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De estadistas y aves migratorias, o ¿qué es la historia de las relaciones internacionales?

“Dos cubiertas, dos imágenes. La primera muestra al presidente de la República Francesa Charles de Gaulle conversando con el canciller alemán Konrad Adenauer. Ambos hombres, vestidos con traje oscuro, caminan sobre un trasfondo difuminado que, aparte de una escultura de corte clásico, permite imaginar a lo lejos un bosque o un estanque. De Gaulle parece explicar, con actitud tribunicia que subraya su mano derecha abierta y semialzada, algo que Adenauer escucha atentamente mirándole a los ojos. Entre ellos, pero en un segundo plano, vemos a Hermann Kusterer, jefe del servicio de intérpretes del ministerio alemán de Asuntos Exteriores y traductor habitual de los encuentros franco-alemanes en la cumbre por aquellos años. La escena tiene lugar en el Palacio de Rambouillet en septiembre de 1963 y es el último encuentro oficial entre dos ancianos estadistas que han forjado decisivamente el destino de Europa en el siglo XX.

En la segunda cubierta podemos ver dos haces de cables telegráficos o de electricidad que se recortan contra el cielo; sobre los cables, posados como notas en un pentagrama, docenas de pájaros, “aves migratorias que, de un vuelo, dejan detrás los espacios limitados de la estatalidad moderna” y que siguen en sus desplazamientos rutas bien definidas, “aun cuando estas pudieran no ser evidentes para un observador que los sigue desde el suelo” (p. 8)

Sería tentador partir de ambas imágenes como metáforas visuales los dos polos entre los que transita la historia de las relaciones internacionales/historia internacional hoy en día. De un lado, el viejo mundo de la diplomacia, de las decisiones de los estadistas, la fijación con el marco estatal, los actores individuales y el poder como categoría central de la vida internacional; de otro, el nuevo mundo de lo trasnacional y lo trasfronterizo, el protagonismo de los actores y fuerzas colectivos, el interés por las redes e interconexiones en múltiples niveles, por la cooperación y el intercambio bajo el signo de la globalización.

Esta visión dual, a pesar de su claridad aparente, resultaría simplificadora. En las últimas décadas, la historia de las relaciones internacionales de raíz diplomatista se ha abierto y enriquecido en diálogo con otras especialidades y corrientes históricas hasta llegar a abarcar temáticas tradicionalmente propias de la historia social y cultural con enfoques cada vez más diversos y sofisticados. Paralelamente, todas las subespecialidades históricas se han ido abriendo en mayor o menor medida a enfoques trasnacionales e internacionalistas, demostrando que la integración de fuentes, metodologías y conceptos que superan el marco de lo local, regional y nacional no es privativa de los especialistas en la diplomacia y la política internacional.

La publicación en 2012 de dos volúmenes colectivos que tratan de realizar un balance de situación, a la vez que proponer perspectivas de futuro, para la historia de las relaciones/historia internacional en el ámbito historiográfico francés y alemán respectivamente, ofrece una buena ocasión para observar este doble movimiento. ¿Cómo se concibe hoy en día esta especialidad historiográfica, cuáles son los debates teórico-metodológicos que ocupan a sus practicantes, y cuáles son los temas y enfoques que los expertos proponen como agenda de investigación para el futuro inmediato?

(…)

Lo que antecede es el comienzo de mi texto “Sobre la historia internacional y la historia de las relaciones internacionales: dos visiones recientes”, publicado en Cuadernos de Historia Contemporánea, nº 36 (2014), pp. 355-371. Puede leerse completo en este enlace: http://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/47082/44149

En él se reseño y analizo comparativamente dos obras:

Robert FRANK (dir.): Pour l’histoire des relations internationales. París, Presses Universitaires de France, 2012 (Colección “Le noeud gordien”). 756 p.

Jost DÜLFFER y Wilfried LOTH (eds.): Dimensionen internationaler Geschichte. Múnich, Oldenbourg Verlag, 2012 (Colección “Studien zur Internationalen Geschichte, vol. 30). 432 p.

 

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Los libros que hay que leer. 28 expertos recomiendan las obras imprescindibles para comprender la historia de las relaciones internacionales

 

¿Qué libros debería leer todo estudiante de historia de las relaciones internacionales? ¿Cuáles son las obras más adecuadas para la formación de un futuro historiador internacionalista? Veintiocho expertos han contestado a estas preguntas. El resultado es el siguiente ranking, con el que celebramos desde este blog el Día del Libro 2013.

El listado recoge ordenados por número de votos -y, a igualdad de sufragios, por orden alfabético de autor-, todos los libros propuestos por los especialistas consultados, a los que pedí una lista de cinco a diez títulos, con posibilidad de interpretar flexiblemente estas cifras (más adelante reproduzco el correo electrónico que les envié). La solicitud daba total libertad para elegir materias, épocas, autores e idiomas, así como para añadir comentarios a las obras, que –caso de haberlos- he reproducido entrecomillados. Tras el listado se incluyen los nombres de todos quienes amablemente han accedido a participar en la encuesta, y algunas notas acerca del resultado.

Y los libros elegidos por los expertos son:

Con 12 votos:

Edward H. Carr, La crisis de los veinte años (1919-1939). Una introducción al estudio de las Relaciones internacionales.  Madrid, Libros de la Catarata, 2004 (ed. original: The Twenty Years Crisis 1919-1939, The MacMillan Press, 1939). “Un clásico: plantea muchos debates actuales y no es tan realista como a veces se ha dicho”. “Interesante para los alumnos, aquí ven una historia de las relaciones internacionales desde el realismo, y puedo luego remitirles a Morgenthau para que vean los matices entre ambas posturas realistas”.

 Con 10 votos:

Tony Judt, Posguerra, Una historia de Europa desde 1945 (Madrid, Taurus, 2006, ed. orig. 2005).  ”Sin duda una obra clave para entender el mundo de la segunda mitad del siglo XX, al menos el mundo occidental (…) Aunque está obviamente centrada en Europa va más allá de ese entorno geográfico en muchas cuestiones y por su enfoque integrador de diversas parcelas historiográficas y su amplio conocimiento de las cuestiones creo que es una lectura imprescindible para cualquier historiador del siglo XX”. “No es sólo un libro de relaciones internacionales, pero toca muchos temas y sintetiza muy bien el origen y el final de la Guerra Fría”.

 Con 9 votos:

Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potenciasBarcelona, Plaza y Janes-Cambio 16, 1989 (ed. original: The Rise and Fall of the Great Powers. Economic Change and Military Conflict from 1500-2000. New York: Random House, 1987). “Si se prescinde del último capítulo, sigue siendo una síntesis impresionante de la evolución de la política internacional de los últimos cinco siglos”.

Henry Kissinger, Diplomacia, Barcelona, Ediciones B, 2010. “Quién mejor que este brillante y escasamente escrupuloso ex secretario de Estado y consejero de seguridad nacional de EE.UU. para introducirse en la historia de las relaciones internacionales desde la perspectiva realista”. “Un clásico que seguro ya más de uno te ha puesto, pero que en mi opinión sigue siendo clave”.

Juan Carlos Pereira (coord.), Historia de las relaciones internacionales contemporáneas, Barcelona, Ariel, 2009 [2001]. “Un manual muy útil para una aproximación general, periódica y de calidad científica”; “la obra de referencia en castellano para nuestra especialidad”. 

Con 7 votos:

Pierre Renouvin, Historia de las relaciones internacionales (siglos XIX y XX), Madrid, Akal, 1990. “Un clásico impresionante en su erudición y profundidad”. “En muchos aspectos no ha sido superado”.

 

Con 5 votos:

Juan Carlos Pereira Castañares (coord.), La política exterior de España. De 1800 hasta hoy, 2ª ed., Barcelona, Ariel, 2010. “Un estudio general que ayuda a entender la posición de España en el mundo”.

Charles Zorgbibe, Historia de las relaciones internacionalesMadrid, Alianza, 1997 (2 vols.). “Un manual recomendable, claro y didáctico”.

 

Con 3 votos:

Jean Baptiste Duroselle, Todo imperio perecerá. Teoría sobre las relaciones internacionales, México, FCE, 1998 (ed. original: Tout empire périra. Théorie des relations internationales, París, Publications de la Sorbonne, 1981). El ambicioso proyecto de formular una teoría de las relaciones internacionales a partir de la historia.

Marcel Merle, Sociología de las relaciones Internacionales, Madrid, Alianza, 1995 [varias ediciones, la 1ª en castellano de 1978] La cumbre de las empresas intelectuales de Merle, que quiso crear una obra de análisis y síntesis a la vez: “análisis de las sustancia de las relaciones internacionales a través de sus múltiples manifestaciones; síntesis de su disposición como proceso específico de ordenación social”.

Hans J. Morgenthau, Politics Among Nations: The Struggle for Power and Peace. (New York: Alfred A. Knopf, 1948). 6ª ed. New York: McGraw-Hill, 1985. A Morgenthau se le ha llamado “el Papa de las relaciones internacionales”. Esta es la obra cumbre de uno de los máximos exponentes de la escuela realista clásica.

Ennio Di Nolfo, Storia delle relazione internazionali. Dal 1918 ai giorni nostri, Roma, Laterza, 2008. “Para mí la mejor historia de las relaciones internacionales en el siglo XX, aunque demasiado prolija para ser utilizada como manual universitario”.

Pierre Renouvin y Jean-Baptiste Duroselle, Introducción a la política internacional, Madrid, Rialp, 1968. La colaboración entre dos grandes de la escuela francesa produjo esta obra ya clásica que todavía tiene mucho que ofrecer.

Paul W. Schroeder, The Transformation of European Politics 1763-1848, Oxford, The Clarendon Press, 1994. Uno de los más lúcidos análisis de las relaciones internacionales en el tránsito entre los siglos XVIII y XIX.

 

Con 2 votos:

Esther Barbé, Relaciones Internacionales, Madrid, Tecnos, 2006 (1ª ed. 1995).

