Archivo de diciembre, 2010

Estudio y edición de la ´Valeriana`: (´Crónica abreviada de España` de mosén Diego de Valera)

por Eduardo Torres Corominas

Cristina Moya García. Estudio y edición de la ´Valeriana`: (´Crónica abreviada de España` de mosén Diego de Valera), Madrid: Fundación Universitaria Española, 2009.

Cristina Moya García. Estudio y edición de la ´Valeriana`: (´Crónica abreviada de España` de mosén Diego de Valera), Madrid: Fundación Universitaria Española, 2009.

Con el presente estudio y edición de la Valeriana o Crónica abreviada de España de mosén Diego de Valera (Cuenca, 1412- Puerto de Santa María, 1488) queda saldada una vieja deuda contraída desde hace décadas por el hispanismo con la historiografía castellana, pues hasta la fecha no se contaba con una edición crítica –y aun moderna- de la que sin duda constituye una de las más importantes crónicas peninsulares del Cuatrocientos. Gracias a la labor de Cristina Moya García, en efecto, tanto los historiadores como los estudiosos de la cultura hispánica de la Baja Edad Media disponen ya de un texto fiable de la Valeriana elaborado a partir del exhaustivo cotejo de once de los doce ejemplares conservados de la editio princeps (Sevilla, Alonso del Puerto, 1482), cuyo curso, adicionalmente, ha sido enmendado o completado en sus pasajes defectuosos empleando como apoyo dos ejemplares más de la segunda edición (1487), así como el valiosísimo referente de las fuentes manuscritas, cuya precisa localización representa, por otra parte, una de las más meritorias aportaciones del trabajo.

Tal y como la autora explica en las páginas de su estudio, la trascendencia de la Valeriana se debe tanto al hecho de que fuese Isabel la Católica quien, una vez concluida la guerra de Sucesión y pacificado el reino, encargase al humanista conquense la redacción de la crónica, como a la profunda repercusión alcanzada en su tiempo por la obra gracias a una prolongada difusión impresa –contó con veinte ediciones entre 1482 y 1567- que, desde un principio, resultó pionera en la historiografía castellana. No es de extrañar, por consiguiente, que, como producto ideológico al servicio de la Corona –y en particular, de la reina Católica-, Diego de Valera reescribiese en la Crónica Abreviada la historia de España tratando de ponderar y apuntalar –al calor del momento presente, esto es, de la particular encrucijada política vivida en la Península entre 1479 y 1481, período de redacción de la crónica-, la supremacía de Castilla frente a Francia, el entronque de los monarcas españoles con los antiguos reyes godos o la legitimidad dinástica de los Trastámara. De ahí que, sustentada en principios como el goticismo y sometida en gran medida al discurso mantenido por sus fuentes, la Crónica abreviada de España se adhiera a la tradición historiográfica fundada por Alfonso X el Sabio y se erija, a su vez, un jalón indispensable para comprender la labor emprendida por cronistas tan señalados como Ambrosio de Morales, quien, ya bajo el dominio de los Austrias, se sirvió de idénticos argumentos para legitimar la particular concepción de España defendida –frente a ciertos sectores moriscos y judeoconversos- por la Monarquía de Felipe II

No obstante, y conforme se detalla en el capítulo dedicado a la biografía del cronista, la preparación de la Valeriana no representó sino uno más de los numerosos servicios que Diego de Valera ofreció a la Monarquía a lo largo de su vida, pues a la temprana edad de quince años había ingresado ya en la Corte de Castilla como doncel, y vinculado a la misma permanecería –con desigual fortuna y grado de relación- hasta el fin de sus días. Este hecho resultaría a la postre decisivo, pues en el ámbito cortesano encontró el conquense un excelente entorno para completar su formación humanística, lo que le permitiría, andados los años, medrar a la sombra del rey y desarrollar importantes labores bajo su mandato. De este modo, puede afirmarse que Valera encarnó desde su juventud el arquetipo de caballero letrado que, auspiciado por sus conocimientos y no por el manejo de las armas, fue abriéndose paso a lo largo del siglo XV –frente a la clásica nobleza guerrera- en las distintas cortes europeas, donde se demandaban oficiales altamente cualificados para desempeñar las nuevas funciones gubernativas, legislativas, judiciales, diplomáticas o administrativas aparejadas a la expansión de la jurisdicción real y al desarrollo institucional de la Monarquía. Diego de Valera, en efecto, tras haber sido armado caballero en 1435, realizó muy pronto importantes viajes diplomáticos a Francia y Austria, primero (1437); y a Dacia, Inglaterra y Borgoña, después (1443); para culminar poco tiempo más tarde su trayectoria intercediendo en la Corte de Carlos VII de Francia, entre 1444 y 1445, por la liberación del conde de Armagnac, quien a la sazón se hallaba preso en Carcasona. Fue precisamente en el fragor de esta empresa cuando la figura de Álvaro de Luna se cruzó en su camino al intrigar para que Valera fuese apartado de la misión. Desde entonces, el humanista se posicionaría sistemáticamente al lado de los potentados y ricoshombres que pugnaban por terminar con el ominoso condestable, en cuya caída y ejecución Diego de Valera participó activamente. No hay duda, por tanto, de cuál fue su punto de vista a la hora de narrar los hechos acaecidos durante el reinado de Juan II, materia que constituye, por otra parte, el capítulo más original de la Abreviada.

Para los estudios sobre la Corte, la experiencia vital del conquense resulta del máximo interés, toda vez que su larga trayectoria cortesana –fue, además de cronista, diplomático, procurador en cortes por Cuenca, miembro del Consejo real y maestresala- inspiró la redacción de distintas obras que, a pesar de su naturaleza diversa, pueden encuadrarse dentro de un incipiente “discurso cortesano” español. Son, junto a las célebres Epístolas dirigidas a los reyes de Castilla, el Ceremonial de Príncipes, el Doctrinal de Príncipes, el Espejo de verdadera nobleza y el Tratado de las armas, textos en los que Diego de Valera despliega su particular concepción de la monarquía, el ceremonial regio –la puesta en escena de su poder-, la nobleza, la caballería o el ejercicio de las armas, cuestiones todas ellas de máxima importancia para conocer el humus intelectual en el que surgió, siempre en el ámbito peninsular, tanto el sistema político de Corte como la nueva nobleza cortesana. A este variado corpus, en todo caso, podría añadirse sin demasiado esfuerzo su producción historiográfica, de la que forman parte el Memorial de diversas hazañas (sobre el reinado de Enrique IV) y su continuación, la Crónica de los Reyes Católicos (circunscrita al período 1474-1488), así como la misma Valeriana, que fue concebida desde su génesis como speculum principis –la experienia histórica al servicio del buen gobierno- abundante en ejemplos y sentencias de intención didáctica.

Al modo de composición y la estructura de la Crónica abreviada de España dedica Cristina Moya algunas de las páginas más interesantes de su estudio, donde se muestra –al indagar en la génesis de la obra- cuáles fueron los vínculos que unieron, ya desde época temprana, a la princesa Isabel y a Diego de Valera, quien, tras pasar la mayor parte del reinado de Enrique IV alejado de la Corte, a la altura de 1468 se mostraba ya abiertamente partidario de la causa isabelina. Fruto de aquella relación surgiría, una década más tarde, el encargo de redactar la crónica, que por esta razón pasó a formar parte del discurso ideológico “oficial” promovido por los Reyes Católicos al comienzo de su reinado, cuando más necesario se hacía defender su legitimidad dinástica y el ambicioso proyecto político que los jóvenes monarcas encabezaban. De ahí que Diego de Valera, imbuido del mesianismo propio del momento, reinterprete los hechos del pasado en función del contexto contemporáneo y que, por tanto, conciba la historia de España como un largo proceso –de pacificación y unificación dinástica y territorial- cuya consumación sólo se alcanzaría con la subida al trono de Isabel y Fernando. Fueron éstos los presupuestos que inclinaron al cronista a dividir la materia narrativa en cuatro partes dedicadas, respectivamente, a la descripción del mundo conocido a finales de la Edad Media –Valera dibuja una completa cosmografía de Asia, África y Europa-, a la historia antigua de España, a la historia de los godos y, finalmente, a la historia de los reinos peninsulares desde Pelayo a Juan II. Es precisamente en esta cuarta parte, la más extensa y decisiva de la crónica, donde Valera aborda el asunto de la continuidad y legitimidad dinástica en episodios tan controvertidos como los dedicados a Pedro I el Cruel y Enrique II de Trastámara, o donde consagra –ante la inminente guerra de Granada- la figura del Cid como ejemplo paradigmático de caballero cristiano en armas contra el infiel.

