Posts etiquetados con ‘Biodiesel’

En la CE creen aún en los biocarburantes y en su sostenibilidad

Y así lo ha explicado el Comisario de la Energía en Europa, Günter Oettinger, tras anunciar en varios comunicados, que los biocarburantes serán la principal alternativa a los combustibles de origen fósil en los próximos años. Pero no de cualquier forma. Si no garantizando la sostenibilidad de los mismos a lo largo de su cadena de producción y logística mediante la asignación de certificaciones “que serán las más estrictas y rigurosas del mundo”, independientemente de su procedencia.

Biocarb vs hambre

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Introducción al Biodiesel 2G

De la mayoría es sabido que los problemas asociados a la producción de biodiesel a partir de aceites vegetales mediante transesterificación ácida o básica han sido ampliamente debatidos con muy dispares comentarios a favor y en contra. Una gran cantidad de estudios sobre ciclos de vida, capacidad de tierras potencialmente útiles, cultivos energéticos, modificación de precios en el sector alimentario…, han creado una disparidad de opiniones que no logran ponerse de acuerdo.

Lo que es indudable es que el sector del transporte debe tener una alternativa a los combustibles de origen fósil, que además sean ecológicamente sostenibles y rentables, para evitar de esta manera la dependencia del sector petrolífero. Creo que el biodiesel de primera generación ha servido como “chivo expiatorio” para tapar las inmundicias de otros sectores tales como las petroleras, industrias alimentarias y madereras. La generación de nuevos sectores, tal y como fue en su día el biodiesel, provocan modificaciones y alteraciones en otros sectores en los que se comparten las materias primas, pero ¿acaso no tienen derecho los productores a tratar de vender biodiesel?. El mercado es flexible y capaz de adaptarse a nuevas iniciativas.

Pero en fin, ya se habla de la segunda generación de biocarburantes y estos debates y problemas serán pronto olvidados. Para la obtención de diesel sintético-mineral o biodiesel de 2ª generación se pueden utilizar una gran cantidad de materias primas, tales como material lignocelulósico, residuos forestales, residuos de industrias alimentarias, RSU, la fracción orgánica de los RSU (FORSU), neumáticos fuera de uso, cultivos energéticos…, que abren nuevas opciones antes limitadas a los procesos de combustión o incineración.

Las vías tecnológicas para la obtención de biocarburantes a partir de los diferentes tipos de materia prima serían los procesos termoquímicos (catalizados o no) como el proceso Fischer-Tropsch, procesos pirolíticos, la gasificación de la materia orgánica, entre otros, que transforman el material de entrada en un conjunto de cadenas carbonatadas de propiedades similares al del diesel de origen fósil (> de C16), por lo que lo hacen apto para su uso en motores de combustión interna.

Las tecnologías aún están inmaduras y en muchos casos no pasan de planta piloto, debiendo aún ajustar los costes para lograr una rentabilidad apreciable.

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Barreras a la producción de algas con fines energéticos.

Una infinidad de estudios y artículos relacionados con la producción de algas para la obtención de energía han visto su momento álgido en la actualidad, en parte suscitado por la crisis económica internacional y también por la variación de los precios del crudo. Estamos ante una nueva era de tecnologías de cultivo, procesado, extracción…, en el que vendedores de crece pelo intentan colarnos la idea de que la actualmente la obtención de energía a partir de algas es viable tanto económicamente como medioambientalmente.

Habitualmente, en los diferentes medios de comunicación y congresos especializados se habla del potencial de las microalgas (< 200 µm) para la producción de aceite, el cual puede ser transformado en biodiesel. Esta línea energética marca la mayoría de las tendencias de desarrollo. Pero existe un gran número de posibilidades para estos bichitos. En primer lugar, no hay que cerrar la puerta al resto de especies de algas, que se diferencian, entre otras cosas, en el tamaño y no por ello dejan de ser  aptas. Así por ejemplo el caso de mesoalgas (200 µm – 3 cm) o macroalgas (> 3 cm) forman grupos de organismos con un gran potencial. Por tanto habría que generalizar el término y hablar de ALGAS para la producción de ENERGÍA y no sólo de biodiesel.