Barry Buzan y Richard Little, International Systems in World History: Remaking the Study of International Relations. Oxford-New York: Oxford University Press, 2000. “Imprescindible”

Akira Iriye y Pierre-Yves Saunier (ed.), The Palgrave Dictionary of Transnational History.  “Completo y útil”. “Necesario para complementar la visión clásica de la historia de las relaciones internacionales con las tendencias más actuales de la historia transnacional”.

Robert Jervis, Perception and Misperception in International Politics, Princeton, Princeton University Press, 1976. “De la mano de Jervis, la cuestión de las percepciones mutuas en las relaciones internacionales vino para quedarse entre los especialistas”.

José María Jover Zamora, España en la Política Internacional. Siglos XVIII-XX. Madrid: Marcial Pons, 1999. “Un conjunto de ensayos de uno de los padres y maestros de la historiografía internacionalista española”.

José Mª Jover Zamora, “La percepción española de los conflictos europeos: notas históricas para su entendimiento”, en Revista de Occidente, nº 57 (1986). “Creo que sigue siendo actual y abre muchos horizontes”. Este texto breve fue reeditado en la obra España en la política internacional. Siglos XVIII-XX.

Tony Judt, Sobre el olvidado siglo XX, Madrid, Taurus, 2008. Recopilación de ensayos pletórica de erudición y talante interpretativo a menudo polémico.

Tony Judt con Timothy Snyder, Pensar el siglo XX, Madrid, Taurus, 2012. Dos grandes historiadores en diálogo, con la lúcida mente de Judt diseccionando paralelamente su autobiografía y la del siglo.

John Maynard Keynes, Las consecuencias económicas de la paz, Barcelona, Crítica, 1987 (ed. original The Economic Consequences of Peace, 1919). “Es breve, fácil de leer, introduce la dimensión económica de las relaciones internacionales y, sobre todo, es el análisis de un testigo presencial sobre cómo los líderes toman realmente decisiones multilaterales”.

Mark Mazower, Governing the World: The History of an Idea, New York, The Penguin Press, 2012. Lo ultimo por el momento de uno de los mejores historiadores del panorama internacional.

Harold Nicolson, La diplomacia. México, Fondo de Cultura Económica, 1948 (varias reediciones) (ed. original: Diplomacy, Londres, OUP, 1939). Clásico entre los clásicos para iniciarse en los entresijos de la diplomacia.

Ernst Nolte, La guerra civil europea. Nacionalsocialismo y bolchevismo, México, FCE, 2001. Análisis que aúna los dos movimientos que marcaron indeleblemente la historia de Europa.

Juan Carlos Pereira Castañares (coord.), Diccionario de Relaciones Internacionales y Política Exterior. Editorial Ariel, 2008. Obra colectiva de amplitud enciclopédica y orientación interdisciplinar.

Juan Carlos Pereira Castañares y Pedro Martínez-Lillo (eds.), Documentos básicos sobre historia de las relaciones internacionales, 1815-1991. Madrid: Editorial Complutense, 1995. Una colección de textos esenciales precedidos de estudios introductorios de carácter didáctico.

Pierre Renouvin, La crisis europea y la I Guerra Mundial (1904-1918). Madrid, Akal, 1990. Una de las obras donde Renouvin muestra las mejores armas de su oficio.

Antonio Truyol y Serra, La sociedad internacional, Madrid, Alianza Editorial, 1974. “Hay muchas cosas en él que han quedado desfasadas, pero no deja de ser un clásico, y está admirablemente escrito”.

Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso. Introducción, traducción y notas de Antonio Guzmán Guerra. Madrid: Alianza, 2008 (o bien la edición con introducción general de Julio Calonge Ruiz, traducción y notas de Juan José Torres Esbarranch. Madrid: Gredos, 2008). Después de 2.400 años, la obra de este general ateniense todavía tiene mucho que enseñar sobre el arte de la guerra y de la diplomacia.

 

Con 1 voto:

Götz Aly, ¿Por qué los alemanes? ¿Por qué los judíos?, Barcelona, Crítica, 2006.

Tamim Ansary, Un destino desbaratado. La historia universal vista por el Islam, Barcelona, RBA, 2011.

Hamilton Fish Armstrong (ed.), The Foreign Affairs Reader, Harper (ed. for the Council of Foreign Relations), 1947.

Fulvio Attinà, El sistema político global. Introducción a las relaciones  internacionalesBarcelona, Paidós, 1999.

Christopher Bayly, El nacimiento del mundo moderno, 1780-1914. Conexiones y comparaciones globales, Madrid, Siglo XXI, 2010 (ed. original en Blackwell Publ., 2004). “Auténtica historia global para complementar y contrastar con los enfoques diplomatistas más al uso”.

Christopher Bayly y Tim Harper, Forgotten Armies: the Fall of British Asia 1941-1945 y Forgotten Wars: Freedom and Revolution in Southeast Asia.  ”Dos libros que forman una bella narrativa, fascinante como una buena novela”.

Marie-Thérèse Bitsch, Histoire de la contruction européenne, Paris, Complexe Éditions, 1999.

Jeremy Black, A History of Diplomacy. Reaktion Books, 2010.

Zbigniew Brzezinski, El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos estratégicos, Barcelona, Paidós, 1998.

Jane Burbank y Frederick Cooper,  Imperios. Una nueva visión de la historia universal, Barcelona, Crítica, 2011.

Hedley Bull, La Sociedad AnárquicaUn estudio sobre el orden en la política mundial,  Madrid, Libros de la Catarata, 2005.

Peter Calvocoressi, Historia política del mundo contemporáneo, Madrid, Akal, 1987.

Edward H. Carr, Qué es la Historia, Barcelona, Ariel, 2010.

Dipesh Chakrabarty, Provincializing Europe: Postcolonial Thought and Historical Difference, Princeton, 1999.

Carl von Clausewitz, De la Guerra. Ed. abreviada. Tecnos, 2010. 680 pp.

Matthew Connelly, A Diplomatic Revolution. Algeria’s fight for independence and the origins of the post-cold war era, Oxford, University Press, 2002. ”Una auténtica revolución en su metodología para estudiar la historia diplomática”.

Frederick Cooper, Decolonization and African Society: the Labor Question in French and British Africa . Cambridge, University Press, 2006. “Aunque una historia del mundo del trabajo, está excelentemente engarzada con la historia internacional e imperial. Un trabajo modélico”.

Frederick Cooper, Le colonialisme en question. Thèorie, conniassance, histoire, París, Payot, 2010.

Marcello Cramagnani, El otro Occidente. América Latina desde la invasión europea hasta la globalización, México, Fondo de Cultura Económica-Colegio de México, 2004.

Benedetto Croce, La historia como hazaña de la libertad, México, Fondo de Cultura Económica, 1971.

Stéphane Courtois (y otros), El libro negro del comunismo, Barcelona, Ediciones B, 2010.

Christopher Dawson, Los orígenes de Europa, Madrid, Rialp, 1991.

Desmond Dinan (ed.): Ever closer Union: an introduction of European Integration, Londres, Macmillan Press, 1999. “Uno de los manuales más interesantes y completos que hay sobre integración europea”.

Anatoly Dobrynin, En confianza. El embajador de Moscú ante los seis presidentes americanos de la Guerra Fría  (1962-1986)FCE, México, 1989.

Jean-Baptiste Duroselle, Europa de 1815 hasta nuestros días. Vida política y relaciones internacionales, Barcelona, Labor, 1967.

Jean–Baptiste Duroselle, Histoire des relations internationales de 1919 à 1945. “Este libro tuvo 11 ediciones y fue siendo actualizado por su autor hasta su muerte en 1992. Es un manual y una guía, o sea, un libro de iniciación claro y bien informado, un instrumento de trabajo, nada más y nada menos, que sigue siendo actualizado todavía por André Kaspi”.

Peter Duignan & L.H. Gann, The Rebirth of the West: the Americanization of the Democratic World, 1945-1958 (London/Boston, Rowman & Littlefield Pubs., 1992). “Uno de los primeros y más sugerentes estudios sobre el proceso de americanización que se aceleró tras la IIGM, que aborda una considerable cantidad de facetas (políticas, económicas, culturales, etc.) y que sin duda fue un estímulo para la posterior y fecunda producción historiográfica sobre esta cuestión que entronca directamente con la historia de la globalización.”

Robert Frank (dir.), Pour l’histoire des relationes internationales, Paris, PUF, 2012. “Un balance muy recomendable y actualizado para acercarse a la influyente escuela francesa de historia de las relaciones internacionales”.

François Furet, El pasado de una ilusión: ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX, México, FCE, 1995.

Juan Pablo Fusi, La patria lejana: El nacionalismo en el siglo XX. Barcelona, Taurus, 2003.

John L. Gaddis, George F. Kennan: An American Life, New York, Penguin Press, 2011.

Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, Madrid, Ed. Siglo XXI, 1980 (varias reed.)

Giuliano Garavini, Dopo gli Imperi. L’integrazione europea nello scontro Nord-Sud. Firenze, Le Monnier, 2009. “Por fin, una historia del proceso de integración europeo alejado de los aburrídismos relatos hagiográficos”.

Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad. Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1967. “La historia de cómo se crea y se destruye una ciudad”, aparte de una obra cumbre de la literatura universal.

Paloma García Picazo, Qué es esa cosa llamada Relaciones Internacionales. Tres lecciones de autodeterminación y algunas consideraciones indeterministas,  Madrid, Marcial Pons, 2000.

Ernst Gellner, Naciones y nacionalismo. Madrid, Alianza Editorial, 2008.

Pierre Gerbert, La construction de l’Europe, Paris, Armand Colin, 2007.

Salvador Giner, Historia del pensamiento social, Barcelona, Ariel, 2002.

Victoria de Grazia, El imperio irresistible, Barcelona, Belacqva, 2006. Un libro que se centra en el proceso de americanización que se acelera desde 1945 “pero con un enfoque diferente, más volcado hacia la fusión de perspectivas económicas, sociales y culturales de la transmisión del modelo americano al mundo occidental y algunas de las principales razones que explican su expansión.”

Hugo Grocio, Del derecho de la guerra y de la paz. (1625) Trad. española de Jaime Torrubiano Ripoll. Editorial Reus, 1925.

James Foreman-Peck, A History of the World Economy: International Economic Relations since 1850. (Totowa: Barnes & Noble Books, 1983). 2ª ed. revis. Financial Times, Prentice Hall, 1994.

