Richard Ned Lebow, entre la teoría y la historia: un enfoque culturalista de las relaciones internacionales

En 2009 el especialista en relaciones internacionales y profesor de la Universidad de Darmouth Richard Ned Lebow publicó A Cultural Theory of International Relations (Cambridge University Press), una propuesta constructivista de comprensión del orden internacional y las relaciones internacionales a partir de las motivaciones y la formación de identidades de los actores. La obra cosechó un considerable éxito entre los especialistas: se alzó como ganadora del premio Jervis-Schroeder de la American Political Science Association como mejor libro en historia y relaciones internacionales, y consiguió también el premio Susan Strange de la British International Studies Association como mejor libro del año.

Richard Ned Lebow

Para Lebow, la necesidad de autoestima subyace al comportamiento político tanto a nivel individual como en de cualquier nivel de agregación social, incluyendo los Estados e imperios. Sobre esta base, los comportamientos de cooperación, conflicto y asunción de riesgos en la arena internacional se derivarían de configuraciones lógicas en las que entran en juego cuatro grandes motivaciones: apetito, espíritu, razón, y miedo. Estas concepciones básicas, cuyas raíces Lebow encuentra en la Grecia antigua, son aplicadas a lo largo de las 764 de esta obra a una serie de estudios históricos de caso de los que se extrae una explicación general sobre el ascenso del Estado y las causas de la guerra. Este último motivo lo retomaría el autor en Why Nations Fight: Past and Future Motives for War (Cambridge: Cambridge University Press, 2010), un análisis que identifica la búsqueda de status y el afán de revancha, y no los intereses materiales o la búsqueda de seguridad, como las principales causas de las guerras internacionales en los tres últimos siglos y medio.

En febrero pasado, el portal H-Diplo/ISSF dedicó a A Cultural Theory of International Relations una de sus Roundtable Reviews, en la que Patrick Finney (Aberystwyth University), Richard Mansbach (Iowa State University) y Geoffrey Roberts (University College Cork) desmenuzan sus argumentos a favor y en contra de las tesis de Lebow. Una respuesta del autor a las contribuciones de los críticos, y una introducción a cargo de Christopher Ball (Loyola University Chicago) completan esta revisión. En su texto introductorio, Ball introduce algunas de las líneas de debate entre los críticos y el autor, y contextualiza la propuesta de Lebow en un marco en el que confluyen preocupaciones comunes a historiadores y teóricos de las relaciones internacionales.

Señala Ball: “Las teorías de las relaciones internacionales a lo grande son poco comunes. Hans Morgenthau “pretend[ió] presentar una teoría de la política internacional” en 1948. El Peace and War: A Theory of International Relations de Raymond Aron apareció en 1962. Kenneth Waltz presentó su Theory of International Politics sin modificar en 1979. Pasarían veinte años antes de que Alexander Wendt replicó con otro libro de título sin artículo: Social Theory of International Politics. Una década más tarde, Richard Ned Lebow presenta A Cultural Theory of International Relations, devolviendo un artículo indefinido a su título junto con un volumen de páginas que solamente rivaliza con el tomo de Aron. La modestia del título, de todos modos, no deja traslucir la ambición del libro. Los revisores elogian la amplitud histórica de la obra y saludan su enfoque centrado en el honor y la posición social como factores explicativos. En lo que difieren es en el valor de la gran teoría. Richard W. Mansbach saluda el proyecto de Lebow, tanto en sus ambiciones teóricas como en su perspicacia empírica. Patrick Finney simpatiza con su núcleo culturalista pero es más escéptico acerca de la novedad y poder explicativo de algunas de sus pretensiones. Geoffrey Roberts lo alaba como como una gran narrativa histórica, pero tiene dudas acerca de la empresa de la gran teorización en general. Al final, el mérito de la gran teoría en sí misma más que los específicos de la oferta de Lebow divide la revisión más favorable de Mansbach de la más valoraciones más críticas de Finney y Roberts.

La mayoría de los historiadores y un buen número de politólogos son escépticos ante las grandes teorías. Demasiada simplicidad analítica acaba produciendo imprecisión sintética. Demasiada complejidad analítica produce demasiada confusión sintética. Las hipótesis e implicaciones son o demasiado vagas o demasiado estrechas como para ser verificadas de forma satisfactoria para todo el mundo. En su revisión, Roberts argumenta que A Cultural Theory es demasiado precisa e insuficientemente determinista como para servir como gran teoría en la disciplina de las relaciones internacionales (RI). Esto es un cumplido más que una crítica por lo que respecta a los historiadores. Robrts argumenta que los teóricos de las RI requerirán un mayor grado de abstracción y de discusión interteórica de la que provee A Cultural Theory para que ésta sirva como un paradigma teórico competitivo. Lo que hace el libro interesante para los historiadores necesariamente lo condena como rompe-paradigmas para los teóricos de las RI.

