Más sombras sobre la investigación con células madre…

Cuando todavía resuenan truenos lejanos de la tormenta surcoreana del timador Hwang y sus falsos resultados con clones humanos obtenidos por transferencia nuclear, nuevos nubarrones oscurecen el panorama del otro frente de investigación: las células madre adultas…

Todavía recuerdo aquel simposio europeo sobre medicina regenerativa celebrado en el salón de actos de la Fundación Ramón Areces (Madrid). Me llamó mucho la atención la presencia de varios representantes de la iglesia católica en las conferencias. Se habló de la investigación y posibilidades terapéuticas de las células madre adultas. De vez en cuando, se comparaba con los datos sobre células madre de origen embrionario, en clara desventaja, por lo menos en boca de la mayoría de los conferenciantes, de estas últimas. Todavía no había salido a la luz la polémica sobre el fraude científico del científico Woo-Suk Hwang. Claro, tampoco habían salido dichos trabajos polémicos. Cuando los acontecimientos se desataron, muchos de los detractores de la investigación con embriones vieron la justificación de sus temores en estas manipulaciones embrionarias.

 

Ahora, un par de años después de todo aquello, ya en el horizonte de la ignominia científica, aparecen nuevos titulares: “Un experimento clave de células madre adultas, bajo sospecha”. Su responsable, Catherine Verfaillie (y su grupo), del Instituto de Células Madre de la Universidad de Minnesota (EE.UU.). Aquella elegante y elocuente científica me sorprendió con la descripción de un nuevo tipo de células madre adultas, con casi todas las ventajas de las células embrionarias (capacidad de pluridiferenciación) y casi ninguna de sus desventaja (exceso de proliferación). Las MAPC (Multipotent Adult Progenitor Cells) o células madre adultas multipotentes podrían significar el fin de la controversia células adultas- células embrionarias: fáciles de obtener (en ratón) del mesénquima de la médula ósea, de cultivar y diferenciar en prácticamente cualquier tejido deseado de todas las capas embrionarias. Ya nos avisaba que no se había visto algo similar en humanos. Unos años más tarde, en unas Jornadas Internacionales sobre células madre en Gijón, la investigación no había avanzado significativamente.

 

Ahora, sin embargo, sí hay novedades. Malas novedades. Ningún otro grupo de científicos fue capaz de reproducir sus resultados. Expertos que analizaron los resultados, al parecer por sugerencia de la propia universidad de Minnesota, han sugerido que contienen datos “significativamente falsos”. Algo debe andar realmente mal cuando la propia Verfaillie ha reconocido lo que eufemísticamente ha denominado “algunos errores” al tratar de explicar que datos de su Nature polémico aparecieran en otras publicaciones referidos a otras células.

 

Según otros expertos, células multipotenciales podrían ser obtenidas desde células adultas de ratón aunque, seguramente, con menos flexibilidad de lo anunciado “a bombo y platillo… de Nature” por el grupo cuestionado.

 

¿Por qué estamos asistiendo a estas bochornosas polémicas? Así, a bote pronto, se me aparecen dos visiones (en estas horas tardías de un caluroso viernes de preprimavera): o bien la fama (con su vertiente económica) de ser el primero en clavar la bandera en un filón por descubrir (como Hwang) o alguna presión social quería forzar decisiones políticas sobre la balanza presupuestaria referente a proyectos con células madre embrionarias versus adultas… Eso sí… ¡sin acritud!

 

JAL (CBM-UAM)

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Comentarios

Hola muy buenas. Soy un estudiante de la nueva Licenciatura de Biotecnología en Valencia y hace un par de meses descubrí tu blog. En primer lugar darte la enhorabuena por el mismo, y en segundo lugar animarte a que publiques más artículos de este tipo, referidos a la situación actual de la "farándula" científica, ya que al menos para mí (aún con mi mundo de yupi universitario) resultan muy útiles. Un saludo y hasta que me atreva a escribir otra vez

Hola JAL,

Te recomiendo que te leas la Anatomía del Fraude Científico. No es un libro escandaloso, sino que analiza las razones. Y aunque parezca mentira fue una razón para que los NHI establecienran comisiones antifraude.

