El cordón de Sofía…

Nuevamente el cordón umbilical de la Casa Real; nuevamente, sobre la mesa, la necesidad o no de almacenar este tejido tras cada parto. ¿Banco público o banco privado?¿Necesidad o moda?

Hace poco más de un año, en este mismo foro se comentó la decisión de los Príncipes de España de conservar el cordón umbilical de su primogénita, Leonor. 14 meses más tarde, volvemos a la carga con más datos, pero con el mismo escaso número de respuestas. Al parecer, en esta ocasión, se ha decidido dividir repartir el contenido del cordón umbilical de la nueva Infanta entre dos bancos de almacenamiento, uno público español y otro privado fuera de nuestro territorio. Muchos expertos se preguntan con curiosidad cómo es posible dividir el contenido de un cordón en dos alícuotas cuando un único cordón (alrededor de 100 ml de sangre) apenas llegaría para un único tratamiento…

Sea como fuere, la polémica se centra en dos frentes principales:

-         La decisión o no de elegir un banco público o privado de almacenamiento cuando, hoy por hoy, las leyes españolas permitirían “requisar” una muestra privada para uso público siempre que el tratamiento de terceras persona así lo aconsejara…

-         El verdadero alcance terapéutico de la técnica a corto y medio plazo…

 

Puesto que no estamos en el foro adecuado para monográficos, solo deseaba puntualizar y aportar algún dato al respecto de ambos aspectos:

 

La ley española actual permite donar los cordones umbilicales para crear un posible pool público para tratamientos de los pacientes histocompatibles -aunque existe una clara limitación por problemas de espacio de almacenamiento-. Por cierto, las células madre del cordón umbilical son muy apreciadas debido a su “inocencia” inmunológica y mayor flexibilidad para ser aceptada en un alotrasplante: el paciente que recibe el tratamiento no tiene por qué ser el mismo (ni un familiar) del que donó el material. En el caso de las empresas privadas –pude conversar con dos de ellas, Vidacord y Secuvita, pioneras en este tipo de técnicas- además de tener que pagar el tratamiento (cerca de 2000 euros para la extracción y conservación en nitrógeno líquido de todo el material extraído, sin concentrar) no se garantiza que ese material permanecerá para uso del que paga su mantenimiento.

 

 Por supuesto, todas las empresas privadas mantienen un frente de batalla abierto en varias líneas, políticas, sociales o mediáticas, a favor de la real privatización del proceso, como ocurre en EE.UU. o Alemania. La pregunta que subyace tras la polémica sería: ¿es lícito intentar mantener un bien, que quizá no podrá ser utilizado nunca por el donante, “por si acaso”, cuando la vida de un paciente necesitado histocompatible podría estar en juego? En caso contrario ¿Hay que “demonizar” al que con todo el esfuerzo del mundo pretende aportar una opción de terapia a un ser querido costeando la conservación de un bien propio? Dejo esta pregunta en el aire intencionadamente para la reflexión del lector…

 

En cuanto al otro frente, las opciones terapéuticas, éstas son incuestionables, con matices. Obviamente, para todo tratamiento hematológico o, por si acaso no he utilizado un término muy correcto, que requieran regeneración celular sanguínea, podría ser perfectamente válida la regeneración a partir del cordón umbilical –a no ser que se trate de una enfermedad genética que también vaya a estar presente en el tejido a implantar-. Por último, y en cuanto al uso de las células madre de cordón umbilical para posibles terapias celulares donde se requiera la diferenciación a tejidos diversos, todavía no hay tecnología básica o molecular suficiente para la mayoría de posibilidades que contempla el futuro. ¿Qué futuro? Aquí entramos en el margen de viabilidad que presentan las células congeladas. Algunos técnicos de bancos de cordón umbilical opinan que el tramo es indefinido (40, 50 años…). Otras investigaciones apuntarían a una vida media de unos 15 años. En este último caso, la última pregunta, lo prometo, que formulo sería: ¿qué posibilidad tiene un recién nacido, sano, de necesitar una transfusión de su propia sangre en los primeros 15 años de su vida?

 

El debate, intenso y apasionante, está servido.

 

JAL (UAM)

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