Realmente, ¿es necesaria la investigación?

David Barrado y Navascués

Publica un conocido diario un par de artículos sobre la situación de los investigadores en España y sobre aquellos que querrían regresar. Hace unos días hablaba sobre la incertidumbre que pesa sobre los contratados mediante el programa Ramón y Cajal, especialmente sobre los que terminan ahora sus cinco años de contrato. Las respuestas de los lectores son ambivalentes.

Por ejemplo, uno de los artículos mencionaba a tres investigadores de este programa, que fue diseñado para asentar en el sistema español de I+D a científicos con una trayectoria sólida. El primero de los entrevistados ha desistido: nuestro país pierde así a un científico competente y una línea de investigación. El segundo se ha tenido que acogerse a un programa pensado para investigadores en sus primeros años de carrera. El último (yo mismo) se encuentra en un curioso limbo administrativo, cansado, y pensando en marcharse definitivamente.

El impacto mediático de ese medio de comunicación  es muy amplio. De hecho, numerosas personas que me conocen han visto mi foto publicada en ese diario. Entre ellas, una conocida de mi madre, que opina que los científicos somos del todo superfluos. Un lujo innecesario. Ella, afirma, se encuentra muy bien la sociedad en la que vive. Añadiría yo en la sociedad en la que tiene la fortuna de disfrutar.

Pienso estas líneas haciéndome una resonancia magnética, dentro de un inmenso cilindro donde una serie de sofisticadas tecnologías hacen uso de nuestros conocimientos de la Física y la Medicina.

Pienso que soy afortunado por vivir en un país donde el sistema público sanitario, con todos sus problemas, funciona.

Finalmente, pienso también que nuestro actual nivel de bienestar se debe a miles de personas como yo. A investigadores, a tecnólogos, a personal de apoyo. A los ciudadanos que pagan sus impuestos, a los mecenas que donan su dinero. El desarrollo de una sociedad depende en buena medida del delicado balance entre ciencia, tecnología y educación en sus diferentes niveles.

La conocida de mi madre tal vez no sea consciente de todo el esfuerzo y sacrificio anterior. Ni piense que en el mundo actual, tremendamente competitivo y con importantísimos problemas ambientales, la investigación es imprescindible si queremos sobrevivir como sociedad desarrollada, como civilización. O tal vez prefiera volver a las cavernas…

¿Es necesaria la Ciencia?

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Comentarios

Como licenciado en Astrofísica reconvertido en Informático tengo un sentimiento ambivalente cuando leo cosas como estas: por un lado de sana envidia a los que han podido seguir dedicandose a la investigación científica como profesión y por otra de cierto alivio al ver las tremendas dificultades y los enormes esfuerzos que teneis que realizar para conseguir vuestro sueño.

Yo en su momento me vi en un cruce de caminos en que tuve que optar entre una salida profesional al margen de la Ciencia o un tortuoso e incierto futuro en la investigación. Aunque la decisión no fue fácil, finalmente opté por la primera opción…

En cuanto a la incompresión por parte del ciudadano medio respecto a los científicos, lamentablemente es así incluso en personas cercanas y allegada. Por mucho que se intente explicar los beneficios para la Humanidad del conocimiento científico o bien el hecho de que el Conocimiento en sí mismo debería ser un tesoro que todos valorasen, al final la pregunta que te hacen es siempre la misma: "….si, vale, pero eso ¿para qué sirve?" sobre todo si te dedicas a la Ciencia básica como puede ser la Astrofísica…el "eso para que sirve" es inevitable.

Resulta frustrante que mucha gente sólo vea la aplicación práctica inmediata y si no… es tirar el dinero.

Afortunadamente no todo el mundo piensa así. Así que mucho ánimo a los que estais investigando.

Gracias, Manuel, por tus líneas.

De hecho, me has recordado una anécdota que me ocurrió durante mi primera charla de divulgación, cuando apenas había comenzado con mi tesis doctoral. A la pregunta famosa ("sí, todo esto está muy bien, pero, ¿para qué sirve?"), mi respuesta fue un tanto dura (la inexperiencia):

- Lo seres humanos, además de comer y reproducirnos, hacemos más cosas. ¿Conoces el significado de la palabra civilización?

En cierta medida me arrepiento ahora, pero la verdad es que el utilitarismos absoluto me produce un rechazo frontal. A mí, y a la inmensa mayoría de los hombres. Por eso tenemos arte, y literatura, y otras expresiones culturales. Por eso seguimos preguntándonos sobre los significados de lo que vemos.

Gracias por leernos.

Creo que estaremos todos de acuerdo en que una buena proporción de la población, en España al menos, respondería negativamente a la cuestión de si realmente es necesaria la investigación.

No creo que descalificar a la gente por esa opinión, aunque no se comparta, sea lo más adecuado. Por el contrario, me parece importante plantearse lo que pueda motivar ese estado de opinión. Para mi la cuestión fundamental es, en efecto, la del equilibrio entre los recursos que la sociedad dedica a los investigadores en el sector público y lo que éstos devuelven a la sociedad. No se puede olvidar que la cuestión no es simplemente si un investigador del programa Ramón y Cajal, por poner un ejemplo, tiene derecho a continuar su carrera de investigador en España (que por supuesto), sino si la sociedad, o mejor dicho, la administración tiene la obligación de pagar su salario.

Acerca de ese equilibrio, creo que la mayor parte de la gente estaría de acuerdo en considerar positivo el balance global entre lo que los científicos aportan a la sociedad y lo que reciben de ésta. Me refiero a un balance global absoluto, para el conjunto de la humanidad. Pero no creo que ese balance global positivo sirva para justificar automáticamente cualquier tipo de inversión en investigación científica. Para muchos, probablemente, el signo de un balance de ese tipo a nivel local (por ejemplo, a escala nacional) sería cuestionable. Y, hay que reconocerlo, no faltarían razones para ponerlo en cuestión si se mira, concretamente, el aspecto tecnológico de ese balance (otra vez un ejemplo: ¿quién hace los equipos de resonancia magnética que hay en nuestros hospitales?).

