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De estadistas y aves migratorias, o ¿qué es la historia de las relaciones internacionales?

“Dos cubiertas, dos imágenes. La primera muestra al presidente de la República Francesa Charles de Gaulle conversando con el canciller alemán Konrad Adenauer. Ambos hombres, vestidos con traje oscuro, caminan sobre un trasfondo difuminado que, aparte de una escultura de corte clásico, permite imaginar a lo lejos un bosque o un estanque. De Gaulle parece explicar, con actitud tribunicia que subraya su mano derecha abierta y semialzada, algo que Adenauer escucha atentamente mirándole a los ojos. Entre ellos, pero en un segundo plano, vemos a Hermann Kusterer, jefe del servicio de intérpretes del ministerio alemán de Asuntos Exteriores y traductor habitual de los encuentros franco-alemanes en la cumbre por aquellos años. La escena tiene lugar en el Palacio de Rambouillet en septiembre de 1963 y es el último encuentro oficial entre dos ancianos estadistas que han forjado decisivamente el destino de Europa en el siglo XX.

En la segunda cubierta podemos ver dos haces de cables telegráficos o de electricidad que se recortan contra el cielo; sobre los cables, posados como notas en un pentagrama, docenas de pájaros, “aves migratorias que, de un vuelo, dejan detrás los espacios limitados de la estatalidad moderna” y que siguen en sus desplazamientos rutas bien definidas, “aun cuando estas pudieran no ser evidentes para un observador que los sigue desde el suelo” (p. 8)

Sería tentador partir de ambas imágenes como metáforas visuales los dos polos entre los que transita la historia de las relaciones internacionales/historia internacional hoy en día. De un lado, el viejo mundo de la diplomacia, de las decisiones de los estadistas, la fijación con el marco estatal, los actores individuales y el poder como categoría central de la vida internacional; de otro, el nuevo mundo de lo trasnacional y lo trasfronterizo, el protagonismo de los actores y fuerzas colectivos, el interés por las redes e interconexiones en múltiples niveles, por la cooperación y el intercambio bajo el signo de la globalización.

Esta visión dual, a pesar de su claridad aparente, resultaría simplificadora. En las últimas décadas, la historia de las relaciones internacionales de raíz diplomatista se ha abierto y enriquecido en diálogo con otras especialidades y corrientes históricas hasta llegar a abarcar temáticas tradicionalmente propias de la historia social y cultural con enfoques cada vez más diversos y sofisticados. Paralelamente, todas las subespecialidades históricas se han ido abriendo en mayor o menor medida a enfoques trasnacionales e internacionalistas, demostrando que la integración de fuentes, metodologías y conceptos que superan el marco de lo local, regional y nacional no es privativa de los especialistas en la diplomacia y la política internacional.

La publicación en 2012 de dos volúmenes colectivos que tratan de realizar un balance de situación, a la vez que proponer perspectivas de futuro, para la historia de las relaciones/historia internacional en el ámbito historiográfico francés y alemán respectivamente, ofrece una buena ocasión para observar este doble movimiento. ¿Cómo se concibe hoy en día esta especialidad historiográfica, cuáles son los debates teórico-metodológicos que ocupan a sus practicantes, y cuáles son los temas y enfoques que los expertos proponen como agenda de investigación para el futuro inmediato?

(…)

Lo que antecede es el comienzo de mi texto “Sobre la historia internacional y la historia de las relaciones internacionales: dos visiones recientes”, publicado en Cuadernos de Historia Contemporánea, nº 36 (2014), pp. 355-371. Puede leerse completo en este enlace: http://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/47082/44149

En él se reseño y analizo comparativamente dos obras:

Robert FRANK (dir.): Pour l’histoire des relations internationales. París, Presses Universitaires de France, 2012 (Colección “Le noeud gordien”). 756 p.

Jost DÜLFFER y Wilfried LOTH (eds.): Dimensionen internationaler Geschichte. Múnich, Oldenbourg Verlag, 2012 (Colección “Studien zur Internationalen Geschichte, vol. 30). 432 p.

