Archivo de julio, 2011

DISCO CIRCUNESTELAR

Durante su formación, una estrella experimenta diferentes fases antes de alcanzar la estabilidad o, como se suele decir en la jerga astrofísica, antes de situarse en la secuencia principal. En primer lugar, una nube interestelar de polvo y gas se fragmenta y se colapsa, con lo que da lugar a la aparición de varias regiones de densidad más alta. Más tarde, las protoestrellas aparecen a partir de los coágulos o núcleos que continúan con el colapso de este material. Con posterioridad, la conservación del momento angular (una cantidad física relacionada con la masa y la rotación) hace que se forme un disco alrededor del objeto central. Este disco aporta material a la estrella a un ritmo lento pero sostenido, mediante procesos de acreción. Finalmente, el disco termina por desaparecer, pero cabe la posibilidad de que antes se haya formado en su interior un sistema protoplanetario. La fase de acreción se produce en una época durante la cual la estrella central se halla en un estado conocido como «objeto de tipo T Tauri». Esta fase suele durar unos pocos millones de años, una fracción muy reducida de la vida total del astro, pero de importancia crucial tanto para la estrella como para la posible formación de planetas a su alrededor.


Varios ejemplos de discos protoplanetarios, observados con el telescopio espacial Hubble y un instrumento de infrarrojo cercano denominado NICMOS. Créditos: NASA, ESA.



Glosario: “100 conceptos básicos de Astronomía”

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Identificar asteroides peligrosos con un solo “click”

El Observatorio Virtual Español coordina un programa de recuperación de Asteroides Potencialmente Peligrosos en archivos astronómicos: estudiantes, astrónomos aficionados y público en general podrán identificar asteroides con posibilidad de impactar contra la Tierra.

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Tormentas blancas en Saturno

Natalia Ruiz Zelmanovitch (CAB, INTA-CSIC)

David Galadí (CAHA, CSIC-MPG)

 

En los últimos 130 años de observación, el planeta gigante gaseoso Saturno ha presentado en cinco ocasiones tormentas colosales que han recibido el nombre de grandes manchas blancas. Estos fenómenos se han venido repitiendo en cada vuelta de Saturno al Sol, que dura unos treinta años, pero hace unos meses se captó el inicio adelantado y sorpresivo de otro de estos eventos. Estas tormentas ofrecen, en cierto modo, un banco de pruebas de los mecanismos físicos asociados a algunos fenómenos meteorológicos que acontecen en la Tierra.

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Observando Saturno: un Hubble en casa


Jorge Lillo-Box (CAB, INTA-CSIC)

David Barrado (CAB, INTA-CSIC, y CAHA, MPG-CSIC)

 

Pues sí, resulta que España tiene un telescopio espacial (en realidad varios). Nosotros hemos estado (y seguimos ahora mismo) utilizando uno que se encuentra bien cerquita. No está en órbita, como el archiconocido Hubble, pero en ciertos aspectos produce imágenes de calidad muy similar. Se trata del telescopio de 2.2m del Centro Astronómico Hispano Alemán de Calar Alto. Cuando se utiliza conjuntamente con un instrumento denominado Astralux, proporciona fotografías de una resolución espacial comparables a las del HST, unos detalles sorprendentes.

La técnica se denomina “lucky imaging“, y consiste en tomar decenas de exposiciones por segundo, y seleccionar solo las mejores. ¿La razón? evitar el efecto negativo de la turbulencia atmosférica, que “emborrona” las imágenes, de manera análoga a lo que ocurre cuando miramos al horizonte sobre  el asfalto caliente, en un mediodía con altas temperaturas.

Como muestra, las excepcionales imágenes de Saturno, sorprendentes, y sobre las que hablaremos mañana… hasta entonces.

