Archivo de septiembre, 2017

Un tren, la replicación del ADN y el envejecimiento (y sí es un cuento…)

Cuando trato de explicar temas puntuales y complejos científicos siempre me encuentro con el mismo problema. ¿Qué nivel debo dar? Lo que está claro es que no es un tema baladí, puesto que los temas, como la audiencia, son muy variados. Algún compañero me aconsejó con su mejor intención, “no te compliques la vida, JAL, y explica en un nivel intermedio”. Error, respondo yo. Con ese nivel, los que se queden por debajo no entenderán, y los perderé. Los que estén por encima, se aburrirán, y los perderé. Por ello, acertadamente o no, prefiero la divulgación en diente de sierra, es decir, un tema quedará algo espeso –pido disculpas por ello-, y otro, bastante más light. Sea como fuere, recurrir a comparaciones, a algún símil o casi parábolas mesiánicas para explicar ciertos conceptos complejos, está dejando de ser la excepción…

Creo que fue la hijita pequeña del Premio Nobel de Medicina de 1978, Werner Arber, quien, para explicar lo que hacía su papi, esto es, descubrir unas enzimas que cortan específicamente el ADN -las enzimas de restricción- recurría a un cuento donde un sastre, su papá, cortaba la tela, el ADN, con unas tijeras muy bonitas, las enzimas… Pues bien, otro genio, Alexei Olovnikov, recurrió a una estación de tren, para hablarnos de replicación del ADN y envejecimiento. Esta es su historia según la narra Cayetano von Kobbe, investigador del CSIC.

Nos encontramos en el otoño de 1966, en una estación de metro de Moscú. El investigador de la antigua Unión soviética, Alexei Olovnikov está dándole vueltas a la charla que acaba de escuchar sobre el “límite de Hayflick”, que describe la capacidad finita para dividirse de las células humanas en cultivo (unas 50-70 divisiones, según el tipo de célula). Llegado a este límite, la célula deja de dividirse, proceso denominado senescencia celular.

Pero la mente de Alexei pensó también en el mecanismo molecular; la replicación del ADN, el cual se copia a sí mismo, replica, cada vez que la célula se divide, proceso que llevan a cabo unas proteínas denominadas polimerasas. De pronto el tren entra en la estación, y Alexei se imagina que los raíles son el ADN y los vagones, la polimerasa… Envuelto en el ruido del momento, su mente ordena las piezas del puzle. El límite de Hayflick para la división celular, la replicación y los famosos telómeros, esos capuchones que protegen el final de los cromosomas.

Imagina una vía de 100 metros de largo, y un tren de 10 metros de largo, con 2 vagones (vagón delantero y el trasero). Al vagón trasero se le encarga hacer una foto de cada metro de la vía por la que pasa. El tren comienza a avanzar y el vagón trasero va haciendo sus fotos. Cuando el vagón delantero llega al final de la vía, se para. En ese momento el trabajo de hacer fotos finaliza, pero el vagón trasero sólo ha podido hacer 90 fotos, equivalente a 90 metros, y no las 100 correspondientes a la vía entera, dado que el propio tren ocupa una zona “muerta” de 10 metros. Si cambiamos el trabajo de hacer una foto por el de hacer una copia real del ADN, con una polimerasa en lugar de una cámara, llegaremos a la misma conclusión. Este es el problema del final de la replicación, ya que el ADN de nuestros cromosomas es lineal. ¿Y qué hay al final de los cromosomas? Los telómeros, como digo, estructuras complejas, que cuidan de los extremos cromosómicos.

Esto es lo que imaginó Alexei, y que, trasladado a nuestras células, significa que en cada división celular una parte del final de nuestros cromosomas, los telómeros, se va acortando. El límite de Hayflick tenía una explicación molecular, “demasiado acortamiento cromosómico debe ser la causa de la senescencia celular, se decía a sí mismo Alexei. A partir de ese momento se inició una apasionante carrera para explicar los mecanismos implicados en el envejecimiento celular y, ya puestos del organismo; de nosotros.

Es curioso, qué en esa misma época, el eminente científico norteamericano James Watson, pensara en el mismo problema, un año después, aunque su fuente de inspiración fueran los bacteriófagos en vez de un tren. La visión de Alexei Olevnikoz en aquella estación de metro de Moscú le sirvió para convertirse en el científico que solucionó el problema del final de la replicación y principio del envejecimiento, al menos, en su parte molecular.

