Archivo de marzo, 2016

Pronósticos de Hipócrates. Ricardo López Arcilla.

Enlace a Pronósticos de Hipócrates de Ricardo López Arcilla en poesía y ciencia

A lo largo del siglo XIX fue desarrollándose paulatinamente la profesión médica tal y como la conocemos en la actualidad. El positivismo y la experimentación, junto con los sucesivos descubrimientos en Fisiología, Biología y otras ciencias, se fueron abriendo paso, poco a poco, frente a concepciones, creencias y prácticas que se venían arrastrando desde la edad media y el renacimiento.

No es extraña, teniendo en cuenta la historia de nuestro país, la vigencia de tratados como los  Aforismos y pronósticos de Hipócrates, que constituían uno de los fundamentos – una especie de Vademecum – de la práctica de  la medicina corriente. De hecho, los Aforismos y Pronósticos, fueron todavía libros de texto oficiales en las facultades de medicina españolas durante los primeros cuarenta años del siglo XIX.

Así, a lo largo de todo el siglo XIX nos encontramos con diversas ediciones de textos de Hipócrates como los Aforismos y Pronósticos u otros, desde las iniciales, como por ejemplo la de Manuel Carpio de 1823 en México a las de finales de siglo de José de Letamendi, (1881,  Elementos de lexicolografía griega con aplicación al tecnicismo médico y 1894, Canon fundamental del arte médica y Codex Hipocrático), y de Donaciano Martínez Vélez en 1899 y 1900, con traducciones directas del griego de diversas obras de Hipócrates (ver Nota 1).

 

Los Pronósticos de Hipócrates en verso 

Entre las diversas ediciones de obras de Hipócrates habidas en el siglo XIX se encuentran los  Pronósticos de Hipócrates, “traducidos en verso castellano por Ricardo López Arcilla, Bachiller en Medicina del Colegio Nacional de San Carlos”,  publicados en la imprenta Lalama de Madrid en 1843.

En el prólogo de la obra después de una introducción apasionada y laudatoria de la obra de Hipócrates, en la que se da por supuesto su bondad y total vigencia, se justifica la edición en verso de los Pronósticos, (sic), “Para que se aprendan con menos trabajo y se retengan con más facilidad”, con lo que se muestra la utilización habitual de la poesía como herramienta pedagógica de ayuda a la memorización a lo largo del siglo XIX, (lo que se mantuvo con fuerza en España hasta casi el último tercio del siglo XX. Para muestra, podría comenzar yo mismo recitando lo de “Treinta días trae noviembre/ con abril, junio y septiembre ..” y después, si hago un poco de memoria profunda, las letanías en verso de los partidos judiciales de las provincias españolas).


No se nos ocurren comentarios más adecuados sobre estos Pronósticos de Hipócrates en verso, que los que realiza el autor, Ricardo López Arcilla, en el prólogo; y que reproducimos a continuación.

“… los he traducido en verso, empleando para ello diferentes metros, segun los diversos instantes de mis inspiraciones, y valiéndome de un lenguaje tan poético como permite la materia prosaica de esta obra.” Hay que decir que el resultado es también bastante duro y prosaico, con poco lirismo y sin sentido del humor alguno.

Habla también de lo dificultosa que le ha resultado la tarea:  “Grandes son por cierto las dificultades que presenta una traduccion de esta naturaleza, pruebe por gusto cualesquiera médico ó cirujano el hacerla, y se convencerá de esta verdad.”

Finaliza pidiendo piedad y espíritu deportivo:  “Por lo tanto espero que la reciban con benevolencia y cariño; y que los médicos y cirujanos españoles al leerla no hagan una diseccion tan minuciosa de sus partes, que si estas tienen alguna belleza la vayan destruyendo al ir profundizando con su escalpelo mental. Tengan presente al intentarlo, ademas de las razones ya dichas, que es lo primero que sale de mi tierna pluma, y que como dice el sabio médico español Morejon, «Toda obra que por primera vez sale de las manos del hombre, carece necesariamente de perfeccion.»

