‘Debates’

La controversia Hohenzollern

Alemania ha proporcionado algunas de las controversias historiográficas más encendidas del siglo XX y lo que va del XXI. Desde los debates en torno al Sonderweg o camino particular seguido por el país hacia la modernidad hasta las discusiones sobre los alemanes corrientes y el Holocausto, pasando por la controversia Fischer sobre los objetivos alemanes en la Primera Guerra Mundial, el Historikerstreit o querella de los historiadores en los años 1980s sobre la peculiaridad de los crímenes nazis, o el debate sobre el genocidio de los herero y los namaqua en Namibia como antecedente del Holocausto, la historia de la Alemania contemporánea no ha dejado de ofrecer motivos de polémica cuyo interés rebasa el ámbito de los especialistas para resonar en una sociedad familiarizada con un pasado trágico que advierte sobre las responsabilidades del presente y el futuro.

La última controversia que ha sacudido las aguas de la historia alemana, saltando a los medios de comunicación de aquel país, tiene en su centro el papel de los Hohenzollern, la dinastía de los últimos reyes de Prusia y emperadores de Alemania, en el ascenso de Hitler al poder. El historiador David Motadel, profesor en la London School of Economics y fellow en el Berlin Institute for Advanced Study,  ha resumido la polémica en un artículo publicado en la edición del 26 de marzo de 2020 de The New York Review of Books (NYRB) bajo el título What do the Hohenzollerns deserve? El artículo, a su vez, ha generado controversia y ha propiciado la respuesta por alusiones del historiador Christopher Clark, a la que ha seguido una contrarréplica de Motadel.

David Motadel. Fuente: DW

David Motadel, autor entre otros estudios del aclamado Islam and Nazi Germany’s War (2014), comienza su artículo con los antecedentes del caso. Una ley aprobada en 1994 permite a los descendientes de las familias nobles despojadas de sus bienes por los soviéticos y la RDA tras la Segunda Guerra Mundial reclamar la restitución de sus propiedades u obtener una compensación por las mismas, a condición de que los reclamantes o sus antepasados no hubieran “prestado apoyo sustancial” al régimen nacionalsocialista o al régimen comunista de la RDA. En esta situación se encontrarían muchas familias aristocráticas alemanas que mantuvieron sus propiedades tras la Primera Guerra Mundial, a pesar de que la Constitución de la República de Weimar abolió la monarquía y con ello los títulos y privilegios de la nobleza. Y entre estas familias se cuentan los Hohenzollern, cuyo último rey, el emperador Guillermo II, abandonó Alemania el 10 de noviembre de 1918, en los compases finales de la Gran Guerra, para exiliarse en Holanda, donde moriría en 1941. En los últimos años, los representantes de los Hohenzollern han negociado infructuosamente con el Estado alemán durante años para recuperar un legado que incluye palacios, propiedades y decenas de miles de obras de arte que actualmente se encuentran en museos públicos. En el verano de 2019 comenzaron a conocerse detalles de las reclamaciones de la familia real alemana y los perfiles del caso fueron filtrándose a los medios de comunicación, encendiéndose la controversia sobre el pasado monárquico de Alemania.

David Motadel recuerda el historial más oscuro de los Hohenzollern, comenzando por el propio Guillermo II: su implicación en el agresivo imperialismo  alemán que llevó a masacres como las de los herero y los namaqua entre 1904 y 1907, su responsabilidad en el estallido de la Primera Guerra Mundial, su desprecio a la democracia de la República de Weimar, y su virulento antisemitismo. Para la cuestión clave de si los Hohenzollern prestaron “apoyo sustancial” al nazismo, Motadel recuerda algunas de las acciones del primogénito del último emperador, Guillermo, el autoproclamado Kronprinz o príncipe heredero, quien era el titular de las posesiones de la familia en el momento en que los soviéticos llevaron a cabo la expropiación de sus bienes. Guillermo de Hohenzollern apoyó a Hitler en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de abril de 1932; trató de convencer al ministro de Defensa Wilhelm Groener de que levantara la prohibición de los grupos paramilitares nazis, las SA y las SS; se declaró totalmente fiel al régimen nazi en numerosas cartas dirigidas a Hitler tras su nombramiento como canciller el 30 de enero de 1933, y participó en el Día de Potsdam de 21 de marzo de 1933 que, señala Motadel, “simbolizó elpacto entre el movimiento nazi y las viejas élites”. El hermano más joven de Guillermo, Augusto Guillermo (conocido como “Auwi”) fue incluso dirigente de las SA. Ni siquiera la prohibición de las asociaciones monárquicas en 1934 por los nazis hicieron cambiar de opinión a Guillermo, que continuó apoyando las políticas de Hitler incluso durante la Segunda Guerra Mundial.

El canciller Adolf Hitler y el “Kronprinz” Guillermo de Prusia conversan en la fiesta del Día de Potsdam el 21 de marzo de 1933. Fuente: Deutsches Bundesarchiv / Wikimedia Commons

A la luz de estos hechos, ninguno de ellos desconocido anteriormente, la polémica gira en torno a si los Hohenzollern prestaron un “apoyo sustancial” al régimen nazi. Es aquí donde entra en juego el juicio del historiador Christopher Clark, Regius Professor de Historia en la Universidad de Cambridge y uno de los especialistas más reconocidos en historia de Prusia, los Hohenzollern y la Primera Guerra Mundial, con libros como Sleepwalkers: How Europe Went to War in 1914  (2012), traducido al español como Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914 (2014) y Iron Kingdom: The Rise and Downfall of Prussia, 1600–1947 (2006), en español El reino de hierro. Auge y caída de Prusia, 1600-1947 (2016), así como la biografía Kaiser Wilhelm II. A Life in Power (2000). Clark escribió en 2011 por encargo de la familia Hohenzollern un informe de 19 páginas en el que concluía que Guillermo de Hohenzollern había sido, entre los aristócratas colaboradores de los nazis, uno de los más reservados y de los menos comprometidos; que había actuado principalmente por interés personal; que sus maniobras para ayudar a los nazis habían sido básicamente infructuosas; y que era una figura demasiado marginal como para haber podido prestar un “apoyo sustancial” a Hitler. Motadel concluye que el informe “proporciona un claro apoyo a las reclamaciones de los Hohenzollern”.

Sin embargo, dos historiadores  a los que el Estado alemán encargó informes propios llegaron a conclusiones diferentes a las de Clark y sacaron a la luz nuevos ejemplos del apoyo del “príncipe heredero” a los nazis, expone Motadel. Se trata de Peter Brandt, historiador de la Universidad de Hagen (e hijo del canciller Willy Brandt) y Stephan Malinowski, de la Universidad de Edimburgo, uno de los grandes especialistas en la aristocracia alemana y sus relaciones con los nazis. Sus informes rebaten la idea de que Guillermo de Hohenzollern fuera una figura marginal en la época y proporcionan nuevas pruebas de su afinidad ideológica con el nazismo y su papel en la creación y consolidación del régimen nazi.

Entre tanto, la familia Hohenzollern encargó sus propios informes a un cuarto historiador, Wolfram Pyta, de la Universidad de Stuttgart, quien ha argumentado que si bien Guillermo de Hohenzollern ejerció una influencia significativa, en realidad había hecho todo lo posible por sabotear a los nazis y apoyar a la derecha nacionalista tradicional alemana. En conclusión, según Pyta, “el príncipe heredero Guillermo no apoyó el sistema nazi”. Otros historiadores, como Hans-Christof Kraus, de la Universidad de Passau, y Benjamin Hasselhorn, de Würzburg, se han alineado como Pyta con las reclamaciones de los Hohenzollern, pero las voces más respetadas de la historiografía especializada, como Richard J. Evans, de Cambridge, o  Norbert Frei, han tomado posición públicamente en la prensa alemana a favor de las conclusiones de Malinowski y Brandt. Entre tanto, la familia Hohenzollern, expone Motadel, ha emprendido una batalla legal contra todo aquel que desafíe su versión de la historia, presentando denuncias contra periódicos como Frankfurter Allgemeine Zeitung, Der Spiegel o Die Zeit, y contra historiadores como Malinowski, Martin Sabrow, Winfried Süß y Karina Urbach. Y en medio de un debate público cada vez más encendido, el gobierno alemán, dividido sobre la cuestión, ha fracasado hasta ahora en sus intentos por alcanzar un acuerdo negociado con la familia Hohenzollern.

