Posts etiquetados con ‘Ciencia Política’

25 libros para entender los últimos 25 años, en “Política Exterior”

En 1987 salía a la calle el primer número de Política Exterior, una publicación que se proponía ofrecer al lector en español las claves (el cómo y el porqué, según reza su lema) de “lo que estaba pasando en el mundo”. La empresa tuvo la fortuna o el acierto de nacer en un momento de transformaciones fundamentales en la sociedad internacional, y de estar ahí para contarlo todo: la caída del muro de Berlín en 1989 y las transiciones de los regímenes políticos de la Europa Central y Oriental, la reunificación de Alemania en 1990, el fin de la Guerra Fría, la desintegración de la Unión Soviética en 1991 y el intento de formulación de un Nuevo Orden Mundial, todo ello solamente en sus cuatro primeros años de existencia.

Portada del número 150 (2012) de Política Exterior

Exactamente 150 números después, Política Exterior ha dedicado una edición especial al balance del último cuarto de siglo en la escena internacional. En él, Fernando Delage, subdirector de la revista desde 1993 hasta 2005, y colaborador habitual en sus páginas en la actualidad, selecciona y comenta 25 libros fundamentales para comprender este periodo desde el punto de vista de las relaciones internacionales.

La selección contiene clásicos contemporáneos (los nombres de Kennedy, Fukuyama, Huntington o Judt son solo algunos de los más obvios) junto con autores menos conocidos. Arroja un predominio absoluto de especialistas anglosajones, incluye dos españoles (Torreblanca y Pereira), y no olvida a un grande de todos los tiempos, un clásico en el sentido más propio del término (E.H. Carr). Consigue abarcar los grandes temas y procesos que han configurado la etapa histórica más reciente y el mundo actual, como la globalización, el ascenso de China, el declive de Estados Unidos, las guerras de Afganistán e Iraq, etc., aunque más de un lector echará de menos temáticas, problemas o áreas geoestratégicas comparativamente menos presentes en los estudios seleccionados.

La lista completa de libros y el artículo de Fernando Delage pueden consultarse en el siguiente enlace:

http://www.politicaexterior.com/articulo?id=5041

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Los mejores y peores libros de relaciones internacionales: 10+10 propuestas, según FP

Esta semana la revista Foreign Policy ha publicado sendos artículos de Stephen M. Walt y de Daniel W. Drezner titulados “Mi lista de diez mejores libros que todo estudiante de relaciones internacionales debería leer”“Los diez peores libros sobre relaciones internacionales”, respectivamente. Las listas son una de las especialidades de esta publicación mensual: desde “Las fronteras más discutidas del Este de Europa” hasta “Los cinco peores lugares para ser mujer” pasando por “Las guerras de la comida” o “Los 23 peores tiranos“, todos los aspectos de la actualidad internacional son susceptibles de resultar ordenados en los listados de FP. ¿Por qué resultan estos tan atractivos? Tal vez porque, como escribió John Mankiewicz, con la organización suficiente y las listas suficientes creemos que podemos controlar lo incontrolable.

Fuente: Getty Images

Volviendo a las listas de diez mejores y peores libros, Stephen Walt nos advierte de que su “top ten” no abarca necesariamente las obras que incluiría en el programa de una asignatura de relaciones internacionales, sino que recoge libros “que tuvieron una gran influencia en mi forma de pensar, que fue un placer leer, o que son un valor permanente para cualquiera que trate de comprender la política mundial contemporánea”. Incluso tras su aviso de que con sus “diez mejores” no trata más que de “rascar la superficie”, resulta interesante conocer su selección. Hay de todo, desde las memorias del eterno realpolitiker Henry Kissinger hasta clásicos como Waltz, Jervis y Polanyi, pasando por otros autores menos conocidos fuera del ámbito anglosajón.  Sobre todo es revelador conocer las razones que aduce para cada libro, aunque para ello remitimos al artículo original que se puede leer en el portal de internet de FP (indico el título de la versión en español, cuando la hay):