Tulio Halperin Donghi, La Argentina y la tormenta del mundo: Ideas e ideologías entre 1930 y 1945. Buenos Aires, Siglo XXI, 2003. “Un excelente estudio del impacto de las relaciones internacionales sobre la política nacional”.

Max Hastings, Se desataron todos los infiernos: Historia de la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Crítica, 2011.

George C. Herring, From Colony to Superpower. U.S. Foreign Relations since 1776. New York, Oxford University Press, 2008. “Una obra básica para el conocimiento de las relaciones internacionales de Estados Unidos desde su fundación como nación”.

F.H. Hinsley, Power and the Pursuit of Peace. Theory and Practice in the History of Relations between States, Londres, CUP, 1963.

Eric J. Hobsbawm, The Age of Empire: 1875-1914Londres, Weidenfeld & Nicolson (ed. en castellano La era del imperio, 1875-1914, Barcelona, Crítica)

Eric J. Hobsbawm, Guerra y Paz en el Siglo XXI, Barcelona, Crítica, 2009.

Eric J. Hobsbawm, Historia del siglo XX, 1914-1991, Barcelona, Crítica, 1995 (ed. original The Age of Extremes, the short Twentieth Century 1914-1991, Londres, Michael Joseph Ltd, 1994)

Eric J. Hobsbawm, Naciones y nacionalismo desde 1780, Barcelona, Crítica, 1992.

Christopher Hill, The Changing Politics of Foreign Policy,  Londres, Palgrave, 2003.

Kalevi J. Holsti, Peace and War: armed conflicts and international order 1648-1989, Cambridge, Cambridge University Press, 1991.

Samuel P. Huntington, El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, Barcelona, Paidós, 1997.

Thomas Ilgen (ed.): Hard Power, Soft Power and the Future of Transatlantic Relations, Hampshire, Ashgate, 2006. “Un libro bastante interesante sobre las relaciones transatlánticas en el que, entre otros, contribuye Joseph Nye”.

Akira Iriye, Global and Transnational History: The Past, Present, and Future. Basingstoke, UK-New York: Palgrave Macmillan, 2013.

Hartmut Kaelble, Vers une société européenne. Une histoire sociale de l’Europe 1880-1980, Bruxelles, Belin, 1988. “Una obra de historia comparada de verdad, con planteamientos metodológicos muy interesantes que cubren desde historia económica a social, política o demográfica. Realmente interesante.” “(…) para cuestiones europeas, pero que (…) no se limitan a ese escenario europeo sino que lo conectan con otros polos fundamentales de la evolución histórica contemporánea”.

Robert Kaplan, Revenge of geography: what the map tells us about coming conflicts and the battle against fate. Waterbrooks Press, 2013 (Versiones anteriores en español). “Kaplan es un referente en la historia contemporánea en lo que se refiere a las fronteras, conflictos, etc.”.

Paul M. Kennedy, The Rise of Anglo-German Antagonism 1860-1914, Londres, Geoge Allen & Unwin, 1980.

John Maynard Keynes, El doctor Melchior (comprendido en el volumen Dos recuerdos editado en castellano por Acantilado en 2006). “Es una memoria, elaborada para una reunión de amigos, de su papel a principios de 1919 en los contactos entre las potencias vencedoras reunidas en Versalles y el gobierno alemán en relación con la entrega de la flota mercante alemana a cambio del aprovisionamiento de alimentos para el país. Lo interesante, más allá de esto, es la descripción de los personajes y del ambiente del momento.”

Aída Lara Niederheitmann, Lágrimas de Cocodrilo, Guatemala, Ed. Palo de Hormigo, 2008.

Melvyn P. Leffler, La guerra después de la guerra. Estados Unidos, la Unión Soviética y la Guerra Fría, Barcelona, Crítica, 2008.

Margaret MacMillan, 1919. Seis meses que cambiaron el mundo, Barcelona, Tusquets, 2011.

Charles S. Maier, “Il Ventesimo sécolo è estato peggiore degli altri? Un bilancio storico alla fine del Novecento”, Il Mulino, 6:99 (1999). ”Un artículo imprescindible para enmarcar los debates”.

Erez Manela, The Wilsonian Moment: Self-Determination and the International Origins of Anticolonial Nationalism, Oxford, Oxford University Press, 2007. “Importante para comprender como se originó el movimiento más transformador del siglo XX, el anticolonialismo”.

Nicolás Maquiavelo, El príncipe (1513). Madrid, Alianza, 2010.

Ricardo M. Martín de la Guardia y Guillermo A. Pérez Sánchez, La Europa del Este, de 1945 a nuestros díasMadrid, Síntesis, 1995.

Karl Marx y Friedrich Engels, El manifiesto comunista (1848), Madrid, Ed. Akal.

Mark Mazower, Dark Continent: Europe’s 20th Century, Allen Lane, 1998.

Mark Mazower, No Enchanted Palace. The End of Empire and the Ideological Origins of the United Nations, Princeton, Princeton University Press, 2009.  ”Una historia alternativa y crítica de la ONU, que vuelve a poner a los imperios en el centro de la cuestión”.

Thomas R. Metcalf, Imperial Connections. India in the Indian Ocean Arena, 1860-1920. Berkeley, University of California Press, 2007. “Una narrativa diferente del funcionamiento del imperio británico, mostrando un nuevo eje”.

Walter D. Mignolo, Historias locales/diseños globales. Colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo, Madrid, Akal, 2003.

Fernando Morán, Una política exterior para España, Barcelona, Planeta, 1980.

Andrew Moravcsik, The choice for Europe. Social purpose and State power from Messina to Maastricht, Londres/Nueva York, Routledge, 2005.

Hans J. Morgenthau, Escritos sobre política internacional. Estudio preliminar, traducción y notas de Esther Barbé. Madrid: Tecnos, 1990.

Samuel Moyn, The Last Utopia: Human Rights in History. Cambridge (MA), Harvard University Press, 2010. La mejor historia sobre los derechos humanos que tenemos”.

Harold Nicolson, El Congreso de Viena. Un estudio sobre la unidad de los Aliados (1812-1822), Madrid, SARPE, 1985.

Reinhold Niebuhr, La ironía en la historia americana, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1958. “Una crítica al sentimiento de superioridad que acompaña a las políticas exteriores de muchos países”.

Joseph S. Nye, Jr., Understanding International Conflicts: An Introduction to Theory and History. 7ª ed. Longman, 2008.

Miguel Ángel Ochoa Brun, Historia de la Diplomacia Española. Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores, 1990-2012. 10 vols.

Guillaume Parmentier, Le retour de l’histoire. Stratégie et relations internationales pendent et après la Guerre Froide. Paris, Ed. Complexe, 1993. “Una clara explicación del enfrentamiento estratégico durante la Guerra Fría”.

Stanley G. Payne, La Europa revolucionaria. Las guerras que marcaron el siglo XX, Madrid, Temas de Hoy, 2011.

Frederic S. Pearson y J. Martin Rochester, Relaciones Internacionales. Situación global en el siglo XXI, Bogotá MacGraw-Hill, 2000. “A mí personalmente me parece un manual muy completo que puede ser muy interesante para los estudiantes”.

Kenenth Pommeranz, The Great Divergence: China, Europe and the Making of the Modern World Economy. Princeton, Princeton University Press, 2000. “Historia económica y ecológica dura, pero uno de los trabajos más importantes de los últimos 20 años, fundamental para comprender de nuevo la revolución económica capitalista”.

Vijay Prashad, Las naciones oscuras. Una historia del Tercer Mundo, Barcelona, Ediciones Península, 2012.

Pierre Renouvin y Jean Baptiste Durosell, Introducción a la historia de las relaciones internacionales, México, Fondo de Cultura Económica, 2000

David Reynolds, Cumbres. Seis encuentros de líderes políticos que marcaron el siglo XX, Barcelona, Ariel, 2008.

Federico Romero, Storia internazionale del Novecento, Roma Carocci, 2001

K.H. O’Rourke y J.G. Williamson. Globalization and History: the Evolution of a 19th Century Atlantic Economy, MIT Press, 1999, “Analiza muy bien la relación entre las fuerzas transnacionales (emigración, capital) y los Estados -y cómo no se debe subestimar la fuerza de estos”.

Edward Saïd, Cultura e imperialismo, Barcelona, Anagrama, 1996.

Brian C. Schmidt, The Political Discourse of Anarchy: Disciplinary History of International Relations. State University of New York Press, 1997.

Joseph A. Schumpeter, Historia del análisis economic (1954)Barcelona, Ed. Ariel, 2012.

Joan W. Scott, Historia y género, México, Fondo de Cultura Económica, 2008.

Robert Service, Camaradas: Breve historia del comunismo, Barcelona, Ediciones B, 2009.

J.D. Singer y D. Gellner, Nations at War: A Scientific Study of International Conflict, 1816-1992. Cambridge: Cambridge University Press, 2000.

A.J.P. Taylor, The Struggle for Mastery in Europe 1848–1918. Oxford: Oxford University Press, Oxford History of Modern Europe, 1954.

Maurice Vaïsse, Les relations internationales depuis 1945, Paris, Armand Colin, 1990 (diversas reediciones)

Francisco Veiga, Enrique Ucelay Da Cal y Ángel Duarte, La paz simulada. Una historia de la Guerra Fría. Madrid, Alianza Editorial, 2006.

Francisco Veiga, El desequilibrio como orden. Una historia de la postguerra fría (1990-2008). Madrid, Alianza Editorial, 2009. “Los libros de Veiga son fáciles de leer y de calidad.”

Francisco Veiga y Andrés Mourenza (eds.), El retorno de Eurasia, 1991-2011: veinte años del nuevo gran espacio geoestratégico que abrió paso al siglo XXI. Editorial Península, 2012.

VV.AA, Historia del Mundo actual (De 1945 a nuestros días). Universidad de Valladolid, 2008. También “un manual muy útil para una aproximación general, periódica y de calidad científica”.

Immanuel Wallerstein, The Modern World System, I: Capitalist Agriculture and the Origins of the European World Economy in the Sixteenth Century. New York: Free Press, 1974.

