¿Qué hacer con los bosques tras los incendios?


Posición de la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas (http://www.fundacionfire.org/), la Comisión Académica del Máster U. en Restauración de Ecosistemas (UAH, UCM, UPM y URJC; http://www3.uah.es/master_rest_eco/) y la Red de Investigadores Remedinal (https://remedinal.wordpress.com/)

Los recientes incendios forestales que han afectado amplias zonas en Galicia, Asturias y Portugal han sido una noticia relevante en los medios de comunicación por su coste en vidas y elevada destrucción de infraestructuras y capital natural. Con los últimos rescoldos apagados y el ánimo más sereno cabe preguntarse cómo actuar después. La gran magnitud que alcanzaron los incendios se debe a la conjunción de una larga e intensa sequía estival y otoñal con unas condiciones meteorológicas adversas, el tipo de cubierta vegetal que se ha favorecido y el abandono de la actividad agrícola y la ganadería extensiva en las zonas rurales. Sin obviar la profunda tragedia humana y económica, que han supuesto estos incendios, es necesario decidir cómo manejar los bosques incendiados para minimizar las pérdidas y restaurar las funciones y bienes de estos ecosistemas, así como su biodiversidad. Cualquier iniciativa en este ámbito debe contar con la aprobación de expertos en la materia, ya que las actuaciones equivocadas pueden producir graves daños ecológicos y económicos a pesar de las buenas intenciones.

Para la restauración del monte incendiado, debemos considerar tres horizontes temporales:

  1. A corto plazo, durante el primer año, debemos evaluar la respuesta de las áreas quemadas, en particular la funcionalidad del suelo y la capacidad de regeneración natural de la vegetación, por ejemplo valorando la viabilidad del banco de semillas, el rebrote de las plantas quemadas y la potencialidad del paisaje circundante como fuente de semillas. En ésta primera fase se recomienda realizar solamente actuaciones de emergencia dirigidas a minimizar los daños asociados al incendio. Es prioritario prevenir las pérdidas de suelo por erosión y la escorrentía cargada de ceniza; para ello, una buena estrategia es crear una cubierta de paja o ramas en zonas de alta pendiente, preferiblemente con paja de origen local para evitar que contenga semillas de especies exóticas. También debemos mitigar los daños a los sistemas de agua potable y proteger las zonas próximas de vegetación no incendiada. A corto plazo no es oportuno, e incluso puede resultar contraproducente, realizar reforestaciones, sobre todo si éstas requieren maquinaria pesada que podría compactar el suelo y agravar los problemas de erosión. Con la información obtenida en la evaluación se podrán distinguir las áreas donde la regeneración natural es adecuada y, por tanto, no es precisa ninguna intervención, de aquéllas en las que es necesario diseñar actuaciones para su posterior siembra o plantación si éstas son estrictamente necesarias.
  2. A medio plazo de uno a cinco años, la prioridad es el restablecimiento de una cubierta vegetal correctamente diseñada. Esta fase requiere de una planificación adecuada y no siempre conlleva la necesidad de actuar (es decir, la restauración forestal activa); es preferente la regeneración natural o restauración forestal pasiva si ésta es posible. Desde el punto de vista de la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas, un incendio no necesariamente implica una catástrofe, ya que los ecosistemas (al menos en su estado “natural”) suelen tener una alta capacidad de regeneración y hay numerosas especies de plantas que incluso requieren de los incendios para medrar. Los efectos de los incendios son espacialmente heterogéneos, generándose un mosaico de manchas con distinto grado de afectación, y las manchas y rodales menos quemados suministrarán semillas y refugios para la fauna forestal. Las decisiones precipitadas acerca de las actuaciones a tomar (p.ej. saca generalizada de la madera o plantaciones masivas de árboles) pueden reducir la capacidad de regeneración natural del ecosistema y generar nuevos problemas. Igualmente, la extracción de los árboles quemados no debe ser generalizada (excepto en zonas donde su caída supongan un claro riesgo, como cerca de caminos), ya que éstos cumplen funciones clave para la regeneración como frenar la erosión, liberar nutrientes, suministrar semillas, proporcionar refugio y alimento a numerosas especies y facilitar la labor de las aves dispersoras. Además, las actividades de extracción de la madera quemada suelen generar pérdida de suelo y destruir parte de la regeneración natural. Estos argumentos deben sopesarse frente al beneficio económico de la tala y el riesgo real que puedan suponer (p.ej. expansión de plagas o nuevos incendios). En contraste, donde la vegetación afectada es exótica, los incendios a menudo incrementan su capacidad invasora y por tanto las actuaciones deben priorizar su reducción y la regeneración de la cubierta vegetal con especies nativas.
  3. A largo plazo (más de cinco años) se requieren cambios profundos en la política forestal para la prevención de los grandes incendios. Estos cambios deben dirigirse a, principalmente, (a) el restablecimiento de la vegetación autóctona; (b) una política social que favorezca el repoblamiento rural y la restauración de un régimen de perturbaciones que limite la cantidad de material combustible en el monte, incluyendo la reintroducción de herbívoros tanto domésticos como salvajes y, en algunas ocasiones, la restauración de un régimen de incendios controlados; (c) la planificación de las actuaciones de prevención de los incendios; y (d) la aplicación de políticas destinadas a la mitigación de los efectos del cambio climático, en particular la adaptación de los ecosistemas al aumento de la aridez. En el caso concreto de los bosques atlánticos, cuya productividad a menudo es elevada, la política forestal debe promover modelos de gestión que armonicen la producción de bienes de alto valor económico con el mantenimiento de otros servicios ecosistémicos. Estos bienes no son sólo madera y, en el caso de la madera, es preferible que ésta sea de elevado valor financiero (robles, nogales y castaños, por ejemplo).

