Globalización del conocimiento

Podría llamarse también globalización de la investigación; o de los recursos destinados a investigación; o del conocimiento aplicado para generar más conocimiento. Se suceden debates, encuentros, jornadas, cursos, seminarios, cafés y similares. Y uno se pregunta: ¿No está todo dicho ya?


Foto: Delcio GP Filho

Xavier Pujol Gebellí
En muchos sentidos, cuando se habla de globalización lo que se pretende, en realidad, es parametrizar aquellos elementos que garanticen presencia internacional. Es decir: identificar los mecanismos de internacionalización  de un proceso, una idea, un proyecto, una tecnología, una institución…

En términos generales, al menos si nos referimos a la vida común y corriente, los parámetros (o los atributos) son normalmente claros: relevancia, notoriedad y difusión. Son los puntos de partida. Valen para un club de fútbol, para una estrella mediática o para un yogur. Los ‘apellidos’ que se le añadan, es ya otra cosa. Por ejemplo, especificando qué debe entenderse por notoriedad o qué fórmulas aplicar para la difusión. En todo caso, hay un mandamiento que resume los tres: dinero.

De la vida general a la particular, en nuestro caso la referida a conocimiento (por tanto, investigación, desarrollo, innovación), hay que hacer un esfuerzo para ganar precisión. Y, con ella, dibujar estrategias realistas (algo que, por lo que parece, los habitantes que pueblan las Europas, no acostumbramos a tomarnos en serio).

En un mundo global, he escuchado recientemente, la ciencia es un concepto también global. Si eso es cierto, la fuga de cerebros, la emigración de talento, debería ser inexistente. En su lugar debería primar el intercambio. Condicionado, claro está, por algo más que la ley de la oferta y la demanda. Hay tangibles, como el proyecto a desarrollar, los recursos disponibles, el prestigio de la institución de acogida o las condiciones en las que se va a trabajar.

Pero también hay intangibles que juegan a favor o en contra de una decisión que tiene que ver con la movilidad de los investigadores. Muchos tienen familia; todos necesitan un lugar donde vivir; a muchos les encanta un clima soleado; a unos cuantos les pirra una vida cultural rica; y a otros tantos les va una oferta de ocio que complemente –y les abstraiga de-  su mundo particular.

Conclusión: en los sitios donde exista una buena combinación de trabajo y estilo de vida, el mundo es efectivamente global. Habrá intercambio en los centros donde sea apetecible vivir y trabajar.

A la velocidad que avanza el conocimiento, y sobre todo, a la velocidad con la que nos estamos ganando el acceso, para que la globalización sea efectivamente un bien a disfrutar, y no una losa que frene por un lado e imponga por el otro, a los factores anteriormente citados hay que sumar la capacidad de generar entornos favorables para que, además del mundo académico, se pueda desarrollar un tejido empresarial que dé sentido a las ideas de innovación y de generación de negocio.

Enric Banda, presidente de EuroScience, en un encuentro reciente promovido por la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País (fundada hace más de un siglo), añadía aún tres componentes más. A saber: escala, dimensión y territorio. Todos ellos fueron pasados por alto, como bien reflexionó, cuando se dibujó la estrategia de Lisboa. De algún modo, vino a decir, la localización a una escala razonable tiene mayor sentido del que le hemos dado hasta la fecha. Podría traducirse como insistir en la concreción de “polos de conocimiento” que podrían estar centrados a escala regional o en ámbitos de influencia metropolitana. Hay un buen montón de ejemplos en el mundo que refuerzan esta posición y que apuntan a que podría ser una solución estratégica.

En la misma reunión, Salvador Barberá, ex Secretario General de Política Científica y actualmente en la International Graduate School of Economics de Barcelona, zanjó con una reflexión interesante: “En 20 años se han hecho grandes logros en España que van en la dirección de la globalización o de la internacionalización”. Y se han hecho, recordó, en condiciones precarias o sin el suficiente apoyo. “Hay mucho por hacer, pero también mucho ya hecho”. Com diría alguien: “The show must go on”.

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Comentarios

Hola!

