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Con propuestas concretas, los republicanos centran su debate sobre la política exterior

Juan Manuel Fernández Fernández-Cuesta

Grupo de Historia de las Relaciones Internacionales (GHistRI)

Los candidatos republicanos a la presidencia de Estados Unidos han empezado ya a fijar sus posiciones en torno a la seguridad y la política exterior de su país. Hasta ahora se habían limitado a proclamar vagas formulaciones sobre el papel de la potencia americana en el mundo, sin que salieran a relucir diferencias notables entre ellos. Sin embargo, el  pasado día 22, reunidos en Washington por la CNN, entraron a fondo en las cuestiones más polémicas. En el debate ganó puntos el veterano Newt Gingrich, que sobresalió sobre los otros siete aspirantes a la nominación con una propuesta clara en favor de la legalización de buena parte de los inmigrantes.



En concreto, Gringrich, ex presidente de la Cámara de Representantes, dijo, dirigiéndose a los once millones de inmigrantes sin la documentación en regla que viven en Estados Unidos: “Si llevas poco tiempo entre nosotros y careces de vínculos con este país, deberías volverte a casa; pero si estás aquí desde hace 25 años, aquí tienes hijos y nietos, pagas tus impuestos y estás vinculado a tu iglesia, creo que no debes desarraigarte a la fuerza de tu familia y ser expulsado de una patada”. Su propuesta –la más destacada del debate en los comentarios de los medios de comunicación- fue inmediatamente rechazada por los candidatos Mitt Romney, que encabeza las encuestas a la nominación republicana, y Michelle Bachmann. “Abre la puerta a la amnistía; es ilegal”, dijeron.

(Video con el resumen de las propuestas en: http://video.nytimes.com/video/2011/11/23/us/politics/100000001187376/the-caucus-debate-wrap-up.html?gwh=979B9771B1798D487B5F0C4B4A17115D)

Siguiendo las preguntas del moderador, Wolf Blitzer, se abordaron otras cuestiones:

Afganistán: El candidato de Utah y antiguo embajador en China Jon Huntsman, pidió la retirada cuanto antes de la mayoría de las tropas americanas en ese país; Romney se mostró contrario, pues “no es el momento de salir corriendo de allí”.

Pakistán: Bachmann, representante de Minnesota y cabeza del Tea Party, propuso cortar las ayudas a ese país por ser sospechoso de colaborar con el terrorismo. Otros optaron por mantenerla pero con especial supervisión.

Irán: Todos fueron duros contra el régimen iraní. El empresario Herman Cain apoyaría un ataque israelí sobre Irán siempre que estuvieran claros los objetivos finales. Gingrich también lo apoyaría pero sólo como “último recurso” y Romney prefirió la aplicación de “sanciones paralizantes”.

Siria: El gobernador de Tejas, Dick Perry propuso una zona de exclusión aérea sobre el país. Bachmann le calificó de “muy ingenuo”.

Derechos civiles: Huntsman y Ron Paul, representante de Tejas, coincidieron en que la búsqueda de terroristas no puede menoscabar los derechos y las libertades civiles. Ninguno de los restantes se sumó a sus propuestas; al contrario, pidieron un desarrollo en profundidad de la Patriot Act.

Ayudas al Tercer Mundo: Algunos fueron partidarios de reducirlas. Perry, de su “puesta a cero” en esta época de crisis económica. Rick Santorum, ex gobernador de Pennsylvania, las defendió, pues, en su opinión, se han demostrado eficaces en la lucha contra el Sida en África y, además, han ayudado a contener la expansión del islamismo radical.

 

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Los candidatos de la tortura

Juan Manuel Fernández Fernández-Cuesta

Grupo de Investigación en Historia de las Relaciones Internacionales

A estas alturas del siglo XXI los políticos de Estados Unidos todavía discuten si asfixiar a un prisionero, metiendo su cabeza bajo el agua hasta que ceda en su resistencia a declarar, es o no una forma de tortura. Incluso el presidente Obama desde Hawai ha tenido que repetir lo evidente: que sí, que esa técnica, conocida como waterboarding, es ilegal y es tortura. Respondía así a los candidatos republicanos que, en su último debate, en Carolina del Sur, habían declarado que esa modalidad de tortura, practicada asiduamente a los acusados de terrorismo durante el mandato de Bush, era correcta y eficaz. Entre los ocho participantes, sólo dos la rechazaron, Ron Paul y Jon Huntsman. (Véase post anterior).