Christopher Clark © Nina Lübbren

Christopher Clark, que ya defendió las conclusiones de su informe de 2011 en una entrevista publicada Der Spiegel en octubre del año pasado, ha respondido al artículo de Motadel con una carta al director del NYRB publicada en la edición de 9 de abril de 2020 (Helping Hitler: An Exchange), en la que acusa a este de realizar una “tergiversación simplista” de su papel en la disputa. Clark argumenta que su informe no proporcionó “un claro apoyo a las reclamaciones de los Hohenzollern” porque esas reclamaciones, que él rechaza explicitamente, no existían en 2011, cuando fue escrito su dictamen. Clark, que se desmarca de las “maquinaciones de los abogados de los Hohenzollern”, insiste en el papel marginal del “príncipe heredero” y, por tanto, en su incapacidad para realizar una “contribución sustancial” al nombramiento de Hitler como canciller. Sobre esta valoración habría existido un consenso historiográfico amplio en el momento en que él escribió su informe, si bien Clark admite que la investigación histórica ha aportado desde 2011 pruebas de que el Guillermo de Hohenzollern había sido “un colaborador de los nazis más proactivo de lo que pensábamos”.

Los editores de NYRB han publicado en el mismo número otra carta de Racheli Edelman,una destacada editora judía de Tel Aviv, descendiente de una de las familias más prominentes de editores de libros y periódicos de Israel, Schocken y Persitz. Edelman aporta un nuevo ángulo a la controversia, recordando cómo la familia Hohenzollern se adjudicó, “puede pensarse que a un precio enormemente conveniente”, la propiedad de la cadena de grandes almacenes conocidos como Kaufhaus Schoecken, la cuarta más importante de Alemania en esos momentos, que pertenecía a su abuelo, Salman Schoecken, y que los nazis expropiaron y sacaron a la venta en 1938. Tras la Segunda Guerra Mundial, Salman Schoecken solo pudo recuperar en 1949 el 51 por ciento de la propiedad, muy deteriorada en su valor entre tanto, tras negociar con el representante legal de los Hohenzollern. “Por tanto”, concluye Edelman, “incluso de acuerdo con este ejemplo de su comportamiento, el intento de la familia Hohenzollern de desvincular su nombre de los crímenes nazis carece de fundamento.”

David Motadel ha respondido a ambas cartas en el mismo número de 9 de abril de NYRB recordando otro caso en el que los Hohenzollern se enriquecieron a costa de la persecución nazi contra los judíos haciéndose, por debajo del precio de mercado, con acciones de las compañías de magnate judío del textil Walter Wolf. También ha contraargumentado a las observaciones de Clark. Las primeras reclamaciones de la familia Hohenzollern, afirma Motadel, sí existían en 2011, ya que datan de los años 1990s. Por otra parte, el argumento de Clark de que el Kronprinz no tenía suficiente importancia políticamente como para haber prestado un “apoyo sustancial” a la instauración del régimen nazi supone,  señala, un respaldo a las reclamaciones de la familia. En segundo lugar, Motadel cuestiona que, en el momento en que Clark escribió su informe, el consenso historiográfico coincidiera en la irrelevancia del apoyo del “príncipe heredero” a los nazis. Por último, el autor argumenta en torno a la buena acogida que las tesis de Clark encuentran en la derecha conservadora alemana, concediendo que, como alega aquel, un historiador no elige a sus lectores.
Motadel concluía su artículo del 26 de marzo señalando que “detrás de la controversia está la cuestión más amplia del legado monárquico de Alemania“, una sociedad que tras la reunificación ha experimentado “una nueva nostalgia por el pasado real del país y un revival neo-prusiano” visible en grandes proyectos de reconstrucción como el del Palacio Real de Berlín, el Palacio de la Ciudad y la Iglesia de la Guarnición de Potsdam. Motadel concluía entonces: “La Alemania de posguerra, en la que las tragedias del pasado son omnipresentes, ha vivido una serie de grandes controversias históricas públicas, entre ellas el debate sobre las afirmaciones de Fritz Fischer, en los años 1960s, de que Alemania era la principal responsable del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, la llamada querella de los historiadores (Historikerstreiten los 1980s acerca de si los crímenes nazis eran diferentes en naturaleza de los de la Unión Soviética, y la discusión en los 1990s sobre el libro de Daniel Jonah Goldhagen acerca de la responsabilidad de los alemanes corrientes en el Holocausto. Estas renegociaciones públicas del pasado nos dicen tanto sobre la sociedad alemana contemporánea como sobre su historia. La controversia Hohenzollern no es solo sobre las largas sombras que arroja el periodo nazi, sino también sobre el lugar de la herencia monárquica en la Alemania democrática de nuestros días.”
© The New York Review of Books
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Los historiadores y los peligros para la democracia

En el año que termina hemos asistido a numerosos debates en los que la historia  se utiliza como herramienta de la argumentación política. Los propios historiadores intervienen a menudo en debates políticos y sociales, defendiendo posiciones muy diferentes, como corresponde a una comunidad plural. Pero más allá de ese pluralismo, ¿cabe una toma de posición común por parte de los historiadores ante una cuestión tan actual como la viabilidad del sistema político democrático y el papel de la historia en su presente y futuro?

Fuente: Universidad de Münster

Esa es la cuestión que se planteó en el 52º Congreso de Historiadores celebrado en Münster en septiembre de 2018. Allí la asamblea general de la Asociación de Historiadores e Historiadoras Alemanes (Verband der Historiker und Historikerinnen Deutschlands, VHD) aprobó por amplia mayoría una resolución “respecto a los peligros que acechan a la democracia”, con el siguiente texto:

Resolución de la Asociación de Historiadores e Historiadoras alemanes respecto a los peligros que acechan a la democracia.

Aprobado por la Asamblea General el 27 de septiembre de 2018 en Müster (Alemania)

En Alemania, como en muchos otros países, los ataques sin medida contra las instituciones democráticas están amenazando en la actualidad los cimientos del orden político. Como historiadores, consideramos nuestro deber advertir contra esas amenazas. La confrontación de opiniones es un elemento esencial de toda sociedad pluralista, pero deber seguir ciertas reglas para no socavar la democracia misma.

La tarea de la ciencia histórica es contribuir a una mejor percepción de los problemas actuales mediante el análisis de los desarrollos históricos y resolver la complejidad de sus causas. Sin embargo, las políticas actuales se orientan cada vez más por los estados de ánimo que transmiten las encuestas de opinión y por la desbocada dinámica de los medios de comunicación. Como historiadores, nos gustaría enfatizar que solo pensar en periodos más largos de tiempo puede garantizar la viabilidad a largo plazo de nuestro sistema político.

Por lo tanto, consideramos indispensables las siguientes actitudes básicas de convivencia democrática en el ámbito político y social:

Por un lenguaje históricamente sensible, en contra de términos discriminatorios

La discusión política en democracia requiere un lenguaje sucinto y marcado que resuma la propia posición, pero que no niegue a los demás un respeto fundamental. Los insultos de hoy dirigidos a los políticos como “traidores al pueblo” o a los medios de comunicación como “prensa mentirosa” retoman el lenguaje antidemocrático del periodo de entreguerras. También hay numerosos ejemplos históricos del efecto desastroso que han causado términos despectivos y de exclusión dirigidos a un “otro” a causa de su religión, su origen étnico, su sexo o su orientación sexual.

Por una democracia parlamentaria y una cultura pluralista de debate, contra el populismo

La toma de decisiones políticas en las democracias pluralistas tiene lugar en debates públicos que expresan la diversidad de opiniones políticas e intereses sociales. Por contra, la idea de que existen personas capaces de detectar y determinar una supuesta voluntad “única” de un pueblo no deja de ser una ficción que sirve principalmente al propósito de convertirse en invulnerable cuando se trata de exponerse al debate público. En la República de Weimar, la idea de “voluntad popular” allanó el camino para un movimiento cuyo “líder” se entendía a sí mismo como personificación del mismo.

Por una Europa unida, contra el unilateralismo nacionalista

En consideración de los muchos conflictos violentos que ha vivido Europa a lo largo de su historia, la unificación europea en nombre de la democracia pluralista y de los derechos humanos inviolables es uno de los logros más importantes del siglo XX. Y aunque la legitimidad de los diferentes intereses nacionales está fuera de toda duda, el unilateralismo nacionalista pone en peligro ese logro histórico. No bastan las estrategias nacionales de resolución de problemas para abordar adecuadamente los desafíos políticos, humanitarios, ambientales y económicos de un presente globalizado. Al mismo tiempo, no se ha de olvidar la violencia colonial que los europeos han ejercido en otras partes del mundo, la cual nos recuerda nuestro deber de cumplir con la responsabilidad común respecto a las consecuencias de nuestra política en países no europeos.

Por la humanidad y la ley, contra la discriminación de los migrantes

La migración es una constante histórica. A pesar de los problemas asociados, ha enriquecido a las sociedades participantes en su conjunto, también a la alemana. Por lo tanto, es importante trabajar hacia una política activa de migración e integración basada en el pragmatismo que respete tanto los derechos humanos como el derecho internacional. A Alemania le corresponde aplicar, tanto por su potencial económico como por razones históricas, el derecho de asilo político garantizado en la Constitución, del mismo modo que es su obligación brindar asistencia en situaciones de crisis humanitarias.

