‘Historiadores’

En el centenario de José María Jover

Tal día como hoy, un 5 de junio de 1920, nacía en Cartagena José María Jover Zamora, historiador, maestro de historiadores, y uno de los grandes renovadores de la historia contemporánea en España. Jover fue, además, una figura clave en la configuración de la historia de las relaciones internacionales en el panorama académico español.

José María Jover fue el maestro de buena parte de la generación que renovó la historia moderna y contemporánea en los años setenta y ochenta del pasado siglo, desde las cátedras de Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad de Valencia, primero (1949-1963), de Historia Moderna de España en la Universidad de Madrid (1963-1974) y después de Historia Universal Contemporánea (1974-1986) en la misma Universidad. Su magisterio fue de la mano de un amplio eco y reconocimiento, fruto de una labor inspiradora y exigente que no se limitó a la universidad, y que se prolongó en ámbitos como la Escuela Diplomática, de la que fue profesor (1979-1986), la Real Academia de la Historia (a la que ingresó en 1978) y la tarea de coordinación, desde 1975, de la  monumental Historia de España iniciada por Ramón Menéndez Pidal, para la que escribió además, con sus discípulos, varios volúmenes sobre la política exterior española.

La biografía académica de José María Jover se inició cuando, tras licenciarse en Filosofía y Letras, sección de Historia, en la Universidad de Madrid (1942), se incorporó al Instituto “Jerónimo Zurita” del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde permaneció hasta 1948 y donde realizó, bajo la dirección del modernista Cayetano Álvarez Molina, su tesis doctoral 1635. Historia de una polémica y semblanza de una generación, que ganó el Premio Menéndez Pelayo en 1949. Ese mismo año ganó la cátedra en Valencia, donde comenzó a desarrollar su personal empeño de insertar la historia de España en su contexto internacional, y de conectar el mundo académico español con las corrientes renovadoras de la historiografía europea. Hizo estancias de investigación en Lisboa, París y Friburgo en los años cincuenta y sesenta, y participó en el X Congreso Internacional de Ciencias Históricas celebrado en Roma en 1955, en el que conoció a los grandes representantes de la historia de las relaciones internacionales Pierre Renouvin y Federico Chabod, lo que le haría orientarse al cultivo de esta especialidad.

En los años siguientes publicó estudios fundamentales que dieron cuenta de esta opción por la historia de las relaciones internacionales: Carlos V y los españoles, que se publicó en 1963 pero que era una recopilación de trabajos que habían visto la luz entre 1957 y 1960; Política mediterránea y política atlántica en la España de Feijoo (1956) y La Guerra de Independencia española en el marco de las guerras europeas de liberación (1958). Este último trabajo marcó su tránsito a la historia contemporánea, que cultivaría en exclusiva a partir del curso 1960-1961 a partir de un decisivo periodo de formación en Friburgo.

En estas obras se expresaba ya plenamente la voluntad de Jover de cultivar una historia internacional compleja, que incorporaba aspectos económicos, sociales y políticos al estudio de las relaciones entre las naciones y que, de este modo, desvelaba un pasado diferente, más amplio y profundo, del que hasta entonces había dibujado la tradicional historia diplomática practicada en España por Jerónimo Bécker o Wenceslao Ramírez de Villaurrutia.

La empresa de Jover se acercaba más en intención a la de Jesús Pabón –quien le había precedido en la cátedra de Historia Contemporánea Universal de la Complutense-, uno de los escasos cultivadores de una historia contemporánea abierta a preocupaciones internacionales en la universidad española del franquismo. Pero el empeño joveriano se distinguió por un conocimiento de primera mano de las corrientes historiográficas del momento, y en particular –aunque no solo- de la escuela francesa de historia de las relaciones internacionales. De Pierre Renouvin, el fundador, Jover tomó la idea de las “fuerzas profundas”, económicas e intelectuales sobre todo, que actúan por debajo de los acontecimientos internacionales. Del italiano Federico Chabod adaptaría la idea de las “premesse” de la política exterior y la atención a las pasiones colectivas que condicionan la política exterior. A su vez, la concepción joveriana de las fuerzas profundas se inspiraba en el énfasis de Ferdinand Braudel, el más destacado representante de la segunda generación de la Escuela de Annales, en la continuidad de las estructuras sociales, los hombres y las ideas, que en su interpretación no distaban de la concepción renouviniana de las “fuerzas profundas”.

Con estos elementos, Jover aquilató una interpretación personal y profundamente original de las consecuencias de la renovación historiográfica en curso. En su lección inaugural del curso 1960-1961 en la Universidad de Valencia se evidencia la influencia de Pierre Renouvin y Jean-Baptiste Duroselle, pero también la del anglosajón Geoffrey Barraclough y la del alemán Ludwig Dehio, quien le inspiró sus concepciones sobre hegemonía y equilibrio en el sistema internacional. Estaba ya presente la característica concepción joveriana de las relaciones internacionales, muy amplia y que trascendía el ámbito de la política para abrirse a las ciencias sociales, al derecho, a la sociología política, y al análisis de los procesos de toma de decisiones, características que se plasmaron en ensayos como los recopilados en su libro España en la política internacional: siglos XVIII-XIX  (Madrid, Marcial Pons, 1999).

Desde la Universidad de Madrid a la que se trasladó en 1964, Jover ejerció un magisterio decisivo en la conformación de la disciplina en España, que se plasmó en el diseño de programas de asignaturas y en la dirección de las tesis doctorales de una toda una generación integrada, entre otros, por discípulos directos como Julio Salom Costa, María Victoria López Cordón, Elena Hernández Sandoica, Rosario de la Torre y Agustín Rodríguez González. Siguiendo las indicaciones de un maestro siempre sugerente a la hora de abrir caminos, sus investigaciones iban más allá de las aproximaciones clásicas de historia diplomática y de los estudios de relaciones bilaterales, para adentrarse en terrenos apenas explorados como la historia colonial, las imágenes y percepciones, o la relación entre régimen político y política exterior. Con ellos se fue conformando el panorama de la historiografía internacionalista española de los años 70 y 80, en el que también se contaban historiadores como Luis Álvarez Gutiérrez, Hipólito de la Torre, Javier Tusell, Rafael Sánchez Mantero, Víctor Morales Lezcano y José Urbano Martínez Carreras. A ellos se sumarían, en los años 90, nombres como los de Francisco Quintana Navarro, María Dolores Elizalde, Juan Carlos Pereira, Pedro Martínez Lillo, Lorenzo Delgado, Antonio Niño, Fernando García Sanz, Florentino Portero, Rosa Pardo, Ángeles Egido, José Luis Neila, o Antonio Moreno Juste.

Junto con la faceta del investigador, Rosario Ruiz Franco, coordinadora de un libro colectivo de homenaje que se publicó en 2012, ha evocado además (pág. 169) la figura de Jover como profesor:

“Un profesor sabio, riguroso, minucioso, vocacional, cuidadoso con los contenidos y materiales de cada lección, tolerante, comprensivo, que supo entender los problemas de la Historia y la función social de la misma, que concedió un margen de libertad a los suyos en los difíciles años finales de la dictadura franquista y el inicio de la democracia, y alguien que les enseñó, en palabras de su discípulo Ángel Bahamonde, “a ser universitario en el pleno sentido del término”; en definitiva y como nos señala Pedro Sáez en las páginas de este libro “un magisterio de largo alcance”.

El magisterio y la huella de Jover están presentes hoy de muchas formas en la historiografía de la contemporaneidad española, más allá del ámbito de la historia de las relaciones internacionales. Su idea de España como “nación de naciones”; su empeño en recuperar la idea de la historia de la civilización inspirada en Rafael Altamira; el empleo de la literatura como fuente para la historia; la aspiración a una “historia integral” guiada por el impulso ético de quien fue definido por Gonzalo Anes como “historiador humanista”, son parte del legado de Jover en el centenario de su nacimiento.

Algunas referencias

A las semblanzas que aparecieron en la prensa con motivo de su fallecimiento el 14 de noviembre de 2006 escritas por Juan Pablo Fusi (“José María Jover: la pulcritud moral de un historiador”, ABC, 15.11.2006), María Victoria López-Cordón (“En memoria de un maestro” El País, 15.11.2006) o Eduardo Suárez (“Indiscutible maestro de historiadores”, El Mundo, 15.11.2006) le siguieron textos más extensos en revistas especializadas de mano de Elena Hernández Sandoica (“José María Jover Zamora. In memoriam”, Ayer 68/2007), Ángeles Egido León (“José María Jover en la historiografía española”, Espacio, Tiempo y Forma. Serie V, Historia Contemporánea, 18/2007) y Manuel Espadas Burgos, (“José María Jover Zamora, 1920-2006“, Hispania,  67(225), 2007). En el terreno de las visiones de conjunto se añade el ya mencionado libro colectivo coordinado por Rosario Ruiz Franco bajo el título Pensar el pasado. José María Jover y la historiografía española (Madrid, Biblioteca Nueva, 2012), con presentación de Jaime Alvar Ezquerra y prólogo de Guadalupe Gómez-Ferrer, y textos de Juan Pablo Fusi, Santos Juliá, José Manuel Cuenca Toribio, Pedro Sáez Ortega, Mª Victoria López-Cordón, Rosario de la Torre del Río, Antonio Morales Moya, Francisco Javier Guillamón y la propia Rosario Ruiz Franco, y el libro coordinado por José Peña González La historia como trabajo de ética social. Homenaje a José María Jover (Madrid, CEU Ediciones, 2013)

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La controversia Hohenzollern

Alemania ha proporcionado algunas de las controversias historiográficas más encendidas del siglo XX y lo que va del XXI. Desde los debates en torno al Sonderweg o camino particular seguido por el país hacia la modernidad hasta las discusiones sobre los alemanes corrientes y el Holocausto, pasando por la controversia Fischer sobre los objetivos alemanes en la Primera Guerra Mundial, el Historikerstreit o querella de los historiadores en los años 1980s sobre la peculiaridad de los crímenes nazis, o el debate sobre el genocidio de los herero y los namaqua en Namibia como antecedente del Holocausto, la historia de la Alemania contemporánea no ha dejado de ofrecer motivos de polémica cuyo interés rebasa el ámbito de los especialistas para resonar en una sociedad familiarizada con un pasado trágico que advierte sobre las responsabilidades del presente y el futuro.

