Los más ricos: ciencia versus fútbol


Leo con bastante pena pero sin sorprenderme, que el club de fútbol Real Madrid es el más rico del mundo, según la revista Forbes (BBC: Real Madrid overtakes Man Utd in Forbes rich list). El Barcelona es el tercero. Las cifras marean: Real Madrid, 3.3 billones de dolares; Manchester United, 3.17; Barcelona, 2.6. Les siguen el Arsenal, el Bayern de Munich, el AC Milán, Chelsea, Juventus, Manchester City, y Liverpool, todos por encima de los 600 millones de dolares. Curiosamente, solo uno alemán, de entre estos diez. ¿Querrá decir esto que la economía española está en mejor situación que la de nuestros vecinos germanos?

No entiendo que clubs de un país en crisis estén en puestos tan destacados de esta curiosa liga internacional. Aunque la crisis no existiera, ni nuestro potencial económico ni demográfico justificaría este hecho. Salvo por una salvedad: responde a un claro apoyo social y, además, político y de un sector de nuestra economía  (de manera directa e indirecta).

Para mí, al igual que para otros científicos, tecnólogos, sociólogos, gerentes, tecnocratas, etc, el problema está claro: a más recursos, mejores resultados. Se puede administrar mejor o peor, pero si no hay financiación y apoyo social, es difícil conseguir resultados relevantes. Y consistencia, evitando bandazos, cambios de dirección y de política. Mejor un incremento reducido de la inversión mantenido en el tiempo que una “política de acordeón”, con bruscos aumentos y reducciones suicidas en el presupuesto dedicado a la investigación.

Un claro ejemplo se aprecia en las Olimpiadas: programas específicos de apoyos, bien programados en el tiempo, producen cosechas de medallas y diplomas. Cuando se cierra la espita, los resultados se derrumban.

Si la sociedad española quiere realmente avanzar de una manera equilibrada y justa, tener una economía sólida, competitiva y diversificada, el camino está claro. No hace falta que ninguna mente maravillosa nos ilumine o reinvente la rueda: basta con mirar alrededor, a otros países de neustro entorno y más allá.

Mientras tanto, siempre podremos ver el fútbol en televisión y alegrarnos de los triunfos internacionales de “nuestros” equipos. Aunque estemos en precario, aunque la economía se desplome. Otros, con mejor visión de futuro, se quedarán con los contratos industriales, producirán los avances científicos.

 

 

 

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El observatorio de Calar Alto: el cielo de Europa


El Observatorio de Calar Alto ha supuesto desde 1975 uno de los pilares del avance de la astronomía española y alemana. La calidad de los cielos del sudeste ibérico, las prestaciones de sus telescopios y la renovación continua instrumental y tecnológica mantienen Calar Alto en la primera línea de la astronomía mundial y le permiten afrontar un futuro prometedor si se conjuran otros riesgos.

 

Panorama de la cumbre del monte Calar Alto con los telescopios e instalaciones anejas del Centro Astronómico Hispano Alemán. Foto Michel Marcelin (Obs. Astr. Marseille-CNRS).

El Centro Astronómico Hispano Alemán (CAHA), más conocido como Observatorio de Calar Alto, es una entidad científica dedicada a la observación astronómica constituida por el Reino de España y la República Federal de Alemania. Su estructura legal de empresa (en concreto, agrupación de interés económico, AIE) la convierte en un ejemplo excepcional en el panorama científico y tecnológico español. España y Alemania comparten en igualdad la responsabilidad de la instalación, a través del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en un caso, y de la Sociedad Max Planck (Max-Planck-Gesellschaft, MPG) en el otro. El observatorio está emplazado en el monte Calar Alto, que con sus 2168 metros de altitud constituye una de las cumbres más elevadas de la cordillera bética llamada Sierra de los Filabres y de Baza. Aunque alberga seis telescopios dedicados a investigación, solo cuatro de ellos son responsabilidad del Centro Astronómico Hispano Alemán, con aberturas de 3.5 m, 2.2 m, 1.23 m y 0.8 m. Esta es la estructura organizativa y de gestión del observatorio desde el año 2005. Pero la historia del CAHA hunde sus raíces en otro tiempo, hace ya casi cincuenta años, y ha seguido un largo camino que condujo a la fundación de un recurso científico crucial para la ciencia española, y que cuenta con el potencial necesario para seguir siéndolo. Tras haber visto realizado lo inimaginable para nuestros antecesores, que España albergue y posea el observatorio astronómico más importante que hay en Europa, que Calar Alto siga varias décadas más en la vanguardia científica es ahora una cuestión de «simple» voluntad política.

Países exóticos

Para tratar los orígenes del Observatorio de Calar Alto hay que hacer referencia a dos países que ya no están en los mapas. O que ya no lo están, al menos, en la forma en que aparecían por aquel entonces.

 

Artículo de 1976 en la revista científica Astronomy and Astrophysics en el que Kurt Birkle y sus colaboradores describen las medidas de nitidez de las imágenes (seeing) en los cuatro emplazamientos preseleccionados.

El primero de estos países es la República Federal de Alemania, el estado que hace unas décadas conocíamos más bien como Alemania Occidental. La comunidad científica y política de ese estado abrigaba en la década de 1960 el proyecto de dotarse con observatorios astronómicos de primera línea mundial. Pero para instalar los telescopios mejores y producir con ellos ciencia de vanguardia hay que colocarlos bajo cielos de primera calidad, un recurso con el que la naturaleza no ha adornado Europa central. De ahí que los especialistas alemanes occidentales emprendieran la búsqueda sistemática en pos de los cielos más claros, aventura que acabaría desembocando en la construcción de las instalaciones del Observatorio Europeo Austral en el norte de Chile por un lado, y las de Calar Alto por otro. Alemania Occidental ya no consta en los mapas desde que en 1990 se anexionó Alemania Oriental (la República Democrática Alemana). La República Federal de Alemania ganó de ese modo casi un tercio de su extensión actual.

El segundo país implicado es España. No cabe duda de que lo menos extraño que ha ocurrido en España desde entonces ha sido que el reino ha perdido un tercio de su superficie. ¿Qué cosas no habrán pasado en este país para que hasta tengamos que hacer memoria antes de caer en las circunstancias (Marcha Verde) de una pérdida territorial tan significativa? Cuando Alemania Occidental buscaba un hogar para sus observatorios, nuestro país atravesaba la fase final de la dictadura que había resultado de la más reciente de nuestras guerras civiles. Dejemos de lado otras consideraciones y centrémonos por ahora en las muchas cosas que han mejorado en España desde entonces porque entre ellas, y en un lugar destacado, se encuentra la ciencia en general y la astronomía muy en particular. Y Calar Alto ocupa uno de los papeles centrales en este cambio a mejor.

El cielo de Europa

Como bien saben todas las personas interesadas por la observación del cielo, para tener acceso a todo el firmamento es necesario contar con al menos dos observatorios: uno en cada hemisferio de la Tierra. La comunidad científica y política de Alemania Occidental emprendió una búsqueda sistemática de los emplazamientos mejores. En los análisis se tuvieron en cuenta ante todo criterios de calidad del cielo, aunque también intervinieron consideraciones geopolíticas y de coste. En el hemisferio austral, la disputa entre el norte de Chile y lo que en Alemania llamaban entonces África del Sudoeste (actual Namibia) se resolvió a favor del primero. En el hemisferio boreal se favoreció una instalación en Europa y se sometieron a escrutinio los mejores lugares: la península del Peloponeso en Grecia y algunos lugares del sudeste ibérico. Las estadísticas de noches despejadas, trasparencia del aire y turbulencia favorecieron claramente la segunda opción.