Como la autora pone de manifiesto, la preparación de una crónica donde se aprecia una cesura tan marcada entre la primera parte –una cosmografía universal- y las tres siguientes –un recorrido diacrónico por la historia de España- tuvo su particular correlato en las fuentes empleadas por el conquense, múltiples en el primer caso –entre las que se hallaba la misteriosa Historia teutónica- y más localizadas en el resto de la obra, que se nutre fundamentalmente de la Estoria del fecho de los godos (en sus versiones breve y amplia) y la Crónica de 1344 (en su segunda redacción castellana). A partir de aquel manantial de descripciones y noticias diversas –además de su propia experiencia como testigo- Valera llevó a cabo, pues, la tarea de reescritura empleando diversos procedimientos –tales como la selección y copia, el resumen o la combinación de fuentes- que pueden ser perfectamente reconstruidos en la actualidad gracias a la localización de fuentes de la que la presente edición da cuenta, capítulo a capítulo, en la que sin duda constituye una de las mayores aportaciones debidas al trabajo de Cristina Moya. Dicho rastreo, en todo caso, aparte de desvelar el modo de composición llevado a cabo por Diego de Valera, ha servido eficazmente para enmendar diversas deficiencias textuales que no habrían podido ser corregidas sólo con el apoyo de las ediciones impresas. Detalles como éste, en fin, sirvan como muestra de la cuidadosa labor de edición que subyace tras el texto de la Valeriana ofrecido en el presente volumen.

En conclusión, la edición y estudio de la Crónica abreviada de España de Diego de Valera, preparada por Cristina Moya García, salda con generosidad una vieja deuda contraída por el hispanismo, que disfruta desde este momento de un texto trabajado y bien pulido de la Valeriana; un texto que, a la luz de la historia, ejemplifica como pocos la labor cultural y propogandística –se trata de una crónica convertida en discurso ideológico al servicio de la Corona– promovida por Isabel la Católica al comienzo de su reinado. Tras un largo período en el ostracismo bibliográfico, pues, ha llegado la hora de recuperarla por medio de este excelente instrumento, que sin duda contribuirá en años venideros al progreso del conocimiento sobre la historiografía castellana del siglo XV y, más en concreto, sobre la obra de Diego de Valera, arquetipo de caballero letrado al servicio del rey, que tantos alicientes y secretos conserva todavía para quienes, desde los estudios sobre la Corte, traten de aclarar los orígenes del “discurso cortesano” en la tradición española.

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Cómo citar esta reseña:

TORRES COROMINAS, Eduardo: “Estudio y edición de la ´Valeriana`: (´Crónica abreviada de España` de mosén Diego de Valera)”, en Librosdelacorte.es, Núm. 2, Año 2, otoño-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, p. 87).

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Elisabetta Farnese principesa di Parma e regina di Spagna. Atti del Convegno internazionale di studi Parma

por Mercedes Simal López

Gigliola FRAGNITO (ed.). Elisabetta Farnese principesa di Parma e regina di Spagna. Atti del Convegno internazionale di studi Parma, 2-4 ottobre 2008, Roma: Viella, 2009, 404 pp.

Gigliola FRAGNITO (ed.). Elisabetta Farnese principesa di Parma e regina di Spagna. Atti del Convegno internazionale di studi Parma, 2-4 ottobre 2008, Roma: Viella, 2009, 404 pp.

En los últimos años la figura de la reina Isabel de Farnesio en particular, y el reinado de Felipe V en general, están siendo objeto de una profunda revisión desde un punto de vista histórico, artístico y cultural, en un intento de acabar con los tópicos que tradicionalmente han definido el reinado del primer Borbón.

En el caso de la reina, en 2008 tuvo lugar en Parma, su ciudad de origen, un congreso internacional cuyas actas se publicaron un año después, en el que distintos especialistas estudiaron su figura como ejemplo de la dimensión política de la realeza femenina, y del complejo rol que las soberanas y regentes jugaron en la escena europea durante la Edad Moderna, incidiendo en el análisis de las aportaciones de la reina a la construcción de la soberanía monárquica, y de la función que ejerció como consorte en la mediación política y en la gestión del poder.

Los distintos estudios recopilados en este libro -hasta un total de diecisiete, publicados en italiano, español y francés – tratan de dar luz sobre aspectos de la vida de Isabel de Farnesio que hasta ahora habían sido poco analizados o que han permanecido en la sombra.

Los primeros trabajos definen el contexto en el que nació y se crió la futura soberana. El texto de Giovanni Tocci dibuja con detalle la situación que atravesaba el ducado de Parma y Plasencia entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, y el papel que jugaron los territorios farnesianos en Italia y en Europa durante el gobierno del duque Francesco Farnesio (1694-1731), padrastro de la futura reina, en un momento en que peligraba la sucesión de la dinastía y era acuciante asegurar la conservación del poder. Y a continuación, Giuseppe Bertini ha revisado los años de formación artística de Isabel de Farnesio durante su juventud en el ducado de Parma, que resultan fundamentales para comprender la sustitución de la influencia francesa por los modelos italianos tras su llegada a la corte española, así como las distintas iniciativas artísticas, culturales y musicales llevadas a cabo por la soberana durante su reinado. Gracias al diario de Giustiniano Borra, Bertini ha reconstruido buena parte del calendario de representaciones musicales y teatrales a las que asistió la joven Isabel durante su juventud, época durante la que el ducado farnesiano vivió años de gran esplendor cortesano gracias a la enorme calidad de las manifestaciones artísticas que tuvieron lugar en la corte -en la que trabajaron artistas de la talla de Ferdinando Galli Bibiena o Nicolò Maria Vaccari-, y la riqueza de las colecciones de obras de arte atesoradas en la ciudad por la dinastía, reordenadas durante esos años, y que convirtieron a Parma en una de las grandes “capitales” culturales de la Europa del momento.

Tras un texto de Luigi Pelizzoni dedicado a las distintas etapas del viaje de Isabel de Farnesio a España en 1714, Lucien Bély ha analizado las circunstancias que rodearon el encuentro entre Isabel de Farnesio y la Princesa de los Ursinos y las reacciones que provocó la expulsión de la antigua camarera mayor de la reina.

A continuación, distintos trabajos están dedicados a la faceta de gobernadora de Isabel de Farnesio. Ya desde antes de su llegada a España, la parmesana demostró ser una mujer audaz y de carácter y con una clara voluntad de intervenir en la política del reino, y las circunstancias que acaecieron durante los años de su reinado sin duda le ofrecieron la posibilidad -e incluso la necesidad- de hacerlo. Por ello, en este libro varios estudios han incidido en cómo la política exterior española del reinado de Felipe V estuvo enfocada a reivindicar, para los hijos de la reina, la herencia farnesiana y medicea a la que tenía derecho, con la intención de crear un gran estado farnesiano en la Italia central, autónomo de España, que encajaba con las aspiraciones de Felipe V de recuperar, tras la pérdida de los territorio italianos derivada del Tratado de Utrecht, una zona de influencia en Italia, que posteriormente también llevaría a la reconquista de Nápoles y Sicilia. María Ángeles Pérez Samper se ha centrado en el modo en que Isabel de Farnesio ejerció el poder en calidad de “esposa del rey” y posteriormente de “madre de rey”. Durante su reinado la soberana tuvo que conjugar en todo momento la difícil y delicada tarea del cuidado de Felipe V con la del control de la corte y de la monarquía. Por ello, Pérez Samper ha analizado cómo Isabel de Farnesio se valió del ceremonial -analizando en concreto el caso de las audiencias- para “reinar” y “gobernar” no sólo a través del mando efectivo, sino también del mundo de los símbolos y de los rituales. Desde otra perspectiva, Mª Victoria López Cordón ha trazado un recorrido por el ejercicio del poder que llevó a cabo Isabel de Farnesio, analizando las figuras de los distintos cortesanos en los que sucesivamente fue depositando su confianza -personas con un perfil bien determinado, frente a los miembros de la alta nobleza que tradicionalmente habían servido a los soberanos-, así como los cambios que sufrieron los distintos órganos administrativos de la monarquía a lo largo de su reinado -en parte por influencia del modelo parmesano-, destinados a concentrar el poder de decisión en la figura de los secretarios. La reducción de la famosa etiqueta española y la introducción de una gran confusión en el modo de gobernar y en la vida cortesana debido a los frecuentes estados depresivos del rey hicieron que buena parte de la nobleza española fuese contraria a Isabel de Farnesio debido al estrecho control que ésta ejercía sobre Felipe V, situación que acabó alterando el juego de poder que desde hacía siglos se desprendía del contacto cotidiano entre los Grandes y el soberano. Asimismo, los frecuentes episodios depresivos de Felipe V que se sucedieron a partir de 1728 obligaron a Isabel de Farnesio a adoptar la fórmula legal de “reina gobernadora” durante las épocas en que se agravaba la melancolía del soberano, y ante la gravedad de la situación, López Cordón interpreta el “Lustro Real” como una drástica medida tomada por la soberana con un claro significado político, ya que de este modo la reina trató de atenuar la “melancolía” que aquejaba al soberano, y al mismo tiempo poner fin a las intrigas cortesanas que su salud estaba generando, además de intentar mejorar el comercio de ultramar. Pero si bien las circunstancias limitaron a la reina los espacios de su poder, el mecenazgo que ejerció y el lujo y el esplendor de la vida en palacio la definieron como una auténtica reina cortesana.