 

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Saber de dónde venimos

La opacidad de los archivos y el desprecio por la historia lleva a posiciones irrelevantes

En 1926, el historiador y archivero del Ministerio de Estado Jerónimo Bécker, escribió: “Como no conocemos la historia de nuestras relaciones internacionales, como ignoramos cuál ha sido nuestra verdadera labor en esa esfera, como no sabemos los antecedentes de las cuestiones que surgen a nuestro paso, tenemos que improvisar soluciones a los problemas que se nos plantean y la consecuencia de esto es que con frecuencia se infiere grave daño a los intereses nacionales”. Han pasado 88 años y parece que no ha servido para nada el testimonio de nuestro mejor historiador diplomático, excelente conocedor de los ricos fondos del archivo del actual Ministerio de Asuntos Exteriores y autor de estudios fundamentales sobre la historia de la política exterior española.

Estamos en el año 2014 y tres ejemplos nos pueden valer para entender que nuestros dirigentes, y especialmente nuestros ministros de Asuntos Exteriores, desconocen la importancia de la Historia a la hora de tomar decisiones que afectan a los fines y objetivos exteriores. En octubre de 2010 el ministro Moratinos consiguió que se aprobara en el Consejo de Ministros un Acuerdo secreto que clasificó como materias reservadas o secretas un amplísimo catálogo de temas, que iban desde la preparación de viajes oficiales hasta las negociaciones con organizaciones internacionales, sin fecha ni limitación alguna.

En diciembre de 2011, el actual ministro de Defensa decidió cerrar a los investigadores la consulta de 10.000 documentos perfectamente catalogados que abarcaban un periodo comprendido entre 1936 y 1968. Por último, en el verano de 2012 el actual ministro de Exteriores, García-Margallo, cerró para siempre el archivo histórico de su ministerio, en el que tanto trabajó Jerónimo Bécker.

Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania, Holanda y otros países disponen de archivos públicos y abiertos

¿Qué es lo que ocurre en España? ¿Qué nos diferencia de nuestros países vecinos? Lo más llamativo es que países democráticos, con una larga historia, que valoran con orgullo su pasado como potencias, cuidan, protegen y hacen públicos sus documentos históricos de carácter internacional. Ya sea para justificar decisiones, dar a conocer periodos “oscuros” (los militares argentinos acaban de publicar en la Red todas las actas de la Junta argentina entre 1976 y 1983) o por exigencia de la ciudadanía en virtud de principios como la transparencia, la libertad y la defensa del interés individual.

Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania, Holanda y otros países disponen de archivos públicos y abiertos. Tienen colecciones de documentos diplomáticos elaboradas por diplomáticos, archiveros e historiadores. Organizan exposiciones públicas sobre temas internacionales y muestran sus ricos documentos. Cuentan con historiadores en sus archivos y en los propios ministerios. Qué decir de Estados Unidos, que hasta tiene una Oficina del Historiador en su principal archivo de Estado. Por cierto, gracias a todos estos trabajos (y hasta a Wikileaks) los españoles podemos analizar la política exterior de nuestro país y obtener documentos que nuestro Gobierno nos prohíbe consultar.

Y ¿cuál es el resultado de esta situación para nuestra política exterior? El balance no puede ser más negativo y ahí tenemos los resultados.

Si tuviéramos que caracterizar nuestra política exterior contemporánea podríamos destacar tres rasgos. En primer lugar, la primacía del conflicto interior desde el siglo XIX, el aislamiento franquista y después la concentración de esfuerzos en la construcción del Estado democrático, han hecho que los temas internacionales se hayan relegado siempre a un segundo plano, incluso perteneciendo a la Unión Europea.

Nuestra política exterior es reactiva y no proyectiva. ¿Quién piensa, quién reflexiona sobre nuestros intereses?

