Archivo de diciembre, 2015

Las extrañas y aún desconocidas frivolidades de madame Curie. Lorenzo Saval.

Enlace a Las extrañas y aún desconocidas frivolidades de madame Curie de Lorenzo Saval en poesía y ciencia

 

En 2012 se publicó Ciencia y Poesía. Vasos comunicantes, número 253 de la revista Litoral, que podríamos decir que es bastante más que una antología de poemas con temática relacionada con la ciencia; ya que junto con los poemas sabiamente seleccionados encontramos con varios artículos excelentes en los que se reflexiona sobre la relación entre poesía y ciencia y, además, ilustrando y alegrándolo todo, un conjunto de imágenes: fotografías, cuadros y collages cuidadosamente seleccionados y mejor editados, con lo que nos encontramos ante una edición tan magnífica como necesaria.

Portada de Ciencia y poesía. Vasos comunicantes.
(Collage de Lorenzo Saval)

Uno de los poemas seleccionados en la antología, que llama poderosamente la atención, es el sorprendente poema de título Las extrañas y aún desconocidas frivolidades de madame Curie del escritor, pintor y editor Lorenzo Saval.

Se podría encuadrar el poema en la categoría de poesía científica dedicada a presentar, glosar o resaltar las vidas y obras de los científicos relevantes. De algún modo, el poema de Lorenzo Saval  – que en esta ocasión traemos a poesía y ciencia - pertenece a ese modelo que, inevitablemente, rompe ya que no se plantea una reflexión sobre la obra de Marie Sklodowska, la gran científica por antonomasia, la primera mujer que gana el premio Nobel, la pionera femenina en el mundo científico; sino que lo que el poeta imagina y relata es, en efecto, una extraña y aún desconocida frivolidad de  Madame Curie.

El poema nos lleva a una fantasía en forma de carta, que le escribe un tal Blaise a su amigo Andrés, encontrada en un viejo baúl que se nos presenta “traducida” por O. Thomson. Una fantasía delirante y muy divertida, que nos muestra a una Marie Curie desinhibida:  estaba allí desnuda haciendo unos extraños experimentos con la espuma del jabón, y práctica: “a qué espera, en toda bañera hay siempre espacio para dos”.

Retrato de Madame Curie 

El poema plantea cierto distanciamiento ya que, como se ha mencionado, se “reproduce” una carta abandonada en un baúl antiguo y originalmente compuesto en otro idioma. Exquisita y discretamente escrito, en el poema se bordean sabiamente las posibles complicaciones derivadas de la situación de dos adultos desnudos en una bañera. Así, Blaise pregunta por la temperatura del agua y, después de la natural invitación de madame Curie, se asombra: “No lo creerás, pero tuve la serenidad para desnudarme e introducirme tímida y torpemente en el agua.”. Y en la bañera ¿qué hicieron?:  nada más natural, “Hablamos de todas esas cosas que una mujer y un desconocido pueden hablar en la bañera de un hotel.”

Punto central del poema son unas medias radioactivas y rosadas que, primero, se balancean en el toallero como si tuvieran vida y al final del poema son la última imagen que nos queda de Marie Curie que “… se colocó sus maravillosas medias rosadas y desapareció por la puerta”.

Finalmente hay que destacar lo bien que funciona, entre las frivolidades del poema, la elegante ironía de esas frases que aparecen como un poco sueltas. “Toda una lección, viniendo de tal eminencia”,  asegura Blaise después de la reflexión de que en toda bañera hay sitio para dos. O la conclusión final, “Química, pura química mi querido Andrés,”

Conveniente distancia y discreción, elegante ironía y unas radioactivas medias rosadas. Una insólita y sugerente nueva forma de imaginar a madame Curie.

El autor

Siendo la poesía la primera actividad artística con la que se dio a conocer Lorenzo Saval, nacido en Santiago de Chile en 1954,  es más conocido en la actualidad por sus actividades como editor, (de la revista Litoral, en la que comenzó a trabajar en 1975), como animador cultural, (director del Centro Cultural de la Generación del 27, cargo que desempeñó hasta el año 2003), y como artista plástico con una sobresaliente maestría como ilustrador y autor de collages.

Sobrino nieto de Emilio Prados, poeta de la generación del 27 y fundador y editor de la revista Litoral, llegó a España en 1968 para acabar el bachillerato a donde volvió en 1973, primeramente a Madrid, donde se desenvuelve en diversas ocupaciones, entre ellas la de discjockey, y poco después a Málaga, incorporándose a la revista Litoral de la que acaba siendo editor, ilustrador y director; lugar que ya no abandonará y donde ha transcurrido su vida.

En 1974 publicó su primer poemario Inesperada presencia, saludado por José Bergamín, en un poema prólogo. En 1979 publica El hacedor de calendarios donde “da rienda suelta a su talento para convertir la realidad en sueño y fantasía a través, no ya solo de la poesía, sino de múltiples géneros que atraen su curiosidad: el relato, los aforismos, sus primeros collages, sus primeras propuestas en el diseño de libros y objetos”. (Ver Nota).

Desde 1985 las portadas de Litoral son todas collages firmados por Saval, que ya figura como codirector de la revista; suponiendo una nueva época de la revista que incorpora importantes innovaciones tanto en los contenidos como en el diseño. Lo que se acentúa cuando en 1999, tras el fallecimiento de José María Amado, Litoral es dirigida ya sólo por Lorenzo Saval.