Uno de los ámbitos artísticos que más florecieron en la corte durante su reinado fue el musical. Nicolás Morales ha analizado el gusto de la reina por la música a lo largo de su vida y cómo, desde su llegada a España, esta disciplina fue adquiriendo cada vez más importancia en la corte con la sucesiva llegada de músicos italianos -entre los que sin duda destacó Farinelli, y cuya nómina ha sido reconstruida con detalle entre los años 1737 y 1746- y de compañías como la de los Trufaldines, hasta la instalación de la ópera italiana en la corte.

A continuación, varios historiadores han analizado desde distintos puntos de vista la política exterior que desarrolló España en Italia y las repercusiones que tuvo la sucesión del ducado de Parma en las relaciones internacionales en general -tema que ha abordado Mirella Mafrici-, y en especial con la Santa Sede -analizado por Stefano Tabacchi- y la corte de Viena -a cargo de Pia Wallnig-.

Otra de las aportaciones de este congreso ha sido el trabajo de Inma Ascione -responsable de la espléndida edición de la correspondencia que el infante don Carlos, posteriormente duque de Parma, rey de Nápoles y Sicilia y a continuación de España, mantuvo con sus padres entre 1720 y 1744, publicada en Roma entre 2001 y 2002-relativo a cómo transcurrió el “año sin rey”, el período desde la lectura del testamento de Fernando VI el 10 de diciembre de 1758 hasta la llegada de Carlos III a Madrid el 9 de diciembre del año siguiente, durante el que Isabel de Farnesio tuyo que volver a ejercer el poder hasta la llegada de su primogénito, a la luz del centenar de cartas que se han conservan en el Archivo Histórico Nacional de la correspondencia que mantuvieron madre e hijo, y que aportan noticias de gran interés para el conocimiento de ese período.

Los dos últimos trabajos están dedicados al patrimonio acumulado durante generaciones por la dinastía Farnesio, que fue trasladado a Nápoles por el primogénito de Isabel de Farnesio ante el temor de que acabaran en manos austriacas. Pierluigi Leone de Castris repasa las circunstancias en las que se llevó a cabo el traslado de las colecciones farnesianas de obras de arte desde Parma a Nápoles, en donde aún se conservan instaladas entre el Museo de Capodimonte y el Arqueológico. Y por último Maria Grazia Maiorini desgrana la historia del “Archivio Farnesiano”, el riquísimo fondo documental que constituye una de las secciones del Archivo de Estado de Nápoles, y cuya consulta resulta fundamental para la comprensión de la corte española durante el reinado de Felipe V.

El libro concluye con un esquema biográfico de Isabel de Farnesio, y con un completo índice onomástico, que convierten estas actas en un útil instrumento para el estudio de la figura de esta reina.

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Cómo citar esta reseña:

SIMAL LÓPEZ, Mercedes: “Elisabetta Farnese principesa di Parma e regina di Spagna. Atti del Convegno internazionale di studi Parma”, en Librosdelacorte.es, Núm. 2, Año 2, otoño-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, p. 86).

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Patriarca o el poder natural de los reyes

por  Jorge del Palacio Martín

Robert FILMER, Patriarca o el poder natural de los reyes (Edición a cargo de Ángel Rivero), Madrid: Alianza Editorial, 2010. 180 pp.

Robert FILMER, Patriarca o el poder natural de los reyes (Edición a cargo de Ángel Rivero), Madrid: Alianza Editorial, 2010. 180 pp.

En septiembre de 1683 un profesor del Licoln College de Oxford fue expulsado de la universidad.  Delatado por sus colegas oxonienses, en el informe que detallaba los cargos que se le imputaban descollaba el que “había recomendado a sus alumnos que leyeran a Milton por ser un libro excelente y por ser un antídoto contra sir Robert Filmer, a quien se calificaba de demasiado tory”.  John Milton era el poeta y panfletario que en 1649 había publicado un manifiesto a favor de la deposición y ejecución de Carlos I. Robert Filmer, por el contrario, se había convertido por méritos propios en el baluarte teórico de la Restauración.

Tal y como señala el profesor Ángel Rivero –autor de la  edición del libro que aquí se presenta-,  el hecho de que casi treinta años después de la ejecución de Carlos I  en la universidad se siguiera debatiendo a partir de los argumentos de  Milton y Filmer señala la permanencia de una batalla ideológica entre los partidos whig y tory que la restauración de la monarquía en la figura de Carlos II en 1660 no había logrado apaciguar. Al contrario, se trataba de un conflicto ideológico que  la crisis de exclusión y el supuesto complot papista para controlar la monarquía no hizo sino volver a acentuar. Pues la llamada crisis de exclusión que se genera en torno a la acusación whig de que Jacobo, hermano de Carlos II y heredero al trono, se había hecho católico secretamente en 1673, no encerraba solamente un pleito dinástico, sino que abría antiguos e importantes debates en torno a la cuestión de la soberanía del rey frente a la soberanía del parlamento.  O, dicho de otra manera, sobre el poder del monarca para pronunciarse sobre cuestiones jurídicas, impositivas y de libertades.

En este contexto de batalla ideológica por hacer valer sus puntos de vista ante la opinión pública, El Patriarca o el poder natural de los reyes de sir Robert Filmer se convirtió en uno de los mejores exponentes del pensamiento tory o restauracionista. El partido whig –partido del campo, el parlamento y la disidencia religiosa- defendía el carácter contractual del poder del monarca y, por tanto, proclamaba que el parlamento, como expresión de la soberanía del pueblo, tenía derecho a controlar y limitar los actos del rey. Frente a este programa, el partido tory –el partido de los nobles, la corte y la jerarquía de la Iglesia de Inglaterra-, concebía el principio dinástico como la base del orden político y sostenía que el poder del monarca era absoluto y natural –es decir, no positivo. Desde esta premisa, las libertades del pueblo no constituían un derecho adquirido del pueblo, sino una gracia del monarca. Éste, que no otro, es el programa que el lector encontrará en  la excelente prosa que da cuerpo a El Patriarca de Robert Filmer. Un brillante panfleto, en el mejor sentido de la palabra, orientado a defender el principio básico del pensamiento restauracionista inglés: la defensa del status quo o el valor de lo conocido, del orden existente, frente a la novedad.

Actualmente son muy pocos los manuales de teoría política  que dedican unas líneas a explicar la figura Robert Filmer como uno de los autores más brillantes a la hora de defender el principio monárquico orientando su discurso hacia la explotación productiva de la experiencia política frente las incertidumbres de la innovación radical.  Pero esta exclusión del canon clásico de la teoría política no convierte per se a Filmer en un autor secundario. Como señala Ángel Rivero en su  introducción a la obra, el hecho de que autores tan señeros como Tyrrell, Sidney y Locke dieran a la imprenta cientos de páginas con el objeto de refutar los argumentos de Filmer prueba su notoriedad. El hecho de que Tyrrell y Locke publicasen sus obras con seudónimo señala el temor que tenían frente a la hegemonía del pensamiento tory. Que Sidney fuera ejecutado por escribir contra Filmer, entre otros cargos, prueba que el temor de los Locke y Tyrrell no era injustificado.

Además, la presente edición resulta sugerente porque viene precedida por una breve, concisa y excelente introducción y un glosario de conceptos teóricos y de pequeñas biografías donde el lector encontrará las claves necesarias para familiarizarse con los personajes, hechos e instituciones a los que Filmer alude en su obra.

En suma, la publicación de El Patriarca o el poder natural de los reyes de sir Robert Filmer constituye una oportunidad de primera mano para acercarse al pensamiento hegemónico de la restauración inglesa y de poner en valor una obra que generó verdadera polémica y controversia. Muy al contrario que otras que se nos dicen fundantes de la política moderna y cuya incidencia en la política real fue marginal.

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Cómo citar esta reseña:

PALACIO del, Jorge: “Patriarca o el poder natural de los reyes”, en Librosdelacorte.es, Núm. 2, Año 2, otoño-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, p. 85).

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La Disimulación Honesta. Los Gastos Secretos en el reinado de Felipe IV entre la razón de Estado y la merced cortesana

por Carlos J.  de Carlos Morales

David SEIZ RODRIGO, La Disimulación Honesta. Los Gastos Secretos en el reinado de Felipe IV entre la razón de Estado y la merced cortesana. Madrid: Endymion, 2010. 458 pp.

David SEIZ RODRIGO, La Disimulación Honesta. Los Gastos Secretos en el reinado de Felipe IV entre la razón de Estado y la merced cortesana. Madrid: Endymion, 2010. 458 pp.

Como resultado de la tesis doctoral del autor el presente estudio plantea un tema de capital importancia para el conocimiento de las organizaciones políticas modernas. La financiación del secreto resulta, en efecto, cuestión básica, pues permite abordar y profundizar en dos cuestiones básicas para la comprensión de la naturaleza de los estados dinásticos. De una parte, el entramado cortesano y la cultura política; de otra, los mecanismos del gasto y su control. No han existido hasta la fecha demasiadas obras que, en este sentido, permitan relacionar ambos aspectos, por lo que esta es la primera virtud del presente estudio. Que sea producto de una tesis, dirigida en este caso por el profesor Bravo Lozano, no hace si no avalar la seriedad y el rigor metodológico de sus planteamientos. En este sentido la obra se inserta en la actual visión de la Corte y de la cultura cortesana, pues el secreto y sus técnicas se encontraban a una distancia muy próxima de la simulación, la disimulación, el engaño y la ocultación. Como señalaba fray Antonio de Guevara, “En la corte no hay cosa más rara de hallar y más cara de comprar que es la verdad…”.