La última controversia que ha sacudido las aguas de la historia alemana, saltando a los medios de comunicación de aquel país, tiene en su centro el papel de los Hohenzollern, la dinastía de los últimos reyes de Prusia y emperadores de Alemania, en el ascenso de Hitler al poder. El historiador David Motadel, profesor en la London School of Economics y fellow en el Berlin Institute for Advanced Study,  ha resumido la polémica en un artículo publicado en la edición del 26 de marzo de 2020 de The New York Review of Books (NYRB) bajo el título What do the Hohenzollerns deserve? El artículo, a su vez, ha generado controversia y ha propiciado la respuesta por alusiones del historiador Christopher Clark, a la que ha seguido una contrarréplica de Motadel.

David Motadel. Fuente: DW

David Motadel, autor entre otros estudios del aclamado Islam and Nazi Germany’s War (2014), comienza su artículo con los antecedentes del caso. Una ley aprobada en 1994 permite a los descendientes de las familias nobles despojadas de sus bienes por los soviéticos y la RDA tras la Segunda Guerra Mundial reclamar la restitución de sus propiedades u obtener una compensación por las mismas, a condición de que los reclamantes o sus antepasados no hubieran “prestado apoyo sustancial” al régimen nacionalsocialista o al régimen comunista de la RDA. En esta situación se encontrarían muchas familias aristocráticas alemanas que mantuvieron sus propiedades tras la Primera Guerra Mundial, a pesar de que la Constitución de la República de Weimar abolió la monarquía y con ello los títulos y privilegios de la nobleza. Y entre estas familias se cuentan los Hohenzollern, cuyo último rey, el emperador Guillermo II, abandonó Alemania el 10 de noviembre de 1918, en los compases finales de la Gran Guerra, para exiliarse en Holanda, donde moriría en 1941. En los últimos años, los representantes de los Hohenzollern han negociado infructuosamente con el Estado alemán durante años para recuperar un legado que incluye palacios, propiedades y decenas de miles de obras de arte que actualmente se encuentran en museos públicos. En el verano de 2019 comenzaron a conocerse detalles de las reclamaciones de la familia real alemana y los perfiles del caso fueron filtrándose a los medios de comunicación, encendiéndose la controversia sobre el pasado monárquico de Alemania.

David Motadel recuerda el historial más oscuro de los Hohenzollern, comenzando por el propio Guillermo II: su implicación en el agresivo imperialismo  alemán que llevó a masacres como las de los herero y los namaqua entre 1904 y 1907, su responsabilidad en el estallido de la Primera Guerra Mundial, su desprecio a la democracia de la República de Weimar, y su virulento antisemitismo. Para la cuestión clave de si los Hohenzollern prestaron “apoyo sustancial” al nazismo, Motadel recuerda algunas de las acciones del primogénito del último emperador, Guillermo, el autoproclamado Kronprinz o príncipe heredero, quien era el titular de las posesiones de la familia en el momento en que los soviéticos llevaron a cabo la expropiación de sus bienes. Guillermo de Hohenzollern apoyó a Hitler en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de abril de 1932; trató de convencer al ministro de Defensa Wilhelm Groener de que levantara la prohibición de los grupos paramilitares nazis, las SA y las SS; se declaró totalmente fiel al régimen nazi en numerosas cartas dirigidas a Hitler tras su nombramiento como canciller el 30 de enero de 1933, y participó en el Día de Potsdam de 21 de marzo de 1933 que, señala Motadel, “simbolizó elpacto entre el movimiento nazi y las viejas élites”. El hermano más joven de Guillermo, Augusto Guillermo (conocido como “Auwi”) fue incluso dirigente de las SA. Ni siquiera la prohibición de las asociaciones monárquicas en 1934 por los nazis hicieron cambiar de opinión a Guillermo, que continuó apoyando las políticas de Hitler incluso durante la Segunda Guerra Mundial.

El canciller Adolf Hitler y el “Kronprinz” Guillermo de Prusia conversan en la fiesta del Día de Potsdam el 21 de marzo de 1933. Fuente: Deutsches Bundesarchiv / Wikimedia Commons

A la luz de estos hechos, ninguno de ellos desconocido anteriormente, la polémica gira en torno a si los Hohenzollern prestaron un “apoyo sustancial” al régimen nazi. Es aquí donde entra en juego el juicio del historiador Christopher Clark, Regius Professor de Historia en la Universidad de Cambridge y uno de los especialistas más reconocidos en historia de Prusia, los Hohenzollern y la Primera Guerra Mundial, con libros como Sleepwalkers: How Europe Went to War in 1914  (2012), traducido al español como Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914 (2014) y Iron Kingdom: The Rise and Downfall of Prussia, 1600–1947 (2006), en español El reino de hierro. Auge y caída de Prusia, 1600-1947 (2016), así como la biografía Kaiser Wilhelm II. A Life in Power (2000). Clark escribió en 2011 por encargo de la familia Hohenzollern un informe de 19 páginas en el que concluía que Guillermo de Hohenzollern había sido, entre los aristócratas colaboradores de los nazis, uno de los más reservados y de los menos comprometidos; que había actuado principalmente por interés personal; que sus maniobras para ayudar a los nazis habían sido básicamente infructuosas; y que era una figura demasiado marginal como para haber podido prestar un “apoyo sustancial” a Hitler. Motadel concluye que el informe “proporciona un claro apoyo a las reclamaciones de los Hohenzollern”.

Sin embargo, dos historiadores  a los que el Estado alemán encargó informes propios llegaron a conclusiones diferentes a las de Clark y sacaron a la luz nuevos ejemplos del apoyo del “príncipe heredero” a los nazis, expone Motadel. Se trata de Peter Brandt, historiador de la Universidad de Hagen (e hijo del canciller Willy Brandt) y Stephan Malinowski, de la Universidad de Edimburgo, uno de los grandes especialistas en la aristocracia alemana y sus relaciones con los nazis. Sus informes rebaten la idea de que Guillermo de Hohenzollern fuera una figura marginal en la época y proporcionan nuevas pruebas de su afinidad ideológica con el nazismo y su papel en la creación y consolidación del régimen nazi.

Entre tanto, la familia Hohenzollern encargó sus propios informes a un cuarto historiador, Wolfram Pyta, de la Universidad de Stuttgart, quien ha argumentado que si bien Guillermo de Hohenzollern ejerció una influencia significativa, en realidad había hecho todo lo posible por sabotear a los nazis y apoyar a la derecha nacionalista tradicional alemana. En conclusión, según Pyta, “el príncipe heredero Guillermo no apoyó el sistema nazi”. Otros historiadores, como Hans-Christof Kraus, de la Universidad de Passau, y Benjamin Hasselhorn, de Würzburg, se han alineado como Pyta con las reclamaciones de los Hohenzollern, pero las voces más respetadas de la historiografía especializada, como Richard J. Evans, de Cambridge, o  Norbert Frei, han tomado posición públicamente en la prensa alemana a favor de las conclusiones de Malinowski y Brandt. Entre tanto, la familia Hohenzollern, expone Motadel, ha emprendido una batalla legal contra todo aquel que desafíe su versión de la historia, presentando denuncias contra periódicos como Frankfurter Allgemeine Zeitung, Der Spiegel o Die Zeit, y contra historiadores como Malinowski, Martin Sabrow, Winfried Süß y Karina Urbach. Y en medio de un debate público cada vez más encendido, el gobierno alemán, dividido sobre la cuestión, ha fracasado hasta ahora en sus intentos por alcanzar un acuerdo negociado con la familia Hohenzollern.

Christopher Clark © Nina Lübbren

Christopher Clark, que ya defendió las conclusiones de su informe de 2011 en una entrevista publicada Der Spiegel en octubre del año pasado, ha respondido al artículo de Motadel con una carta al director del NYRB publicada en la edición de 9 de abril de 2020 (Helping Hitler: An Exchange), en la que acusa a este de realizar una “tergiversación simplista” de su papel en la disputa. Clark argumenta que su informe no proporcionó “un claro apoyo a las reclamaciones de los Hohenzollern” porque esas reclamaciones, que él rechaza explicitamente, no existían en 2011, cuando fue escrito su dictamen. Clark, que se desmarca de las “maquinaciones de los abogados de los Hohenzollern”, insiste en el papel marginal del “príncipe heredero” y, por tanto, en su incapacidad para realizar una “contribución sustancial” al nombramiento de Hitler como canciller. Sobre esta valoración habría existido un consenso historiográfico amplio en el momento en que él escribió su informe, si bien Clark admite que la investigación histórica ha aportado desde 2011 pruebas de que el Guillermo de Hohenzollern había sido “un colaborador de los nazis más proactivo de lo que pensábamos”.

Los editores de NYRB han publicado en el mismo número otra carta de Racheli Edelman,una destacada editora judía de Tel Aviv, descendiente de una de las familias más prominentes de editores de libros y periódicos de Israel, Schocken y Persitz. Edelman aporta un nuevo ángulo a la controversia, recordando cómo la familia Hohenzollern se adjudicó, “puede pensarse que a un precio enormemente conveniente”, la propiedad de la cadena de grandes almacenes conocidos como Kaufhaus Schoecken, la cuarta más importante de Alemania en esos momentos, que pertenecía a su abuelo, Salman Schoecken, y que los nazis expropiaron y sacaron a la venta en 1938. Tras la Segunda Guerra Mundial, Salman Schoecken solo pudo recuperar en 1949 el 51 por ciento de la propiedad, muy deteriorada en su valor entre tanto, tras negociar con el representante legal de los Hohenzollern. “Por tanto”, concluye Edelman, “incluso de acuerdo con este ejemplo de su comportamiento, el intento de la familia Hohenzollern de desvincular su nombre de los crímenes nazis carece de fundamento.”

