Archivo de noviembre, 2015

El termómetro. Gabriel Císcar

Enlace a El termómetro de Gabriel Císcar en poesía y ciencia

La historia de la humanidad y en particular – y con mayor intensidad – la historia de la ciencia y de la técnica no pueden entenderse sin las medidas y los instrumentos que las realizan. Desde mediados del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX, el desarrollo acelerado de la física y del resto de ciencias corre paralelo a la invención de nuevas magnitudes  y al diseño de los instrumentos con que se medirán.

No se encuentran, sin embargo muchos poemas científicos que describan o traten de instrumentos de medida. Por ello nos ha parecido interesante traer a la sección Poesía y ciencia una parte del  Poema Físico-Astronómico en siete cantos, obra de Gabriel Císcar y Císcar. La escribió en los últimos años de su vida; en Gibraltar donde se encontraba exiliado y murió en 1829.

Gabriel Císcar. Autor desconocido. (Museo Naval de Madrid) 

Se trata de tres estrofas del poema mencionado, (si es que se “puede” llamar poema a una composición de más de  6.000 versos – lo que, por otra parte, tampoco era infrecuente en el siglo XIX), con los artículos 28, 29 y 30 del Primer Canto del Poema y están dedicados a los tres instrumentos más importantes de la meteorología y la navegación: termómetro, barómetro e higrómetro. (Ver Nota 1).

 

Gabriel Císcar y Císcar

Nacido en Oliva (Valencia) en 1759, ingresa muy joven en la Academia de Cartagena, donde recibió su formación como marino, desarrollando una brillante carrera que incluyó acciones en América, tomando parte en la batalla y toma de Pensacola, en la actual Florida de Estados Unidos. A los veinticuatro años vuelve a Cartagena para continuar con los estudios superiores y comenzar su carrera como docente, que lo llevaría la redacción de importantes libros de texto y a ocupar el puesto de primer maestro de matemáticas y de director de la Academia. A principios de los noventa deja la docencia para encargarse de la redacción de manuales destinados a los Estudios superiores de la armada, destacando el Curso de estudios elementales de marina de 1811, en cuatro tomos: el primero dedicado a la  aritmética, el segundo a la geometría, el tercero sobre cosmografía, (en el que muestra su buen oficio y saber), y el cuarto sobre  pilotaje. Esta obra supone una de las cimas de la larga tradición docente de la marina, siendo utilizada en la enseñanza superior de la Armada durante, prácticamente, todo el siglo XIX. (Nota 2).

Vista de la batalla de Pensacola (1781)

En 1798 es comisionado por real orden para asistir en París a las reuniones que el Instituto Nacional francés, por orden del Directorio, iba a realizar para la unificación de los pesos y medidas. En su viaje irá acompañado del matemático Agustín Pedrayes. A su vuelta escribe la Memoria elemental sobre los nuevos pesos medidas decimales fundados en la naturaleza, que se publica en Madrid en 1800, realizándose en 1821 una nueva edición. (Ver Nota 3).

El papel de Císcar en la introducción del sistema métrico decimal fue muy importante, pues no sólo redactó la Memoria, sino que trajo copia de las medidas francesas y comparó las españolas con las del país vecino. Además, señaló los caminos a recorrer para la introducción del nuevo sistema: reparto de modelos de las nuevas medidas, confección de tablas de reducción, imposición en aduanas y oficinas reales, en escrituras públicas y en los señalamientos tributos varios. Es evidente que el papel de Císcar, al que se podría considerar “padre” de la Metrología en España, fue el primer paso hacia la ley de pesas y medidas de 1849, que incorporó definitivamente en España el sistema métrico decimal, con que el que se consiguió dar solución a tantos problemas científicos, económicos y políticos como la antigua diversidad de medidas planteaba.

 

Con la Guerra de la Independencia, la biografía de Císcar se convierte en “biografía política”, ocupando diversos puestos políticos y administrativos, que podríamos resumir diciendo que sufrió, pese a su fidelidad a la corona, la felonía del nefasto rey Fernando VII, que hizo que pasara sus últimos años, entre 1823 y 1829, exiliado en Gibraltar donde subsistió gracias a la generosidad de  Wellington. Allí compuso su Poema Físico-Astronómico.

