La muerte secreta

¿Dónde acaba unasedación terminal y dónde empieza una muerte clínicamente asistida (eutanasia)?

Jordi Montaner

En un editorial reciente del New England Journal of Medicine, Timothy E. Quill, director del Centrode Ética, Humanidades y Cuidados Paliativos de la Facultad de Medicina de laUniversidad de Rochester, NY, se formulaba esta misma pregunta a propósito deun trabajo publicado por esa misma revista y que analizaba la evolución de laeutanasia en Holanda durante los últimos cinco años.

Agnesvan der Heidey colaboradores (Roterdam, Holanda) concluyen en su estudio quela tasa de eutanasias ha experimentado un descenso en aquel país, debido,afirman los autores, al uso creciente de sedantes más eficaces que losempleados hasta ahora y que permiten paliar el sufrimiento de los pacientes sinsolución de continuidad.

Quill,a su vez, hace hincapié en que ya no es necesario acelerar la muerte paraaliviar el sufrimiento y en que “estos hallazgos representan un cambioimportante de las tendencias de decidir poner fin a la vida fundadas en Holandaentre 1990 y el 2001”

Aunquela justicia holandesa no legalizó la eutanasia hasta el 2002, los médicos deaquel país llevaban años asistiendo muertes sin ningún tipo de persecuciónlegal. Bélgica adoptó una ley similar a la holandesa cuando ésta entró en vigor,siguió el ejemplo Suiza y, en Estados Unidos, sólo Oregón legalizó el suicidioasistido en 1997. Se calcula, sin embargo, que únicamente una de cada milmuertes producidas en aquel Estado guarda relación con la muerte ayudada.

La sedación terminal es legal en EstadosUnidos, pero sólo se usa como último recurso. En su editorial, Quill ve porprimera vez aplicable la experiencia holandesa en el contexto americano. Sinembargo, los detractores de la eutanasia sostienen, precisamente, que laposibilidad de usar sedantes mucho más potentes y eficaces permitirá a losmédicos inducir más muertes de forma explícita en lo que se ha dado en llamar la“pendiente resbaladiza”. En cualquier caso, el estudio holandés halló que laeutanasia estuvo detrás de sólo 17 de cada mil muertes en el 2005, la mismatasa que en 1990. La tasa más alta dentro del periodo estudiado correspondió al2001 (antes incluso de que la ley fuera aprobada), con 26 eutanasias por cadamil muertes. La mayoría de los casos correspondió a un patrón de géneromasculino, por debajo de los 80 años y con diagnóstico de cáncer.

En el 2001, la Administración del Reino Unidodecidió consultar la opinión de los geriatras al respecto. Sólo un 13% de losgalenos consultados dijo estar a favor de ayudar a morir activamente a lospacientes terminales que solicitaran este recurso; por otro lado, un 68% senegó a legalizar la eutanasia en los términos en que se ha legalizado en otrospaíses, contra un 24% a favor y un 8% indeciso.  

 La propia vida, un baluarte

“Negar la propiedad privada de nuestro propioser es la más grande de las mentiras culturales… Para una cultura que sacralizala propiedad privada de las cosas (…) es una aberración negar la propiedad másprivada de todas, nuestra patria y reino personal, nuestro cuerpo, vida yconciencia, nuestro universo…” Desde su pequeño rincón gallego a la granpantalla, RamónSampedro encendió en nuestro país el debate descarnado y desacralizado dela eutanasia, reivindicando la autodeterminación del cuerpo “y lo que con él es”,la vida y su conciencia.

Su testamento pilló a políticos y jueces un poco enbolas. Años más tarde y mar adentro, algo se mueve. La Junta de Andalucíaatendió hace escasos meses el caso de la enfermera granadina InmaculadaEchevarría con más decoro y, en Madrid, la asociación Juecespara la Democracia (JpD) ha pedido abiertamente la despenalización de laeutanasia. Subrayan los letrados de corte más progresista que se hace necesariollevar a cabo las pertinentes reformas legislativas, dado que existe un “vacíolegal que no da respuesta a los numerosos interrogantes éticos y jurídicos que laciudadanía plantea” en este tema. Para ello,abogan por reformar el Código Penal en lo relativo a la eutanasia, “dentrode un marco de dignidad y libre voluntad de la persona, partiendo de que lapetición expresa y seria de morir de un ser humano debe ser atendida y suconsideración ha de sobreponerse a cualquier valoración positiva que puedamerecer la continuidad de la vida”. JpD defiende asimismo que “la decisión deponer término a la supervivencia artificial de un coma irreversible deberácarecer de relevancia penal”; en otras palabras, quedar impune.