Puede consultarse más información sobre este tema en la Guía de Actuaciones en una Zona Quemada, de González-Prieto y Díaz-Raviña.

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LA VIOLENCIA EN EL SER HUMANO TIENE PROFUNDAS RAÍCES EVOLUTIVAS


“Saturno devorando a su hijo”, de Francisco de Goya (FOTO: WIKIMEDIA)

Un equipo de científicos españoles, en el que participa el investigador de REMEDINAL profesor de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) Marcos Méndez, ha demostrado que la violencia interpersonal letal, por la cual un sujeto es capaz de matar a sus semejantes, es un comportamiento ampliamente extendido en mamíferos, y la especie humana la ha heredado durante el curso de su evolución.

En un estudio que publica esta semana la prestigiosa revistaNature, los investigadores han recopilado datos de más de 4 millones de muertes y cuantificado el nivel de violencia letal en 1.024 especies de mamíferos, a partir de 137 familias taxonómicas y en alrededor de 600 poblaciones humanas, que van desde hace 50.000 años aproximadamente hasta el presente.

“¿Son los humanos violentos por naturaleza, como decía Hobbes, o seres pacíficos a los que la civilización corrompe, como sugería Rousseau? Esta cuestión ha cautivado a pensadores y científicos desde tiempos inmemoriales, pero a día de hoy aún no contamos con una respuesta definitiva, aunque probablemente ambos tenían parte de razón”, explica el autor principal de este trabajo, el investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA-CSIC) y la Universidad de Granada José María Gómez Reyes.

En este artículo, en el que también participa la URJC y el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE-CSIC), los investigadores trabajaron sobre la idea de que el componente violento de la naturaleza humana podría deducirse de nuestra historia evolutiva en común con los mamíferos.

Mamíferos poco violentos

Los científicos encontraron que existen linajes de mamíferos muy poco violentos con sus semejantes y otros donde la violencia es frecuente. “Los humanos pertenecemos evolutivamente a uno de estos últimos linajes, lo que sugiere que la violencia que manifestamos ya ocurría en las especies que fueron nuestros ancestros” indica Marcos Méndez, de la URJC y autor del artículo.

Tomando datos de humanos y otros mamíferos de una variedad de fuentes bibliográficas, y utilizando instrumentos comparativos filogenéticos, los científicos han determinado que la violencia letal como consecuencia de nuestro pasado evolutivo es en torno al 2%. “La violencia letal en humanos tiene, por tanto, un indudable componente evolutivo que antecede a nuestro propio origen como especie”, apunta Adela González Megías, investigadora de la UGR y autora del artículo.

