¿Le importa a alguien la divulgación científica?

“¿A qué se debe que Occidente se adormeciera durante mil años de tinieblas hasta que Colón y Copérnico y sus contemporáneos redescubrieron la obra hecha en Alejandría? […] La ciencia y la cultura en general estaban reservadas para unos cuantos privilegiados. La vasta población de la ciudad no tenía la menor idea de los grandes descubrimientos que tenían lugar dentro de la Biblioteca. Los nuevos descubrimientos no fueron explicados ni popularizados.” Cosmos, Carl Sagan. 

 

Preguntar si le importa a alguien la divulgación científica es lo mismo que preguntar si le importa a alguien la ciencia. La ciencia es un producto social, como todo lo humano. Quien inventó el astrolabio, quien descubrió la fisión nuclear, el primero que teorizó sobre el átomo, quien descubrió la circulación de la sangre, o el primero en sospechar que la Tierra era redonda… todos ellos y ellas recibieron y dieron sus conocimientos de y a la sociedad. Si se hubieran criado solos en la selva, no habrían recibido nada de la sociedad y no habrían devuelto nada tampoco. La ciencia no es de nadie, es colectiva, fruto de siglos de pequeñas aportaciones unas veces aparentemente vanas y otras más decisivas. Estas aportaciones van encadenadas, y cada una de ellas se basa en las anteriores. Por eso, la cuestión de si hay que divulgar la ciencia carece de sentido, porque no se trata de que los científicos den, sino de que devuelvan

 

Hay un hecho histórico que fue relatado maravillosamente por el astrónomo y magnífico divulgador científico Carl Sagan: la quema de la Biblioteca de Alejandría y el asesinato de Hipatia. Me voy a permitir incluir este esclarecedor fragmento de su obra Cosmos donde lo relata:

 

«Sólo en un punto de la historia pasada hubo la promesa de una civilización científica brillante. Era beneficiaria del despertar jónico, y tenía su ciudadela en la Biblioteca de Alejandría, donde hace 2.000 años las mejores mentes de la antigüedad establecieron las bases del estudio sistemático de la matemática, la física, la biología, la astronomía, la literatura, la geografía y la medicina. Todavía estamos construyendo sobre estas bases. La Biblioteca fue construida y sostenida por los Tolomeos, los reyes griegos que heredaron la porción egipcia del imperio de Alejandro Magno. Desde la época de su creación en el siglo tercero a. de C. hasta su destrucción siete siglos más tarde, fue el cerebro y el corazón del mundo antiguo […] Es evidente que allí estaban las semillas del mundo moderno. ¿Qué impidió que arraigaran y florecieran? ¿A qué se debe que Occidente se adormeciera durante mil años de tinieblas hasta que Colón y Copérnico y sus contemporáneos redescubrieron la obra hecha en Alejandría? No puedo daros una respuesta sencilla. Pero lo que sí sé es que no hay noticia en toda la historia de la Biblioteca de que alguno de los ilustres científicos y estudiosos llegara nunca a desafiar seriamente los supuestos políticos, económicos y religiosos de su sociedad. Se puso en duda la permanencia de las estrellas, no la justicia de la esclavitud. La ciencia y la cultura en general estaban reservadas para unos cuantos privilegiados. La vasta población de la ciudad no tenía la menor idea de los grandes descubrimientos que tenían lugar dentro de la Biblioteca. Los nuevos descubrimientos no fueron explicados ni popularizados. La investigación les benefició poco. Los descubrimientos en mecánica y en la tecnología del vapor se aplicaron principalmente a perfeccionar las armas, a estimular la superstición, a divertir a los reyes. Los científicos nunca captaron el potencial de las máquinas para liberar a la gente. Los grandes logros intelectuales de la antigüedad tuvieron pocas aplicaciones prácticas inmediatas. La ciencia no fascinó nunca la imaginación de la multitud. No hubo contrapeso al estancamiento, al pesimismo, a la entrega más abyecta al misticismo. Cuando al final de todo, la chusma se presentó para quemar la Biblioteca no había nadie capaz de detenerla».Carl Sagan, Cosmos

 

