Archivo de junio, 2014

Ignaz P. Semmelweis 1818-1865. Hans M. Enzensberger

Enlace al poema Ignaz Phillip Semmelweis 1818-1865 en la sección poesía y ciencia

En el fin de este curso nos ha parecido buena idea acabar con un poema panegírico; es decir, dedicado a un científico destacado con nombre y apellidos. Dentro del  campo de la poesía de temática científica, es el panegírico – a la ciencia misma o a sus practicantes  en cualquiera de las ramas de la Ciencia – uno de sus géneros  más notables y viene a representar una cierta épica en que científicos y exploradores vienen a ocupar y representar la figura de los nuevos héroes de las sociedades modernas.

En este sentido, desde el siglo XIX, en que eclosiona la relación entre poesía y ciencia, son muy numerosos los ejemplos de poemas dedicados a ensalzar a la ciencia y a sus oficiantes. Numerosos ejemplos se pueden encontrar en la sección poesía y ciencia: desde el primer panegírico publicado en octubre de 2002, Newton de Federico García Lorca, hasta hoy, se han publicado más de 50 poemas de este tipo.

En cuanto al tratamiento literario aplicado en la poesía a científicos relevantes, en el siglo XIX predominan los acentos exaltados y épicos al considerarlos genuinos héroes de la  modernidad. En la poesía del siglo XX se acaba pasando a una visión menos enfática y más realista; una visión que no es tan plana, sino más poliédrica, de dichos personajes. En suma, es una visión diferente que, sin embargo, no abandona la admiración por el profundo e influyente calado de sus aportaciones. Gloria Fuertes,  en Ciencia y conciencia, los llama “Héroes de la nueva  era,  / así os nombro y lo digo / no por matar enemigos / sino por salvar amigos. / ¡Héroes reconocidos!”  (Ver Nota 1).

 

Ignaz P. Semmelweis en 1858. (Wikipedia)

Dentro de unos días, en concreto el 1 de julio, se cumplen casi 200 años del nacimiento de Ignaz Philipp Semmelweis, obstetra húngaro que a mediados del siglo XIX, precediendo los hallazgos de Pasteur y Lister, logró descubrir la naturaleza infecciosa de la fiebre puerperal, poniendo en marcha acciones para mejorar sustancialmente las tasas de mortalidad a base de sencillas medidas antisépticas. Fue un absoluto incomprendido por la ciencia médica oficial, debiendo luchar con la reticencia de sus colegas que no aceptaron sus observaciones que, por primera vez en la historia, fueron apoyadas con datos estadísticos. (Ver Nota 2).

Varias fueron las causas de la incomprensión y hostilidad que sufrió. En primer lugar aún no existía la microbiología; es decir, se desconocía la existencia misma de los gérmenes y su papel infeccioso, lo que vendría a descubrir Pasteur en 1864 y a comenzar a ser aplicado al campo de la medicina por Lister en 1865; el mismo año del fallecimiento de Semmelweis, (y casi 20 años después de sus primeras actuaciones antisépticas). En segundo lugar atribuía, con razón, el papel principal en la causa de las muertes a los propios médicos que, con las mismas manos e instrumentos – sin lavar y desinfectar -  que hacían las autopsias, realizaban la asistencias a partos; motivo por el cual se presentaba una mortalidad muchísimo mayor que en los asistidos por comadronas e incluso que en los no asistidos que se producían en las calles. Esto, claramente, no lo podía aceptar la clase médica que reaccionó de forma furibunda contra Semmelweis.

 

 Representación de visita médica del Dr. Semmelweis

En tercer lugar, no estaban asentados los conceptos estadísticos y su posible validez explicativa, al menos provisional o preventiva, ante los fenómenos en los que no existe certeza plena en las relaciones causa-efecto. Por, último, estaría el propio comportamiento y carácter del doctor Semmelweis incapaz de amoldarse a los usos de la clase médica y de la ciencia de la época, sin realizar – a su tiempo – presentaciones y publicaciones académicas  de sus descubrimientos. Por último nuestro científico presentó, en la parte final de su vida, síntomas claros de desequilibrios nerviosos, muriendo de forma oscura – por no decir trágica – en extrañas circunstancia en el asilo o manicomio de Lazarettgasse, cercano a Viena dónde fue enterrado en 1865.