Un investigador alemán de menos de treinta años, Kurt Birkle, fue el responsable del durísimo trabajo de evaluar las condiciones de observación en las cuatro zonas preseleccionadas (España, Grecia, Namibia, Chile). Se cuentan en el lugar anécdotas espectaculares, pero del todo creíbles, sobre la labor heroica de Birkle en aquellos años, a partir de 1968. Hacia 1970 la opción a favor de Calar Alto estaba perfilada y en el año 1972 se firmó el convenio por el que se constituía el Centro Astronómico Hispano Alemán, entidad que empezó a funcionar el año siguiente. La calidad natural intrínseca del cielo nocturno en Calar Alto hace de este lugar el mejor en Europa para la observación astronómica. Alrededor de un 70% del tiempo es útil para la observación. La nitidez de las imágenes (medida de la turbulencia, o seeing) es mejor que 0.8 segundos de arco durante la mitad del tiempo. Las condiciones de extinción (trasparencia) también son favorables, con un nivel de afectación por polvo de origen africano inferior al de otros observatorios comparables. Estas estadísticas se mantienen estables a largo plazo, como lo demuestran los datos acumulados durante ya más de cuarenta años.

Fundación

El convenio original venía a decir, en esencia, que Alemania Occidental lo ponía todo salvo el cielo, el suelo, la carretera y los suministros de electricidad y agua corriente. A cambio la comunidad astronómica española tendría acceso a un 10% del tiempo de uso de las instalaciones. Un 10% podría parecer poco, pero en realidad era muchísimo si se tienen en cuenta dos circunstancias: el reducido número de profesionales capacitados por entonces en España para aprovechar unas instalaciones de este tipo, y lo ridículo del coste de la operación para nuestro país.

En cuanto al dinero, la inversión inicial total efectuada por la República Federal de Alemania se estima en 250 millones de marcos alemanes occidentales del año 1975. Resultan por tanto 125 millones de euros de 1975. Incluso las estimaciones más conservadoras de la inflación acumulada conducen a más de 500 millones de euros del año 2013. Un regalo científico, tecnológico y económico que para España venía, literalmente, caído del cielo. Un ejemplo que debemos tener siempre muy presente cuando se nos plantea la crítica necia de que «la ciencia es cara» porque, como vemos, a veces la ciencia en España, y la astronomía en particular, sale casi gratis.

Interior y exterior del telescopio reflector Zeiss de 1.23 m de Calar Alto. Fotos: Leonor Ana, Fernando Fonseca, Santos Pedraz.

 

La creación del Centro Astronómico Hispano Alemán estimuló la creación del Instituto de Astrofísica de Andalucía (dependiente del CSIC), constituido en 1975 en Granada con la intención, entre otras, de extraer el máximo partido a las nuevas instalaciones observacionales hispano-alemanas.

El estatuto original del Centro Astronómico Hispano Alemán atribuía toda la autoridad y capacidad de decisión a la parte financiadora, Alemania, desde el Instituto Max Planck de Astronomía en Heidelberg (Max-Planck-Institut für Astronomie, MPIA). Aunque había dos co-directores, uno alemán y otro español, la figura hispana suponía no tanto un puesto ejecutivo como una personalidad de enlace con la comunidad científica y política de nuestro país. Aunque el cargo de codirector español lo ocuparon brevemente Félix Lahúlla Forniés y Mariano Moles Villamate, la persona que más tiempo ostentó el título fue Teodoro Vives Soteras.

Parecía en verdad justo y necesario que el puesto con poder ejecutivo, el de codirector alemán, correspondiera desde el principio a quien tanto luchó por el establecimiento del observatorio, Kurt Birkle y, en efecto, así fue desde 1973 hasta 1998. En ese año Kurt Birkle regresó al Instituto de Heidelberg para dedicarse completamente a sus investigaciones científicas, hasta su jubilación en 2003. Desde 2005 levantó, junto con sus colegas del Landessternwarte (LSW) y con apoyo de la Fundación Klaus Tschira, un archivo digital de placas fotográficas de Calar Alto y del LSW, con la intención de hacerlas disponibles para estudios a largo plazo. Un trágico accidente de tráfico terminó con su vida el 1 de enero de 2010.

En abril de 2012 el ayuntamiento de Gérgal, uno de los dos municipios sobre los que está enclavado el observatorio, denominó dos calles en honor de los dos codirectores históricos de Calar Alto, Kurt Birkle y Teodoro Vives. El profesor Vives, nacido en 1926, pudo acudir al acto en persona.

 

Las instalaciones, telescopios e instrumentación

El Observatorio de Calar Alto se extiende sobre la cumbre del monte que le da nombre, en terrenos cedidos por dos municipios de la provincia de Almería: Gérgal al sur y Bacares al norte. La construcción se inició en 1973 y entre sus instalaciones se cuentan laboratorios, oficinas, viviendas, zonas de restauración y administración y un área técnica donde se centralizan diversos servicios como los de calefacción, refrigeración, agua potable, cocheras, almacenes, etc. Pero, por supuesto, las piezas centrales del lugar son los telescopios.

El primer telescopio vio la primera luz en 1975: el reflector Zeiss de 1.23 m de abertura, a la sazón el mayor en propiedad de Alemania Occidental (la República Democrática Alemana contaba por entonces con uno de dos metros). Aprovechando las infraestructuras, España decidió instalar un gran telescopio de propiedad exclusivamente suya, un reflector de 1.5 m de abertura de fabricación francesa (REOSC) conocido desde entonces en el lugar como «la cúpula española». Abundando en la obsesión astronómica que exige basar el prestigio en el tamaño de las cosas, podemos decir que desde que este telescopio vio la primera luz en 1977 España tuvo un telescopio mayor que Alemania Occidental.

Aunque la marca quedó batida bien pronto, cuando en 1979 entró en funcionamiento el reflector Zeiss de 2.2 m de abertura. Hay un gemelo de este aparato en el observatorio de La Silla, en Chile. Cabe comentar que las autoridades alemanas prefirieron esperar a la apertura de este segundo reflector para proceder a la inauguración oficial del CAHA: fallecido el dictador español poco antes, la fotografía del acto reflejaba una imagen mucho más amable para el gobierno alemán, de apoyo al progreso de una nueva democracia europea, personalizada en la figura del nuevo jefe del estado, el rey Juan Carlos I, que asistió en persona al evento.

En 1980 se procedió a la entrega del telescopio catadióptrico de tipo Schmidt. La cámara Schmidt de Calar Alto, con su placa correctora de 80 cm de abertura (espejo de 1.2 m), tiene una historia bien curiosa. Se trata en realidad de un aparato que en su origen (y durante muchos años después, incluso tras el traslado a Calar Alto) perteneció a la Universidad de Hamburgo, en cuyo recinto estuvo instalado desde 1954. El tubo óptico fue diseñado y construido para la Universidad de Hamburgo, en Alemania Occidental, por la rama oriental de la compañía Carl Zeiss (Carl Zeiss Jena), en un ejemplo de que la cooperación científica tuvo ciertas oportunidades incluso por encima del telón de acero en los años más duros de la guerra fría. El mal tiempo habitual en Hamburgo justificó el traslado de este magnífico aparato a Calar Alto, para lo cual hubo que construir una montura ecuatorial adaptada a la latitud del sudeste ibérico. Es interesante que la montura la fabricara la compañía Grubb en el Reino Unido.