—-, II: Mercantilism and the Consolidation of the European World Economy, 1600-1750. New York: Free Press, 1980.

—-, III: The Second Great Expansion of the Capitalist World-Economy, 1730-1840′s. San Diego: Academic Press, 1989.

—-, IV: Centrist Liberalism Triumphant, 1789–1914. Berkeley: University of California Press, 2011.

(Hay trad. española de vols. 1-3 en Ed. Siglo XXI, El moderno sistema mundial).

Immanuel Wallerstein, Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos, Madrid, Akal, 2004.

Odd Arne Westad, The Global Cold War, Cambridge, Cambridge University Press, 2007. “Una historia de la Guerra Fría auténticamente global que analiza este conflicto desde la periferia del sistema internacional, el llamado Tercer Mundo, con excelente resultado”.

Lawrence Whitehead (ed.), The International Dimensions of Democratization: Europe and the Americas, Oxford, Oxford University Press, 1996. “Otro clásico, pero esta vez sobre la influencia internacional en los procesos de democratización”.

Martin Wight, International Theory. The three traditions. Londres, Leicester University Press, 1991.

Howard Zinn, Una historia popular del imperio americano, Madrid, Ediciones Sinsentido, 2010.

 

Fuente: http://textosmareaverde.blogspot.com.es/

 

Dos comentarios adicionales:

“En general, se me ocurre que una llamada de atención a la extensa colección de libros editados por Paidós (Estado y Sociedad), puede ser útil para la puesta al día en el tramo más reciente de la historia global, [los] últimos veinte años.”

“Me permitiría un consejo más: que no deje de leer las crónicas de los corresponsales y analistas que se publican en la prensa de calidad española y extranjera. Hoy son una fuente indispensable para entender el mundo, ante la que hay que adoptar las mismas prevenciones que con cualquier libro de Historia.”

 

Anexo: correo electrónico enviado a los participantes:

 Queridos/as …:

Se acerca el Día del Libro y con ese motivo quiero publicar en mi blog una entrada sobre “Los libros que todo estudiante de Historia de las relaciones internacionales debería leer”. Para ello me atrevo a pedir vuestra colaboración porque quiero que se trate de un ránking a partir de la opinión de los especialistas, o sea, vosotros. ¿Qué libros incluiríais?

Como orientación, os pido entre 5 y 10 títulos con su autor. Pueden ser de historia pero también de relaciones internacionales, politología, derecho, economía, sociología, en fin, lo que consideréis más adecuado para la formación de un futuro historiador internacionalista. Valen también artículos, excepcionalmente. Referidos a cualquier época y lugar. Si queréis añadir unas pocas palabras -muy pocas- justificando la elección, estupendo pero si no, no os compliquéis (…) Con todas vuestras elecciones (las que me lleguen hasta el lunes 22 inclusive, pero agradecería que contestarais antes) elaboraré el ránking para publicarlo el 23 de abril, Día del Libro. Mencionaré con todos los honores los nombres de todos los que me habéis ayudado con vuestras opiniones e incluiré los comentarios si los hubiera (sin indicar su autor), pero no detallaré quién ha votado qué obras, para que os sintáis más libres en la elección.

(…)

Os agradezco muy sinceramente vuestra ayuda y vuestro tiempo. Para mí es importante tener las propuestas de cada uno de vosotros, así que espero vuestras respuestas.

Un abrazo

 

 

Y cinco anotaciones al margen para terminar:

Uno.- La primera anotación es para expresar mi más sincero agradecimiento a los especialistas que tan amablemente han dedicado unos minutos de su tiempo a enviarme sus sugerencias bibliográficas. No todos a quienes envié mi petición han podido o querido contestar, pero quienes lo han hecho han superado con su generosidad todas mis expectativas.

Ellos y ellas son (por orden alfabético): Dolores Algora Weber (Universidad CEU San Pablo), Adela Alija (Universidad Nebrija), Lorenzo Delgado (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), Juan Manuel Fernández Fernández-Cuesta (Universidad Complutense de Madrid), Donato Fernández Navarrete (Universidad Autónoma de Madrid), Pilar Folguera Crespo (Universidad Autónoma de Madrid), Sylvia L. Hilton (Universidad Complutense de Madrid), Montserrat Huguet (Universidad Carlos III), Miguel Íñiguez Campos (Universidad Complutense de Madrid), David Jorge (Wesleyan University/Universidad Complutense de Madrid), Encarnación Lemus (Universidad de Huelva), Carlos López Gómez (Universidad Nebrija), Ricardo Martín de la Guardia (Universidad de Valladolid),  Pedro Martínez Lillo (Universidad Autónoma de Madrid), Ascensión Martínez Riaza (Universidad Complutense de Madrid), José Antonio Montero (Universidad Complutense de Madrid), Antonio Moreno Juste (Universidad Complutense de Madrid), José Luis Neila Hernández (Universidad Autónoma de Madrid), Antonio Niño Rodríguez (Universidad Complutense de Madrid), Vanessa Núñez Peñas (Universidad Complutense de Madrid), Juan Carlos Pereira (Universidad Complutense de Madrid), Pedro Pérez Herrero (Universidad de Alcalá), Guillermo Pérez Sánchez (Universidad de Valladolid), Francisco José Rodrigo Luelmo (Universidad Complutense de Madrid), Agustín Sánchez Andrés (Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo, México), Andrés Sánchez Padilla (Universidad Complutense de Madrid), José Antonio Sánchez Román (Universidad Complutense de Madrid), Rosario de la Torre (Universidad Complutense de Madrid). También he votado yo mismo (Carlos Sanz, Universidad Complutense de Madrid).

 

Dos.- Resulta muy significativa la dispersión de los resultados. Los 28 participantes han nombrado un total de 137 títulos (contando como un único título los cuatro volúmenes de Wallerstein; 140 títulos si los contabilizamos como obras). El libro más veces elegido obtiene solamente 12 votos. Con 10 votos aparece un solo libro; con 9 votos tres libros; con 7 votos un libro; con 5 votos dos libros; con 3 votos seis libros; hay 17 libros que obtienen dos votos cada uno. Y por último, hay 106 libros (el 77%) que reciben solamente la nominación de un encuestado.

Se puede deducir fácilmente que hay un bajo nivel de consenso acerca de qué obras responden al criterio de ser formativas para la formación de un futuro historiador internacionalista. Aparentemente, estamos muy lejos de contar con algo que se parezca medianamente a un canon.

En mi muy particular impresión–extraída a partir de las elecciones de cada participante-, la especialización temática, cronológica y espacial de cada uno, la particular trayectoria formativa, investigadora y profesional de cada cual, y la voluntad de ofrecer propuestas equilibradas, compuestas de obras complementarias más que redundantes entre sí, han orientado en gran medida las elecciones realizadas (un poco más sobre esto en el siguiente punto). Y ello hasta el punto de pesar más que la convergencia que teóricamente cabría esperar en torno a un puñado de obras fundamentales que definieran las señas de identidad de la especialidad y de sus practicantes.

En cualquier caso, no hay duda de que hoy en día los especialistas en historia de las relaciones internacionales están leyendo obras y autores muy diferentes entre sí. Cabe inferir que los intereses y prácticas docentes e investigadoras de unos y otros pueden llegar a divergir ampliamente con las de otros colegas, aunque estén adscritos nominalmente a la misma especialidad. Un indicio cuando menos de la pluralidad –y me atrevo a afirmar, también de la vitalidad- que muestra esta disciplina. ¿También de falta de acuerdo en torno a su identidad?

Dando un paso más, es inevitable preguntarse si la misma dispersión y divergencia reinan cuando planteamos qué entendemos por historia de las relaciones internacionales y cómo se relaciona esta especialidad -aquí y ahora-, con otras propuestas –alternativas y/o complementarias- como la historia internacional, historia transnacional, historia de los imperios, historia postcolonial, historia global, historia entrecruzada, … o simplemente con la historia tout court –.

 

Tres.- El aspecto que arroja este listado es, por suerte y por desgracia, algo más y algo menos que la suma de sus partes. Algo más: la coincidencia de nominaciones o “votos” informa como es lógico una cierta ordenación que aquí se presenta como ranking. Algo menos: al listar todas las aportaciones se pierde irremediablemente el juego de equilibrios que se advierte tras cada propuesta individual, esa voluntad que muchos participantes han mostrado –y algunos me han comentado en sus mensajes de respuesta- de compendiar en los estrechos márgenes propuestos (de 5 a 10 libros por persona) una muestra representativa, aunque sea tan limitada, de “lo que hay que leer”.

 

Cuatro.- Todo esto debe tomarse con la debida distancia. El objetivo aquí no ha sido realizar un sondeo estadístico ni tomar el pulso a la profesión. Desde el comienzo se ha tratado de algo mucho más modesto y más lúdico: hablar de libros, de los libros que nos gustan y nos parecen interesantes, los que recomendamos a quienes se interesan por nuestro trabajo –y en especial a nuestros estudiantes-, los que comentamos con nuestros colegas tomando un café, los libros clásicos a los que volvemos una y otra vez, pero también aquellos otros libros que, recién descubiertos, nos han entusiasmado.

Por eso se incluyen en el listado todas y cada una de las propuestas que he recibido. Ni una sola cae en saco roto; juntas constituyen un catálogo de invitaciones –y de incitaciones-, un amplio puñado de pistas que sin duda llevarán al lector a descubrimientos, lecturas y relecturas.

 

Cinco.- Por último, no una anotación, sino una invitación al lector a continuar este juego, comentando y completando el listado. ¿Echa de menos alguna obra que, si tuviera que elegir diez como mucho, estuviera en su listado de imprescindibles? ¿Desea comentar algo sobre los títulos elegidos? Este bosque de libros y los bibliófilos que lo transitan están deseando encontrar nuevas pistas.

Feliz lectura y feliz Día del Libro.