 

El Poema Físico-Astronómico

José María Núñez Espallargas en la introducción sobre Gabriel Císcar, que realiza en la  Antología de la poesía científica del siglo XIX, (ver Nota 4), escribe:

Císcar eligió ese momento de destierro en Gibraltar para dedicarse a un proyecto largamente pensado, pero siempre pospuesto por falta de tiempo: escribir un poema que, emulando el De rerum natura…, describiera de forma poética pero a la vez didáctica, los conocimientos sobre astronomía que había alcanzado el hombre de su época. A lo largo de siete cantos y más de 6.000 versos desarrolla su plan y escribe el que, sin duda, es el más importante poema didáctico científico de la lengua española: Poema Físico-Astronómico en siete cantos dividido en artículos (Gibraltar, Librería Militar, 1828; existe una segunda edición publicada y anotada por Miguel Lobo: Madrid, Imprenta Rivadeneyra, 1861).” 

Siguiendo al mismo autor, es claro que aunque el momento de publicación del Poema Físico-Astronómico corresponde con el momento de eclosión del romanticismo, se sitúa dentro de las coordenadas estéticas del siglo de la Ilustración ya que como indica Císcar en prólogo al poema: “He llamado poema a esta composición didascálica y el objeto a que se dirige es patentizar la sublimidad y utilidad que suministran la Física y la Astronomía, especialmente ésta, y facilitar su adquisición.”

Lo que coincide con el carácter pedagógico que manifiestan todas las producciones culturales del siglo XVIII;  siendo además el tema de la ciencia y su relevante papel en la renovación de la humanidad, también, un motivo predilecto de los hombres de la Ilustración.

Formalmente, la versificación del Poema está constituida casi enteramente por endecasílabos de rima consonante; esto es, el verso que puede considerarse como más canónico en castellano a partir del siglo XVI, y la expresión poética está totalmente supeditada al contenido ya que, en palabras de autor, “en las composiciones dirigidas a la instrucción, los rasgos más o menos poéticos pueden considerarse como los asientos, las ventas y las posadas en que descansa el viajero fatigado de la marcha, o como las arboledas, las fuentes y los prados con cuya vista se recrea y distrae.”

Además, Císcar reconoce que: “no he reparado en poner los consonantes doquiera que me ha parecido que sonaban bien”, lo que viene a coincidir, también, con la estética del romanticismo que propugna técnicas expresivas más libres, adaptadas al mensaje poético.

Por otro lado, procura resaltar – poniendo en cursiva – las palabras nuevas en procedentes de la ciencia, como vemos, por ejemplo, en el artículo 28 sobre el termómetro en que esta misma palabra aparece en cursiva, junto con otras como: meteoro y meteorológico, Reaumur, Centigrado y  Fahrenheit. Además abunda en todo el poema la terminología que echa mano de raíces latinas o de palabras, inusuales hoy, del castellano de la época para adaptar los numerosos neologismos científicos, tratando de evitar: “los galicismos de que se hallan asestados tantos escritos sobre materias facultativas”.

Por último, señalar que si bien hoy nos puede parecer anacrónico escribir un texto de tema científico en forma poética, en los finales del siglo XVIII y en el XIX la poesía gozaba de una presencia social mucho más amplia que en la actualidad, y es frecuente encontrar textos didácticos redactados íntegra o parcialmente en verso para facilitar su memorización por los estudiantes.

Quedémonos pues con estos versos didácticos, con estas bellas,  y nuevas entonces, descripciones de los instrumentos de medida: termómetro, barómetro e higrómetro, que nos dejó este genial antepasado: marino y maestro de marinos, cosmógrafo y matemático insigne, precursor de la Metrología en España, político reformador y, también, poeta que fue Gabriel Císcar. (Ver Nota 5).

 

Enlaces y notas

1.    En poesía y ciencia sólo se ha incluido, en esta entrega, el primero de los tres: el termómetro. Queden los otros dos para posibles entradas futuras y, en todo caso, pueden leerse en el Poema Físico-Astronómico, que se encuentra disponible en internet. La edición original de 1828 de la Librería Militar de Gibraltar, la encontramos en la Biblioteca Nacional. Existe una segunda edición publicada en 1861, anotada por Miguel Lobo, Madrid, Imprenta Rivadeneyra, que se encuentra digitalizada en la Biblioteca Provincial de Jaén.