Tengo un aviso que podría ser de interés:

A partir del 29 del Junio hay una conferencia en Santander en la cual Bernardo Hernández, Director Mundial de Product Marketing de Google en California, va a charlar sobre empresas españolas de energías renovables, tecnológicas e innovadoras. Además se va a hablar sobre los retos que tienen que superar las empresas españolas PYME a la hora de internacionalizarse (sobre todo EEUU).

Pinchando este link, se puede seguir el Video Live Stream:

http://stepone.com/blog/es/2009/06/los-desafios-de-la-empresa-espanola-para-competir-en-eeuu/

Muchos Saludos!

Ale

muy buen tema muy bien desarrollado solo q talves porfavor ampliar mas de que es la glovalizacion con ejemplos reales gracias

es tema es muy impotanta para tu vida que tu lo aras aconocer. viejo

hola soy alondra solo queria desirles que se importaran mas en el tema de la globalizasion asi podemos darnos mas chanse de vivir se preguntaran como no botar basura no contaminar los rios y lagos con basura no botr basura en la calle porfavor evitenlo y nuestro planeta tendra mas chanse de vivir

hola soy alondra solo queria desirles que se importaran mas en el tema de la globalizasion asi podemos darnos mas chanse de vivir se preguntaran como no botar basura no contaminar los rios y lagos con basura no botr basura en la calle porfavor evitenlo y nuestro planeta tendra mas chanse de vivir

La globalizacion claramente tubo varios puntos de partida, existen lugares mas globalizados que otros, por lo que debemos empeñar un esfuerzo extra, en el reconocimiento en todas las areas a nuestros talentos y esfuerzos, de esta forma desarrollaremos la globalizacion de una manera mas cercana y real a nuestros propios ojos, desarrollar la globalizacion es responsabilidad de todos en la calidad de la educacion y el respeto.

pudrete flanders

Considero que la globalizacion es un tema de mucho interes para todos, lo unico es que nunca dicen que realmente es la globalizacion con ejemplos reales o fotos.Este tema es muy importante porque a muchos estudiantes tu le preguntas que es globalizacion y no te saben decir, estudiantes tales como universitarios, escuelas publicas(superior) e incluso escuelas o universidades privadas.Con este tema nos podemos desarrollar mejor como persona y saber valorizar las cosas buenas o positivas de la vida.Tambien como las cosas negativas nos ayudan a no pensarlas o no hacerlas mas.

si el hombre a descubierto x lo q cree q bale la pena morir entonses no esta echo para vivir

LA POLITICA SOCIAL ,

La introducción conceptual de lo social, en la política, nos lleva casi que imperceptiblemente a plantearnos la pregunta ¿qué es lo que le da ese carácter social a la política social: ¿sus objetivos o sus formas de ejercicio o de práctica? Quizás esa interrogante compuesta o compleja puede resumirse en una fórmula aparentemente más simple: ¿cómo funciona lo social en la política social? Si la política social implica una intervención del Estado en lo social, es de presumir una alteración, una participación o una reacción de lo social frente a esas acciones o iniciativas de los poderes públicos. Tan importante puede ser analizar la justificación o la legitimación de esa intervención como la modificación real que esa intervención induce en lo social.

A pesar de que el concepto abarcador de lo social parece remitir al universo amplio de las condiciones de vida o de existencia de la población, el ámbito de la generación y del control de la política social se vuelve más bien un coto reservado e inaccesible en manos de técnicos y expertos que prodigan beneficios o desventuras, presentes o futuras, para diversos sectores de la población. Tal y como lo ha caracterizado Offe: “ámbito en el que casi nadie, salvo un pequeño grupo de especialistas en derecho laboral y de expertos académicos, haya sido capaz de dominar la vasta complejidad de los factores jurídicos, fiscales y económicos”