Es más, hablar de la producción de biodiesel en microalgas es una cuestión que está cayendo en saco roto, debido a que para obtener el porcentaje de aceite tan elevado que nos cuentan (60% o más del peso total en seco) se precisa llevar al organismo a unas condiciones de estrés muy fuertes, reduciendo de manera proporcional la biomasa que los conforma, es decir, más aceite  = menos unidad de superficie.

En la mayoría de los casos se olvida mencionar el potencial que algunos tipos de algas poseen para la producción de polisacáridos de los que se puede obtener bioetanol. Y no sólo hablamos de biocarburantes, sino de biomasa en general, susceptible de ser transformada en otros tipos de energía  mediante procesos de gasificación, biodigestión o procesos Fischer Tropsch.  También es de sobra conocido el uso de algas para la fabricación de medicamentos, sumado a la importancia que posee en el sector farmacéutico y en la producción de piensos animales. Por todo esto, desarrollar el concepto de BIOREFINERÍA, donde se contemplen todas las posibilidades comerciales en función del tipo de alga utilizada, será crucial para el crecimiento del sector.

El concepto de biorefinería  integra los procesos de conversión de biomasa y el equipamiento necesario para la producción de biocombustibles, energía y productos químicos. El término  es análogo al usado en las  refinerías de petróleo, en el que se producen una amplia variedad de combustibles y productos derivados.

Costes asociados a los fertilizantes, CO2 y agua.

Hay que establecer como axioma que para que un cultivo de algas sea rentable en la actualidad y que además sea sostenible tanto ecológicamente como económicamente debemos desechar la posibilidad de usar CO2 embotellado, agua de red y fertilizantes comerciales. El coste asociado a los fertilizantes (para el suministro de nitrógeno y fósforo principalmente) es aproximadamente del 40% del coste total, por lo que es inevitable la búsqueda de otras fuentes de nutrientes como los que pueden proporcionar las aguas residuales, los efluentes de piscifactorías y los lodos de depuradora.

En el caso del CO2 es un grave error interpuesto por los vendedores de humo, de que las algas pueden funcionar como secuestradores de dióxido de carbono o como sistemas de almacenamiento. En un cultivo de algas, entre un 20 y un 50% del CO2 suministrado es asimilado, mientras que el resto se pierde a la atmósfera. Por esta razón es ridículo pensar en el suministro de CO2 mediante botellas, ya que de esta manera el balance de emisiones siempre será positivo (a lo que habría que sumar las emisiones derivadas de la producción de CO2 para embotellar). Por tanto, es imprescindible suministrar al cultivo una fuente de carbono proveniente de focos de emisión ya establecidos, como los que se producen en las centrales térmicas, cementeras y otras actividades industriales.  La diferencia entre fijación de CO2 y secuestro se debe a una escala temporal, ya que mientras la fijación capta el carbono durante el periodo de vida del alga hasta su descomposición, el secuestro trata de almacenar los gases durante un periodo prolongado de tiempo sin que este pase a la atmósfera.

Por último, indicar que el uso de agua de red es una locura. Hay que dirigir los esfuerzos hacia el uso de otros tipos de agua no potable, como el agua de mar  o procedente de salinas, aguas de depuradora (sin elementos tóxicos ni patógenos) o aguas residuales derivadas de otras actividades industriales.

*Tendremos que estar preparados para el “desvanecimiento” del sector, cuando las falacias y el humo se disperse, para poder desarrollar un sector que ya es prometedor, pero que no va a salvar el mundo. Esto último, sólo depende de nosotros.

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Fracasan tres de las cinco plantas previstas en el puerto de Bilbao para producir biodiesel

Nuevamente desayunamos con la noticia de un nuevo batacazo de la industria del biodiesel y es que ya nadie se extraña de estos titulares tan catastrofistas. El artículo editado hoy en el diario “El correo” explica como se ha ido deshinchando la gran expectativa creada en torno a los llamados biocarburantes de primera generación por diferentes factores, tales como la importación de biocarburantes desde terceros países y la desacreditación que han ido sufriendo sobre su teórica sostenibilidad, sobre su posible reducción de combustibles de origen fósil o su capacidad para disminuir de manera significativa la emisión de gases de efecto invernadero.