En segundo lugar, partidos políticos y fuerzas de diferente signo y en etapas diferentes han asumido este relegamiento de lo internacional, que se transmite a la opinión pública. Para comprobarlo, basta echar un vistazo a los programas de los partidos y a los debates electorales desde 1976, o repasar nuestra lista de presidentes del Gobierno que —con honrosas excepciones— no hablan idiomas y desconocen el entorno internacional, sin que ello les impida presidencializar la política exterior en La Moncloa, relegando a su ministro de Exteriores a un papel de mero ejecutor.

Nuestra política exterior es reactiva y no proyectiva. ¿Quién piensa, quién reflexiona sobre nuestros intereses, sobre perspectivas o tendencias? A diferencia de otros países, no parece que lo haga nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores donde, además, no disponen ya de los documentos históricos que puedan avalar una decisión, aportar argumentos en una negociación, o hacer reivindicaciones. Centros como el Instituto Español de Estudios Estratégicos o el Real Instituto Elcano realizan un gran trabajo, muy atentos a la actualidad, pero, como señalara Carlo Levi, el futuro tiene un corazón antiguo. Esta debería ser la primera lección para quienes dirigen la política exterior de un país que fue potencia mundial y que acumula controversias que se remontan a los siglos XVI y XVII (Ceuta y Melilla), a un tratado de 1714 (Gibraltar), o a políticas coloniales decimonónicas mal cerradas en el siglo XX (Sáhara Occidental).

Para quien no sabe adónde va, escribió Henry Kissinger, todos los caminos llevan a ninguna parte. Pero quien no sabe de dónde viene ni siquiera es capaz de comprender su lugar en el mundo. Sin la profundidad de campo que aporta la visión histórica, la política exterior española está condenada a continuar anclada en los mismos vicios que denunciara Bécker hace casi un siglo.

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Este artículo, firmado por Juan Carlos Pereira, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, y por mí,  fue publicado como Tribuna en la sección de Opinión de El País el 11 de abril de 2014.

URL: http://elpais.com/elpais/2014/04/10/opinion/1397124314_329952.html

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Raymond Aron y su Paz y guerra entre las naciones, 50 años después

 

En 1962 se publicaba Paz y guerra entre las naciones, la fundamental obra del filósofo, sociólogo e historiador Raymond Aron.  Aunque un tanto olvidado en nuestros días, Aron (1905-1983) fue uno de los grandes intelectuales del siglo XX y un influyente experto en relaciones internacionales. Con motivo del cincuentenario de su obra cumbre sobre esta materia, la revista geopolítica francesa Diploweb.com publica un ensayo en el que el Serge Sur , profesor emérito de la Universidad Panthéon-Assas y secretario general de la Association des internationalistes francesa valora la vigencia del legado aroniano.

Fuente: http://www.lafrusta.net/pro_aron.html

 

Tras contraponer la figura de Raymond Aron con la de su gran contrincante intelectual, Jean-Paul Sartre, Serge Sur explica: ” (…) Es precisamente uno de estos estudios el que aquí nos ocupa, uno de los más conocidos, de los más completos: Paz y guerra entre las naciones, publicado en 1962 y muchas veces reeditado desde entonces, pero que permanece fiel a su génesis. Este libro es la culminación de sus trabajos sobre las relaciones internacionales, [área] de las que fue uno de los introductores en Francia, sin haber llegado por desgracia a hacer consagrar su carácter de disciplina universitaria. No abordaremos más que dos características de este libro, que continúa siendo una obra maestra. Es un testimonio de la profusión de la cultura de Raymond Aron, de su erudición socrática pero también de uno de sus límites, en tanto que menosprecia el derecho internacional. (…)

En este abanico aroniano siempre abierto, las cuestiones internacionales ocupan un lugar importante y tal vez creciente. Paz y guerra entre las naciones es la encrucijada, el estado más acabado y el compás más amplio de su reflexión, -dotado de lo que en su época gustaba de denominarse un análisis espectral. No habría que reprocharle, más de cincuenta años después, que se haya vuelto anacrónico en parte. El mundo bipolar, la oposición ideológica, política y estratégica entre los Estados Unidos y la URSS, las sutilezas y peligros de la disuasión nuclear, todo ello en conjunto se ha esfumado. Tampoco habría que echarle un cara un último error de juicio en su obra póstuma, Les dernières années du siècle, en la que preveía la finlandización de Europa bajo la presión de la URSS.

