Afganistán
Las televisiones públicas han resuelto no intensificar su información sobre las recientes víctimas de Afganistán. Pero de lo más grave no se habla: los españoles no nutren como debieran su defensa. La demagogia se cargó el servicio militar obligatorio y nuestro Ejército debe buscar sus soldados en el altiplano andino. Es una perversión que no sean los naturales de un país o no lo sean exclusivamente quienes lo defiendan, ordinariamente. Porque no tenemos tropas profesionales sino mercenarias, que es cosa bien distinta, y aquí hay paz y después gloria y a quien san Pedro se la dé san Pedro se la bendiga. O séase, que ocurra lo que tenga que ocurrir, que aquí estamos a otro cosa: las hipotecas, la liga de fútbol, las broncas entre periodistas… Pero las bombas de Al Qaeda revientan a españoles sobre todo.
Miguel García-Posada
Móvil
Nunca habíamos pensado en tener un tan omnisciente testigo de nuestras vidas. El móvil ha concitado más adhesiones que cualquier otro instrumento de comunicación. Desde que comenzaron a aparecer en España a principios de los noventa hasta ahora su expansión ha sido fabulosa; en la actualidad salimos a casi un móvil por cabeza. Su utilidad es manifiesta y clamorosa; sus contrapartidas: ha acabado, o puede acabar con la privacidad, con la intimidad, con lo que un ensayista español llamó felizmente el arte de quedarse solos. El móvil puede ser un pequeño terrorista y un agente de alienación, engolfado el individuo en sus problemas. Con todo, bienvenido sea este ubicuo demonio o ángel electrónico.
MIGUEL GARCÍA-POSADA
Camisetas
No fue amable el espectáculo de las camisetas “nacionales” en el Congreso, pero se veía venir. Y ante la situación caben dos actitudes: la “tridentina”, que encarnó un diputado por Ceuta, a quien solo le faltó cantar aquello de “Banderita, tú eres linda”, o alcanzar una solución pactada, que regule el qué, el cómo, el cuándo, la existencia de varias Federaciones al modo británico o la fórmula que se adopte, que incluya la obligación de que los clubes participen en las competiciones de ámbito español, la libertad para federarse, etc. Rasgarse las vestiduras no conduce a ninguna parte. Si se niega la realidad, la realidad acaba llevándose por delante y en cueros a los negadores sin que resulte posible otra elección
Miguel García-Posada
Cambio de rumbo
Todo parece indicar que el nuevo ministro de Cultura ha decidido no seguir el consejo de aquel capitán británico jubilado al joven colega que iba a hacerse cargo del barco: no cambiar el rumbo de la nave hasta dentro de un mes. El nuevo Ministro, de cuya competencia no dudamos, va de cese en cese y de nombramiento en nombramiento, y va a veces de modo ruidoso, como el de las explicaciones que dio en el Congreso sobre la “dimisión” de Rosa Regás. Tampoco elogiamos la gestión de la conocida editora, pero, desde luego, hay que reconocer que con las instrucciones de no cachear a los investigadores, el camino estaba abierto a la desaparición de documentos. Por lo demás, pensamos que un Ministerio que tiene los meses contados exigía especial prudencia si se quería gestionar con razonable eficacia.
MIGUEL GARCÍA-POSADA
LA CARICATURA
Familia republicana
El nuevo Ministro de Cultura ha dedicado su nombramiento a su familia, no sin matizar que se trata de una familia “republic
MIGUEL GARCÍA-POSADA
Ministro de cultura
Aunque no todo el mundo cultural está satisfecho con el nombramiento del nuevo Ministro y los nueve meses de que de entrada dispone para trabajar no son demasiados, sería de desear que el titu
En el mundo anglosajón
MIGUEL GARCÍA-POSADA
Contra Francia
Tal vez fue en el entusiasmo de los mítines electorales, pero Nico
Miguel García-Posada
Taurófobos y taurófilos
Reaparición del torero José Tomás. Los entendidos dicen que es el más grande. Conmovido, fascinado, el cronista escribió: “No veíamos torear así porque ese toreo no se ve, se dice; se oye”. Mientras tanto, los taurófobos llenaban de gritos y gestos de protesta el centro de Barcelona y los alrededores de la Plaza. Tienen quien los defienda, el Ayuntamiento que, en un gesto propio del despotismo ilustrado, declaró hace años “antitaurina” a la ciudad de Barcelona. Dudamos que ésta sea misión del Ayuntamiento, no porque le falte razón, sino porque los gobiernos no son quienes para regular las fiestas populares. Ese no es el ámbito de la acción gubernativa, que, en el mejor de los casos, contribuye a la gloria de lo denostado y prohibido. Se pagaron hasta 3000 euros por conseguir una entrada. Menudo capotazo el que los taurófobos le han echado a la llamada “fiesta nacional”, “bárbara y cruel” para el taurófobo Cernuda; “cultísima” para el taurófilo García Lorca.
MIGUEL GARCÍA-POSADA
¿Clásicos?
Los clásicos son los primeros, dice
MIGUEL GARCÍA-POSADA