No obstante, una revisión de la violencia letal en 600 sociedades humanas, desde el Paleolítico hasta la actualidad, reveló que no es posible ignorar las influencias culturales sobre la violencia letal en humanos. De hecho, “los niveles de violencia interpersonal letal han cambiado a lo largo de la historia, Así, el nivel de violencia letal en las sociedades prehistóricas concuerda estrechamente con la estimada a partir de nuestra larga historia evolutiva conjunta con otros mamíferos, pero aumenta mucho en las sociedades caciquiles y desciende a niveles muy bajos en sociedades más complejas”, destaca Miguel Verdú, autor del artículo e investigador del CIDE-CSIC.

Por ello, aunque la violencia interpersonal es un rasgo primordial en el ser humano, el tipo de organización social que desarrollemos puede mitigarla y favorecer la resolución pacífica de nuestros conflictos. Así, los resultados del estudio sugieren que la cultura puede influir a la herencia evolutiva de la violencia letal en los seres humanos.

Referencia bibliográfica:

The phylogenetic roots of human lethal violence, José María Gómez, Miguel Verdú, Adela González-Megías & Marcos Méndez. DOI: 10.1038/nature19758

Repercusión en los medios:

http://www.dailymail.co.uk/sciencetech/article-3809721/Making-murderer-Lethal-violence-humans-inherited-PRIMATES-evolution.html

 

https://www.scimex.org/newsfeed/murderous-mammals-evolution-mapped

 

The Guardian:

https://www.theguardian.com/science/2016/sep/28/natural-born-killers-humans-predisposed-to-study-suggests

 

National Geographic:

http://news.nationalgeographic.com/2016/09/human-violence-evolution-animals-nature-science/

 

Popular Science:

http://www.popsci.com/new-massive-study-shows-how-humans-evolved-to-hurt-each-other

 

International Business Times:

http://www.ibtimes.co.uk/humans-evolved-be-violent-species-we-can-change-our-own-nature-1583770

 

Phys Org:

http://phys.org/news/2016-09-nature-nurture-violence-genes.html

 

IFL Science:

http://www.iflscience.com/plants-and-animals/humans-tendency-murder-each-other-may-evolutionary-trait/

 

The Atlantic:

http://www.theatlantic.com/science/archive/2016/09/humans-are-unusually-violent-mammals-but-averagely-violent-primates/501935/

 

NPR:

http://www.npr.org/sections/thetwo-way/2016/09/28/495798448/what-meerkat-murder-tells-us-about-human-violence

 

Livescience:

http://www.livescience.com/56306-primates-including-humans-are-the-most-violent-animals.html

 

Science (sí, la revista competidora):

http://www.sciencemag.org/news/2016/09/why-do-we-kill-controversial-study-blames-our-distant-ancestors

 

Le Monde:

http://www.lemonde.fr/sciences/article/2016/09/28/les-racines-de-la-violence-humaine-plongent-dans-l-arbre-de-l-evolution_5005088_1650684.html

 

El País:

http://elpais.com/elpais/2016/09/28/ciencia/1475057376_740285.html

 

The Washington Post:

https://www.washingtonpost.com/politics/study-as-a-species-humans-inherit-murderous-tendencies/2016/09/28/cb943388-85a3-11e6-b57d-dd49277af02f_story.html

 

The New York Times:

http://www.nytimes.com/aponline/2016/09/28/science/ap-us-sci-evolutionary-murder.html?_r=1

 

ABC News:

http://abcnews.go.com/Technology/wireStory/study-species-humans-inherit-murderous-tendencies-42422555

 

Scientific American:

http://blogs.scientificamerican.com/cross-check/was-civilization-the-cure-for-primordial-human-violence/

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El funcionamiento y sensibilidad de las especies forestales ante el cambio climático se verá modulado por la variabilidad intra- e inter-específicas


El último informe del IPCC sobre cambio climático parece abundar de nuevo en todo tipo de datos que confirman el proceso de cambio climático acelerado en el que estamos inmersos. Elementos como el calentamiento progresivo del planeta, y el aumento de los niveles de CO2 de la atmósfera, empiezan a ser elementos de carácter incontestable a los ojos de la Comunidad Científica que desde hace décadas está inmersa en el estudio y análisis de todos los elementos socio-económicos y ecológicos que acompañan al cambio global, y en particular al cambio climático como un elemento  de dicho cambio global.

