Archivo de noviembre, 2017

Metal caliente. Leopoldo de Luis.

Enlace a Metal caliente de Leopoldo de Luis en poesía y ciencia

Metal caliente

El perfecto endecasílabo inicial de Metal Caliente nos transporta, sin querer y en volandas, a las edades lejanas y sucesivas del cobre, del bronce, etc. que, en las viejas escuelas infantiles enseñaban a considerar el mundo en periodos míticos que, a través de a través de la aparición por innovaciones sucesivas de los nuevos metales, marcaban el lento pero firme progreso de la humanidad.

En esa ensoñación, la continuación natural debería ser o podría constar de sucesivas descripciones de cada época y su metal, con los nuevos ingenios y herramientas que se desarrollaron y sus ventajas. Pero desde el segundo verso ya nos tememos que no va a ser así y vamos viendo como los metales, en el poema de Leopoldo de Luis, (Ver Nota 1), constituyen imágenes y material poético para describir un triste panorama; el del verano y otoño de 1936 en España y la guerra civil.

.

Leopoldo de Luis
(De la web de la Universidad Carlos III de Madrid)

Metal caliente está compuesto, en su mayor parte, por endecasílabos que tienen calidad escultórica y heptasílabos, cinco repartidos en el poema que aportan un cierto ritmo de pie quebrado, con rima asonante en los versos pares. Entre ellos se cuelan los versos 14 y 20 que son eneasílabos.

La primera estrofa nos sitúa en verano bajo el sol rojo y pronto se asignan correspondencias a los metales: sombra al bronce, grito al hierro y espesa lengua al plomo. En la segunda estrofa ya es otoño y asistimos al temblor de la plata y a los desmayos del oro: ¿alusión al miedo del dinero?. El cobre se identifica con veneno  y  la fuerza del hierro hace palidecer al viento.

En ese otoño especial de 1936, la violencia se desató con una “tormenta mineral” en que las armaduras guerreras dejaron su reposo y la guerra volvió

Las viejas armaduras deshicieron
su historia. Los soldados
de plomo perecían en defensa
de sus inmóviles caballos.

En su estrofa final, el poema retorna al inicio; y tras la repetición de la frase inicial: “Brilló la edad de los metales”, a la que sigue una enumeración canónica: “…Bronce, / cobre, cinc, hierro, acero, estaño/ …”, el poema remata con cuatro versos lapidarios en los que se nos quedan resonando esas “… manos/ agitadas y rojas/ por la sangre de hermanos.”

Manos agitadas y rojas por la sangre de hermanos; o sea; lo que – en resumen y triste sustancia – fue nuestra guerra civil.

Leopoldo de Luis

Leopoldo Urrutia de Luis nació en Córdoba en 1918. Con un año de edad su familia se trasladó a Valladolid donde pasó su niñez y adolescencia, trasladándose a Madrid  a los 17 años para finalizar el bachillerato. Allí compagina el trabajo con sus estudios de letras en la Universidad que con las vicisitudes posteriores, nunca llego a concluir.

Porque el estallido de la guerra civil transforma la biografía de Leopoldo Urrrutia y su vida se transforma en varias sucesivas. La primera es la de soldado y de poeta combatiente; autor de poemas como Romancero a la muerte de García Lorca, Puñales quisieran ser o Regimiento Pasionaria, (ver Nota 2), que finaliza la contienda como capitán de estado mayor del general Escolar en el Frente de Extremadura. Inmediatamente después de la guerra conoció otra vida más: la cautividad pasando varios años entre cárceles (plaza de toros de Ciudad Real y cárcel de Ocaña) y campos de trabajos forzados (batallón de trabajadores de Gibraltar).