El poema, del que se ofrece un fragmento que corresponde al inicio, es de Hans Magnus Enzensberger, ensayista y poeta alemán, con gran inclinación a la escritura de poemas en homenaje a científicos: Leibniz, Babbage, Turing, Brahe, Linneo, Darwin, etc., recopilados, junto con varios extraordinarios ensayos sobre ciencia, en su libro Los elixires de la Ciencia.

 

El poema, poco lírico, es más bien narrativo y complejo pues trata de un científico sin éxito y héroe trágico que no tiene explicaciones convincentes de cara a la altiva ciencia dominante, para sus evidentes hallazgos empíricos. Utiliza la técnica, inventada por el poeta francés Paul Lafargue, y que utilizó poco  después con éxito por Thomas S. Elliot en La tierra baldía, de hacer aparecer en el poema, otras voces inesperadas, además de la del narrador.

Esas voces inesperadas que se representan en cursiva en el poema, corresponden, a veces, a alguien que parece cercano a Semmelweis  expresando cariño por el personaje (“En todas sus palabras y acciones / había un bondad suprema”), otras corresponden a retahílas oficiales, ( “..crasis sanguínea, / efluvios y maños influjos de los frutos muertos…” ) y, a veces, es la propia voz de Semmelweis, (“… repito / a todas las facultades médicas del mundo: / Estáis difundiendo el error!…”).  Es la historia de un hombre que un día fue feliz, que conoció el placer (“..pero antes había bailado czardas en los saraos, / como un torbellino de puro placer..”) y al que, después su historia y su vida le fueron llevando  a “crisis de melancolía que hacen la vida poco apetecible.”

Un relato potente, una forma concentrada de exponer una vida inolvidable, el guión que resume la vida de un héroe moderno. El retrato de un trágico pionero de la ciencia. Todo eso es el poema de Enzensberger.

No podemos acabar sin dejar de mencionar que, aún hoy, la sepsis sigue causando en el mundo 1.400 muertes cada día, que muchos de estos pacientes adquieren la infección estando hospitalizados y constituye la complicación intra-hospitalaria más frecuente. La higiene de las manos sigue siendo el factor individual más importante para el control de las infecciones. (ver Nota 3).

Notas y enlaces

Nota 1.  En su trabajo Poetas en la corte de la reina Ciencia, que se encuentra fácilmente disponible en internet, Tomás Yerro Villanueva ofrece – admás de otras muy interesantes cuestions – un listado bastante exahustivo de poemas dedicados a científicos.

Nota 2.  En Wikipedia – tanto en español como, bastante más detallado, en ingles - hay dos buenos artículos sobre Ignaz P. Semmelweiss. En ellos se narra con gran detalle su biografía y su obra. Por ejemplo, se incluyen gráficas que muestran la disminución drástica de las tasas de mortalidad en la Primera Clínica de Maternidad de Viena, desde mediados de 1847, después de poner en práctica las medidas de antisepsia, consistentes en los lavados de manos con una solución de hipoclorito de calcio en agua.

Es muy interesante, asimismo,el artículo Semmelweis y su aporte científico a la medicina: un lavado de manos salva vidas,  de C. Marcelo Miranda C. y Luz Navarrete T. en la Revista Chilena de Infectología. (Rev Chil Infect 2008; 25 (1): 54-57). De dicho artículo se ha tomado la imagen de la representación de la visita médica del Dr. Semmelweis.

Nota 3.  En una era en que la genética deslumbra, no está de más recordar que sigue habiendo gérmenes: microbios, virus… que están ahí, dispuestos a caer sobre nosotros si se descuidan las acciones higiénicas y antisépticas. Así que: ¡Ojo, los “bichos” siguen estando ahí!. Lo que me viene a hacer recordar la escena de la película Apocalypse Now en que el patrón de la barcaza, en la que suben el curso del río en búsqueda del Mayor Kurtz, muere alanceado por indígenas con una expresión de perplejidad, “¡en la época del napalm, las ametralladoras y la comunicación inalámbrica, me mata una lanza!”

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Poema de amor de un telegrafista. James C. Maxwell

Enlace a Poema de amor de un telegrafista en la sección poesía y ciencia

Muchos físicos consideran a James Clerk Maxwell el científico del siglo XIX de más influencia sobre la física del siglo XX. Polifacético en las áreas de investigación a que se dedicó, es conocido principalmente por haber desarrollado la teoría electromagnética clásica, sintetizando todas las anteriores observaciones, experimentos y leyes sobre electricidad, magnetismo y aún sobre óptica. Las ecuaciones de Maxwell demostraron que la electricidad, el magnetismo y también la luz, son manifestaciones del mismo fenómeno: el campo electromagnético. Sus contribuciones a la ciencia se consideran de la misma magnitud a las realizadas por Isaac Newton y Albert Einstein. (Ver Nota 1).