2.    Seguimos el artículo Gabriel Císcar y el Sistema Métrico Decimal de José Luis Peset del Centro de Estudios Históricos del CSIC incluido en Cuaderno Monográfico del Instituto de Historia y Cultura Naval número 21 de septiembre de 1993 dedicado a  La Escuela Naval Militar en el cincuentenario de su traslado.

3.    En el artículo de José Luis Peset, antes citado, se recoge que en la propuesta que, en favor de su nombramiento, hizo el general Lángara se leía: “La superioridad de conocimientos de Ciscar es tan generalmente reconocida, que aun sus mismos émulos no pueden negarle que es el primer hombre de la nación considerado por su saber matemático”.

4.    Ni la selección del poema, ni esta entrada, habrían sido posibles  sin José Luis Núñez Espallargas que, en La ciencia en la Poesía. Antología de la poesía científica española en el siglo XIX, nos descubrió y acercó a la figura de Gabriel CiscarEl mismo autor escribió en 1995, en la revista Llull, el artículo Gabriel Císcar y  su Poema Físico-Astronómico, en el que, tomando como hilo conductor la biografía de Ciscar, se analiza el entorno cultural del poema en un triple contexto: científico, político y literario pedagógico.

5.    Esta entrada sobre instrumentos de medida hechos poemas por Gabriel Císcar, precursor de la Metrología en España, está dedicada a los miembros de la Red de Laboratorios e Infraestructuras de Investigación de la Comunidad de Madrid.

 

 

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Publicar o perecer. Antonio Córdoba.

Enlace a Publicar o perecer en poesía y ciencia.

Con sus virtudes y defectos, las publicaciones en revistas de prestigio, con evaluación por pares de los artículos, se han convertido en el primer e indispensable resultado de la actividad científica. De las publicaciones podríamos hablar largo y tendido: el impacto de las revistas, las citas recibidas, la coautoría, las publicaciones en abierto…etc.

Nos vamos a quedar, sin embargo, con el acto y el proceso de investigación: las hipótesis, las ilusiones puestas, el esfuerzo realizado, la decepción – en ocasiones – de no lograr lo esperado y, al final, siempre las publicaciones. Lo que se describe con precisión, ágil verbo y cierta melancolía en el poema Publicar o perecer que hemos incluido en poesía y ciencia. Su autor es  Antonio Córdoba Barba, catedrático de Análisis Matemático de la Universidad Autónoma de Madrid; que además ha escrito para La alegría de las musas unas reflexiones sobre el poema, que se reproducen en cursiva a continuación.

 

Publicar o perecer.

Entrever la perfección y la belleza matemática es un auténtico triunfo de la inteligencia humana. Ansiar alcanzarla puede convertirse, sin embargo,  en una aventura tan fascinante como perturbadora: porque en matemáticas lo difícil es lo único que cuenta, y el creador auténtico se caracteriza por su decidido empeño en evitar las repeticiones, huyendo de los caminos más concurridos. Difícilmente logramos demostrar todo lo que nuestra intuición cree haber visto cuando miramos más allá de las fronteras de lo conocido y un genuino creador casi nunca está plenamente satisfecho con lo obtenido. A veces parece que solo importa verdadera mente lo que no se ha logrado probar. De manera que cuando miramos a la propia obra, siempre tendemos a destacar todo aquello que no hemos podido añadirle.

Una investigación que cuente, al menos en el ámbito académico, ha de ser publicable en una revista de buena reputación científica, que implemente la validación de los resultados por pares. Existen varios cientos de tales revistas matemáticas, entre las cuales hay algunas decenas que mantienen un prestigio muy alto, de manera que un artículo publicado en ellas representa que estamos ante un problema muy relevante que ha sido resuelto con métodos innovadores. Luego encontramos otras muchas donde el nivel va descendiendo ostensiblemente en cuanto a la enjundia del problema y lo novedosa de su demostración.