David Motadel ha respondido a ambas cartas en el mismo número de 9 de abril de NYRB recordando otro caso en el que los Hohenzollern se enriquecieron a costa de la persecución nazi contra los judíos haciéndose, por debajo del precio de mercado, con acciones de las compañías de magnate judío del textil Walter Wolf. También ha contraargumentado a las observaciones de Clark. Las primeras reclamaciones de la familia Hohenzollern, afirma Motadel, sí existían en 2011, ya que datan de los años 1990s. Por otra parte, el argumento de Clark de que el Kronprinz no tenía suficiente importancia políticamente como para haber prestado un “apoyo sustancial” a la instauración del régimen nazi supone,  señala, un respaldo a las reclamaciones de la familia. En segundo lugar, Motadel cuestiona que, en el momento en que Clark escribió su informe, el consenso historiográfico coincidiera en la irrelevancia del apoyo del “príncipe heredero” a los nazis. Por último, el autor argumenta en torno a la buena acogida que las tesis de Clark encuentran en la derecha conservadora alemana, concediendo que, como alega aquel, un historiador no elige a sus lectores.
Motadel concluía su artículo del 26 de marzo señalando que “detrás de la controversia está la cuestión más amplia del legado monárquico de Alemania“, una sociedad que tras la reunificación ha experimentado “una nueva nostalgia por el pasado real del país y un revival neo-prusiano” visible en grandes proyectos de reconstrucción como el del Palacio Real de Berlín, el Palacio de la Ciudad y la Iglesia de la Guarnición de Potsdam. Motadel concluía entonces: “La Alemania de posguerra, en la que las tragedias del pasado son omnipresentes, ha vivido una serie de grandes controversias históricas públicas, entre ellas el debate sobre las afirmaciones de Fritz Fischer, en los años 1960s, de que Alemania era la principal responsable del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, la llamada querella de los historiadores (Historikerstreiten los 1980s acerca de si los crímenes nazis eran diferentes en naturaleza de los de la Unión Soviética, y la discusión en los 1990s sobre el libro de Daniel Jonah Goldhagen acerca de la responsabilidad de los alemanes corrientes en el Holocausto. Estas renegociaciones públicas del pasado nos dicen tanto sobre la sociedad alemana contemporánea como sobre su historia. La controversia Hohenzollern no es solo sobre las largas sombras que arroja el periodo nazi, sino también sobre el lugar de la herencia monárquica en la Alemania democrática de nuestros días.”
© The New York Review of Books
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Los historiadores y los peligros para la democracia

En el año que termina hemos asistido a numerosos debates en los que la historia  se utiliza como herramienta de la argumentación política. Los propios historiadores intervienen a menudo en debates políticos y sociales, defendiendo posiciones muy diferentes, como corresponde a una comunidad plural. Pero más allá de ese pluralismo, ¿cabe una toma de posición común por parte de los historiadores ante una cuestión tan actual como la viabilidad del sistema político democrático y el papel de la historia en su presente y futuro?

Fuente: Universidad de Münster

Esa es la cuestión que se planteó en el 52º Congreso de Historiadores celebrado en Münster en septiembre de 2018. Allí la asamblea general de la Asociación de Historiadores e Historiadoras Alemanes (Verband der Historiker und Historikerinnen Deutschlands, VHD) aprobó por amplia mayoría una resolución “respecto a los peligros que acechan a la democracia”, con el siguiente texto:

Resolución de la Asociación de Historiadores e Historiadoras alemanes respecto a los peligros que acechan a la democracia.

Aprobado por la Asamblea General el 27 de septiembre de 2018 en Müster (Alemania)

En Alemania, como en muchos otros países, los ataques sin medida contra las instituciones democráticas están amenazando en la actualidad los cimientos del orden político. Como historiadores, consideramos nuestro deber advertir contra esas amenazas. La confrontación de opiniones es un elemento esencial de toda sociedad pluralista, pero deber seguir ciertas reglas para no socavar la democracia misma.

La tarea de la ciencia histórica es contribuir a una mejor percepción de los problemas actuales mediante el análisis de los desarrollos históricos y resolver la complejidad de sus causas. Sin embargo, las políticas actuales se orientan cada vez más por los estados de ánimo que transmiten las encuestas de opinión y por la desbocada dinámica de los medios de comunicación. Como historiadores, nos gustaría enfatizar que solo pensar en periodos más largos de tiempo puede garantizar la viabilidad a largo plazo de nuestro sistema político.

Por lo tanto, consideramos indispensables las siguientes actitudes básicas de convivencia democrática en el ámbito político y social:

Por un lenguaje históricamente sensible, en contra de términos discriminatorios

La discusión política en democracia requiere un lenguaje sucinto y marcado que resuma la propia posición, pero que no niegue a los demás un respeto fundamental. Los insultos de hoy dirigidos a los políticos como “traidores al pueblo” o a los medios de comunicación como “prensa mentirosa” retoman el lenguaje antidemocrático del periodo de entreguerras. También hay numerosos ejemplos históricos del efecto desastroso que han causado términos despectivos y de exclusión dirigidos a un “otro” a causa de su religión, su origen étnico, su sexo o su orientación sexual.

Por una democracia parlamentaria y una cultura pluralista de debate, contra el populismo

La toma de decisiones políticas en las democracias pluralistas tiene lugar en debates públicos que expresan la diversidad de opiniones políticas e intereses sociales. Por contra, la idea de que existen personas capaces de detectar y determinar una supuesta voluntad “única” de un pueblo no deja de ser una ficción que sirve principalmente al propósito de convertirse en invulnerable cuando se trata de exponerse al debate público. En la República de Weimar, la idea de “voluntad popular” allanó el camino para un movimiento cuyo “líder” se entendía a sí mismo como personificación del mismo.

Por una Europa unida, contra el unilateralismo nacionalista

En consideración de los muchos conflictos violentos que ha vivido Europa a lo largo de su historia, la unificación europea en nombre de la democracia pluralista y de los derechos humanos inviolables es uno de los logros más importantes del siglo XX. Y aunque la legitimidad de los diferentes intereses nacionales está fuera de toda duda, el unilateralismo nacionalista pone en peligro ese logro histórico. No bastan las estrategias nacionales de resolución de problemas para abordar adecuadamente los desafíos políticos, humanitarios, ambientales y económicos de un presente globalizado. Al mismo tiempo, no se ha de olvidar la violencia colonial que los europeos han ejercido en otras partes del mundo, la cual nos recuerda nuestro deber de cumplir con la responsabilidad común respecto a las consecuencias de nuestra política en países no europeos.

Por la humanidad y la ley, contra la discriminación de los migrantes

La migración es una constante histórica. A pesar de los problemas asociados, ha enriquecido a las sociedades participantes en su conjunto, también a la alemana. Por lo tanto, es importante trabajar hacia una política activa de migración e integración basada en el pragmatismo que respete tanto los derechos humanos como el derecho internacional. A Alemania le corresponde aplicar, tanto por su potencial económico como por razones históricas, el derecho de asilo político garantizado en la Constitución, del mismo modo que es su obligación brindar asistencia en situaciones de crisis humanitarias.

Por un examen crítico del pasado, en contra de la perversión política de la Historia

La República Federal de Alemania es hoy una democracia estable. A ello ha contribuido también el hecho de que, tras resistencias iniciales considerables, la población alemana contempla hoy en su gran mayoría de manera autocrítica y diferenciada la historia del nacionalsocialismo. De este proceso también participó esta nuestra disciplina de la Historia, si bien con retraso. En todo caso, todo manejo responsable del pasado ha de partir de una ciencia histórica dispuesta a la autocrítica, libre en esencia de cualquier manipulación política. Sus hallazgos y conclusiones nacen de la investigación sobre fuentes y han de resistir el debate crítico. Solo así se hace posible preservar la consciencia de cuáles han sido las condiciones históricas que han hecho posible nuestra democracia y defender a esta frente a “hechos alternativos”.

El texto original de la resolución puede en alemán aquí y en inglés aquí.

Las reacciones a la resolución publicadas en los medios de comunicación pueden seguirse aquí (Sophie Genske, Materialsammlung . Reaktionen in Presse und Rundfunk auf die Resolution des VHD 2018, in: Zeitgeschichte-online, Oktober 2018, URL: https://zeitgeschichte-online.de/editorial/materialsammlung)

Referencia del texto de la resolución: Annette Schuhmann (Hg.), Resolution des Verbandes der Historiker und Historikerinnen Deutschlands zu gegenwärtigen Gefährdungen der Demokratie , in: Zeitgeschichte-online, Oktober 2018, URL:https://zeitgeschichte-online.de/editorial/resolution-des-verbandes-der-historiker-und-historikerinnen-deutschlands-zu-gegenwaertigen

 

 

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De estadistas y aves migratorias, o ¿qué es la historia de las relaciones internacionales?

“Dos cubiertas, dos imágenes. La primera muestra al presidente de la República Francesa Charles de Gaulle conversando con el canciller alemán Konrad Adenauer. Ambos hombres, vestidos con traje oscuro, caminan sobre un trasfondo difuminado que, aparte de una escultura de corte clásico, permite imaginar a lo lejos un bosque o un estanque. De Gaulle parece explicar, con actitud tribunicia que subraya su mano derecha abierta y semialzada, algo que Adenauer escucha atentamente mirándole a los ojos. Entre ellos, pero en un segundo plano, vemos a Hermann Kusterer, jefe del servicio de intérpretes del ministerio alemán de Asuntos Exteriores y traductor habitual de los encuentros franco-alemanes en la cumbre por aquellos años. La escena tiene lugar en el Palacio de Rambouillet en septiembre de 1963 y es el último encuentro oficial entre dos ancianos estadistas que han forjado decisivamente el destino de Europa en el siglo XX.

En la segunda cubierta podemos ver dos haces de cables telegráficos o de electricidad que se recortan contra el cielo; sobre los cables, posados como notas en un pentagrama, docenas de pájaros, “aves migratorias que, de un vuelo, dejan detrás los espacios limitados de la estatalidad moderna” y que siguen en sus desplazamientos rutas bien definidas, “aun cuando estas pudieran no ser evidentes para un observador que los sigue desde el suelo” (p. 8)

Sería tentador partir de ambas imágenes como metáforas visuales los dos polos entre los que transita la historia de las relaciones internacionales/historia internacional hoy en día. De un lado, el viejo mundo de la diplomacia, de las decisiones de los estadistas, la fijación con el marco estatal, los actores individuales y el poder como categoría central de la vida internacional; de otro, el nuevo mundo de lo trasnacional y lo trasfronterizo, el protagonismo de los actores y fuerzas colectivos, el interés por las redes e interconexiones en múltiples niveles, por la cooperación y el intercambio bajo el signo de la globalización.