En otras palabras, el desarrollo de la política social implica no sólo una transferencia o entrega de bienes o de servicios a una población determinada, sino que contempla la posibilidad (y algunos añadirán : la conveniencia o incluso la necesidad) de una participación activa de esa población y no la mera pasividad provocada o producida por el acto de recibir esos bienes o esos servicios. La política social compromete en una u otra forma, con diverso grado de iniciativa y de intensidad, la acción del gobierno, sea a escala local o global. Si bien la política no se reduce a la actividad desplegada desde los poderes públicos, la realización de los fines generales que se propone la política social no pueden ser alcanzados sin la participación de los órganos correspondientes del Estado y sin hacer uso de los mecanismos y recursos que le son propios. Esto no implica necesariamente ninguna forma de estatolatría o sobrevaloración de los poderes o del ámbito del Estado: el grado o la modalidad de la intervención del Estado presenta múltiples variantes. Lo que reconoce es la presencia inevitable de esos poderes públicos en la orientación, regulación o desarrollo de esas políticas. Si la política es posibilidad de incidir en lo acontecido, en lo que acontece o en lo que podría ocurrir en la vida social de los ciudadanos, la política se distingue tanto de los determinismos como de aquello que puede aparecer como mero destino o simple inexorabilidad. Si bien es cierto las políticas pueden servir para consagrar o reforzar las situaciones constituidas, la acción política no tiene porque renunciar a la posibilidad precisamente de transformar o modificar aquello que aparece como dado. Como lo señalara con acierto Richard Titmuss en sus apuntes de clase del curso que estuvo a su cargo durante largos años en la London School of Economics, el vocablo política puede ser referido a “los principios que gobiernan la acción hacia determinados fines. El concepto denota acción sobre medios como sobre fines, por lo que implica cambio: al cambiar situaciones, sistemas, prácticas o comportamientos. Debemos notar aquí que el concepto de política solo tiene sentido si nosotros ( como sociedad, grupo u organización) creemos que podemos efectuar un cambio de una u otra forma.

Si mediante la política social se pretende obtener determinados logros o resultados, esas prácticas o esas acciones estarían orientadas por ciertos fines o ciertos valores que trascenderían y justificarían, o al menos darían sentido, a esos resultados esperados y buscados. De acuerdo con la caracterización que hace Marshall de la política social, esos fines o valores no se verían realizados o satisfechos de manera automática o necesaria, a partir simplemente del libre juego de las fuerzas del mercado. La superación de la gran brecha que puede derivarse de las desigualdades sociales, la protección efectiva de los relegados o de los excluidos de los mercados laborales, la creación de oportunidades de educación o de salud, así como la determinación de los niveles de bienestar social, requeridos o anhelados no son fines enunciables ni realizables en el ámbito exclusivo de la actividad o del sistema económico. La política social remite así no sólo a fines individuales sino más bien a fines sociales: no se trata sólo de aquello que “el individuo no puede alcanzar en el mercado como individuo aislado”6, sino también del bienestar de otros individuos que han sido afectados en su situación económica o social. Qué grado y qué calidad de bienestar es posible o deseable alcanzar para sí mismo y para los demás, es precisamente uno de los objetos centrales tanto en la discusión como en el desarrollo de las políticas sociales, sean estas minimalistas o residualistas, sean estas ambiciosas o más agresivas. La determinación de las necesidades sociales, de las carencias que pueden o deben ser satisfechas gracias a la acción de la política social, es el quid de toda iniciativa o de toda acción en ese campo particular del quehacer político. El señalamiento de un mínimo o de un óptimo en lo que al bienestar social se refiere, es una tarea que está precisamente en el centro del debate y del desarrollo de lo que hoy es posible conceptualizar como política social 7. Mas aún, se trata de ver si las políticas sociales van a ser definidas o redefinidas como “una variable del crecimiento económico” o si van a mantener o precisar lo que constituiría “su anclaje político – la ciudadanía Lo societal se realiza por consiguiente a través de aparatos encargados de regular lo que en la sociedad acontece. Esas regulaciones tienen como fin el logro de un cierto orden en los procesos sociales y presentan el rasgo de la exterioridad en relación con las conductas de los individuos cuyo acatamiento reclaman. Los aparatos se perfilan en el universo social con fronteras institucionales más o menos precisas, en la medida en que tienden a la especialización de sus funciones y reclaman para ello un cierto grado de oficialización o de reconocimento público. Asimismo, el logro de sus funciones es analizable en términos cuantitativos, valga decir, mediante índices o mediante cifras.