 

Jardín de libros del arquitecto y paisajista Thilo Folkertshttp en Quebec (Canadá). En: www.iniciativamexico.org/blog/el-jardin-de-libros/
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Atractivos, promesas y peligros de la Historia Transnacional: Mae Ngai y Lisa Lindsay en Perspectives on History

Ya reseñamos en este blog cómo la revista Perspectives on History, boletín de la American Historical Association [AHA], publicó a finales de 2012 un Special 50th Anniversary Forum dedicado a “The Future of the Discipline” bajo la coordinación de Lynn Hunt (UCLA). Si entonces nos ocupamos de las ideas de Jeffrey Engel sobre la historia diplomática, hoy nos introduciremos en el estado actual de la historia transnacional de la mano de dos especialistas como Mae Ngai y Lisa Lindsay.

Mae M. Ngai, profesora en la Universidad de Columbia, titula a su aportación “Promesas y peligros de la historia transnacional”.   Partiendo de su experiencia de las dos últimas décadas, Ngai afirma:

[...] Durante aproximadamente la última docena de años, el “giro transnacional” ha sido probablemente el desarrollo más importante en la disciplina histórica. No es el  menor de sus logros el haber desafiado la idea asumida durante largo tiempo de que la nación es la unidad básica de análisis histórico. De este modo la historia transnacional ha abierto nuevas líneas de investigación y ha producido conocimiento histórico que ha revisado toda clase de explicaciones convencionales.  Lo cual ha traído también consecuencias para la organización de la profesión: muchos departamentos se han reorganizado, o como mínimo han reajustado sus áreas basadas en la nación para albergar los nuevos modos de investigación.

En términos generales, la historia transnacional sigue el movimiento o el alcance de personas, ideas, y/o cosas a través de fronteras nacionales (o de otro tipo). Además, conlleva investigación empírica en los archivos de más de un país. Aunque parecería que “transnacional” se refiere, por definición,  a la historia contemporánea (trans-nacional), también se ha utilizado el término para describir mundos regionales de la edad moderna y de periodos anteriores (el mundo atlántico, el océano Índico, la “Europa” medieval, etcétera). A este respecto yo no tomaría partido por ningún tipo de ortodoxia, pero las preguntas y lo que está en juego no son lo mismo en cada caso. Para el periodo contemporáneo, en cualquier caso, se resitúan y problematizan categorías fundamentales. La nación no se borra sino que se la examina con nuevos ojos –desde ángulos diferentes, desde dentro y desde fuera, en un contexto más amplio, y en relación dinámica con una miríada de fuerzas sociales, muchas de las cuales no pueden contenerse en los límites de las fronteras nacionales.

Tras aplicar estas ideas a su propio campo de especialización, el de la historia de la inmigración a los Estados Unidos, la profesora Ngai señala:

[...] El estudio de lo transnacional no se limita a la historia de las migraciones, por supuesto. El campo anteriormente conocido como Historia diplomática de los Estados Unidos ha sufrido una metamorfosis para convertirse en “América en el mundo”. Ahora se preocupa de temas que van mucho más allá de las relaciones interestatales y se basa en la investigación en archivos fuera de los Estados Unidos, mostrando lo diferentes que se ven la posición de los Estados Unidos y sus relaciones en el mundo cuando se las examina desde fuera o desde abajo. La Historia cultural y la Historia intelectual también se han visto transformadas por la investigación transnacional. Obras recientes han mostrado, por ejemplo, cómo el comercio transatlántico y transpacífico de bienes (porcelana, té, pieles, algodón) e ideas (liberalismo, racismo, ley) dieron forma a las identidades nacionales. [...]

A continuación apunta algunas características de la historia transnacional, que aquí sintetizamos telegráficamente:

  •  La mejor historia transnacional repiensa no solo la historia transnacional, sino que además constitye un desafío para la historia nacionalista
  • La historia transnacional ofrece la oportunidad de alterar los relatos estándar [master narratives] de las historias nacionales
  • Si la historia social reescribió la historia “desde abajo”, la historia transnacional procede “desde fuera”

 

En cuanto a los “peligros” de la historia transnacional, Ngai señala dos:

[...] Como pasa con todos los giros historiográficos, existe el peligro del exceso. La historia transnacional no debería significar el final de las historias específicamente nacionales, ya que la nación existe históricamente, y continúa siendo la principal unidad de la política doméstica. Pero el transnacionalismo nos pide –especialmente a los historiadores estadounidenses, que arrastramos el lastre de la tradición excepcionalista- que situemos la nación en un contexto global y que contemplemos nuestro lugar en el mundo pensándonos moralmente equivalentes a los demás.

Querría señalar aquí otro peligro, especialmente para los que somos especialistas en historia de América y de Europa. Debemos ser conscientes de que, debido a nuestra posición privilegiada en el mundo y en el entorno académico global, corremos el riesgo de convertir a la historia transnacional en una variante más de historia imperial. La historia de “Norteamérica” no puede seguir estando centrada en los Estados Unidos, con Canadá y México como meros apéndices. Puede que la historiografía británica esté disfrutando de un revival con el estudio del imperio, pero sin dominar las historiografías, lenguas y archivos de, digamos, India y Egipto, dudaríamos en decir que se trata de historia transnacional. Como estudiosa de la diáspora laboral china en la región del Pacífico en el siglo XIX, continúo sintiéndome intimidada y poseída por un sentimiento de humildad ante las exigencias de la investigación que afronto. Pero las recompensas son potencialmente enormes, así que sigo adelante.

Lisa Lindsay

Por su parte, Lisa A. Lindsay, profesora de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill,  titula “El atractivo de la historia transnacional” sus reflexiones sobre el auge de esta perspectiva historiográfica:

[...] En la actualidad, las revistas publican regularmente artículos sobre temáticas transnacionales, y las ofertas de empleo en las universidades a menudo contienen las palabras “global”, “mundial” o “transnacional”. Según un informe de la American Historical Association de 2010, más de la mitad de los departamentos de Historia de los Estados Unidos (el 52,3%) incluye hoy en día al menos un especialista en historia mundial (que no es lo mismo que historia transnacional, pero nos sirve de aproximación aquí), comparado con un 19,1% en el año 2000. En 2006, la American Historical Review oganizó un foro sobre historia transnacional; podríamos recordar también que el congreso anual de la American Historical Association en 2010, estuvo dedicado al tema “Globalizando la Historia”. [...]

Lindsay destaca algunos aspectos que aquí sintetizamos también de forma telegráfica :

    •  Por supuesto, algunos campos de investigación siempre han sido transnacionales
    • En parte, el giro transnacional implica el reconocimiento de que las personas, cosas, procesos e ideas en el pasado eran móviles.
    • Aunque los especialistas en historia militar, historia diplomática e historia imperial ya estaban haciendo esto [así como “examinar regiones particulares en sus conexiones a través de redes, instituciones y procesos específicos”], la “nueva” historia transnacional a menudo tiene objetivos diferentes.
    • Aunque algunas historias transnacionales se concentran en personas o grupos particulares, a pesar de ello producen conocimientos de relevancia general.
    • La historia transnacional desnaturaliza la nación.
    • Finalmente, el transnacionalismo facilita la comparación, que puede hacer que lo exótico parezca más inteligible y lo familiar más contingente.

Concluye, en fin, Lisa Lindsay su aportación con la siguiente reflexión:

[...] Las historias transnacionales ofrecen una gama de puntos de vista sobre la movilidad, las relaciones que conectan y trascienden entidades políticas, el desarrollo de redes y estados, las particularidades de la cultura, y mucho más- que a menudo pasan desapercibidas en los estudios ligados a la nación. Pero consideraciones prácticas y la actual estructura de formación todavía inhiben su práctica, especialmente –como fue en mi caso- en los momentos iniciales de la carrera académica. Hoy en día, especialidades temáticas como la historia de la religión o la historia atlántica están prosperando en algunos departamentos. ¿De qué otros modos podría figurar el transnacionalismo en el futuro de nuestra disciplina?

Copyright © American Historical Association

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Mala reputación, brillante futuro: Jeffrey Engel sobre la historia diplomática

La revista Perspectives on History, boletín de la American Historical Association [AHA], publicó el pasado año su volumen 50. Con este motivo, Lynn Hunt (UCLA) editó en un Special 50th Anniversary Forum dedicado a “The Future of the Discipline“. Merece la pena repasar todo el número, pero nosotros nos vamos a detener en este post en la aportación de Jeffrey E. Engel ( director del Center for Presidential History de la Southern Methodist University), sobre la historia de las relaciones internacionales o, más propiamente, la historia diplomática, titulado “Diplomatic History’s Ill-Deserved Reputation and Bright Future“. Lo que sigue no es más que un extracto (en traducción libre) que permite asomarse a los planteamientos de Engel, aunque naturalmente lo más aconsejable es leer el texto completo en su versión original.

[...] Hemos recorrido un largo trecho desde la crítica de Charles Maier en 1980 de que la historia diplomática estaba simplemente “haciendo tiempo” más que presionando hacia adelante y de que merecía el exilio al desierto académico por su “falta de innovación” y “resistencia a nuevos trabajos”. Al mismo tiempo ha pasado una generación desde la opinión, menos cáustica pero no menos perspicaz de Lynn Hunt en 1989 de que la historia social se había convertido en “el área de investigación más importante en historia”. Estas dos afirmaciones provocaron vigorosas introspecciones en búsqueda de su alma entre los historiadores de la diplomacia. Muchos se alzaron para protestar; otros muchos todavía se erizan ante tales acusaciones.

Si lo vemos en perspectiva amplia, tales críticas y sus refutaciones se entrelazan al trazar la propia historia reciente de la historia diplomática. El estudio de la política exterior, como la profesión histórica en conjunto, creció sustancialmente siguiendo la estela del foco social de los años 1970s y el giro cultural de la década siguiente. Mientras demasiados historiadores que en la década de los setenta estaban en la vanguardia evitaron después, por costumbre, las últimas publicaciones en historia diplomática, tomando la crítica de Maier como una revelación permanente, en su ausencia la disciplina abrazó tenencias más amplias. Solo necesitamos revisar la lista de títulos galardonados con premios durante la última generación para encontrar repetidamente términos como “raza”, “poder”, “cultura”, “retórica” e “imperio”.