Esta visión dual, a pesar de su claridad aparente, resultaría simplificadora. En las últimas décadas, la historia de las relaciones internacionales de raíz diplomatista se ha abierto y enriquecido en diálogo con otras especialidades y corrientes históricas hasta llegar a abarcar temáticas tradicionalmente propias de la historia social y cultural con enfoques cada vez más diversos y sofisticados. Paralelamente, todas las subespecialidades históricas se han ido abriendo en mayor o menor medida a enfoques trasnacionales e internacionalistas, demostrando que la integración de fuentes, metodologías y conceptos que superan el marco de lo local, regional y nacional no es privativa de los especialistas en la diplomacia y la política internacional.

La publicación en 2012 de dos volúmenes colectivos que tratan de realizar un balance de situación, a la vez que proponer perspectivas de futuro, para la historia de las relaciones/historia internacional en el ámbito historiográfico francés y alemán respectivamente, ofrece una buena ocasión para observar este doble movimiento. ¿Cómo se concibe hoy en día esta especialidad historiográfica, cuáles son los debates teórico-metodológicos que ocupan a sus practicantes, y cuáles son los temas y enfoques que los expertos proponen como agenda de investigación para el futuro inmediato?

(…)

Lo que antecede es el comienzo de mi texto “Sobre la historia internacional y la historia de las relaciones internacionales: dos visiones recientes”, publicado en Cuadernos de Historia Contemporánea, nº 36 (2014), pp. 355-371. Puede leerse completo en este enlace: http://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/47082/44149

En él se reseño y analizo comparativamente dos obras:

Robert FRANK (dir.): Pour l’histoire des relations internationales. París, Presses Universitaires de France, 2012 (Colección “Le noeud gordien”). 756 p.

Jost DÜLFFER y Wilfried LOTH (eds.): Dimensionen internationaler Geschichte. Múnich, Oldenbourg Verlag, 2012 (Colección “Studien zur Internationalen Geschichte, vol. 30). 432 p.

 

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Retos para un Mundo global, por Mª Jesús Cava Mesa

Hay clausuras y clausuras. Pocos congresos, seminarios, jornadas y encuentros académicos se sustraen a la costumbre de cerrar formalmente sus trabajos con unas palabras conclusivas. En el mejor de los casos, los organizadores suelen hacer resumen y balance de lo debatido en las sesiones anteriores, y proponen desarrollos futuros. En su peor versión , se solventa el acto con unas palabras de compromiso en las que ni la mesa ni los oyentes tienen mayor interés, porque todos están pensando ya en hacer un poco de turismo por la ciudad, en el viaje a casa, o en el intercambio de tarjetas, e-mails y contactos inherente a cualquier cita de este tipo.

El pasado 17 de septiembre en Bilbao fue diferente. Se cerraban las V Jornadas de la Comisión de Historia de las Relaciones Internacionales (CEHRI) que había acogido desde la víspera la Universidad de Deusto (con muy cálida hospitalidad, por cierto) y la profesora María Jesús Cava Mesa, historiadora, investigadora y docente del Departamento de Humanidades de esta universidad realizó una de las intervenciones finales con más sentido de las que he escuchado nunca en un congreso. Fue un auténtico tour de force que recapituló, contextualizó y resaltó la coherencia y el valor de cuanto se había dicho y hecho en día y medio de intenso trabajo, con una mirada a la vez informativa y reflexiva, elegantemente atenta al detalle y al matiz.

El texto de la profesora Cava Mesa se publicará en un próximo número de Cuadernos de la CEHRI, pero su autora ha tenido la amabilidad de atender a mi ruego de proporcionar una versión extractada que sirva como crónica de las Jornadas para los lectores de este blog. Lo que sigue es, pues, ese extracto, que agradezco profundamente a la Dra. Cava Mesa.

CONCLUSIONES

“Retos para un Mundo global”.                      

V JORNADAS CEHRI, Deusto 16-17 de Octubre 2014

Dra. María Jesús Cava Mesa

Vicepresidenta CEHRI

“En 1999, conmemorando los 10 años de la caída del Muro de Berlín (1989), gran parte de los historiadores afirmaban que una nueva ola de democracia estaba impactando y modificando en general las políticas mundiales. Pese a las discrepancias existentes entre historiadores y politólogos (Hobsbawm, Hallyday, Fukuyama, Nye, Huntington, Keohane, entre varios) cuando valoraron esos cambios, se evidenciaba una nueva transformación del concepto mismo de revolución. Esto era perceptible entre una ciudadanía bien informada, esencialmente.

En 2014, somos conscientes del impacto de procesos que solamente apuntaban al inicio del milenio. Entre otras cosas,  la manifiesta rotundidad de las relaciones basadas en la conciencia de compartir una esfera social común. De pertenencia a un mundo global.

En el leit motiv de las V Jornadas CEHRI: “Retos para un mundo global”, y su imagen: las dos manos entrelazadas sobre un globo terráqueo, con un telón de fondo icónico plagado de crisis bélicas, firmas oficiales, procesos políticos, grupos de poder y personajes cruciales subrayan, sin embargo, una actitud que alimenta la confianza en un futuro. Un devenir que asiente otras vías para el convulso momento al que hemos llegado; incluso para el ritual negociador internacional, y para asumir acuerdos globales guiados por otros patrones que no generen más desconfianza -cuando no desencanto- entre la ciudadanía de esta centuria.

En este encuentro que viene a subrayar la lozanía y dinamismo de nuestra Asociación CEHRI, hemos atendido temas de relevancia global. Hubo oportunidad de escuchar a expertos en la investigación y docencia que la disciplina dispone actualmente en diferentes claustros universitarios: Madrid, Barcelona, Sevilla, Valladolid, Bilbao, Pamplona, Granada…

Consideramos asimismo estos desafíos, a través del desembalaje inteligente de un contexto socio-político en el que se asientan los nuevos retos para las relaciones internacionales del siglo XXI. Incuestionablemente, son muchas las interrogantes y habremos de ser modestos en la comprensión de los numerosos aspectos que fueron debatidos durante este encuentro, -por otra parte- empeñado en sugerir alternativas de trabajo para la disciplina. Durante la presentación de las Jornadas, recordé que el texto editado por John Baylis, manual muy divulgado en universidades anglosajonas, sostiene que el mundo se está convirtiendo en algo más y más homogéneo. Es fácil observar que existen tendencias hacia la uniformización de hábitos. Sin embargo, culturalmente, las diferencias subsisten, como es evidente. Y en algunos casos, se agigantan y exageran. Comparto, no obstante, la idea de que seguimos los dictados del “think globally and act locally”. Es decir, la globalización genera resultados desiguales, por lo que no cabe sobrestimar el impacto de la globalización en todas partes, por igual. Esa imagen no es real.

A lo largo de estos dos intensas sesiones de trabajo transitamos, por tanto, a través de temática diversa que, desde las primeras reflexiones de Juan Pablo Fusi, hasta el interesante panel al que asistimos durante la última jornada, permitieron que nos sintiésemos orgullosos por las sugerentes intervenciones de todos los ponentes, por la calidad de las propuestas y de las preguntas formuladas, por las incertidumbres expuestas al calor de la conciencia de pertenencia -más que a una profesión- a una sociedad que afronta lo internacional con esperanza, pero también con preocupación. Hemos detectado también retos profesionales cuya resolución confiamos en poder gestionar.

Juan Pablo Fusi con su ponencia El siglo XX: una perspectiva desde el presente, nos retrotrajo al ingenio del historiador que plantea -con la revisión de procesos de impacto habidos en el siglo XX- la visión sistémica, siempre difícil de conducir, pero en la que erudición y humor se hicieron presentes a partes iguales, planteando de manera magistral impactantes conclusiones.

De la teoría del “accidente de Taylor” (al evocar la Primera Guerra Mundial), a su diagnosis sobre la herencia del siglo XX respecto de “inseguridad, laicismo y estupefaciente desarrollo científico tecnológico” nos llevó, luego, hasta las contradicciones de la Modernidad. Los grandes errores del siglo XX se delimitaron en esa primera ponencia con contundencia, para dejarnos alertas ante lo que J.P. Fusi calificó de “gran vacío moral del hombre contemporáneo”.

Hemos comprobado, también, cómo el trabajo en equipo es posible entre historiadores.

Juan Carlos Pereira (presidente de la CEHRI), Itziar Alkorta (viceconsejera de Universidades e Investigación del Gobierno vasco), José Antonio Rodríguez (decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, U. de Deusto) y Mª Jesús Cava Mesa (vicepresidenta de la CEHRI)

Juan Carlos Pereira, Antonio Moreno y Carlos Sanz ofrecieron una muestra elocuente de la metodología aplicada a su muy relevante esfuerzo por desentrañar “el factor internacional como condicionante de la Transición Española 1976-1986”. Proyecto de investigación de innegable interés. “El análisis completo -cita literal- sobre la gran importancia de la dimensión internacional” se filtró durante aquella exposición, precisa, revisionista y con propuestas verdaderamente sugerentes. Como Juan Carlos Pereira expuso con detalle, la panorámica de una historiografía bastante convencional interpretaba la transición desde claves políticas domésticas. Pero ¿qué sucedía con el factor internacional? Las respuestas a la pregunta se materializaron en un análisis completo sobre la gran importancia de la dimensión internacional del caso español. Esta investigación en equipo pone en valor, además, fuentes orales diversas, dando relieve a la voz de protagonistas del proceso (32 entrevistas realizadas) que no habían sido suficientemente valorados. Temas tales como la búsqueda de la legitimidad internacional para la democratización española y la normalización exterior se visibilizaron con un inventario de cosecha propia, que resultó francamente inspirador. La pregunta formulada por Antonio Moreno: “¿Cómo mejorar la calidad de una democracia estable?” fue también una pregunta inquietante que no nos dejó indiferentes.