 

Liberado en 1942, y recuperado su trabajo en la compañía de seguros en que estaba empleado antes de la guerra, nace Leopoldo de Luis, seudónimo defensivo, que va a ser su nombre de poeta, por el que lo conocemos en la actualidad. Comienza publicar en revistas de la época como Garcilaso y Espadaña, entre otras. Desde la publicación de su primer libro de poemas,  Alba del hijo, editado en 1946 -  en la que se integraba en la línea existencialista de la posguerra española - su producción poética y ensayística, fue constante, libro tras libro; ensayo tras ensayo. Se le ha ubicado en la primera generación de postguerra y su poesía es calificada de social y de testimonio, siendo una de las figuras más destacadas de la denominada “poesía social” de la que fue, además, autor de una de las mas importantes antologías al respecto: Poesía Social. Antología, en Ed. Alfaguara, 1965. (Ver Nota 3).

En el discurso con motivo de su discurso de recepción de la medalla de honor de la Universidad Carlos III en 2004, indica sobre la poesía social:

“Pertenezco a una generación que cambió un día la actitud del poeta frente a la poesía misma. Se abatieron las torres de marfil, se eludieron las delicuescencias narcisistas. Se procuró que la poesía bajara a la calle y tomase conciencia de una realidad colectiva. …. Vicente Aleixandre hablaba de que hay épocas graves, de urgentes crisis, en las que se deben exigir al poeta los valores éticos más que los meramente estéticos. Surgió, quizá ingenuamente, una poesía en la que el poeta hace girar el eje de su comprensión más que hacia el yo, hacia el nosotros.

… Quisimos llevar la poesía cerca del dolor y de la injusticia. Porque toda gran poesía lleva implícita una moral. Alguno de nosotros la definió como un arma cargada de futuro, y lo es: no un fin en sí misma, sino un medio de comunicación; cargada porque algo va con ella; de futuro porque aspira a crear conciencia. Otro la consideró defensa del hombre. Y también lo es, al verla como un humanismo. No faltó quien pensó que la belleza, junto a los que sufren y esperan, puede ser un exhibicionismo cruel.

… He pretendido poner la poesía junto a la vida. No sé si es propiamente vida, pero sé que es su compañera. Me resisto a que sea bella pero inútil. Entre la “ fermosa cobertura” del Marqués de Santillana, y el “cambiar el nombre cotidiano de las cosas” de D. José Ortega, yo me he permitido definirla como RESPIRAR POR LA HERIDA..” (Ver Nota 4).

Referente clave dentro del ámbito de la poesía social española contemporánea, su obra poética destaca por la preocupación técnica, el cuidado del lenguaje, la riqueza imaginaria y la sincera conmoción por el mundo que le rodea y el momento que le toca vivir. (Ver Nota 5).

Leopoldo de Luis, que falleció el 20 de noviembre de 2005, (tal día como ayer hace 12 años), obtuvo numerosos premios, destacando el Premio Nacional de Literatura por su libro Igual que guantes grises en 1979 y el Premio Nacional de las Letras Españolas de 2003, concedido anualmente por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en reconocimiento al conjunto de toda una obra literaria.

Notas y enlaces

1. En poesía y ciencia se pueden ver cuatro poemas de Leopoldo de Luis, incluidos entre diciembre de 2003 y noviembre de 2005. Son los poemas: La materia no muere, Nociones de estadística,  Extrañas radiaciones y Todo más pequeño.

2. En Poesía de la Guerra Cívil española. Antología (1936-1939). Edición de Jorge Urritia. Colección Vandalia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006.

3. La antología citada fue reeditada en varias ocasiones, destacando la reedición de 2000 en Ed. Biblioteca Nueva con el título Poesía social espñola contemporánea. Antología (1939-1968) y con introducción y notas de Fanny Rubio y Jorge UrrutiaEn relación con la poesía social, es interesante el artículo  Breve revisión de la poesía social de posguerra (1939-1975): un “concepto de época”, de Pablo Carriedo Castro

4. En el siguiente enlace, se puede acceder al discurso completo de Leopoldo de Luis en la recepción de la medalla de honor de la Universidad Carlos III de Madrid en 1994.