La posibilidadde decidir cómo morir está contemplada en la Ley de Autonomía del Paciente del 2002,amparando la discreta regulación del testamento vital que han llevado a caboalgunas autonomías del país. Sin embargo, dicho testamento tiene más de líricoque de épico, habida cuenta de que en él sólo se puede indicar si se quiere ono ser sometido a determinados tratamientos, sin aludir a una ayuda clínicapara la eutanasia, que sigue estando penalizada en este país. El artículo 143 del Código Penal castiga con penas de hata cinco años de prisión a quien”coopere con actos necesarios al suicidio de una persona” y de hastadiez si la cooperación “llegara hasta el punto de ejecutar lamuerte”. Pero incluso en la ley no cejan ambigüedades; el mismo artículo contemplauna rebaja de la pena en uno o dos grados para quien “causara o cooperaraactivamente” con actos directos en la muerte de otro, a petición expresa einequívoca de éste y en caso de enfermedad incurable o que causa “gravespadecimientos permanentes y difíciles de soportar”.

Más de la mitad delas muertes registradas en España tiene lugar en un hospital o centro médico,pero sólo una quinta parte lo hace en una UVI equipada con cuidados paliativos.Dicho de otro modo, la mayoría de los españoles y españolas fallece encircunstancias inhábiles para gestionar una agonía médicamente correcta. Eltambién reciente caso de TerriSchiavo en Estados Unidos ilustra hasta qué punto la medicina puede mantenervivo el cuerpo de una mujer muerta; no obstante, un estudio del  Hospital General de Especialidades de Almeríapublicado en la Revista Española de Geriatría y Gerontología arroja ciertas sombras a la comprensible testarudezcientífica de ahorrar muertes: “La asistencia al moribundo esclaramente mejorable. En la mayoría de los casos la autonomía es usurpada porun paternalismo bien intencionado. La información proporcionada al paciente fuecasi nula e imperó el secretismo. Los pacientes deseaban alivio y se lesofreció tecnología invasiva. Detectamos una actitud neutral, abandono o ciertaindiferencia ante el último y mayor sufrimiento humano…”

Sin hacer ruido, no pocos médicos españolesreconocen haber sido requeridos para administrar tratamientos capaces deinterrumpir la vida a pacientes terminales, y aseguran que, cuando lospacientes tienen bien controlados los síntomas, las demandas de eutanasia sonmínimas.

En voz alta, reivindican una muerte digna para todos, en el sentido deque los cuidados paliativos se hagan extensibles al total de los enfermos y nosólo a una quinta parte. En voz baja, reconocen que acabar con una vida quesufre de forma clínicamente correcta es siempre mejor que tirarse al tren,abrirse las sienes con una bala o incluso sorber un mejunje casero con cianuroante una cámara de vídeo y dirigir al mundo entero un guiño de complicidad…Todos nos morimos. Preferimos ignorar cómo ni por cuánto tiempo, pero lamedicina y la ley pueden y deben asistirnos tanto en la vida como en la muerte,sin callar ni mirar a otro lado.

Medicina y ley están llamadas a lidiar con laeutanasia en situaciones embarazosas, pero lidiarán mejor en la plaza que desdeel burladero. La muerte se negocia mejor a corta distancia, en el cuerpo acuerpo, en la mirada silenciosa y el abrazo. Su secreto es aún más viejo que lavida.

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

es preferible la eutanasia a verle que su vida se alarga a pesar del dolor o en que condiciones se encuentra, de echo es una mala calidad de vida alargada sufra o no; al final la persona debe tener una muerte tranquila aunque sea un instante.

Escribe un comentario

(requerido)

(requerido)


*