Archivo de septiembre, 2018

Naturaleza cuántica. Mercedes Martínez Bilbao.

Enlace a Naturaleza cuántica de Mercedes Martínez en poesía y ciencia

El pasado mes de junio, con motivo de la presentación del libro El año en que salvé a Eistein, definí mi papel en la sección poesía y ciencia de madrimasd.org como el de un buscador de poemas en los que la ciencia y la técnica tengan un protagonismo notable. Una de las interlocutoras apreció que le gustaba mucho tal oficio, a lo que añadí que, si alguien me pagara por ello, sería perfecto. Tengo que decir que, en ocasiones, ese papel se revierte y uno, sin proponérselo, acaba encontrando por azares diversos los poemas. Por lo que sería más propio y amplio hablar de descubridor de poemas.

Lo que me lleva a hablar del encontrado poema de título Naturaleza cuántica de Mercedes Martínez Bilbao que hoy visita poesía y ciencia. Y es que, en una de mis últimas estancias en Zamora, me llevaron mis pasos a la librería Semuret, para ver si encontraba algo nuevo sobre el poeta Claudio Rodríguez al que profeso devoción y cariño. Y me llevé a casa un número especial de la revista vasca de poesía Zurgai, de julio de 2006, dedicado en su totalidad al gran poeta zamorano fallecido en 1999.

 

En dicho monográfico diversos poetas, (como Ángel González, Francisco Brines, Antonio Colinas, Juan Antonio González Iglesias y Jesús Hilario Tundidor, entre otros), aportaron poemas originales dedicados a Claudio Rodriguez. Y allí, entre ellos, descubrí con gran sorpresa este Naturaleza cuántica de Mercedes Martínez Bilbao; humilde y bello poema que instala los neutrinos, con su silenciosa abundancia y sus sorprendentes características, en nuestra vida diaria.

Antes de pasar a comentar el poema, me gustaría traer aquí algunos párrafos que pueden ilustrar las relaciones entre poesía y ciencia. En primer lugar, en la misma revista, (pgs. 96-98), Luis García Jambrina, gran especialista en la obra de Claudio Rodríguez, poeta y escritor también, y profesor de la Universidad de Salamanca, en el artículo Claudio Rodríguez, casi una leyenda recuerda unas palabras textuales del gran poeta zamorano en las que sostiene que, con frecuencia, en la poesía hay más verdad que en la ciencia y califica, a continuación, la física teórica como una de las formas de poesía. (Nota 1).

Vivir el misterio de la vida y tratar de mostrarlo poniendo de manifiesto su condición misteriosa, sin pretender desvelarlo ni enmascararlo, esa es justamente la función de la poesía, tal y como la entendía y practicaba Claudio Rodríguez. “Por mucho que sepamos – me explicó en cierta ocasión -, siempre será más lo que ignoramos que lo que conocemos. Por eso, con frecuencia, en la leyenda hay más verdad que en la historia. Y en la poesía más que en la ciencia – añadió con una sonrisa irónica y cómplice -, salvo que esa ciencia, claro está, sea una de las formas de la poesía, como ocurre con la física teórica, que cuanto más luz proyecta sobre el origen del universo más misterio añade”.

Jamás habría ni esperado, ni sospechado un comentario así – relacionando poesía y ciencia – en un poeta como Claudio Rodríguez, en cuya obra no aparece nunca ningún comentario explícito sobre ciencia.

Por otro lado, otro gran especialista, Luis Ángel Prieto de Paula, en su obra La llama y la ceniza. Introducción a la poesía de Claudio Rodríguez, (nota 2), sostiene lo siguiente:

(…) la personalidad de Claudio Rodríguez no se explica atendiendo a las fuentes, sino a aquello que caracteriza a tantos altos poetas: una mirada virgen para captar el mundo, una mente lúcida para interpretarlo y una palabra exacta para comunicarse (comunicarnos) con él.

¿No es esa caracterización de los altos poetas: mirada virgen (captar), mente lúcida (interpretar) y palabra exacta (comunicar); la misma caracterización de la gran ciencia?