Por más que se hayan presentado estudios a favor de la sostenibilidad de los biocarburantes, como el realizado por el CIEMAT “Análisis de Ciclo de Vida de Combustibles alternativos para el Transporte” o los estudios editados por APPA “Biocarburantes y Desarrollo Sostenible: Mitos y realidades” y “Nuevos indicios sobre la escasa incidencia de los biocarburantes en la evolución de los precios de las materias primas agrícolas” . Pero siempre nos acordamos de que es un tipo de energía renovable que arrasa con bosques, que afecta a zonas de alta biodiversidad o con gran capacidad de reserva de carbono y que estimulan la subida de los precios de los alimentos provocando hambrunas desmesuradas. Nada más incierto. Como ejemplo, os dejo una noticia donde se puede ver como el sector alimentario lleva realizando estas acciones desde hace bastante tiempo y que han encontrado en los biocarburantes su chivo expiatorio.

La realidad es que los biocarburantes son la única opción viable para la disminución de la dependencia de combustibles de origen fósil de procedencia exterior, contribuyendo decisivamente a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (entre un 35 y 50% antes del 2017) y otros contaminantes, incluyendo en este cálculo tanto las emisiones que puedan derivarse directamente de los cambios del uso del suelo como las de óxido de nitrógeno procedentes del uso de fertilizantes.

La realidad es que según las últimas estimaciones realizadas por la Comisión Europea señalan que el cumplimiento del objetivo de obligatoriedad del 10% para 2020, será posible dedicando un máximo de 12 millones de hectáreas de tierras en la UE, el 10% del total, donde España es uno de los países de la CEE que mayor porcentaje posee de tierras en desuso. No olvidemos que la ambición de los biocarburantes no es cubrir el 100% de la demanda de los combustibles, sino tan sólo una pequeña cantidad.

La realidad es que estas estimaciones se verán reducidas con la llegada de los denominados biocarburantes de segunda generación, como los derivados de la explotación de microalgas, del uso de residuos agrícolas-forestales-industriales, de cultivos energéticos non food…, que reducirá el espacio de tierra necesaria para su producción además de no competir con el sector alimentario.

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El gran negocio de la “ecología”

La palabra “ecología”, a priori, no debería ir ligada a “negocio”, pero tristemente en la mayoría de los casos es así. Hay un gran número de empresas privadas y gobiernos que han visto en la explotación de los términos ecología, medio ambiente o sostenibilidad, un filón de oro donde orientar sus iniciativas empresariales y políticas. Esto no debería ser así, porque lo que no se dan cuenta, es que sin medio ambiente no habrá ningún negocio que realizar.

Toda esta introducción viene a relacionar un artículo que os paso a continuación y que ya había leído con anterioridad, pero que aprovechando este espacio divulgativo, espero poder compartir:

http://www.greenpeace.org/raw/content/espana/reports/declive-acelerado-de-las-reser.pdf

Este artículo promovido por Green Peace, viene a explicar como la codicia, el capitalismo feroz y las políticas retrogradas, pueden disfrazarse de verde y promover sus proyectos con una fachada de sostenibilidad y ecología.

A raíz de la crisis de las vacas locas, donde el comercio de grasas y aceites se vio fuertemente afectado, empresas dedicadas a los cosméticos, higiene, alimentación y en último término los biocarburantes, han encontrado en el aceite de palma un perfecto sustituto para sus productos. Hasta aquí todo correcto. El problema surge cuando las plantaciones de palma aceitera se da en lugares con una gran importancia ecológica, como es el caso de los bosques de turberas de Indonesia y Malasia, que concentran una gran cantidad de carbono inmovilizado durante cientos-miles de años y que puede pasar a la atmósfera en forma de dióxido de carbono. Estos bosques están siendo brutalmente deforestados, tal y como denunció ya en 2007 Green Peace, para la implantación de cultivos de palma y el desarrollo de una industria ligada a su refino. Sólamente la destrucción de estos bosques con una extensión similar a la de Extremadura, puede emitir 14,6 gigatoneldas (GT) de CO2, el equivalente a las emisiones mundiales en un año.