El primer capítulo de este libro nos aproxima pues a este conflictivo término, y a su imbricación en la cultura de poder de la modernidad. Con este propósito el autor maneja con solvencia la literatura cortesana coetánea, desde Castiglione a Gracián, combinando sus aportaciones con la aportaciones historiográficas clásicas (Arendt) y más recientes (Álvarez-Ossorio). De esta forma se comprende que el modelo de príncipe cristiano se apoyaba en tres pilares (el rey como juez, como padre, y como vicario de Cristo), en los que se insertaba la posibilidad de actuar en silencio, en secreto, o saltándose la línea de la verdad. El tacitismo del siglo XVII ofreció más de una respuesta en caso de dilema.

La evolución de los gastos secretos, de su administración, es el tema del segundo capítulo. La cuestión estaba pendiente de resolución historiográfica, pues los autores que se habían ocupado de ella no habían, a mi juicio, resuelto convenientemente ni el origen ni la aplicación de estos gastos. De esta manera, aprendemos que fue el secretario del Despacho universal el encargado de distribuir y controlar estos gastos. Esta atribución sirve al autor no solo para explicar los procedimientos administrativos y contables, si no también para exponer la trayectoria política y cortesana de los individuos que desempeñaron el cargo en tiempos de Felipe II. Jerónimo de Villanueva fue, en este sentido, el principal secretario de Estado y del Despacho universal, bajo quien se organizó el control de dichos egresos. Tesoreros y contadores de gastos secretos, en estrecha dependencia clientelar de los secretarios, completaban la reducida plantilla que se encargaba de la materia, cuyas fuentes de financiación fueron tan diversas como irregulares (capítulo 3).

Como bien se ocupa de titular el profesor Seiz, los gastos secretos se situaron entre la necesidad de costear la información necesaria para la Monarquía, y el ejercicio del patronazgo regio. El primer aspecto se aborda ampliamente en el quinto capítulo, donde se describe pormenorizadamente la organización de los servicios secretos en la corte madrileña, dirigidos por el espía mayor. También resulta relevante la descripción aportada sobre las actividades en Barcelona, durante la década de los treinta, del espía Juan de Torres, así como el caso de Miguel de Molina. En el capítulo cuarto, una contribución fundamental del autor consiste en mostrar de manera pormenorizada la aplicación mercedaria de los gastos secretos. Soldados, cortesanos, viudas, músicos y artistas, e incluso las obras reales, fueron objeto de la aplicación de los gastos secretos, en concepto de merced dada por el rey. Este destino también recibió, como se encarga de distinguir el profesor Seiz, el bolsillo secreto del rey, dependiente de la cámara, y por tanto dentro de la Casa real y de los correspondientes oficiales.

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Cómo citar esta reseña:

CARLOS MORALES, Carlos J. de: “La Disimulación Honesta. Los Gastos Secretos en el reinado de Felipe IV entre la razón de Estado y la merced cortesana”, en Librosdelacorte.es, Núm. 2, Año 2, otoño-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, p. 85).

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Memorial de la calidad y servicios de la casa de Fajardo, marqueses de los Vélez. Obra inédita del genealogista Salazar y Castro

por José Antonio Guillén Berrendero

Raimundo A. RODRÍGUEZ PÉREZ & Juan HERNÁNDEZ FRANCO,  Memorial de la calidad y servicios de la casa de Fajardo, marqueses de los Vélez. Obra inédita del genealogista Salazar y Castro, Murcia: Real Academia Alfonso X el Sabio, 2008.

Raimundo A. RODRÍGUEZ PÉREZ & Juan HERNÁNDEZ FRANCO, Memorial de la calidad y servicios de la casa de Fajardo, marqueses de los Vélez. Obra inédita del genealogista Salazar y Castro, Murcia: Real Academia Alfonso X el Sabio, 2008.

Los estudios sobre la nobleza española durante la Edad Moderna, en sus más variados aspectos, son prolíficos en su producción y calidad; Son, sin embargo, menos los investigadores que asumen el reto de editar fuentes de época que tengan en lo nobiliario su punto central; lo que resulta llamativo dado el vasto número de textos impresos y manuscritos que circularon por la península durante los siglos modernos y que están a la espera de una monografía de conjunto.  Hay, sería injusto no decirlo, trabajos pioneros en este sentido, basta recordar la edición que el profesor Enrique Soria Mesa realizó del texto de Salazar y  Mendoza,  Origen de las dignidades seglares de Castilla y  León (Granada, 1998).  Pero debemos congratularnos hoy de que un texto sobre la nobleza escrito durante el siglo XVII vea por fin una luz que se le negó en su tiempo; este es el caso de Juan Hernández Franco y de Raimundo Pérez, que han realizado una edición del texto inédito,  Memorial de la calidad y servicios de la casa de los Fajardo, marqueses de los Vélez, que fue escrito por Luis Salazar y Castro.  Este tipo de literatura genealógica era bastante frecuente en su época y se realizaba, como es el caso – para solicitar una grandeza – o para múltiples fines (la solicitud que el VI marqués de los Vélez realizó a Carlos II).

El perfil de los investigadores los convierte en interlocutores idóneos entre el presente y Salazar y Castro. Ya sea por la condición de especialista, en ese complejo y fascinante fenómeno que fue la Limpieza de Sangre,  de Juan Hernández Franco (basta recordar su Cultura y limpieza de sangre en la España Moderna. Puritate sanguinis, Murcia, 1996); o la calidad de los trabajos que hasta la fecha viene desarrollando Raimundo Rodríguez  – ha presentado recientemente su tesis doctoral en la Universidad de Murcia sobre los marqueses de los Vélez-  a lo que debemos añadir alguno de los trabajos que ha realizado en torno a este linaje. Por ello, y sin otro objetivo que el de presentar un texto organizado e inédito, ambos historiadores trazan un análisis clásico del memorial.

Para ello recurren a una presentación de la obra dividida en tres grandes ejes. En el primero, abordan un análisis del texto en sí. Manuscrito que se conserva en la Real Academia de la Historia (Salazar y Castro, D. 40, ff. 154r-253v) se nos dice. A continuación un minucioso y nada agotador estudio de la casa de Fajardo – cuestión que por tratarse de la materia genealógica, bien podría suceder – en el que abundan los datos sobre los miembros del linaje, apoyados en una rica y pormenorizada bibliografía. En este análisis se subrayan los aspectos políticos del linaje de los Fajardo, así como su posición en la Corte, aspectos sobre los que se vuelve a hablar en el tercer de los aspectos previos al texto.

En el segundo capítulo, un análisis a la autoría del memorial. Como dejamos apuntado en el primer párrafo, al figura de Luis de Salazar y Castro merece una monografía  amplia (no basta con el análisis que Vargas Zúñiga realizó en si Don Luis de Salazar y su colección, o el oportuno análisis que Enrique Soria Mesa realizó de la colección genealógica, La biblioteca genealógica de don Luis de Salazar y Castro, Córdoba, Universidad de Córdoba, 1997). Los autores han optado por realizar una presentación directa del recorrido vital del genealogista hasta llegar a la redacción misma del texto en 1686.  Si bien, poner en relación al autor con su contexto intelectual ayudaría a comprender mejor porqué razón fue Salazar el escogido para realizar tal obra, y no cualquiera de los otros autores contemporáneos de éste.

El último capítulo previo a la exposición del texto es el titulado “La historia de la Casa de los Vélez: siglos XIV-XVII”. Casi ciento veinte páginas en las que encontramos buena parte de la historia de la nobleza castellana. Los autores, convertidos en genealogistas del genealogista, analizan las bases fundacionales del linaje durante la Edad Media (“luchas y hazañas de un linaje guerrero”, p. 43) resaltando la íntima relación de la nobleza con la función social del ejercicio de las armas. Se resaltan también las funciones políticas del linaje durante la Edad Media como Adelantados  (Alonso Yáñez Fajardo), ofreciendo detalles de la política matrimonial,  gestión territorial y creación de afectos en el territorio de Murcia llevados a cabo por el linaje. Manifestando, aunque no quede muy explícito en la argumentación de los autores, cómo el matrimonio forma parte esencial de la Cultura nobiliaria por ser principio de su supervivencia y sostén de sus bases materiales.

