La ciencia española de nuevo en Nature
Lo deseable sería que la ciencia española apareciese en Nature como consecuencia de resultados de investigación sobresalientes. Aunque eso ocurre, la pésima situación económica y las consecuencias que se prevén es lo que más llama la atención de la prestigiosa revista.
XAVIER PUJOL GEBELLÍ
La ciencia española, después de un breve periodo de despegue, no parece que vaya a levantar el vuelo. Al menos, no en un futuro inmediato. Todavía no hay nada oficial, pero si se cumplen todos los malos presagios es posible que los editores de Nature acaben teniendo razón. “El gasto público de la ciencia española echa el cierre”, vienen a decir en la nota difundida en su servicio Nature News. De acuerdo con la información publicada por la prestigiosa revista británica, las instituciones españolas se estarían preparando para un recorte presupuestario como respuesta anticipada a las intenciones del gobierno español para los próximos Presupuestos Generales del Estado.
En concreto, el CSIC parece que está barajando distintos escenarios para un más que previsible recorte. Y lo mismo parece ser que están preparando, mal les pese, algunos de los grandes institutos de investigación que han nacido estos últimos años al margen de las estructuras administrativas convencionales y que tan buenos resultados han obtenido en presencia internacional y productividad científica.
Si bien la ministra Cristina Garmendia anunció hace unos pocos días su voluntad de “premiar a los mejores” en referencia a lo que se entendió como una priorización de medios y recursos a favor de la ciencia de excelencia, empieza extenderse el conocimiento que desde distintas administraciones se están preparando recortes notables para el próximo ejercicio. El reciente anuncio de la llamada Estrategia Estatal de Innovación, dotada con 6.720 millones de euros en 2010, no ha hecho sino aumentar el temor a la concreción de un nuevo tijeretazo.
La sensación, como diría un amigo, es que “éramos pocos y parió la burra”. Dicho de otro modo: hay pocos recursos –y habrá menos- para la ciencia. Y lo que hay habrá que repartirlos de modo que se pueda sacar provecho. En algunos pasillos se comenta que estas intenciones, que probablemente se hayan filtrado en forma de globo sonda, en el fondo significa que se va a proceder a una financiación especialmente restrictiva para aquellas ramas del saber cuya productividad, con o sin razón, pueda ser puesta en entredicho; que se van a mantener números parejos, pero tendiendo a la congelación o a leves descuentos, en los sectores más productivos científicamente (caso de la biomedicina, por ejemplo) y que en el cajón de sastre de la innovación se va a intentar meter de todo.
La gran apuesta por la innovación, uno de los puntales que animó al nacimiento del MICINN, y que al final no ha sido tanto, nadie acaba de entenderla. O al menos, no del todo. En un principio podría darse por buena la máxima que vincula generación de conocimiento (investigación) con el sector productivo (innovación), pero es de temer que bajo ese nombre se esconda la adquisición de ordenadores y máquinas registradoras en grandes superficies y se justifique como “adquisición de tecnología punta”.
Nadie duda de que uno de los caminos a seguir es la innovación; y que es imprescindible conectar efectivamente academia e industria. Pero si lo que se prima es la conexión y basta, de nuevo alguien se estará equivocando de nuevo. La generación de conocimiento no orientado sigue siendo la base de la pirámide, y muchos la quisieran obviar en beneficio de una ciencia que se entiende como mera prestadora de servicios tecnológicos o industriales (que, por cierto, también buena falta nos hacen).
Con estas premisas, el deseo expresado por Joan Guinovart, presidente de COSCE, en Nature, podría quedar en nada. Insiste Guinovart en la necesidad de seguir mandando el mensaje de que en España se produce buena ciencia y que las condiciones son las más adecuadas para producir calidad y competir internacionalmente. Ardua labor le espera con los rumores que corren y con las filtraciones que se suceden. Y si por aquellas cosas al final resultase que todo es cierto y que las tijeras van a entrar de nuevo en el descosido saco de la financiación de la ciencia española, menudo papelón le espera como defensor del sistema español. A lo mejor lo volvemos a ver en Nature quejándose de nuevo.
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Comentarios
Interesante el artículo y estoy de acuerdo con que no se puede descuidar la investigación básica, ya que ella garantiza que la competitividad hoy lograda se mantenga en el futuro en nuevos sectores de la economía.
Pero creo que España ya tuvo suficiente del modelo lineal en donde la investigación básica era la prioridad. No se puede criticar que el reto más importante de la ciencia española es la mejora de la conexión empresa y universidad, no solo por obtener nuevas innovaciones, sino también para lograr que el sector privado sea el que financie aquellas investigaciones que sean aplicadas o correspondan al desarrollo tecnológico, de este modo en el futuro se podrán liberar recursos para que el Estado pueda financiar la investigación básica como su prioridad.
Si España no hace esto ahora, nunca lo hará y si mantiene el esquema actual de financiamiento de la ciencia,creo que esta perdería los fundamentos sociales para que sea sostenida. Si los resultados de investigación básica no se transforman en beneficios para la sociedad ¿Para qué seguir destinando recursos públicos en ella?; por ahora la prioridad debe ser la conexión empresa y universidad para superar la paradoja europea y luego si se podrá dar toda la prioridad a la investigación básica.
España no puede seguir cometiendo los errores que cometieron las décadas pasadas. Ya empezaron un camino y deben mantenerlo; eso implica sacrificios si, pero creo que es el camino correcto

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