Grandes grupos alimentarios, cosméticos y productores de biocarburantes (a los que trato de defender, pero que en ocasiones como estas tengo que denunciar), son los responsables, no sólo de la emisión de enormes cantidades de CO2, sino también de grandes espacios arbolados, ecosistemas vulnerables, reservas naturales y suelo orgánico. Las turberas en Indonesia están legalmente protegidas cuando exceden los tres metros de profundidad, aunque en la actualidad se pueden encontrar zonas deforestadas para su uso en cultivos de palma con 3,5 metros en incluso 8metros. Que puede mover a estos grupos o empresas privadas a realizar semejante salvajada?? La respuesta está clara.

En la actualidad es muy fácil colgarse la etiqueta de “eco” o “verde”, pero en la mayoría de los casos no es más que un nuevo método de MARKETING.

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Microalgas, estado del arte (2.- Producción de biomasa a partir de algas)

Por norma general podemos afirmar que la producción de biomasa a partir de microalgas es más cara que la obtenida mediante el cultivo de especies tradicionales terrestres. La explotación de cultivos terrestres posee un rango de producción que ha sido mejorado durante miles de años mediante su uso alimentario. Tanto la maquinaria como las labores culturales se encuentran totalmente adaptadas y muy evolucionadas. Pero, son los organismos fotosintéticos terrestres los más eficientes desde el punto de vista fotosintético??

El crecimiento fotosintético requiere luz, dióxido de carbono, agua y sales inorgánicas. Las plantas tradicionales desarrollan diferentes sistemas tisulares que desarrollan diversas funciones. La energía transformada en las zonas verdes (hojas y en ocasiones tallos) tiene la principal función de garantizar la supervivencia de la planta y para ello se concentra en mayor cantidad en los frutos-semillas, por lo que gran parte de la energía asimilada se “perderá” en desarrollar el resto de los tejidos. Sin embargo, en el caso de las microalgas, se puede afirmar que será toda la superficie del organismo el que realice la función fotosintética, obteniendo un mayor rendimiento en la transformación de la energía lumínica a energía química. Esto coloca a las microalgas en la base de la cadena trófica, transmitiendo la energía al resto de escalones.

Un crecimiento medio de las microalgas precisa una serie de elementos inorgánicos que constituirán la célula. Los elementos denominados esenciales incluyen nitrógeno, fósforo, metales y en algunos casos silicio. Unos requerimientos mínimos nutricionales podrían ser estimados usando una aproximación a la formula molecular de su biomasa:

CO 0.48 – H 1.83 – N 0.11 – P 0.01

Los nutrientes como el fósforo deben ser suministrados en exceso debido a que la mayoría de las formas en las que se encuentra están en forma de complejos metálicos, por lo que no todo el fósforo es bioasimilable. El agua del mar suplementada con fertilizantes comerciales nitrogenados y fosforados con una pequeña cantidad de otros micronutrientes es comúnmente usado para el desarrollo de microalgas marinas (Molina Grima et al., 1999)

La biomasa de microalgas contiene aproximadamente un 50% de carbono de base seca (Sanchez Mirón et al., 2003). Todo este carbono deriva del CO2 atmosférico. Una producción de 100 Tn de biomasa de algas ha fijado de media 183 Tn de dióxido de carbono. El CO2 debe ser suministrado de manera continua durante las horas de luz y controlado mediante sensores de pH que minimizan las pérdidas por exceso de inputs y regulan la acidez. Para la producción de biodiesel, el uso de CO2 procedente de plantas que usan recursos fósiles para la obtención de energía, posee un gran potencial debido a que está generalmente disponible y tendría un bajo o nulo coste (Sawayama et al., 1995; Yun et al., 1997)

Teóricamente, el biodiesel procedente de microalgas puede poseer un balance de CO2 neutro, siempre y cuando la energía necesaria para la producción y el procesamiento del alga viniera de la combustión del propio biodiesel y del metano producido en la digestión anaerobia del residuo de biomasa generado tras la extracción del aceite.

La producción de biomasa a gran escala usa generalmente cultivos continuos durante las horas de luz, en el que la inclusión de medio de cultivo fresco en cantidades constantes y la retirada de microalgas es un proceso continuo. El aporte de nutrientes cesa durante la noche, mientras que la mezcla y homogenización del cultivo debe ser continuo, para prevenir la sedimentación de la biomasa. Aproximadamente un 25% de la biomasa producida durante el día se pierde en horas de oscuridad debido a la respiración celular. Dicho porcentaje depende de los niveles de luminosidad en los que el alga ha crecido, la temperatura del cultivo y la temperatura de las horas donde no hay luz. Los métodos utilizados para la producción de microalgas a gran escala son los sistemas abiertos de “raceway ponds” y cerrados o “fotobioreactores”.