Del mismo modo se subraya la presencia de los Fajardo en la Corte (pp.115- 160). Este epígrafe resulta trascendental para comprender las razones que llevaron al VI marqués a enviar el memorial a Carlos II. Más allá de que el apogeo de la casa acaeciese durante los primeros dos tercios del Quinientos,  será con el III marqués, don Pedro Fajardo Fernández de Córdoba, cuando se inicie lo que los autores y la historiografía, han denominado “cortesanización de sus titulares” (p. 115). Éste, mediante una acertada política matrimonial que, – como ocurría con el resto de las casas nobles -, era claramente endogámica, llegó acercarse a la corte. Los autores ofrecen detalles acerca de la dote que la novia, doña Leonor Girón, llevó al matrimonio (p. 116). Esta presencia de los Fajardo en la corte, les llevó a estar inmersos dentro de las disputas entre ebolistas y albistas, y tornándose en jefes del primero de los partidos. Se resaltan del mismo modo las trayectorias vitales y políticas del resto de miembros del linaje hasta llegar al VI marqués, ofreciendo un interesante panorama sobre la nobleza castellana y su  participación en el proyecto de la Monarquía española (embajadores, virreyes). Se trata de buscar la línea argumental sobre el prestigio de la casa hasta llegar al VI marqués, para ver cómo éste, supone “la culminación de la trayectoria política iniciada por su bisabuelo” (p. 160), pero además muestra claramente la permanencia de formas y estrategias de poder que funcionan más allá de diferentes coyunturas históricas como pueden ser las de la Monarquía desde Felipe II hasta Carlos II.

El eje central del libro lo representa el memorial y su transcripción. El texto no resulta nada novedoso, cientos de textos se escribirán, algunos incluso se llegarán a imprimir, pese a la Pragmática de Felipe III de 1605 sobre la prohibición de imprimir nobiliarios. En este caso, la calidad y los conocimientos de Salazar y Castro ofrecen una ponderada historia de la casa de Fajardo, pero sobre todo, son un termómetro perfecto para valorar la creación de una literatura que más allá de representar una construcción de la memoria resultaba un artefacto cultural altamente beligerante en la guerra por el poder. No es únicamente una cuestión de falsos orígenes de linajes u otras cuestiones de vuelo corto, la redacción de memoriales genealógicos, más allá de inscribirse dentro del discurso sobre la nobleza, representa un fragmento de la historia vital y política de los linajes, y en el caso de los Fajardo, supone la institucionalización del rango y del status. Mediante la hábil puesta en duda de las originarias grandezas de España concedidas por Carlos V, se elabora un discurso de claro-oscuros en torno a la cuestión de qué linajes debían considerarse verdaderamente grandes de España. En este punto y en otros, la sagacidad de Salazar y Castro, puesta esta vez al servicio de unos intereses privados, nos muestra claramente el valor de la exposición factual de la historia.

Se trata en definitiva de un trabajo que debe ser puesto en relación con una trayectoria investigadora de sus autores y, sobre todo, es una reconstrucción directa de un diálogo con una fuente básica en el estudio de la nobleza castellana durante la Edad Moderna como son sus memoriales. Debemos felicitarnos pues por la aparición de este texto y confiamos en que sean más los investigadores que acepten el reto de dialogar con una fuente y de darla a conocer.

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Cómo citar esta reseña:

GUILLÉN BERRENDERO, José Antonio: “Memorial de la calidad y servicios de la casa de Fajardo, marqueses de los Vélez. Obra inédita del genealogista Salazar y Castro”, en Librosdelacorte.es, Núm. 2, Año 2, otoño-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, p. 84).

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Un holandés en la España de Felipe IV. Diario del viaje de Lodewijck Huygens (1660-1661)

por Almudena Pérez de Tudela

Maurits EBBEN (ed.): Un holandés en la España de Felipe IV. Diario del viaje de Lodewijck Huygens (1660-1661), Madrid: Fundación Carlos de Amberes-Editorial Doce Calles, 2010, 321 pp.

Maurits EBBEN (ed.): Un holandés en la España de Felipe IV. Diario del viaje de Lodewijck Huygens (1660-1661), Madrid: Fundación Carlos de Amberes-Editorial Doce Calles, 2010, 321 pp.

Aunque vió la luz en en Holanda en 2005, la edición crítica española del Diario constituye una importante novedad dentro de la literatura de viajes a España en el siglo XVII. Así, viene a completar la monumental monografía de García Mercadal reeditada en cuatro volúmenes en 1999. Publicado por Doce Calles se suma a la línea iniciada por la traducción al castellano de El Pasatiempos de Jean Lhermitte, también con la colaboración de la Fundación Carlos de Amberes y el Diario del viaje a España del cardenal Francesco Barberini escrito por Casiano del Pozzo (1626).

Lodewijck Huygens fue uno de los gentileshombres que formaban el séquito de los tres embajadores enviados en 1660 por los Estados Generales a cumplimentar a Felipe IV. Con esta legación se buscaba estrechar las relaciones con España tras la firma de la Paz de Münster y felicitar al monarca por el matrimonio de la infanta María Teresa con Luis XIV, consecuencia de la Paz de los Pirineos.

La edición española de este Diario va precedida de un riguroso estudio introductorio sobre los acontecimientos políticos que lo motivaron, así como del viaje en la Edad Moderna, para pasar a centrarse en las particularidades y biografía de Lodewijck Huygens. Era hijo del poeta y diplomático holandés Cosnstatijn Huygens y hermano del astrónomo Christiaan Huygens. Éste era ya un joven de unos treinta años, pero el viaje se puede incluir dentro de los formativos siguiendo los preceptos de Erasmo o de Lipsio. También resulta peculiar la elección de España, un poco marginada por su ubicación y por no tener apenas Antigüedades respecto a Italia, destino elegido mayoritariamente.

Aunque el autor parece que ha manejado una copia manuscrita del Viaje a España de Antonio Brunel en 1654, al que se remite en la descripción de las fuentes del jardín de Aranjuez, realiza un relato bastante original que se completa con eruditas notas a pie de página del editor. Desde su desembarco en Laredo hasta su llegada a Madrid va describiendo con gran vivacidad todo su camino, los personajes que se encuentra, las poblaciones e incluso detalles más nimios como la gastronomía, la indumentaria o los entretenimientos y festejos.

Huygens, siguiendo los preceptos de esta literatura de viaje formativo, analiza las formas de gobierno y la compleja etiqueta española que ralentiza en gran medida la embajada con la proverbial flema que regía todas las negociaciones en la corte. Asimismo, resulta curiosa su opinión, desde una perspectiva protestante, de los estamentos religiosos y de algunas ceremonias católicas.

Un capítulo muy interesante del libro son las novedades que ofrece respecto a descripciones de algunas importantes ciudades por las que pasa como Burgos, Valladolid o la Universidad de Alcalá de Henares. Aparte, visita otras de menor importancia como Lerma, Martín Muñoz de las Posadas o la corte paralela en torno al bastardo real, don Juan José de Austria, en Pinto.

Entre los casi noventa miembros que componían la comitiva, cabe mencionar un pintor que inmortalizaría las escenas más significativas. Huygens demuestra que tenía un buen ojo para la pintura, no en vano su padre era amigo de Rembrandt, ofreciendo su juicio sobre las obras de arte que va encontrando en su camino, como en el monasterio de las Huelgas o en la Cartuja de Miraflores. Destaca un retrato de la reina católica en este monasterio y una serie de retratos regios en la Casa del Ayuntamiento de Valladolid. También califica de “horribles” los cuadros que quedaron en la Huerta del Rey de la capital del Pisuerga, tras el traslado unos años antes de las mejores pinturas a Madrid.

En la capital se hace eco de las famosas “jornadas reales” por los diversos Reales Sitios y del traslado de los muebles por la Furriera, por ejemplo, de Madrid al Escorial. Un momento estelar es la primera audiencia que concede Felipe IV a la delegación en el Alcázar, para después pasar a cumplimentar a la reina Mariana de Austria. También asistirán a ceremonias particulares como la celebración de la Navidad en la Capilla Real ornada con la serie de tapices de los Milagros de Cristo o la comida pública de la reina ese mismo día con tapices de las Virtudes. En la segunda audiencia con el rey estaría desplegada la serie de tapices de Escipión. Cuando los reyes parten para El Pardo, se les permitirá una visita más particular del palacio alabando las pinturas de Rubens, Tiziano, Veronés, Reni o Durero, aparte del mobiliario como los famosos espejos y los bufetes y jarrones de pórfido. También destaca algunos episodios bélicos o ceremonias representadas en pinturas como la presentación de la acanea en Roma o la tapicería de Túnez. Después visitarán el Buen Retiro con el Salón de Reinos y otros elementos de su decoración como tapicerías de Faetón y los cuadros de paisajes traídos de Italia. En el monasterio de El Escorial quedan maravillados por la Real Biblioteca y las curiosidades científicas que la decoraban, aparte de visitar la Fresneda. De Aranjuez destacan las fuentes de los jardines y la botica para destilar plantas medicinales. En El Pardo les llaman la atención las pinturas de batallas flamencas y aquellas de El Bosco, Brueghel y Bassano, mientras que en la vecina Torre de la Parada admiran las de Rubens.

Aparte de los palacios, visitan las demoras de los nobles más principales que habían reunido importantes colecciones artísticas como don Luis de Haro, el conde de Castrillo, don Fernando de Borja, el duque de Alba, Medina de las Torres o el genovés Grimaldi. También se referirán a casas de campo, aparte de la real, como la del marqués de Eliche y “La Florida” de Castel Rodrigo.