Este ya no es el campo en el que trabajó tu director de tesis. Ha evolucionado en línea con cambios más amplios dentro de la academia y en el resto del mundo. Se ha producido una nueva atención a factores sociales y culturales, según avanzaba una era de profunda descolonización y subsiguiente difusión del poder global. La lista de estados miembros de las Naciones Unidas, por tomar una medida instantánea, ha crecido de 51 a 193 desde 1945. Buena parte de los recursos financieros y políticos del mundo se ha transferido simultáneamente, aunque de forma desigual, más allá del elenco inicial de la ONU. Comprender este nuevo sistema internacional, lo que Fareed Zakaria ha denominado “el ascenso del resto”, requiere un nuevo tipo de especialista capaz de mirar más allá de Washington, Moscú, Tokio y las capitales europeas. Requiere historiadores dotados de un instrumental cada vez más sofisticado, capaces de comprender y explicar una creciente variedad de naciones, razas y lenguas, fuentes, y materias. Los historiadores de la diplomacia han respondido con prontitud al llamamiento de la especialista en género e historia del trabajo Jeanne Boydston a estudiar  “las cuestiones muy localmente” como medio para comprender un mundo crecientemente complejo, al menos “hasta que podamos demostrar sus conexiones e interacciones”. En su ensayo finalmente publicado, Boydston argumentaba –y no ciertamente pensando en los diplomatistas- que “la distinción resulta importante” en relación directa con la complejidad de cada encuentro. Yo apuntaría a que este estudio de interacciones entre lugares es precisamente de lo que ha tratado siempre la historia diplomática.

[…]

El mensaje fue crudamente transmitido y se recibió ampliamente. Para tener éxito en el ámbito más amplio de la profesión, un joven investigador necesitaba dirigirse simultáneamente a los especialistas y a la profesión en su conjunto; navegar las olas de la especialidad a la vez que trazaba su rumbo a través de las corrientes más amplias de la disciplina. Los aspirantes a historiadores –o al menos, y esto es fundamental, quienes aspiraban a conseguir un empleo como tales- simplemente ya no escribirían tesis sobre historia diplomática sin tratar, en algún nivel, cuestiones de raza, género, cultura y similares. Como han notado Eric Foner y Lisa McGirr recientemente, “categorías como raza y género, piedras de toque de la nueva historia social, se consideran ahora esenciales para comprender grandes temas de la historia de América, incluyendo la ley, la diplomacia y la política pública, en lugar de limitarse a las relaciones entre negros y blancos o entre hombres y mujeres”. Además, Erez Manela ha descrito la pasada generación de historia diplomática como un “frenesí creativo” que ha ofrecido una “implacable ampliación de sus fronteras espaciales, temáticas y metodológicas”. Por supuesto, hay constantes. El estudio de la diplomacia y de los asuntos exteriores sigue ocupándose intrínsecamente del poder transnacional (como veremos a continuación) pero en su tono y en sus categorías explicativas, la disciplina ha madurado siguiendo la misma trayectoria que el conjunto de la profesión histórica.

[…]

La historia diplomática siempre ha privilegiado el estudio del poder, pero ahora no solo estudia a los privilegiados que ejercieron ese poder de forma más directa. Como evidencia no tenemos más que atender a los más recientes debates internos sobre el nombre de la especialidad. Pensando que la denominación de “historia diplomática” ya no representa su estado actual, algunos de sus profesionales, en revistas, blogs y una serie de paneles y sesiones plenarias en el encuentro actual de la disciplina [el congreso de la AHA] han expresado su preferencia por  “historia internacional” como una descripción más útil de las interacciones entre pueblos. Otros prefieren “historia transnacional” para enfatizar la conectividad global más que las divisiones; para algunos, “asuntos exteriores” [“foreign affairs”] describe mejor la amplia gama de interacciones internacionales que permite la modernidad. Al final, el propósito de estos debates, al menos tal como yo los veo, ha sido menos el de dictar nuevas direcciones a la disciplina que subrayar los caminos que ya se han transitado. En cada caso, el estudio de la creación, despliegue y consecuencias del poder es lo que unifica la especialidad, independientemente de la nomenclatura.

El enfoque en el poder formal hizo que los diplomatistas parecieran arcaicos en una época anterior, cuando las investigaciones de vanguardia trataban de identificar el poder en nuevos lugares, pero esta arraigada fascinación con el poder les garantiza ahora un brillante futuro, especialmente a la medida que vamos progresando desde estudiar simplemente los orígenes del poder a examinar más ampliamente sus efectos. El poder subyace a cualquier interacción global: comercial, social, religiosa, de élites, subalterna, o las enmarañadas combinaciones que caracterizan la historia humana. Este poder está asociado muy frecuentemente al Estado, una fuerza y estructura con la que tienen que vérselas incluso los más vanguardistas historiadores diplomáticos, ya estudien entidades no gubernamentales, procesos de inculturación, modernización, migración, descolonización o cualquier tipo de las innumerables formas en que los humanos interactúan a través y alrededor de las fronteras. Los actores no gubernamentales buscan constantemente el respaldo y la protección estatal. Las redes de comunicaciones se rigen por leyes y regulaciones impuestas por los Estados. Es imposible comprender la descolonización sin contemplar el rechazo de una autoridad gubernamental a favor de otra.

Al expandir la definición de poder en busca de sus múltiples localizaciones y fuentes en el siglo XXI, los historiadores corren de cabeza hacia la fuerza centralizada de autoridad gubernamental – en otras palabras, hacia el mismísimo lugar donde comenzó la historia diplomática-. El especialista en la edad contemporánea tiene que estar voluntariamente ciego para sugerir que el poder estatal no es importante. Las nociones de cultura y raza nos ayudan a comprender el antisemitismo europeo y el odio hacia los gitanos, homosexuales y discapacitados, pero fue necesario el poder del Estado alemán –unido a la industrialización- para transformar antiguos odios en matanzas sistemáticas. La disolución del poder estatal al final de la Guerra Fría permitió que Yugoslavia cayera en el caos étnico; incubó la hambruna en Somalia; facilitó la matanza en Ruanda; y más recientemente, ayudó a la primavera árabe. Dada la centralidad del Estado en la China comunista y en el imperio soviético, sacar al estado de estas historias equivale a extirpar una buena parte del siglo XX.

Claramente, estudiar solo el estado y las interacciones entre estados en el sistema global resulta insuficiente para proporcionar una imagen holística del pasado. Un historiador contemporaneísta estaría ignorando intencionalmente la literatura reciente sobre los orígenes de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, por ejemplo, si no hiciera referencia a perdurables nociones de superioridad racial por parte de los políticos en el poder, tanto japoneses como europeos y americanos. El mismo especialista, de todos modos, estaría en falta si terminara la historia aquí, si no tuviera en cuenta los anticuados parámetros del poder estatal, como el acceso a los recursos naturales. De forma más espectacular, fue necesario el poder del Estado para construir la bomba atómica que ayudó a terminar la guerra. Solo desde 1945 los humanos se han visto obligados a tomar en consideración su propio poder para eliminar la vida sobre el planeta: y este es un poder que merece ser estudiado, de hecho. Totalmente reintegrada ahora en la corriente principal de la disciplina, la historia diplomática goza ahora de un futuro brillante porque, para bien o para mal, es improbable que el poder se disipe como principio organizador del siglo XXI y más allá. Lamentable, como alguien que estudia los conflictos internacionales y la manera de evitarlos, a menudo digo bromeando que  la mía es una industria en crecimiento. El conflicto internacional aparece en todas partes, creciendo en variedad y complejidad tras la Guerra Fría y particularmente después del 11-S. Por eso confío en la durabilidad de la historia diplomática como campo de investigación. Ha aceptado las exigencias de la historia cultural y social sin perder su enfoque en el poder transnacional y estatal. Ha ampliado constantemente la gama y variedad de sus temas y actores más allá del estado sin perder de vista el impresionante poder estatal. Ha crecido sin olvidar sus orígenes, a la vez que resultaba relevante para el mundo contemporáneo y futuro. Todos deberíamos ser igualmente afortunados.

Copyright © American Historical Association

 

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25 libros para entender los últimos 25 años, en “Política Exterior”

En 1987 salía a la calle el primer número de Política Exterior, una publicación que se proponía ofrecer al lector en español las claves (el cómo y el porqué, según reza su lema) de “lo que estaba pasando en el mundo”. La empresa tuvo la fortuna o el acierto de nacer en un momento de transformaciones fundamentales en la sociedad internacional, y de estar ahí para contarlo todo: la caída del muro de Berlín en 1989 y las transiciones de los regímenes políticos de la Europa Central y Oriental, la reunificación de Alemania en 1990, el fin de la Guerra Fría, la desintegración de la Unión Soviética en 1991 y el intento de formulación de un Nuevo Orden Mundial, todo ello solamente en sus cuatro primeros años de existencia.

Portada del número 150 (2012) de Política Exterior

Exactamente 150 números después, Política Exterior ha dedicado una edición especial al balance del último cuarto de siglo en la escena internacional. En él, Fernando Delage, subdirector de la revista desde 1993 hasta 2005, y colaborador habitual en sus páginas en la actualidad, selecciona y comenta 25 libros fundamentales para comprender este periodo desde el punto de vista de las relaciones internacionales.

La selección contiene clásicos contemporáneos (los nombres de Kennedy, Fukuyama, Huntington o Judt son solo algunos de los más obvios) junto con autores menos conocidos. Arroja un predominio absoluto de especialistas anglosajones, incluye dos españoles (Torreblanca y Pereira), y no olvida a un grande de todos los tiempos, un clásico en el sentido más propio del término (E.H. Carr). Consigue abarcar los grandes temas y procesos que han configurado la etapa histórica más reciente y el mundo actual, como la globalización, el ascenso de China, el declive de Estados Unidos, las guerras de Afganistán e Iraq, etc., aunque más de un lector echará de menos temáticas, problemas o áreas geoestratégicas comparativamente menos presentes en los estudios seleccionados.