La auténtica democracia implica que la ciudadanía participe de verdad en los avances sociales. Los ciudadanos debemos estar formados e informados, debemos estar preparados intelectualmente para recibir con capacidad crítica lo que nuestros representantes nos dicen. Y conseguir esa preparación intelectual requiere tener una concepción del mundo, una cosmovisión: ¿cómo funciona la naturaleza, la sociedad, el ser humano…? Ahí es donde tiene su papel el divulgador científico. España en este sentido ha sido, desgraciadamente, bastante miope. No en vano hemos sufrido 40 años de exterminio del pensamiento y la cultura. Lo de «¡Abajo la inteligencia, viva la muerte!» no fue sólo la ocurrencia de un chalado, fue una manera de pensar que nos ha dejado sus posos y nos ha pasado factura. Pero incluso después de un devastador incendio y bajo las más negras cenizas puede surgir de nuevo la vida. Por fortuna, ahora podemos disfrutar en nuestro país de divulgadores extraordinarios como Sánchez Ron Cayetano López, Jorge Wagensberg, Manuel Toharia y otros muchos. Pero si su labor no cala en la sociedad porque se haya hecho poco o nada al respecto, ¿Para qué sirve?

 

Indudablemente, el trabajo del científico es duro, entregado, casi siempre vocacional y muy meritorio, pero sus frutos deben hacerse colectivos, es decir, divulgarse. Evidentemente, divulgar la ciencia no es contar a todo el mundo el resultado de los experimentos: para eso ya están las revistas científicas que, por supuesto, ni son divulgativas ni pretenden serlo. Divulgar la ciencia es hacer accesible al público en general, no los detalles del trabajo científico, sino lo general, es decir, lo que trasciende, y por eso la divulgación científica puede estar muy cerca de la filosofía. Hay quien pensará que un científico se tiene que dedicar a la ciencia y no a la filosofía: una visión simple, porque ambas, ciencia y filosofía, van de la mano. Lynn Margulis decía, refiriéndose a sus clases de ciencias naturales en la Universidad de Chicago: Allí la ciencia facilitaba el planteamiento de las cuestiones profundas en las que la filosofía y la ciencia se unen: ¿Qué somos? ¿De qué estamos hechos nosotros y el universo? ¿De dónde venimos? ¿Cómo funcionamos? En este mismo sentido, el neurocientífico Antonio Damasio decía hace poco en una entrevista concedida a El País Semanal que “las ciencias que tienen que ver con el cerebro y con la mente no pueden separarse de las preocupaciones filosóficas”. Igualmente, preguntarse ¿Cómo vería el mundo si estuviese cabalgando en un rayo de luz? también es filosofar, pero esa pregunta “filosófica” es lo que llevó a Einstein a elaborar la teoría de la relatividad.

 

En los países europeos y anglosajones, a los que tanto admiramos en muchas cosas, es normal que los científicos hagan “filosofía”. Hoy es casi un requisito indispensable para el que quiera desarrollar una carrera investigadora, que haya desempeñado parte de su trabajo en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania…, países a los que tenemos como modelo. Pues de Estados Unidos han salido algunos de los más grandes divulgadores científicos del siglo XX, como Isaac Asimov, Carl Sagan o Stephen Gould. Por tanto, si queremos emular a esos países aventajados en desarrollo científico, no debemos olvidar que allí también se “filosofa”, al menos más que aquí. En esos países punteros en ciencia, hablar de biología e ideología, por ejemplo, no es cosa de ilusos o despistados. Nada menos que en las Massey Lectures -donde han participado intelectuales como Noam Chomsky, Doris Lessing, Lévi-Strauss o Galbraith- hablaba en 1990 Richard Lewontin sobre biología e ideología. Allí, el debate sobre la tercera cultura ha sido extenso y aquí muchos científicos ni siquiera han oído hablar de ella… En definitiva, despreciar la divulgación científica o sostener que ciencia y filosofía no tienen nada que ver es un gran error. Einstein, Gould, Asimov, Sagan, Margulis, Damasio, Lewontin… y tantos otros científicos-filósofos son ante todo científicos, pero su preparación intelectual les lleva un paso más allá hacia la dimensión filosófica o divulgativa, y eso no sólo no resta nada a su trabajo científico, sino que lo engrandece.

