Archivo de mayo, 2019

Ciclismo olímpico. Juan Antonio González Iglesias.

Enlace a Ciclismo olímpico de Juan Antonio González Iglesias en poesía y ciencia.

 

Recientemente me reencontré, en Cambio de siglo. Antología de la poesía española. 1990-2007, (selección, prólogo y bibliografía de Domingo Sánchez-Mesa), con el poema Ciclismo olímpico que escuché por primera vez, con fascinación y asombro, recitado por su autor, Juan Antonio González Iglesias, hace unos dos años y medio. (Ver Nota 1).

 

Juan Antonio González Iglesias (de la web de El Cultural)

 

Fue el 30 de septiembre de 2016 en el marco de la Séptima noche europea de los investigadores en el que tuvo lugar, en la sede de la Fundación Telefónica de Madrid, la actividad titulada La alegría de las musas. Poesía y ciencia, en la que se entregaron los premios del primer certamen poético de poesía y ciencia para jóvenes.

En dicho acto, Juan Antonio González Iglesias, que había sido miembro del jurado que otorgó los premios, recitó el poema Ciclismo olímpico. En el mismo momento de la lectura me pareció un poema excelente que, junto con la exaltación, alegría y grandeza del deporte, presentaba un puñado de motivos científicos muy interesantes – sobre física, astronomía y materiales – por lo que pensé que debía ser incluido en poesía y ciencia.

Ocurría, sin embargo, que en marzo del mismo año, habíamos incluido en poesía y ciencia, del mismo autor, el poema Leo a Tomás de Aquino en el smartphone  y consideré oportuno dejarlo para un poco más adelante. Y, como a veces ocurre, ahí quedó la idea dormida…, y perdida. Y ahora felizmente recuperada.

 

Juan Antonio González Iglesias y el deporte

En la poesía actual cabe perfectamente que el aliento clásico, el tono elegíaco y ritmos y formulas sintácticas tradicionales se proyecten en ámbitos de temas e imágenes plenamente modernas. Temas como el mundo del deporte o como el de la ciencia. O ambos a la vez. Como ocurre con el poema Ciclismo olímpico del poeta salmantino Juan Antonio González Iglesias, en que nos hallamos ante una poesía honda, clara y cincelada; una poesía nutrida de tradición y cultura, que ha sido pródiga en poemas con temas deportivos.

Juan Antonio González Iglesias recopiló sus poemas de temática deportiva  en el libro Decatletas, editado por la Diputación Provincial de Cáceres en 2011.

 

En el prólogo del mismo, realiza la observación de que, si bien nuestra época ha olvidado a los griegos, “tenemos en el furor por el deporte uno de los legados griegos más vivos”. Y sigue

“Como en tantos otros aspectos, hemos desequilibrado la armonía helénica. Practicamos ejercicio sin filosofía. Cultivamos el cuerpo sin atender el espíritu. Así el apogeo actual de los atletas está acompañado por el eclipse de los poetas. Pero en la Grecia antigua poeta y atleta eran términos paralelos. El poeta era un hombre de acción. Acción sobre el lenguaje. Acción con el lenguaje sobre el mundo.”

El poemario recoge un total de 22 poemas en que los temas son, unas veces, los deportes olímpicos y, otras, aquellos que no tienen ese reconocimiento y se practican en la naturaleza o en la ciudad. (Sic) “Se canta la competición, pero también el puro ejercicio, cuando no el placer”. El ciclismo en pista, de Ciclismo olímpico, va seguido de Canción para pedir más carril bici, poema que, por cierto, podrían perfectamente adoptar los ciclistas urbanos como himno. (Ver Nota 2)

Ciclista. Natalia Goncharova. 1913. (de Wikipedia)

 

Hay también en todos los poemas un hálito de sacralización del deporte ya que, según González Iglesias, (sic) “La religión (cristiana y pagana) aparecen en estos versos, porque el deporte limita con ellas”.

 

Ciclismo olímpico

El poema, compuesto mayormente de versos alejandrinos, endecasílabos y algunos heptasílabos – que hacen pie quebrado, aligerando el ritmo -, está repleto de elementos que aluden a la ciencia y la técnica.

Se inicia el poema situando el ciclismo en pista en un lugar del cosmos  – lo que es obvio, pero siempre grandioso -, y se alude a la forma de la pista semejante a un anillo de Saturno o una cinta de Moebius.

Al poeta le hubiera gustado versificar sobre un “Dios medieval” que hubiera posado su mano en el mundo modelando la pista, pero sabe que programas informáticos han modelado las curvas y que el humano hormigón armado es lo que ha aportado la ductilidad y firmeza precisa de las superficies.