José Luis Sánchez Noriega y su ponencia nos condujo hasta las nuevas herramientas docentes, en plena cultura audiovisual normalizada, para convencernos cabalmente -más allá de academicismos baladíes- de que el cine proporciona procesos emocionales que permiten el compromiso de las personas. El cine, a su parecer, debe aproximarse a los mundos, valores, modos de relacionarse. Algo que puede ser más realista que el mero dato. De acuerdo con sus convicciones, el rigor histórico de un film no siempre es fuente de conocimiento. Y de “La pesadilla de Darwin”, a “La pelota vasca”, Sánchez Noriega hizo un recorrido apasionante e igualmente motivador para el docente, y para el estudiante.

Con la tríada compuesta por Lola Elizalde, Encarnación Lemus y Carlos Sanz nos zambullimos entre legajos, informes, cables, telegramas, imágenes y procesos digitales que son la mística de la investigación. Tanto en archivos tradicionales, como en los digitalizados, los tres investigadores contribuyeron con su muestra a diseñar un viaje plagado de hallazgos. De Filipinas, a Washington y a Coimbra, las propuestas fueron significativas del modus operandi del historiador que valora y reclama la disponibilidad de fuentes primarias.  El documento impregnado en vinagre, ejemplo citado por Carlos Sanz como metáfora del imperativo del trabajo en archivos, al igual que los fondos documentales disponibles online, dieron paso a toda una discusión repleta de experiencias, sinsabores y reivindicaciones, ante los varios déficits que padecemos en los archivos españoles, ahora y siempre.

Uno, el ir a remolque de la innovación tecnológica; otro y trascendental por sus efectos inmediatos: el bloqueo actual de los fondos de Ministerio de Asuntos Exteriores tras la decisión del cierre del archivo.

Pilar Folguera volvió a situarnos ante desafíos político-sociales, repasó objetos de análisis y esbozó con elegante osadía las inevitables críticas a la Ciencia Política, por su actitud hacia la Historia. Glosó, asimismo, esa saludable evolución de la Historia Diplómatica y la de las Relaciones Internacionales, ya conseguida, enumerando diferentes opciones epistemológicas. Los historiadores todavía peleamos por “hacernos un hueco en las Relaciones Internacionales” dijo. Y citando autores de referencia obligada, expresó una frase que hago mía: “el historiador es un saludable antídoto contra los entusiastas científico-sociales”. Nos lanzó incluso otro reto que afrontar: la construcción de ese puente imprescindible entre la Historia y las Relaciones Internacionales, en la docencia.

Tras su detallada descripción de tres estadios en la evolución de la disciplina “Realaciones Internacionales”,  y refiriéndose a la segunda etapa, iniciada con la Democracia en España, la panorámica diseñada por Rafael Calduch me permite destacar el ying y el yang del ámbito académico derivado de “Bolonia”, y un quasi  eslogan: “Sólo se pueden crear sinergias, si en tu propia disciplina eres capaz de crear un nuevo conocimiento científico”. Por eso mismo, el recuerdo, a modo de homenaje hacia el maestro Truyol fue oportuno y crucial. En un país de envidias congénitas -sin excepción en lo académico- fue un gesto que le honró.

Por su parte, la intervención de José Ángel Achón centró sus referencias sobre el marco de política institucional dentro del cual fructificó en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Deusto, la creación del grado en Relaciones Internacionales y del doble grado (Relaciones Internacionales + Derecho).  Gracias a su intervención conocimos las características del proceso de toma de decisiones habido, en tanto las realidades de una institución privada (a diferencia de las universidades públicas) se ha visto atada con demasiada frecuencia a responder interrogantes tales como: ¿Qué podemos ofrecer? Este nuevo proyecto docente de la UD puso sobre la mesa la difícil dicotomía que significaría la implantación de un grado centrado en las Relaciones Internacionales, en sintonía con las líneas identitarias de esta universidad regentada por la Compañía de Jesús, convencida de propiciar un conocimiento que huya o combata lo superficial, según palabras del entonces Padre General Adolfo Nicolás. En suma, para el fomento de un humanismo preparado para el siglo XXI.

Finalmente, la última sesión de estas Jornadas contó con las no menos interesantes aportaciones de los profesores Adela Alija, José Manuel Sáenz Rotko, Francisco Veiga y José Luis Neila. Estos cuatro destacados ponentes, vinculados a universidades públicas y privadas, escenificaron una puesta en común diversa y apasionante, al encarar el tema  “Otros retos de la disciplina a través de nuevas propuestas”.

Aquel eslogan atribuido al Claustro de la Universidad de Cervera en tiempos de Fernando VII: “Lejos de nosotros la funesta manía de pensar” no ha sido precisamente el leit motiv de estas V Jornadas CEHRI. La demostración estuvo cuando se decidió incorporar al Programa esta última mesa dedicada a nuevas propuestas docentes.

Sáenz Rotko formuló la pregunta del millón para muchos profesores: “¿A qué nos enfrentamos al enseñar a alumnos desde el primer curso?”. La experiencia de universidades públicas tan prestigiosas como las de Madrid o Barcelona, aquí representadas, como de las universidades privadas (Comillas, Deusto, Nebrija, etc.) han dado color a ese caleidoscopio que es la enseñanza universitaria en el contexto realista del modelo educativo vigente. “Entrar en la Historia” es otro buen eslogan como aquí se expuso, pero sobre todo, es una actitud. Debemos volver a aprender a leer y a escribir, como también se defendió por los profesores presentes, al evaluar con sentido realista la cotidianeidad dentro del aula universitaria. La Historia vista de cerca junto con la reivindicación de la persona, fueron variables a tener en cuenta por los docentes universitarios de esta área de conocimiento.

Hemos sostenido la necesidad de la recuperación de lo biográfico de manera intimista. De “Hitler en el confesionario” (metáfora de un formato didáctico expuesto por el profesor Sáenz Rotko), a la experiencia entendida por Adela Alija como “vocacional y convencida de la necesidad de explicar el Mundo”, todos los participantes en el debate mostraron su acuerdo para establecer diferentes perspectivas en pro de la coherencia compresiva de esta materia.

Francisco Veiga fue desgranando durante esta sesión diversos problemas con mordaz lucidez; ofreciendo “pinceladas de las soluciones” a impulsar, exhibiendo cierto escepticismo comprensible al abordar las salidas aplicables a los problemas más comunes y habituales. Señaló también déficits varios: de manuales en castellano, sobre el calificado “colonialismo anglosajón” en este ámbito, sobre deficiencias formativas en los planes de la educación Secundaria (como el desconocimiento de una geografía básica); errores relativos a imprecisiones narrativas, etc… porque estar en la corriente -en el mainstream- como él dijo, es complicado. Sus dudas sobre las herramientas avanzadas resultaron sugestivas tal como se expusieron en la presentación. Pero sobre todo, lo fue su reivindicación relativa a una mayor presencia de la historia del mundo extra-europeo en los planes de estudio; y cuando desmitificó algunas conclusiones que se dan por sabidas (como el final de la Segunda Guerra Mundial, en relación al caso japonés). Reclamó, finalmente, un revisionismo necesario sobre temática que demuestre cómo en Historia no hay verdades blindadas.

Fue igualmente sugerente el repertorio de nuevos problemas identificados respecto de la incorporación en el análisis de los nuevos actores internacionales como los mint (México, Nigeria, etc.); sobre los alternativos de los alternativos, sobre los nuevos lobbies, sobre la ofensiva contra las simplificaciones narrativas, etc.

José Luis Neila y la cultura gráfica supusieron un broche ingenioso que nos remitió a la cultura popular, en toda la extensión de la palabra. Un modelo de gestionar con originalidad la didáctica de aspectos seleccionados en la Historia de las Relaciones Internacionales, sobre los que la metodología permite estrategias originales. De su mano caminamos, mediante el recurso inteligente de la ironía, hasta una muestra llena de emociones visuales y reflexivas. Con su cita respecto de “la flota submarina española desde el 98” nos animó a ponderar, más tarde, proyectos de innovación docente. El objetivo de este tipo de técnicas de trabajo con fuentes gráficas, muy útiles para comprender el intrincado escenario de las Relaciones Internacionales; confirmó, en suma, la utilidad de la innovación didáctica bien diseñada. Registro habitual en “Telépolis”, explicitado en un caso práctico que fue descrito puntualmente como dispuesto a indagar en la cultura del poder y en otros asuntos fundamentales (“utopías y distopías”, etc.). Y una vez más, con la intervención del profesor Neila se pasó revista a la cohabitación del Estado y del individuo.

El mensaje final del debate, tras evaluar pros y contras, permite constatar con humildad que no sabemos si tenemos la casa muy bien ordenada, pero al menos, hemos tratado de desentrañar errores y de configurar itinerarios racionales, correctivos incluso, para bien de la disciplina. En la diplomacia pública, en la herramienta soft power, convergen varios elementos de comunicación política, marketing y gestión de la información.  Nosotros mismos, durante estas V Jornadas CEHRI, hemos sido actores privados de esa herramienta y podemos sentirnos satisfechos.

En lo personal, quisiera devolver la misma gratitud reiterada por mis compañeros y amigos, al haber sido anfitriona en mi “alma mater”, propiciando este encuentro académico. Un encuentro que ha resultado tan interesante como fructífero, y en el que la CEHRI vuelve a confirmar los objetivos para los cuales fue creada.

Dije en la apertura de estas quintas Jornadas, como repiten incontables voces, que hay que pensar en común. Pero la casa común de Ortega y Gasset anda bastante revuelta. Y la pregunta de qué compartimos, a la vista de lo debatido en estos dos días, en mi opinión, reúne las aristas de un problema poliédrico de lo global. Por eso, este escenario de desconfianzas y de retos diversos me interesa tanto. Tanto como el dato de la tasa de crecimiento potencial de la economía de un país, la crisis de valores, y la incertidumbre institucional.

Y he de añadir que, como devota de la Historia de las Relaciones Internacionales, debiéramos seguir dicotomizando muchos otros aspectos, cuya fenomenología obliga a mirar en profundidad, evitando incurrir en lecturas superficiales; esas a las que los media generalmente nos tienen tan acostumbrados.