El tema social es algo que tiene que estar en la agenda de cualquier gobierno (…) el presidente Saca levantó la bandera de lo social, pero en el camino como que se quedó en el discurso, porque se necesita dinero y el dinero sólo lo genera el sector productivo, eso hay que entenderlo”, exclamó Vidal.

La teoría de los valores actual ha dirigido sus debates e investigaciones en diversas direcciones, especialmente, los que se han dirigido al carácter absoluto y relativo de los valores. Es decir, los que han tomado como punto de partida para una Axiología la determinación de valor como algo reductible esencialmente a la valorización realizada por los portadores de valores, o como algo situado en una esfera metafísica independiente. Los que pueden calificarse de nominalistas éticos, (2) que consideran que el valor depende de los sentimientos de agrado y desagrado del hecho de ser o no ser deseados, de la subjetividad humana individual o colectiva. Y, los que consideran que lo único que hace el hombre frente al valor es reconocerlo como tal y aún considerar las cosas valiosas como cosas que participan.

El derecho que los ciudadanos pueden tener a ciertas condiciones y oportunidades como integrantes de una sociedad y al formar parte de una nación, no es algo dado, ni en forma invariable, ni en forma definitiva. Ese derecho no se presenta como algo evidente que no requiera justificación. Ha sido necesario, a lo largo de la historia, a través de la reflexión y como resultado de luchas y de negociaciones, ir clarificando y definiendo el contenido de esos derechos de ciudadanía social y su consiguiente fundamentación.

El establecimiento o la consolidación de esos derechos en la naciones europeas que participaron en las guerras mundiales, nos muestra un indicio importante que ha sido subrayado una vez más por Pierre Rosanvallon. Tanto en Francia como en Inglaterra, concluidas las grandes guerras, se explicitan y se consagran algunos de esos derechos a la seguridad y al bienestar social. No es para menos: si la patria reclama y exige a sus ciudadanos el arriesgar y el ofrendar sus vidas y haciendas para defenderla, la patria está asimismo obligada con quienes han perecido y con quienes han sobrevivido. La legitimación del Estado Providencia ha recurrido a esa justificación. Tanto Laurent Bonnevay en Francia, autor de la primera ley de la seguridad social, como William Beveridge, proponente protagónico de lo que iba a ser el Welfare State en Inglaterra, hicieron uso de esa argumentación 32. Las resonancias roussonianas contenidas en el concepto mismo de deuda social evocan, según Rosanvallon, la noción de la deuda sagrada que, de acuerdo con Rousseau, la sociedad mantendría con sus ciudadanos indigentes o menesterosos.

Esa deuda, sin embargo, tiene vigencia tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz. En el contrato social implícito que legitima esa intervención, es preciso delimitar las desigualdades o las carencias que es necesario corregir o satisfacer. De ahí que los términos de ese contrato puedan ser redefinidos. De ahí que siempre exista un umbral de lo social y de lo humanamente intolerable. Rousseau formula de una brillante manera en El Contrato Social ese imperativo a la igualdad social en relación con las desigualdades que la dinámica produce y a menudo consagra: “nadie será lo suficientemente rico como para comprar a otro ni nadie tan pobre como para verse obligado a venderse”.

La fórmula roussoniana establece pues formalmente esos límites: al mismo tiempo que proscribe la miseria que puede conducir a la humillación, objeta la concentración de recursos que hace posible esa enajenación y señala implícitamente la conveniencia de la redistribución y de la compensación. Si bien las transferencias voluntarias y privadas pueden contribuir a la satisfacción de esas necesidades, “la justicia distributiva implica la intervención de una instancia pública