Desparecido en 1983, no pudo calibrar el grado de descomposición de la URSS ni vivir la caída del muro de Berlín. Pero ¿quién los había anticipado con tal inminencia? Aron permanece por tanto como un pensador de la época de los conflictos del siglo XX, y sobre todo de la Guerra Fría. Los cambios de la última década del siglo sin duda le habrían llevado a retomar su reflexión sobre el nuevo curso de las relaciones internacionales. Marcado por los tormentos de una época conflictiva, deseoso de analizar sus raíces y sus fuentes, se consagró extensamente al estudio de la guerra y de los pensadores de la guerra, de los medios para prepararla y, si fuera posible, para evitar su regreso. Paz y guerra trata bastante más de la guerra que de la paz – pero ciertamente no desde el ángulo de la conducción de los conflictos, sino más bien de su amenaza y de las posturas que generan su anticipación y su prevención. (…)

Parece vano, con todo, clasificar a Aron en las categorías fáciles y artificiales, tales como realismo o idealismo o cualquier otra, en las que la pereza intelectual trata de encerrar a los espíritus libres. Se puede decir simplemente que el poderío (puissance) es para él el factor esencial de las relaciones internacionales, un hilo rojo que él sigue en todos sus aspectos, visibles o no, en diferentes registros, los de las teorías y sistemas, de la sociología, de la historia, de lo que Aron llama en definitiva la praxeología, una suerte de evaluación de la ética de los gobernantes. Los contenidos de lo que constituyen las cuatro partes de su obra, distribuidas en veinticuatro capítulos, no corresponden necesariamente a estos títulos, especialmente en lo que concierne a la sociología y la historia: esta última se limita, en efecto, a la era termonuclear.

En cuanto al poderío, su método de análisis es ejemplar: pasa revista a las diferentes definiciones ofrecidas por distintos autores, con una erudición abrumadora, las critica, propone de paso sus propios criterios pero en definitiva no alcanza conclusión alguna, como si la duda debiera beneficiar siempre a su objeto. No es en absoluto cartesiano, en la medida en que Descartes utiliza la duda para extraer de ella certezas. Tampoco es kantiano porque, historiador y sociólogo más que metafísico, no sitúa al espacio y el tiempo como formas a priori de la percepción, además de que, en otro orden de cosas, no cree en la paz perpetua. Es socrático en la medida en que sus cuestionamientos y análisis pasan a través del prisma de los pensamientos de los demás y de su refutación. Y como Sócrates, filósofo del concepto, no ha formulado concepto alguno. (…)

Las críticas y frustraciones que acaban de expresarse no restan nada a la admiración que guardamos hacia Paz y guerra entre las naciones, esta obra maestra, y hacia su autor. La disputatio intelectual no puede ligarse más que a los objetos que la merecen. La obra sigue siendo por su amplitud, su perspectiva, su calidad, incluso las objeciones que suscita, una fuente de reflexión sin demasiados equivalentes en lengua francesa desde hace más de medio siglo. No es un ensayo, es una cima. ¿Se convertirá, como Tucídides y su Historia de la guerra del Peloponeso, en un tesoro para todos los tiempos, ktêma eis aeiIl est permis d’attendre, il est doux d’espérer.

Serge Sur

Link del artículo: http://www.diploweb.com/R-Aron-Paix-et-guerre-entre-les.html

(c) Copyright Juin 2013-Sur/Diploweb.com

 

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La “grandeur” de los archivos diplomáticos franceses

Hoy toca hablar de los archivos diplomáticos franceses y mirar conreconocimiento y cierta envidia, una vez más, a lo que se hace más alláde nuestras fronteras en materia de recuperación, conservación ydifusión del patrimonio documental relativo a la política exterior. Tras muchos años de preparativos, por fin se ha inauguradoel Centre des Archives Diplomatiques de Francia, la nueva sede de los archivos y biblioteca diplomáticos de nuestros vecinos del norte.

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