Por un examen crítico del pasado, en contra de la perversión política de la Historia

La República Federal de Alemania es hoy una democracia estable. A ello ha contribuido también el hecho de que, tras resistencias iniciales considerables, la población alemana contempla hoy en su gran mayoría de manera autocrítica y diferenciada la historia del nacionalsocialismo. De este proceso también participó esta nuestra disciplina de la Historia, si bien con retraso. En todo caso, todo manejo responsable del pasado ha de partir de una ciencia histórica dispuesta a la autocrítica, libre en esencia de cualquier manipulación política. Sus hallazgos y conclusiones nacen de la investigación sobre fuentes y han de resistir el debate crítico. Solo así se hace posible preservar la consciencia de cuáles han sido las condiciones históricas que han hecho posible nuestra democracia y defender a esta frente a “hechos alternativos”.

El texto original de la resolución puede en alemán aquí y en inglés aquí.

Las reacciones a la resolución publicadas en los medios de comunicación pueden seguirse aquí (Sophie Genske, Materialsammlung . Reaktionen in Presse und Rundfunk auf die Resolution des VHD 2018, in: Zeitgeschichte-online, Oktober 2018, URL: https://zeitgeschichte-online.de/editorial/materialsammlung)

Referencia del texto de la resolución: Annette Schuhmann (Hg.), Resolution des Verbandes der Historiker und Historikerinnen Deutschlands zu gegenwärtigen Gefährdungen der Demokratie , in: Zeitgeschichte-online, Oktober 2018, URL:https://zeitgeschichte-online.de/editorial/resolution-des-verbandes-der-historiker-und-historikerinnen-deutschlands-zu-gegenwaertigen

 

 

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Autoritarismo y democracia en Europa Occidental. La República Federal de Alemania y España, 1945-1986

La actual crisis económica y financiera europea se explica a menudo en los medios de comunicación como el resultado de la incompatibilidad estructural entre tradiciones político-culturales y modelos de sociedad muy diferentes. Según esta perspectiva, los países de la Europa occidental y septentrional y los de la Europa del Sur se mueven por sendas de desarrollo muy distintas dentro de la Unión Europea. A pesar de sus muchos puntos en común, estos conjuntos de países se diferenciarían claramente unos de otros –según esta visión- en su funcionamiento interno, sus prácticas políticas y sus sistemas culturales de valores.

Este punto de vista ampliamente difundido está en marcado contraste con las interpretaciones históricas contemporáneas que, desde los años 1980s, han subrayado precisamente –contra la tesis del excepcionalismo de la Europa del Sur- las similitudes en el desarrollo social de la Europa septentrional y de la meridional, reconociendo una creciente convergencia y equiparación entre ambos grupos de países desde la Segunda Guerra Mundial, en un proceso del que habrían ido surgiendo los contornos de una sociedad europea transnacional.

En los debates se invoca a menudo el pasado autoritario de los países de la Europa del Sur y el consiguiente déficit de modernización que estos arrastran, como una de las causas fundamentales de las diferencias percibidas entre el Norte y el Sur del continente. Desde esta perspectiva, el régimen de Franco se considera un caso modélico de régimen autoritario que impidió el cambio social y cultural y preservó jerarquías sociales tradicionales, así como valores y normas heredadas, mediante el empleo masivo de la fuerza. Solamente en la fase final del régimen, un dinámico desarrollo socioeconómico habría socavado las bases de la dictadura, creando las condiciones para una futura equiparación de España con Europa bajo el signo de la democratización.  Sin embargo, esta interpretación esta siendo cuestionada desde hace tiempo por trabajos más recientes que, partiendo de la actual persistencia y popularidad de los regímenes autoritarios en muchos países, proponen desde la ciencia política una mirada más amplia sobre la historia de las dictaduras tras 1945. Esta perspectiva nos alienta a examinar no solo la decadencia, sino también la estabilidad y el atractivo de los regímenes autoritarios,así como a cuestionar la identificación unilateral entre autoritarismo y tradicionalismo.

Mientras que la europeización de las sociedades del Viejo Continente tras la Segunda Guerra Mundial se ha convertido en objeto de la investigación histórica en perspectiva general desde hace años, en estos momentos apenas hay obras que, partiendo de la disputa interpretativa aquí esbozada, aborden el desarrollo de las sociedades autoritarias y democráticas en Europa Occidental tras 1945 en perspectiva comparada.

Para analizar estas cuestiones, celebraremos un seminario internacionales en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid los días 10 y 11 de septiembre de 2015.

El dictador Franco y el ex canciller Adenauer en Madrid el 16 de febrero de 1967

Este seminario quiere contribuir a este debate para aportar nuevos conocimientos sobre las diferencias y similitudes en el desarrollo de Europa mediante una visión comparada de España y la República Federal de Alemania, entre 1945 y la ampliación de las Comunidades Europeas al Sur el 1 de enero de 1986. Se basa en la observación de que, más allá de sus diferencias políticas fundamentales, los dos países se han enfrentado a retos similares en campos tan diversos como la política económica y comercial, la política educativa y científica, la despoblación del campo y el desarrollo urbano, o la expansión del consumo y de los medios de comunicación.

El interés del seminario radica en la discusión comparativa sobre cómo se ha hecho frente a estos retos y a sus consecuencias sociales. Al mismo tiempo se busca indagar en particular en el papel de los grupos trasnacionales de expertos y sus discursos. ¿Se pueden reconocer procesos de convergencia más allá de las diferencias de régimen político, o las dos sociedades avanzaron por caminos separados? En una perspectiva más amplia se trata de desbrozar la cuestión de en qué medida la distinción entre la “Europa del Norte“ y la “Europa del Sur“ es una herramienta útil para el análisis histórico de la Europa contemporánea.

Cartel publicitario de los años sesenta

Estas jornadas aspiran a reunir tanto a expertos reconocidos como a jóvenes investigadores de ambos países, y a promover el intercambio entre historiadores contemporaneístas alemanes y españoles. Los organizadores invitan en este contexto a proponer contribuciones sobre temas de historia de España y Alemania y de las relaciones hispano-alemanas desde 1945 con especial hincapié en las perspectivas comparadas.

Las jornadas tendrán lugar los días 10 y 11 de septiembre de 2015 en Madrid y cuentan con la financiación del DAAD. La organización asume los gastos de viaje y alojamiento de los autores de las contribuciones seleccionadas, cuya publicación está igualmente prevista. Las contribuciones pueden presentarse en español o en inglés, y los debates posteriores tendrán lugar en inglés.

El presidente F. González y el canciller H. Kohl

Las propuestas de contribución (resumen de un máximo de 500 palabras y un breve currículum vitae), que se presentarán en intervenciones de 20 minutos para su posterior debate, pueden enviarse hasta el 27 de febrero de 2015 a: till.koessler@rub.de. A esta dirección puede dirigirse igualmente cualquier consulta o solicitud de información.

Prof. Dr. Till Kössler, Ruhr-Universität Bochum / Dr. Carlos Sanz, Universidad Complutense de Madrid

 

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De estadistas y aves migratorias, o ¿qué es la historia de las relaciones internacionales?

“Dos cubiertas, dos imágenes. La primera muestra al presidente de la República Francesa Charles de Gaulle conversando con el canciller alemán Konrad Adenauer. Ambos hombres, vestidos con traje oscuro, caminan sobre un trasfondo difuminado que, aparte de una escultura de corte clásico, permite imaginar a lo lejos un bosque o un estanque. De Gaulle parece explicar, con actitud tribunicia que subraya su mano derecha abierta y semialzada, algo que Adenauer escucha atentamente mirándole a los ojos. Entre ellos, pero en un segundo plano, vemos a Hermann Kusterer, jefe del servicio de intérpretes del ministerio alemán de Asuntos Exteriores y traductor habitual de los encuentros franco-alemanes en la cumbre por aquellos años. La escena tiene lugar en el Palacio de Rambouillet en septiembre de 1963 y es el último encuentro oficial entre dos ancianos estadistas que han forjado decisivamente el destino de Europa en el siglo XX.

En la segunda cubierta podemos ver dos haces de cables telegráficos o de electricidad que se recortan contra el cielo; sobre los cables, posados como notas en un pentagrama, docenas de pájaros, “aves migratorias que, de un vuelo, dejan detrás los espacios limitados de la estatalidad moderna” y que siguen en sus desplazamientos rutas bien definidas, “aun cuando estas pudieran no ser evidentes para un observador que los sigue desde el suelo” (p. 8)

Sería tentador partir de ambas imágenes como metáforas visuales los dos polos entre los que transita la historia de las relaciones internacionales/historia internacional hoy en día. De un lado, el viejo mundo de la diplomacia, de las decisiones de los estadistas, la fijación con el marco estatal, los actores individuales y el poder como categoría central de la vida internacional; de otro, el nuevo mundo de lo trasnacional y lo trasfronterizo, el protagonismo de los actores y fuerzas colectivos, el interés por las redes e interconexiones en múltiples niveles, por la cooperación y el intercambio bajo el signo de la globalización.