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Microalgas, estado del arte (1.- Introducción)

Saludos Bloggeros. Este post será el inicio de una serie, que espero disfrutéis, sobre las microalgas y su cultivo para la producción de energía, además de las tecnologías existentes de explotación, que están haciendo de estos microorganismos una nueva fuente de materia prima renovable.

Microalgas, estado del arte (1.- Introducción)

Las microalgas se definen como organismos unicelulares fotosintéticos que abundan en aguas dulces, salobres y ecosistemas marinos de toda la tierra. Estos organismos al igual que la plantas, son capaces de utilizar el CO2 y la luz solar para generar complejas biomoléculas necesarias para su supervivencia. Un tipo de moléculas sintetizadas por algunas especies son los lípidos neutros o triacilgliceroles (TAG´s), que bajo ciertas condiciones de stress pueden acumular una cantidad importante de lípidos (más del 50% de su peso celular en seco).

La biodiversidad de las microalgas es enorme, con decenas de miles de especies que han sido descritas y con más de 10 millones existentes aún por catalogar. Se clasifican en procariotas (cianobacterias o algas verdeazuladas) y eucariotas.

Existen diferentes aspectos que hacen de la producción de biocombustibles a partir de algas un interesante campo donde investigadores y empresarios han depositado su atención:

- Alta productividad por hectárea, en comparación con los cultivos tradicionales
- Materia prima basada en usos non-food
- Uso de tierras no productivas o no arables.
- Utilización de un amplio rango de tipos de aguas (dulce, salobres, marinas y residuales)
- Producción de varios tipos de biocombustibles y subproductos valorizables.

Existe el consenso general de que se deben considerar aún muchas cuestiones dirigidas al I+D, necesarias para llevar a cabo una comprensión fundamental de las tecnologías de escalado, para producir biocombustibles de una forma sostenible y económica suficiente para competir con los productos basados en el petróleo. Para acelerar este sector sería necesario establecer un banco de cepas de acceso directo con información sobre sus rendimientos, crecimiento, limitaciones…, evitando de esta manera la duplicación de esfuerzos que en muchas ocasiones se producen entre instituciones de investigación.

Las investigaciones llevadas a cabo durante los últimos 50 años han demostrado que las microalgas son capaces de producir una amplia cantidad de intermediarios químicos e hidrocarburos que ofrecen la posibilidad de sustituir los productos derivados del petróleo o del gas natural. Tres componentes principales pueden ser extraídos de la biomasa de las microalgas; lípidos (incluyendo triglicéridos y ácidos grasos), carbohidratos y proteínas. La bioconversión de estos productos en alcoholes, metano, hidrógeno, ácidos orgánicos y la conversión catalítica de parafinas, olefinas y compuestos aromáticos, hacen de la explotación de las microalgas una verdadera industria de biorefinería.

Las microalgas juegan un importante rol en la capacidad productiva global. Aunque producen solamente el 0,2% de la fotosíntesis de la biomasa, se estima que aproximadamente realizan la fijación del 50% del carbono orgánico global y que contribuyen entre el 40-50% a la oxigenación de la atmósfera.

Bajo las limitaciones de las tecnologías actuales, las algas pueden convertir el 15% de la radiación solar disponible mediante fotosíntesis (PAR-photosynthetic available radiation) o aproximadamente el 6% de la radiación incidente total. En contraste, los cultivos terrestres, poseen una eficiencia de conversión fotosintética menor. Por ejemplo, la caña de azúcar, uno de los cultivos terrestres más productivos, no superan en ningún caso el 3,5-4% de PAR.

En este nuevo campo de obtención de energía primaria, existe como en la mayoría, una serie de barreras técnicas, económicas y regulatorias que deben ser solventadas para lograr el desarrollo de una industria a gran escala basada en los biocombustibles de origen renovable.