 

Saturno, un planeta gaseoso de proporciones gigantescas, desarrolla ocasionalmente inmensas tormentas que reciben el nombre de  grandes manchas blancas. Estos fenómenos se  repiten cada vuelta de Saturno al Sol, que dura unos treinta años, y se han observado en cinco ocasiones durante los últimos 130 años. En esta ocasión el fenómeno se ha adelantado sobre el calendario esperado, y los modernos instrumentos nos han permitido observarlo, incluída la descomposición de la tormenta, con un detalle extraordinario. La imagen es una composición de varias fotografías monocromáticas, tomadas con filtros a diferentes longitudes de onda, que fueron tomados con la cámara Astralux del telescopio de 2.2m del Centro Astronómico Hispano Alemán de Calar Alto, Almería, y una técnica especial, denominada "lucky imaging", que consiste en adquirir miles de imágenes de muy bajo tiempo de exposición, en una secuecnia muy rápida, y seleccionar solo las mejores, con objeto de sumarlas.  Crédito:  D. Barrado y Navascués (Centro Astronómico Hispano Alemán, MPG-CSIC, y Centro de Astrobiología, INTA-CSIC), J. Lillo-Box (Centro de Astrobiología, INTA-CSIC), , R. Hueso (Universidad del País Vasco, UPV-UHE), A. Sánchez Lavega (Universidad del País Vasco, UPV-EHU).

Saturno, un planeta gaseoso de proporciones gigantescas, desarrolla ocasionalmente inmensas tormentas que reciben el nombre de grandes manchas blancas. Estos fenómenos se repiten cada vuelta de Saturno al Sol, que dura unos treinta años, y se han observado en cinco ocasiones durante los últimos 130 años. En esta ocasión el fenómeno se ha adelantado sobre el calendario esperado, y los modernos instrumentos nos han permitido observarlo, incluída la descomposición de la tormenta, con un detalle extraordinario. La imagen es una composición de varias fotografías monocromáticas, tomadas con filtros a diferentes longitudes de onda, que fueron tomados con la cámara Astralux del telescopio de 2.2m del Centro Astronómico Hispano Alemán de Calar Alto, Almería, y una técnica especial, denominada "lucky imaging", que consiste en adquirir miles de imágenes de muy bajo tiempo de exposición, en una secuencia muy rápida, y seleccionar solo las mejores, con objeto de sumarlas. Crédito: D. Barrado y Navascués (Centro Astronómico Hispano Alemán, MPG-CSIC, y Centro de Astrobiología, INTA-CSIC), J. Lillo-Box (Centro de Astrobiología, INTA-CSIC), , R. Hueso (Universidad del País Vasco, UPV-UHE), A. Sánchez Lavega (Universidad del País Vasco, UPV-EHU).

 

 

 

 

 

 

 

 

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ESTACIONES ASTRONÓMICAS

Cada uno de los cuatro periodos en que se divide el año solar. Su duración es de aproximadamente tres meses, y el comienzo de cada una se define con el paso del Sol por los equinoccios y los solsticios. En el hemisferio norte, la primavera comienza aproximadamente el 21 de marzo (equinoccio de Aries), momento en el cual los días empiezan a ser cada vez más largos. El verano boreal comienza hacia el 21 de junio (solsticio de Cáncer), alcanzándose en ese instante la duración máxima del tiempo de insolación. El otoño empieza en el norte alrededor del 23 de septiembre (equinoccio de Libra) y en este instante la duración del día y la noche es la misma y las noches se van alargando cada vez más hasta aproximadamente el 22 de diciembre (solsticio de Capricornio), día en el que la duración de la noche en el hemisferio boreal es máxima y que marca el principio del invierno en esa parte de la Tierra. En el hemisferio sur las estaciones van al contrario que en el norte.
Las estaciones del año no tienen ninguna relación con cambios en la distancia entre la Tierra y el Sol, sino que se deben a la oblicuidad del eje de rotación de la Tierra. Si el eje de rotación terrestre fuera perpendicular al plano de la órbita alrededor del Sol, entonces no habría estaciones. Pero al existir una cierta inclinación (de unos 24 grados), la radiación solar incide con ángulos diferentes y durante intervalos temporales distintos en cada época del año, y de ahí los cambios meteorológicos vinculados a las estaciones.



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