Esta visión dual, a pesar de su claridad aparente, resultaría simplificadora. En las últimas décadas, la historia de las relaciones internacionales de raíz diplomatista se ha abierto y enriquecido en diálogo con otras especialidades y corrientes históricas hasta llegar a abarcar temáticas tradicionalmente propias de la historia social y cultural con enfoques cada vez más diversos y sofisticados. Paralelamente, todas las subespecialidades históricas se han ido abriendo en mayor o menor medida a enfoques trasnacionales e internacionalistas, demostrando que la integración de fuentes, metodologías y conceptos que superan el marco de lo local, regional y nacional no es privativa de los especialistas en la diplomacia y la política internacional.

La publicación en 2012 de dos volúmenes colectivos que tratan de realizar un balance de situación, a la vez que proponer perspectivas de futuro, para la historia de las relaciones/historia internacional en el ámbito historiográfico francés y alemán respectivamente, ofrece una buena ocasión para observar este doble movimiento. ¿Cómo se concibe hoy en día esta especialidad historiográfica, cuáles son los debates teórico-metodológicos que ocupan a sus practicantes, y cuáles son los temas y enfoques que los expertos proponen como agenda de investigación para el futuro inmediato?

(…)

Lo que antecede es el comienzo de mi texto “Sobre la historia internacional y la historia de las relaciones internacionales: dos visiones recientes”, publicado en Cuadernos de Historia Contemporánea, nº 36 (2014), pp. 355-371. Puede leerse completo en este enlace: http://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/47082/44149

En él se reseño y analizo comparativamente dos obras:

Robert FRANK (dir.): Pour l’histoire des relations internationales. París, Presses Universitaires de France, 2012 (Colección “Le noeud gordien”). 756 p.

Jost DÜLFFER y Wilfried LOTH (eds.): Dimensionen internationaler Geschichte. Múnich, Oldenbourg Verlag, 2012 (Colección “Studien zur Internationalen Geschichte, vol. 30). 432 p.

 

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Retos para un Mundo global, por Mª Jesús Cava Mesa

Hay clausuras y clausuras. Pocos congresos, seminarios, jornadas y encuentros académicos se sustraen a la costumbre de cerrar formalmente sus trabajos con unas palabras conclusivas. En el mejor de los casos, los organizadores suelen hacer resumen y balance de lo debatido en las sesiones anteriores, y proponen desarrollos futuros. En su peor versión , se solventa el acto con unas palabras de compromiso en las que ni la mesa ni los oyentes tienen mayor interés, porque todos están pensando ya en hacer un poco de turismo por la ciudad, en el viaje a casa, o en el intercambio de tarjetas, e-mails y contactos inherente a cualquier cita de este tipo.

El pasado 17 de septiembre en Bilbao fue diferente. Se cerraban las V Jornadas de la Comisión de Historia de las Relaciones Internacionales (CEHRI) que había acogido desde la víspera la Universidad de Deusto (con muy cálida hospitalidad, por cierto) y la profesora María Jesús Cava Mesa, historiadora, investigadora y docente del Departamento de Humanidades de esta universidad realizó una de las intervenciones finales con más sentido de las que he escuchado nunca en un congreso. Fue un auténtico tour de force que recapituló, contextualizó y resaltó la coherencia y el valor de cuanto se había dicho y hecho en día y medio de intenso trabajo, con una mirada a la vez informativa y reflexiva, elegantemente atenta al detalle y al matiz.

El texto de la profesora Cava Mesa se publicará en un próximo número de Cuadernos de la CEHRI, pero su autora ha tenido la amabilidad de atender a mi ruego de proporcionar una versión extractada que sirva como crónica de las Jornadas para los lectores de este blog. Lo que sigue es, pues, ese extracto, que agradezco profundamente a la Dra. Cava Mesa.

CONCLUSIONES

“Retos para un Mundo global”.                      

V JORNADAS CEHRI, Deusto 16-17 de Octubre 2014

Dra. María Jesús Cava Mesa

Vicepresidenta CEHRI

“En 1999, conmemorando los 10 años de la caída del Muro de Berlín (1989), gran parte de los historiadores afirmaban que una nueva ola de democracia estaba impactando y modificando en general las políticas mundiales. Pese a las discrepancias existentes entre historiadores y politólogos (Hobsbawm, Hallyday, Fukuyama, Nye, Huntington, Keohane, entre varios) cuando valoraron esos cambios, se evidenciaba una nueva transformación del concepto mismo de revolución. Esto era perceptible entre una ciudadanía bien informada, esencialmente.

En 2014, somos conscientes del impacto de procesos que solamente apuntaban al inicio del milenio. Entre otras cosas,  la manifiesta rotundidad de las relaciones basadas en la conciencia de compartir una esfera social común. De pertenencia a un mundo global.

En el leit motiv de las V Jornadas CEHRI: “Retos para un mundo global”, y su imagen: las dos manos entrelazadas sobre un globo terráqueo, con un telón de fondo icónico plagado de crisis bélicas, firmas oficiales, procesos políticos, grupos de poder y personajes cruciales subrayan, sin embargo, una actitud que alimenta la confianza en un futuro. Un devenir que asiente otras vías para el convulso momento al que hemos llegado; incluso para el ritual negociador internacional, y para asumir acuerdos globales guiados por otros patrones que no generen más desconfianza -cuando no desencanto- entre la ciudadanía de esta centuria.

En este encuentro que viene a subrayar la lozanía y dinamismo de nuestra Asociación CEHRI, hemos atendido temas de relevancia global. Hubo oportunidad de escuchar a expertos en la investigación y docencia que la disciplina dispone actualmente en diferentes claustros universitarios: Madrid, Barcelona, Sevilla, Valladolid, Bilbao, Pamplona, Granada…

Consideramos asimismo estos desafíos, a través del desembalaje inteligente de un contexto socio-político en el que se asientan los nuevos retos para las relaciones internacionales del siglo XXI. Incuestionablemente, son muchas las interrogantes y habremos de ser modestos en la comprensión de los numerosos aspectos que fueron debatidos durante este encuentro, -por otra parte- empeñado en sugerir alternativas de trabajo para la disciplina. Durante la presentación de las Jornadas, recordé que el texto editado por John Baylis, manual muy divulgado en universidades anglosajonas, sostiene que el mundo se está convirtiendo en algo más y más homogéneo. Es fácil observar que existen tendencias hacia la uniformización de hábitos. Sin embargo, culturalmente, las diferencias subsisten, como es evidente. Y en algunos casos, se agigantan y exageran. Comparto, no obstante, la idea de que seguimos los dictados del “think globally and act locally”. Es decir, la globalización genera resultados desiguales, por lo que no cabe sobrestimar el impacto de la globalización en todas partes, por igual. Esa imagen no es real.

A lo largo de estos dos intensas sesiones de trabajo transitamos, por tanto, a través de temática diversa que, desde las primeras reflexiones de Juan Pablo Fusi, hasta el interesante panel al que asistimos durante la última jornada, permitieron que nos sintiésemos orgullosos por las sugerentes intervenciones de todos los ponentes, por la calidad de las propuestas y de las preguntas formuladas, por las incertidumbres expuestas al calor de la conciencia de pertenencia -más que a una profesión- a una sociedad que afronta lo internacional con esperanza, pero también con preocupación. Hemos detectado también retos profesionales cuya resolución confiamos en poder gestionar.

Juan Pablo Fusi con su ponencia El siglo XX: una perspectiva desde el presente, nos retrotrajo al ingenio del historiador que plantea -con la revisión de procesos de impacto habidos en el siglo XX- la visión sistémica, siempre difícil de conducir, pero en la que erudición y humor se hicieron presentes a partes iguales, planteando de manera magistral impactantes conclusiones.

De la teoría del “accidente de Taylor” (al evocar la Primera Guerra Mundial), a su diagnosis sobre la herencia del siglo XX respecto de “inseguridad, laicismo y estupefaciente desarrollo científico tecnológico” nos llevó, luego, hasta las contradicciones de la Modernidad. Los grandes errores del siglo XX se delimitaron en esa primera ponencia con contundencia, para dejarnos alertas ante lo que J.P. Fusi calificó de “gran vacío moral del hombre contemporáneo”.

Hemos comprobado, también, cómo el trabajo en equipo es posible entre historiadores.