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1. Kenneth Waltz, Man, the State, and War. (El hombre, el estado y la guerra: un análisis teórico. Buenos Aires, Editorial Nova, 1959)
2. Jared Diamond, Guns, Germs and Steel (Armas, gérmenes y acero. Barcelona, DeBolsillo, 2006)
3. Thomas Schelling, Arms and Influence
4. James Scott, Seeing Like a State: How Certain Schemes to Improve the Human Condition Have Failed.
5. David Halberstam, The Best and the Brightest
6. Robert Jervis, Perception and Misperception in International Politics
7. John J. Mearsheimer, The Tragedy of Great Power Politics
8. Ernst Gellner, Nations and Nationalism (Naciones y nacionalismo. Madrid, Alianza Editorial, 1988)
9. Henry A. Kissinger, White House Years & Years of Upheaval (Mis Memorias, Buenos Aires, Atlántida, 1979)
10. Karl Polanyi, The Great Transformation (La gran transformación: los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. México, FCE, 1992)
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Daniel Drezner asume por su parte una tarea arriesgada al proponer sus “diez peores” libros, aunque ya  advierte que no ha pensado en libros realmente tan malos que nadie los lee, ni libros escritos por “los malos” (como Mein Kampf), sino en aquellos que cumplen estos criterios: libros escritos por destacados políticos y decisores internacionales que provocan el sueño; y libros que fueron influyentes en su momento pero que resultaron estar espectacularmente equivocados y provocaron consecuencias negativas. En el apartado de profecías que nunca se cumplieron, las hay sobre potencias predominantes que no llegaron a serlo (Japón), catástrofes demasiado anunciadas (la bomba demográfica) e instituciones que se resisten a periclitar (como la guerra o el Estado nación). En el de libros que inspiraron decisiones erróneas, destacan los que transmitieron lecturas perversas de los conflictos balcánicos (caso del libro de Kaplan) o los que sirvieron de justificación para la guerra de Iraq (como el de Pollack). Al lado de estos, los simplemente aburridos (Christopher, Weinberger) o infatuados (Hard y Negri, según Drezner) resultan casi inocuos. Con estos parámetros, y por orden cronológico, he aquí la selección:
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1. Norman Angell, The Great Illusion
2. E.H. Carr, Nationalism and After
3. Paul Ehrlich, The Population Bomb
4. Shintaro Ishihara, The Japan That Can Say No: Why Japan Will Be First Among Equals
5. Konichi Ohmae, The End of the Nation State (El fin del estado nación: el ascenso de las economías regionales, Santiago de Chile, Andrés Bello, 1997)
6. Robert D. Kaplan, Balkan Ghosts (Fantasmas balcánicos: viaje al origen de los conflictos de Bosnia y Kosovo, Barcelona, Ediciones B, 2005)
7. Caspar Weinberger, Fighting for Peace: Seven Critical Years in the Pentagon
8. Warren Christopher, In the Stream of History: Shaping Foreign Policy for a New Era
9. Michael Hardt y Antonio Negri, Empire (Imperio, Barcelona, Paidós, 2002)
10. Kenneth Pollack, The Threatening Storm: The Case for Invading Iraq

Como es habitual, los comentarios de los lectores resultan también muy sugerentes. De todos modos, Walt ya anuncia una próxima lista, pensada en aquellos “que no tienen tiempo de leer libros”, y que estará dedicada a los diez artículos más recomendables sobre relaciones internacionales.
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Entre tanto, desde este blog intentaremos también promover una lista propia elaborada con las sugerencias de especialistas sobre los mejores libros de Historia de las relaciones internacionales. Prometido queda.
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Historiadores y politólogos ante el estudio de las relaciones internacionales

La reflexión acerca de qué une y qué separa a los historiadores y a los politólogos, específicamente a los especialistas en relaciones internacionales, cuando ambos afrontan su objeto de estudio común -la sociedad internacional-, es desde hace décadas un motivo de apasionados debates entre los representantes de uno y otro campo. La penúltima vuelta de tuerca a la discusión interdisciplinaria nos llega ahora de la mano del catedrático de relaciones internacionales de la Universidad de Columbia Robert Jervis, quien abrió la primera conferencia de la lista H-Diplo sobre relaciones internacionales de los Estados Unidos (Williams College, Massachusetts, 17-18 de abril de 2009) con una intervención titulada “International Politics and Diplomatic History: Fruitful Differences”, ahora accesible en la web de H-Diplo.