Estas noticias vienen a completar algunos inventarios de estas colecciones y nos ayuda a entender su disposición por estas residencias.

El punto más meridional que visitan, mientras esperan ser despachados, será Toledo, con la catedral, el alcázar y San Juan de los Reyes, entre otros monumentos destacados.

Por todo ello, esta amena relación, acompañada de las biografías de los personajes más señalados, un útil índice y un aparato gráfico complementario, resulta de gran interés para conocer la España de hacia 1660 y la visión que sobre ésta podría tener un hasta hace poco tiempo enemigo político, sin dejarse influir por “La leyenda negra”.

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Cómo citar esta reseña:

PÉREZ DE TUDELA, Almudena: “Un holandés en la España de Felipe IV. Diario del viaje de Lodewijck Huygens (1660-1661)”, en Librosdelacorte.es, Núm. 2, Año 2, otoño-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, p. 83).

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La “Estoria de España” de Alfonso X. Edición y estudio de la Versión crítica desde Fruela II hasta la muerte de Fernando II

por Cristina Moya García

Mariano de la CAMPA GUTIÉRREZ, La “Estoria de España” de Alfonso X. Edición y estudio de la Versión crítica desde Fruela II hasta la muerte de Fernando II. Anejos de Analecta Malacitana, LXXV, Málaga:Universidad de Málaga, 2009. 596 pp

Mariano de la CAMPA GUTIÉRREZ, La “Estoria de España” de Alfonso X. Edición y estudio de la Versión crítica desde Fruela II hasta la muerte de Fernando II. Anejos de Analecta Malacitana, LXXV, Málaga:Universidad de Málaga, 2009. 596 pp

La Estoria de España de Alfonso X el Sabio, uno de los proyectos más ambiciosos, influyentes e importantes del siglo XIII castellano, marcó un antes y un después en la historiografía peninsular. Distintos estudios han ido arrojando luz a lo largo del tiempo sobre su compleja composición y difusión, siendo La “Estoria de España” de Alfonso X. Edición y estudio de la Versión crítica desde Fruela II hasta la muerte de Fernando II, de Mariano de la Campa, un importante eslabón en la cadena de investigaciones que se han realizado al respecto.

Si en 1993 Inés Fernández-Ordóñez publicó la parte de la Versión crítica de la Estoria de España que se extendía desde Pelayo hasta Ordoño II (Madrid, Fundación Ramón Menéndez Pidal-Universidad Autónoma de Madrid), Mariano de la Campa nos ofrece ahora el texto de la Versión crítica desde el reinado de Fruela II hasta el de Fernando II. Su edición va precedida de un completo y documentado estudio en el que el autor aborda múltiples cuestiones (pp. 13-241).

Tras una presentación de la profesora Mª Teresa Echenique Elizondo y una breve introducción, el doctor de la Campa entra propiamente en materia con el capítulo titulado “De la Crónica de veinte reyes a la Versión crítica de la Estoria de España”, donde hace un repaso de las principales investigaciones sobre la Estoria de España y los avances más significativos en el conocimiento de la obra historiográfica del rey Sabio desde finales del siglo XIX, hasta los realizados a finales del siglo XX y principios del XXI. El punto de partida lo marca Menéndez Pidal que, tras llegar a las crónicas a partir de su interés por la épica, llevó a cabo importantes estudios que comenzaron a esclarecer la composición de la Estoria de España. De este modo, tras publicar en 1906 el texto de la Estoria de España que recogen los manuscritos E1 y E2 de la Biblioteca de El Escorial e identificarlo con la versión original de la obra elaborada en el taller historiográfico alfonsí, en 1916 distinguió dos versiones de la Estoria de España: la Versión vulgar y la Versión regia; además, se percató de que el texto de la Versión vulgar estaba, en ocasiones, más próximo a las fuentes que el de la Versión regia. En los años 20, continúo con sus aportaciones en el terreno historiográfico.

En el repaso que nos ofrece Mariano de la Campa sobre los principales estudios dedicados a la Estoria de España alfonsí, se detiene a continuación en los trabajos que Henry R. Lang y Theodor Babbitt realizaron en los años 20 y 30 del siglo XX, trabajos que puntualizaron y, en ocasiones, corrigieron las teorías de Menéndez Pidal. Después, analiza las decisivas investigaciones de Luis Felipe Lindley Cintra, tan importantes que renovaron la historiografía y llevaron a Menéndez Pidal a revisar algunos puntos de sus escritos. En la década de los 60 nos encontramos con otro de los grandes nombres de los estudios cronísticos: Diego Catalán. También hay un recuerdo a las contribuciones de Gómez Pérez y de Nancy Dyer. Mención especial merece la labor realizada en el seno del Seminario Menéndez Pidal, donde Diego Catalán y un grupo de jóvenes investigadores por él tutelados han obtenido resultados extraordinarios. Como apunta de la Campa: “Los conceptos de Versiones y Crónicas constituyen, dentro del enfoque científico desarrollado bajo la dirección de Diego Catalán, la «piedra angular» de una nueva orientación crítica” (p. 28). Ciertamente, es complicado entender cómo se compuso y difundió la Estoria de España, y las aportaciones del Seminario Menéndez Pidal resultan imprescindibles para calibrar las diferencias existentes entre versión y crónica y cuáles son las versiones y las crónicas que derivan del proyecto alfonsí. En este sentido, el repaso que hace Mariano de la Campa por las diferentes etapas en el estudio de esta materia y las explicaciones que él mismo va intercalando son muy útiles para un lector que no conozca exhaustivamente la labor historiográfica del rey Sabio. Aclarado y resaltado el importante hecho de que el proyecto de la Estoria de España no llegó a completarse en vida de Alfonso X, estamos en condiciones de acercarnos a las distintas versiones que se fueron conformando a lo largo del tiempo y a las diferentes crónicas elaboradas a partir de ellas. Así, hemos de saber que lo que ha sido denominado por la crítica como tradición troncal se conserva en la Versión regia y en la Versión primitiva. Igualmente, de un texto que procedía de la tradición troncal se formó, en época postalfonsí, la Crónica amplificada de 1289. También existe la Versión vulgar –cuya continuación parece ser la Versión enmendada después de 1274– y la Versión crítica, definida por el profesor de la Campa como un “texto compuesto entre 1282-1284 (abarca desde el inicio de la historia gótica hasta la muerte de Fernando II), que se elaboró sobre un texto muy antiguo de la Estoria de España, pero en el que se hicieron cambios muy significativos a lo largo de toda la historia” (pp. 29-30). Esta versión nos interesa especialmente por ser la presente obra una edición de parte de ella, exactamente la que se extiende de Fruela II a la muerte de Fernando II, como ya se ha indicado con anterioridad.

A continuación, Mariano de la Campa se centra en el análisis de la tradición manuscrita de la Crónica de veinte reyes, estudio fundamental porque los doce manuscritos que se conservan de esta crónica, y que constituyen una “subfamilia”, conforman junto al ms. Ss la rama más importante de la Versión crítica. Tras hacer una filiación y valoración de todos los manuscritos de la Crónica de veinte reyes y del ms. Ss, el autor llega a la conclusión de que este último manuscrito es superior a todos los demás (pp. 33-83). Una vez realizados los pertinentes cotejos entre los manuscritos citados, el profesor de la Campa está en condiciones de ofrecer un nuevo stemma de la Versión crítica que corrige los ofrecidos previamente por Menéndez Pidal, Nancy Dyer y Brian Powell.

En el capítulo III, el doctor de la Campa se centra en la parte de la versión crítica que él edita. Fundamental es la explicación de que “el prototipo de la Versión crítica se nos conserva en tres ramas: una, compuesta por el ms. Ss y sus hermanos (la Crónica de veinte reyes), otra, la formada por los manuscritos que constituyen la Crónica general vulgata (CGV), y una tercera, integrada por los manuscritos relacionados con la Estoria del fecho de los godos” (p. 89). Para hacer una valoración de cada una de las ramas, Mariano de la Campa enfrenta La Crónica general vulgata al ms. Ss y sus hermanos (la Crónica de veinte reyes); La Estoria del fecho de los godos al ms. Ss y sus hermanos; y la Crónica general vulgata y la Estoria del fecho de los godos al ms. Ss y sus hermanos. Por otro lado, es importante saber que el texto de la Versión crítica fue construido sobre el prototipo del que también proceden la Versión primitiva y amplificada de la Estoria de España. No obstante, el formador –o formadores– de la Versión crítica se mostró en desacuerdo con algunas cuestiones que afectaban tanto a la materia como a la cronología, por lo que hizo algunas modificaciones destinadas a mejorar el texto de la Estoria de España (pp. 128-146).

