Un holandés en la España de Felipe IV. Diario del viaje de Lodewijck Huygens (1660-1661)

por Almudena Pérez de Tudela

Maurits EBBEN (ed.): Un holandés en la España de Felipe IV. Diario del viaje de Lodewijck Huygens (1660-1661), Madrid: Fundación Carlos de Amberes-Editorial Doce Calles, 2010, 321 pp.

Maurits EBBEN (ed.): Un holandés en la España de Felipe IV. Diario del viaje de Lodewijck Huygens (1660-1661), Madrid: Fundación Carlos de Amberes-Editorial Doce Calles, 2010, 321 pp.

Aunque vió la luz en en Holanda en 2005, la edición crítica española del Diario constituye una importante novedad dentro de la literatura de viajes a España en el siglo XVII. Así, viene a completar la monumental monografía de García Mercadal reeditada en cuatro volúmenes en 1999. Publicado por Doce Calles se suma a la línea iniciada por la traducción al castellano de El Pasatiempos de Jean Lhermitte, también con la colaboración de la Fundación Carlos de Amberes y el Diario del viaje a España del cardenal Francesco Barberini escrito por Casiano del Pozzo (1626).

Lodewijck Huygens fue uno de los gentileshombres que formaban el séquito de los tres embajadores enviados en 1660 por los Estados Generales a cumplimentar a Felipe IV. Con esta legación se buscaba estrechar las relaciones con España tras la firma de la Paz de Münster y felicitar al monarca por el matrimonio de la infanta María Teresa con Luis XIV, consecuencia de la Paz de los Pirineos.

La edición española de este Diario va precedida de un riguroso estudio introductorio sobre los acontecimientos políticos que lo motivaron, así como del viaje en la Edad Moderna, para pasar a centrarse en las particularidades y biografía de Lodewijck Huygens. Era hijo del poeta y diplomático holandés Cosnstatijn Huygens y hermano del astrónomo Christiaan Huygens. Éste era ya un joven de unos treinta años, pero el viaje se puede incluir dentro de los formativos siguiendo los preceptos de Erasmo o de Lipsio. También resulta peculiar la elección de España, un poco marginada por su ubicación y por no tener apenas Antigüedades respecto a Italia, destino elegido mayoritariamente.

Aunque el autor parece que ha manejado una copia manuscrita del Viaje a España de Antonio Brunel en 1654, al que se remite en la descripción de las fuentes del jardín de Aranjuez, realiza un relato bastante original que se completa con eruditas notas a pie de página del editor. Desde su desembarco en Laredo hasta su llegada a Madrid va describiendo con gran vivacidad todo su camino, los personajes que se encuentra, las poblaciones e incluso detalles más nimios como la gastronomía, la indumentaria o los entretenimientos y festejos.

Huygens, siguiendo los preceptos de esta literatura de viaje formativo, analiza las formas de gobierno y la compleja etiqueta española que ralentiza en gran medida la embajada con la proverbial flema que regía todas las negociaciones en la corte. Asimismo, resulta curiosa su opinión, desde una perspectiva protestante, de los estamentos religiosos y de algunas ceremonias católicas.

Un capítulo muy interesante del libro son las novedades que ofrece respecto a descripciones de algunas importantes ciudades por las que pasa como Burgos, Valladolid o la Universidad de Alcalá de Henares. Aparte, visita otras de menor importancia como Lerma, Martín Muñoz de las Posadas o la corte paralela en torno al bastardo real, don Juan José de Austria, en Pinto.

Entre los casi noventa miembros que componían la comitiva, cabe mencionar un pintor que inmortalizaría las escenas más significativas. Huygens demuestra que tenía un buen ojo para la pintura, no en vano su padre era amigo de Rembrandt, ofreciendo su juicio sobre las obras de arte que va encontrando en su camino, como en el monasterio de las Huelgas o en la Cartuja de Miraflores. Destaca un retrato de la reina católica en este monasterio y una serie de retratos regios en la Casa del Ayuntamiento de Valladolid. También califica de “horribles” los cuadros que quedaron en la Huerta del Rey de la capital del Pisuerga, tras el traslado unos años antes de las mejores pinturas a Madrid.

En la capital se hace eco de las famosas “jornadas reales” por los diversos Reales Sitios y del traslado de los muebles por la Furriera, por ejemplo, de Madrid al Escorial. Un momento estelar es la primera audiencia que concede Felipe IV a la delegación en el Alcázar, para después pasar a cumplimentar a la reina Mariana de Austria. También asistirán a ceremonias particulares como la celebración de la Navidad en la Capilla Real ornada con la serie de tapices de los Milagros de Cristo o la comida pública de la reina ese mismo día con tapices de las Virtudes. En la segunda audiencia con el rey estaría desplegada la serie de tapices de Escipión. Cuando los reyes parten para El Pardo, se les permitirá una visita más particular del palacio alabando las pinturas de Rubens, Tiziano, Veronés, Reni o Durero, aparte del mobiliario como los famosos espejos y los bufetes y jarrones de pórfido. También destaca algunos episodios bélicos o ceremonias representadas en pinturas como la presentación de la acanea en Roma o la tapicería de Túnez. Después visitarán el Buen Retiro con el Salón de Reinos y otros elementos de su decoración como tapicerías de Faetón y los cuadros de paisajes traídos de Italia. En el monasterio de El Escorial quedan maravillados por la Real Biblioteca y las curiosidades científicas que la decoraban, aparte de visitar la Fresneda. De Aranjuez destacan las fuentes de los jardines y la botica para destilar plantas medicinales. En El Pardo les llaman la atención las pinturas de batallas flamencas y aquellas de El Bosco, Brueghel y Bassano, mientras que en la vecina Torre de la Parada admiran las de Rubens.

Aparte de los palacios, visitan las demoras de los nobles más principales que habían reunido importantes colecciones artísticas como don Luis de Haro, el conde de Castrillo, don Fernando de Borja, el duque de Alba, Medina de las Torres o el genovés Grimaldi. También se referirán a casas de campo, aparte de la real, como la del marqués de Eliche y “La Florida” de Castel Rodrigo.

Estas noticias vienen a completar algunos inventarios de estas colecciones y nos ayuda a entender su disposición por estas residencias.

El punto más meridional que visitan, mientras esperan ser despachados, será Toledo, con la catedral, el alcázar y San Juan de los Reyes, entre otros monumentos destacados.

Por todo ello, esta amena relación, acompañada de las biografías de los personajes más señalados, un útil índice y un aparato gráfico complementario, resulta de gran interés para conocer la España de hacia 1660 y la visión que sobre ésta podría tener un hasta hace poco tiempo enemigo político, sin dejarse influir por “La leyenda negra”.

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Cómo citar esta reseña:

PÉREZ DE TUDELA, Almudena: “Un holandés en la España de Felipe IV. Diario del viaje de Lodewijck Huygens (1660-1661)”, en Librosdelacorte.es, Núm. 2, Año 2, otoño-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, p. 83).

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