Juan Carlos Pereira (presidente de la CEHRI), Itziar Alkorta (viceconsejera de Universidades e Investigación del Gobierno vasco), José Antonio Rodríguez (decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, U. de Deusto) y Mª Jesús Cava Mesa (vicepresidenta de la CEHRI)

Juan Carlos Pereira, Antonio Moreno y Carlos Sanz ofrecieron una muestra elocuente de la metodología aplicada a su muy relevante esfuerzo por desentrañar “el factor internacional como condicionante de la Transición Española 1976-1986”. Proyecto de investigación de innegable interés. “El análisis completo -cita literal- sobre la gran importancia de la dimensión internacional” se filtró durante aquella exposición, precisa, revisionista y con propuestas verdaderamente sugerentes. Como Juan Carlos Pereira expuso con detalle, la panorámica de una historiografía bastante convencional interpretaba la transición desde claves políticas domésticas. Pero ¿qué sucedía con el factor internacional? Las respuestas a la pregunta se materializaron en un análisis completo sobre la gran importancia de la dimensión internacional del caso español. Esta investigación en equipo pone en valor, además, fuentes orales diversas, dando relieve a la voz de protagonistas del proceso (32 entrevistas realizadas) que no habían sido suficientemente valorados. Temas tales como la búsqueda de la legitimidad internacional para la democratización española y la normalización exterior se visibilizaron con un inventario de cosecha propia, que resultó francamente inspirador. La pregunta formulada por Antonio Moreno: “¿Cómo mejorar la calidad de una democracia estable?” fue también una pregunta inquietante que no nos dejó indiferentes.

José Luis Sánchez Noriega y su ponencia nos condujo hasta las nuevas herramientas docentes, en plena cultura audiovisual normalizada, para convencernos cabalmente -más allá de academicismos baladíes- de que el cine proporciona procesos emocionales que permiten el compromiso de las personas. El cine, a su parecer, debe aproximarse a los mundos, valores, modos de relacionarse. Algo que puede ser más realista que el mero dato. De acuerdo con sus convicciones, el rigor histórico de un film no siempre es fuente de conocimiento. Y de “La pesadilla de Darwin”, a “La pelota vasca”, Sánchez Noriega hizo un recorrido apasionante e igualmente motivador para el docente, y para el estudiante.

Con la tríada compuesta por Lola Elizalde, Encarnación Lemus y Carlos Sanz nos zambullimos entre legajos, informes, cables, telegramas, imágenes y procesos digitales que son la mística de la investigación. Tanto en archivos tradicionales, como en los digitalizados, los tres investigadores contribuyeron con su muestra a diseñar un viaje plagado de hallazgos. De Filipinas, a Washington y a Coimbra, las propuestas fueron significativas del modus operandi del historiador que valora y reclama la disponibilidad de fuentes primarias.  El documento impregnado en vinagre, ejemplo citado por Carlos Sanz como metáfora del imperativo del trabajo en archivos, al igual que los fondos documentales disponibles online, dieron paso a toda una discusión repleta de experiencias, sinsabores y reivindicaciones, ante los varios déficits que padecemos en los archivos españoles, ahora y siempre.

Uno, el ir a remolque de la innovación tecnológica; otro y trascendental por sus efectos inmediatos: el bloqueo actual de los fondos de Ministerio de Asuntos Exteriores tras la decisión del cierre del archivo.

Pilar Folguera volvió a situarnos ante desafíos político-sociales, repasó objetos de análisis y esbozó con elegante osadía las inevitables críticas a la Ciencia Política, por su actitud hacia la Historia. Glosó, asimismo, esa saludable evolución de la Historia Diplómatica y la de las Relaciones Internacionales, ya conseguida, enumerando diferentes opciones epistemológicas. Los historiadores todavía peleamos por “hacernos un hueco en las Relaciones Internacionales” dijo. Y citando autores de referencia obligada, expresó una frase que hago mía: “el historiador es un saludable antídoto contra los entusiastas científico-sociales”. Nos lanzó incluso otro reto que afrontar: la construcción de ese puente imprescindible entre la Historia y las Relaciones Internacionales, en la docencia.

Tras su detallada descripción de tres estadios en la evolución de la disciplina “Realaciones Internacionales”,  y refiriéndose a la segunda etapa, iniciada con la Democracia en España, la panorámica diseñada por Rafael Calduch me permite destacar el ying y el yang del ámbito académico derivado de “Bolonia”, y un quasi  eslogan: “Sólo se pueden crear sinergias, si en tu propia disciplina eres capaz de crear un nuevo conocimiento científico”. Por eso mismo, el recuerdo, a modo de homenaje hacia el maestro Truyol fue oportuno y crucial. En un país de envidias congénitas -sin excepción en lo académico- fue un gesto que le honró.

Por su parte, la intervención de José Ángel Achón centró sus referencias sobre el marco de política institucional dentro del cual fructificó en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Deusto, la creación del grado en Relaciones Internacionales y del doble grado (Relaciones Internacionales + Derecho).  Gracias a su intervención conocimos las características del proceso de toma de decisiones habido, en tanto las realidades de una institución privada (a diferencia de las universidades públicas) se ha visto atada con demasiada frecuencia a responder interrogantes tales como: ¿Qué podemos ofrecer? Este nuevo proyecto docente de la UD puso sobre la mesa la difícil dicotomía que significaría la implantación de un grado centrado en las Relaciones Internacionales, en sintonía con las líneas identitarias de esta universidad regentada por la Compañía de Jesús, convencida de propiciar un conocimiento que huya o combata lo superficial, según palabras del entonces Padre General Adolfo Nicolás. En suma, para el fomento de un humanismo preparado para el siglo XXI.

Finalmente, la última sesión de estas Jornadas contó con las no menos interesantes aportaciones de los profesores Adela Alija, José Manuel Sáenz Rotko, Francisco Veiga y José Luis Neila. Estos cuatro destacados ponentes, vinculados a universidades públicas y privadas, escenificaron una puesta en común diversa y apasionante, al encarar el tema  “Otros retos de la disciplina a través de nuevas propuestas”.

Aquel eslogan atribuido al Claustro de la Universidad de Cervera en tiempos de Fernando VII: “Lejos de nosotros la funesta manía de pensar” no ha sido precisamente el leit motiv de estas V Jornadas CEHRI. La demostración estuvo cuando se decidió incorporar al Programa esta última mesa dedicada a nuevas propuestas docentes.

Sáenz Rotko formuló la pregunta del millón para muchos profesores: “¿A qué nos enfrentamos al enseñar a alumnos desde el primer curso?”. La experiencia de universidades públicas tan prestigiosas como las de Madrid o Barcelona, aquí representadas, como de las universidades privadas (Comillas, Deusto, Nebrija, etc.) han dado color a ese caleidoscopio que es la enseñanza universitaria en el contexto realista del modelo educativo vigente. “Entrar en la Historia” es otro buen eslogan como aquí se expuso, pero sobre todo, es una actitud. Debemos volver a aprender a leer y a escribir, como también se defendió por los profesores presentes, al evaluar con sentido realista la cotidianeidad dentro del aula universitaria. La Historia vista de cerca junto con la reivindicación de la persona, fueron variables a tener en cuenta por los docentes universitarios de esta área de conocimiento.

Hemos sostenido la necesidad de la recuperación de lo biográfico de manera intimista. De “Hitler en el confesionario” (metáfora de un formato didáctico expuesto por el profesor Sáenz Rotko), a la experiencia entendida por Adela Alija como “vocacional y convencida de la necesidad de explicar el Mundo”, todos los participantes en el debate mostraron su acuerdo para establecer diferentes perspectivas en pro de la coherencia compresiva de esta materia.

Francisco Veiga fue desgranando durante esta sesión diversos problemas con mordaz lucidez; ofreciendo “pinceladas de las soluciones” a impulsar, exhibiendo cierto escepticismo comprensible al abordar las salidas aplicables a los problemas más comunes y habituales. Señaló también déficits varios: de manuales en castellano, sobre el calificado “colonialismo anglosajón” en este ámbito, sobre deficiencias formativas en los planes de la educación Secundaria (como el desconocimiento de una geografía básica); errores relativos a imprecisiones narrativas, etc… porque estar en la corriente -en el mainstream- como él dijo, es complicado. Sus dudas sobre las herramientas avanzadas resultaron sugestivas tal como se expusieron en la presentación. Pero sobre todo, lo fue su reivindicación relativa a una mayor presencia de la historia del mundo extra-europeo en los planes de estudio; y cuando desmitificó algunas conclusiones que se dan por sabidas (como el final de la Segunda Guerra Mundial, en relación al caso japonés). Reclamó, finalmente, un revisionismo necesario sobre temática que demuestre cómo en Historia no hay verdades blindadas.

Fue igualmente sugerente el repertorio de nuevos problemas identificados respecto de la incorporación en el análisis de los nuevos actores internacionales como los mint (México, Nigeria, etc.); sobre los alternativos de los alternativos, sobre los nuevos lobbies, sobre la ofensiva contra las simplificaciones narrativas, etc.

