El peligro de la miel transgénica

Se está haciendo un mundo, no basado en cuestiones científicas, con el etiquetado de algunos productos. Concretamente, estoy pensando en alimentos que puedan tener alguna traza de organismo manipulado genéticamente. Sí, los famosos transgénicos.

Desde México me llega la noticia de la preocupación que desde 2011 tiene el mundo apícola por la decisión de justicia de la Unión Europea sobre la comercialización de la miel de aquel país norteamericano. Concretamente, la exportación de la miel mexicana que pudiera contener alguna contaminación de polen de plantas transgénicas. Esto, por lo que se ve, no es baladí.

México es el sexto productor y el tercer exportador mundial de miel de abeja Apis mellífera. El 85% de esta miel viene a la Unión Europea algo que hace dependientes de nuestro consumo de miel a más de 40.000 apicultores y sus familias mexicanas. Por otra parte, y como todos sabemos –y si no aquí estoy ya para contártelo-, en Europa existe una oposición masiva al cultivo de plantas transgénicas apoyada en gran medida por el bien o mal llamado –depende de para qué se aplique- principio de precaución que alude a los posibles efectos adversos a largo plazo de estos productos para la salud humana o el medio ambiente –algo que la ciencia se empeña en desmentir infructuosamente-.

Curiosamente, esta orden impide que se pueda sembrar en territorio europeo la soja suficiente para alimentar a nuestro ganado, algo que nos obliga a importar más del 90% del continente americano y ¿sabes qué? Dicha soja es, como ya habrás adivinado, transgénica. El que escribe estas líneas, no lo entiende… Sea como fuere, y como te contaba, todo aquel producto que entre en el mercado con más de un 0.9% de ingredientes producidos por cultivos transgénicos ha de ser debidamente señalado y etiquetado. Obviamente, ese ridículo porcentaje del 0.9% es absolutamente arbitrario. No obedece a ninguna cábala algorítmica mágica o maligna…

En esta vorágine de decisiones arbitrarias, el 6 de septiembre de 2011, una decisión judicial de la UE obligó a considerar el polen no ya como un componente de la miel, sino como un ingrediente, lo que obliga a etiquetar todo el producto como transgénico si entre ese polen presente en la miel importada de México hubiera más de un 0.9% procedente de cultivos transgénicos. Teniendo en cuenta que México es, a su vez, uno de los mayores productores mundiales de cultivos transgénicos, pues, como decía mi querida abuela, pequeño, blanco y redondo… una aspirina.

No obstante, se quiso relajar esta locura cuando el 15 de enero de 2014 la Comisión Europea consideró al polen de nuevo como componente natural de la miel y no un ingrediente al margen. Aunque parezca una perogrullada, esta simple cuestión eliminaría el requerimiento de etiquetar las mieles con polen de cultivos genéticamente modificados debido a que el porcentaje del polen se consideraría sobre el total del volumen de la miel y no sobre el total del polen. Dado que el polen no ocupa ni 0.5% del volumen de la miel, sería prácticamente imposible que se encontrara más de 0.9% de polen transgénico.

Como digo, entramos en cuestiones absolutamente ideológicas apartadas de lo que dice la amplia productividad de literatura científica al respecto. Llegado a este extremo e independientemente de lo que digan las normativas europeas, países como Suiza –fuera de la UE- o Austria, con resoluciones o sin ellas, impiden la entrada de miel que tenga cualquier traza de transgénico, sea componente, ingrediente o aderezo. Tolerancia 0, dicen; rizar demasiado el rizo, digo yo.

Un amigo mío belga me dijo una vez que no hace mucho, todavía las madres de aquellos países que una vez estuvieron bajo el dominio del gran imperio por el que no se ponía el sol, mandaban a sus hijos a dormir con la amenaza de que, si no eran buenos y se dormían pronto, vendría el Duque de Alba a llevárselos. De seguir esta locura, la amenaza será, seguramente, con darles para desayunar miel con polen transgénico… Tiempo al tiempo…

JAL (DCC-CBMSO)

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA DEL 08 DE MARZO DE 2018

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La ciencia llega al Parlamento y a las calles
Ciencia en el parlamento es una iniciativa ciudadana independiente formada por más de 1.500 investigadores que apuesta por la implicación del método científico en el proceso general de la toma de decisiones, incluso en el mundo de la política. Sobre esta iniciativa hablamos esta noche con Eduardo Oliver, investigador en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares de Madrid y uno de los coordinadores de la iniciativa Ciencia en el Parlamento. También conversaremos sobre varias iniciativas de divulgación científica para todas las edades -miniferias científicas o el proyecto Aula Planeta Ciencia- con José González, director técnico y comisario de ambas propuestas.

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