Quienes publican en estas revistas son aquellos que saben hacerlo de una manera correcta y consistente. Los buenos artistas se sienten atraídos por problemas importantes y difíciles, en torno a los que crean e introducen las técnicas apropiadas para resolverlos, aunque tarden años en el empeño. Los meros artesanos, por otro lado, se caracterizan por limitarse a usar las matemáticas que ya conocen, buscando solamente aquellos problemas que puedan ser resueltos con sus métodos. Esto implica, naturalmente, que gran parte de ese trabajo artesano, que también se publica en las revistas de todas maneras,  termine siendo algo forzado y no demasiado interesante. Y que no sean necesariamente quienes tienen un mayor número de publicaciones los que hacen avanzar realmente a las matemáticas. No obstante, en las Universidades y en los Institutos de Investigación se estima que la publicación de artículos es beneficiosa para mantener el status de la institución, y estos desempeñan un papel muy importante en el momento de las promociones o de las subidas de salario.

 Carl Fiedrich Gauss. Retrato por Jensen en Wikipedia.

La mayoría de los matemáticos logra solo un escaso número de ideas brillantes que merezcan ser publicadas en las revistas más distinguidas. Según el gran Gauss, cuyo lema era “Pauca sed matura”, eso debería ser todo. Estoy, no obstante, entre quienes opinan que es beneficioso para el progreso de la ciencia que se publiquen resultados parciales con hipótesis añadidas, así como variaciones y arreglos de los temas originales. Lo que ocurre es que hay casos en los que, como suele decirse, se les ha ido la mano o se han pasado varios pueblos, y al autor de estos comentarios no le faltan ejemplos concretos en los que inspirarse.

El poema que glosamos incide en ese momento un tanto agónico en el que, tras haber divisado unos teoremas de gran calado, no se es capaz de completar su demostración matemática,  a pesar de haber tenido algunas ideas brillantes que llevaron muy cerca de la prueba. En esa situación tenemos que contentarnos con una visión parcial de su belleza, vistiéndolos con unas hipótesis que juzgamos innecesarias, pero que nos permiten dar constancia de nuestra labor añadiendo a nuestro curriculum una nueva publicación científica.

Hasta aquí las reflexiones del profesor Córdoba que, junto con lo que el propio poema expresa, me hacen pensar en el paralelismo o semejanza entre la actividad investigadora y la actividad artística; entre hacer ciencia y hacer poesía. El fundamento del paralelismo o semejanza se llama creatividad. La misma aspiración a lo nuevo, a lo absoluto, a lo bello perfecto. Y también está el trabajo, el esfuerzo y la lucha. Después, lo logrado: la alegría o la decepción,… y siempre,  las publicaciones. Una de cada muchas  genial y el el resto, digno y necesario oficio.

 

Sobre Antonio Córdoba Barba

En una reciente del blog Ciencia al alioli, Francisco García Olmedo argumentaba en contra del prejuicio de la extendida visión de los científicos como seres aislados y ensimismados en la ciencia y sin más ocupaciones, poniendo como ejemplo al premio Nobel de Química de 1981, Roald Hoffmann que, además, tiene tras de sí una extensa y magnífica obra poética a la que habría que añadir tres interesantes obras teatrales.

Viene bien el ejemplo si hablamos de Antonio Córdoba, distinguido en 2011 con el Premio Nacional de Investigación “Julio Rey Pastor” en el área de Matemáticas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, que tras realizar el doctorado en la universidad de Chicago, (bajo la tutoría de  Charles Fefferman que fue medalla Fields en 1978), de ser contratado después por el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton y, más adelante en España, ha desarrollado una importante carrera investigadora en diversos campos del Análisis Matemático: análisis armónico,(con la resolución para dimensión 2 de la conjetura de Zygmund – que en la actualidad no ha sido aún resuelta para dimensiones mayores), teoría de números y física matemática en mecánica de fluidos.

 

Pues bien, además de lo anterior, ha ejercido como ciudadano comprometido en diversos puestos y cometidos académicos y de gestión de la ciencia. También ha escrito numerosos ensayos, libros de divulgación y una corta, pero muy interesante, obra poética con dos vertientes. Por una parte, una poesía de contenido matemático, con bellas descripciones relativas a números, formas geométricas, etc. En la segunda vertiente predomina la vena satírica y el humor, a veces despiadado, en la descripción de algunos aspectos de la actividad investigadora y de diversos vicios y malas prácticas del mundillo académico. (Todo lo anterior, puede encontrarse en su página personal en la UAM).

Finalmente, para profundizar en la humanidad de Antonio Córdoba, les sugiero la lectura de la entrevista que le hicieron en julio del pasado año en Jot Down que desprende bonhomía, afabilidad y sabiduría. Un auténtico lujo de la ciencia española.

 

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