Ampliamente se ocupa también el autor de las “cronologías y sincronías” de la Versión crítica y de su relación con las fuentes. El capítulo IV se dedica al estudio de la Versión crítica a partir de los reyes de Castilla desde Fernando I hasta Alfonso VII. Finalmente, en el capítulo V, Mariano de la Campa expone dieciséis conclusiones que resumen las ideas principales de su estudio introductorio. Son dieciséis puntos claros y concisos que ayudan al lector a comprender la configuración y transmisión de la Versión crítica de la Estoria de España. Realmente, todo lo relativo a la Estoria de España alfonsí, en general, y lo que atañe a las versiones, en particular, es sumamente complejo y difícil. El propio autor es consciente de ello y por eso, en la última de las conclusiones que presenta, declara: “el testimonio de la Versión primitiva se convierte en cimiento importantísimo para establecer la comparación entre versiones. La comparación entre estas versiones viene a iluminar el proceso de composición y refundición de los historiadores del escritorio alfonsí del que tantas cosas se nos escapan” (p. 241).

Antes de la edición propiamente dicha, se especifican los manuscritos citados y se recoge la bibliografía junto con unas claves bibliográficas. A continuación, se anotan las ediciones de la Crónica de veinte reyes y se expone el propósito de la presente edición, así como los criterios de edición y la explicación del establecimiento del texto. Las normas de transcripción y la relación de los textos empleados dan paso a la ambiciosa y completa edición que nos ofrece Mariano de la Campa (pp. 265-592).

Nos encontramos, sin duda, ante un trabajo importante en el que el autor deja claro que es un buen conocedor de la Estoria de España alfonsí y pone, por fin, a disposición de la comunidad científica la edición de la Versión crítica de la Estoria de España desde Fruela II hasta la muerte de Fernando II.

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Cómo citar esta reseña:

MOYA GARCÍA, Cristina: “La “Estoria de España” de Alfonso X. Edición y estudio de la Versión crítica desde Fruela II hasta la muerte de Fernando II”, en Librosdelacorte.es, Núm. 2, Año 2, otoño-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, p. 82).

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Las regencias femeninas en la Europa Moderna

por Julia Navarro Martín

Franca VARALLO (coord.), In assenza del re. Le reggenti dal XVI al XVII secolo (Piemonte ed Europa), Leo S. Olschki, Florencia: Biblioteca dell'Archivum Romanicum, serie I, vol. 354, 2009, 612 pp.

Franca VARALLO (coord.), In assenza del re. Le reggenti dal XVI al XVII secolo (Piemonte ed Europa), Leo S. Olschki, Florencia: Biblioteca dell'Archivum Romanicum, serie I, vol. 354, 2009, 612 pp.

En los últimos años se ha producido un profundo replanteamiento sobre la importancia de las mujeres en el panorama político europeo durante la Edad Moderna. Desde diversas áreas geográficas los investigadores han prestado atención no solo a su papel como madres e educadoras, sino como consejeras, reinas y regentes. Su poder, presencia y prácticas cortesanas han sido objeto de numerosos proyectos, en los que también se ha atendido a la imagen que sobre ellas se construyó, tanto en el discurso político como en las obras literarias. Fruto de la coordinación realizada por Franca Varallo y Giusseppe Ricuperati, In assenza del re. Le reggenti dal XVI al XVII secolo (Piemonte ed Europa) nace como contribución a esta aún joven corriente historiográfica sobre el poder femenino que adquiere cada vez mayor solidez. La obra recoge las intervenciones que tuvieron lugar en el homónimo congreso que se realizó en febrero de 2006 en Turín con motivo del Cuatrocientos aniversario del nacimiento de Cristina de Francia. Se trata de un conjunto de trabajos de especialistas europeos que han analizado distintos aspectos sobre el poder e imagen femeninos a lo largo de los siglos XVI y XVII en toda Europa, con especial atención al ámbito saboyano. A pesar de que los estudios sobre Italia sean predominantes, en la obra también se atiende al análisis de la problemática inglesa así como francesa. No obstante, la riqueza del libro no reside tan solo en su amplitud cronológica y geográfica, sino sobre todo en la capacidad de poner en relación diversas disciplinas. Los análisis literarios, musicales, artísticos, arquitectónicos, urbanísticos y ceremoniales se complementan con aquellos puramente políticos, todos ellos con un núcleo común en femenino: las damas ilustres, duquesas, reinas y regentes. El proyecto ha logrado reunir las aportaciones de veintisiete investigadores que, más allá de limitarse al análisis de la ausencia propiamente del rey (objeto de estudio de Fanny Cosandey para Francia o de Franco Marenco y Monica Pavesio para Inglaterra), han arrojado luz sobre situaciones análogas como las de Catalina de Austria, Cristina de Francia o Giovanna Maria Battista-Nemours.

Los primeros artículos se encuentran dedicados al análisis de las obras literarias de principios del siglo XVI a la luz de la tradición boccacciana. A partir de ésta, Paolo Pontarini analiza la Italia Illustrata de Biondo Flavio – donde se encuentra incluido un catálogo de mujeres ilustres, todas implicadas directa o indirectamente en una regencia política –, Silvia Marcucci realiza un estudio comparado con Antonio Cornazzo y su De mulieribus admirandis, así como Marco Veglia se introduce en el análisis del Decameron a través del personaje femenino de Pampinea.

La transformación de la imagen de la mujer y su excelencia desde inicios del Quinientos es estudiada por Amadeo Quondam a partir del libro tercero de Il Cortegiano, donde Baltasar Castiglione caracteriza a la “Donna di Palazzo” subrayando el papel activo que debe desempeñar tanto en la familia como en la casa del príncipe.

Asimismo, Lina Bolzoni es la encargada  de poner de relieve la ambigüedad, o al menos la doble perspectiva sobre las mujeres, que se encuentra implícita en textos como Gli Asolani de Pietro Bembo o en Della eccellenza e dignità delle donne de Galeazzo Flavio Capra. Tras ello, Mario Pozzi incide sobre el papel de las mujeres en la corte y su influencia en el nacimiento de una literatura en lengua vulgar.

Sobre la segunda mitad de siglo XVI y la primera del XVII se recogen diversos estudios, como el referente a las obras de Torcuato Tasso realizado por Giovanna Scinato, quien pone especial atención en el Discorso della vitù femminile e donnesca, entendido como un catálogo sobre mujeres ilustres. Maria Cerrai y Alessandra Ruffino se centran en el poeta Gian Battista Marino y la relación de su Adone con Maria de Medici, así como Franco Vazzoler analiza la obra poética de Chiabrera respecto a la tradición canónica y las influencias petrarquescas. El análisis musicológico lo aporta Alberto Rizzuti, quien realiza un interesante estudio sobre la obra de D’India en el ducado saboyano durante la regencia de Cristina de Francia.

Respecto a Isabel I de Inglaterra, se recogen tres completos trabajos sobre la imagen de la reina tanto en la literatura como teatro europeos. Franco Marenco y Monica Pavesio analizan la metamorfosis del mito, que evoluciona desde la situación político-religiosa a una cuestión de intrigas, amor y venganza centrado en la vida privada de la soberana. En la misma línea Mateo Durante analiza la obra de Federico della Valle, donde existe una clara antítesis entre Maria Stuardo como bondad e Isabel I encarnando la maldad.

Aunque no sean  propiamente regentes reales, Pierpaolo Merlin y Bythe Alice Raviola introducen, a raíz de la ausencia del poder soberano masculino, el estudio sobre Catalina de Austria y las duquesas del Monferrato, respectivamente. Merlin incide sobre la función de gobierno de la duquesa en los repetitivos momentos en los que Carlo Emanuele I se ausentaba por motivos militares, mientras que Raviola traza el carácter y prácticas políticas de tres mujeres al frente del Monferrato: Anne d’Alençon, esposa de Guillermo IX de Monferrato, Margarita Paleólogo, hija del anterior, y Margarita de Saboya, hija de Carlo Emanuele I.

Sobre las regentes saboyanas se han de destacar las contribuciones de Claudio Rosso, Robert Oresko, Gianni Mombello, Mercedes Viale Ferrero y Andrea da Pasquale. Rosso estudia la contraposición entre las dos imágenes de Cristina de Francia, la oficial y aquella que emerge de sus enemigos y opositores. También Viale Ferrero se centra en esta primera regente, analizando la lógica del equilibrio de poderes entre la ciudad de Turín y el poder ducal durante la celebración de festividades. Mombello por su parte dedica su contribución a la Academia de Turín fundada por Giovanna Maria Battista mientras que Da Pasquale se centra en la Biblioteca Real, analizando las diferencias entre las obras adquiridas durante los periodos de ambas regentes. Cabe realizar una mención especial sobre el recientemente fallecido Robert Oresko, no solo por la extensa aportación en la obra aquí reseñada – un detallado análisis sobre las relaciones exteriores italianas, las regentes saboyanas y adquisición del Monferrato –sino por su contribución a la historiografía en general. Sus investigaciones sobre las relaciones exteriores, estrategias matrimoniales y la política de los estados italianos han ayudado a la renovación de la Historia sobre la Europa Moderna, aportando nuevas perspectivas y enfoques. De sus trabajos se desprende el excelente conocimiento que poseía sobre las relaciones entre las distintas cortes de las dinastías europeas. En relación con la temática de la obra que nos atañe, cabe destacar sus estudios sobre la Casa de Saboya y más concretamente sobre la regente Giovanna Maria Battista, tradicionalmente vinculada al común juicio negativo de su predecesora Maria Cristina de Francia.