  James Clerk Maxwell (En Wikipedia)

Posiblemente fue uno de los últimos epígonos del modelo de científico y humanista total de los que fueron ejemplos claros, unos cincuenta años antes, Goethe y Humboldt: científicos con gran cultura humanista, sabios y dominadores de varios campos de conocimiento. Aunque Maxwell no hubiera realizado su magna contribución del campo electromagnético, sus trabajos sobre termodinámica, teoría del color, física del espacio, geometría y resistencia de materiales lo habrían puesto, también sin duda en la cima de la física de su tiempo.

Además de lo anterior Maxwell fue también un poeta muy estimable – de hecho, a modo de anécdota, a los 13 años recibió, en la Edimburgh Academy en que estudiaba, sendas medallas y primer premio en Matemáticas y en Poesía – que gustaba de componer poemas y recitarlos en reuniones a sus compañeros científicos. En lo que no fue un caso único, pues también otros significados científicos victorianos como por ejemplo, el termodinámico teórico William Rankine, el matemático James J. Sylvester o el geólogo y botánico Charles Daubeny, practicaron la poesía con cierta asiduidad. Recientemente, Daniel Brown profesor de la universidad de Western Australia en Perth ha escrito The Poetry of Victorian Scientists: Style, science and nonsense, en el que repasa la obra poética de estos científicos, con especial atención a la obra de Maxwell (ver Nota 2). 

 


Maxwell realizó la primera fotografía en color 
permanente en 1861. (En Wikimedia Commons)

 La obra poética de Maxwell está inscrita claramente dentro de los cánones estéticos de la poesía británica del siglo XIX y en ella la temática científica es muy importante, tratando de describir en lenguaje poético muchos de los conceptos físicos objeto de sus investigaciones a lo que habría que añadir, en bastantes ocasiones, una fina ironía. De entre su obra poética editada por su amigo Lewis Campbell en 1862, se suelen destacar los poemas A problem in Dynamics, Molecular evolution, Rigid Body Sings, A Tyndallic Ode y Valentine by a Telegraph Clerk.

Es este último el que hemos incluido en poesía y ciencia con el título de Poema de amor de un telegrafista a una telegrafista, y del que ha realizado la no sencilla traducción José Antonio Martín Pereda, catedrático de Fotónica de la Universidad Politécnica de Madrid. La elección corresponde a varios motivos: no es larga, traspone la física de los campos electromagnéticos – terminología, imágenes y unidades de medida – a la relación amorosa y es bastante irónica. Esta poética postal amorosa para el Día de San Valentín aún deleita, más de 150 años después de su escritura.

 

The Hughes Type-Printing Telegraph 1863. (En http://distantwriting.co.uk)

Como verán, el tema va de espiras en el alma que se entrelazan con las de la persona amada, circuitos de amor que se cierran, corrientes que se inducen con los mensajes que transporta la línea, clicks de repuesta que pueden acabar con las penas, flujo magnético (weber) convertido en amoroso que fluye, es decir, el amor entre telegrafistas. En ingles, el texto es el siguiente:

The tendrils of my soul are twined
With thine, though many a mile apart.
And thine in close coiled circuits wind
Around the needle of my heart.

Constant as Daniel, strong as Grove.
Ebullient throughout its depths like Smee,
My heart puts forth its tide of love,
And all its circuits close in thee.

O tell me, when along the line
From my full heart the message flows,
What currents are induced in thine?
One click from thee will end my woes.

Through many a volt the weber flew,
And clicked this answer back to me;
I am thy farad staunch and true,
Charged to a volt with love for thee.

 

Daniel Cell Batteries, 1836. (En Wikipedia)

La segunda estrofa precisa de cierta explicación. El amante telegrafista para mostrar la calidad de su voltaje, se compara con los distintos tipos de pilas o baterías que se utilizaban en los telégrafos de aquellos tiempos. Así la pila de Daniel se caracterizaba porque al descargarse mantenía constante la tensión (los voltios) que daba. La pila de Grove, por el contrario daba una tensión superior (1,9 voltios) frente a la pila de Daniel (1,1 Voltios). Finalmente, en la pila de tipo Smee parece que el ácido sulfúrico burbujeaba con intensidad (bullendo en su fondo).