Desde 1998, y al igual que el resto de cámaras Schmidt del mundo, la de Calar Alto está fuera de servicio a pesar de mantenerse en perfecto estado de funcionamiento tanto óptico como mecánico, debido al cese de producción de placas fotográficas por la compañía Kodak.

 

El telescopio Zeiss de 2.2 m de Calar Alto. Fotos: Santos Pedraz.

En 1984 empezó a funcionar el buque insignia del observatorio, el reflector Zeiss de 3.5 m de abertura. Con este aparato España pasaba a albergar uno de los telescopios mayores del mundo.

Las personas interesadas por los detalles técnicos apreciarán en las fotos que acompañan el artículo que los telescopios de Calar Alto brindan un catálogo muy completo de monturas ecuatoriales. En lo que se refiere a diseños ópticos, salvo la cámara Schmidt, los tres telescopios hispano-alemanes y el español de 1.5 m son de configuración Ritchey-Chrétien (similar al Cassegrain, con el matiz de que ambos espejos, el primario cóncavo y el secundario convexo, son hiperbólicos). Los tres reflectores hispano-alemanes se produjeron en las factorías de la rama occidental de Carl Zeiss, en Oberkochen.

En el año 2002 entró en funcionamiento en Calar Alto un segundo telescopio de propiedad totalmente española, el reflector de 0.5 m del Centro de Astrobiología.

Los telescopios de Calar Alto son obras maestras de precisión optomecánica. Baste decir que la repetibilidad mecánica del apuntado del telescopio de 3.5 m, con sus 240 toneladas de masa móvil, es del orden de una décima de segundo de arco. Desde el punto de vista óptico, estos aparatos son tan precisos como los que pudieran construirse hoy día. Además, sus sistemas electrónicos y de control se han renovado varias veces a lo largo de la historia. Pero ante todo, lo que mantiene Calar Alto en la vanguardia de la astronomía actual es la continua renovación de los instrumentos que se acoplan a los telescopios. Diseñado en la era fotográfica, este observatorio ha participado de manera activa en las sucesivas generaciones de instrumentos de nueva tecnología: fotometría fotoeléctrica, intensificadores de imagen, dispositivos de carga acoplada (CCD), óptica adaptativa, sensores infrarrojos, espectrógrafos alimentados con fibra óptica…

Las instalaciones anejas a los telescopios se constituyen a veces, por sí mismas, en generadoras de servicios para el exterior del observatorio. Los datos de la estación meteorológica han encontrado aplicaciones y utilidades insospechadas, más allá de la gestión del tiempo de observación, y grandes aparatos como las campanas de aluminizado de espejos han resultado fundamentales para otros observatorios. En Calar Alto hay dos campanas de aluminizado que prestan servicio a los telescopios que hay en la montaña, pero también a otros observatorios de la Península (Sierra Nevada, Montsec, etc.) y de fuera de España. Fabricantes extranjeros traen a Calar Alto sus espejos para aluminizarlos y destaca, entre los aparatos tratados en estas instalaciones, el mayor telescopio espacial construido hasta ahora, el telescopio espacial Herschel de la Agencia Espacial Europea, cuyos dos espejos recibieron el recubrimiento de aluminio en la campana de vacío del telescopio de 3.5 m en el año 2009.

Al servicio de la comunidad

Calar Alto, al igual que otros observatorios semejantes en todo el mundo, ha estado tradicionalmente al servicio de toda su comunidad de usuarios. Quiere esto decir que cualquier persona que se dedique a la investigación profesional en astronomía en España o Alemania puede solicitar tiempo de uso de los telescopios del CAHA. La diversidad de aberturas y de instrumentos hace de este observatorio un lugar adecuado para multitud de estudios, desde cometas, asteroides o planetas del Sistema Solar hasta los cuásares más remotos. Cada seis meses se abre la convocatoria para solicitar tiempo y un comité internacional y multidisciplinar selecciona las propuestas más prometedoras. Por tanto, con meses de antelación se sabe a qué va a dedicarse cada noche de cada telescopio. La plantilla de observatorio, desde la administración a la electrónica pasando por cocina, astronomía o mecánica, se esfuerza por mantener las instalaciones en condiciones de funcionamiento óptimas todos los días del año, sin excepciones ni fiestas. Quienes ven sus propuestas aprobadas y reciben tiempo de telescopio pueden acudir al observatorio para la toma de datos, una opción que era la única ofrecida en los primeros tiempos del CAHA, pero desde los años noventa se tiende a trabajar más en modo de servicio, lo que quiere decir que la plantilla de astronomía de Calar Alto obtiene los datos y los remite a través de la red informática a las personas titulares de tiempo de observación. Este modo de trabajo presenta ventajas múltiples y se aplica hoy a más del setenta por ciento de los proyectos de observación.

La disponibilidad de tiempo para toda la comunidad científica es lo que ha hecho de Calar Alto una pieza central en el gran avance de la astronomía española en estas décadas. Muchos centenares de artículos científicos y de tesis doctorales se han elaborado en España, Alemania y todo el mundo, sobre la base de datos tomados en Calar Alto, o acerca de desarrollos instrumentales dedicados a este observatorio.

 

Primeras imágenes obtenidas en el mundo del impacto del cometa D/1993 F2 (Shoemaker-Levy) contra Júpiter el 16 de julio 1994. Captadas con el telescopio de 3.5 m de Calar Alto equipado con la cámara infrarroja MAGIC. D.P. Hamilton, T.M. Herbst, A. Richichi, H. Böhnhardt, J.L. Ortiz.

La mayoría de grandes descubrimientos astronómicos actuales son fruto de proyectos a largo plazo que implican a multitud de personas integradas en varios equipos de investigación y que recurren a varios observatorios para obtener los datos. Por eso es difícil, en muchas ocasiones, precisar a qué observatorio se debe atribuir un descubrimiento concreto. A lo largo de su historia Calar Alto ha aportado datos a muchos programas de investigación de la máxima relevancia. Quizá entre ellos quepa mencionar el que fue motivo del premio Nobel de física de 2011, el descubrimiento de que la expansión del universo se produce con un ritmo acelerado, resultado del Supernova Cosmology Project, para el cual se obtuvieron datos con los telescopios e instrumentos de Calar Alto. Si pensamos en hallazgos puntuales, algunos de ellos están reflejados en las notas de prensa del observatorio en www.caha.es, pero merece una mención especial, por su repercusión mediática, la observación del impacto del cometa D/1993 F2 (Shoemaker-Levy) contra Júpiter en 1994: el telescopio de 3.5 m de Calar Alto, equipado con una cámara infrarroja de última tecnología (para la época) fue el primero del planeta en captar imágenes de ese evento y las fotografías del choque tomadas desde Almería aquel 16 de julio dieron la vuelta al mundo.