La Cuenca Mediterránea es una zona del planeta especialmente vulnerable a las alteraciones ambientales derivadas del cambio climático. Y pese a que fenómenos naturales como la sequía y los incendios han acompañado a la evolución de un gran número de especies vegetales en la constitución de los ambientes Mediterráneos, la intensificación de los periodos secos y el aumento de la frecuencia de los incendios forestales, son entre muchos otros, procesos a los que estamos abocados en las próximas décadas. Especial preocupación despierta el aumento de la temperatura, junto con la intensidad y recurrencia de las sequías. Si nos centramos en dicho aumento térmico, éste supondrá un elemento de impacto directo sobre las plantas en general; no solo por exacerbar otros estreses como los derivados de la falta de agua en el suelo, tan común en los meses estivales, sino por el propio impacto directo que ejerce sobre diversos mecanismos fisiológicos de las plantas. Así por ejemplo, procesos funcionales como la respiración o la fotosíntesis, relacionados con la pérdida y captura de carbono de las comunidades vegetales respectivamente, tienen una dependencia directa con la temperatura. Pero además de efectos directos sobre mecanismos funcionales básicos, la temperatura ejerce otros de carácter indirecto menos conocidos. Mayores temperaturas suelen traducirse en mayores demandas evaporativas de la atmósfera, que a su vez hace que las plantas se vean obligadas a establecer un mayor control sobre las pérdidas de agua. Si bien esto podría verse como algo positivo, lo cierto es que menor agua traspirada se traduce también en menor carbón fijado por parte de los doseles forestales (Cano et al. 2013). Todo ello podría suponer una penalización sobre el papel de nuestros árboles como sumidero de carbono en el futuro. Al fin y al cabo, agua y carbono utilizan desde un punto de vista simplificado, las mismas vías de salida y entrada respectivamente en la planta; esto es los estomas de las hojas, que a modo de minúsculas válvulas de control regulan los flujos de ambos elementos entre la atmósfera y la planta.

Ante este panorama, un número importante de seres vivos verán alterados los ambientes en los que han vivido durante milenios en unas pocas décadas. Tiempo insuficiente para que muchas especies vegetales en particular, pero en especial aquellas de ciclos biológicos más largos como los árboles, puedan a través de cambios en la estructura genética de sus poblaciones generar suficiente variabilidad genética para afrontar las nuevas condiciones ambientales. Es precisamente esta variabilidad, uno de los mecanismos que puede actuar como salvaguarda de la adaptabilidad ante nuevos ambientes, junto con la plasticidad fenotípica. Esta última entendida como la posibilidad de generar individuos mejor adaptados al medio mediante la acomodación de los mecanismos funcionales y morfológicos a las nuevas condiciones ambientales a través de cambios en la expresión del potencial genético actual. En este sentido, y en particular en lo referido a muchas de nuestras especies forestales, tanto la diversidad genética entre poblaciones y dentro de poblaciones, como la plasticidad fenotípica suelen ser ambas relativamente altas (Ramírez-Valiente et al. 2009; 2015; Sánchez-Gómez et al. 2013; Aranda et al. 2014). Aunque esto no quiere decir que en el futuro no se puedan superar los límites de adaptación a las nuevas condiciones ambientales, y tengamos que ser observadores de primera línea en procesos de extinción a nivel local de algunas poblaciones de especies forestales. Por ello urge adoptar medidas de conservación para aquellas poblaciones forestales actualmente en mayor riesgo. Muchas especies forestales típicamente Centro-Europeas como hayas, pinos silvestres o abetos blancos encuentran su límite sur-occidental de distribución en la Península Ibérica. Otros elementos más singulares de nuestra flora forestal como los pinsapos representan, de igual manera, componentes de nuestros sistemas forestales altamente sensibles a la aridificación del clima. Son por ello dichas especies, y algunas de sus poblaciones situadas hoy en día ya en situaciones casi marginales en algunos casos, a las que debemos prestar una especial atención.