Naturaleza cuántica

Naturaleza cuántica tienen, sin duda, los neutrinos que son los protagonistas del poema que es, esencialmente, una descripción poética de esa partícula elemental que es el neutrino. Y la descripción está hecha, justamente, en base a las características más entendibles de los neutrinos: que son muchos y que lo atraviesan todo. El poema trata de la lluvia y presencia constante de los neutrinos que nos rodean y atraviesan en todo momento.

Deduzco
de su naturaleza cuántica
que en mi cocina también hay lluvia de
neutrinos
pues para ellos
el universo
es un todo vacío…

Primera observación de un neutrino en 1970. Argonne National Laboratory de EE. UU (Wikipedia)

En una magnífica presentación, (ver nota 3), de uno de los mayores expertos de España en neutrinos, el investigador de la Universidad Autónoma de Madrid y del Instituto de Física Teórica Enrique Fernández Martínez, (a cuyo formato en vídeo en Youtube pueden enlazar aquí, y al Power Point utilizado en la misma aquí), se nos dice que:

-  En cada cm3 del Universo hay unos 300 neutrinos que son reliquias del Big Bang inicial.
-  Nuestros cuerpos producen cientos de millones de neutrinos al día.
-  El Sol produce tantos neutrinos que cada segundo nos atraviesan unos 100.000 millones.

Como para que no estén en la cocina. En el poema se indica también que no tienen ni carga ni masa:

Una amiga sabia me
confiesa que son partículas mágicas
sin masa y sin carga…

Bueno, lo de sin masa no es cierto. Masa tienen, pero es tan pequeña – del orden de un millón de veces menos que la del electrón cuya masa es de 9,1 × 10-31 kg – que aún no se sabe exactamente cuanta masa es. Y en eso están los físicos: en ver si se va midiendo mejor.

El poema termina de una forma muy tierna, con el temor de que los neutrinos se asusten y no vuelvan a la cocina.

…y yo le pido silencio
que hable bajito
no vaya a ser que se asusten
y ya no vuelvan
los neutrinos
a mi cocina.

Faltaría preguntarse el por qué de un poema de homenaje a Claudio Rodríguez – en cuya obra poética no hay referencias explícitas a la ciencia – sobre neutrinos. Uno podría intuir que la autora traiga a los neutrinos y su lluvia y presencia tranquila que todo traspasa y acompaña como una imagen o metáfora de los que es la poesía – y en concreto la poesía de Claudio Rodríguez – en nuestras vidas: persistente, silenciosa y salvífica. Y miedo nos da que se vaya de la cocina; que esa presencia se pierda y nos quedemos sin ella en nuestras vidas.

Mercedes Martínez Bilbao

La autora del poema es Mercedes Martínez Bilbao, profesora titular de Bioquímica de la Universidad del País Vasco, con lo que estamos ante una poeta que es científica. Ha publicado un libro de poemas con el título Re-querimientos y en 2007 ganó el XXI Concurso Literario de poesía de Lasarte-Oria. En internet se puede encontrar parte de su obra poética. En la web espacioluke.com, en 2005, aparecen los poemas Lombrices de pavimento y El tiempo y, también, a modo de biografía, lo siguiente:

Nací en Santurtzi (Bizkaia) en 1960. La poesía me ha acompañado desde mi juventud de forma intermitente pero obstinada, a pesar de que tanto mi formación académica como mi profesión se relacionan estrechamente con la ciencia…

Además de algunos poemas más, publicados también en Zurgai, (estupendo el poema que comienza con los versos: Escucha. Vendrá el mar / henchido que abrazará con sigilo tu garganta…); es autora del interesante y sentido poema Poesía muda (a Blas de Otero) incluido en 2011 en el blog ¿Dónde estás Blas? dedicado a Blas de Otero.

Esperamos, a la vista de la humanidad y calidad de sus versos, que la actividad poética de Mercedes Martínez Bilbao siga siendo obstinada pero deje de ser intermitente y se difunda convenientemente; ya que nos gustaría conocer más poesía suya.