Robert Jervis (Columbia University)

Robert Jervis (Columbia University)

Jervis se pregunta si sería exagerado afirmar que las relaciones entre historiadores y politólogos son simbióticas, o incluso que ambos grupos están abocados al matrimonio. “Aunque tenemos diferencias significativas y reñimos a menudo, no solo debemos permanecer juntos por el bien de los niños (es decir, de nuestros estudiantes), sino que a pesar de que a veces no queramos reconocerlo, obtenemos unos de otros una buena dosis de sostenimiento e incluso de placer. Me de la impresión de hay una cierta asimetría en cuanto a inversiones y afectos desde el lado de la ciencia política, desde el momento en que la mayoría de nosotros ve la gran importancia que tiene la historia internacional, mientras que los historiadores sacan menos partido de la ciencia política y a veces tienen la temeridad de dudar del valor de esta disciplina. En mi último año como estudiante de grado en Berkeley participé en un buen curso sobre historia internacional de Europa a cargo del renombrado Raymond Sontag. Por supuesto que disfruté y aprendí mucho con el curso, pero cuando le hablé sobre la posibilidad de recurrir a la historia para mi tesis, aunque me trató con gran amabilidad personal, dejó claro que no veía la necesidad de la ciencia política y que esperaba que yo no viniera a enlodar su campo. Por otro lado, muchos historiadores no solo han tolerado e incluso alentado nuestras intrusiones, sino que han recurrido a nuestras teorías. Con todas nuestras diferencias, compartimos una fascinación por las pautas, idiosincrasias y cambios en las relaciones en las relaciones transfronterizas.

Ambos grupos queremos explicar la historia internacional. Cuando dije esto en la Conferencia de H-Diplo en Williams College la primavera pasada, Randy Schweller objetó que los politólogos buscan desarrollar y verificar teorías más que explicar acontecimientos. No estoy totalmente en desacuerdo, pero replicaría que aunque nos diferenciamos en nuestra postura hacia los hechos y las generalizaciones, los politólogos tratamos de desarrollar teorías que no solamente se rijan por el principio de economía y que se enraícen en la ciencia social general, sino que también arrojen luz (es decir, que expliquen al menos en parte) acontecimientos y pautas en la historia internacional.

Hay importantes diferencias de estilo, estética y enfoque, pero mis breves observaciones apenas pueden hacer justicia a todas ellas. Sin embargo, puede merecer la pena comenzar por un aspecto menor. A muchos de los que venimos de la ciencia política nos parece que los historiadores son unos masoquistas [glutton for punishment] y nos maravillamos de su capacidad lingüística y de su aptitud para sumergirse en enormes cantidades de material y sintetizarlo. Hace años, estaba hablando con mi buen amigo Bob Dallek sobre si iba a tomarse un descanso ahora que había culminado el enorme esfuerzo de producir su biografía en dos volúmenes sobre Lyndon Johnson. Me dijo que al principio lo había planeado, ‘pero acabo de enterarme de que están haciendo accesibles un millón de páginas de material nuevo sobre Kennedy, y simplemente no puedo resistirme’. La reacción de la mayoría de los politólogos sería bastante diferente, pero nos alegramos mucho de que Bob y sus colegas escriban esa clase de libros”.

Jervis pasa a continuación revista a los puntos en que historiadores y politólogos especialistas en relaciones internacionales suelen discrepar de forma más notoria: la actitud ante los hechos y las teorías; la importancia relativa que cada grupo asigna a la cronología, a los puntos de inflexión, a la irreversibilidad y al momento concreto [timing]; el recurso a las generalizaciones y comparaciones; y de forma algo sorprendente, al papel de la moralidad en el trabajo científico de cada uno, en el sentido que él mismo delimita en la siguiente afirmación: “Pienso que los historiadores, por lo general, están más preocupados por, y predispuestos a formular juicios de valor y morales acerca de la conducta de aquellos a quienes estudian, que los politólogos”.

En conclusión, para Jervis “[e]stas diferencias producen entre los politólogos y los historiadores de las relaciones internacionales tensiones que no deberíamos esperar que se resuelvan. De hecho no deberían resolverse, porque la diversidad de perspectivas nos beneficia a todos. No se trata de convertir a los demás a nuestro punto de vista, sino de comprender el de los demás”.

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La intervención revisada de Jervis se publicó el 12 de marzo pasado en la lista H-Diplo (texto completo aquí) y está siendo desde entonces objeto de comentarios y matizaciones por parte de otros especialistas, cuyo hilo puede seguirse en la propia lista (pueden leerse aquí las intervenciones realizadas en el mes de marzo, y aquí las del mes de abril).

Referencia:

International Politics and Diplomatic History: Fruitful Diffences

Author: Robert Jervis, Columbia University

Published by H-Diplo/ISSF on 12 March 2010

http://www.h-net.org/~diplo/ISSF/essays/1-Jervis.html

http://www.h-net.org/~diplo/roundtables/PDF/Williams-Jervis-Keynote.pdf

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