Yo apelaba a la modestia, al inicio de estas V Jornadas, pero aunque nos equivoquemos, pido a la ciudadanía que nos lea más. Que lean a los historiadores. Y finalmente, me permito recordar que no hay en la ciencia lecturas unidireccionales. Todo está interconectado y evoluciona según variables nuevas e ingredientes transformados o transformadores que reviven con otro formato intelectual.

Víctor Hugo escribió: “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”.

Esta es nuestra oportunidad, sin duda. La nuestra y la de quienes deben construir futuro.”

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Retos para un tiempo global

Bajo este título, la Comisión Española de Historia de las Relaciones Internacionales (CEHRI) y la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Deusto (Bilbao) organizan un encuentro científico para el 16 y 17 de Octubre del presente 2014. El programa y condiciones de participación son los siguientes:

 

V JORNADAS CEHRI, Bilbao  Octubre 2014

RETOS PARA UN TIEMPO GLOBAL

 

JUEVES 16 DE OCTUBRE

8:30: Entrega de Documentación e inscripciones

9:00 Sesión inaugural. Palabras de bienvenida. José Antonio Rodríguez Ranz. Decano dela Facultad de Ciencias Sociales y Humanas.

9:15  Presentación de las Jornadas. Juan Carlos Pereira. Universidad Complutense. Presidente dela CEHRI y María Jesús Cava, Universidad de Deusto-Vicepresidenta dela CEHRI

9:30  Conferencia inaugural.  Profesor Juan Pablo  Fusi, Universidad Complutense, El siglo XX: una perspectiva desde el presente”

Debate

 11:30 h.   Panel 1: La  Historia de las relaciones internacionales: nuevas perspectivas

1. El Factor internacional y la transición española: Fuentes y metodología. Grupo de Investigación de Historia de las Relaciones Internacionales (GHISTRI)

Debate

2. El cine y las relaciones internacionales . Profesor José Luis Sánchez Noriega , Universidad Complutense

Debate

 

SESION DE TARDE

16:00 Panel 2: Estudios Internacionales e Investigación

1. Archivos e investigación: Un análisis comparado. Profesor Carlos Sanz, Universidad Complutense; Profesora Encarnación Lemus,  Universidad de Huelva; Profesora María Dolores Elizalde (CSIC- Comité Inter. Historia de las Relaciones Internacionales)

Debate

2. Los estudios internacionales en España. Profesora Pilar Folguera, Universidad Autónoma de Madrid; Profesor José Ángel Achón, Universidad de Deusto; Profesor Rafael Calduch, Universidad Complutense

Debate

Fin de la Primera Jornada

 

VIERNES 17 DE OCTUBRE

10:00. Panel 3: La Historia de las Relaciones Internacionales como disciplina académica

1. Los retos de la enseñanza de la historia de las relaciones internacionales: nuevas propuestas. Profesor José Luis Neila, Universidad Autónoma de Madrid; Profesora Adela Alija, Universidad Antonio Nebrija;  Profesor José Manuel Saénz Rotko, Universidad de Comillas ; Profesor Francisco Veiga, Universidad Autónoma de Barcelona

Debate

Descanso

13:30.  Conclusiones finales y Clausura. Profesora María Jesús Cava. (Universidad de Deusto-CEHRI) y Profesor Juan Carlos Pereira (UCM-CEHRI)

Entrega de diplomas.

Copa de despedida

 

INSCRIPCIÓN

 - LA INSCRIPCIÓN A LAS JORNADAS ES GRATUITA, TANTO PARA LOS SOCIOS DE LA CEHRI COMO PARA EL RESTO DE LOS ASISTENTES.

- TODOS AQUELLOS INTERESADOS EN PARTICIPAR, DEBEN ENVIAR ANTES DEL 10 DE OCTUBRE DE 2014 EL BOLETÍN DE INSCRIPCIÓN ADJUNTO A LA DIRECCIÓN SIGUIENTE:

A LA ATENCIÓN DE María Jesús Cava, DECANATO DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS. UNIVERSIDAD DE DEUSTO, APARTADO 1, 48080, BILBAO o Correo electrónico: mjcava.mesa@deusto.es

- AQUELLOS INTERESADOS EN INFORMACIÓN SOBRE ALOJAMIENTOS PUEDEN DIRIGIRSE A la Srta. Marian Castellanos (Universidad de Deusto). Correo electrónico: mcastellanos@deusto.es

- A TODAS LAS PERSONAS QUE SE INSCRIBAN EN LAS JORNADAS, SE LES ENTREGARÁ UN DIPLOMA DE ASISTENCIA

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Saber de dónde venimos

La opacidad de los archivos y el desprecio por la historia lleva a posiciones irrelevantes

En 1926, el historiador y archivero del Ministerio de Estado Jerónimo Bécker, escribió: “Como no conocemos la historia de nuestras relaciones internacionales, como ignoramos cuál ha sido nuestra verdadera labor en esa esfera, como no sabemos los antecedentes de las cuestiones que surgen a nuestro paso, tenemos que improvisar soluciones a los problemas que se nos plantean y la consecuencia de esto es que con frecuencia se infiere grave daño a los intereses nacionales”. Han pasado 88 años y parece que no ha servido para nada el testimonio de nuestro mejor historiador diplomático, excelente conocedor de los ricos fondos del archivo del actual Ministerio de Asuntos Exteriores y autor de estudios fundamentales sobre la historia de la política exterior española.

Estamos en el año 2014 y tres ejemplos nos pueden valer para entender que nuestros dirigentes, y especialmente nuestros ministros de Asuntos Exteriores, desconocen la importancia de la Historia a la hora de tomar decisiones que afectan a los fines y objetivos exteriores. En octubre de 2010 el ministro Moratinos consiguió que se aprobara en el Consejo de Ministros un Acuerdo secreto que clasificó como materias reservadas o secretas un amplísimo catálogo de temas, que iban desde la preparación de viajes oficiales hasta las negociaciones con organizaciones internacionales, sin fecha ni limitación alguna.

En diciembre de 2011, el actual ministro de Defensa decidió cerrar a los investigadores la consulta de 10.000 documentos perfectamente catalogados que abarcaban un periodo comprendido entre 1936 y 1968. Por último, en el verano de 2012 el actual ministro de Exteriores, García-Margallo, cerró para siempre el archivo histórico de su ministerio, en el que tanto trabajó Jerónimo Bécker.

Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania, Holanda y otros países disponen de archivos públicos y abiertos

¿Qué es lo que ocurre en España? ¿Qué nos diferencia de nuestros países vecinos? Lo más llamativo es que países democráticos, con una larga historia, que valoran con orgullo su pasado como potencias, cuidan, protegen y hacen públicos sus documentos históricos de carácter internacional. Ya sea para justificar decisiones, dar a conocer periodos “oscuros” (los militares argentinos acaban de publicar en la Red todas las actas de la Junta argentina entre 1976 y 1983) o por exigencia de la ciudadanía en virtud de principios como la transparencia, la libertad y la defensa del interés individual.

Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania, Holanda y otros países disponen de archivos públicos y abiertos. Tienen colecciones de documentos diplomáticos elaboradas por diplomáticos, archiveros e historiadores. Organizan exposiciones públicas sobre temas internacionales y muestran sus ricos documentos. Cuentan con historiadores en sus archivos y en los propios ministerios. Qué decir de Estados Unidos, que hasta tiene una Oficina del Historiador en su principal archivo de Estado. Por cierto, gracias a todos estos trabajos (y hasta a Wikileaks) los españoles podemos analizar la política exterior de nuestro país y obtener documentos que nuestro Gobierno nos prohíbe consultar.

Y ¿cuál es el resultado de esta situación para nuestra política exterior? El balance no puede ser más negativo y ahí tenemos los resultados.

Si tuviéramos que caracterizar nuestra política exterior contemporánea podríamos destacar tres rasgos. En primer lugar, la primacía del conflicto interior desde el siglo XIX, el aislamiento franquista y después la concentración de esfuerzos en la construcción del Estado democrático, han hecho que los temas internacionales se hayan relegado siempre a un segundo plano, incluso perteneciendo a la Unión Europea.

Nuestra política exterior es reactiva y no proyectiva. ¿Quién piensa, quién reflexiona sobre nuestros intereses?

En segundo lugar, partidos políticos y fuerzas de diferente signo y en etapas diferentes han asumido este relegamiento de lo internacional, que se transmite a la opinión pública. Para comprobarlo, basta echar un vistazo a los programas de los partidos y a los debates electorales desde 1976, o repasar nuestra lista de presidentes del Gobierno que —con honrosas excepciones— no hablan idiomas y desconocen el entorno internacional, sin que ello les impida presidencializar la política exterior en La Moncloa, relegando a su ministro de Exteriores a un papel de mero ejecutor.

Nuestra política exterior es reactiva y no proyectiva. ¿Quién piensa, quién reflexiona sobre nuestros intereses, sobre perspectivas o tendencias? A diferencia de otros países, no parece que lo haga nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores donde, además, no disponen ya de los documentos históricos que puedan avalar una decisión, aportar argumentos en una negociación, o hacer reivindicaciones. Centros como el Instituto Español de Estudios Estratégicos o el Real Instituto Elcano realizan un gran trabajo, muy atentos a la actualidad, pero, como señalara Carlo Levi, el futuro tiene un corazón antiguo. Esta debería ser la primera lección para quienes dirigen la política exterior de un país que fue potencia mundial y que acumula controversias que se remontan a los siglos XVI y XVII (Ceuta y Melilla), a un tratado de 1714 (Gibraltar), o a políticas coloniales decimonónicas mal cerradas en el siglo XX (Sáhara Occidental).

Para quien no sabe adónde va, escribió Henry Kissinger, todos los caminos llevan a ninguna parte. Pero quien no sabe de dónde viene ni siquiera es capaz de comprender su lugar en el mundo. Sin la profundidad de campo que aporta la visión histórica, la política exterior española está condenada a continuar anclada en los mismos vicios que denunciara Bécker hace casi un siglo.

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Este artículo, firmado por Juan Carlos Pereira, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, y por mí,  fue publicado como Tribuna en la sección de Opinión de El País el 11 de abril de 2014.