José Luis Neila y la cultura gráfica supusieron un broche ingenioso que nos remitió a la cultura popular, en toda la extensión de la palabra. Un modelo de gestionar con originalidad la didáctica de aspectos seleccionados en la Historia de las Relaciones Internacionales, sobre los que la metodología permite estrategias originales. De su mano caminamos, mediante el recurso inteligente de la ironía, hasta una muestra llena de emociones visuales y reflexivas. Con su cita respecto de “la flota submarina española desde el 98” nos animó a ponderar, más tarde, proyectos de innovación docente. El objetivo de este tipo de técnicas de trabajo con fuentes gráficas, muy útiles para comprender el intrincado escenario de las Relaciones Internacionales; confirmó, en suma, la utilidad de la innovación didáctica bien diseñada. Registro habitual en “Telépolis”, explicitado en un caso práctico que fue descrito puntualmente como dispuesto a indagar en la cultura del poder y en otros asuntos fundamentales (“utopías y distopías”, etc.). Y una vez más, con la intervención del profesor Neila se pasó revista a la cohabitación del Estado y del individuo.

El mensaje final del debate, tras evaluar pros y contras, permite constatar con humildad que no sabemos si tenemos la casa muy bien ordenada, pero al menos, hemos tratado de desentrañar errores y de configurar itinerarios racionales, correctivos incluso, para bien de la disciplina. En la diplomacia pública, en la herramienta soft power, convergen varios elementos de comunicación política, marketing y gestión de la información.  Nosotros mismos, durante estas V Jornadas CEHRI, hemos sido actores privados de esa herramienta y podemos sentirnos satisfechos.

En lo personal, quisiera devolver la misma gratitud reiterada por mis compañeros y amigos, al haber sido anfitriona en mi “alma mater”, propiciando este encuentro académico. Un encuentro que ha resultado tan interesante como fructífero, y en el que la CEHRI vuelve a confirmar los objetivos para los cuales fue creada.

Dije en la apertura de estas quintas Jornadas, como repiten incontables voces, que hay que pensar en común. Pero la casa común de Ortega y Gasset anda bastante revuelta. Y la pregunta de qué compartimos, a la vista de lo debatido en estos dos días, en mi opinión, reúne las aristas de un problema poliédrico de lo global. Por eso, este escenario de desconfianzas y de retos diversos me interesa tanto. Tanto como el dato de la tasa de crecimiento potencial de la economía de un país, la crisis de valores, y la incertidumbre institucional.

Y he de añadir que, como devota de la Historia de las Relaciones Internacionales, debiéramos seguir dicotomizando muchos otros aspectos, cuya fenomenología obliga a mirar en profundidad, evitando incurrir en lecturas superficiales; esas a las que los media generalmente nos tienen tan acostumbrados.

Yo apelaba a la modestia, al inicio de estas V Jornadas, pero aunque nos equivoquemos, pido a la ciudadanía que nos lea más. Que lean a los historiadores. Y finalmente, me permito recordar que no hay en la ciencia lecturas unidireccionales. Todo está interconectado y evoluciona según variables nuevas e ingredientes transformados o transformadores que reviven con otro formato intelectual.

Víctor Hugo escribió: “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”.

Esta es nuestra oportunidad, sin duda. La nuestra y la de quienes deben construir futuro.”

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Saber de dónde venimos

La opacidad de los archivos y el desprecio por la historia lleva a posiciones irrelevantes

En 1926, el historiador y archivero del Ministerio de Estado Jerónimo Bécker, escribió: “Como no conocemos la historia de nuestras relaciones internacionales, como ignoramos cuál ha sido nuestra verdadera labor en esa esfera, como no sabemos los antecedentes de las cuestiones que surgen a nuestro paso, tenemos que improvisar soluciones a los problemas que se nos plantean y la consecuencia de esto es que con frecuencia se infiere grave daño a los intereses nacionales”. Han pasado 88 años y parece que no ha servido para nada el testimonio de nuestro mejor historiador diplomático, excelente conocedor de los ricos fondos del archivo del actual Ministerio de Asuntos Exteriores y autor de estudios fundamentales sobre la historia de la política exterior española.

Estamos en el año 2014 y tres ejemplos nos pueden valer para entender que nuestros dirigentes, y especialmente nuestros ministros de Asuntos Exteriores, desconocen la importancia de la Historia a la hora de tomar decisiones que afectan a los fines y objetivos exteriores. En octubre de 2010 el ministro Moratinos consiguió que se aprobara en el Consejo de Ministros un Acuerdo secreto que clasificó como materias reservadas o secretas un amplísimo catálogo de temas, que iban desde la preparación de viajes oficiales hasta las negociaciones con organizaciones internacionales, sin fecha ni limitación alguna.

En diciembre de 2011, el actual ministro de Defensa decidió cerrar a los investigadores la consulta de 10.000 documentos perfectamente catalogados que abarcaban un periodo comprendido entre 1936 y 1968. Por último, en el verano de 2012 el actual ministro de Exteriores, García-Margallo, cerró para siempre el archivo histórico de su ministerio, en el que tanto trabajó Jerónimo Bécker.

Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania, Holanda y otros países disponen de archivos públicos y abiertos

¿Qué es lo que ocurre en España? ¿Qué nos diferencia de nuestros países vecinos? Lo más llamativo es que países democráticos, con una larga historia, que valoran con orgullo su pasado como potencias, cuidan, protegen y hacen públicos sus documentos históricos de carácter internacional. Ya sea para justificar decisiones, dar a conocer periodos “oscuros” (los militares argentinos acaban de publicar en la Red todas las actas de la Junta argentina entre 1976 y 1983) o por exigencia de la ciudadanía en virtud de principios como la transparencia, la libertad y la defensa del interés individual.

Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania, Holanda y otros países disponen de archivos públicos y abiertos. Tienen colecciones de documentos diplomáticos elaboradas por diplomáticos, archiveros e historiadores. Organizan exposiciones públicas sobre temas internacionales y muestran sus ricos documentos. Cuentan con historiadores en sus archivos y en los propios ministerios. Qué decir de Estados Unidos, que hasta tiene una Oficina del Historiador en su principal archivo de Estado. Por cierto, gracias a todos estos trabajos (y hasta a Wikileaks) los españoles podemos analizar la política exterior de nuestro país y obtener documentos que nuestro Gobierno nos prohíbe consultar.

Y ¿cuál es el resultado de esta situación para nuestra política exterior? El balance no puede ser más negativo y ahí tenemos los resultados.

Si tuviéramos que caracterizar nuestra política exterior contemporánea podríamos destacar tres rasgos. En primer lugar, la primacía del conflicto interior desde el siglo XIX, el aislamiento franquista y después la concentración de esfuerzos en la construcción del Estado democrático, han hecho que los temas internacionales se hayan relegado siempre a un segundo plano, incluso perteneciendo a la Unión Europea.

Nuestra política exterior es reactiva y no proyectiva. ¿Quién piensa, quién reflexiona sobre nuestros intereses?

En segundo lugar, partidos políticos y fuerzas de diferente signo y en etapas diferentes han asumido este relegamiento de lo internacional, que se transmite a la opinión pública. Para comprobarlo, basta echar un vistazo a los programas de los partidos y a los debates electorales desde 1976, o repasar nuestra lista de presidentes del Gobierno que —con honrosas excepciones— no hablan idiomas y desconocen el entorno internacional, sin que ello les impida presidencializar la política exterior en La Moncloa, relegando a su ministro de Exteriores a un papel de mero ejecutor.

Nuestra política exterior es reactiva y no proyectiva. ¿Quién piensa, quién reflexiona sobre nuestros intereses, sobre perspectivas o tendencias? A diferencia de otros países, no parece que lo haga nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores donde, además, no disponen ya de los documentos históricos que puedan avalar una decisión, aportar argumentos en una negociación, o hacer reivindicaciones. Centros como el Instituto Español de Estudios Estratégicos o el Real Instituto Elcano realizan un gran trabajo, muy atentos a la actualidad, pero, como señalara Carlo Levi, el futuro tiene un corazón antiguo. Esta debería ser la primera lección para quienes dirigen la política exterior de un país que fue potencia mundial y que acumula controversias que se remontan a los siglos XVI y XVII (Ceuta y Melilla), a un tratado de 1714 (Gibraltar), o a políticas coloniales decimonónicas mal cerradas en el siglo XX (Sáhara Occidental).

Para quien no sabe adónde va, escribió Henry Kissinger, todos los caminos llevan a ninguna parte. Pero quien no sabe de dónde viene ni siquiera es capaz de comprender su lugar en el mundo. Sin la profundidad de campo que aporta la visión histórica, la política exterior española está condenada a continuar anclada en los mismos vicios que denunciara Bécker hace casi un siglo.

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Este artículo, firmado por Juan Carlos Pereira, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, y por mí,  fue publicado como Tribuna en la sección de Opinión de El País el 11 de abril de 2014.