 

Muchos pensarán –con gran razón- que el debate científico, que en nuestro país apenas se da, en otros, aun produciéndose, es sólo patrimonio de una élite intelectual. Es cierto, y sin embargo a nadie se le escapa que el deseo y la capacidad de conocer, de saber de verdad, nos define como especie. El éxito televisivo que tuvo en su día la serie Cosmos o que han tenido posteriormente otros programas de divulgación científica pone de manifiesto la posibilidad de pensar que no sólo de basura espiritual vive el Homo sapiens 1.700 años después de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría.

 

Sólo queda procurar que los ciudadanos entiendan como una necesidad la popularización de ese debate y que esa demanda tenga sus vías de desarrollo. En cualquier caso, los profesionales de la ciencia que consideren que las dimensiones divulgativa y filosófica no son propias del científico, deberían reflexionar sobre otra cosa. Los gobiernos no suelen dar nada si no es movidos por la presión social. Si la ciudadanía no cree necesaria la labor del científico, porque el científico no ha sabido transmitir la importancia de esa labor, luego no nos quejemos de que los gobiernos, a falta de esa presión social, no atiendan como es debido al investigador. ¿Por qué iban a hacerlo, por imperativo moral?

 

Raquel Bello-Morales

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Comentarios

Raquel si fuera profe te diría que tu post es de matrícula. Pero en este país hablas de ciencia y filosofía a la mayoría de los compañeros y te tiran porla ventan (a mi casi….). Es como redicar en el desierto.

Felicidades Juanjo Ibáñez (bitácora universo invisible)

Precisamente este miércoles (29-11-07) Lynn Margulis volvió a pronunciar esas palabras dentro de un ciclo de conferencias en la Biblioteca Nacional.
Magnífica, como siempre.
Muy buen post. Felicidades a Raquel y JAL
Jose

Enhorabuena Raquel por tu post. Creo que demuestras con tu buena escirtura el argumento que sostienes.

La proliferación de lo que se ha dado en llamar "información científica" es algo que me ha producido y sigue produciéndome muchas reservas, no por ella misma sino por cómo puede llevarse a cabo. No hay semana en que no nos desayunemos con un nuevo "avance" que luego, por falta de seguimiento, no se llega a saber que no era tal y sí en cambio una forma de autopropaganda por parte de "científicos" de cuyos nombres no quiero acordarme pero que es innecesario referir por estar en la mente de todos. Esa proliferación sin control fomenta al científico-estrella como los casos judiciales, normalmente aleados con intereses políticos, dan fama a según qué jueces; el caso de Gómez Bermúdez, un solvente profesional hasta su público ridículo, no puede ser más oportuno para explicar este extremo.

Al socaire del derecho, innegable, a la información científica han crecido e hinchado sus bolsillos unos cuantos vendedores de crecepelos milagrosos que prometen para ya mismo curaciones taumatúrgicas con las dichosas "células madre", horror lexicográfico. La supuesta persecución a cuatro de ellos después de una demanda interpuesta por no se qué santera, les ha venido como agua de mayo para volver a poder ocupar minutos y espacio en los medios de comunicación, que empezaban a escasear tras los sonados fracasos y fraudes "cosechados" por algunos de sus más significados especialistas; uno de ellos ha llegado a ministro.

En esos medios aún no he visto un debate mínimamente documentado en el que se discutan con rigor los límites y restricciones técnicas, que son obvios para cualquiera que haya trabajado con células en cultivo, que esa tecnología tiene. Dicotómicamente todo se reduce a "progresistas", que alegremente prometen cosas aún muy lejos de conseguir, y "conservadores" que solamente oponen sus creencias religiosas como argumento. Aunque soy ateo mis opiniones, muy críticas con las capacidades de esa técnica "regenerativa", me alinearían en contra del sentido común con los conservadores-religiosos, en mis antípodas. Pero en eso consiste muchas veces la proliferación de información como un supuesta ventaja en la divulgación, que más parece vulgarización y banalización, cosa bien distinta.