 

Ciclismo en pista

 

Los cascos son “hiperlineales” para convertir las testas de los ciclistas en flechas. Fantasea sobre el inicio de la carrera en que son sujetados los ciclistas y luego empujados hacia el mágico éter.

“para que vuelvan a su elemento natural/ no la tierra ni el aire/ sino el quinto elemento, el que Aristóteles/ denominaba éter”

Hay una comparación del movimiento de bicicletas y ciclistas con el de los cuerpos celestes que mezclan lentitud – aparente a nuestros ojos – y su inmensa velocidad real.

La medida precisa del tiempo, dividida hasta las diezmilésimas en los eventos olímpicos, se alude en el poema y, también, la perpendicularidad y las fuerzas y su composición

“¿Qué podemos decir de la fuerza centrífuga/ si ya la conocemos por nuestros corazones?”

Y también la celebración de “la atracción primordial entre las cosas”, la fuerza de la gravedad, finalizando el poema con esas bellas palabras – que, al parecer, escribió Leonardo Da Vinci -, en las que llamaba a la fuerza de la gravedad

“ese inmenso deseo de volver”.

Notas y enlaces

1. En poesía y ciencia se encuentran ya incluidos dos poemas de Juan Antonio González Iglesias: Benditos los ignotos y Leo a Tomás de Aquino en el smartphone,  a los que hemos incluido los correspondientes enlaces. 

2. Para los entusiastas del carril bici

Canción para pedir más carril bici

Ir por el carril bici
persiguiendo
el origen del río
durante media hora
paralelo a los peces,
paralelo
al piragüista
de torso grande
adelantarlo,
escalar hasta el puente
peatonal, transmutarme
en perpendicular
al agua
de Gredos por aquí,
dar media vuelta,
bajar formando parte
del viento, ser
tan físicamente
feliz, correr ahora
más rápido que el Tormes,
dejar atrás los juncos,
la lavanda, las sombras de las frondas,
los niños, los atletas,
la plata de los peces
y al tenaz piragüista.

Ir por el carril bici
durante media hora,
ser centauro recién
nacido, me parece
más de lo que merezco
en este día casi
víspera de septiembre.

Pero reclamo más.

 

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Mecánica cuántica (Vértigo). Ángela Vallvey.

Enlace a Mecánica cuántica (Vértigo) de Ángela Vallvey en poesía y ciencia

Dentro de las varias y encontradas actitudes en lo que se refiere a las relaciones entre ciencia y poesía, tendríamos, en un extremo, las muy negativas provenientes tanto desde el ámbito literario, (la del poeta John Keats, por ejemplo, que creía que Isaac Newton había destruido toda la poesía del arco iris al reducirlo a los colores del prisma), como desde el ámbito científico, (como ocurría con el físico Paul Dirac con su lapidaria frase: “El objetivo de la ciencia es hacer las cosas difíciles comprensibles de una forma más simple; el objetivo de la poesía es afirmar las cosas simples de una manera incomprensible… Son, por tanto, incompatibles.”).

 

Paul Dirac en 1930 (Wikipedia)

En el extremo contario, de relaciones fructíferas y positivas entre ciencia y poesía, tendríamos los casos de aquellos científicos de renombre que, a la vez, fueron poetas estimables como, entre otros, Rankine y su matemático enamorado, el químico y Premio Nobel Roald Hoffmann o James C. Maxwell del que siempre recordamos su Poema de amor de un telegrafista: “Las espiras de mi alma se entrelazan, aunque estén distantes, con las tuyas, etc.”. (Ver Nota 1).

James C. Maxwell (Wikipedia)

En un punto intermedio estarían aquellos poetas que han sentido una intensa y excitante fascinación por la ciencia, de forma que introducen temas e imágenes científicas en su obra, como quien fuera pionero en este sentido, el poeta Samuel T.Coleridge (1772-1834), que asistía a las clases que sir Humphry Davy impartía en la Royal Institution de Londres. Cuando se le preguntaba por  qué iba a las clases respondía rotundo: “Asisto a dichas clases para enriquecer mis provisiones de metáforas”

Samuel T. Coleridge.
(Retrato de W. Allston en Wikipedia)

Y uno se imagina así a Ángela Vallvey. Con una mirada fascinada a la ciencia, recopilando temas, imágenes, metáforas, etc., para incluirlas,  más adelante, en sus poemas.