Ciertamente la generosidad no puede ser impuesta ni el altruismo puede ser prescrito. Pero como hay necesidad de una acción conjunta para hacer frente a la deuda social de la exclusión y de la injusta desigualdad, no habría porque contar con la sola iniciativa fruto de la generosidad o del altruismo. La desigualdad social es un fenómeno sociológico en la medida en que supone la percepción de diferencias por parte de los actores que integran un conjunto social determinado. Solo al compararse es posible determinar tanto las semejanzas como las diferencias que nos aproximan o nos distancian. Eso no implica ciertamente que la desigualdad se reduzca a un fenómeno exclusivamente perceptivo: la percepción de las diferencias puede estar anclada en una constatación de orden objetivo. Sin embargo, para que esas diferencias aparezcan definidas como injustas o intolerables y para que la intervención de los poderes públicos puede aparecer como una acción pertinente, conveniente o necesaria, es preciso que la situación sea percibida como transformable y que la acción de los órganos estatales resulte eventualmente efectiva y claramente justificada. Como lo han señalado Fitoussi y Rosanvallon: “La distancia cada vez más grande entre el lenguaje del cambio y la reforma y la realidad de la inmovilidad es una de las fuentes fundamentales de la decepción política”Si mediante la política social se pretende obtener determinados logros o resultados, esas prácticas o esas acciones estarían orientadas por ciertos fines o ciertos valores que trascenderían y justificarían, o al menos darían sentido, a esos resultados esperados y buscados. De acuerdo con la caracterización que hace Marshall de la política social, esos fines o valores no se verían realizados o satisfechos de manera automática o necesaria, a partir simplemente del libre juego de las fuerzas del mercado. La superación de la gran brecha que puede derivarse de las desigualdades sociales, la protección efectiva de los relegados o de los excluidos de los mercados laborales, la creación de oportunidades de educación o de salud, así como la determinación de los niveles de bienestar social, requeridos o anhelados no son fines enunciables ni realizables en el ámbito exclusivo de la actividad o del sistema económico. La política social remite así no sólo a fines individuales sino más bien a fines sociales: no se trata sólo de aquello que “el individuo no puede alcanzar en el mercado como individuo aislado”6, sino también del bienestar de otros individuos que han sido afectados en su situación económica o social. Qué grado y qué calidad de bienestar es posible o deseable alcanzar para sí mismo y para los demás, es precisamente uno de los objetos centrales tanto en la discusión como en el desarrollo de las políticas sociales, sean estas minimalistas o residualistas, sean estas ambiciosas o más agresivas. La determinación de las necesidades sociales, de las carencias que pueden o deben ser satisfechas gracias a la acción de la política social, es el quid de toda iniciativa o de toda acción en ese campo particular del quehacer político. El señalamiento de un mínimo o de un óptimo en lo que al bienestar social se refiere, es una tarea que está precisamente en el centro del debate y del desarrollo de lo que hoy es posible conceptualizar como política social 7. Mas aún, se trata de ver si las políticas sociales van a ser definidas o redefinidas como “una variable del crecimiento económico” o si van a mantener o precisar lo que constituiría “su anclaje político – la ciudadanía

Lo social -la superación de la pobreza es visto por las izquierdas como una meta moralmente justa. Los neoliberales ven la pobreza como algo que debe ser compensado pero que es inevitable si se quiere crecimiento económico. Ni unos ni otros logran superar el divorcio entre la economía y lo social. Superarlo es el reto de nuestro mundo.

En la Cumbre se discutirán temas centrales: la pobreza, el desempleo y el subempleo y la integración social. O sea, la participación de todos en el desarrollo y en sus beneficios. Aunque los documentos preparatorios de la Cumbre que deberán ser aprobados por los representantes de todos los países participantes insisten en afirmar que el desarrollo humano y el crecimiento económico no deben verse por separado, es obvio que los temas centrales del crecimiento en los países pobres o de medianos ingresos la deuda externa, los programas de ajuste estructural y las políticas macroeconómicas, la cooperación económica internacional, la organización mundial del comercio y el papel de las instituciones financieras multilaterales, por mencionar sólo los principales seguirán siendo objeto de una visión “separada”, de un tratamiento distinto. La mayoría de los economistas y de los políticos que ponen sus recetas en práctica y muchos de los defensores de la dimensión social del desarrollo no han superado la separación entre la economía y lo social.

En la Cumbre de Copenhage se enfrentan la posición de los organismos financieros internacionales obnubilados por el crecimiento económico y la de las Naciones Unidas, que hizo del desarrollo social su bandera. La separación entre la economía y lo social puede reflejarse en Copenhague al más alto nivel de las instituciones internacionales.