Desde hace unas semanas vengo escuchando en un programa de radio de mucha audiencia al máximo dirigente del organismo nacional de investigación haciendo de colaborador fijo. Una de sus iniciativas es su obsesión en querer fijar en este año 2007 el centenario de la fundación de la entidad que preside, el CSIC, sobre la base históricamente falsa de que lo fundó la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) hace ahora cien años; eso, sencillamente, no es verdad. La JAE era un organismo nacido de la Institución Libre de Enseñanza, movimiento educativo que quería regenerar la educación y el conocimiento de la España de esa época. Sus miembros, además de mayoría republicana, eran demócratas, librepensadores y, dentro del respeto hacia cualquier creencia, mayoritariamente laicos. Propugnaban una mejora en aquéllas materias mediante, entre otras iniciativas, la apertura de la ciencia y el pensamiento español a otras culturas y países, su internacionalización.

El CSIC se fundó en noviembre de 1939 a los pocos meses de acabada nuestra siniestra y cruel guerra civil. El espíritu que animaba a su fundador y primer presidente, José Ibáñez Martín, a la sazón primer Ministro de Educación y Ciencia de Franco, lo expresan estas palabras de su discurso inaugural: «Queremos una ciencia católica. Liquidamos, por tanto, en esta hora, todas las herejías científicas que secaron y agostaron los cauces de nuestra genialidad nacional y nos sumieron en la atonía y la decadencia. Nuestra ciencia actual, en conexión con la que en los siglos pasados nos definió como nación y como imperio, quiere ser ante todo católica.» El propósito está en los antípodas de lo propugnado por la ILE y la JAE. Lo único cierto es que el CSIC ocupó los inmuebles y laboratorios de la JAE: esa fue toda la continuidad entre una y otra institución.

Pues aunque la fundación del CSIC está más que documentada, el actual Presidente, retorciendo a su gusto la historia, lo retrotrae a 1907. Un caso más de cómo la "divulgación científica" puede no tener nada de bueno y sí mucho de mixtificador.

Perdonad la prolijidad del mensaje.

Seguid todos con salud

ARC

Una buena definición de lo que yo entiendo por divulgación científica es la que se encuentra en la wikipedia: "La divulgación científica consiste en la interpretación y popularización del conocimiento científico entre el público general sin circunscribirse a ámbitos académicos específicos convirtiéndose así en ciencia popular". Si esta divulgación se hace correctamente se proporciona a la gente los pilares (conocimientos) necesarios para mantener la mente crítica y poder distinguir a "vendedores de crecepelos". Por tanto, ante esto, la divulgación científica bien hecha es más necesaria que nunca.
Saludos
Olga

Desengañemonos. Los ciudadanos no podran diferenciar entre buena y mala divulgación si no tienen una sólida base científica y esta en España es cada vez peor. Si la enseñanza de las ciencias no se afronta con seriedad a todos los niveles la divulgación solo servira para poner al contribuyente (y a los gobernantes que suelen ser abogados o economistas) en manos de los "vendedores de crecepelos".

Saludos.

Olga,

¿Y qué pasa cuando esa crítica o contraste de pareceres se hurta por el simple método de no dejar hablar o escribir a quien piensa lo contrario a lo establecido? Me está sucediendo habitualmente con EL PAÍS, que ignora de modo sistemático las críticas que hago como lector, fundadas en criterios científicos (soy biólogo molecular profesional) y no religiosos (soy laico). Pero es claro: no se permite criticar la "verdad establecida" de que las "células madre" necesariamente nos curarán todos nuestros males, algo muy lejos de ser verdad con los datos que tenemos. Como botón de muestra recomiendo leer el fervorín que escribió Milagros Pérez Oliva, periodista de ese diario, al día siguiente de la publicación de los trabajos en que se describía la manera de obtener "células madre" partiendo de células diferenciadas. La "novedad", aplaudida por la periodista como una "revolución científica", consiste en "reprogramarlas" introduciendo genes de virus, algo que se sabe desde hace casi treinta (30) años. A eso siempre se le ha llamado inmortalización de cultivos celulares; ahora es más mediático nominarlo reprogramación. Recuerdo que a las actividades de Mario Conde y Javier de la Rosa, históricamente consideradas como robo, en sus buenos tiempos se le llamó "ingeniería financiera".

Saludos.

ARC.