URL: http://elpais.com/elpais/2014/04/10/opinion/1397124314_329952.html

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A vueltas con los papeles de Exteriores (II): un debate en el Congreso de los Diputados

La queja de los investigadores por la imposibilidad de consultar la documentación histórica diplomática y determinados expedientes históricos militares se ha debatido el martes 18 de febrero de 2014 en el Congreso de los Diputados.

Una Proposición No de Ley que recogía esta queja y que fue presentada por el grupo de Izquierda Unida-La Izquierda Plural en julio de 2013 se discutió en la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara baja, donde consiguió el apoyo de todos los demás grupos ( PSOE, PNV, CiU y UPyD) a excepción del PP, que lamentablemente utilizó su mayoría absoluta para rechazar la moción.

A continuación se ofrecen los enlaces a: (UNO) la Proposición No de Ley que se debatió; (DOS) el Orden del Día de la sesión; (TRES) el vídeo del debate  en la web del Congreso de los Diputados (interesa del minuto 1:03:10 al 1:35:00); (CUATRO) reflejo en  la prensa y (CINCO) texto de la PNL.

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UNO.- Proposición No de Ley presentada por el Grupo de La Izquierda Plural obre el acceso a la documentación histórica diplomática y militar (Boletín Oficial del Congreso de los Diputados,  X Legislatura, Serie D, núm. 134, 31 julio 2013, p. 9-11)

http://www.congreso.es/public_oficiales/L10/CONG/BOCG/D/BOCG-10-D-314.PDF

 

DOS.- Orden del día – sesión del 18.02.2014 – Comisión de AAEE del Congreso

(Texto en PDF)

 

TRES.- Sesión en vídeo (enlace a la web del Congreso)

 

Minutaje de la sesión: (1:03:10-1:35:00) – Debate sobre la Proposición No de Ley sobre el acceso a la documentación histórica diplomática y militar presentada por el Grupo de La Izquierda Plural:

1:03:10 - Joan Josep Nuet (La Izquierda Plural)

1:08:40 – Gema Conde Martínez (PP)

1:14:55 – Álex Sáez Jubero (PSOE)

1:20:45 – Aitor Estaban Bravo (Grupo Vasco)

1:23:35 – Irene Lozano Domingo (UPyD)

1:28:28 – Jordi Xuclà i Costa (CiU)

1:34:22 – Joan Josep Nuet

1:35:00 – Fin del debate sobre este punto del O.D.

(…)

3:17:43 – Votación: 15 votos a favor, 23 en contra- PNL rechazada.

 

CUATRO.- Información en la prensa:

El Mundo (18.02.2014): “El PP impide abrir a los investigadores archivos históricos diplomáticos y militares”

http://www.elmundo.es/espana/2014/02/18/5303aba3ca4741e9598b4582.html

 

La Vanguardia (18.02.2014): “Congreso vuelve a rechazar petición acceso a documentos de Guerra y dictadura”

http://www.lavanguardia.com/politica/20140218/54402305056/congreso-vuelve-a-rechazar-peticion-acceso-a-documentos-de-guerra-y-dictadura.html#.UwPviIO2ob8.twitter

 

Eldiario.es (18.02.2014): “El Congreso vuelve a rechazar la petición de acceso a documentos de Guerra y dictadura”

http://www.eldiario.es/politica/Congreso-peticion-documentos-Guerra-dictadura_0_230277549.html

 

CINCO.- Texto de la Proposición No de Ley  debatida:

 

161/001871

A la Mesa del Congreso de los Diputados

Al amparo de lo establecido en el Reglamento de la Cámara, el Grupo parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA: La Izquierda Plural, presenta la siguiente Proposición no de Ley sobre el acceso a la documentación histórica diplomática y militar para su debate en la Comisión de Asuntos Exteriores y Cooperación.

Alrededor de 300 historiadores e investigadores han dirigido una petición al Gobierno y a los grupos parlamentarios del Congreso y el Senado para exigir que se desbloquee de inmediato el acceso a la documentación diplomática española de carácter histórico, actualmente cerrada a la consulta. Solicitan también que se garantice el acceso a los 10.000 documentos militares de los años 1936 a 1968 que el ministro de Defensa, D. Pedro Morenés, ha decidido retener pese a estar listos para su desclasificación desde 2011.

Los investigadores denuncian que desde septiembre de 2011 el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación comenzó a denegar la consulta en su Archivo Central de la documentación diplomática de carácter histórico (la que tiene más de 30 años, por regla general). El MAEC esgrimía para ello un acuerdo del Consejo de Ministros de octubre de 2010, por el que el gobierno clasificó como materia «secreta» y «reservada» prácticamente toda la política exterior del Estado (Acuerdo sobre política de seguridad de la información del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación por el que se clasifican determinadas materias con arreglo a la Ley de Secretos Oficiales, de 15 de octubre de 2010).

Cuando este acuerdo, hasta entonces secreto, fue publicado en la prensa en junio de 2012, el actual ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, D. José Manuel García Margallo, prometió revisarlo, sin que hasta la fecha haya adoptado ninguna decisión.

Los historiadores señalan también su malestar por que la respuesta del Ministerio a sus quejas haya sido el cierre definitivo a la investigación del Archivo de Exteriores y la dispersión de sus fondos entre el Archivo Histórico Nacional y el Archivo General de la Administración, en septiembre de 2012. En ninguno de los dos centros, que cuentan con escasos recursos materiales y humanos, existe fecha alguna prevista para su accesibilidad.

Esta situación constituye una anomalía sin parangón internacional: ningún otro país ha bloqueado el acceso a documentación histórica que data de los siglos XVI al XX, y en ninguna democracia seria se impide a los investigadores, por motivos políticos, la consulta de documentación militar de carácter histórico con informes técnicos plenamente favorables a su desclasificación.

Las consecuencias que se derivan de estas decisiones son múltiples:

— Se están provocando graves problemas en numerosas investigaciones históricas, muchas de ellas financiadas, paradójicamente, con dinero público, y que se han visto paralizadas o abandonadas.

— Se está perjudicando seriamente a la imagen de España en el exterior (denominada «Marca España»), que queda asociada en ámbitos académicos y culturales internacionales a la persecución contra el conocimiento histórico y las trabas a quienes intentan ampliarlo.

— Se está atentando contra los principios de transparencia que se presuponen en la nueva ley, actualmente en trámite, al extender el manto del secreto sobre la historia de la acción exterior del Estado y de su política de defensa.

— Se están denegando derechos ciudadanos básicos como el acceso al patrimonio histórico documental y el derecho a recibir información veraz, al aplicar la Ley de Secretos Oficiales a documentación histórica de contenido no sensible, en lo que constituye una práctica jurídicamente cuestionable, y política y científicamente injustificable.

— Se están incumpliendo por parte del Gobierno español los acuerdos internacionales suscritos en el marco del Consejo de Europa sobre comunicación de archivos y acceso a documentos públicos, como la Recomendación N.° R (2000) 13 del Comité de Ministros del Consejo de Europa sobre una Política Europea en Materia de Comunicación de Archivos, y el Convenio del Consejo de Europa sobre el Acceso a los Documentos Públicos (Tromso, 18 de junio de 2009).

Por todo ello presentamos la siguiente

Proposición no de Ley

«El Congreso de los Diputados insta al Gobierno a:

a) Rectificar su política actual para amoldarla al cumplimiento de la Recomendación N° R (2000) 13 del Comité de Ministros del Consejo de Europa sobre una Política Europea en Materia de Comunicación de Archivos, y el Convenio del Consejo de Europa sobre el Acceso a los Documentos Públicos (Tromso, 18 de junio de 2009).

b) Derogar el Acuerdo sobre política de seguridad de la información del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación por el que se clasifican determinadas materias con arreglo a la Ley de Secretos Oficiales, de 15 de octubre de 2010.

c) Permitir a los investigadores la consulta de los 10.000 documentos del Ministerio de Defensa, de entre los años 1936 y 1968, cuya desclasificación estaba prevista para 2011 y que el actual ministro retiene desde entonces.

d) Adoptar cuantas previsiones sean precisas para garantizar de manera inmediata el acceso de los investigadores a los documentos históricos del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, lo que incluye entre otras las siguientes medidas:

— Dotar al Archivo Histórico Nacional y al Archivo General de la Administración, a los que se está transfiriendo esta documentación, de medios materiales y humanos extraordinarios y dedicados específicamente al tratamiento archivístico de estos fondos.

— Agilizar en ambos archivos al máximo, el cotejo, descripción, catalogación y publicación de dicha documentación.

— Reabrir a la investigación el Archivo Central del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, para la consulta de la documentación todavía conservada en esta institución.

e) Garantizar el acceso de los investigadores a la restante documentación histórica relativa a la política exterior y de defensa, que esté depositada en otros archivos y no tenga carácter sensible.»

Palacio del Congreso de los Diputados, 11 de julio de 2013.—Joan Josep Nuet i Pujals, Diputado.—José Luis Centella Gómez, Portavoz Adjunto del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA: La Izquierda Plural.

 

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Escribir la Historia, arriesgar la piel: Informe Anual 2013 del Network of Concerned Historians

 

El de historiador no es uno de los oficios más peligrosos del mundo, pero en al menos 97 países los historiadores, archiveros y arqueólogos se topan con la censura y la persecución cuando tratan de levantar el velo del pasado.

Es lo que documenta el último Informe Anual (2013) del Network of Concerned Historians (NCH), una organización no gubernamental que “quiere servir de puente entre organizaciones internacionales de derechos humanos que hacen campaña a favor de historiadores  (y otras personas que se ocupan del pasado) censurados o perseguidos, y la comunidad global de historiadores” (www.concernedhistorians.org).

Esta red se interesa por casos como el de la historiadora Büşra Ersanlı, profesora universitaria de la Universidad de Mármara (Estambul) y científica social que ha estado detenida en la cárcel de Silivri, en las afueras de Estambul, de octubre a julio de 2012 por su actividad en la Unión de Comunidades del Kurdistán (Koma Civaken Kurdistan – KCK), y que junto a 200 personas más se enfrenta a un próximo que se prevé dure varios meses.

