Lecciones de economía

Economia-Dollar.

El plan de austeridad impulsado por el gobierno Zapatero arrastra consecuencias de difícil comprensión. Al menos, para los legos en la materia. Pero por más que impopulares, algo deben tener cuando se sitúan en línea de los recortes que están anunciando los países de la zona euro.

Xavier Pujol Gebellí

Debo decir, en primer lugar, que si me presentara a algún examen de economía de la ‘zona euro’, lo más normal es que suspendiera. Me cuesta entender los mecanismos que rigen la moneda única y el comportamiento de los mercados. Sólo soy capaz de entrever lo evidente y, aún viéndolo, hay un montón de cosas que se me escapan.

Por ejemplo: los comentaristas económicos no se cansan de repetir que lo ocurrido con Grecia y el plan de rescate aprobado para salvar su economía estaba más que cantado. Es posible; puedo entender que si no se acude en su ayuda, los griegos pueden arrastrarnos al resto como si de un efecto dominó se tratara. Puedo entender también que una cierta falta de regulación, especialmente en lo que refiere a los mercados financieros, haya conducido a una situación de colapso por un exceso de especulación; y puedo entender incluso que las inercias culturales en la toma de decisiones haya contribuido al enorme lío en el que se encuentran ahora mismo nuestros vecinos del Mediterráneo. Pero, ¿tanto como para obligar a medidas (tan) draconianas?

Voy a por el punto dos. Distintos países han anunciado planes de ajuste. No sólo es España donde se han previsto recortes. En buena parte de los casos, las medidas se anunciaron antes de que Grecia amenazara con la quiebra técnica, por lo que no se le puede achacar responsabilidad en ese punto (al menos, no responsabilidad total). Reino Unido, Francia, Alemania, Italia… Los motores de Europa, sean de la zona euro o no, llevan meses debatiendo sus medidas respectivas. También España, aunque se sumó más tarde al grupo. Evidentemente, la crisis desatada en 2008 y que finalmente explotó en 2009, sería la culpable principal. Pero la pregunta es: si Europa está llena de listos, de pensadores avanzados, ¿por qué no se tomaron medidas preventivas antes? ¿Había que dejar que todo explotara? ¿Se confió todo al poder regulatorio de los mercados en un irresponsable acto de confianza?

Veamos el tercero (insisto en que para estos temas soy un petardo y que necesito lecciones).

Ahora le toca a España. Parece obvio que la política de negación que ha aplicado el gobierno Zapatero no ha sido en absoluto positiva. Aquí es él y su nutrido equipo de asesores quien debiera haber tomado lecciones de comunicación. Por lo que dice todo el mundo, las medidas (comprensibles o no, que ese es el cuarto punto) parece llegar tarde, aunque esperemos que no demasiado. Y todo apunta a que la presión internacional, en la que Estados Unidos y Alemania han jugado su papel, han forzado el anuncio de las medidas. Aunque no sólo eso: el papel de los especuladores del dinero también ha tenido su peso, junto con una prensa ávida de titulares comparativos. En ellos se anunciaba, de modo un tanto catastrofista, que España iba a seguir los pasos de Grecia… ¿Había –hay— para tanto?

Y ahora, un repaso a lo que no entiendo sobre las medidas adoptadas. Por lo que se ha dado a conocer, el primer paquete (es de suponer que va a haber más) se va a traducir en forma de recortes a pensionistas y a trabajadores públicos, es decir, funcionarios. Por lo que me han contado, con eso el ahorro es importante y la medida, aunque impopular y a buen seguro conflictiva, es simple sobre el papel. Aunque arriesgada: no están los tiempos para promover la conflictividad social.

La segunda: reducir la obra pública. También es simple sobre el papel, aunque con consecuencias que pueden ser importantes. Aquí, alguien me introduce un matiz: la obra pública, por definición, es generadora de puestos de trabajo. Obama y sus asesores lo tuvieron claro nada más llegar al poder. El impulso dado en Estados Unidos a la obra pública está sirviendo para contribuir a la estabilización de su economía. ¿Podría ser así en el caso español? La opinión pública está dividida al respecto. Invertir en obra pública puede llevar a un mayor endeudamiento y, por consiguiente, incrementar el déficit de las arcas públicas. Pero puede tener la virtud de generar ocupación neta y, por tanto, reactivar el consumo. El problema, como señala la calle (suena a populista, pero no lo es) es que reasfaltando lo asfaltado difícilmente se conseguirá ese efecto positivo. El Plan E ha dilapidado una parte de recursos demasiado importante. Eso se ve en la calle y no ayuda a generar confianza.

En el sector público también está la sanidad y otros actores. ¿Se van a ver también afectados?

Y dos de las grandes preguntas para las que me cuesta encontrar respuesta. ¿Qué ocurre con las grandes rentas? ¿Por qué no han sido las primeras en verse afectadas? ¿Por un error en el orden de la comunicación de las medidas o por qué no estaban incluidas? ¿No hay capacidad –o posibilidad—de intervenir sobre la banca o sobre la energía sin que afecte al consumidor y sí sobre las grandes corporaciones? Alguien me contó que eso tenía que ver con la globalización de la economía y con un mercado que escapa del control regulatorio local. Pero me cuesta entenderlo.

Y la segunda y última: ¿de qué modo van a influir estas medidas en el tan cacareado cambio de modelo productivo?

Por favor. Que alguien me lo cuente. Y que no sea la oposición, que en todo esto están teniendo un papel más que discutible por –previsible—oportunismo. Me gustarían análisis sesusdos y comprensibles. Les estaré más que agradecido.

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