URL: http://elpais.com/elpais/2014/04/10/opinion/1397124314_329952.html

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La apertura internacional de España. Entre el franquismo y la democracia

Con la firma de los Acuerdos hispanoamericanos de 1953, el Franquismo rompió con la tradición de neutralidad de facto y relativo aislamiento que había caracterizado a la política española. Durante los años siguientes se abrieron procesos de cambio económico, social y cultural que supusieron una rápida modernización del país y que tuvieron un claro componente internacional: americanización, europeización, inversiones, comercio, inmigración, turismo… En paralelo se produjo también una progresiva normalización de la política exterior española, que se aceleró a partir del fin de la dictadura en 1975 y culminó con la integración de España en la OTAN y en la Comunidad Económica Europea. En el transcurso de esas décadas España afrontó pues una paulatina apertura internacional que engarzó al país con las corrientes globales que transformaron el mundo en aquella época.En los últimos años la historia de las relaciones internacionales ha profundizado en el análisis de estos procesos renovando los estudios más clásicos de política exterior desde los que se habían abordado previamente. Ahora se trata de ponderar los avances realizados y ponerlos en relación con el tipo de estudios que se desarrollan fuera de España para confrontar enfoques, abrir perspectivas de estudio y abordar proyectos de historia comparada. Las sesiones del Congreso se articularán en torno a cinco grandes bloques:

  • Proceso de integración europea
  • Guerra Fría y americanización
  • América Latina y el Mediterráneo
  • Internacionalización económica y científico-técnica
  • Movimientos de población: emigración y turismo

La Asociación de Historiadores del Presente, el Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid y el Instituto de Historia del CSIC han decidido organizar un Congreso que sirva de instrumento para el análisis y el debate entre historiadores sobre dicha temática.

Contamos para ello con la presencia de destacados especialistas en las materias que se abordan. Queremos hacer una invitación a toda la comunidad académica para que participe en el citado Congreso con sus aportaciones, a través de comunicaciones y de su presencia en las sesiones del mismo. En el próximo mes de septiembre concretaremos los componentes de las distintas mesas del congreso.

Para cualquier información contactar con Ricardo Martín de la Guardia (guardia@fyl.uva.es); Lorenzo Delgado (lorenzo.delgado@cchs.csic.es) o Rosa Pardo (mpardo@geo.uned.es).

 

La apertura internacional de España. Entre el franquismo y la democracia, 1953-1986

VI Congreso de la Asociación de Historiadores del Presente

Organizan: UNED, AHP, IEE-UVA, IH-CSIC/IF-UAH
Fecha de celebración: 7-8 mayo de 2014
Sedes: Instituto de Estudios Europeos-Universidad de Valladolid y Facultad de Geografía e Historia UNED Madrid

 Programa Descarga el PDF7 de mayo - Instituto de Estudios Europeos (Valladolid)9,30-10. Presentación

Montserrat de Hoyos Sancho, Directora del Instituto de Estudios Europeos
José Ramón Urquijo Goitia, Vicepresidente del CSIC
Hipólito de la Torre, Director del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED
Abdón Mateos, Presidente de la Asociación de Historiadores del Presente

10-12. Proceso de integración europea

Moderador: Antonio Moreno (UCM)

Una solución europea a la cuestión española. La RFA y España de la dictadura a la democracia. Antonio Muñoz Sánchez (Universidad de Lisboa) 

La larga marcha hacia Europa en la historiografía: heredades labradas y baldíos. Luis Domínguez Castro (Universidad de Vigo) 

Relator: Ricardo Martín de la Guardia (Universidad de Valladolid)

12-12,15. Pausa, café

12,15-14-15. Guerra fría y americanización

Moderadora: Encarnación Lemus (Universidad de Huelva) 

Estados Unidos ¿soporte del franquismo o germen de la democracia? Horizonte político, cambio social y diplomacia pública.Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla (CSIC) 

Estados Unidos y España. Debates externos y reflejos internos.

Pablo León Aguinaga (Centro Universitario de la Defensa) 

Relator: Óscar J. Martín García (CSIC)

14,15-15,30. Comida

15,30-17,30. América Latina y el Mediterráneo

Moderador: José Luis Neila (UAM) 

De puentes y comunidades: balance historiográfico sobre las relaciones hispanoamericanas. Rosa Pardo Sanz (UNED) 

España y el Mediterráneo: entre las inercias de la política pro-árabe y los avatares de una descolonización por etapas.Miguel Hernando de Larramendi (Universidad de Castilla-La Mancha) 

Relatora: Susana Sueiro (UNED)

17,30-18,30. Conferencia

Entre el análisis histórico y la acción política. Ángel Viñas

8 de mayo - Facultad de Económicas, UNED (Madrid), Sala Torrecilla

8.30-11. Traslado Valladolid-Madrid

11-13. Internacionalización económica y científico-técnica

Moderador: Pablo Martín Aceña (Universidad de Alcalá)

La reintegración de España en la economía mundial. Antonio Tena (Universidad Carlos III)

La dimensión internacional de las transformaciones científicas y tecnológicas. Santiago López y Mar Cebrián (Universidad de Salamanca)

Relatora: Adoración Álvaro Moya (CUNEF)

13-14,30. Comida

8 de mayo - Edificio de Humanidades, UNED (Madrid), Sala A

14,30-16,30. Otras dimensiones de las relaciones internacionales

Moderadora: Elda E. González (CSIC) 

Algo más que un instrumento. Servicio Exterior, apertura internacional y cambio político. Carlos Sanz Díaz (Universidad Complutense) 

España como espacio migratorio. Hacia un estado de la cuestión. Ana Fernández Asperilla y José Babiano (Fundación 1ºMayo) 

Relatora: Asunción Merino Hernando (UNED)

16,30-17. Pausa café

17-19. Mesa redonda. De la consolidación de la democracia a los desafíos del presente

Florentino Portero (UNED)
Charles Powell (Real Instituto Elcano)
Cristina Manzano (esglobal)
Sonia Alda (Instituto Gutierrez Mellado)
Carlos Echeverría (UNED)
Carmen González Enríquez (Real Instituto Elcano)

19. Asamblea de la Asociación de Historiadores del Presente

Comité organizador
Lorenzo Delgado (CSIC), Ricardo Martín de la Guardia (Universidad de Valladolid), Rosa Pardo (UNED)

Secretaría de organización
Natalia Urigüen (UNED)

COMUNICACIONES

Las comunicaciones deberán estar relacionadas con los aspectos tratados en el Congreso y tendrán una extensión máxima de 9.000 palabras (con notas incluidas). Para que el comité científico pueda proceder a la aprobación de la propuesta, los comunicantes deberán enviar el título y un resumen de un folio antes del 15 de marzo 2013. El texto completo para su edición ha de estar recibido por los organizadores el 10 de abril de 2014. Tanto el resumen como la comunicación deberán ser enviados en soporte informático (PC, tratamiento de textos WORD), y conforme a las normas  descargables aquí, a las siguientes direcciones:

guardia@fyl.uva.es
lorenzo.delgado@cchs.csic.es

mpardo@geo.uned.es

INSCRIPCIÓN

•Nombre:

•Apellidos:

•Dirección:

•Población:

•Código Postal:

•Teléfono:

•Fax:

•Correo electrónico:

•Tipo de inscripción:
Asistente
Comunicante
Comunicante de la asociación de Historiadores del Presente

•Título provisional de la comunicación:

•Mesa:

•Cuota: 50 euros comunicantes no pertenecientes a la Asociación de Historiadores del Presente; 30 euros comunicantes pertenecientes a la Asociación de Historiadores del Presente; y 40 euros asistentes. La cuota incluye el traslado desde Valladolid a Madrid el día 8 de mayo.

•Abono. Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) 0182 4927 51 0201546310.

•El plazo de inscripción de los asistentes finalizará el 1 de mayo de 2014.

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Jornadas Universitarias sobre Emigración y Televisión en España: Historia y Presente

Los próximos días 30 y 31 de octubre de 2013, tendrán lugar en las Facultades de Ciencias de la Información y de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid las Jornadas Universitarias sobre Emigración y Televisión en España: Historia y Presente, organizadas en colaboración con la Dirección General de Migraciones del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, la Asociación para el Estudio de los Exilios y las Migraciones Ibéricos Contemporáneos (AEMIC) y Asoma Creaciones.

El objetivo de estas jornadas es acercarnos a la influencia que tuvieron los medios audiovisuales en la emigración española a Europa a partir de los años sesenta del siglo pasado, y reflexionar sobre el significado y las perspectivas de futuro del medio televisivo en relación con la emigración española en la actualidad.

 

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El acceso abierto y los historiadores: algunas promesas y muchas incertidumbres

¿Deben ser accesibles en abierto las publicaciones académicas, siempre y sin límite alguno? Esta cuestión está generando un amplio debate entre los historiadores. La red H-Asia ha promovido una discusión que después ha recogido la red de especialistas en historia contemporánea de España H-Spain. 