El caso está siendo observado con gran atención por el Pen Club Internacional y por Scholars at Risk, una red internacional de más de 320 instituciones universitarias en 35 países “dedicada a promover la libertad académica y las libertades fundamentales de pensamiento, opinión, expresión, asociación y desplazamiento”.

Büşra Ersanlı

También se ha ocupado el NCH de controversias en que se cuestionan versiones oficiales de la historia, como ha ocurrido recientemente con el escritor, novelista y ex parlamentario azerí Akram Aylisli. Aylisli (pseudónimo literario de  Akram Najaf oglu Naibov) ha pasado de recibir altos honores del Estado a verse sometido a una campaña de intimidación por la publicación de su novela Daş Yuxular (Sueños de piedra, 2012), un relato sobre el conflicto de Nagorno-Karabaj, enclave de población armenia en Azerbaiyán sacudido por la violencia étnica entre 1988 y 1994.

Por su visión favorable a los armenios (la novela refleja la violencia azerí contra los armenios en las décadas de 1920 y 1990, pero no la violencia armenia contra los azeríes), Aylisli ha sido acusado de “distorsionar los hechos de la historia de Azerbaiyán e insultar los sentimientos del pueblo azerí“. Se le ha privado de la pensión estatal que cobraba y ha sido objeto de amenazas por parte de uno de los partidos de la oposición en el Parlamento.

Akram Aylisli

En total el Informe de 2013 del Network of Concerned Historians hace mención de 97 países: Afganistán, Argelia, Argentina, Azerbaiyán, Bangladesh, Bielorrusia, Bolivia, Bosnia-Herzegovina, Brasil, Burkina Faso, Burundi, Camboya, Camerún, Canadá, Chile, China, Colombia, República Democrática del Congo, Croacia, Chipre, República Checa, Dinamarca, República Dominicana, Ecuador, Egipto, El Salvador, Francia, Alemania, Grecia, Guatemala, Guinea, Haití, Honduras, Hungría,  India, Indonesia, Irán, Iraq, Irlanda, Israel, Costa de Marfil, Japón, Kenia, Corea del Norte, Corea del Sur, Kirguizistán, Líbano, Liberia, Libia, Macedonia, Maldivas, Malí, Islas Marshall, México, Mongolia, Montenegro, Marruecos/Sáhara Occidental, Myanmar (Birmania), Nepal, Países Bajos, Níger, Nigeria, Autoridad Palestina, Panamá, Perú, Filipinas, Rusia, Ruanda, Arabia Saudí, Senegal, Serbia/Kosovo, Eslovaquia, Eslovenia, Somalia, África del Sur, Sudán del Sur, España, Sri Lanka, Sudán, Surinam, Swazilandia, Siria, Tailandia, Timor Este, Togo, Túnez, Turquía, Uganda, Ucrania, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido, Estados Unidos de América, Uruguay, Uzbekistán, Vietnam, Yemen y Zimbabwe.

En lo que toca a España, el informe documenta la absolución al juez Baltasar Garzón de la presunta extralimitación de funciones en la investigación de los crímenes del franquismo, así como las polémicas en torno al peso de la historia de España y de Cataluña en el currículo de las escuelas catalanas y a la “españolización” de los niños catalanes auspiciada por el ministro de Educación J.I. Wert; sin olvidar las menciones a la ex colonia de Sáhara Occidental, que afectan tanto a este país como a Marruecos.

Continuando con el mundo de habla hispana, en relación con Argentina el informe registra la reapertura de numerosos procesos relacionados con violaciones de derechos humanos durante la etapa de la dictadura militar (1976-1983), pero también las investigaciones, basadas en la jurisdicción universal, sobre crímenes cometidos en España durante la guerra civil (1936-1939) y la dictadura (1939-1975).

Muchos otros países reciben mención en relación con procesos judiciales por violaciones de derechos humanos en las últimas décadas, procesos en los que la reconstrucción histórica y la preservación documental juegan un papel fundamental, como ocurre en los casos de Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, Perú, Guatemala (donde el ex presidente de facto en 1982-1983 Efraín Ríos Montt, fue condenado por genocidio y crímenes contra la humanidad en 2013, aunque la condena fue anulada posteriormente) o México, donde además de referirse a violaciones de derechos humanos en las décadas de 1960, 1970 y 1980 el Informe recoge el reciente asesinato, el 2 de julio de 2013, de Samuel Malpica Uribe, historiador, antropólogo social y ex rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

La web de Network of Concerned Historians permite descargarse íntegros todos los informes anuales desde 1995 hasta la actualidad y acceder a las campañas, similares a las de Amnistía Internacional, que la organización ha puesto en marcha en defensa de quienes afrontan riesgos por investigar el pasado.

 

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Raymond Aron y su Paz y guerra entre las naciones, 50 años después

 

En 1962 se publicaba Paz y guerra entre las naciones, la fundamental obra del filósofo, sociólogo e historiador Raymond Aron.  Aunque un tanto olvidado en nuestros días, Aron (1905-1983) fue uno de los grandes intelectuales del siglo XX y un influyente experto en relaciones internacionales. Con motivo del cincuentenario de su obra cumbre sobre esta materia, la revista geopolítica francesa Diploweb.com publica un ensayo en el que el Serge Sur , profesor emérito de la Universidad Panthéon-Assas y secretario general de la Association des internationalistes francesa valora la vigencia del legado aroniano.

Fuente: http://www.lafrusta.net/pro_aron.html

 

Tras contraponer la figura de Raymond Aron con la de su gran contrincante intelectual, Jean-Paul Sartre, Serge Sur explica: ” (…) Es precisamente uno de estos estudios el que aquí nos ocupa, uno de los más conocidos, de los más completos: Paz y guerra entre las naciones, publicado en 1962 y muchas veces reeditado desde entonces, pero que permanece fiel a su génesis. Este libro es la culminación de sus trabajos sobre las relaciones internacionales, [área] de las que fue uno de los introductores en Francia, sin haber llegado por desgracia a hacer consagrar su carácter de disciplina universitaria. No abordaremos más que dos características de este libro, que continúa siendo una obra maestra. Es un testimonio de la profusión de la cultura de Raymond Aron, de su erudición socrática pero también de uno de sus límites, en tanto que menosprecia el derecho internacional. (…)

En este abanico aroniano siempre abierto, las cuestiones internacionales ocupan un lugar importante y tal vez creciente. Paz y guerra entre las naciones es la encrucijada, el estado más acabado y el compás más amplio de su reflexión, -dotado de lo que en su época gustaba de denominarse un análisis espectral. No habría que reprocharle, más de cincuenta años después, que se haya vuelto anacrónico en parte. El mundo bipolar, la oposición ideológica, política y estratégica entre los Estados Unidos y la URSS, las sutilezas y peligros de la disuasión nuclear, todo ello en conjunto se ha esfumado. Tampoco habría que echarle un cara un último error de juicio en su obra póstuma, Les dernières années du siècle, en la que preveía la finlandización de Europa bajo la presión de la URSS.

Desparecido en 1983, no pudo calibrar el grado de descomposición de la URSS ni vivir la caída del muro de Berlín. Pero ¿quién los había anticipado con tal inminencia? Aron permanece por tanto como un pensador de la época de los conflictos del siglo XX, y sobre todo de la Guerra Fría. Los cambios de la última década del siglo sin duda le habrían llevado a retomar su reflexión sobre el nuevo curso de las relaciones internacionales. Marcado por los tormentos de una época conflictiva, deseoso de analizar sus raíces y sus fuentes, se consagró extensamente al estudio de la guerra y de los pensadores de la guerra, de los medios para prepararla y, si fuera posible, para evitar su regreso. Paz y guerra trata bastante más de la guerra que de la paz – pero ciertamente no desde el ángulo de la conducción de los conflictos, sino más bien de su amenaza y de las posturas que generan su anticipación y su prevención. (…)

Parece vano, con todo, clasificar a Aron en las categorías fáciles y artificiales, tales como realismo o idealismo o cualquier otra, en las que la pereza intelectual trata de encerrar a los espíritus libres. Se puede decir simplemente que el poderío (puissance) es para él el factor esencial de las relaciones internacionales, un hilo rojo que él sigue en todos sus aspectos, visibles o no, en diferentes registros, los de las teorías y sistemas, de la sociología, de la historia, de lo que Aron llama en definitiva la praxeología, una suerte de evaluación de la ética de los gobernantes. Los contenidos de lo que constituyen las cuatro partes de su obra, distribuidas en veinticuatro capítulos, no corresponden necesariamente a estos títulos, especialmente en lo que concierne a la sociología y la historia: esta última se limita, en efecto, a la era termonuclear.

En cuanto al poderío, su método de análisis es ejemplar: pasa revista a las diferentes definiciones ofrecidas por distintos autores, con una erudición abrumadora, las critica, propone de paso sus propios criterios pero en definitiva no alcanza conclusión alguna, como si la duda debiera beneficiar siempre a su objeto. No es en absoluto cartesiano, en la medida en que Descartes utiliza la duda para extraer de ella certezas. Tampoco es kantiano porque, historiador y sociólogo más que metafísico, no sitúa al espacio y el tiempo como formas a priori de la percepción, además de que, en otro orden de cosas, no cree en la paz perpetua. Es socrático en la medida en que sus cuestionamientos y análisis pasan a través del prisma de los pensamientos de los demás y de su refutación. Y como Sócrates, filósofo del concepto, no ha formulado concepto alguno. (…)

Las críticas y frustraciones que acaban de expresarse no restan nada a la admiración que guardamos hacia Paz y guerra entre las naciones, esta obra maestra, y hacia su autor. La disputatio intelectual no puede ligarse más que a los objetos que la merecen. La obra sigue siendo por su amplitud, su perspectiva, su calidad, incluso las objeciones que suscita, una fuente de reflexión sin demasiados equivalentes en lengua francesa desde hace más de medio siglo. No es un ensayo, es una cima. ¿Se convertirá, como Tucídides y su Historia de la guerra del Peloponeso, en un tesoro para todos los tiempos, ktêma eis aeiIl est permis d’attendre, il est doux d’espérer.

Serge Sur

Link del artículo: http://www.diploweb.com/R-Aron-Paix-et-guerre-entre-les.html

(c) Copyright Juin 2013-Sur/Diploweb.com

 

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