El Nordic Optical Telescope y la salida de emergencia

Benjamín Montesinos  

En la contribución anterior David os comentaba cómo un pequeño fallo en un ordenador, unas pocas líneas de código erróneas, pueden arruinar una noche de observación. Me he acordado de algo que me sucedió hace unos años observando en el Telescopio Optico Nordico, situado en el Observatorio de El Roque de los Muchachos en la Isla de La Palma.

El NOT, como es conocido por sus siglas en inglés (Nordic Optical Telescope), es un telescopio de 2.5 metros de diámetro que se inauguró en 1989. Tiene una muy buena óptica y está situado en uno de los mejores emplazamientos dentro del Observatorio.

El tamaño de la cúpula está muy ajustado al del propio telescopio y eso hace que el edificio tenga un diseño particular, porque tanto la plataforma metálica donde está montado el telescopio como todo el edificio de la cúpula giran de modo que la rendija de ésta se alinea siempre con el telescopio. En la mayoría de los telescopios sólo rota la parte alta -semiesférica- de la cúpula, pero el edificio permanece quieto. El particular diseño del NOT hace que, por ejemplo, no existan servicios dentro del edificio y haya que salir en plena noche y casi a oscuras a un edificio cercano. Como se ve en la fotografía, hay una escalera que también gira con el edificio. La escalera tiene en su último peldaño, antes de tocar tierra firme, una célula fotoeléctrica, que, en caso de que se interrumpa su haz, hace que el edificio se detenga (podría ser que alguien se hubiera caido y eso evita riesgos de ser arrastrado). Os aseguro que los saltos que uno da de noche para evitar interceptar el haz son de lo más curiosos.

Cuando se observa en el NOT y se cambia el telescopio de posición de una estrella a otra, todo el edificio gira con un ruido atenuado. Como no hay ventanas uno no tiene referencias pero se nota el movimiento de rotación. Además, como el manejo del telescopio es muy sencillo, después de la primera noche uno se queda solo observando, manejando telescopio, la cámara de seguimiento y el instrumento científico.

Bueno, a lo que iba. Estaba yo observando en mi quinta noche y eran las 6 de la mañana. Todo había ido perfectamente y tenía el proyecto prácticamente terminado. Me di cuenta de algo que en los días anteriores ni me había llamado la atención: en el suelo  de la sala de observación había una salida de emergencia. Era una tapa de un metro cuadrado con un asa y pintada a franjas rojas y blancas.

“Caramba”, me dije, “esto sí que debe ser curioso, una salida de emergencia en un edificio que se mueve…”. Pensé que el diseño debía de ser de lo más interesante, así es que ni corto ni perezoso, mientras hacía una exposición larga de una estrella, decidí explorar. Abrí la salida de emergencia y…

¡¡¡C A T Á S T R O F E!!!

De repente comenzaron a sonar todas las alarmas, en las pantallas me aparecieron sucesivamente mensajes como “Telescope off”, “Hydraulics off”, “Building off”… todo se paró y las alarmas siguieron  sonando de forma atronadora.  No tuve más remedio que llamar  -despertar- al ingeniero de guardia y confesar mi culpa:

- Carlos, no te voy a mentir: he abierto la salida de emergencia.
 (Creo que sufrí improperios varios, totalmente justificados…)

El ingeniero me mandó a una sala a apagar las alarmas y a colocar unas bombas de aceite en modo manual. Esto tenía el efecto de hacer flotar literalmente el telescopio en una película delgada de aceite. Después me mandó:

- Coge el teléfono inalambrico y sube a la cúpula.

Yo obviamente le hice caso sin rechistar.

- ¿Estás ya ahí? Pues bien, mira en el suelo y busca dos marcas negras, una en las baldosas del edificio y otra en la montura metálica azul del telescopio.

Las busqué y efectivamente allí estaban. En condiciones normales deberían estar alineadas, pero al detenerse a la vez el edificio y el telescopio, y tener éste mucha más inercia, estaban separadas más de 2 cm.

- Ya las veo, ¿qué hago? -le pregunté.
- Vete a la otra parte de la horquilla de la montura y empújale.
- …
- Sí, empuja a la montura.
- ¿Pero… cuánto pesa esto?.
- 49 toneladas en total -creo que ese era el número que me dijo, incluso con la mitad mi respuesta era pertinente…
- ¿Me estás tomando el pelo?
- ¡No, empújale!
 

Así es que yo resignado comencé a empujar. No noté nada, no estuve empujando más de diez segundos, pero al cabo de ese tiempo las marcas estaban de nuevo alineadas. (Suspiro de alivio). La capa de aceite habia hecho su efecto y el telescopio había rotado imperceptiblemente, pero rotado al fin y al cabo…

- Carlos, ya está…
-Bueno, ahora baja y reinicia todo… ¡y no toques nada más!

Afortunadamente no perdí más que media hora de observación, pero me sentí mal. El tiempo de observación es muy caro en todos los sentidos, y a pesar del tono jocoso con que os cuento esta anécdota, eso me enseñó que uno no debe hacer cosas que no tienen sentido en instalaciones de este tipo, donde conseguir tiempo es muy dificil. Por cierto, debajo de la trampilla de emergencia había… rocas, ¿qué otra cosa podía haber en una montaña?.

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Comentarios

No veas que susto…aunque un simple cartel de aviso no le vendria nada mal a la tapa.

Un saludo.

ahhhh!

las largas noches son muy curiosas…

;)

saludos

jeje pues alguna advertencia han debido colocar… saludos!

Pues yo tampoco te voy a mentir, me he estado riendo de ti durante mas de media hora…XDDDD

Aun así, cualquier ingeniero sabría que cualquier científico que se precie es curioso, así que si no había cartel de advertencia, culpa suya….

Yo tambien la habria abierto. ¡Como para quedarme con la duda una vez intrigado!

MacCano tiene razon, que avise el ingeniero. ;¬]

Tanto cuesta preguntar antes de tocar algo con un cartel de emergencia????

Bueno, ya sabéis, la curiosidad mató al gato… A las 6 de la mañana no había nadie a quien preguntar, así es que la curiosidad me pudo. Yo nunca imaginé que abrir una salida de emergencia iba a parar absolutamente todo el sistema. En mi edificio y en los que tengo alrededor hay montones de salidas de emergencia que abro cada día y no suena ninguna alarma… En fin, no pasó nada más que perder media hora de tiempo, pero fue una buena lección.

Gracias por seguirnos,

Benjamín

Gracias por leernos

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