5. En el siguiente enlace, se puede leer el interesante artículo Leopoldo de Luis: no son poco las palabras - con el antetítulo: Poesía social: extracto de una de las últimas entrevistas a un poeta arrinconado - de Anchor Ladoire publicado en www.diagonalperiodico.net el 5-05-2006.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Etiquetas:
Categorias: General

La luna al telescopio. Miguel de Unamuno

Enlace a La luna al telescopio de Miguel de Unamuno en poesía y ciencia

En poesía y ciencia nos gusta no olvidar a los clásicos y traer ejemplos  de cómo los grandes clásicos de la literatura española incluyeron motivos científicos en sus poemas; de cómo, incluyeron ciencia y técnica en su obra a la par de sus otros temas favoritos. Hoy es la figura inconmensurable de Miguel de Unamuno quien vuelve a poesía y ciencia con el poema La luna al telescopio. (Ver Nota 1).

 

Miguel  de Unamuno (hacia 1904- 1905)
(Ramón Casas, MNAC)

Generalmente, no se asocia – en primer lugar – la figura de Unamuno a la poesía, sino a otras partes de su gran obra como la novela o el ensayo. Lo que no le parece natural a José María de Cossío que sostiene que toda la obra de Miguel de Unamuno debería ser interpretada en clave poética; por lo que no tiene nada de extraño que fuera finalmente el género poético uno de sus preferidos. (Nota 2).

Con todo lo anterior, dentro de su obra total, la poesía en verso ocupa un área considerable; en concreto dos tomos de más de 1000 páginas de los 10 que componen sus obras completas en la edición de la Biblioteca Castro.  Además, y después de un inicio tardío, Unamuno no dejo de escribir poesía toda su vida dejando una vasta, variada y muy interesante obra poética.

La poesía llegó tarde a la vida de Unamuno que hasta 1907, con 43 años, no publicó su primer libro Poesías. Cinco años más tarde se publicó su segundo libro Rosario de sonetos líricos y hasta 1920 no volvió a publicar libro alguno en verso. De esa fecha es El Cristo de Velázquez, considerado el más importante poema religioso escrito en castellano en el siglo XX. A partir de ese momento su producción poética se multiplica, van apareciendo más libros como Rimas de dentro, Teresa, De Fuerteventura a París y Romancero del destierro.

A medida que pasan los años parece sentir con mayor urgencia la necesidad de la expresión en verso; la poesía se le hace prácticamente diaria menudeando las publicaciones de versos suyos. La recopilación final de la poesía suelta de Unamuno, no publicada en libros concretos, alcanza cifras formidables, totalizando 1870 poemas: 1755 del Cancionero  y 115 de Poesías sueltas.

En cuanto a Cancionero, (en el que se encuentra La luna al telescopio), puede considerarse un verdadero “diario poético”, teniendo en cuenta que el más antiguo de los poemas data de febrero de 1928 y el último está fechado el 28 de diciembre de 1936; sólo 3 días antes de su fallecimiento. Cancionero debía haberse publicado con unos 400 poemas a finales de 1928 pero no llegó, por razones que se desconocen, a ver la luz y Unamuno no interrumpió el proceso de composición que se mantuvo incansablemente hasta las vísperas de su muerte.

En todo caso este libro monumental fue un libro póstumo cuya primera edición, a cargo de Federico de Onís, tuvo lugar en 1953; a la que se unió la aparecida en edición de las Obras Completas (1959-1964), en 16 tomos publicada por Argos Vergara, bajo la dirección de Manuel García Blanco, discípulo de Unamuno, gran especialista en su obra y que, en 1954, escribió Don Miguel de Unamuno y sus poesías: Estudio y antología de poemas inéditos o no incluidos en sus libros, Salamanca, Acta Salmanticensia, 1954.

 

 

Temáticas de Cancionero y la astronomía.

Como es de imaginar ante un libro tan extenso como Cancionero, con 1755 poemas, la temática del mismo es muy variada. Hay un buen número de bellos poemas dedicados a ciudades y a paisajes; también abundan los poemas de temática religiosa y también hay bastantes poemas que son juego e investigación con el lenguaje: sonidos, significados, invención de palabras, etc. Sin embargo, resultan muy interesantes los siguientes párrafos de la obra de Manuel García Blanco que se ha mencionado en el párrafo anterior (la negrita es mía).