Lebow discrepa, lo que no es sorprendente dados los esfuerzos que ha hecho a lo largo de su carrera por integrar la ciencia política y la historia. Para Lebow, una gran teoría es necesaria porque “el motivo del espíritu y de la necesidad humana de autoestima” está ausente de las grandes teorías existentes, y así estas omiten explicar cómo “los esfuerzos por el honor la posición influyen, si es que no moldean a menudo, el comportamiento político” (35). Mansbach apoya este empeño, y su revisión subraya bastantes de las hipótesis novedosas de Lebow. Una es que cuando el honor está en juego, será más probable que los líderes asuman riesgos en el ámbito de las ganancias (537-538), un descubrimiento que contradice lo que predeciría la “teoría de las perspectivas” de Daniel Kahneman y Amos Tversky (4). Otras conciernen al comportamiento agresivo de poderes emergentes en busca de una posición, al papel del honor en la formación estatal, y al papel del “poder blando” en las transiciones hegemónicas (535-551). De acuerdo con Mansbach, los motivos relacionados con la búsqueda de honor proporcionan mejores explicaciones para las acciones agresivas u obcecadas que los motivos relacionados con la búsqueda de poder o de seguridad.

A semejanza de Roberts, Finney se muestra escéptico acerca de la gran teoría pero sus críticas difieren de las de Roberts. Finney argumenta que A Cultural Theory sacrifica lo específico por lo general debido a sus ambiciones de gran teoría. Finney discute bastantes de los casos presentados por Lebow sobre el siglo XX y argumenta que a menudo “allana” las explicaciones específicamente culturalistas. Finny argumenta que más que sintetizar las detalladas historias culturales existentes, A Cultural Theory a menudo las ignora para enfocarse en el espíritu como un motivo universal. Por ejemplo, los historiadores culturales han explicado cómo la cultura militar alemana previa a la I Guerra Mundial produjo políticas beligerantes; en cualquier caso, para los historiadores culturales, estos son efectos complejos y contingentes, no el resultado de dinamismos primarios de búsqueda del honor y la posición. Lebow rechaza estas críticas, arguyendo que sus estudios de caso examinan la contingencia y los factores en disputa.

Mansbach defiende a Lebow en este punto. Mansbach saluda A Cultural Theory por reconocer que el significado social del honor y la conducta que incrementa la posición social cambian en el espacio y el tiempo. Las teorías rivales de las IR descansan en factores trans-históricos y consideran la cultura como un epifenómeno, arguye Mansbach. Finney reconoce que A Cultural Theory evita las trampas de la simplificación que plagan las teorías de las RI, pero en la medida en que su modelo es la historiografía existente, y no la teoría de las RI, se muestra más crítico con los casos específicos que Mansbach o Roberts.

Finney y Roberts coinciden en un punto: A Cultural Theory resta importancia al papel de la ideología. Lebow parte de la filosofía griega antigua, en particular de la identificación de Platón y Aristóteles de los dinamismos humanos de la razón, el apetito y el espíritu (60). Roberts argumenta que la teorización o la formación de ideologías es un dinamismo humano en la misma medida que los demás (y un tipo de dinamismo que no se deja capturar por el concepto clásico de razón como frónesis). A Cultural Theory no posee una categoría conceptual clara para la ideología, y por lo tanto Finney y Roberts se muestran críticos con la versión que da Lebow de la II Guerra Mundial y la Guerra Fría. En respuesta, Lebow no niega el papel de la ideología, pero mantiene que está subordinada a las fuerzas que él prioriza.

Existe consenso entre los revisores en que A Cultural Theory se concentra en el cambio por encima de la continuidad y en la acción humana por encima de las estructuras materiales. Para Finney y Roberts, estos son elementos de la narrativa histórica; para Mansbach, son los rasgos básicos de la gran teoría. No hay orden estable, sino un proceso continuo de cambio no teleológico. Algunos órdenes son más estables que otros, pero todos ellos están en flujo permanente. Lebow también enfatiza el papel de la acción humana, a la que otorga un papel igual al de las estructuras sociales, particularmente las jerarquías de posición o status y las concepciones del honor. Estas emergen de interacciones humanas continuas, y son transformadas por ellas mismas”. (…)

Referencia:

H-Diplo/ISSF Roundtable, Vol. III, Nº 7 (2012) on Richard Ned Lebow. A Cultural History of International Relations.
Commissioned for H-Diplo/ISSF by Christopher Ball

Copyright © 2011-2012 H-Net: Humanities and Social Sciences Online (publicado el 9 de febrero de 2012)

Puede accederse al debate completo en el enlace http://www.h-net.org/~diplo/ISSF/PDF/ISSF-Roundtable-3-7.pdf

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