A partir de 2005: la nueva etapa

A partir del año 2005 Calar Alto vive una etapa nueva en la que España y Alemania participan en condiciones de igualdad. De entonces data la constitución de la empresa con perfil de agrupación de interés económico, y la responsabilidad del CSIC para la gestión de la participación española. Ya no hay un codirector por cada país, sino un director único elegido con criterios científicos de excelencia (han ocupado el puesto Roland Gredel, João Alves y David Barrado Navascués). Cada estado aporta la mitad de los recursos y obtiene a cambio el 50% del tiempo de uso de los instrumentos. Pero no es esta la única y gran mejora que logra España con el convenio nuevo. Antes, cuando Calar Alto era una entidad dirigida en lo esencial desde Alemania, todos los desarrollos instrumentales, con su dimensión tecnológica, industrial y de avance científico e ingenieril, se producían en Alemania. Pero ahora la ingeniería, la ciencia y la empresa española participan también en estos desarrollos. Calar Alto cuenta ya con un espectrógrafo desarrollado íntegramente en España (el instrumento CAFÉ para el telescopio de 2.2 m), y los grandes proyectos instrumentales en desarrollo conllevan una participación española crucial: la cámara infrarroja panorámica PANIC para el telescopio de 2.2 m y el espectrógrafo de alta resolución para la búsqueda de exoplanetas CÁRMENES para el reflector de 3.5 m. Multitud de equipos de investigación y de empresas españolas participan así en estos avances científicos, tecnológicos y empresariales. Calar Alto pasa de ser, como hasta 2005, un laboratorio para proporcionar datos a la ciencia española, a constituir además un laboratorio para el progreso tecnológico.

La preponderancia alemana implicaba también un cierto aislamiento del entorno, hasta el punto de que este observatorio, a pesar de su importancia y de ser anterior a otros muy conocidos en España, resulta poco o nada familiar para el público general, o incluso para el colectivo de aficionados a la astronomía. Por eso desde la entrada del CSIC se ha emprendido una labor de divulgación y sensibilización pública que poco a poco va haciendo que Calar Alto se convierta en referente y seña de identidad de la población circundante en Almería y Andalucía. Por sí mismo o en colaboración con la Fundación Andaluza para la Divulgación de la Innovación y el Conocimiento (Fundación Descubre), Calar Alto ha organizado visitas guiadas, jornadas astronómicas, producción de imágenes con fines divulgativos o educativos, cursos de formación, exposiciones…

 

Dos ejemplos del material educativo y divulgativo producido en Calar Alto recientemente: fotografías obtenidas con el telescopio de 1.23 m de la galaxia espiral M74 (izquierda, APOD 6 abril 2011) y de la nebulosa Anular de la Lira (derecha, APOD 6 noviembre 2009). Otro ejemplo aparece en la portada de este número de la revista. Fotos: Fundación Descubre, Calar Alto, DSA, OAUV / Vicent Peris (OAUV), José Luis Lamadrid (CEFCA), Jack Harvey (SSRO), Steve Mazlin (SSRO), Ivette Rodríguez, Oriol Lehmkuhl, Juan Conejero (PixInsight), Ana Guijarro (CAHA).

Al mismo tiempo se ha establecido una colaboración estrecha con las autoridades andaluzas para la protección de la oscuridad natural del cielo de Calar Alto, el recurso natural original que hace posible la propia existencia de la instalación. El observatorio ha colaborado con la Junta de Andalucía para elaborar una ley avanzada contra la contaminación lumínica y sigue participando de manera muy activa en su desarrollo y promoción.

Perspectivas de futuro

Calar Alto se encuentra en una disposición excelente para seguir brindando a su comunidad de usuarios datos astronómicos de la máxima calidad, desde un emplazamiento excelente, con telescopios de prestaciones inmejorables y con instrumentos de la tecnología más avanzada. La solicitud de tiempo en nuestras instalaciones se mantiene al nivel tradicional y la producción científica en forma de artículos en revistas especializadas y tesis doctorales avanza con buen ritmo. Se prevén desarrollos instrumentales nuevos, ya aprobados, y se trabaja activamente para obtener financiación para el nuevo telescopio Hexa de 6.5 metros (que sería el mayor instalado en Europa) dedicado a sondeos espectroscópicos masivos tanto para astrofísica galáctica como extragaláctica.

La naturaleza regaló al sudeste ibérico los cielos que atrajeron a nuestros vecinos alemanes tanto a disfrutar del sol y la playa en la costa mediterránea como a aprovechar la energía solar en la plataforma experimental de Tabernas, un centro de investigación cercano a Calar Alto, también hispano-alemán y que emplea en esencia el mismo recurso natural. La fortuna y la historia quisieron que la inversión inicial, verdaderamente astronómica, para construir el mayor observatorio que hay en Europa viniera regalada para una España que salía de la larga noche de la dictadura y el subdesarrollo.

Tres décadas después contamos con una comunidad astronómica plenamente desarrollada y empezamos a alimentar el tejido empresarial, tecnológico e ingenieril con retos dignos de un gran país europeo. Todo ello a cambio, en el fondo, de una carretera, un cable y una conducción de agua. Quienes queremos que nuestro país participe en la moderna aventura del descubrimiento de otros mundos en el cosmos sabemos que, a cambio de semejante premio, este precio es muy barato. Pero entretanto nos rodean políticos acostumbrados a contar los euros por cientos de miles de millones (un euro por cada estrella de la Galaxia, visible o invisible) pero que consideran que un millón anual es un precio demasiado caro para el beneficio que perseguimos (y eso que perseguimos el infinito). Carreteras, cables y tuberías sí, pero no para alimentar ese futuro que nos aguarda en las estrellas del cielo de Andalucía, sino para ese otro futuro que, nos aseguran, traerán las cervezas (alemanas) en los paseos marítimos. Al mismo tiempo el horizonte se llena de luces quizá atractivas para ese tipo de turismo, pero que a la larga pueden liquidar el patrimonio natural que permitió levantar Calar Alto. ¿Vuelve la noche?

David Galadí-Enríquez
Centro Astronómico Hispano-Alemán (Observatorio de Calar Alto)

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La participación de INTA en el instrumento MIRI del nuevo telescopio espacial JWST


De entre todos los telescopios en uso, destaca el Hubble. Una verdadera estrella mediática, que a todos nos ha cautivado con sus extraordinarias imágenes (en parte, debido a la excelente maquinaria de NASA, expertos en divulgación). Sin embargo, el HST tiene tanto fecha de caducidad como substituto: el James Webb Space Telescope (JWST), cuyo lanzamiento está previsto en el 2018.

El JWST llevará varios instrumentos que, sin duda, expandirán nuestro conocimiento del Universo hasta fronteras que nos sorprenderán. Destaca el Mid-Infrared Instrument (MIRI), al que tanto el CSIC como INTA han hecho una considerable contribución.  Este instrumento, construido en su mayor parte por un consorcio europeo,  fue entregado a NASA a mediados del año pasado, y la Agencia Espacial Europea ha reconocido el papel esencial de un gran número de gente para llevar a buen puerto este desafío tecnológico.

 

Mi interpretación de los diplomas, emitido por la ESA,  que cada uno de los miembros del equipo de INTA en el MIRI ha recibido. Para ellos, mi agradecimiento.

 

Como responsable en INTA de MIRI, quiero dejar patente este reconocimiento a un gran número de ingenieros y tecnólogos que han participado durante varios años en el desarrollo de MIRI Telescope Simulator, nuestra contribución, y a las empresas LIDAX y Álava Ingenieros, que han colaborado con nosotros (ver  “Los Beneficios de la Astronomía”) contribuyendo a la mejora del tejido industrial y tecnológico.

Así, mi agradecimiento a:

María Ángeles Alcacera, Ana Balado Margelí, María Colombo Bueno, Carlos Pérez Canora, María del Rosario Canchal Moreno, Paloma Gallego Sempere, Tomás Belenguer Dávila, Gonzalo Ramos Zapata, Luís Miguel González Fernández, José Antonio Rodríguez Prieto, Antonio Jiménez Martínez, Javier Barandiarán Mancheno, Manuel Reina Aranda, Antonio Sánchez Rodríguez, Valvanera Eiriz Martínez, David Arrazola, Raquel López Heredero,  Alejandro Giménez Conesa, Andoni Moral Inza, Inmaculada Figueroa Rojas, Ana Aricha Yanguas, Marta March Almela, Gabriel Alejandro García García,   Francisco José Herrada Martín,  Mercedes Menéndez Aparicio, César Arza González,  Antonio López Peinado,  y Olivia Barcos Medina.