Desde 1977, en que realizó en Madrid su primera exposición de collages, la obra artística de  Lorenzo Saval se ha mostrado en numerosas exposiciones colectivas e individuales en España y en diversos países europeos, destacando, entre las últimas, la titulada “Saval. Suspense” celebrada en Benalmádena en 2013 que recorría toda su trayectoria, reuniendo 140 obras del artista ordenadas por temáticas.

 Notas y enlaces

1 Enlace a la página web de la revista Litoral
2 Para datos biográficos de Lorenzo Saval, pueden visitar su página web lorenzosaval.com. Resulta muy interesante la entrevista que aparece en la página web del realizador y guionista de televisión Luis Ordoñez.

 

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Meditación primera y última. Federico García Lorca.

Enlace a Meditación primera y última de Federico García Lorca en poesía y ciencia

En 2005, con motivo del centenario de la publicación en la revista alemana Annalen der Physik de una serie de artículos firmados por Albert Einstein, que revolucionaron la física del momento y que cambiaron tan profundamente nuestra vida actual, en madri+d se realizó un memorable especial titulado 14 miradas sobre Albert Einstein en el que otras tantas personalidades de la ciencia y la cultura nos ofrecían sus diferentes aproximaciones a la figura del gran físico del siglo XX.

Me lo ha recordado Teresa Barbado, guardiana de la cripta de la cultura científica en madri+d, haciéndome ver en concreto la mirada de Miguel García-Posada que unía a Einstein con García Lorca con su artículo ECOS POÉTICOS DE LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD. (A propósito de García Lorca), en el que aparece el poema Meditación primera y última”, que hemos traído a poesía y ciencia en esta entrega.

Y en casos como este, lo que procede es dejar que la voz del maestro García-Posada, creador de poesía y ciencia, resuene en La alegría de las musas 2, reproduciendo íntegramente su mirada sobre Einstein.

Pese a su dificultad de comprensión, la teoría de la relatividad logró en España trascender los círculos científicos y filtrarse en la vida literaria. Lo acredita la obra de uno de nuestros mayores escritores contemporáneos: Federico García Lorca, en la que se hallan ecos muy precisos de la teoría einsteniana.

García Lorca debió de conocer personalmente a Albert Einstein durante la visita que el genial científico hizo a la Residencia de Estudiantes en marzo de 1923, lugar y fecha en que el poeta granadino estaba en Madrid, como alumno de la Residencia. En cualquier caso, el poeta español tenía un instinto prodigioso, que lo mismo que lo llevó a intuir el concepto de antimateria y a postular el origen azaroso del universo, lo puso en contacto con la teoría einsteniana. Dos textos importan para lo que decimos. El primero es el poema del ciclo de “Suites” “La selva de los relojes”, que debe datar del verano del veintiuno (*).

La idea más divulgada de la teoría einsteniana consistía en señalar la reversibilidad del concepto tiempo, cuya “definición racional” “era imposible” “por medio de relojes que se hallan en reposo”, según decía el diario El Sol (8-III-23). El poema lorquiano abunda en esta idea; así en sus “Meditación primera y última”:

El tiempo
tiene color de noche.
De una noche quieta.
Sobre lunas enormes
la eternidad
está fija en las doce.
Y el tiempo se ha dormido
para siempre en su torre.
Nos engañan
todos los relojes.

El Tiempo
tiene ya horizontes.

Tres claves (hemos citado en redonda los versos más “ad hoc”: el tiempo no “pasa”; los relojes no sirven para medir el tiempo, del que transmiten una noción falaz; el Tiempo es entidad o concepto limitado.

Años más tarde, en 1931, preocupado por el gran tema, compone Lorca una de sus obras más misteriosas y fascinantes, “Así que pasen cinco años” subtitulada “Leyenda del Tiempo”. El argumento es el siguiente: el protagonista, el Joven, aguarda enamorado a la Novia, que ha regresado de un largo viaje de cinco años; pero la Novia ha conocido en esos años a otro hombre. Le dio un plazo excesivo; rehusó la pasión; le espera la muerte. No sabemos en qué etapa del tiempo de los cinco años nos situamos con exactitud; gran parte del drama es un sueño en el que el protagonista rememora sus últimas vivencias. Dato central: siempre son las seis de la tarde en el drama. Los especialistas en sue- ños argüirán que el trance onírico es brevísimo, pero toda la obra especula sobre la reversibilidad del tiempo en términos que no dejan lugar a dudas; hay así un personaje, el Viejo, encarnación de Cronos, que dice cosas como que “hay que recordar, pero recordar antes” (acto I). Al final, coincidiendo con la muerte del protagonista, el reloj dará las doce, arrastrado por el personaje del Eco: doce eco de seis; recordemos: “la Eternidad / está fija en las doce”. El único tiempo seguro es el de la muerte.

Parece evidente que Lorca maneja un concepto “relativo” del tiempo, y que distaba, por tanto, de suscribir su concepto convencional. Lorca pudo a buen seguro apropiarse de las ideas einstenianas en las largas conversaciones que circulaban en la Residencia de Estudiantes de acuerdo con la visión que Jiménez Fraud, su fundador y director, tenía de la educación como instrucción global, que no se dejaba compartimentar en áreas: ciencias / letras, etcétera. Lorca se impregnó de este espíritu universalista y lo trasplantó a sus versos y obras. El más universal de los poetas españoles del siglo XX rindió así homenaje al más universal de los científicos de la centuria.

(*) Un planteamiento general de la cuestión se halla en Margarita Ucelay, ed., “Así que pasen cinco años”, Cátedra, Madrid, 1995, páginas 85-87.

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