En muchos casos la proliferación de noticias científicas en los medios lleva al establecimiento de dogmas como el que comentais de las "celulas madre" o el del cambio climático. Cualquier crítica cientifica, por muy matizada que sea, a la hipótesis de que el cambio climatico existe de forma indiscutible y es producto del ser humano no será tenida en cuenta en los medios progresistas o será ridiculizada (primo de Rajoy). Sobre esto se quejó Elvira Lindo en El Pais hace unos dias. En realidad cuando se tratan estos temas "científico-polémicos" en los medios ya no se trata de divulgación científica sino de contenidos políticos con su lenguaje y sus métodos.

La idea de la divulgación es que los científicos demos a conocer lo que hacemos, cómo lo hacemos, sus fundamentos… promover una cultura científica que haga que la gente se pregunte cosas y no crea ciegamente en un dogma. El camino a recorrer es enorme porque históricamente nadie se ha preocupado de esto y eso es lo que pone de manifiesto este post.
Estoy de acuerdo que la creación de dogmas asociados a ideas políticas, económicas… es una barrera importante contra la que hay que luchar. Y una forma de evitarla y acabar con ella creo que es lo que comenta Sergi: hay que actuar a nivel de la base científica y filosófica en colegios, institutos… con libros, charlas, ferias… no solo para niños sino para los adultos, los profesores…
No va a ser cuestión de unos días, llevamos muchos años de retraso y si no reaccionamos cada vez nos será más difícil.
Saludos

En primer lugar, gracias por vuestra generosísima crítica. En cuanto a lo que dice ARC acerca de que esa crítica o contraste de pareceres se hurta por el simple método de no dejar hablar o escribir a quien piensa lo contrario a lo establecido… a mí me parece que eso es lo normal. Y no sólo en ciencia, sino en todo. Los medios no están para hacer democracia, porque no son medios democráticos, sino empresas privadas. Los medios de comunicación son negocios, más o menos éticos, pero negocios. Digo más o menos éticos porque algunos son rotundamente inmorales (no hace falta decir cuáles…). Encontrar cauces democráticos de comunicación es muy difícil, aunque no hay más remedio que buscarlos, porque si no estaríamos mudos. Pero no los busquemos en esos medios porque, a mi entender, allí no están. Por otro lado, lo que ha comentado Sergi me parece de lo más oportuno, sólo hay que echar un vistazo al informe PISA. Pero también me parece necesario el punto de vista optimista de Olga, que nos ha recordado la acertadísima –en mi opinión– definición de divulgación científica. A Juanjo Ibáñez: cuando dices que hablar de ciencia y filosofía es predicar en el desierto, creo que te comprendo bastante bien, pero para entender un poco mejor por qué estamos en esta situación, me parece un ejemplo perfecto el que ha dado ARC cuando ha citado al primer Ministro de Educación y Ciencia de Franco. Vivimos en un país que ha estado cuarenta años dominado por esa manera de pensar, y eso no se borra fácilmente.

Verónica: creo que Rajoy no fue ridiculizado por los medios progresistas por hacer una crítica científica matizada a la hipótesis de que el cambio climático existe de forma indiscutible y es producto del ser humano, sino que se puso en ridículo él mismo por exponer una opinión acerca de algo tan complejo y trascendental como el cambio climático de una forma tan simplona, zafia y burda que da vergüenza ajena el recordarlo.

No es mi intencion defender a Rajoy. Actuó por motivos politicos sin importarle el rigor de lo que decia pero muchas de las burlas eran similares. El cambio climático implica una toma de posicion politica. Si alguien lo critica, aunque sea con argumentos, lo meteran en el mismo saco que Jimenez Losantos y compañia que simplemente lo critican por que la izquierda está a favor y el público se lo creerá mas o menos según a quien vote. Es el ejemplo de algo que deberia ser explicado en términos científicos, que está en los medios pero sobre lo que se ha hecho muy poca divulgación seria y, sobre todo, politicamente neutral.

Un saludo a todos.