Un equipo excepcional que merece todo el reconocimiento. Y, por lo que me toca directamente,  especialmente a Eva Díaz Catalá. De todos ellos he aprendido muchísimo. La parte técnica ha cumplido, ahora nos toca a los científicos.

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EL COMETA PANSTARRS DESDE EL SATÉLITE STEREO-B


Impresionante e inusual imagen del cometa PanSTARSS, desplegando su extraordinaria cola,  tomada desde el satélite STEREO-B. En la fotografía también se aprecia el Sol  y la Tierra, separados del cometa por 0.3 y 1.1 unidades astronómicas (una u-a- es la distancia media Tierra-Sol, unos 150 millones de kilómetros aproximadamente).

 

El cometa PanSTARRS desde el satélite STEREO-B

El cometa PanSTARRS desde el satélite STEREO-B. El Sol está a la izquierda de la imagen, mientras que La Tierra aparece a la derecha del cometa. Crédito NASA/GSFC/STEREO

Como comparación, una instantánea del cometa obtenida desde el Observatorio de Calar Alto, en Almería.

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La Sociedad Española de Astronomía apoya al Observatorio de Calar Alto


Como muchos de vosotros ya sabréis, si seguís con atención las noticias de ciencia y particular de Astronomía, la continuidad del Observatorio de Calar Alto (Centro Astronómico Hispano-Alemán, CAHA) está pendiente de un hilo. Esta situación se ha originado por los considerables recortes en financiación que, debido su situación económica, está proponiendo el CSIC y que impiden cumplir los compromisos adquiridos en CAHA.

En la última reunión bilateral MPG-CSIC se contemplaron dos opciones como las más probables: 1) un cierre total de las instalaciones, y 2) una reducción de las operaciones a sólo un telescopio (3.5 m) con un único instrumento a la espera de la llegada de CARMENES. Incluso esta segunda opción sería muy grave ya que implicaría: una pérdida de las inversiones realizadas en los últimos años, sobre todo en nueva instrumentación, el cierre del telescopio de 2.2 m, el despido de una fracción notable de la plantilla, y una situación en la que difícilmente se podría seguir ofertando tiempo de telescopio a la comunidad astronómica.

La Sociedad Española de Astronomía (SEA), a través de su Presidente, ha hecho llegar a la Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación la siguiente carta:

Escribo en nombre de la Sociedad Española de Astronomía (SEA), la Sociedad que engloba a la inmensa mayoría, más de 700, de los astrónomos profesionales de España, para mostrar nuestra honda preocupación por el futuro inmediato de las instalaciones del Centro Astronómico Hispano-Alemán de Calar Alto (CAHA). Ha llegado a nuestro conocimiento la posibilidad de un cierre de parte de las instalaciones, en particular del telescopio de 2.2 m, y la reducción sustancial de operaciones en el telescopio de 3.5 m. Dicha situación, al parecer suscitada por una insuficiente financiación por parte del CSIC, supondría un importante revés para la astronomía española.

Calar Alto ha sido uno de los principales motores de la investigación astronómica en España durante los últimos 40 años y, actualmente, gracias a las inversiones realizadas, tanto por el MINECO y el CSIC, como por la Sociedad Max Planck (MPG), es un observatorio de referencia en Europa y uno de los pilares observacionales de la investigación astrofísica de alto nivel que se realiza en nuestro país. Es de destacar el esfuerzo en nuevo desarrollo instrumental realizado en los últimos años (en instrumentos como CAFE o PANIC en el telescopio de 2.2 m, o CARMENES en el de 3.5 m), que ha supuesto una importante inversión económica y en medios humanos que no se podría rentabilizar si no se mantuviese plenamente operativo el Observatorio, incluyendo el telescopio de 2.2 m. Hay que indicar además que dichos desarrollos están contribuyendo a la consolidación de equipos instrumentales en instituciones españolas, una asignatura pendiente hasta hace pocos años en la Astronomía española.

Actualmente Calar Alto es una compleja estructura plenamente amortizada y totalmente engrasada, como muestran las mínimas perdidas de tiempo observacional por problemas técnicos. Su personal, competente y altamente cualificado, está explotando con la mayor eficiencia las capacidades de los telescopios, y garantizando la integridad de los mismos. Se puede afirmar que las importantes inversiones realizadas durante muchos años han producido unas instalaciones con una alta eficiencia, en donde se realiza ciencia muy competitiva, como muestra el reciente informe de la Red de Infraestructuras de Astronomía (RIA) sobre productividad científica, y con un gran futuro, como muestra, a nivel europeo, el informe de ASTRONET (Report by the European Telescope Strategic Review Committee on Europe’s 2-4 m Telescopes over the Decade to 2020), donde se recomienda seguir apoyando las capacidades observacionales únicas de los telescopios de CAHA.

Durante los últimos años se han ido implementando recortes en el presupuesto de CAHA para adaptarse a la situación económica nacional. Un cierre, aunque fuese parcial, de las instalaciones supondría de facto un desmantelamiento a corto plazo del Observatorio. Esto tendría múltiples consecuencias, comprometiendo la consecución de proyectos de investigación ya aprobados y financiados por el Plan Nacional, afectando a otros proyectos e instalaciones con los que existen destacables sinergias (ej. el nuevo observatorio espacial Gaia, de la ESA, en el que España ha invertido recursos considerables) o para los que CAHA puede actuar como “stepping stones”, y, en definitiva, dañando irreparablemente la salud de la productiva y competitiva investigación astrofísica en este país. Para que pueda seguir operando, el observatorio necesita de un marco estable, con una financiación suficiente, que permita mantener a su personal técnico y a su equipo de observadores, de manera que se ofrezca tiempo de observación y se proporcione acceso continuado a los equipos investigadores y permita el uso de los instrumentos de última generación recientemente desarrollados o a punto de entrar en funcionamiento. Estoy convencido de la sensibilidad de la Secretaria de Estado ante esta situación y espero que pueda tomar las medidas necesarias para que el CSIC destine los medios económicos adecuados para que ambos telescopios, 2.2 y 3.5 m, permanezcan completamente operativos y puedan seguir impulsando, como lo han hecho hasta ahora, el desarrollo de la investigación astrofísica en España.

Javier Gorgas, Presidente de la Sociedad Española de Astronomía (SEA)

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Calculando con lápiz y papel parámetros cosmológicos


Hoy me he encontrado con un curioso artículo, muy interesante, que más que científico, es divulgativo. Se trata de una calculadora cosmológica…  Sin embargo, en vez de requerir complicados cálculos  con extrañas fórmulas, solo necesita un  lápiz y papel.

El fondo de microondas según observaciones del observatorio espacial Planck, de la ESA

El fondo de microondas según observaciones del observatorio espacial Planck, de la ESA

 

Esta calculadora se basa en datos derivados por la misión  Planck, de la Agencia Espacial Europea, que recientemente reveló el mapa más preciso de la radiación cosmológica del fondo de microondas, que permite estimar una edad del universo de 13810 millones de años.