La supercompetitividad no la soporta todo el mundo, ewso está claro. Pero también me indigna tanto que se hable del caso Coreano cuando en USA han tenido varios así, Gallo, Baltimore, etc.

Yo creo que por fin comienza a crearse incipientemente una cultura antifraude, como siempre en USA, y como siempre llegará aquí con retraso, en donde una Cimisón de Etática ni ha considerado la posibilidad de analizar el fraude y la mala praxis científica.

El caso de la biología molecular y biomédica es especialmente alarmante debido a que la competitividad es mayor, así como a la imbricación de la Farma-Industria. Pero que algo no funciona bien lo manifistan ya varios estudios de PlosOne, que son demoledores.

Los científicos somos seres humanos y como en otros segmentos de la Sociedad, cierta gente sucumbe a las tentaciones. Por tanto deberá formar parte de la cultura científica no autoalabarse y pensar que somos unos santones incapaces de (…) Adoptar la postura del Avestruz no conduce más que a una demora en encontrar soluciones. Inisto en que te leas el libro metado

Cordiales saludos

Juanjo Ibáñez

Saludos

Algo huele a podrido en mundo de la generosidad, el cosmopolitismo y rigor.

A lo mejor es que la ciencia no es un actividad que nos acerca a Dios, sino una actividad humana contingente.

A lo mejor es que las idelologías y religiones forman parte intrinseca del momento científico.

A lo mejor no sólo los militares, las multinacionales, los santones de la ciencia y los servcios secretos tiene intereses en este negocio.

Todos quieren tener razón, todos quieren tener la ciencia

Gracias JAL, primero en clase y ahora en el blog, siempre abriendo puertas a la inteligencia

Unos comentarios que más bien son una pequeña reflexión de lunes por la mañana a la llegada al laboratorio todavía tranquilo.

El tema del fraude científico siempre me ha parecido un absurdo.
¿Que científico con dos dedos de frente no tiene en cuenta que un bombazo del nivel del que se comenta aquí, no va a ser examinado con lupa –o microscopio electrónico, quizá más apropiado- por los mejores grupos del momento?
A fin de cuentas se trata de publicaciones con el potencial de condicionar áreas enteras de investigación, y -casualmente- cantidades de dinero bastante impresionantes.
Admitiendo que las personas con la capacidad de organizar un fraude de este nivel, no son precisamente tontas, solo cabe pensar que o bien son unos visionarios autoconvencidos más allá de toda duda de los que hay en cualquier ámbito humano o que el sistema actual de reconocimiento científico, en el que lo que prima no es ser el mejor o más sólido sino el primero y más llamativo, está generando una nueva subespecie, el “científico de riesgo”.
Su paralelo con el concepto de capital riesgo es inmediato. Se trataría de personas que con una base experimental mínima o cuestionable se arriesgan a presentar “datos que deben salir así” como reales. Sí sale bien (poco probable en el futuro inmediato o habría salido) fenómeno somos los primeros y nos forramos. Si sale mal…, bueno nunca va a salir mal y aún así en muchos casos no parece que se pierda demasiado. Por otro lado los “hiper-journals” en los que suelen hacerse estas comunicaciones, se lavan las manos, se quejan de la imposibilidad de detectar los fraudes por la necesidad de publicarlo rápidamente (no vaya a aparecer en la competencia) y de paso tienen un efecto positivo en su “Indice de Impacto” (Factor de calificación de la relevancia de las revistas científicas basado en su difusión y citaciones, sobre el que creo se ha discutido aquí con anterioridad) dado que durante los próximos años todo el mundo del campo citará las publicaciones para indicar su disconformidad.

