Las células madre del Papa

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El Vaticano ha decidido financiar la investigación con células madre. Adultas, por supuesto. La cantidad que se maneja es de 2,7 millones de dólares y entre los beneficiarios, además de instituciones italianas, se encuentra la Universidad de Maryland. Por lo que parece, no es la primera vez que se toma una decisión de este tipo. Será un signo de los tiempos.

Xavier Pujol Gebellí

El objeto de investigación de la propuesta aprobada por la Santa Sede son las células madre adultas intestinales. De ellas se sabe que son de fácil acceso (mediante endoscopia, por ejemplo) y que tienen una vitalidad y un potencial interesantes. Lo suficiente como para que sean tenidas en cuenta en líneas de investigación paralelas a las de células madre de origen embrionario (hasta hace poco las más recurrentes) y las iPS, literalmente, con pluripotencialidad inducida. De ellas se espera que marquen el camino a seguir en el futuro.

Como es bien sabido, las células madre adultas y las revolucionarias iPS escapan, en términos de laboratorio, a cualquier juicio u oposición moral. Las primeras se toman de cualquier tejido adulto y el objetivo que se persigue es hallar cómo programarlas para obtener ese mismo tejido o cualquier otro que sea de interés terapéutico. El problema es que hasta la fecha no ha sido posible encontrar los atajos bioquímicos que lo permitan. El comportamiento in vitro de estas células no está aportando buenos resultados y su capacidad para generar cualquier tipo de tejido se está viendo más que limitada. Pese a ello, se prosigue con las investigaciones.

En cuanto a las segundas, las iPS, no parten de células madre (ni adultas ni embrionarias) sino de, en teoría, de cualquier tipo de célula. Las epiteliales fueron las primeras en ser experimentadas con buenos resultados en ratones de laboratorio. Así lo describieron Kazutoshi Takahashi y Shinya Yamanaka en 2006 en la revista Cell, la más influyente del mundo en biología celular y molecular. Posteriormente, investigadores del MIT y de las universidades de Harvard y de California en Los Ángeles marcaron un nuevo hito al lograr clonar este tipo de células.

El futuro parece pasar por este milagro científico. No hay objeciones éticas, ni morales ni religiosas, y además parecen albergar la gran característica que se persigue: mantienen su capacidad pluripotente y se ha desentrañado uno de los mecanismos de programación celular, el que permite volver atrás en el tiempo. Es decir: se ha desarmado el programa genético que conduce de célula madre a célula especializada, de modo que de esta última se puede volver a la primera.

¿Y sobre las embrionarias? Continúan siendo las más prometedoras, de momento. Tanto por el trabajo acumulado sobre ellas como por su origen. Difícilmente nadie de los que está trabajando con ellas va a abandonar las distintas líneas, al menos no hasta que las iPS alcancen suficiente grado de madurez y confirmen su potencial. Lógicamente, continúa existiendo el problema que las ha estigmatizado desde el principio: para obtenerlas es necesario destruir un embrión. Ahí, literalmente, con la Iglesia hemos topado.

Las creencias, la fe, la tradición, las legislaciones… obamaHay mucho concepto con alta carga moral de por medio como para facilitar el camino de las investigaciones. En las culturas occidentales, un embrión es algo más desde el primer día; en las orientales no pasa así. La proliferación de fertilizaciones in vitro ha provocado multitud de embriones sobrantes que suelen congelarse in eternum; en algunos países se permite su uso, pasado un cierto tiempo, para investigación… En el mundo que vivimos, eso está significando (ha ido ocurriendo así hasta la llegada de Obama) que en unos países se avance y en otros no; y sobre todo, que el control de las investigaciones haya recaído en unas pocas empresas privadas. Nada satisfactorio en un mundo globalizado donde lo que ocurre en Corea es aprovechado en Torrejón sin mayor problema.

En este contexto, el anuncio de la Santa Sede, aunque benditas sean sus intenciones, parece llegar a destiempo. Invirtió antes en Corea del Sur y en Australia a través de centros de marcada orientación católica; lo hace ahora con la Universidad de Maryland junto con centros italianos.

No debiera haber objeción en el hecho de financiar ciencia, puesto que algo bueno va a salir de ahí, ni que sea conocimiento, que ya es mucho. Pero uno se pregunta sobre los efectos del día después. ¿Qué va a hacer el Papa con sus células madre? Si los científicos logran un resultado espectacular, ¿habrá patente? ¿Quién va a explotar los resultados? ¿Se aliará el Vaticano con una multinacional farmacéutica? ¿O tal vez va a ceder sus derechos a la OMS o a cualquier organismo internacional? Uno se inclina a pensar que al fin y a la postre se va a comportar como si de una empresa se tratara. Y sin duda que sería lícito, pero a mí me provoca dudas. Dudas éticas y morales.

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Comentarios

La verdad es que tengo Fe en que si la Iglesia está invirtiendo en investigación para evitar la experimentación con embriones humanos, entonces en un futuro -si llegara a lograr resultados existosos- será la primera en facilitar esa tecnología para ponerla al servicio de la humanidad y así evitar más genocidios. Mal hacemos en inocular la duda y la sospecha sobre algo que es positivo, si tenemos tiempo para buscar culpables o sospechosos, entonces dirijamos la mirada a las grandes empresas que hoy comercian con la vida y a los políticos que hacen lobby para apoyarlas ¿a cambio de qué?

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