Acabando ya, pienso que es posible que, en un primer momento, nos choque la actividad poética en un científico y si es alguien como Maxwell, quizás más. Pero es engañoso. El físico danés Niels Bohr sostenía que la metáfora era “un instrumento del pensamiento científico” y que “la ciencia y la poesía crean imágenes”. Y según Richard Dawkins, “uno de los sellos distintivos del genio científico reside en la habilidad para manejar buenas metáforas y símbolos”. En definitiva, científicos y poetas emplean de ordinario un lenguaje figurado.

Ciencia y poesía: tan lejos, tan cerca.

Notas y enlaces

Nota 1. Información básica sobre James C. Maxwell se puede encontrar en Wikipedia, tanto en castellano como en inglés. Además desde los artículos respectivos se puede enlazar a información relevante. Desde el español se puede enlazar, por ejemplo, al texto completo de A Treatise on Electricity and Magnetism (1873) Vol 1 y 2. Desde el inglés se puede enlazar a The Life of James Clerk Maxwel , biografía escrita por Lewis Campbell  y William Garnett en 1882, en la que en la parte final de la misma, se recoge la obra poética del científico.

Nota 2. Publicaciones como The poetry of Victorian Scientists: Style, science and nonsense, escrito por Daniel Brown muestran como el tema de literatura y ciencia forma parte de forma natural de la agenda académica en algunos países , tanto por el lado de la ciencia como por la de la literatura. Pongo enlace a dos interesantes reseñas sobre el mismo. En primer lugar, The Poetry of Victorian Scientists de John Holmes, de la British Society for Literature and Science de un perfil académico y por otro lado, más periodística, Rhyme and Reason: the Victorian Poet Scientists de Paul Collins en la revista www.newscientist,com en el que, además de jugosos comentarios sobre el libro citado, se incluyen algunos poemas de Maxwell y de otros científicos coetáneos.

 

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Examen de estadística. José del Río Sánchez

Los periódicos de hoy – al lado de los comentarios y glosas de la noticia de ayer de la abdicación del rey de España – nos traen las buenas nuevas – ¡albricias! – de la reducción, en el mes de mayo, de la cifra del paro registrado en 111.916 y del aumento de los cotizantes de la Seguridad Social: 198.320 más.

De El País. Fuente Mº de Empleo y Seguridad Social

En la calle, la gente se lo toma con filosofía y más con el confuso mezclar del desempleo registrado y el desempleo procedente de la EPA ;y se oyen comentarios como:

- “Cuatro millones y medio de parados. ¡Ha desaparecido un millón en un plis-plas!”, comenta uno.
- “Yo es que no entiendo nada…”, contesta el otro; y después de un silencio valorativo dice el primero.
- “¡¡Ah, la estadística!!”

Y a uno le viene a la cabeza el poema Examen de estadística del profesor de matemáticas José del Río Sánchez, publicada en poesía y ciencia en febrero de 2012.

¿Qué es la Estadística?
Es una ciencia fotográfica y adivinatoria
que procede en primera instancia
como una película,
donde graban sus números
la realidad y la apariencia.
Cruza después al otro lado
para vaticinar el éxito
o embalsamar la ruina,
pues el oráculo de sus campanas
siempre se puede modular
eligiendo los prismáticos adecuados.

¿Para qué sirven las estadísticas?
Para generar hambres y vender tapaderas,
para dictar la norma
e imponer su razón.
Con ellas se averigua cómo y cuando
llamar a la oración y al voto,
a la guerra y a la trashumancia,
a la risa y al tributo.
Ni las ovejas negras
pueden huir de sus dominios.

El poema recoge sabiamente, las intuiciones y sospechas que nos asaltan respecto de las estadísticas, de su abundancia interesada y de los intérpretes, voceros y manipuladores de las mismas.

Con todo, no menospreciemos la estadística. Con ser cierto y claro que en ella se graban la realidad y la apariencia, que el oráculo de sus campanas se puede modular eligiendo los prismáticos adecuados y que ni las ovejas negras pueden huir de sus dominios; es lo único que nos permite medir una buena parte de la realidad que nos rodea.

 

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