 

El uso es realmente sencillo: basta con trazar una línea horizontal para un valor del desplazamiento hacia el rojo (“redshift”) z, localizado a ambos lados de la figura. De manera unívoca se determina la edad en ese momento del universo u otros parámetros característicos (tiempo de la constante de Hubble en ese momento –H-, una distancia  característica, módulo de la distancia, edad del universo y distancia retrospectiva (en miles de millones de años), tamaño en kiloparsec de un objeto con tamaño angular aparente de 1 segundo de arco, tamaño angular de un objeto de tamaño real de un kiloparsec (complementario del anterior).

 

Calculadora Cosmologica

Calculadora Cosmologica (crédito S. V. Pilipenko)

En definitiva, una herramienta sencilla que nos permite navegar por el universo y sus “arcanos” secretos.

 

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Los beneficios de la Astronomía



Una de las preguntas recurrentes que nos hacen a los astrónomos se refiere a la “utilidad” de nuestro trabajo. “Pero esto ¿para qué sirve?”, nos preguntan con frecuencia. La pregunta suele ir acompañada de un comentario del estilo de “en esta situación de crisis sería mejor resolver primero los problemas que tenemos, y ya dedicaremos recursos a la investigación en el futuro”. Este tipo de preguntas y comentarios responden a una visión miope de lo que supone la investigación científica en general, y la Astronomía en particular, para el avance y el bienestar de las sociedades, así que tratemos de explicar realmente cuáles son sus beneficios.

 

En primer lugar debemos situar el beneficio puramente científico, el impulso por el conocimiento que ha caracterizado desde siempre al ser humano. “¿De dónde venimos?, ¿a dónde vamos?”, son preguntas que se ha planteado la Humanidad desde que tuvo consciencia de su existencia. Y la Astronomía es la rama de la Ciencia por excelencia que puede responder estas preguntas. Hoy mismo ha presentado la Agencia Espacial Europea los primeros resultados de la misión Planck, que ha logrado datar con una excelente precisión la edad del Universo, 13.810 millones de años. Saber que el Universo tiene una edad determinada no es algo baladí, aunque hoy todo el mundo lo da por sentado. Hace unas cuantas décadas todavía se discutía la posibilidad de que el Universo hubiera existido “desde siempre”. La expansión del Universo, el Big Bang,… son conceptos cosmológicos que poco a poco han permeado nuestra sociedad y son considerados ya parte de nuestra cultura. Pero no surgieron de la nada: han sido precisos muchos esfuerzos por parte de muchos investigadores, a lo largo de décadas, junto con el desarrollo de instrumentos cada vez más sofisticados, para llegar a estas conclusiones.  Otro ejemplo más próximo lo constituye el descubrimiento de sistemas planetarios en torno a otras estrellas. El impacto cultural de este avance fue enorme, pues por primera vez nos hizo asumir que hay otros mundos similares al nuestro que pueden albergar vida en condiciones parecidas. El impacto será aún mayor cuando en los próximos años identifiquemos y estudiemos planetas parecidos a la Tierra, orbitando en torno a estrellas parecidas al Sol, en órbitas similares: auténticos análogos terrestres que harán volar nuestra imaginación pensando en futuros viajes espaciales.

 

Siendo importante el beneficio puramente científico, no debemos olvidar otros beneficios más próximos a la sociedad. Por una parte, los descubrimientos astronómicos han sido elementos clave para el avance de la Física. Fue gracias a observaciones astronómicas de los satélites de Júpiter que se pudo determinar con precisión la velocidad de la luz, un parámetro crítico para el desarrollo de la mecánica cuántica que posibilitó el desarrollo de toda la microelectrónica que controla nuestro mundo actual. Observaciones de explosiones de supernovas realizadas en los últimos 15 años han permitido descubrir la existencia de la denominada “energía oscura”, que provoca la aceleración de la expansión cósmica. Aunque su naturaleza nos es desconocida, las recientes observaciones de la misión Planck han permitido determinar que cerca del 70%  del contenido de energía del Universo lo constituye esta aún misteriosa fuente de energía. Quién sabe si en el futuro la Humanidad no será capaz de sacarle partido y utilizarla como una fuente de energía que permita un salto sustancial en la evolución tecnológica de nuestra sociedad. Sin pacientes observadores astronómicos, este descubrimiento no se habría realizado.

 

Pero hay ejemplos mucho más tangibles. En nuestro afán por estudiar lugares cada vez más recónditos del Universo, los astrónomos hemos impulsado el desarrollo de numerosas tecnologías que posteriormente han tenido aplicaciones en la sociedad. Por ejemplo, los detectores CCD que usan nuestras cámaras de fotos fueron inventados en 1969, pero lograron desarrollarse rápidamente gracias a sus aplicaciones en instrumentos astronómicos. Muchos de los detectores de rayos X que existen en los aeropuertos fueron desarrollados por una compañía americana que surgió para aplicar los conocimientos generados en la fabricación de detectores de rayos X para instrumentos astronómicos. El impulso a la investigación espacial promovido por los astrónomos, que necesitan ubicar fuera de la atmósfera sus telescopios de rayos X, gamma, ultravioleta o infrarrojos, ha contribuido al desarrollo de las tecnologías espaciales, de las que ahora nos beneficiamos todos gracias a los satélites de telecomunicaciones, meteorológicos o de navegación (GPS). Si hace unas décadas hubiera vencido el escepticismo frente a la inversión en telescopios espaciales, probablemente hoy no podríamos ver en directo un partido de la Champions League transmitido vía satélite, y eso sí que resultaría inasumible para buena parte de la sociedad. No debemos confundirnos: el desarrollo de la tecnología requiere el desarrollo previo de la Ciencia básica, en todas sus facetas, y la Astronomía juega un papel importante en este proceso.

 

En estos momentos nos encontramos en España en una situación de crisis no sólo económica, sino también social, que está socavando principios que hasta hace poco creíamos bien consolidados. El afán por recortar gastos de todas las administraciones nos está llevando a perder el norte, con una política de tierra quemada que pone en riesgo la recuperación de la economía en los próximos años. No tenemos más que observar el comportamiento de nuestros vecinos: nuestros competidores más próximos, como Alemania, Francia, Reino Unido o incluso Italia, también sumida en la crisis, no sólo no han recortado sus inversiones en Ciencia, sino que incluso las han aumentado de manera significativa, porque saben que invertir ahora es sembrar para el futuro, cuando la situación mejore. Vemos así cómo Reino Unido ha aumentado en un 25% su contribución a la ESA, o como Francia ha aprobado un paquete de medidas de estímulo que incluyen varios centenares de millones de euros para el desarrollo de misiones espaciales. O cómo casi todos los países que componen el Observatorio Europeo Austral (ESO) han manifestado ya su apoyo decidido al desarrollo del E-ELT, el telescopio de casi 40 metros que a principios de la próxima década nos permitirá ahondar en el estudio del Universo con una precisión y sensibilidad impensables hoy en día. Por desgracia, parece que el único socio de ESO que puede quedarse fuera vaya a ser nuestro país, que hasta la fecha no ha manifestado su intención de contribuir al proyecto. Una contribución que se limita a unos 40 millones de euros en 10 años, 10 céntimos de euro por cada ciudadano español durante la próxima década. Y esta inversión tendría prácticamente garantizada el retorno en contratos de alto valor tecnológico con industrias de nuestro país por valor de más de 300 millones de euros. Algo tan ridículo que nos hace avergonzarnos cuando hablamos con nuestros colegas europeos, sobre todo cuando vemos la ligereza con que se dedican cantidades mucho mayores a cuestiones mucho más peregrinas. Podríamos poner mucho más ejemplos, como la negativa a participar en muchos de los proyectos en marcha de la Agencia Espacial Europea, asfixiando a las industrias españolas que han logrado labrarse un reconocido prestigio a lo largo de los años, o la falta de fondos para continuar las operaciones del Observatorio Hispano Alemán de Calar Alto (CAHA). En estos momentos el futuro de CAHA no está garantizado, debido a la falta de compromiso de nuestras autoridades para comprometer los fondos precisos. Se da la paradoja de que se encuentra en un avanzado estado de desarrollo un nuevo instrumento para este observatorio, CARMENES, que a partir de 2015 nos debería permitir identificar gran cantidad de sistemas planetarios, incluyendo planetas rocosos no muy diferentes de nuestra Tierra, en estrellas que no son visibles desde el hemisferio sur. La inversión realizada hasta la fecha, así como el desarrollo tecnológico que ha sido preciso para diseñar el instrumento, corren peligro de desperdiciarse por un pequeño ahorro en gastos de operación, que no tienen ningún impacto macroeconómico. No olvidemos que la inversión en I+D+i en nuestro país (1.3% del PIB) es de las más bajas de Europa, muy lejos de la media (2% PIB), e inferior incluso a la de algún país vecino también inmerso en la crisis, como Portugal (1.5% del PIB).