No se puede reducir todo a un utilitarismo de cortas miras, de acuerdo, pero tampoco sería razonable, llevando el argumento al extremo, justificar la necesidad de algo así como un cuerpo nacional de poetas, literatos y artistas en general, para el fomento de unas actividades culturales que, sin duda, son muy apreciables desde el punto de vista social.

En un país con recursos naturales limitados la riqueza viene del capital intelectual. Sin carbón, sin hierro, diamantes, uranio… hay que tener ideas. Ideas para crear nuevos productos, técnicas, procedimientos. Ideas para satisfacer la curiosidad humana, y también para satisfacer el placer intelectual: el arte, la cultura. Simplificando mucho, se puede optar por mantener un poder postcolonial basado en el comercio con las antiguas colonias (ver el Reino Unido), o se puede optar por ser el primer exportador del mundo gracias a unos productos de calidad (ver Alemania).

Esta reflexión, aplicada a España, nos lleva a algunas conclusiones: si bien el clima favorece los ingresos del turismo, no nos podemos limitar a este monocultivo. Pasadas las épocas de alta productividad con bajos salarios, para mantener una economía industrial y de servicios, habrá que tener ideas propias. Éstas vienen, entre otras cosas, de la investigación. Es cuestión de supervivencia. A corto plazo la investigación aplicada da frutos, con patentes y productos que se venden de inmediato. A largo plazo es la investigación básica la que da réditos. La investigación es primordial, si no queremos un país exclusivamente de agricultores y camareros. Y la investigación como soprte también de una educación avanzada, de unas universidades que formen buenos profesionales y que atraigan a jóvenes extranjeros de todo el mundo a estudiar e investigar a nuestro país, para hacerlo mejor.

La investigación en astronomía, además de ayudarnos a descubrir más detalles del universo, también encuentra aplicaciones en la vida cotidiana: las cámaras digitales -hijas de las cámaras CCD-, la vitrocerámica -hija de los estudios para hacer espejos sin dilatación térmica-, el GPS -hijo de la técnica de radiointerferometría-, etc. Si buscamos justificaciones utilitaristas, también es fácil encontrarlas.

El artículo citado más arriba sobre los científicos españoles en el extranjero me merece también un comentario:

Obtuve un contrato Ramón y Cajal en la convocatoria de 2003. Ese contrato motivó una contraoferta inmediata de mi centro de investigación, que me ofreció plaza fija y un ascenso con responsabilidad. Dudé mucho: volver a mi país a luchar de nuevo por conseguir un contrato estable, a pelearme para salvar el pescuezo. Las condiciones de investigación en España no son malas: hay dinero para viajes, para organizar congresos, para material informático, para tener doctorandos… Pero con las perspectivas todo eso es secundario y como contratado Ramón y Cajal hay que estar alerta para que a uno no le tomen el pelo. Era volver a vivir cerca de la familia, con el clima, la comida que disfruté de niño y de joven, la lengua materna hablada en la calle, la vida cultural en el propio idioma, hasta la liga de fútbol que me interesa… La decisión era bien difícil. Y fue duro tomarla.

Con 35 años me encontré como segundo de a bordo de un centro con 180 empleados y unos 100 becarios (doctorales, postdoctorales y científicos visitantes), con 20 millones de euros de presupuesto, en un centro con colaboraciones internacionales de fuste: Caltech, Harvard, ESO, MIT… En lugar de luchar por mi plaza ahora tengo que pelearme por que nuestros telescopios tengan financiación, en convencer a Bruselas y a otros de que nuestra ciencia es mejor, en conseguir varios millones para actualizar un detector o los paneles de un telescopio. Y he tenido que renunciar a mi contrato Ramón y Cajal. Lástima que cuando renuncié no se benefició nadie en lista de espera, el dinero volvió al MInisterio de Hacienda, probablemente. Igual hay otra ocasión, algún día, de volver a España.

para que sirve la investigacion?

wow despues de leer algunos de los comentarios es impresionante como es que de una pregunta de este tipo, surgan varios argumentos y si, es porque es importante saber por qué investigar, indagar, buscar; es sencillo, me encuentro aqui buscando en la net el significado de la palabra investigar y ¿por qué? porque es una tarea, pero no nadamás es por que es un requisito de materia, sino porque me encuentro ansiosa e insatisfecha con lo que estoy buscando, si, es porque estoy conciente que me falta mas por aprender de este concepto y de muchos otros màs, porque como alguien decía arriba, "la riqueza viene del capital intelectual" y estoy totalmente de acuerdo, ¿por qué investigar? ¿para qué aprender màs? pues porque nada es suficiente y porque me gustaría informarme más para poder crear mis propios conceptos, mi punto de vista y para saber comenzar un debate, entablar una platica y sostener lo que estoy argumentando. ¿qué significa esto? que debemos estar al nivel de los demás, o al menos yo, no pienso quedarme atrás con el mismo nivel de adquisición de experiencias o conocimientos sin saber cómo entablar una conversación de cualquier tipo y para eso también es necesario ser seres creativos que vayan más allá de lo que les platica, de lo que les cuentan y que siempre pasan la mayor parte del tiempo repitiendo las mismas palabras que su amigo, primo,conocido o incluso profesor dicen,

Eso es érroneo a mi ver… entonces…¨¿queda claro por que es tan importante la investigacion? ¿y que te motiva a hacerlo?

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