¿Hay solución para evitar que este fenómeno siga adelante?
En el contexto actual de la investigación científica difícilmente. Se han introducido demasiadas tensiones mercantilistas y de "marketing" en el mundo de la investigación académica. Es cierto que siempre las ha habido. Cualquier científico sueña y ha soñado, con que sus descubrimientos revolucionen el mundo y de paso poder vivir mejor. Pero en los últimos tiempos se está forzando de forma muy excesiva el aspecto competitivo y económico de la investigación. Ello esta llevando como comentaba antes, a una pérdida de calidad y rigor científicos entendiendo como tal no donde se publica un resultado, sino la validez y solidez de ese resultado. Llevado al extremo no es difícil comprender que antes o después surja alguna figura como los implicados en los grandes escándalos científicos de estos tiempos. Quizá más preocupante sea poder estimar cuanto “defraudadores” de segundo nivel –me invento esto para pedir un proyecto, o aquello para completar un trabajillo, total no es nada muy relevante- están socavando el sistema científico. Más peligrosos me parecen éstos aunque sólo sea por la dificultad de su detección y por lo que su proliferación supone en el contexto de la ética del científico.

Quizá todo esto no sea más que otra manifestación de algo que parece bien establecido en nuestra sociedad: Los principios éticos no son rentables.
Perdonad el latazo pero es un tema que como científico me preocupa demasiado.
Buen día a todos

[Esto no tiene nada que ver con el blog de hoy]
Buenas;
Sólo escribo para darte un consejito a la hora de enlazar artículos que seguro te facilita la tarea.
Me refiero a usar el DOI (digital object identifier), es un código que se le asigna a todos los artículos y si los enlazas a través de él te aseguras de que ese enlace no va a cambiar nunca. Más info sobre el doi en http://www.doi.org
Usarlo es muy fácil, sólo tienes que poner el enlace dirigido hacia http://dx.doi.org/CODIGO sustituyendo CODIGO por el DOI del artículo citado. Me explico, en el blog de hoy citas un Nature usando este enlace
http://www.nature.com/nature/journal/v418/n6893/abs/nature00870.html;jsessionid=0DB865A44162D0FE87684FE8FE0E50AD
y si usases su doi sería
http://dx.doi.org/10.1038/nature00870
Para saber el código doi de los artículos basta con buscarlos en cualquier base de datos de abstracts (ISI, FSTA, Scopus, Pubmed…)

Un saludo
Jose

Gracias Radiant, Juanjo y todos los demás por vuestros comentarios. Efectivamente, lo de Gallo también tuvo su aquel. En ese caso, la investigación no fue un fraude, aunque sí la forma de intentar llegar al pastel de los Royalties (adueñándose del descubrimiento de otros…).
En fin… que como pobres, "semos" todos muy honraos… Cuando nos muestran la tarta (hoy estoy con gula…) y hay pocas raciones…

Como dicen mis amigos… por eso nunca dejaré de ser pobre…
Un abrazo.
JAL

Perdona, Jose, he ido al Pubmed a buscar el código doi del artículo. ¿Dónde se obtiene?
Un saludo.
JAL

En realidad, todo experimento es susceptible de que se le retuerza el brazo lo suficiente hasta que confiese lo que queremos ;)

realmente no se mucho del tema, pero con esto lo unico que se consigue es desenfocar la finalidad del uso de las celulas madre(embrionarias o en este caso adultas multipotentes), ya que algunos intentan llevarse el merito de las cosas aun cuando dicen que comenten "pequeños errores" en cuanto a las células madre adultas. Sin, embargo, como queda demostrado una vez mas, la gente que esta a la sombra de todo esto, son los que sin la necesidad de ser el primero en demostrar las cosas, son los que estan intentando un estudio objetivo sin mas meta que la de entender un poco mas el uso de celulas madre como fin de ayuda a la gente y no como un medio de autorreconocimiento.

Gracias a JAL por dejarme entrar en un mundo apasionante en el que aun estamos en "calzones"
Estudiante de 2º de biologia

Hola a todos:

Sólo quería comentar que Catherine Verfaille y su grupo, dentro del centro de investigación en que se encuentran, ofrecen un curso para aprender a obtener, cultivar y diferenciar estas MAPCs, supuestamente tal y como ellos publican. Podéis encontrar el programa en la página del Instituto de Células Madre de la Universidad de Minessota como "MAPC training program"

Sin meterme en si es un fraude o no, es una pena que la competitividad lleve a estos extremos. Me gustaría de verdad que los resultados que muestra este grupo fueran reales. Algunos estamos intentando trabajar con células derivadas de médula ósea como alternativa a las células madre embrionarias. Una posible fuente de progenitores aptos para la terapia celular…..¿un sueño? Es posible. Pero al menos seguiremos intentándolo hasta que, siempre de una forma ética y consistente, podamos demostrar la obtención de tipos celulares de distintos linajes….o lo abandonemos porque realmente no funciona.