Notas

1. Claudio Rodríguez, casi una leyenda. Luis García Jambrina. En ZURGAI. Poetas por su pueblo. Julio 2006. Pgs. 96-98.

2. La llama y la ceniza. Introducción a la poesía de Claudio Rodríguez. Luis Ángel Prieto de Paula. Ediciones Universidad de Salamanca. 1ª reimpresión 1993. Pg. 25.

3. La conferencia de divulgación científica de Enrique Fernández Martínez citada es magnífica y lleva por título Las misteriosas propiedades de los neutrinos. Se llevó a cabo en el ciclo de conferencias La frontera de la Física Fundamental, en la Residencia de Estudiantes, Madrid, el 14 de Noviembre 2013. Es didáctica y entretenida. Las partes dedicadas a los detectores de neutrinos es especialmente interesante y sobrecogedora por el tamaño y las magnitudes científicas y técnicas de las instalaciones de detección y sus curiosas ubicaciones.

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La estatua del Jardín Botánico. Santiago Auserón.

Enlace a La estatua del Jardín Botánico de Santiago Auserón en poesía y ciencia

Hay críticos y poetas que piensan que el el decaimiento actual de la poesía, en el ámbito de la cultura y de la sociedad, se debe, fundamentamente, al hecho de que ésta, en un largo proceso de varios siglos, fue dejando de ser recitada y aprendida, o cantada; hablada en definitiva, para pasar a ser escrita. Así lo expresaba Leopoldo María Panero en una entrevista realizada en 1977 en la revista El viejo topo, junto con Biel Mesquida, al poeta Jaime Gil de Biedma. (Nota 1). 

“… la poesía cantada o recitada, toda la poesía ha dejado de circular desde el momento en que se convirtió en letra muerta, en escritura muerta y dejó de ser recitada, dejó de ser hablada.”

 

Jaime Gil de Biedma no estaba muy de acuerdo y mantenía que sí había poesía que seguía circulando. En el coloquio surgieron tres tipos de poesía que seguía siendo hablada y recitada: los eslóganes, (“Se siente, se siente / Carrillo está presente”, que es un pareado y es poesía), la poesía didáctica (“Sigüenza, Molina de Aragón, Cogolludo, Cifuentes y Sacedón”, poema nemotécnico para recordar los partidos judiciales de la provincia de Guadalajara); y las letras de las canciones de la música popular.

Las letras de las canciones quizás sean el ejemplo de poesía más viva y más vivida. Muchas de ellas tarareadas, las memorizamos y las cantamos y nos acompañan – a veces sin quererlo – toda la vida. En la música popular española hay numerosos ejemplos de letristas – que son verdaderos poetas – de altísima calidad. Aquí nos vendrían a la cabeza los nombres de magníficos poetas del mundo de la copla como Rafael de León, autor de Tatuaje y Ojos verdes, entre otras muchas, ó José Antonio Ochaita, autor de Cinco farolas o de La verde palma. Asimismo cantautores como Chicho Sánchez Ferlosio, Juan Manuel Serrat ó Pablo Guerrero. Y también, por supuesto, compositores  del pop-rock nacional como, por ejemplo, Carlos Berlanga en los grupos de Alaskalos Pegamoides y Dinarama, ó Santiago Auserón, en Radio Futura.

 

La estatua del Jardín Botánico

La estatua del Jardín Botánico supuso un punto de inflexión en la carrera de Radio Futura tras la remodelación de la banda con la salida de Herminio Molero y el asentamiento en el liderazgo de Santiago Auserón junto con el papel, también nuclear, del guitarrista Enrique Sierra. A partir de La estatua del Jardín Botánico, se alejan definitivamente de los parámetros estéticos y musicales de la que se denominó como Nueva Ola, representada en el caso del grupo por el postureo epatante y muy comercial de Enamorado de la moda juvenil, para transitar a una nueva fase más comprometida con el rock experimental que les acabaría de asentar como el más destacado grupo de la Movida Madrileña con su siguiente álbum La ley del desierto La ley del mar. (Ver Nota 2).