Estimados contertulios y contertulias (seamos políticamente correctos),

Estoy plenamente de acuerdo con los puntos de vista de Verónica, Sergi, Raquel y Olga. Nos encontramos en un punto en que la unión del bajísimo nivel cultural medio, como oportunamente señala Raquel, con la pereza intelectual tan extendida, nos lleva al estado generalizado de idiotez acrítica que ya es totalmente inocultable. Y lo peor es que salirse de ese no entrar a discutir lo remite a uno ineluctablemente a ser, quiéralo o no, correligionario de alguien tan ajeno en todo y por todo a mis principios y forma de comportamiento como Jiménez Losantos, según muy bien apunta Verónica. Discutir con argumentos racionales o técnicos la "verdad-única-establecida" es pasar a ser un cuasi enemigo ideológico; preguntádselo a Juanjo con respecto a la campaña de difamación de sus "colegas".

Hemos de felicitar a los grandes medios de comunicación -TODOS, sin excepción, vinculados a algún grupo político- por haber sido tan diligentes en poner en dos, no más no vayan a confundirse con el aumento de complejidad, tarros bien etiquetados a los a favor y los en contra de cualquier tema objeto de debate; da igual que unos y otros puedan ser de muy diferente pelaje ideológico o sostengan motivos totalmente contrarios; como decía, mis puntos de vista críticos con el panegírico de las "células madre" me alinearían, bien contra mi voluntad y comportamiento, con gente con la que no tengo nada que ver, absolutamente nada. Es uno de los "logros" "cosechados" como ahora gusta decir indistintamente de los éxitos o fracasos, de las sucesivas Leyes Generales de Educación con que nos han ido afligiendo como sociedad.

No deja de llamar la atención a la vez de ser muy significativo que el a mi parecer primer problema de nuestra sociedad (el ínfimo nivel de jóvenes obligatoriamente escolarizados para más escarnio), no sea un eje central de ningún partido político con voluntad y capacidad real de gobierno.

Seguid todos con salud.

ARC

Estimado ARC:
Me parece que has dado en el clavo: qué pasa con la educación. Cuando se hacen encuestas sobre los problemas que preocupan a los ciudadanos, la educación no suele figurar entre los principales, y sin embargo la educación, es decir, la formación de un ser humano en cuanto a conocimientos e ideas, es trascendental para una sociedad. De igual manera los ciudadanos no estamos movilizados para exigir que se dé a la educación pública la máxima importancia y recursos, ni tampoco nos movilizamos para opinar y decidir sobre qué tipo de educación tenemos y cuál queremos.

Estimada Raquel,

He aquí mi propuesta: hacer un uso extensivo de estos "blogs" o bitácoras de opinión; como digo en mi comentario de apoyo a Juanjo Ibáñez, no cabe contar con los órganos de difusión de alcance nacional, decididamente al servicio de la "verdad oficial" -hay una serie de verdades-oficiales-de-pensamiento-único -, sin derecho real a réplica o crítica. Aún a riesgo de ser pesado insisto en señalar que en los grandes temas de debate no hay una discusión eficaz: como en los programas de máxima audiencia no se admiten más que dos posturas ("progresista" y "conservadora"; la analogía con el papelón del Tribunal Constitucional no hay que señalarla de tan obvia), que preferiblemente hay que sostener sin dejar hablar al contrario y siendo tan grosero como se pueda lo que ayuda mucho al aumento del "share".

Sigue con salud.

ARC

Mis felicitaciones por el post, Raquel. No puedo estar más de acuerdo. No hace mucho me quejaba en mi blog de lo lamentable que resulta el inexistente eco mediático del proclamado 2007 Año de la Ciencia. Para poner mi granito de arena y microcompensar semejante autismo, voy publicando sucesivamente unos cuantos capítulos de la serie Cosmos en el blog.
Por otra parte, aún no siendo yo científico, siempre he considerado la cultura científica como La Cultura, la principal y no la tercera. Bajo esta particular cosmovisión, me resulta sorprendente e incluso paradójica la baja capacidad de influencia político-social de la comunidad científica. Espero que con las nuevas herramientas de comunicación social que pone a disposición la web 2.0 se corrija de alguna forma esta insólita disfunción.