La obra se concluye con tres artículos heterogéneos aunque también relacionados con la temática seguida. Por un lado, Ginevra Conti Odorisio analiza el activo papel que jugó Anne Marie de Montpensier, sobrina de Ana de Austria, en la Fronda a mediados del siglo XVII en Francia y el impacto que la dama tuvo sobre Poulain de la Barre y su ensayo L’Égalité des deux sexes. Por otro lado, Elisabetta Graziosi repasa diversos textos modernos para rastrear la problemática sobre la igualdad de los sexos y la soberanía femenina. La obra se cierra finalmente con el estudio realizado por Alessia Porpiglia sobre la imagen de Cristina de Francia a través de la historiografía de la Casa de Saboya.

La conclusión que se extrae tras la lectura de las contribuciones en su conjunto es que la dimensión política y la presentación del poder de las mujeres se encontraban presentes en todos los aspectos de la Europa Moderna. Su complejidad reside en la propia contradicción, bien reflejada en la literatura, del poder femenino. Libros como el que aquí se reseña ayudan a comprender no solo la práctica política de determinadas mujeres convertidas en regentes, sino los mecanismos de justificación de dichas situaciones así como la construcción de la imagen de las mujeres asociadas al poder.

En definitiva se trata de una obra asentada sobre un ambicioso proyecto interdisciplinar que, integrando a especialistas de diversas materias, logra analizar la regencia y el poder femenino en una dimensión europea, aunque centrada particularmente en las dos regencias que durante el Seiscientos vivió el ducado saboyano.

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Cómo citar esta reseña:

NAVARRO MARTÍN, Julia: “Las regencias femeninas en la Europa Moderna”, en Librosdelacorte.es, Núm. 2, Año 2, otoño-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, p. 81).

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El peso de la púrpura, el cardenal Richelieu

por Javier Gómez Díaz

Robert J. KNECHT: Richelieu. Madrid: Biblioteca Nueva, 2009, 281 pp.

Robert J. KNECHT: Richelieu. Madrid: Biblioteca Nueva, 2009, 281 pp.

El valimiento fue un fenómeno europeo y su estudio constituye un tema de gran importancia para el conocimiento del arte de gobernar en el siglo XVII, por lo que resulta ser uno de los ejes alrededor de los que gira el interés de los historiadores interesados por la política en la Edad Moderna. En el ámbito hispano cabe mencionar los trabajos de Antonio Feros, Bernardo García o Antonio Escudero, cuyo modelo analítico se constituyó hace varias décadas enmarcando la obra más representativa de este género, la biografía del conde duque de Olivares escrita por John H. Elliott. La aportación del hispanista británico a la historiografía sobre los validos tuvo como rasgo más interesante su consideración del fenómeno más allá de la singularidad española mostrando su dimensión europea, su carácter esencial como problema de la política del Antiguo Régimen, de ahí su estudio comparativo entre Olivares y Richelieu, los dos grandes ministros de las monarquías con más peso en la Europa del Siglo XVII.

Fruto del interés que despertaron estos estudios entre los historiadores de la Europa Moderna cabe recordar la obra colectiva dirigida por Elliott y por J. Brockliss que extendía la comparación a todo el conjunto de las monarquías europeas y, dentro de este ambiente de interés por estos poderosos ministros hemos de situar la reciente traducción de la obra de R.J. Knecht que aquí reseñamos. Armand-Jean du Plessis, más conocido por Cardenal Richelieu fue una de las grandes personalidades políticas del siglo XVII. Valido del monarca francés, Luis XIII, su figura no dejaba lugar a la indiferencia. Tanto sus contemporáneos, como más tarde novelistas e historiadores han hecho de él un hito en la Historia de Francia, confiriéndole un doble carácter, que situó al cardenal bajo una valoración ambigua: por un lado ha sido objeto de duras críticas en cuanto a su forma de ejercer el gobierno (recordemos la imagen del cardenal que nos ofrece Alfred de Vigny en “Cinq-Mars” o Alexandre Dumas en “Los tres mosqueteros”); por otro sus políticas y logros marcarán y posicionarán nuevamente a Francia como la gran potencia que puso fin a la hegemonía de los Habsburgo en Europa. Entre críticas y halagos (en un sentido narrativo que recuerda muchas veces a Elliott), Knecht nos presenta una obra biográfica que se desmarca de estas visiones tradicionales, esforzándose por mostrar a Richelieu en su propio contexto, alejado de valoraciones preconcebidas. Describe el camino que le lleva a la posición de Ministro del monarca, su tránsito desde el grupo de la Reina madre y de su privado Concini hasta el polo opuesto de la Corte. Su idea de fortalecimiento de la Corona ligada a sus estrategias para asegurarse su supervivencia política situando a los miembros de sus redes personales (clientes, familiares y partidarios) en de cargos y puestos de responsabilidad, manipulando la distribución de la gracia real, principal mecanismo de incorporación de las elites y otros grupos al poder.

El libro está estructurado en doce capítulos en los que se van alternando los distintos aspectos de su vida como de su acción de gobierno. Mientras los primeros están orientados a su ascenso y ejercicio del poder, el resto va destacando diferentes facetas de su acción de gobierno: guerra, propaganda y artes, hugonotes… Así pues, la forma de redacción se adapta a cada capítulo, con amenidad, mostrando un gran oficio narrativo, muy común a los historiadores británicos. Es de notable interés el  paso de Richelieu por la Corte de la Regente María de Médicis como cliente de Concini, se trata de la etapa menos conocida de su biografía, crucial en su camino a la Corte de Luis XIII, pues su condición de hijo menor conllevó que su educación fuera orientada en principio al mundo militar, pero los avatares y decisiones familiares en torno a la posesión del obispado de Luçon, hizo que su formación fuera redirigida a la carrera eclesiástica. Desde que el 29 de abril de 1624 entrase a formar parte del Conseil  d’en haut desarrolló con gran habilidad su estrategia de poder hasta monopolizar el gobierno con el beneplácito del monarca. Algunos rasgos de esta estrategia nos son familiares: Desde su cargo amplió su patrimonio y propiedades, dispensó honores, cargos y títulos entre sus clientes, familiares y amigos. Contemplamos como Richelieu pasó de haber sido una criatura de Concini a primer ministro del monarca. En el tercer capítulo, que arranca con la Jornada de los Engaños en 1629, nos encontramos con un Richelieu que se va desvincular definitivamente del grupo de la Reina madre, olvidando su pasado en aras de su ambición y de sus ideas de gobierno: refuerzo del poder real y restauración de la grandeza de la dinastía mediante una decidida política exterior anti Habsburgo. Unas líneas que se prolongarán más allá de su muerte en diciembre de 1642 y cuyos frutos se recogeran despues de 1659 cuando España firme la paz y se humille ante la potencia francesa.

Knecht es un historiador británico de la vieja escuela whig, nos conduce en su relato a través de un largo recorrido sobre los puntos fundamentales de la construcción del Estado en el sentido concedido por la historiografía institucionalista clásica (sociedad, economía, política interior y exterior, arte, cultura y propaganda), sin embargo muestra las insuficiencias de este modelo y propone o abre (como hiciera Elliott en el caso español) vías de aproximación distintas invitando a acercarse y analizar el mundo de la Corte. Si bien es verdad que se aprecia una división tendente a la tradicional división en campos de estudio: política (interior y exterior), economía, sociedad, religión, teoría política (absolutismo) y arte y cultura (incluyendo de forma muy apropiada la propaganda). Lo cortesano aflora, por ejemplo, en su análisis de la alta nobleza francesa en relación con el Cardenal y la Corona, tanto en las propuestas que se intentaron llevar a cabo como las resistencias, sirviéndose de casos puntuales como la prohibición de los duelos, la revuelta de Gastón de Orleans o la conspiración de Cinq-Mars.

Llegados a este punto Knecht se adentra en uno de los grandes debates historiográficos de forma breve: la cuestión del absolutismo. Con este capítulo, el autor plantea el problema de los límites de la autoridad real, entendida como la autoridad central del Estado pero limitada por la tradición y los Parlamentos, así señala las dificultades para introducir reformas o novedades como la venta de oficios o la implantación de los intendants.

Está claro que en los capítulos temáticos, especialmente en los de carácter político, no resiste la tentación de identificar una especie de trinidad, Richelieu-Francia-Estado, lo cual nos muestra una línea historiográfica centrada en rastrear los orígenes del Estado francés, valorando a Richelieu como uno de sus artífices, al menos por poner las primeras piedras de sus cimientos. Este planteamiento puede dar al libro un carácter presentista, pero en general, desde los capítulos más biográficos hasta los más centrados en pequeños detalles, esta obra pone de manifiesto numerosos aspectos de diferentes ámbitos convirtiéndose por ello en una obra necesaria para todo lector de lengua española que necesite o desee conocer los rasgos básicos de la Historia de Francia en la primera mitad del Siglo XVII.

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Cómo citar esta reseña:

GÓMEZ DÍAZ, Javier: “El peso de la púrpura, el cardenal Richelieu”, en Librosdelacorte.es, Núm. 2, Año 2, otoño-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, p. 80).

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