Aranda I., Ramírez-Valiente J.A., Rodríguez-Calcerrada J. 2014. Características funcionales que influyen en la respuesta a la sequía de las especies del género Quercus: variación inter- e intra-específica. Ecosistemas, 23, 27-36.

Cano F.J., Sánchez-Gómez D., Rodríguez-Calcerrada J., Warren Ch.R., Gil L., Aranda I. (2013) Effects of drought on mesophyll conductance and photosynthetic limitations at different tree canopy layers. Plant Cell and Environment, 36, 1961–1980.

Ramírez-Valiente, J.A., Lorenzo, Z., Soto, A., Valladares, F., Gil, L., Aranda I. (2009) Elucidating the role of genetic drift and directional natural selection in genetic differentiation of cork oak (Quercus suber L.) Molecular Ecology, 18, 3803–3815.

Ramírez-Valiente J.A., Valladares F., Delgado A., Nicotra A.B., Aranda I. (2015) Understanding the importance of intrapopulation functional variability and phenotypic plasticity in Quercus suber. Tree Genetics and Genome 11: DOI 10.1007/s11295-015-0856-z.

Sánchez-Gómez D., Robson T.M., Gascó A., Gil-Pelegrín E., Aranda I. (2013) Differences in the leaf functional traits of six beech (Fagus sylvatica) populations are reflected in their drought tolerance. Environmental and Experimental Botany, 87, 110-119.

Ismael Aranda. Científico Titular en INIA-CIFOR

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Esculpiendo paisajes ‘naturales’ para estabilizar zonas de riesgo: el caso de la escombrera Nuria


La restauración geomorfológica como punto de partida para alcanzar una verdadera restauración ecológica en espacios afectados por movimientos de tierras ha sido convenientemente divulgada y explicada en el ámbito de los distintos programas REMEDINAL. Recientemente, esta técnica ha sido utilizada también, de modo pionero, para estabilizar zonas sujetas a actividades extractivas con un elevado riesgo. En concreto, la restauración geomorfológica acaba de ser aplicada para  asegurar una gran escombrera minera en la que se inició un deslizamiento rotacional del terreno, así como para evitar los efectos de una balsa de escorrentía, formada al pie de un antiguo frente de explotación, sujeta a episodios recurrentes de roturas y desbordamientos. Todo ello en la mina Nuria, Poveda de La Sierra (Guadalajara).

En el caso de la escombrera, el origen del deslizamiento se debió a que la actividad extractiva acumuló una cantidad elevada de estériles mineros rellenando un antiguo valle, impidiendo el drenaje natural de la cuenca aguas arriba, y saturando su interior de agua. Como consecuencia se produjo una gran rotura del subsuelo de la escombrera, dando origen a enormes grietas y hundimientos en su cabecera. A su vez, la masa de material deslizado invadió parte del valle situado aguas abajo, a modo de una lengua de tierra y barro que avanzaba varios centímetros a la semana. Técnicamente, esta inestabilidad se denomina deslizamiento rotacional (slump), dado que la superficie de rotura del interior del terreno es curva, y profunda, lo que provoca que la masa deslizada ‘rote’ en su movimiento.

Ante el riesgo que suponía esta inestabilidad se desarrolló una solución innovadora y pionera, combinando tres medidas universales: reducir el peso en la cabecera  y en los bordes de la rotura, drenar la masa deslizada, y reforzar la base de la lengua que invadía el valle. Pero únicamente mediante restauración geomorfológica. En concreto, a partir de la construcción de dos valles ‘naturales’ laterales, siguiendo el perímetro de la rotura. Y todo ello sin utilizar ninguna estructura ni elemento artificial (diques, hormigón, bulones, gunita…). Es decir, haciendo uso únicamente del remodelado de geoformas que replican a las naturales, construidas con los propios materiales de la antigua mina: bloques de roca, estériles mineros y antiguos suelos.