La esperanza es lo último que se pierde…

Un saludo,

Virginia

primeramente reciba un saludo de mi parte,me interesa mucho su investigación sobre las celulas y me gustaria que me enviara los ultimos articulos sobre las celulas madres. soy una alumna que sigue la carrera de bioquímica y farmacia, es por eso que me interesa mucho su investigación.

Hola Maura,
te envío la url de mi página web, donde podrás encontrar algunos de mis libros sobre el tema, por si te interesan.
Un saludo.
JAL
http://www2.cbm.uam.es/jalopez/personal/jal.htm

qmas como estan me parece muy interesante su articulo pues la "farandula" medica no deja de sorprender pues todos nos peliamos por un prestidio social, pero por favor estamos hablando de de una inestigacion que puede revolucionar la historia no de cualquier cosa asi que gracia por "ecarlos al charco" definitivamente el calor del prestio ya nos los deja pensar a los supuestos cientificoa entregados a la ciencia

un saludo

“No hubo nunca nazis en Alemania”

En 1961 se filmó una espléndida película titulada ¿Vencedores o vencidos? (Judgement at Nuremberg en su versión original). Dirigida por Stanley Kramer, relata el juicio contra un grupo de juristas alemanes acusados de crímenes contra la humanidad en el ejercicio de su profesión durante el periodo hitleriano (1933-1945). Se trata de un trabajo cinematográfico soberbio, con grandes actuaciones que muestran descarnadamente los dilemas ideológicos y sus consecuencias morales, ya que no sólo se juzga a las personas, los acusados, sino también a toda una sociedad según va quedando más claro conforme avanza el film que todas aquellas atrocidades, revestidas de legalidad y aplicadas por juristas profesionales, nunca hubieran podido tener lugar sin la complicidad o aquiescencia del grueso del pueblo alemán. En un pasaje, el tenaz fiscal militar norteamericano, magníficamente interpretado por Richard Widmark, luego de relatar los delitos particularmente atroces cometidos durante aquel negro periodo, muestra un mapa del territorio ocupado en algún momento por Alemania donde se señala la localización de los campos de exterminio. Además de los tristemente más célebres (Buchenwald, Mauthausen, Auschwitz o Majdanek) también había una miríada de campos, la mayoría, no tan conocidos pero con una historia igualmente ominosa (Flossenbürg, Belzec, Neuengamme, Hinzert y tantos más). Uno de los aspectos más inquietantes es que estaban junto a poblaciones habitadas por ciudadanos corrientes que a la fuerza tenían que saber de su existencia y el uso al que estaban destinados. No obstante las abrumadoras piezas de convicción, muy pocos estaban dispuestos a asumir su cuota de responsabilidad de aquella sociedad que había permitido y auspiciado, cuando no aplaudido, la comisión de crímenes a una escala industrial inédita hasta entonces. El fiscal termina su acusación señalando la paradoja de que, a despecho de las pruebas, aquello había sucedido a pesar de que “no hubo nunca nazis en Alemania”.