Angela Vallvey

Tras publicar varias novelas juveniles, Angela Vallvey, obtuvo el Premio Jaen de Poesía, en 1998, con El tamaño del universo, una colección de poemas plenos de curiosidad científica y fascinación por la belleza y las paradojas del universo.

El libro debió resultar, en aquel momento, bastante sorprendente pues no resultaba nada común recuerrir a motivos científicos como base continua para un libro de poemas. (Lo que ha sido resaltado por ejempo, en el artículo  Ciencia y subjetividad en las poetas españolas del siglo XX de José Mª Balcells de la Universidad de León, en el que se analiza el poemario y coloca a la poeta junto a otras autoras como María Cegarra, (precedente en los años 30) y María Eloy-Martínez, entre otras).

En muchos poemas toman la palabra científicos como Einstein, Galileo, Kepler o Darwin; reflexionando o haciendo apreciaciones a sus trabajos y vivencias. En otros se incluyen,en los poemas, nociones científicas con las que se construyen imágenes y metáforas adecuadas a la intención lírica de la poeta.

No es de extrañar que al poco de la publicación de El tamaño del universo, en los inicios de poesía y ciencia, (2003 a 2005), se incluyeran poemas de Ángela Vallvey en la sección, (ver Nota 2), y que uno de ellos – El matemático imperial – formara parte de Explorando el mundo. Poesía de la ciencia. Antología editada por Miguel Ángel García-Posada en 2006, (Editorial Gadir).

Ángela Vallvey (de Wikipedia)

En 2006 obtuvo el Premio Ateneo de Sevilla con el poemario Nacida en cautividad en el que, como en El tamaño del universo, parte del discurso científico – tomando como referente la paradoja de Schrödinger – para indagar en la conciencia dolorosa de las limitaciones del lenguaje sobre la que se vierte en lo esencial su escritura poética.  (Ver reseña de Francisco Díaz de Castro en El cultural de 14-12-2006).

Mecánica cuántica (Vértigo)

Creo que Mecánica cuántica es, fundamentalmente, un poema de amor que se desarrolla en el entorno de singularidad del mundo cuántico, tal y como expresa el primer verso:

En este reino, amor mío, las cosas son de otra manera…

Esa singularidad viene dada por un tamaño diminuto, de otra escala que casi ni nos podemos imaginar al estar medido en Angstroms, (un Angstrom equivale a la diez mil millonésima parte de 1 metro).

También por el hecho de que en la mecánica cuántica, la acción de observar modifica el experimento; o sea, lo observado.

Cuando llegues, recuerda: es necesario que lo observes,
aunque al hacerlo con tu mirada lo destruyas.”

En el poema aparecen también los misteriosos y discretos quarks que atraviesan las conchas de las ostras del fondo del mar. También se hace hincapié en los grandes espacios vacíos en el mundo cuántico; un mundo de espacio vacío entre nucleos y electrones de los átomos y moléculas.

“Si te asomas aquí
sabrás que tu pecho es grande como una galaxia,
que tú mismo no eres
más que un enorme espacio vacío.”

También, hacia el final, aparece el principio de incertidumbre y el poema concluye con

“… el viejo pasa sus días incontables
jugando a los dados.”

Alusión a Dios, (“el viejo”), haciendo lo contrario a lo que decía Einstein - al que no le gustaba la mecánica cuántica – en su famosa frase: “Dios no juega a los dados”.      

Fantástico y fascinante poema.

Por último, me gustaría dejarles el párrafo final de la contestación de Ángela Vallvey a la pregunta ¿Cuales son, en tu opinión, las funciones que puede cumplir la poesía en el comienzo del nuevo siglo? que aparece en Cambio de siglo. Antología de poesía española 1990-2007 de Domingo Sánchez-Mesa, Hiperión 2007.

“(…) En todo caso, en estos tiempos de abaratamiento, de vulgarización masiva, de consumo y de ganancias, la poesía (no hay poesía buena y mala: hay poesía o no hay poesía) es un reducto de exquisitez que sigue proporcionando un temblor de humanidad siempre nuevo para cada individuo. La poesía es el ADN de la cultura. Infinitamente incomparable. Pieza única. Es la antimanufactura. No se le puede pedir más.”

Enlaces y Notas

1. Los tres poetas se encuentran incluidos en poesía y ciencia. Enlazamos a los poemas correspondientes: Rankine, Hoffmann y Maxwell.

2. Los poemas de Ángela Vallvey incluidos con anterioridad en poesía y ciencia son: El contador de arena, El matemático imperial, Es el momemnto del tiempo, 10.000 millones de años y Las armonías del mundo, a los que pueden acceder en el siguiente enlace.

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