 

Según declaracion del autor, Santiago Auserón, que, a la sazón, era en ese momento estudiante de Filosofía en Madrid, (Ver Nota 3), la inspiración del tema fueron una mezcla de la lectura de la Monadología de Leibniz, que tenía (sic) “unas imágenes muy misteriosas que hablan de que dentro de cada estanque hay nuevos estanques y nuevos jardines, en el que siempre encontraremos nuevos peces y nuevas plantas. Esa imagen de mundos dentro de mundos me impresionó mucho.”; y, también, de la escucha de Another Green Area de Brian Eno, teclista  de Roxy Music que, recién, había abandonado la glamurosa banda británica para adentrarse en otros terrenos más experimentales.

En alguna ocasión, Auserón ha definido La estatua.., (enlace a versión en directo en La edad de oro), como una canción muy especial dentro de su producción: “Fue un chispazo de inspiración, no creo que jamás me vuelva a ocurrir, ni que haga otra canción igual”.

En La estatua… que, como poema, está condicionada por su carácter musical – que es el que da medida a los versos, según la entonación – nos encontramos versos de entre 9 y 14 sílabas, predominando los dodecasílabos.

El principal encanto del poema es el misterio que siempre nos deja una vez escuchado. No hay circunstancias concretas claras. Pero sí que, ciertamente, el poema lleva dentro bastantes temas procedentes de los mundos de la ciencia.

En primer lugar, el “jardín tan extraño” acaba siendo el Real Jardín Botánico de Madrid; señera institución que fundada en 1755 por el rey Fernando VI, fue trasladado a su ubicación actual por Carlos III en 1781 y que continúa alumbrando con su preciosa y cuidada flora de todo el mundo el Paseo del Prado de Madrid. En su botánica penumbra ocurre la acción, (¿o inacción, quizás?), del poema en el que se alude a varias ciencias.

 

Luis y Santiago Auserón y Enrique Sierra de Radio Futura

Así, aparece pronto la astronomía, esperando un eclipse que presenta como un enigma. También, aparece después la geometría; con el dibujo de una elipse que la estatua traza entre el sol y su corazón. Porque estamos ante una estatua con corazón; un cuerpo con ilusiones que escucha el lenguaje de las plantas, (más botánica), lo que le ayuda a esperar sin razón.

Al final, la estatua se manifiesta metálica, lo que nos lleva a pensar en un robot evolucionado que, por el pensamiento y a distancia,  sigue el movimiento de los peces en el agua. Una estatua robot que interroga, (y se interroga por), al mundo y que tiene ilusión, pensamiento y esperanza.

Pedazo de poema, ideal para este final del verano y para comenzar este nuevo curso de poesía y ciencia.

Notas

1. Gil de Biedma o la palabra sentida sufrida y gozada. Entrevista de Biel Mesquida y Leopoldo Mª Panero, El Viejo Topo, num. 7, (abril de 1977, pp 41-43. (En Jaime Gil de Biedma. Obras. Poesía y prosa. Galaxia Gutemberg, 2010, pp 1197-1206).

2. Hay un párrafo explicativo o programático de La ley del desierto La ley del mar que da idea del gran aliento poético de Santiago Auserón y, en definitiva, de Radio Futura.

<< La ley del desierto es el agua. Pero ¿la ley del mar? No es la tierra ni el barco, sino el metal, una temible vibración del espíritu: la voluntad del capitán Ahab, tendida como un arpón hacia delante, la luz del abismo que atrae a los cuerpos. Herman Meville, Moby Dick: “La locura humana es amenudo una cosa astuta y felina. Cuando se piensa que ha huido, quizá no ha hecho mas que adoptar alguna otra forma silenciosa y más sutil”. ¿Por qué el sueño de aventura adolescente se transforma tan pronto en rigidez, y el amor en usura. Pero la ley del desierto es aún más implacable. Nadie puede hundirse de una vez por todas en su inmensidad, sino vagar alerta, a la espera de un ruido: la alegría del agua, en pequeñas dosis. Los desiertos son las playas del futuro. >>

3. Santiago Auserón se doctoró en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid en 2015, con la tesis: Música en los fundamentos del logos. En el dosier-entrevista de Filosofía&Co, al que enlazamos,  nos podemos asomar a su interesante trayectoria filosófica,  siempre paralela a la musical. 

 

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