La defensa de la tortura por parte de los aspirantes del partido Republicano ha desencadenado las críticas de los medios liberales. El New York Times, en su editorial del 14 de noviembre, decía: “Por difícil que sea de creer, los candidatos republicanos parece que han aprendido muy poco de las calamidades morales de la Administración Bush”. (http://www.nytimes.com/2011/11/15/opinion/the-torture-candidates.html?src=recg)

Algunos de sus columnistas se apresuraban a recordar la ilegalidad de la medida propuesta por los republicanos. Andrew Rosenthal escribía: “Se viola los tratados internacionales, la ley estadounidense y el Código de Justicia militar. Quienes lo autorizaron violaron la ley y actuaron de forma inmoral”. Frank Bruni planteaba la siguiente contradicción: “Si de verdad creemos que somos excepcionales, un modelo para el mundo y un ejemplo para la Historia ¿por qué practicar la tortura?”

No todos los republicanos sostienen la misma opinión sobre el tema, aunque es cierto que quienes aspiran a la Casa Blanca muestran pocas diferencias entre sí. Una de las excepciones es John McCain, que se enfrentó a Obama en 2008 y sobrevivió a las cárceles de Hanoi en la guerra de Vietnam. El veterano senador ha querido desmarcarse de sus compañeros de partido, más jóvenes pero mucho más radicales y violentos. Escribió en Twitter al término del debate: “Estoy decepcionado con sus declaraciones. Eso es tortura”.

El editorial del Washington Post formulaba una pregunta a los candidatos partidarios de esa violación de los Derechos Humanos: “¿Qué harían Cain o Bachmann si fuera un soldado americano el que fuera sometido al  waterboarding? (…) Desde la Inquisición española esa técnica está considerada una forma de tortura”. (http://www.washingtonpost.com/opinions/the-problem-with-republican-support-for-waterboarding/2011/11/14/gIQA4pmIMN_story.html

Esta brutal manera de obtener la confesión de un detenido dejó de emplearse en Estados Unidos en 2003, si bien se había realizado innumerables veces sobre sospechosos de terrorismo en los dos años anteriores. El departamento de Justicia de Bush autorizó tal práctica para los interrogatorios de la CIA a presos especialmente peligrosos. En concreto, Khalid Sheikh, acusado de dirigir los ataques del 11-S, fue sometido al waterboarding en 2003 hasta en 183 ocasiones, según se supo años después. Otro dirigente de Al Qaeda, Abu Zubayda, detenido en Pakistán, fue torturado, siguiendo el mismo procedimiento, más de 80 veces en agosto de 2002. (Antecedentes de los procedimientos extrajudiciales empleados por el gobierno norteamericano en la lucha contra el terrorismo, en: http://www.foreignpolicy.com/articles/2009/04/22/the_torture_timeline)

En 2009, varias encuestas preguntaron a los ciudadanos su opinión sobre estas técnicas de interrogatorio. Para la mayoría eran una forma de tortura, pero cerca de la mitad de los encuestados consideraba que, en algunos casos, estaban justificadas. (Resumen de sus resultados en: http://www.washingtonpost.com/blogs/the-fix/post/no-republican-consensus-on-waterboarding/2011/11/14/gIQA1pELLN_blog.html).

 

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Los republicanos norteamericanos se acuerdan de la política exterior

Juan Manuel Fernández Fernández-Cuesta

Grupo de Investigación en Historia de las Relaciones Internacionales

Centrados en la crisis económica, los candidatos republicanos que aspiran a la nominación de su partido para enfrentarse el año que viene al presidente Obama, han empezado a plantearse, por fin, el tema de la política exterior de Estados Unidos. Pero sus aportaciones han sido nulas. Se resumen en más unilateralismo y menos Derechos Humanos, a lo que añaden un eslogan: cualquier republicano en la Casa Blanca lo hará mejor que quien la ocupa ahora.

En su décimo debate del año (las primarias arrancarán el 3 de enero, en Iowa), los ocho políticos conservadores se reunieron en Spartanbourg (Carolina del Sur) el pasado 12 de noviembre, convocados por la cadena CBS. Estaban el ex gobernador de Massachusetts, Mitt Romney, que, de momento, encabeza las preferencias republicanas; Newt Gingrich, presidente de la Cámara de Representantes a finales de los noventa, que ha reaparecido con fuerza; y el declinante Rick Perry, gobernador de Texas. Les acompañaban, entre otros, Herman Cain, enfrentado a una acusación de acoso sexual, y otros candidatos “menores” –al menos, hasta ahora- como Michelle Bachmann, del Tea Party, o Ron Paul, conocido como “el libertario” por su oposición al intervencionismo norteamericano en la escena internacional. (Resumen en: http://www.nytimes.com/2011/11/13/us/politics/up-for-debate-foreign-policy-and-obama.html?pagewanted=1&_r=1&hpw).