Debería existir una preocupación cada vez mayor por la creciente cantidad de ciencia falsa que se publica. Ha habido una serie de grandes escándalos alrededor de la ciencia que, considerando la resonancia cada día mayor de ésta, puede hacer peligrar la inexcusable confianza social de la que depende para poder llevar a cabo su labor. Un brillante y joven físico alemán, Jan Hendrik Schön, se había labrado una envidiable reputación por su capacidad de manipular individualmente los átomos y las moléculas con una destreza sin igual. De acuerdo a los datos que publicaba en las mejores revistas (Science y Nature fueron, naturalmente, las presas más codiciadas) a una velocidad que ahora resulta asombrosa pero que en sus momentos de gloria no pareció sorprender a nadie, sus experimentos funcionaban siempre. Con poco más de 30 años, acumulaba alrededor de 80 publicaciones y era uno de los más firmes candidatos al Nobel de Física. Schön empezó en 1997 en los prestigiosos laboratorios Bell, cantera de varios premios Nobel. Un respetado físico, Bertram Batlogg, fue su mentor y vio en él a la persona competente necesaria para llevar a cabo el diseño y desarrollo de experimentos muy complejos. En particular quería probar que los cristales simples de determinados materiales orgánicos eran capaces de usarse como transistores y otros elementos esenciales en la industria cibernética. Desde luego no era la primera vez que se intentaba. Varios investigadores habían obtenido decepcionantes resultados con el manejo de series de cristales orgánicos pues la corriente se transmitía poco y mal a su través. Batlogg estaba convencido de que el empleo de un cristal homogéneo permitiría el paso de la electricidad de manera fluida. Tras diferentes pruebas, un cristal de pentaceno condujo tan bien la electricidad que podía ser empleado como un transistor. Schön y sus colegas decidieron hacer pruebas que en sus manos no podían ser otra cosa que un clamoroso éxito: el pentaceno, un plástico, podía operar como un transistor. En su imparable carrera, Schön publicó que había obtenido un transistor a partir de un solo estrato de moléculas. Muy poco después, en otro artículo describía un transistor diferente fabricado con sólo una molécula que sin embargo funcionaba como un transistor normal.

Pero el diablo, que dicen que nunca duerme, hizo que algunos colegas observadores cayeran en la cuenta de lo mucho que se parecían algunas figuras incluídas en artículos diferentes. Paul Solomon, de la empresa IBM, comenzó a sospechar escribiendo a Nature una carta en la que expresaba su inquietud ante experimentos tan asombrosos. Con su rigor acostumbrado, la revista nunca publicó la carta de Solomon a pesar de saber que algunos de los revisores de los artículos de Schön ya habían manifestado sus reservas en la misma dirección. Deliberadamente, Nature ignoró las señales de alarma que algunos empezaban a hacerle llegar.

Por entonces, la empresa de quien dependía el laboratorio que empleaba a Schön empezó a acumular pérdidas; vió en la difusión de las proezas de su joven figura una forma eficaz de contrarrestar aquéllas pues los hallazgos “llevaban a la última frontera la miniaturización electrónica”. No parecía importarles que el superior de Schön, Batlogg, ya no estaba para supervisar el trabajo de aquél, ni que, discretamente desde luego, algunos colegas de laboratorio de Schön tuvieran dudas más que perturbadoras de la veracidad de sus datos. Cuando el escándalo ya no se pudo ocultar por más tiempo, los laboratorios Bell crearon un comité que estudió el asunto. Al día siguiente de recibir el informe de dicho comité, los laboratorios Bell expulsaron a Schön. En sus conclusiones demostraba que en tres años había inventado, alterado o falsificado no menos de 16 artículos científicos. Nadie compartió responsabilidades con él.

Aquí tampoco “había habido nazis”. Ni Batlogg, superior y consecuentemente responsable de las actividades de Schön con quien sin duda hubiera compartido el premio Nobel de no haberse descubierto la tramoya, ni Science ni Nature, a pesar de saber que había fundadas sospechas de manipulación, ni los laboratorios Bell, ni los coautores de al menos 16 artículos, como los alemanes normales durante el periodo hitleriano de la película, no vieron ni supieron nada. También como en la película, sin la complicidad de estos elementos, Schön nunca hubiera podido llevar a cabo sus fraudes a la escala en que lo hizo. Como en la película, él solo respondió y pagó por sus delitos científicos.

