Encuentra las diferencias (entre congresos)

El jefe de prensa de la asociación de geofísicos europeos (European Geosciences Union) bajó la voz y me preguntó: “Pero dime, ¿qué es lo que tengo que hacer para que vengan, eh? Lo he intentado todo. Incluso una vez me puse al teléfono y fui llamando de redacción en redacción, invitándoles a enviar a nuestro congreso a sus periodistas científicos. Y no conseguí nada”.
María José Viñas
Miré a mi alrededor: apenas media docena de periodistas estaban presentes en la sala de prensa, absorbidos trabajando en sus ordenadores portátiles. En total, algo más de tres decenas de miembros de la prensa se habían registrado para cubrir el congreso, que agrupaba en Viena a casi nueve mil científicos especializados en ciencias de la tierra y planetarias, pero no todos ellos darían señales de vida durante los cinco días que duraba el evento.
“No lo sé”, le contesté. “Pero no tienes nada que reprocharte; la sala para los periodistas y las ruedas de prensa funcionan perfectamente. Simplemente parece ser que los periodistas científicos europeos son más “pasotas” a la hora de ir a congresos, o tal vez no tienen los medios económicos para viajar”, le consolé. Pero en el fondo, pensaba yo, tiene que ser algo más que eso: al fin y al cabo, al equivalente estadounidense de este congreso de geofísica (que yo ayudo a organizar) acuden cada año alrededor de 200 periodistas, pese a que el periodismo en EE.UU. también está de capa caída y día sí, día no, llegan más noticias sobre nuevas reducciones de plantilla en medios de comunicación.
“Y en España, ¿qué pasa? ¿No hay periodistas científicos? Nunca he visto a ninguno por aquí, excepto al chico de EFE”. El pobre chico de EFE: había yo tenido ocasión de charlar con él cinco minutos entre rueda de prensa y rueda de prensa y me había contado que (como yo ya sospechaba) era un generalista al que le asignaban este congreso año tras año porque era el único en la delegación con un interés mínimo por la ciencia. Le ponía buena voluntad, pero tal como el mismo admitía “la verdad, hay muchos de los temas que tratan aquí que no los puedo seguir.” Durante los primeros tres días del congreso, solo vi un diario español recoger una crónica suya, elaborada a partir de una rueda de prensa. Mientras tanto, los centenares de temas fascinantes que se trataban en las múltiples sesiones, debates y exhibiciones de pósters del congreso nunca llegaron a España, simplemente porque no había ningún periodista español especializado en ciencia que estuviera presente para transmitirlos al público.
Unos periodistas alemanes presentes en la conferencia me contaron otra diferencia entre el ejercicio de su profesión en el viejo continente y en EE.UU.; los científicos europeos son más reticentes a hablar con la prensa que sus homólogos estadounidenses. “De veras, estoy encantado cuando me toca entrevistar un investigador americano, porque los estadounidenses tienen muy asumido que parte de su trabajo es comunicar su ciencia al público, ya que es éste quien les financia”, me comentó uno de los periodistas, que trabaja como freelance para varias publicaciones alemanas, suizas y austríacas. “En cambio, a algunos científicos europeos les da pereza hablar con la prensa, es algo que está muy abajo en su lista de prioridades”.
Y finalmente, algo que me chocó mucho en el congreso en Viena fue tener que lidiar con la burocracia europea. En las ruedas de prensa había a veces hasta siete personas sentadas en la mesa de conferencias, pese a que sólo dos o a lo sumo tres explicaban los resultados científicos. Pero claro, tenían que estar representadas todas las instituciones que habían participado en el proyecto. A veces, sentados entre el público de las ruedas de prensa, había más miembros de las agencias y centros de investigación que periodistas. Y otro botón de muestra: durante la conferencia me invitaron a presentar un documental sobre acidificación de los océanos y moderar un debate sobre el tema. En mi panel se sentaron tres personas: dos expertos en el tema a tratar (como cabía esperar) y otra persona en cuyo currículum (que me había sido enviado previamente por email) no aparecía nada ni remotamente relacionado con la acidificación de los océanos. “Es del departamento de prensa de la European Science Foundation”, me dijo uno de los científicos. “¿Y qué relación tiene con la acidificación?”, pregunté yo. “Ummm, nada. Es del departamento de prensa de la European Science Foundation”. La persona sin relación alguna con el tema del debate no abrió la boca durante la hora y media que duró el evento, pero eso sí, la European Science Foundation estuvo allí representada.
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Hola María José,
gracias por tu ameno y revelador post. La verdad es que desconocía esa diferencia con los "States", pero no me es, por desgracia, ajena la apatía de los científicos por divulgar y de los medios por presionar de, al menos, nuestro país.
Ayer mismo, entre la Universidad Carlos III y la UAM, cuya Unidad de Cultura Científica dirijo, organizamos e impartimos el I Foro de Divulgación Uni-Ciencia:
http://weblogs.madrimasd.org/biocienciatecnologia/
A pesar de que estaban representados la mayoría de los medios de comunicación, solo la pequeña reseña de Radio 5 Todo Noticias (y gracias a que la hice yo mismo en mi microespacio Entre Probetas) se hizo eco del evento…
Lástima no haber podido contar con tu presencia. A ver si en el II Foro difundimos mejor (aunque el CSIC sí se hizo eco y, además, pudimos contar con la participación de Jaime Pérez del Val).
Un abrazo.
JAL