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Biopolímeros plásticos de origen renovable

La necesidad de reducir el alto grado de dependencia de los compuestos de origen fósil, hace pensar en la incorporación dentro de la cadena del petróleo de materias primas renovables, que no sólo afecten a la producción energética sino también a los productos derivados de la industria petroquímica, como los plásticos. Esta posibilidad viene dada entre otras, por la producción de polímeros biodegradables, a partir de una fuente de carbono residual como materia prima.

Para la producción de materiales plásticos comunes, se usan reservas fósiles no renovables, lo que contribuye al agotamiento de las reservas energéticas naturales que el planeta posee, contribuyendo al aumento de los gases de efecto invernadero (GEI). Estos materiales convencionales, por su propia naturaleza, son estables desde el punto de vista químico, lo que quiere decir que permanecen inalterados durante largos periodos de tiempo en el medio ambiente.

Los biopolímeros plásticos de origen renovables son unas estructuras moleculares compuestas por cadenas de monómeros, que en conjunto poseen una estructura y propiedades similares a los plásticos de origen fósil. Usando como materia prima para la fermentación bacteriana de fuentes de carbono de origen renovable, como pueden ser los azucares procedentes de cultivos energéticos o los residuos generados en diferentes industrias (biodiesel, aguas residuales, biomasa…) se pueden conseguir dichos biopolímeros, con la propiedad fundamental de que son biodegradables y totalmente inocuos en el momento de su descomposición.

En el caso de usar como materia prima, los residuos obtenidos en la industria del biodiesel (glicerina cruda), los biopolímeros con mayor proyección son el PLA (ácido poliláctico) y el PHA (polihidroxialcanatos), obtenidos mediante fermentación bacteriana y con propiedades similares a los termoplásticos.

Las propiedades y características de biodegradabilidad que dichos polímeros poseen, les hacen muy versátiles para un gran número de funciones, como por ejemplo su uso en el packaging (envases), utilidades biomédicas (suturas, temporary sccalfolds, capsulas de liberación controlada y cirugía facial) principalmente.

Acido Poliláctico (PLA):

El ácido poliláctico o PLA es un polímero del ácido láctico que puede reemplazar a los polímeros basados en recursos no renovables. Las ventajas son su biodegradabilidad y su posible procedencia a partir de materias primas renovables. La principal ruta seguida actualmente para la producción comercial de ácido láctico está basada en el uso de sustratos azucarados o amiláceos (normalmente de origen vegetal) por parte de bacterias fermentativas.

Entre los diferentes materiales plásticos biodegradables, el ácido poliláctico (PLA) es el que mayor potencial posee como sustituto del plástico convencional, porque además de sus excelentes propiedades mecánicas y físicas, puede ser procesado por la maquinaria ya existente. El PLA es también un material muy versátil ya que puede ser elaborado con varias formulaciones para alcanzar la mayoría de especificaciones de los diferentes productos.

Polihidroxialcanato (PHA)

Los polihidroxialcanoatos (PHAs), son polímeros producidos como material de reserva por diversos grupos bacterianos que resultan de gran aplicación en biotecnología y en la industria farmacéutica. Son sintetizados cuando el medio de cultivo posee una fuente de carbono en exceso y un defecto de otro tipo de nutriente, normalmente nitrógeno o fósforo. Se depositan en las bacterias como cuerpos de inclusión, ocupando incluso más del 90% del peso, que serán utilizados como fuente de carbono y energía en condiciones de escasez nutricional.

El polihidroxialcanato más conocido y usado es el ácido poli-3-hidroxibutírico (PHB). Las propiedades del polímero que forma son similares a las del propileno, por lo que se define como un termoplástico. La diferencia principal que posee con los polímeros derivados del petróleo es su biodegradabilidad por microorganismos (bacterias, hongos y algas) que transforman el PHA en sustancias inocuas tales como CO2 y agua.

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Fin de las prácticas desleales estadounidenses.

El pasado 13 de marzo de 2009, entró POR FIN en vigor la obligatoriedad de una imposición arancelaria al biodiesel procedente de Estados Unidos, poniendo fin a dos años de dumping y a las subvenciones no permitidas por la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Desde el año 2007, APPA (asociación de productores de energías renovables) ha perseguido lo que, a juicio de muchos empresarios españoles, ha sido un atraco a mano armada y que ha repercutido en pérdidas millonarias para nuestra industria del biodiesel. Todo esto se debe a que el biodiesel producido en EEUU, posee una conjunto de subvenciones que le permite ser vendido a la Unión Europea a precios muchos más bajos que su país, representando una acción de “dumping”.