La lista completa de libros y el artículo de Fernando Delage pueden consultarse en el siguiente enlace:

http://www.politicaexterior.com/articulo?id=5041

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Para un manifiesto sobre la Historia del presente

Para un manifiesto sobre la Historia del presente

 

“En los últimos años, se ha incrementado el interés por el análisis histórico del mundo actual, tanto en el ámbito académico como en los medios de comunicación. Ello se ha traducido en un aumento notable del número de espacios de comunicación, libros, asignaturas, congresos, tesis e investigaciones relacionadas con la Historia inmediata, también denominada Historia del tiempo presente o incluso, Historia actual. Como historiadores profesionales, consideramos que una materia centrada en este ámbito de reflexión ofrece excelentes posibilidades para la docencia en el contexto de la historia en general.

Aunque diversas Universidades cuentan ya en sus planes de estudios con asignaturas centradas en el estudio del presente en clave histórica, consideramos que la Historia inmediata o Historia del tiempo presente, no cuenta, todavía, con el reconocimiento académico y docente que merece. A nuestro entender, los departamentos de Historia deberían potenciarla al máximo, por las siguientes razones:

  • En primer lugar, porque no podemos dar la espalda a la demanda social creciente, tanto de la opinión pública y de los profesionales de la comunicación, de hacer inteligible el presente, como de un sector importante del alumnado, que desea formarse en esta faceta histórica.
  • En segundo lugar, porque el historiador profesional está especialmente capacitado para abrir nuevas perspectivas a la comprensión y a la explicación del presente. Tan sólo el historiador, mediante el razonamiento histórico y sus métodos rigurosos de análisis, que trabaja sobre hechos o procesos de larga duración, está en condición de captar la lógica de las fuerzas que actúan a largo plazo, las tendencias de larga duración, los fenómenos estables y constantes, las continuidades y los cambios realmente significativos que conforman el escenario actual.
  • En tercer lugar, por el interés epistemológico que presenta el desarrollo y el perfeccionamiento de esta nueva disciplina histórica. Aunque hoy poca gente cuestiona la validez de la historia inmediata, ni pone en duda su carácter científico, riguroso y objetivo, es indudable que hay que avanzar en su desarrollo y perfeccionamiento. Tenemos que continuar mejorando las herramientas y los métodos de análisis que nos permiten analizar y explicar el tiempo presente y los procesos actuales; tenemos que concretar los límites del periodo cronológico específico de la historia inmediata, lo cual conlleva debates fructíferos sobre la periodización en Historia.
  • En cuarto y último lugar, porque en el contexto actual de crisis y recortes, la Historia actual puede suponer una oferta innovadora, que no sólo implique la ampliación y modernización de nuestros programas, sino que también posibilite un punto de encuentro de nuestros departamentos con otras disciplinas, e incluso con el mundo empresarial y con la administración.

Por lo tanto, como asignatura  la Historia del tiempo presente resulta especialmente atractiva en las facultades de Ciencias de la Comunicación, Ciencia Política o Humanidades-Sociología. Tanto es así, que suele ser impartido por profesores no especializados dentro de sus respectivas asignaturas. Para los profesionales de la docencia en Historia Contemporánea,  las asignaturas de Historia del tiempo presente, presentan ventajas importantes.

a) En primer lugar, colocan al estudiante frente a las complejidades que surgen de evaluar las situaciones históricas del pasado lejano a partir de la experiencia propia en situaciones vividas por él mismo, o cuyas consecuencias le alcanzan de forma directa en el presente. Ello resulta de especial interés formativo, por cuanto proveen al estudiante de una experiencia directa, así como de una percepción realista enormemente útil para aproximarse al pasado no vivido. Dicho de otra manera, el estudio –sobre toso si es comparativo- de la Historia inmediata, carga de experiencia al estudiante.

b) El estudio de la Historia inmediata hace que muchos asuntos de la historia más remota le resulten más accesibles y atractivos. Eso puede suponer una aproximación más confiada a ámbitos que la globalización ha llevado hasta su experiencia cotidiana, conduciendo su estudio hacia los aún novedosos terrenos de la Historia transnacional y la Historia global. Por ejemplo, los remotos Balcanes de hace veinte o treinta años se han convertido en objeto de un número creciente de trabajos de final de carrera, o incluso de tesis doctorales. De momento, referidos a episodios de la Historia inmediata (guerras de secesión yugoslavas, 1991-2001). Pero es muy posible que ese sea una puerta de acceso para ulteriores estudios sobre los conflictos. Este mismo mecanismo está funcionando con ámbitos percibidos como exóticos hasta hace poco, pero ahora, por la fuerza de la globalización. Se han vuelto cotidianos.

c) En ese sentido, un enfoque internacionalista permite nuevas aproximaciones que otras disciplinas como la Política o la Sociología, resuelven con relativa sencillez en función de las teorías y modelos construidos a priori, pero que se transforman en un asunto complejo desde la perspectiva de la Historia. En ese sentido, por ejemplo, el objeto de una Historia Internacional o una Historia de las Relaciones Internacionales en relación con la Historia del tiempo presente no es otro que entender y explicar históricamente quien y cómo se hace la política del sistema global; con qué instituciones y mediante que procesos; con qué legitimidad las instituciones existentes han hecho sus opciones y han elegido entre unas u otras políticas públicas y, por último, que forma de legitimación tienen los sujetos pasivos en esas mismas opciones, es decir, los ciudadanos.

d) En definitiva, la docencia de las diversas temáticas de la Historia actual y especialmente en el ámbito de las relaciones internacionales, ayuda de forma muy eficaz a demostrar a la sociedad que la Historia sirve entender, explicar e interpretar el presente. No es así si los programas de estudios de Historia Contemporánea se detienen a comienzos de los años ochenta, como mucho, o incluso con el final de la Guerra Fría, en 1990. Lo cierto es que la historia (y la vida) han continuado desde esa fecha, dando lugar a nuevos fenómenos cuya conexión con el pasado puede no ser entendida per se (como puede ser, por ejemplo, el fenómeno de las “potencias emergentes”) o cuya continuidad es bien evidente y ni puede ser ignorada. Por ejemplo, las consecuencias de la descolonización presentes en numerosos conflictos de la más rabiosa actualidad, y cuyo estudio o explicación en el aula no pueden ser dejadas en suspenso en 1991.

En el ámbito de la investigación:

I) Los estudios sobre Historia del presente pueden ser un vehículo eficaz para la conexión entre los departamentos y fuentes de financiación externos, a través de la organización de másters, asesoramiento, docencia especializada, trabajos e informes específicos dirigidos a medios de comunicación, partidos políticos, instituciones de gobierno, asuntos exteriores, consultorías y un largo etc.

II) El historiador que trabaja sobre el periodo que abarca los últimos veinte o treinta años se convierte en recopilador de miles de datos que, sin su intervención, se perderían o dispersarían con el mero transcurso del tiempo. Esto es una realidad tanto más urgente en nuestro mundo actual, en el cual el problema es mas de exceso de información que de carencia de la misma el procesamiento de los datos que se convertirán en piezas del relato histórico puede llegar a ser desbordante si se utiliza, por ejemplo, el apoyo de las redes sociales, los libros electrónicos o YouTube.

III) En definitiva, el ya manido tópico de que la investigación de la Historia del tiempo presente no puede ser considerado profesional porque no existe documentación suficiente, deviene altamente paradójico: el problema es, justamente, el contrario. La imposibilidad de acceder a fuentes clasificadas tampoco es un baremo convincente: el estudio del pasado remoto no garantiza siempre la consulta de ese tipo de material –que, por otra parte, no siempre es resolutivo o veraz- mientras que la investigación de asuntos de gran actualidad puede llegar  contar con el concurso de fugas masivas de documentos reservados desde los centros de poder, fenómenos que hemos podido constatar en los últimos años gracias al concurso de esa herramienta revolucionaria que es internet.

IV) A medida que va procesando el enorme flujo de datos, la intervención del historiador permite escoger unos y desechar otros, establecer hipótesis explicativas y definir periodizaciones. Por lo tanto, el profesional de la historia que se dedica a estudiar o investigar los últimos treinta años, ya está organizando el presente como historia inmediata. Está claro que, forzosamente, eso va a suponer la revisión continuada de lo estudiado y lo escrito. Así que, el historiador que investigue sobre la Historia inmediata deberá estar dispuesto a ser cuestionado con frecuencia, a no sentar cátedra con asiduidad, a que parte de su obra sirva de base para la construcción de nuevos andamiajes interpretativos, especialmente en lo relativo a la conformación del orden internacional como hemos apreciado desde el final del conflicto bipolar. La obra de Historia del tiempo presente suele ser perecedera, y conviene que el historiador afrontar esa posibilidad con honradez y dignidad, dado que su trabajo consistirá en abrir camino.

V) No sólo el estudio de los acontecimientos acaecidos en el periodo de la Historia inmediata deberían ser objeto de la atención del historiador. También lo son aquellos fenómenos de la historia remota, pero analizados bajo la nueva luz que arrojan nuevas fuentes, o el simple paso del tiempo. Por lo tanto, los nuevos enfoques sobre antiguas cuestiones, surgidas en los últimos treinta años, también forman parte de la actividad del especialista en Historia inmediata; siempre que se atienda, desde luego, a las razones coyunturales de los puntos de vista novedosos.

VI) Para concluir, a dimensión de la crisis que padece el país, hace que el estudio  la Historia inmediata de España se haya convertido en una necesidad en sí misma, a fin de que la evaluación del profesional de la Historia aporte una visión técnica que sustituya a la meramente política.”

 Madrid, 18 de junio, 2012

Prof. Francisco Veiga (UAB)

Prof. Antonio Moreno Juste (UCM)

Prof. Jaume Suau (UB)

Prof. Juan Carlos Pereira (UCM)

Prof. Florentino Rodao (UCM)

Prof. José Manuel Azcona (URJC)

Profª. Montse Huguet (UCIII)

Prof. Carlos Sanz (UCM)

Profª. Adela Alija (UNebrija)

Prof. José Luis Neila (UAM)

Abdón Mateos (UNED)

Matilde Eiroa (UCIII)

Álvaro Soto (UAM)

Pilar Folguera (UAM)

Salvador Forner (UA)

Ricardo Martín de la Guardia (UV)

Guillermo Pérez (UV)

Ferran Gallego (UAB)

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Se publica el Vademécum de Historia Contemporánea de España

Alrededor de 350 referencias, en versión bilingüe castellano–inglés, sobre archivos, instituciones, bibliotecas, asociaciones, museos y lugares de memoria de la historia contemporánea de España es lo que ofrece el “Vademécum de Historia Contemporánea de España. De la Guerra Civil a la democracia” que acaba de publicarse y del que es editora la Dra. Ana Pelka.

