Fumadores vacunados

La primera vacuna terapéutica contra la nicotina podría ser una realidad en Europa en 2013. Más allá de los indudables beneficios en salud, está en juego también el negocio. Si fumar arroja importantes réditos, dejar de fumar va a ser igual de rentable para quien dé con la fórmula.

XAVIER PUJOL GEBELLÍ

La vacuna terapéutica contra la nicotina lleva por nombre NicVax. De acuerdo con sus promotores, su tasa de éxito rondará el 40%, una cifra que supera con creces otros métodos para superar el hábito tabáquico, y estará lista para su comercialización en Estados Unidos a lo largo de 2012. Si todo funciona según lo previsto, a Europa llegará un año más tarde.

El mecanismo de acción de NicVax se basa en la estimulación del sistema inmune para la producción de anticuerpos que se unen a la molécula de nicotina. De ese modo, se logra que no traspase la barrera hematoencefálica y, por consiguiente, que no llegue al cerebro, lugar en el que la nicotina estimula la producción de dopamina y, con ella, la sensación de placer asociada al consumo de tabaco. Se pretende, de esta manera, cortar de raíz con uno de los principales mecanismos adictivos de la nicotina.

Al parecer, según portavoces del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) de Estados Unidos, que para este desarrollo ha contado con la colaboración en absoluto desinteresada de dos grandes compañías farmacéuticas, Nabi y Glaxo SmithKline, la eficacia esperada para la nueva vacuna podría alcanzar el 40% en “fumadores que realmente deseen abandonar el hábito”, según han manifestado portavoces de la iniciativa. La cautela del matiz, imprescindible desde el punto de vista sanitario, introduce serias dudas desde el punto de vista de la eficacia real, un aspecto que no se podrá saber hasta transcurrido un tiempo prudencial de al menos dos o tres años tras su comercialización.

El esfuerzo inversor en el desarrollo de esta vacuna terapéutica (que no preventiva) ha sido enorme, aunque las cifras concretas no han trascendido. Desde la parte pública sí se sabe, sin embargo, que se han inyectado unos 14 millones de dólares en el proyecto a los que habría que añadir una cifra presuntamente similar, cuando no superior, de la parte privada. En la vacuna se lleva trabajando casi una decena de años.

Aún admitiendo cifras estratosférica en este desarrollo, que algunas voces expertas sitúan alrededor de los 50 millones de dólares, el potencial retorno previsto en un plazo de tiempo razonablemente corto es enorme. Se estima que el endurecimiento de la legislación internacional contra el consumo de tabaco en los países desarrollados va a generar un mercado de casi 4.000 millones en forma de productos y terapias para abandonar el hábito. De esa cantidad, mucho más de la mitad será absorbido por las vacunas terapéuticas. Sin duda, una porción nada desdeñable de la tarta antitabáquica.

La pregunta, en todo caso, además de la inevitable y hasta desdeñosa mirada al posible negocio que entraña esta operación, debería centrarse en la efectividad de un tratamiento para el que, de momento, solo puede hablarse de resultados “esperanzadores” en modelos animales. Vamos a suponer que así sea y que esa “esperanza” pueda traducirse en altos niveles de eficacia. Podemos suponer incluso que las pruebas preliminares en humanos han dado resultados satisfactorios.

Pero no es la primera vez que sale un producto de características antinicotínicas al mercado que acaba resultando ser un espejismo. Ni su eficacia se corresponde con lo que se anuncia en las campañas de marketing ni se trata de un producto que funcione por si solo. En la mayor parte de los casos, por no decir todos, se precisa ayuda profesional para lograr el objetivo deseado de abandonar el hábito. Y por lo que se apunta, pasará lo mismo con la vacuna, puesto que su mecanismo de acción parece restringirse al paso de la nicotina por la barrera hematoencefálica. Aunque se trate de una vía interesante, nada hace pensar que se vayan a alcanzar resultados satisfactorios sin tratamiento adicional o complementario. Y este se anuncia, el de la vacuna, a 800 euros.

Mientras, las tabaqueras extienden su captación de “clientes” entre las capas más desfavorecidas económicamente de población, con particular atención a mujeres y a pre-adolescentes y adolescentes. Y en el aire, la pregunta de siempre: si el tabaco es tan dañino (algo que no pongo en duda aún siendo fumador), ¿por qué se permite su libre circulación a sabiendas que en el medio y largo plazo va a suponer una intervención médico-sanitaria de deshabituación? No lo entiendo.

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

[...] XAVIER PUJOL GEBELLÍ Compromiso social por la ciencia Master Site Feed Posts [...]

Escribe un comentario

(requerido)

(requerido)


*