Nueve años más tarde en 1852 se realiza otra edición del mismo texto. Se trata de los Pronósticos de Hipócrates traducidos y comentados en prosa por Don Mariano González de Samano, y puestos en verso castellano por Don Ricardo López Arcilla, (que en esta edición aparece ya como licenciado en Medicina y Cirugía por la universidad de Madrid), editados en la Imprenta de Luis Tasso en Barcelona en 1852. Fijémonos en lo tardío de su aparición y la clara intención de uso de los Pronósticos aún como libro “vivo” de texto; más que como parte de la historia de la Medicina.

Se trata de una edición en que aparecen tres textos: primeramente en latín; después, la versión en castellano de González de Samano y seguidamente el texto poético de Arcilla; finalizando con unos comentarios explicativos, también, de González de Samano, que era, a la sazón,  doctor en Medicina y catedrático de la universidad de Valladolid. (Ver Nota 2).

 

Sobre Ricardo López Arcilla

Poco sabemos de Ricardo López Arcilla, salvo su titulación en los años de las ediciones de sus libros y, también por éstas, que era redactor y colaborador en varias revistas científicas y literarias, especialmente en El Divino Vallés, periódico semanal de contenido médico editado en Barcelona de 1849 a 1855; cuyo nombre alude al doctor renacentista Francisco Vallés – conocido como el “Divino Vallés” – medico personal que fue del rey Felipe II.

 

Fue autor, asimismo, del libro de poemas Ensayos poéticos , editado en Toro en 1860 en la imprenta Tomás de la Calzada. De los suscriptores que figuran al final del libro, se deduce que Ricardo López Arcilla debió ejercer varios años su profesión en Toro. Asimismo se tienen noticias del abandono de Ricardo López Arcilla, medico de Toro, de la Sociedad Homeópática de Madrid, junto al doctor José Sebastián Coll, que fue presidente de la misma un tiempo y médico titular en Toro. Es posible, asimismo, que tuviera una relación aún más intensa con esa ciudad de la que su hermano Patricio, farmacéutico y al que están dedicado el libro de Ensayos poéticos, fue alcalde de esta localidad.

Por último es, sin duda, el autor de la obra de teatro de título El médico de un monarca,  ”drama en cuatro actos y en verso para representarse en Madrid el año de 1851″; que está dedicada a su hermano Patricio López Arcilla.

 

Notas y enlaces

1. En el artículo Un Hipócrates olvidado: las traducciones castellanas de Donaciano Martínez Vélez, escrito en la revista Cronos por Luis García Ballester, se ofrece una panorámica de las traducciones de las diferentes obras de Hipócrates así como del problema de su vigencia en la medicina española del siglo XIX. Su entronización en los planes de estudio  en los años que siguieron a la guerra de la Independencia con el nefasto reinado de Fernando VII y su lenta pérdida de vigencia con el progresivo y difícil afianzamiento del positivismo naturalista y el método científico en España.

2. Se ha enlazado  a la visualización completa del libro en Play.google.com.  El texto Sobre la convulsión, que hemos seleccionado para poesía y ciencia es la versión en verso del párrafo 35 del libro tercero (Pgs. 273-276). La Conclusión seleccionada es la versión en verso del párrafo 38, también, del libro tercero (Pgs. 278-279).

 

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Leo a Tomás de Aquino en el Smartphone. Juan Antonio González Iglesias.

Enlace a Leo a Tomás de Aquino en el Smatphone de J.A. González Iglesias en poesía y ciencia

Entre la poesía que podríamos acabar considerando como “poesía de (cierta) temática científica”, puede ocurrir que la presencia de motivos científicos o tecnológicos no sea extensa sino más bien breve; apenas una frase escogida inscrita, junto con otras más, en el sentido e intención del poema. Sin embargo sucede, a veces, que esa pincelada – aportada desde la ciencia y la tecnología – se constituye en referente y uno de los atractivos fundamentales del poema.

Es lo que ocurre, por ejemplo, en Escrito a cada instante, del poemario de mismo título de  Leopoldo Panero. Es, sin duda, uno de los mejores poemas del poeta astorgano, padre de la saga de los Panero y muestra inequívoca de la mejor poesía religiosa que se ha escrito en el siglo XX.

En el centro del poema, después de esa potente imagen sobre la incierta aproximación que tenemos de la búsqueda de Dios:

Y su nombre sin letras,
escrito a cada instante por la espuma,
se borra a cada instante
mecido por la música del agua;
y un eco queda solo en las orillas.

aparece una gran interrogación con una poderosa forma matemática:

¿Qué número infinito
nos cuenta el corazón?

y lo que sigue es ese corazón, una y otra vez, ciega e infinitamente el que va a pronunciar Su nombre.

