, García Lorca solicitó una entrevista con el profesor Agustín Viñuales, factótum de la Facultad granadina, que se prolongó durante dos días, en los que le argumentó sobre su necesidad de este título. Atrapado por la palabra envolvente del joven “estudiante”, Viñuales decidió convocar una reunión de profesores de la Facultad para exponerles el caso.

Y no sin discusiones impuso su tesis de que aquel joven excepcional debía recibir un trato excepcional.  Se comprende así que Lorca, que jamás utilizó su título ni lo exhibió nunca enviara años más tarde un telegrama a su amigo Jorge Guillén, catedrático de literatura en Murcia, pidiéndole aprobara a un recomendado de su antiguo profesor, “pase lo que pase”. Esa benevolencia de una España inteligente se compadece mal con aquella otra que años más tarde asesinaría a uno de los mayores poetas de todos los tiempos, para algunos hoy el mayor poeta europeo del siglo XX.

 

MIGUEL GARCÍA-POSADA

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