Los candidatos republicanos debatieron sobre la política exterior norteamericana el pasado 12 de noviembre

No hubo apenas discrepancias. Todos estuvieron de acuerdo en criticar la política “irresponsable” del presidente Obama y su secretaria de Estado, Clinton. El mundo es un lugar más inseguro con los demócratas, y los ciudadanos norteamericanos tienen hoy más enemigos en el exterior que hace tres años, dijeron.  ¿Medidas concretas? Se resumen en una: aumentar el presupuesto en Defensa para hacer de Estados Unidos, de nuevo, un país fuerte y respetado que defienda su modelo de libertad.

La lucha contra el terrorismo ocupó parte del rosario de exposiciones. La mayoría de los candidatos fueron partidarios del empleo de medidas que vulneran los Derechos Humanos. De los ocho participantes, sólo dos –Paul y el antiguo embajador Jon Hunstman- rechazaron la técnica del waterboarding (sumergir a un detenido en agua para forzar su declaración). A los demás les pareció correcta e incluso “efectiva”, como señaló Bachmann.

La tensión vino por la pregunta de uno de los dos moderadores, el periodista Scott Pelley, dirigida a Romney: “¿cree que un presidente puede dar la orden de matar a un terrorista?”. “Absolutamente”, respondió el candidato, mientras otros participantes asentían. Entonces, Gingrich intervino para decir que justificaba el reciente asesinato del ciudadano norteamericano Anwar al Awlaki, acusado de ser un dirigente de Al Qaeda. “Era un enemigo combatiente, por tanto no tenía derecho a ninguna de nuestras libertades civiles. Además, es correcto matar a quien te quiere matar”.

Hasta ahora, los aspirantes republicanos habían pasado de puntillas por la política exterior de su país. Romney fue el único que se había adentrado ya en este campo. Lo hizo el 7 de octubre para pedir que “este sea un nuevo siglo americano”. Pintó un futuro negro si vuelven a ganar los demócratas y lanzó preguntas presagiando las peores respuestas: “¿Los talibanes volverán al poder en Afganistán en cuanto nos marchemos del país?, ¿Israel quedará aislada en medio de la hostilidad de la comunidad internacional?, ¿obtendrán la bomba atómica los islamistas jihadistas?”. Vaticinó, incluso, que con Obama Irán dispondrá del arma nuclear, y “conmigo –dijo- eso no pasará”.

Descalificación global del Servicio Exterior

Otro de los candidatos, Rick Perry, se había dejado llevar recientemente por su pasión antidemócrata. El 8 de noviembre, en una declaración en su “cadena amiga”, la Fox News, criticó globalmente a los diplomáticos de Estados Unidos, diciendo que su actuación en el exterior no responde a los intereses nacionales sino a las directrices –partidistas, insinuó- que emanan de la secretaria de Estado, Hillary Clinton. “Los diplomáticos y la secretaria de Estado, con demasiada frecuencia, no toman sus decisiones pensando en los intereses de este país”. “Necesitamos –añadió- un debate en el Congreso para asegurarnos de que sus decisiones protegen los intereses de Estados Unidos”.

En sus críticas al gobierno de Obama, Perry acusó a los diplomáticos de su país de no defender los intereses de Estados Unidos

La respuesta de la Asociación Americana del Servicio Exterior (AFSA, en inglés), que reúne a diplomáticos en activo y a otros ya jubilados, fue inmediata. Señaló en un comunicado que los comentarios del candidato conservador “reflejan un grave malentendido”. “Nuestra diplomacia está en la primera línea y es un instrumento esencial para garantizar la seguridad nacional, junto con los militares”. “Los profesionales del Servicio Exterior desempeñan su función con dedicación ejemplar en todo el mundo, incluyendo zonas de guerra y otras regiones peligrosas”.

La AFSA recordaba que “cientos de diplomáticos han muerto en el cumplimiento de su deber, incluyendo seis embajadores”, y citaba a John Mein (en Guatemala, 1968); Cleo Noel (Sudán, 1973); Rodger Davies (Chipre, 1974); Francis Meloy (Líbano, 1976); Adolph Apoda (Afganistán, 1979) y Arnold Raphel (Pakistán, 1988).  Completaba su lista con una mención a las “más de dos docenas de diplomáticos”, de diverso nivel, muertos violentamente mientras cumplían sus deberes en países europeos, africanos o asiáticos.

El Washington Post, entre otros medios, recogía la polémica y daba detalles de la reducción presupuestaria que afectará a las misiones exteriores del Ejército norteamericano. “Se recortarán 8.700 empleos en el extranjero. Sólo en Europa, más de mil, en su mayoría ocupados ahora por personal local y civiles”. (La información en: http://www.washingtonpost.com/politics/diplomats-respond-bluntly-to-rick-perry/2011/11/10/gIQApSYs9M_story.html?tid=pm_politics_pop).

 

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