En junio de 2005 se publicó un estudio que a mí me resultó muy poco tranquilizador (Scientist behaving badly. (2005). Nature, 435, pp.737-738). Tres investigadores norteamericanos analizaron cuantitativamente 10 malos usos científicos mayores que incluían, entre otros, la fabricación de datos, plagio, abuso de información confidencial o cambios en los diseños y en los resultados experimentales, y cinco menores como publicar los mismos datos dos o más veces o su inadecuado registro. Se enviaron algo más de 7.000 cuestionarios a otros tantos investigadores del campo de la biomedicina a los que se pedía, bajo estricto anonimato, que respondieran si habían incurrido en uno o más de los malos usos científicos que se detallaban. Respondieron alrededor del 45% de los encuestados. Los culpables de fabricar datos por un lado, y los de cambiar “el diseño, la metodología o los resultados de un estudio como respuesta a la presión de la fuente de financiación”, por otro, sumaban más del 33% del total. Dicho raso y corto, un tercio largo de los encuestados confesaba haber cometido manipulación deliberada de los datos experimentales. Como oportunamente comentaban los autores del estudio, esos resultados eran como mínimo, en la certeza de que los más culpables no habrían respondido a la encuesta. También señalaban que con al menos un tercio de los encuestados admitiendo haber cometido uno o más de los casos de malas prácticas, la comunidad científica no podía continuar indiferente, mirando para otro lado. Unos datos como los que revelaba una revista del peso específico de Nature deberían haber sacudido hasta los cimientos la conciencia del colectivo científico. Nada de eso ha ocurrido hasta la fecha. No es de extrañar que el fraude del coreano Hwang, además de la repercusión que ha tenido en los medios de difusión por los objetivos que decía perseguir, no haya afectado en lo más mínimo al funcionamiento del sistema de producción científica, origen de la mayoría de los males. Se sigue corriendo en una carrera uniformemente acelerada, tan poco indicada para la reflexión y la consistencia del trabajo de laboratorio, se sigue valorando únicamente la publicación en las revistas de máximo índice de impacto cuyo prestigio no se ha visto menoscabado a pesar de su no poca responsabilidad en estos escándalos. Al hacer justicia con un culpable como Hwang tal vez estemos interesados en no querer saber nada de ese tercio largo de sus émulos que están ahí y son desde luego mucho más dañinos para el rigor y la credibilidad en la que forzosamente ha de descansar la labor científica honrada.

JAL,

Adjunto una "noticia de la semana" aparecida hoy mismo en "Science" en la que se hace eco de que Verfaillie va acumulando "méritos" científicos; además del que se comenta en la bitácora (publicado en "Nature"), ahora sabemos que publicó otro artículo en "Blood", al que se refiere la noticia de "Science", que ha dado lugar a una investigación por fundadas sospechas de fraude; nada importante: los resultados no hay quien los reproduzca; es evidente la ventaja que en esta materia lleva EEUU a España: allí los presuntos fraudes se indagan, aquí aún no ha llegado esa áurea época. Si accedeis al documento de "Science" en formato PDF podréis reiros de lo lindo viendo cómo estas dos pencas "giraban" los geles para duplicar figuras; la primera autora, ahora jefa de grupo merced a los "méritos" adquiridos luego de publicar artículos de gran impacto, falsos, pero de gran impacto, dice ahora que esos giros de los geles eran "errores honestos" (es para desternillarse). Pueden dormir tranquilas las dos falsarias (como el resto de los muchos falsarios que hay por ahí publicando en revistas de "alto perfil"): la comunidad científica no hará nada para atajar estos y otros "errores honestos".

Saludos.

Science 17 October 2008:
Vol. 322. no. 5900, p. 356
DOI: 10.1126/science.322.5900.356
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News of the Week
SCIENTIFIC MISCONDUCT:
Falsification Charge Highlights Image-Manipulation Standards
Gretchen Vogel*
Controversy continues to plague work from the lab of prominent stem cell researcher Catherine Verfaillie. The University of Minnesota (UM) announced last week that an academic misconduct committee had concluded that Morayma Reyes, while a graduate student in Verfaillie’s lab there, "falsified" four data images in figures in a 2001 stem cell article. The committee found that misconduct allegations against Verfaillie were unsubstantiated, but it did criticize her oversight and mentoring of lab personnel. The new charges come a year after questions were raised about the misuse of images in another key stem cell publication from the group (Science, 2 March 2007, p. 1207).