Este es el texto lanzado en H-Spain:

 

El acceso abierto y los historiadores: algunas promesas y muchas incertidumbres

 

Cierta preocupación y desconcierto se ha instalado entre docentes, investigadores, decanatos y equipos rectorales ante la reciente condena contra la Universidad de Barcelona por violar derechos de autor en su campus virtual (4 de septiembre de 2013). Esta sentencia es la segunda contra una institución española de educación superior, después de que la Universidad Autónoma de Barcelona fuera condenada por idéntico motivo hace unos meses (7 de mayo de 2013). Y puede no ser la última: está pendiente una acusación contra la Universidad Carlos III y CEDRO, la entidad demandante, no descarta actuar contra otras universidades.

“La UB es multada por violar los derechos de autor en su campus virtual” (El País, 4 septiembre 2013):
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/09/04/catalunya/1378301138_732819.html

“La Autónoma de Barcelona, condenada por piratería” (El País, 7 mayo 2013):
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/06/actualidad/1367866695_683817.html

Aparte de arrojar la sospecha del delito sobre las universidades por la práctica habitual de difundir materiales científicos y docentes exclusivamente entre sus estudiantes y con fines académicos, estas sentencias parecen ir en contra del espíritu de la Ley española de Ciencia y Tecnología (Ley 14/2011, en vigor desde el 2 de diciembre de aquel año). El artículo 37.2 de esta ley obliga a todo investigador cuyo trabajo esté financiado mayoritariamente con fondos de los Presupuestos Generales del Estado a hacer pública una versión digital de los contenidos que le hayan sido aceptados para publicación en publicaciones seriadas o periódicas (curiosamente no en libros),  en un plazo máximo de doce meses desde su primera publicación. Para ello se invita a exponer dichos trabajos en repositorios de acceso abierto, institucionales o de otro tipo. Esto no implica que todos los investigadores estén cumpliendo lo establecido en este artículo. De hecho, al menos en el campo de las Humanidades, es posible que pocos de los concernidos conozcan esta obligación.

La misma ley complica las cosas al estipular en su artículo 37.6 que lo anterior no será aplicable cuando estén protegidos o transferidos a terceros los derechos de autor. No parece, pues, que los investigadores puedan tener muy claro a qué atenerse.

http://www.boe.es/boe/dias/2011/06/02/pdfs/BOE-A-2011-9617.pdf


En fecha reciente, los compañeros de H-Asia iniciaron un debate relacionado con tales cuestiones. En él introducen además la controversia de las “revistas predadoras“, que si bien en el caso de España no está en el candelero, sí resulta similar al de la práctica -cada vez más frecuente- de las editoriales que exigen a los autores un pago (bajo la fórmula de la cofinanciación, coedición o la ayuda a la edición) como requisito para publicar sus monografías históricas. El debate puede seguirse en el siguiente enlace:

http://h-net.msu.edu/cgi-bin/logbrowse.pl?trx=vx&list=H-Asia&month=1309&week=b&msg=YuCKozMgPcm2PXtLN8pVjw


Entretanto, los gobiernos de países como Estados Unidos y Gran Bretaña se unieron en 2013 al movimiento Open Access mediante las correspondientes directivas presidenciales o decisiones de sus Research Councils. El gobierno español, a pesar de la retórica que ha acompañado a la Ley de Ciencia y a la Ley de Transparencia en trámite actualmente, no ha expresado un compromiso comparable con el acceso abierto.

Las tres declaraciones fundamentales en las que se fundamenta el movimiento Open Access son las siguientes:

1) Iniciativa de Budapest para el Acceso Abierto (también conocida como BOAI: Budapest, 2002) http://www.budapestopenaccessinitiative.org/translations/spanish-translation

2) Bethesda Statement on Public Access Publishing (Bethesda, 2003) http://legacy.earlham.edu/~peters/fos/bethesda.htm

3) Declaración de Berlín sobre el Acceso Abierto al Conocimiento en la Ciencia y las Humanidades (Berlín, 2003)http://oa.mpg.de/lang/en-uk/berlin-prozess/berliner-erklarung/


Enlaces de interés relacionados:

Nigel Vincent and Chris Wickham (ed.) (2013), Debating Open Access. London, The British Academy for the Humanities and Social Sciences (libro en acceso abierto, 128 pp.):
http://issuu.com/thebritishacademy/docs/debating_open_access-ed_vincent_and

“Open access: MPs slam research policy”. Artículo de Stephen Curry (Imperial College London) en “The Guardian” sobre el Open Access en el caso británico (publicado el 11 septiembre 2013):
http://www.theguardian.com/higher-education-network/blog/2013/sep/11/open-access-report-bis-committee?j=48802&e=carlos.sanz%40ghis.ucm.es&l=350_HTML&u=2642046&mid=1059027&jb=39&CMP=&et_cid=48802&et_rid=7638598&Linkid=Open+access:+MPs+slam+research+policy


David Jorge / Florentino Rodao / Carlos Sanz Díaz
H-Spain

URL del debate (para publicar respuestas y aportaciones):

 

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Documentación histórica

Ahora que los historiadores denuncian la decisión del ministro de Defensa de vetar la desclasificación de 10.000 documentos militares de los años 1939 a 1968 que estaban listos para su publicación, conviene recordar que también sobre la documentación histórica del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación pesa el manto de un secretismo más incomprensible aún, si cabe.

En octubre de 2010, siendo ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, el Consejo de Ministros declaró materia clasificada la práctica totalidad de la actividad diplomática del Estado, sin límite temporal alguno. Innumerables investigaciones históricas se han visto interrumpidas desde entonces como resultado de este cerrojazo documental, y muchas han tenido que abandonarse por completo.

Cuando EL PAÍS denunció esta situación, impensable y sin parangón en cualquier otra democracia, el actual titular de Exteriores, José Manuel García-Margallo, anunció de inmediato una corrección. Sin embargo, casi un año después los investigadores seguimos esperando que el ministro cumpla su promesa.

Entre tanto, el señor García-Margallo decidió cerrar de la noche a la mañana el archivo de Exteriores y transferir sus fondos al Archivo Histórico Nacional y al Archivo General de la Administración, dependientes del Ministerio de Cultura. La escasez de medios materiales y humanos en ambos centros hace temer que no se pueda consultar un solo documento en años, suponiendo que previamente se haya levantado la clasificación de secreto o reservado que todavía pesa sobre todos ellos. Un panorama de pesadilla para la investigación histórica.

Está en la mano de los máximos responsables de Defensa, Exteriores y Cultura acabar con situaciones que no solo nos avergüenzan a los historiadores españoles ante nuestros colegas extranjeros, sino que vulneran el derecho de todos los ciudadanos a acceder a documentación pública de carácter histórico insustituible para la reconstrucción de nuestro pasado.— Carlos Sanz Díaz. Profesor de Historia Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid

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Lo que antecede es el texto de la Carta al Director que EL PAÍS publica en su edición de hoy y que puede consultarse en el enlace siguiente:

http://elpais.com/elpais/2013/05/14/opinion/1368553901_384039.html

 

NOTA SOBRE ANTECEDENTES

La situación de los documentos clasificados del Ministerio de Defensa ha sido denunciada recientemente por los historiadores Francisco Espinosa Maestre, Mirta Núñez Díaz-Balart y Manuel Álvaro Dueñas con el respaldo de un centenar de investigadores, entre ellos Ángel Viñas y Paul Preston. Dos periódicos de tirada nacional se han hecho eco:

Eduardo del Campo: “El búnker de la Historia de España”, El Mundo, 6 de mayo de 2013.

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/06/cultura/1367824921.html

Tereixa Constenla: “La ley de los secretos para siempre”, El País, 8 de mayo de 2013.

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/08/actualidad/1368039741_142440.html

 

Por otra parte, el periodista Antonio Rodríguez, pionero en tratar esta cuestión, ha publicado recientemente en su blog en la revista Tiempo documentación adicional de gran interés:

http://blogs.tiempodehoy.com/entresijosgubernamentales/2013/05/09/defensa-miente-sobre-los-archivos-militares-parte-i/

http://blogs.tiempodehoy.com/entresijosgubernamentales/2013/05/10/defensa-miente-sobre-los-archivos-militares-y-ii/

 

Sobre la situación de la documentación secreta y reservada de Exteriores:

Miguel González, “Exteriores blinda todos sus documentos”, El País, 3 de junio de 2012.

http://politica.elpais.com/politica/2012/06/03/actualidad/1338750887_077908.html

Miguel González, “Exteriores revisará el acuerdo que declara secretos todos sus documentos”, El País, 5 de junio de 2012.

http://politica.elpais.com/politica/2012/06/05/actualidad/1338903319_488877.html

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