Salud y suerte

Pocas veces nos vemos llamados a responder a interrogantes como los que plantea Raquel Bello-Morales. Sabias preguntas, una tras otra. ¿Para qué sirve la ciencia, si su labor no cala en la sociedad? ¿Quién y por qué impide que las ciencias que tanto tienen que ver con el cerebro y con la mente se separen de las preocupaciones filosóficas, culturales, sociales y políticas? Creo que corresponde preguntarse, ¿a quién beneficia más una situación así? Aunque el concepto "beneficio" habría que interpretarlo en sus justos téminos. Porque los que a sangre y fuego vienen haciendo históricamente todo lo posible por"beneficiarse", herederos del más negro primitivismo, por huir de las ciencias se han sacado los ojos hasta quedarse ciegos, y ahora su único quehacer consiste en cegar a la humanida. Son suicidas, psicópatas, llamándonos a seguirles en nombre del mercado y del consumo. Si no los detenemos, nos arrastrarán con toda la vida sobre el planeta hasta el abismo. La humanidad podría impedirlo, pero sólo si fuéramos capaces de sacarla de la mítica caverna, de la mano de las ciencias. (Gracias, Raquel)

Estoy de acuerdo con lo expuesto. Pero todavía hay quienes dicen, qué es Ciencia y qué no lo es y lo catalogan como Pseudociencia. No estará pasando lo de siempre, lo que se conoce es ciencia, lo que se investiga puede serlo, pero todo lo que se niega y por lo tanto no se investiga, se lo cataloga como que no es ciencia. Todo lo que hoy se cataloga como cientíco ¿Siempre lo ha sido? O pasó a serlo cuando se estudió y se aceptó. En fin, esto es muy largo. Le dejo mi web http://www.acupiramide.com, héchele un vistazo por si algún día lo que expongo puede ser sientífico, yo espero que con estudio, lo sea.
FELIZ NAVIDAD
Mario Gil

Hola rapaciña,
me gusta tu exposición pórque es como mirar el vuelo de una bandada de pájaros del Brasil, es decir, el despliegue de una mirada esperanzada y comprometida. En tí se ve que no falta el "valor de elegir". Hablas de ciudadanía, no de masas, lo cual ya es algo parecido a una petición de principio. Sin embargo conviene recordar a los maestros: "oponerse al torrente de la teología y el misticismo con máximas tan escuálidas como <el todo es mayor que la parte> o <es imposible que una cosa sea y nó sea al mismo tiempo> o <tres más dos son cinco> es como pretender detener el océano con un haz de ramas" (Hume). Y Goethe: "gris, caro amigo, es toda teoría/ y verde y luminoso el arbol de la vida". Resumiendo: creo que la ciencia se encuentra exactamente en la misma situación que en la Alejandría de los Tolomeos, es asunto de unos cuantos especialistas. El dato publicado hace unos dias de que más del 90% de la población mundial se declare afecto a alguna fe religiosa al mismo tiempo que la ciencia nos ofrece datos que aclaran asuntillos del tipo de las dimensiones y edad del universo y escudriña las diversas formas de la materia en sus últimas manifestaciones es como mínimo sorprendente. La ciencia nunca podrá competir con la religión mientras no ofresca a los seres humanos algún tipo de "salvación" personal. En resumen, que como las sociedades actuales tienen que organizarse de acuerdo a principios y normas racionales que extraen su racionalidad precisamente de los conocimientos científicos, se impone alguna clase de despotismo ilustrado. Los Estados democráticos deberían ser beligerantes en la divulgación de los conocimientos científicos y en modo alguno tolerantes con la intolerancia de las religiones. Un saludo cariñoso.
titoarroyo

