Ministro de cultura

Aunque no todo el mundo cultural está satisfecho con el nombramiento del nuevo Ministro y los nueve meses de que de entrada dispone para trabajar no son demasiados, sería de desear que el titular de Cultura se olvidara de la política de escaparate, que a él no le disgusta, y promoviera una autentica ley de bibliotecas públicas: bibliotecas bien dotadas y abastecidas, que eviten o la desertización de la ciudadanía en la materia o la acumulación gratuita de libros en las casas que pueden permitírselo, que son pocas.

En el mundo anglosajón la biblioteca es un lugar de asidua frecuentación, no un sitiado donde se va sacar libros. Si Molina hace esa ley “sólo” cumpliría con el programa del Partido Socialista… de 1982. La  actual red de bibliotecas estatales es débil, francamente débil y tampoco las Comunidades Autónomas han deslumbrado en la materia. La lectura no se fomenta con los “spots” televisivos; las instancias concernidas son diversas, pero la biblioteca pública tiene un lugar central en una política dorsal para lograr una democracia de ciudadanos, no de simples consumidores que votan.

 

MIGUEL GARCÍA-POSADA

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