La publicación del vademécum corre a cargo de la fundación alemana Stiftung zur Aufarbeitung der SED-Diktatur (Fundación Federal para la Investigación y Evaluación de la Dictadura Comunista en la RDA), con sede en Berlín. Un ejemplar de la obra puede descargarse gratuitamente de la página web de la fundación, a través del siguiente enlace: https://www.stiftung-aufarbeitung.de/vademecum-2481.html. El libro, puede adquirirse también en formato físico en la página web de la fundación o mediante solicitud por email a la propia Dra. Pelka (el precio son 5 euros más gastos de envío).

Con su serie de vademécums, la Fundación Federal para la Investigación y Evaluación de la Dictadura Comunista en la RDA pretende “fomentar la colaboración internacional en la evaluación de las dictaduras”. En su página web (www.stiftung-aufarbeitung.de) pueden consultarse y descargarse gratuitamente en formato pdf los vademécum referidos a países como Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Ucrania, Bulgaria, Rumanía y Reino Unido, y áreas geográficas como Escandinavia.

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Siete puntos de vista para repensar la Historia de las Relaciones Internacionales hoy

Los días 20, 21 y 22 de junio de 2012 se celebran en la Universidad Complutense de Madrid las Jornadas Doctorales de Historia Contemporánea organizadas por estudiantes de doctorado de las Universidades Complutense y Autónoma de Madrid. El programa completo de estas jornadas puede descargarse aquí y las novedades sobre las mismas pueden seguirse en este blog (http://www.jornadasinteruniversitarias2012.blogspot.com.es/).

En la sesión de las 18:30-20:30 del miércoles 20, la Mesa sobre Historia de las Relaciones Internacionales (HRRII) invita a debatir sobre la situación actual de este campo de estudio desde una perspectiva teórica y metodológica amplia. Como punto de partida se proponen siete puntos de vista, siete textos muy diversos en su extensión, intención y contenido.  No son un corpus cerrado, ni pretenden cubrirlo todo, sino propiciar la reflexión, dentro de los límites razonables de extensión marcados por la organización de las jornadas.

Algunos tratan de establecer un balance y diagnóstico sobre la HRRII en Estados Unidos y en España. En otros se debaten cuestiones como las relaciones entre historiadores y politólogos en el estudio de la sociedad internacional contemporánea, las oportunidades y desafíos que ofrece la historia global o, en un plano más terrenal, las preocupaciones que acechan a los estudiantes de doctorado y que se pueden resumir en la pregunta de ¿merece la pena tanto esfuerzo?

Las siete propuestas, con sus enlaces, son:

1.- Thomas W. Zeiler (2009), “The Diplomatic History Bandwagon: A State of the Field”,  The Journal of American History, 95(4), pp. 1053-1073. http://isites.harvard.edu/fs/docs/icb.topic957867.files/Zeiler%20–%20Diplomatic%20History%20Bandwagon.pdf

2.- Jessica C.E. Gienow-Hecht (2009), “What Bandwagon? Diplomatic History Today”, The Journal of American History, 95(4), pp. 1083-1086.

3.- Hugo Fazio Vengoa, “La historia global y su conveniencia para el estudio del pasado y del presente”, Historia crítica edición especial, Bogotá, noviembre 2009, pp. 300-319.  http://historiacritica.uniandes.edu.co/view.php/629/index.php?id=629

4.- Kenneth Weisbrode, “The New Diplomatic History. An open letter to the membership of the SHAFR”, 2008.  http://www.shafr.org/passport/2008/december/Weisbrode.pdf

5.- Robert Jervis (2010), “International Politics and Diplomatic History:  Fruitful Differences”. Published by H-Diplo/ISSF on 12 March 2010. http://www.h-net.org/~diplo/ISSF/essays/1-Jervis.html

También disponible en: http://www.h-net.org/~diplo/ISSF/ISSF-JervisInaguralAddress.pdf

6.- Juan Carlos Pereira y Carlos Sanz Díaz (2010), “Historia de las relaciones internacionales y de la política exterior española”, en Á. Barrio Alonso, J. de Hoyos Puente y R. Saavedra (eds.), Nuevos horizontes del pasado. Culturas políticas, identidades y formas de representación. Santander, Universidad de Cantabria, pp. 251-260. https://www.dropbox.com/s/54m24al41d2v9pi/PEREIRA%20y%20SANZ%202010%20-%20Historia%20relaciones%20internacionales.pdf

7.- “The disposable academic. Why doing a PhD is often a waste of time”, The Economist, 16 diciembre 2010. http://www.economist.com/node/17723223

Quedan todos invitados a participar en el debate.

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Los mejores y peores libros de relaciones internacionales: 10+10 propuestas, según FP

Esta semana la revista Foreign Policy ha publicado sendos artículos de Stephen M. Walt y de Daniel W. Drezner titulados “Mi lista de diez mejores libros que todo estudiante de relaciones internacionales debería leer”“Los diez peores libros sobre relaciones internacionales”, respectivamente. Las listas son una de las especialidades de esta publicación mensual: desde “Las fronteras más discutidas del Este de Europa” hasta “Los cinco peores lugares para ser mujer” pasando por “Las guerras de la comida” o “Los 23 peores tiranos“, todos los aspectos de la actualidad internacional son susceptibles de resultar ordenados en los listados de FP. ¿Por qué resultan estos tan atractivos? Tal vez porque, como escribió John Mankiewicz, con la organización suficiente y las listas suficientes creemos que podemos controlar lo incontrolable.

Fuente: Getty Images

Volviendo a las listas de diez mejores y peores libros, Stephen Walt nos advierte de que su “top ten” no abarca necesariamente las obras que incluiría en el programa de una asignatura de relaciones internacionales, sino que recoge libros “que tuvieron una gran influencia en mi forma de pensar, que fue un placer leer, o que son un valor permanente para cualquiera que trate de comprender la política mundial contemporánea”. Incluso tras su aviso de que con sus “diez mejores” no trata más que de “rascar la superficie”, resulta interesante conocer su selección. Hay de todo, desde las memorias del eterno realpolitiker Henry Kissinger hasta clásicos como Waltz, Jervis y Polanyi, pasando por otros autores menos conocidos fuera del ámbito anglosajón.  Sobre todo es revelador conocer las razones que aduce para cada libro, aunque para ello remitimos al artículo original que se puede leer en el portal de internet de FP (indico el título de la versión en español, cuando la hay):

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1. Kenneth Waltz, Man, the State, and War. (El hombre, el estado y la guerra: un análisis teórico. Buenos Aires, Editorial Nova, 1959)
2. Jared Diamond, Guns, Germs and Steel (Armas, gérmenes y acero. Barcelona, DeBolsillo, 2006)
3. Thomas Schelling, Arms and Influence
4. James Scott, Seeing Like a State: How Certain Schemes to Improve the Human Condition Have Failed.
5. David Halberstam, The Best and the Brightest
6. Robert Jervis, Perception and Misperception in International Politics
7. John J. Mearsheimer, The Tragedy of Great Power Politics
8. Ernst Gellner, Nations and Nationalism (Naciones y nacionalismo. Madrid, Alianza Editorial, 1988)
9. Henry A. Kissinger, White House Years & Years of Upheaval (Mis Memorias, Buenos Aires, Atlántida, 1979)
10. Karl Polanyi, The Great Transformation (La gran transformación: los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. México, FCE, 1992)
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Daniel Drezner asume por su parte una tarea arriesgada al proponer sus “diez peores” libros, aunque ya  advierte que no ha pensado en libros realmente tan malos que nadie los lee, ni libros escritos por “los malos” (como Mein Kampf), sino en aquellos que cumplen estos criterios: libros escritos por destacados políticos y decisores internacionales que provocan el sueño; y libros que fueron influyentes en su momento pero que resultaron estar espectacularmente equivocados y provocaron consecuencias negativas. En el apartado de profecías que nunca se cumplieron, las hay sobre potencias predominantes que no llegaron a serlo (Japón), catástrofes demasiado anunciadas (la bomba demográfica) e instituciones que se resisten a periclitar (como la guerra o el Estado nación). En el de libros que inspiraron decisiones erróneas, destacan los que transmitieron lecturas perversas de los conflictos balcánicos (caso del libro de Kaplan) o los que sirvieron de justificación para la guerra de Iraq (como el de Pollack). Al lado de estos, los simplemente aburridos (Christopher, Weinberger) o infatuados (Hard y Negri, según Drezner) resultan casi inocuos. Con estos parámetros, y por orden cronológico, he aquí la selección:
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1. Norman Angell, The Great Illusion
2. E.H. Carr, Nationalism and After
3. Paul Ehrlich, The Population Bomb
4. Shintaro Ishihara, The Japan That Can Say No: Why Japan Will Be First Among Equals
5. Konichi Ohmae, The End of the Nation State (El fin del estado nación: el ascenso de las economías regionales, Santiago de Chile, Andrés Bello, 1997)
6. Robert D. Kaplan, Balkan Ghosts (Fantasmas balcánicos: viaje al origen de los conflictos de Bosnia y Kosovo, Barcelona, Ediciones B, 2005)
7. Caspar Weinberger, Fighting for Peace: Seven Critical Years in the Pentagon
8. Warren Christopher, In the Stream of History: Shaping Foreign Policy for a New Era
9. Michael Hardt y Antonio Negri, Empire (Imperio, Barcelona, Paidós, 2002)
10. Kenneth Pollack, The Threatening Storm: The Case for Invading Iraq

Como es habitual, los comentarios de los lectores resultan también muy sugerentes. De todos modos, Walt ya anuncia una próxima lista, pensada en aquellos “que no tienen tiempo de leer libros”, y que estará dedicada a los diez artículos más recomendables sobre relaciones internacionales.
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Entre tanto, desde este blog intentaremos también promover una lista propia elaborada con las sugerencias de especialistas sobre los mejores libros de Historia de las relaciones internacionales. Prometido queda.
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