 

Interior de la cúpula del telescopio de 3.5m del observatorio de Calar Alto

Interior de la cúpula del telescopio de 3.5m del observatorio de Calar Alto. El edificio es uno de los más grandes dedicados a la astronomía, y el telescopio es una de las joyas de la astronomía y tecnología europea (crédito D. Montes).

Conseguir el nivel de prestigio que había alcanzado la Astronomía española ha costado varias décadas de esfuerzo, inversión continuada en formación de personal, desarrollo de tecnologías,…. Buena parte de este prestigio lo podemos perder en los próximos meses. Y volver a recuperarlo nos costará años de marginación por parte de nuestros colegas europeos, con un retraso que tal vez nunca lleguemos a superar.  Por este motivo animamos desde la red AstroMadrid a nuestra autoridades a que reflexionen sobre los beneficios que la investigación científica, con especial énfasis la Astronomía, tienen en la sociedad, para evitar destruir en poco tiempo lo que ha costado tantos años alcanzar.

 

J. Miguel Mas Hesse

Coordinador de AstroMadrid

 

www.astromadrid.es

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El cometa PanSTARRS desde el observatorio de Calar Alto


Veinte años en este “negocio” y sigo sorprendiéndome, emocionándome cuando contemplo el cielo. Ayer avistamos el cometa PanSTARRS a simple vista desde Calar Alto. La Luna estaba alta, y todavía permanecía cierta luminosidad debida al fin del crepúsculo. Yo, inmerso en mis presupuestos, en las burocracias y otros asuntos remotamente relacionados con la ciencia, hice un paréntesis y me sumé al grupo de astrónomos y técnicos que, antes de iniciar las “verdaderas” observaciones astronómicas, quería disfrutar del espectáculo.

 

El cometa Panstarss desde el observatorio de Calar Alto

El cometa PanSTARRS visto desde Calar Alto, justo por encima del horizonte, aproximadamente una hora después de la puesta de Sol. Otros objetos de interés astronómico aparecen etiquetados. Destaca la luz zodiacal, producida por la dispersión de luz por partículas de polvo dentro del Sistema Solar (esencialmente en el plano en el que orbitan los planetas). Este fenómeno es característico de lugares excepcionales para la realización de observaciones astronómicas, como es el observatorio de Calar Alto, en donde se ha tomado la fotografía (crédito Gilles Bergond)

 

¡Y sí que lo fue! Tal vez a mí me sorprendió más porque no estaba preparado, mi mente seguía girando en torno a los problemas cotidianos (y no tan normales) de un observatorio astronómico. La verdadera realidad me golpeó de pronto: una vez más, la razón por la que hago todo esto, la belleza del universo desnuda ante mí.

La imágen, que claramente muestra la excelente calidad de cielo del observatorio de Calar Alto, en Almería, permite identificar varios objetos de gran interés y en buena medida resumen parte de mi carrera profesional: las galaxias cercanas M33 y M31 (Andrómeda), pero sobre todo los cúmos de estrellas de las Híades, Alfa Per y las Pléyades, sobre los cuales he trabajado de manera sistemática. Pero destaca por lo inusual, la luz zodiacal, indicador unívoco  de un cielo muy oscuro (en este caso, incluso con la Luna creciente y un brillante Júpiter.

Justamente estos días están aquí varios grupos de estudiantes de varias universidades de Madrid. Para ellos es una ceremonia de bautismo, la primera vez que observan con telescopios profesionales. Los telescopios son verdaderamente impresionantes, así como toda la tecnología que los rodea. Pero espero que estas jóvenes promesas no pierdan el horizonte, incluso en momentos tan complicados como éste. El ansia por conocer, por descubrir; la búsqueda de la verdad, de las respuestas a los enigmas de la naturaleza. Y, al final, el éxtasis ante su belleza.

Más información, incluyendo acceso a la imagen en alta resolución y detalles sobre cómo se ha obtenido la fotografía, en la página del observatorio.

 

 

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¿Para qué sirve la astronomía?


 

En una reunión que tuvimos hace unos meses con un cargo político de cierta relevancia para la política científica, nos hizo esta pregunta: “pero… ¿la astronomía para qué sirve?”. La pregunta iba sin malicia, quería informarse. Me cuentan que esta semana el director de un importante ente científico de este país se hizo la misma pregunta, entiendo que de forma retórica en este caso (lo contrario sería triste). Esta pregunta nos la hacen muy a menudo a los astrónomos y a otros científicos, y es algo natural en aquellos que no se dedican a la ciencia. En la sociedad en la que vivimos todo tiene que poderse responder en un titular y a ser posible resumiendo cuánto dinero se puede ganar. Siento decepcionarles si esperan que yo les de una respuesta escueta, esto no es posible para algo tan complejo. Y no es posible porque la pregunta es errónea. No hay que preguntar “para qué sirve la astronomía”, sino con qué propósito se investiga en astronomía. Esa es la clave. Al final de este artículo responderé a la pregunta incial, qué remedio. Pero ahora permítanme que me centre en esta segunda cuestión, mucho más interesante. ¿Por qué una sociedad debería invertir una parte (muy pequeña) de sus recursos en investigar algo tan “etéreo” como los astros del cielo? Para aprender. Así de simple, así de transcendente, así de importante.

El propósito de la investigación básica, sea en astronomía, física de partículas, biología, geología, o cualquier otro campo, es el de aprender. Queremos entender nuestro entorno, saber cómo funciona, cómo explicar que el Sol tiene manchas en su superficie, o las placas continentales se muevan continuamente. El principio de toda invención está en la pregunta de “cómo funciona”. La astronomía busca respuestas a los fenómenos del Universo, muchos de ellos imposibles de darse en las condiciones físicas de la Tierra. Muchas de estas respuestas tienen poco recorrido, pero otras abren enormes campos de investigación aplicada, aplicaciones industriales y… por fin… negocio (que parece ser la clave que muchos buscan). Pero esta es una escalera que hay que subir peldaño a peldaño, no podemos saltárnoslos. El ejemplo más importante que doy siempre es la física cuántica. La física cuántica se desarrolló a partir de la astronomía (de la astrofísica más bien). A partir de la física cuántica salieron la mayor parte de los desarrollos tecnológicos actuales. A saber: el rayo láser, semiconductores, componentes electrónicos, horno microondas, diodos led, etc. Prácticamente cualquier “cachivache” electrónico que tenemos alrededor (sí, incluidos móviles y tabletas) contine componentes que derivan de la física cuántica, y por tanto de la astrofísica.