Este debate es una mina. Me he entretenido en repasar algunos comentarios y francamente para mí resultan fascinantes; cuanto sabe la gente, cualquier asunto se convierte facilmente en " el jardín de senderos que se bifurcan" o en tropillas de conejos o perdigones que se dispersan en todas direcciones.Yo no sé si es el deseo de saber lo que nos define como especie, según la opinión de Raquel, o simplemente la incapacidad de estar callados, o sea, la facundia, la capacidad de hablar y hablar y hablar y hablar porque tenemos la sensación de que al hablar fijamos algo en el aire que es como nuestra paletada de masa particular al golem humano general que entre todos va resultando a base de palabras. Una novela de Javier Marías enpieza afirmando "nunca deberíamos contar nada" y para desarrollar esta tesis emplea mil ochocientas página de densa literatura… ARC razona en su comentario las reservas que le produce la "información científica" ofrecida por los medios. Y pone como ejemplo la actitud fraudulenta (acientífica) de ciertos investigadores que aprovechando el impacto mediático de noticias novedodas en el campo de la investigación con células madre aprovechan sesacionalistamente para hacerse autopropaganda y favorecer sus negocios: "al socaire de la información científica han crecido y llenado sus bolsillos unos cuantos vendedores de crecepelos…" Lo que me deja atónito es la alusión al Ministro de Sanidad y a su supuesto fracaso en su campo de investigación específico. Acusar es fácil. Quizá habría que distinguir entre la labor científica de Bernard Soria y su trabajo como divulgador o como Ministro de Sanidad, tareas a todas luces diferenciadas. En todo caso siempre queda en pié la cuestión de la utilización de los resultados de la ciencia como arma ideológica. Me parece muy oportuna la distinción que hace ARC entre un debate riguroso sobre los límites y restricciones técnicas de cualquier verdadera investigación y las versiones popularizantes que se reducen al cajón de sastre de progresistas o conservadores. Sin embargo yo creo que Raquel apunta a algo mas grave que interesa a la propia investigación: y es a la hipotética dificultad para el propio investigador de librarse de toda influencia externa al propio hecho investigado, es decir, que el propio científico se orienta y elige el objeto de su estudio por condicionamientos e intereses previos y ajenos al tema en sí, como buscando un resultado inspirado en otro orden de cosas que lo estrictamente científico, o sea, ideológico. En el caso de Galton o Lombrosso es escandalosamente cierto. Isaiha Berlin lo que más deseaba en el fondo de su alma era ser aceptado entre la aristocracia inglesa; y a tal fin dedicó toda su obra mediante la refutación del marxismo, que como ideología era lo más opuesto a los intereses de dicha aristocracia. Es evidente que por el camino hayó cosas prodigiosas, pero no debemos perder de vista la trayectoria completa. Maravillosa la aclaración de ARC sobre los orígenes del CSIC y su relación con la ILE y la JAM. Yo me pregunto ahora si el CSIC habrá lavado suficientemente su pecado de origen. Un cordial saludo

debiera haber mas financiacion para las investigaciones cientificas, y poder curar a miles de pacientes que tienen que cargar con su enfermedad y nadie le soluciona nada

Estoy interesada en el artículo Completo ¿Le importa a alguien la divulgación científica?
Agradecida de antemano,
Herminia

Estimado F. Arroyo Amaya,
Lo de Soria no es ninguna acusación, a menos que consideremos como tal las pruebas que aportó Douglas Melton, de Harvard, en contra de la afirmación de Soria y su grupo de que habían obtenido a partir de células madre células pancreáticas secretoras de insulina; según Melton, la insulina hallada en el interior de las células no la producían éstas sino que la captaban del medio (www.sciencemag.org. Vol 299, 17 january 2003); no he visto en ningún periódico de difusión nacional referencia alguna a esa observación que pone en entredicho la consistencia del artículo del grupo de Soria. Sí que repiten, singularmente EL PAÍS, que Soria "obtuvo células secretoras de insulina".
Sin perjuicio de ese hecho probado, me parecía y me sigue pareciendo inmoral que el actual ministro de Sanidad y otros como él estén dando por hechos avances en el campo de las "células madre" que están aún por verse, máxime cuando los receptores son personas enfermas o con enfermos a su cargo a los que se da esperanzas que, en el mejor de los casos, aún tardarán en materializarse; en el peor, no se darán nunca. Creo que no vale todo con tal de hacerse con los recursos públicos para investigar.
Celebro que te haya gustado la aclaración entre CSIC, ILE y JAE; no se trata de que el CSIC lave ninguna "mala imagen" del pasado: lo que su actual presidente no debe hacer es reinventarse la historia a su conveniencia para que durante su mandato "coincida" una fecha redonda como es un centenario. La historia está ahí y resulta grotesco reinventarla en contra de datos y documentos históricos al alcance de cualquiera que esté interesado en saber la verdad.
Sigue con salud.

ARC

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