JAL (DCC-CBMSO)

 DIVULGACIÓN CIENTÍFICA DEL 22 DE SEPTIEMBRE DE 2017

 Esta semana Mi+dTV  hablando sobre la prescripción inadecuada, especialmente en pacientes con demencia. Continúa explicando la capacidad de la hormigas para producir su propio antibiótico para combatir a los depredadores. Por último,  Mi+dTV explica los avances en la reprogramación celular con las denominadas células pluripotentes inducidas (iPS).

Miércoles 00:05 h en Radio 5

La actualidad sobre el Sida y sus terapias
Al menos en los países del mal o bien llamado Primer Mundo, decir SIDA no es decir muerte. No es una condena segura gracias a los avances en los tratamientos, puesto que la vacuna definitiva, si no imposible, sí tendrá todavía que esperar seguramente muchos años. Para hablar del VIH, de tratamientos actuales y algún avance de innovación futura, tenemos hoy con nosotros a la inmunoviróloga María Yañez Mo, profesora de la UAM. También trataremos otros temas, como siempre, en formato más breve.

El LAB de JAL
L,X y V a las 10:05h en Radio 5

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MADRI+D TV (Divulgación científica con cara, e imágenes, en 3 minutos)

ENTRE PROBETAS (25 minutos de intensa y entretenida ciencia). Radio 5

EL LABORATORIO DE JAL (Píldoras científicas en 3 minutos). Radio 5

MARCA ESPAÑA (A CIENCIA CIERTA) Radio Exterior de España

A HOMBROS DE GIGANTES RNE

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CD81, una nueva bala en la recámara para la lucha contra el VIH

Una vez más, por si no lo tenía claro: las vacunas clásicas preparan al sistema inmune para defenderse de los virus o bacterias que generan enfermedades. Sin embargo, esta estrategia no ha funcionado con el virus del VIH que causa el SIDA. Los tratamientos que se han desarrollado hasta ahora consiguen que el virus no dañe al organismo al bloquear su replicación, pero no son capaces de eliminarlo. Por lo tanto, para mantener al virus en ese estado de latencia, el tratamiento se convierte en crónico. Por desgracia, el VIH es escurridizo, consigue mutar sus genes y así hacerse resistente a los tratamientos. Por ello es importante tener en la recámara otras estrategias para mantenerlo a raya. En el trabajo que acaba de aparecer en Nature Microbiology, el grupo de María Yáñez-Mó, describe una nueva diana terapéutica que puede ser crucial para combatir en un futuro esta enfermedad.

Hace unos años descubrieron que una proteína de la membrana de la célula llamada CD81 se asociaba a otra proteína, la SAMHD1. No se sabía nada de SAMHD1 y este resultado quedó sumergido en una aburrida tabla de interacciones. Un par de años después, SAMHD1 se había puesto de moda: se había demostrado que es una molécula que degrada nucleótidos, los ladrillos que utiliza la célula para construir el ADN y que el VIH también necesita para multiplicarse. Si en la célula escasean los nucleótidos, el virus no puede replicarse y la infección se detiene. Por ello, estudiar la interacción de SAMHD1 con CD81 se antojó crucial.

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Acoso al mal de Chagas: un problema olvidado en Occidente

Estamos acostumbrándonos a ver, leer y escuchar noticias sobre enfermedades que, como diría aquel, ocurren en lejanas montañas o tras grandes desiertos, como la malaria, el dengue o la enfermedad del sueño. Hoy voy a hablarles de otra de estas enfermedades, quizás, algo menos conocidas, pero igual de dramática…

La enfermedad de Chagas es endémica en Latino América, donde afecta a 7 millones de personas aproximadamente, pero se ha extendido a otros continentes y países a causa de la migración, siendo España el 2º país no endémico, por detrás de Estados Unidos en cuanto a casos detectados, todos ellos, casos importados. La enfermedad la causa un protozoo, Trypanosoma cruzi, transmitido por ciertos insectos hematófagos –que se alimentan de sangre- como el chinche conocido en América Latina como vinchuca.

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