La superación de esta separación que tiene raíces profundas en el pensamiento económico y en la práctica social encuentra serias barreras, conceptuales, institucionales y políticas. Y el problema debe enfrentarse integralmente. Ojalá pudiera evitarse, con contribuciones de este tipo, adecuadamente defendidas por los que tienen voz y votos en estas Cumbres, que éstas no sirvan, una vez más, para reforzar esta separación, pese a o gracias a la buena conciencia de los participantes.

Tampoco escapa a nadie que la miseria, el hambre y el desempleo, con su séquito de enfermedades, de crecimiento poblacional exponencial y de destrucción irreversible de los recursos naturales, aumentaron en las últimas décadas en los países “del Sur”, pese al crecimiento económico global, medido éste o por la producción o por el volumen de los intercambios. Aumentaron tanto que las variables sociales, que para nuestros economistas son sólo un “disfuncionamiento” inevitable, se están volviendo para los políticos un problema sociopolítico de primer orden, una amenaza real o velada, según los casos, a la gobernabilidad y a la perennización de las estructuras de poder establecidas.

En los países “del Norte” o países de altos ingresos, también clasificados como “países desarrollados”, no solamente se constata el crecimiento en las últimas décadas de un “Cuarto Mundo” de pobreza en parte producto de la emigración procedente del Sur , sino que se ha tomado conciencia de los límites de la filosofía socialdemócrata: una economía en crecimiento, obedeciendo exclusivamente a su racionalidad intrínseca, al servicio de un desarrollo social por la vía redistributiva, considerado como el costo necesario de la paz social garantizaría la eficacia de la economía. Se pretende ahora desmantelar los sistemas de protección social a duras penas conquistados, en nombre de la reducción del gasto y la contención de los desequilibros, sin tener ninguna prueba de que el crecimiento pueda reanudarse gracias a estas medidas.

Dejando de lado el problema lógico que plantea dada la irreversibilidad del tiempo real, el de la historia , la obtención de un estado que, para ser logrado, debería haber existido siempre, cabe llamar la atención sobre el irrealismo de presupuestos científicos que, pensando poder transformar la realidad por medio de un modelo, invierten el razonamiento científico y llegan a concluir que, suprimiendo todas las trabas que impiden a los agentes económicos comportarse como el individuo ideal de su modelo, todos los agentes económicos se transformarían en individuos ideales …¡y el bienestar de todos estaría garantizado!

La debilidad central de su argumento es que ellos los neoclásicos toman como unidad fundamental explicativa el individuo social, con sus preferencias innatas, como el átomo en la física, para explicar el sistema como suma de lo individual. Tratan de demostrar cómo el egoísmo social genera armonía social, mediante la mano invisible que crea un óptimo social. De allí derivan los “supuestos” de sus modelos”: que los agentes no inciden en la formación de los precios, que la demanda es infinita, que el Estado no debe intervenir, que el mercado se autorregula, etc., etc.

No escapa a nadie que la realidad no se comporta como en los modelos. Entonces, estos mismos economistas tratan de justificarse, alegando la insuficiencia y la timidez de la medidas tomadas: la luz está al final del túnel, el túnel es más largo de lo que parecía, y esto significa que debemos ir más rápido …¡y con más fe aún! Los políticos se ven obligados a seguir adelante y eventualmente a acelerar el paso, pues si de repente unos se dejan penetrar por la duda, siempre surge a su lado un contrincante más radical, con un discurso más seductor, listo para tomar su lugar.

Con imágenes que estimulan el egoísmo espontáneo y los reflejos de lucha por la sobrevivencia, los políticos liberales seducen a los electorados, a los que ya han convencido de que los sistemas de protección social son costosos e ineficientes, aunque no tienen nada que proponer para reemplazarlos mejorando el funcionamiento de lo que puede ser conservado en aras de una mejor cohesión social. Menos Estado y más libertad de empresa: ésta es la consigna vacía con la que ganan popularidad.

ABEL REYES TELLEZ

PRESIDENTE NACIONAL

PARTIDO SOCIAL CRISTIANO NICARAGUENSE PSC.

HISTORIADOR TEOLOGO CRISTIANO.

TELFAX 505 22493460

EMAIL: PSCNICARAGUA@HOTMAIL.COM

MANAGUA NICARAGUA.

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