Les voy a dar más ejemplos: los satélites. Los movimientos con los que funcionan los satélites no hacen sino emular a los de los cuerpos celestes. Son ecuaciones que entendemos gracias a la astronomía. ¿Se imaginan un mundo sin satélites? Volveríamos al calendario zaragozano para predecir el tiempo, por ejemplo. Y ¿qué me dicen del GPS? Ahora sería una gaita volver a la era en que se conducía sin GPS (algunos aún lo hacemos). El GPS no sólo funciona con satélites, sino que es necesario aplicar una serie de correcciones relativistas en su funcionamiento para que no nos sitúe en el lugar equivocado. Estas correcciones se conocen gracias a una ley, la de la relatividad, que no es estrictamente de origen astronómico, pero sí de investigación básica.

Luego hay una serie de descubrimientos para los que no sería necesaria la astronomía, pero que se produjeron gracias a la investigación astronómica (el caso de las CCD en cámaras digitales), o la exploración espacial (la vitrocerámica, el velcro, etc.). En el caso de las CCD realmente sí es necesaria la física cuántica, y por tanto la astronomía, pero su desarrollo final se podría haber hecho sin ayuda de la astronomía. Otro interesante caso es el radar, un invento hecho originalmente para observar el cielo en ondas de radio, y que más tarde se aplicó en tiempos de guerra para detectar la presencia de aviones enemigos.

En fin, no me voy a extender más. Creo que a estas alturas ya han entendido la lógica de mi argumento, y ya puedo responder a la pregunta original de este artículo: la investigación básica, en astronomía o cualquier otro campo, se hace para adquirir conocimientos. Con estos conocimientos se puede pensar en una ciencia más aplicable. A partir de esta segunda ronda ya se pueden hacer aplicaciones que sean rentables a nivel industrial, nos hagan la vida más sencilla, y den dinero que haga enormemente rentable la inversión inicial en investigación. La astronomía sirve para ganar dinero.

Un último comentario: naturalmente no tiene sentido gastarse un dineral en hacer sólo investigación en astronomía. Hay que hacer un equilibrio para invertir en todos los pasos de la cadena hasta llegar a las aplicaciones y el negocio posterior. Esta inversión sólo funciona si nos ocupamos también de los otros pasos. Y si solo nos ocupamos de los otros pasos no funciona tampoco, porque llegamos tarde ya que otros habrán adquirido los conocimientos antes que nosotros. Recuerden que Cristobal Colón llegó a América gracias a conocimientos astronómicos aplicados a la navegación, y fíjense lo bien que le vino a este país.

Jorge Sanz Forcada
Centro de Astrobiología

 

 

 

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Colaboración ciudadana: que España participe en el telescopio E-ELT


ESO (la organización europea para la investigación astronómica en el hemisferio austral) ha aprobado recientemente el programa E-ELT (European Extremely Large Telescope), cuyo objetivo es construir y operar el mayor telescopio óptico-infrarrojo del mundo. El E-ELT, telescopio de 39 metros de abertura, será una herramienta fundamental para investigar en Astronomía. Permitirá, entre otros objetivos, encontrar Tierras alrededor de otras estrellas, resolver la población de estrellas en otras galaxias, detectar la primera luz que produjeron las estrellas al principio de la historia del cosmos, descifrar los enigmas de la materia y energía oscuras o medir la expansión del Universo en tiempo real.

 

Ilustración con el telescopio gigante E-ELT (Crédito ESO)

 

La Astronomía es la disciplina con mayor producción científica en España y nuestra entrada en ESO en el año 2006, después de largos años de espera, situó a la Astronomía española definitivamente en el lugar que le corresponde en el contexto europeo y mundial. Mantener este nivel de excelencia requiere tanto la participación como el acceso a los grandes observatorios astronómicos, algo para lo que el sistema español de I+D+i está en la actualidad particularmente bien capacitado.

Ser miembro de ESO ha comportado importantes beneficios, tanto por la pujante explotación científica de sus telescopios, como por la participación en el desarrollo de instrumentación tecnológica puntera así como en importantes retornos de alta calidad para la industria española. Años de experiencia en la utilización de instalaciones astronómicas en territorio español y la experiencia adquirida en la construcción del Gran Telescopio Canarias han contribuido a este remarcable éxito. Así, aunque España se incorporó a ESO 44 años después de su fundación, se encuentra actualmente entre sus estados miembros más activos y productivos.

El futuro de la Astronomía española pasa necesariamente por culminar nuestras actividades dentro de ESO participando en la construcción del E-ELT. No incorporarse ahora al E-ELT supondría no solo un desperdicio del esfuerzo realizado hasta ahora por España sino un retroceso irrecuperable.

Para participar en el Programa E-ELT, asegurando así un futuro de excelencia para la Astronomía española, el Gobierno de España tendrá que aportar unos 40 M€ durante el decenio 2012-2021. Esto vendrá acompañado de una apertura inmediata de la vía de acceso de las industrias españolas a participar, con excelentes expectativas, en la puja por contratos para la construcción de esta infraestructura, generando una importantísima actividad económica en el sector de la I+D+i. Industrias y centros de I+D españoles han participado en el diseño de componentes esenciales para el E-ELT y en su avanzada instrumentación. La industria española está por tanto excelentemente cualificada y posicionada para conseguir importantes contratos, cuya cuantía económica puede superar con creces la cantidad invertida.

Por el contrario, si España no participa en la construcción del E-ELT, los investigadores, centros de I+D y empresas españolas no podrán participar en las actividades del proyecto ni optar a los contratos que ESO otorgará para la construcción del proyecto. Con ello se habría malgastado una importante inversión pública y privada en actividades preparatorias durante la última década, así como todo el talento invertido por los investigadores.

Once de los catorce estados miembros de ESO ya se han comprometido con el E-ELT. España, octava potencia mundial en astronomía, es en estos momentos el único gran país europeo que no ha suscrito el programa. La participación en el E-ELT es una decisión de estado que afecta no solo a la ciencia sino a la economía, a la industria y por lo tanto a la creación de puestos de trabajo. Esperar a que Brasil anuncie la ratificación de su acuerdo de adhesión a ESO, lo que completará la viabilidad financiera del proyecto, no conducirá más que a una progresiva degradación de la posición científica, tecnológica e industrial de España en el programa.

Los firmantes, ciudadanos que apoyamos la petición de los investigadores en Astronomía en instituciones españolas, pedimos al Gobierno de España que suscriba el programa E-ELT de ESO a la mayor brevedad posible. Nuestra participación en la construcción del E-ELT genera unas oportunidades sin precedentes para la actividad económica en la I+D+i española, rentabiliza los esfuerzos realizados hasta la fecha por todos los estamentos en el sector de la Astronomía, y asegura un futuro para la investigación nacional en esta disciplina.

Ir a la página en donde se puede firmar la petición

 

 

Almudena Alonso Herrero
Rafael Bachiller
Xavier Barcons
Jordi Cepa
Matilde Fernandez
Jesús Gallego
Javier Gorgas
Jesús Martín Pintado
Carlos Martínez Roger
Miguel Mas Hesse
Jordi Torra
Lourdes Verdes Montenegro

 

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