Archivo de septiembre, 2016

He sido una sencilla profesora de química. María Cegarra

 Enlace a He sido una sencilla profesora de química de María Cegarra en poesía y ciencia

En el comienzo del nuevo curso de poesía y ciencia traemos a una poeta tan excelente como injustamente desconocida, en cuya obra destaca de forma relevante la presencia de la ciencia y de la técnica.

Recibí la primera noticia de la existencia de María Cegarra a principio de este verano, en una conversación con el matemático Antonio Córdoba Barba, que me habló de una poeta de la región de Murcia que había sido la primera perito químico en España y que había escrito unos poemas de laboratorio en los que la química estaba muy presente.

María Cegarra Salcedo

Y he hallado, en efecto, a una gran poeta a la que debemos considerar pionera, en la poesía del siglo XX escrita por mujeres, en acudir a motivos científicos y técnicos en su poesía. (ver Nota 1).

Dos son los principales poemarios de María Cegarra Salcedo (La Unión (Murcia), 1899-1993). En 1935 publica Cristales míos, en pleno fervor esteticista de los años 30, dedicado a Andrés, su querido hermano fallecido tras una larga y penosa enfermedad. El libro, fue prologado por  Ernesto Giménez Caballero que enmarca la obra en la poesía pura de la época y señala la originalidad que alcanza aplicando a la literatura “su sentido sincero  y profesional del formulismo químico”. Los poemas, escritos a base de cortos párrafos en prosa, presentan un importante nivel de abstracción, con gran acierto en la combinación de poesía y química, que se manifiesta, sobre todo, en la parte del libro que lleva por título Poemas de laboratorio. He aquí algunos ejemplos:

La sílice es una afirmación con un círculo duplicado. Tierra y Dios: mi barro y mi atmósfera.

La química lo afirma; pero se engaña. No existe la saturación.

Hidrocarburos que dais la vida: Sabed que se puede morir aunque sigáis reaccionando; porque no tenéis risa ni aliento, ni mirada ni voz. Sólo cadenas.

Balanza, urna de sensibilidad: Eres el crucifijo de la mirada.

La sonoridad de las ebulliciones y de los alambiques es como un viento sin mar y sin molinos.

Ansia de la transmutación! Para conseguirte, cada vez más pequeña, más minúscula, más átomo.

Más de 40 años más tarde, en 1981, publica el libro Desvarío y fórmulas en que se trasluce su actividad profesional como química y su actividad académica y se acerca a una poesía más inteligible y humana, próxima a la poesía social, utilizando corrientemente tecnicismos y metáforas. A dicho libro pertenece el poema He sido una sencilla profesora de provincias que hemos incluido en poesía y ciencia y que nos trae ciertos ecos “machadianos” entre símbolos y fórmulas, junto con “… crisoles / de arcilla al rojo vivo hasta encontrar la plata.” 

También se encuentra en Desvarío y fórmulas un hermoso poema en que cuenta como sintió suspender a un alumno por no escribir una palabra del tema del carbono:

Sentí una honda tristeza
al suspender al alumno vestido de negro.
Era como un árbol quemado.
Pantalón de hulla.
Jersey de grafito.
El cabello recordaba la turba.
Lignito en los zapatos.
Los ojos de azabache.
En un dedo un diamante
sus destellos lanzaba…
Presentó las cuartillas en blanco
sin escribir una palabra
del tema del carbono.
¡Cuánta tristeza sentí al suspenderle
siendo él yacimientos!

Poeta completa, tanto como química competente, el lenguaje especializado de esta disciplina, está bien presente en toda su obra. (Ver Nota 2).

 

Y entre ambos libros, de 1935 a 1978, toda una vida que queda reflejada en ambos poemarios los cuales, a la inversa, son a su vez fruto y consecuencia de su vida. Una vida recogida en su ciudad natal, La Unión, dedicada a sus tareas profesionales, docentes y familiares.

A modo de aproximación, se reproduce a continuación parte del perfil biográfico que aparece en Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la generación del 27, edicíon de Pepa Merlo, (colección Vandalia, editado por la Fundación José Manuel Lara, Sevilla 2010).