Reyes, now an assistant professor of pathology at the University of Washington (UW), Seattle, and Verfaillie, who now heads the Stem Cell Institute at the Catholic University of Leuven in Belgium, both acknowledge that errors were made in the preparation of the 2001 paper. But Verfaillie defends her supervision, and Reyes says that for several of the disputed images she merely globally adjusted the brightness and contrast in data images without any intent to deceive. "These errors were unintentional and were common and accepted practices at the time," Reyes wrote in an e-mail to Science.

The paper, published in Blood, claims that stem cells purified from human blood can form precursors of bone, fat, cartilage and muscle cells, as well as the endothelial cells that line blood vessels. At the time, blood stem cells weren’t thought to be that versatile. Verfaillie and Reyes say the figure errors do not alter the Blood paper’s conclusions, but Verfaillie has asked the journal to retract the paper, calling it "the proper course in this situation."

The Blood paper relates to work that the group later published in Nature, reporting that cells from mouse bone marrow could become a wide variety of cell types. Several groups have reported trouble reproducing that paper’s results (Science, 9 February 2007, p. 760). Then last year, Nature conducted a re-review of the paper when a journalist at New Scientist questioned whether some data shown were identical to those in another paper. A UM investigation concluded that any duplication was the result of honest error. Nature published several corrections but said that the paper’s conclusions were still valid and that Verfaillie continues to stand by the work.

CREDITS: M. REYES ET AL., BLOOD 98, 9 (1 NOVEMBER 2001) © THE AMERICAN SOCIETY OF HEMATOLOGY
New Scientist also alerted the university to an apparent duplicated image in the Blood paper (Science, 30 March 2007, p. 1779). The university then convened a new committee, which submitted its final report on 5 September. The school last week stated that the committee found that in four of the seven figures in the Blood paper, "aspects of the figures were altered in such a way that the manipulation misrepresented experimental data and sufficiently altered the original research record to constitute falsification." The committee cited "elimination of bands on blots, altered orientation of bands, introduction of lanes not included in the original figure, and covering objects or image density in certain lanes," the statement says.
The university has not released the full report, citing privacy laws, and experts in image analysis say it is hard to determine intentional fraud solely from the original paper. James Hayden, manager of the microscopy core facility at the Wistar Institute in Philadelphia, Pennsylvania, says that to make a clear point, scientists often alter images, sometimes more than they should. Good laboratory practice means all such adjustments should be noted in a paper and copies of the original image files kept, he says. Jerry Sedgewick, head of the Biomedical Image Processing Lab at UM and one of Reyes’s mentors, says he is not convinced that she did anything wrong with the image adjustments she made. "This is done routinely and has been done since film and imaging began," he says.

During the investigation, Reyes asked George Reis, who heads the consulting firm Imaging Forensics in Fountain Valley, California, to assess whether changes made between the original image scans and the published images could be due to "global" adjustments, which would imply there was no intent to deceive. Reis told Science that he did determine that significant global adjustments could account for "most of the changes in most of the images." But he says he did not examine the images specifically for signs of editing such as adding or deleting individual lanes.

UM says it has forwarded the panel’s report and supporting materials to the federal Office of Research Integrity in Rockville, Maryland. UW is waiting for more information from UM before deciding whether to discipline Reyes, according to a spokesperson.

Both Verfaillie and Reyes say they have implemented much stricter rules for dealing with data images in their labs as a result of the case. "I have learned a hard lesson," Reyes e-mailed Science. "Now that I am a mentor … I will make sure that my students will get the proper training, supervision and education."

Más cara que espalda!
Y sí… puede que investiguen mucho en EEUU los casos de fraude… que les interesa. Si no, a las pruebas me remito: lo de Robert Gallo también cantaba desde el principio con aquello de… "no se… se le contaminaría el cultivo al becario con el virus francés…" y mira, en 1987 EEUU y Francia tenían que repartirse, fifty-fifty los royalties de las pruebas diagnósticas… Miles de millones de pelillas…
Eso sí, el Nobel al equipo de Montagner parece haber puesto la nota cuerda (ya que el Príncipe de Asturias, en su día, no lo hizo)…
JAL

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