También pasa en el poema del poeta portugués  Daniel Faria que empieza con el verso Me causa aflicción todo lo que muere. 

En su mitad, en un poeta absolutamente herido por la palabra, posiblemente el poeta más místico del final del siglo pasado, con una obra hecha de palabras intemporales sin apenas referencias al mundo de hoy, incluye los versos siguientes:

Me causa aflicción toda ausencia no anunciada
He encendido la luz por toda la casa y he electrificado la voz.
Ahora puedo ampliar el fulgor de los gritos.

Y se nos quedan grabadas esas bombillas encendidas y esos altavoces electrificados para ampliar esas voces interiores que Faria espera en el poema. (Ver Nota).

Y es lo que ocurre también con Leo a Tomás de Aquino en el Smartphone, que aparece hoy en poesía y ciencia, de Juan Antonio González Iglesias. El sorprendente endecasílabo inicial es tan impactante; tiene tanta fuerza la imagen de llegar a usar un smartphone para leer a Tomás de Aquino en latín, que el poema queda marcado y hasta cuesta trabajo alejar esa imagen para centrarse en la lectura del poema que trata de la tesis del  Doctor Angélico acerca de que el Bien se expande por el mundo y de la certeza del poeta de que, efectivamente, es así aunque el Mal igualmente se difunda.

Poema optimista y confiado en que no se duda de la expansión del Bien, de la fórmula “escrita en un idioma/ pensado para el mármol, para el bronce…. / Y ahora para la página del móvil”.  Poema que, en sí mismo, es deseo del poeta que llegue a ser una más de las cosas que, con su difusión, contribuya a desequilibrar el mundo para bien, y que finaliza con la imagen del rastro de esa difusión como una brisa deliciosa, tregua de agosto matinal, cuyo soplo desciende “desde la sierra fría hasta la playa”.

Leo a Tomás de Aquino en el Smartphone está incluido en Confiado de 2015,  último libro publicado por Juan Antonio González Iglesias que obtuvo el XXXVI Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla. En él se incluyen algunos poemas más, también memorables, en los que la “difícil facilidad”, (como indica Luis Antonio Villena en la reseña crítica en El Mundo), la calidad indiscutible del verso y la voz propia de J.A. Iglesias se aplica a la descripción y reflexión sobre las nuevas tecnologías de nuestro mundo actual. Mencionaremos, en este sentido,  Benditos los ignotos, (ya publicado en poesía y ciencia en diciembre de 2014), y Libérame del reino de la cantidad. En otros registros de admiración por la naturaleza y la cultura, destacan Ha brotado la parra verde y roja y Elogio a la Biblioteca Pública.

 

Notas y enlaces

1. Daniel Faria (1971-1999) es una de las voces más sorprendentes de la última poesía portuguesa. Dos de sus principales libros de poemas llevan por título  Explicación de los árboles y de otros animales y Hombres que son como lugares mal situados han sido ya publicados por la Editorial Sígueme en 2014 y 2015, que editará en el futuro el último gran libro de poemas de Faria, Los líquidos. El poema que hemos mencionado, Me causa aflicción… se encuentra incluido en Explicación de los árboles y de otros animales. del que enlazamos a la reseña crítica aparecida en el diario El País. A continuación se incluye el texto completo del poema.

Me causa aflicción…

Me causa aflicción todo lo que muere

Como me da pavor cada noche que cae.
¿Cómo he podido olvidar el camino hacia afuera?

Infeliz de mí que olvidé las sendas de la caza.
¿Comeré hierba?¿Sol?¿Comeré estepas y estepas
Ardiendo?

Voy a ponerme a la mesa y esperar.

Me causa aflicción toda ausencia no anunciada
He encendido la luz por toda la casa y he electrificado la voz.
Ahora puedo ampliar el fulgor de los gritos.

Puedo abrir veredas en el fuego: conozco el ritmo de la mano exacta
Que hizo al pueblo atravesar en seco el interior de las aguas.

Voy a sentarme a la mesa. Voy a dejar que se enfríe la comida.
A hacerme la cuenta de que estoy esperando.

 

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