“Dos curiosas antologías poéticas podrían espigarse en este vasto Cancionero, reuniendo las poesías que tienen por tema a los astros, en especial a la Luna, y las que dedica al mundo de los animales, desde el cochorro y el abejorro sanjuanero de su niñez, hasta los vencejos y  golondrinas, para solo mencionar las especies que lograron carta de naturaleza en su poesía anterior.”

En efecto, solamente teniendo en cuenta los títulos o primeros versos de los poemas de Cancionero, (ver Nota 3), nos encontramos con más de veinte poemas en que aparecen los términos: Luna, Sol, Sirio, estrella… ; o adjetivos tales como: celeste, estrellado, lunáticos… Habría que verlo a fondo, lo que podría ser objeto de un bonito estudio, que no es posible hacer aquí. (Ver Nota 4).

Creo que en la mayoría de ocasiones estos términos astronómicos están (bien) mencionados y utilizados como paisajes de fondo, o formando parte de metáforas e imágenes en poemas cuyo tema fundamental no es la ciencia o la técnica sino otros: religiosos, por ejemplo, por lo que dichos elementos son utilizados para enriquecer el lenguaje poético; se añaden al abanico de posibilidades expresivas, junto con otros elementos más usuales en la poesía de la época.

En La luna al telescopio, sin embargo, el contenido científico tiene más peso. Nos encontramos con un instrumento científico por excelencia, el telescopio, y con la visión de los objetos celestes – la luna – que éste proporciona. El inicio del tema poético viene motivada por las impresiones producidas por una actividad científica: la observación astronómica.

¿Ves la luna al telescopio?

La impresión es decepcionante para Unamuno que no ve brillos, ni detalles sino un vaciado de yeso muerto en el que ve el porvenir de la tierra.

Mascarilla del pasado,
tumba que fue desde nido,
¡ay celeste vaciado,
cielo, vacío perdido!

Miguel de Unamuno (entre 1925 y 1930)
(Mauricio Fromkes. Museo del Prado)

Finalmente, Unamuno parece lamentarse de que la tierra gire, junto con la luna, alrededor del sol ya que:

… nuestra revolución
en torno al sol y su lumbre
que nos velan la verdad,
vacío de pesadumbre,
espejo de eternidad!

Nostalgia y añoranzas de un universo antropocéntrico con el hombre y la tierra en el centro del universo y Dios en el cielo.

 

Enlaces y notas

1.  De Miguel de Unamuno se han publicado en poesía y ciencia, desde 2003,  los siguientes 8 poemas: Paleontología, Se casaron a y b…  (nº 225 de Cancionero), La ciencia construye…  (nº 45 de Cancionero), Salutación a los rifeños, Por lógica y aritmética… (nº 1448 de Cancionero),  Aritmética, La tabla de multiplicar y La estrella polar.

2.  En Antología Poética de Miguel Unamuno, nº 601 de la colección Austral de Espasa-Calpe, 1946; con selección y prólogo de José María de Cossío

3. En internet se puede visualizar Cancionero de la antes mencionada edición de  las Obras completas de Miguel de Unamuno de la  Biblioteca Castro.

4. La temática llega a ser muy variada; tanto que encontramos algún poema en que aparece la gastronomía: Sobre la olla del cocido, (nº 1354), e incluso alguno en el que el juego del mus, (nº 175), es fundamental.

Teología del mus

Tu oración pide milagros,
oración del jugador,
la envidas a Dios y esperas
los sonsaque tu oración.

Duples con la treinta y una
exiges a tu favor
por alguna martingala
que haga el divino Hacedor.

Pero es que las matemáticas
uncen al pobre Señor,
que aunque sea tres en uno
no puede hacer uno en dos.

 

 

 

Etiquetas:
Categorias: General