María Cegarra Salcedo nació en La Unión (Murcia), 1903. De padre comerciante y madre maestra, estudió Química y al terminar la guerra obtuvo la Licenciatura de Ciencias Químicas. Fue la primera mujer perito químico de  España. Instaló su propio laboratorio. Debía de sorprender en un mundo de hombres y entre mineros, que una mujer fuese la encargada de los análisis de los minerales.

Amiga de Miguel Hernández, éste le dedicaría el soneto de El rayo que no cesa, “para mi queridísima María Cegarra con todo el fervor de su Miguel Hernández” (26 de agosto de 1935).

La muerte de su hermano Andrés daría pie a su primer poemario Cristales míos, y tras el fallecimiento de su hermana, muy cercano a su propia desaparición que ocurrió en Murcia en 1993, escribió su última obra, Poemas para un silencio.

Una biografía que puede resultar sorprendente para estos tiempos pero de una coherencia íntima y personal asombrosa y, en todo caso, fascinante. (Ver Nota 3).

 

Vuelvo, como al principio de esta entrada, a interrogarme sobre el por qué del injusto desconocimiento de una poeta como María Cegarra. Llego a la conclusión de que estamos ante un triple juego de invisibilidades y asimetrías. Primeramente, estaríamos ante la invisibilidad de la poesía como género dentro del panorama general de la literatura española actual y, simultáneamente, dentro del corto espacio que le toca a la poesía, la profunda asimetría en cuanto a la consideración y atención dedicadas sólo a un exiguo puñado de poetas, frente a una brutal indiferencia hacia el resto.

En segundo lugar, nos encontramos ante la invisibilidad de la obra literaria de las mujeres frente a la realizada por hombres; y en el caso que nos ocupa, de las mujeres poetas de alrededor de la generación del 27; como queda mostrado en la mencionada antología Peces en la tierra de Pepa Merlo.

Por último, estamos ante una tercera invisibilidad elegida por María Cegarra que nunca quiso abandonar su tierra, su familia y su vida íntima. En el artículo de Jose María Rubio  que se menciona en la Nota 3, éste cuenta como en un encuentro en la casa de María Cegarra en Cabo de Palos, su colega y amiga Carmen Conde (sic), “pasó de la valoración elogiosa del verso de María a la denuncia de su comportamiento vital. La acusó de haberse “quedado en La Unión”, de no responder a sus invitaciones a trasladarse a Madrid en los años cincuenta, protegida por su carácter de profesora de escuela profesional, ya que hubiera vivido otra vida personal y literaria. El vozarrón de Carmen, sus gestos, sus movimientos de brazos alcanzaron el género bronca paterna. Cuando Carmen acabó, María sonrió dulcemente y musitó: “Era mi vida, Carmen”.

Nos gustaría haber contribuido algo a superar estas “invisibilidades” y alertar sobre esta magnífica y original poeta. Y un llamado: sus libros son, hoy por hoy inencontrables. ¿No habrá alguna editorial valiente o alguna institución benefactora que reedite la obra de María Cegarra?

Notas y enlaces

1.- Así lo considera José María Balcells de la Universidad de Leon, que en su estudio Mujer y Poesía española: 1980-2000, indica: “Parecidamente raro en poesía española resulta acudir a motivos científicos, pues en el XX sólo habrían servido como tema, de manera excepcional, en la obra de María Cegarra (1903-1993)”.

2. El artículo Lengua poética y lengua técnica: creación y ciencia de Pilar Díaz de Revenga y Torres, está dedicado a estudiar la relaciones entre los lenguajes técnicos y el lenguaje literario; y de estos con el lenguaje ordinario, centrándose de forma detallada en la figura de María Cegarra y la utilización en su obra del lenguaje técnico; fundamentalmente – pero no solo – químico.

3. En internet hay alguna información sobre la vida y obra de María Cegarra; por ejemplo en el enlace que pongo aquí. Un estupendo resumen sobre las características de su obra poética – estrechamente relacionada con su biografía – se encuentra en la publicación Escritoras editada en 2004 por el Instituto de la Mujer de la Región de Murcia, (Pgs. 11-13). Un retrato emocionado y más detallado de la poeta de La Unión  y de la estrecha relación entre vida y obra se puede leer en María Cegarra o la intimidad frente a la muerte de  José María Rubio Paredes.

 

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