Tras arduas denuncias a Bruselas, por fin se creó una comisión consultiva de investigación que ha refrendado estas acusaciones, por lo que la UE aplicará derechos arancelarios al biodiesel procedente de EEUU (6,5 % ad valorem) en todos sus puestos fronterizos aduaneros como medidas “antidumping” y “antisubvención”, que compensará los precios. Las medidas serán adoptadas para el B100 y mezclas mayores de B20 para un plazo de 4 meses y prorrogable a 5 años si así lo determina la comisión.

El biodiesel estadounidense llegó a representar el 60% del mercado español, con los consiguientes perjuicios para nuestra industria, que no se verá indemnizada, debido a que la nueva normativa no tiene carácter retroactivo. También cabe resaltar de que manera ha influido este biodiesel Americano en nuestro país, no sólo en detrimento de nuestras empresas, sino en la calidad de las mezclas producidas, ya que la normativa americana de control de calidad ASTM es menos restrictiva que la europea EN-14214, produciendo en este caso biodiesel más barato y de peor calidad.

Ahora habrá que tener cuidado con el desarrollo de nuevas tácticas de elusión de los aranceles que Estados Unidos está preparando, como la venta a través de tercero países como Argentina, Noruega, México y Turquía entre otros.

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Glicerina de biodiesel. Sigue siendo un problema?

La glicerina cruda obtenida en la industria del biodiesel, posee el gran inconveniente de estar compuesta por una serie de componentes miscibles entre sí y de propiedades químicas muy diferentes (metanol, potasio, agua, ácidos grasos libres y glicerina).

Por esta razón la glicerina sigue siendo el gran problema de las plantas de biodiesel. En mi caso he trabajado en varias y realizado proyectos para su posible valorización. Os pongo unos ejemplos de lo que hicimos y en la actualidad seguimos haciendo:

1. Incineración de la glicerina en quemadores especiales para la combustión completa, evitando así la formación de acroleínas cancerígenas. Su finalidad es la producción de electricidad por ciclo de vapor. Es evidente el poder calorífico que la glicerina posee, pero la heterogeneidad de los componentes que la acompañan en su forma cruda tras la producción de biodiesel, hacen de su uso directo un parámetro limitante. Si bien se puede separar la glicerina mediante spliting (acidificación) para obtener una pureza en torno al 80%, este método conllevaría nuevos gastos asociados a los de las tecnologías de combustión. Lo ideal, como en los siguientes procesos, sería utilizar la glicerina cruda directamente, aprovechando el poder calorífico de otros componentes como el metanol, pero con un sistema eficiente de retiradas de cenizas generadas por los minerales inorgánicos originados.

2. Producción de biopolímeros plásticos por la fermentación anaerobia de la glicerina cruda en forma de PHA y PLA. De esta forma, cabe la posibilidad de usar la glicerina como fuente de carbono en bacterias lácticas o productoras de PHA, con la intención de que mediante mejora genética permitan el uso directo de glicerina cruda.

3. Producción de diesel sintético o mineral, mediante cracking catalítico por despolimerización. (sistema KDV). Este método consiste en la despolimerización mediante catalito, a bajas temperaturas y presiones, para la producción de un diesel mineral, de mejores propiedades que el diesel convencional, ya que se mejoran factores como el índice de cetano, el contenido de azufre y con la ventaja sobre el biodiesel de 1ª generación de no usar cultivos de uso alimentario.

Otros procesos como la biogasificación, gasificación, procesos Fisher-Tropsch…, se están desarrollando en la actualidad pero únicamente a nivel I+D. La purificación de la glicerina hasta grado farmacéutico no es rentable con las tecnologías actuales, por eso nadie ha intentado si quiera atreverse a realizar esta vía. La glicerina cruda sigue siendo un problema real que limita la ya muy mermada capacidad de las plantas de biodiesel, que se mantienen con vida todavía.

Esperemos que los cultivos energéticos de uso no alimentario, así como las tecnologías de segunda generación den un respiro para poder afrontar los gastos que supone la valorización de la glicerina.

 

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