En el problema de la balsa, sucede que un hueco minero generado al pie de un antiguo frente de explotación acumulaba un gran volumen de agua (de escorrentía y subterránea). Después de eventos de precipitación muy intensos o continuados, esta gran balsa desbordaba, incluso rompía alguno de sus diques de cierre, provocando pequeñas avenidas o inundaciones relámpago (flash flood) aguas abajo. Ante este escenario, de nuevo, en lugar de recurrir a adoptar medidas estructurales costosas, cuya eficacia a largo plazo es más que dudosa, se acudió a la restauración geomorfológica. En este caso, se construyó un auténtico cinturón de meandros naturales aguas abajo de la balsa. Éstos fueron diseñados de manera experta (‘copiando’ la morfología de meandros del entorno). Con esta solución, en el caso de que ocurra algún rebose o rotura de la balsa aguas arriba, la energía de la avenida o pequeña inundación quedará totalmente disipada, de manera natural, por los meandros. A su vez, éstos causan que los sedimentos transportados por el flujo de agua (carga de fondo y sólidos en suspensión) sedimenten en su interior.

Estas soluciones, claramente innovadoras y ecológicas, muestran el camino que seguirán muchas actuaciones futuras ante problemas similares.

Autores: José Francisco Martín Duque, Ignacio Zapico Alonso, Cristina Martín Moreno

Más información: en el enlace https://vimeo.com/130539337 se puede acceder a un vídeo explicativo de la intervención sobre la escombrera

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Efecto de las plantas invasoras en el centro de la Península Ibérica


 

La introducción de especies potencialmente invasoras a través de cultivo ornamental o con fines de rehabilitación (p. ej. en bordes o medianas de carretera) se está convirtiendo en un grave problema medioambiental. Estas especies interaccionan con las autóctonas y pueden ser otra causa más para la perdida de la diversidad. Generalmente, las especies invasoras son capaces de transformar la estructura de los ecosistemas a través de fuertes mecanismos de competición o bien produciendo cambios en las condiciones medioambientales de las que dependen provocando incrementos en la mortalidad de los individuos de algunas especies y causando selecciones en la flora natural.

En el caso de Spartium junceum se da la circunstancia de que es un arbusto mediterráneo que sólo se considera nativo de unas pequeñas áreas en el sur de la Península Ibérica, pero que se cultiva ampliamente para la rehabilitación de los márgenes de carreteras o en medianas de autopistas. Por ello, hemos estudiado el efecto de esta especie sobre la vegetación natural en el parque regional de la Cuenca Alta del Manzanares en Madrid. En el año 1979 con motivo de la ampliación de la carretera de La Coruña (A6) se rehabilitó un área dañada con este nanofanerófito y posteriormente, con la declaración del parque regional esta zona fue incluida como parte del mismo en 1985.

Dada la geomorfología de la zona se pudo hacer una comparación de esa antigua plantación de Spartium junceum con la nativa de Cistus ladanifer a distintos niveles y exposiciones; así se analizó las características de los suelos, la composición del banco de semillas temporal y permanente bajo estos arbustos, la composición de los pastizales anuales que se desarrollan entre los mismos y la producción primaria neta de dichos pastizales.

Los suelos bajo Spartium mostraron un contenido de nitrógeno superior, lo que indica su capacidad -en común con otras leguminosas- de fijar el Nitrógeno atmosférico lo que confiere una ventaja sobre Cistus, que es N-limitado. Otros nutrientes del suelo como el fósforo, el magnesio y el calcio, y la disponibilidad de agua también son más altos en los suelos bajo Spartium que bajo Cistus. El fósforo que, generalmente se ha descrito como un factor limitante para aquellas especies fijadoras de nitrógeno, es paradójicamente la variable más significativa para el éxito de Spartium. La disponibilidad de agua, factor clave para la vegetación mediterránea, sobre todo en otoño cuando se recargan los suelos, también se mostró más favorable para Spartium, que es capaz de retener agua debido a su crecimiento que produce un dosel más cerrado que el de Cistus, evitando así su evaporación, lo que contribuye a su éxito.

Los pastos anuales muestreados son los típicos mediterráneos silicícolas bajo Cistus, mientras que son ruderales los encontrados bajo Spartium. En el banco de semillas temporal también hemos encontrado un predominio de especies terofíticas en ambas formaciones, mientras que en cuanto a las perennes ambas formaciones comparten un número de hemicriptófitos; además de caméfitos bajo Spartium y fanerófitos bajo Cistus. Especies anuales ruderales encontradas bajo Spartium como Bromus tectorum (planta invasora en otras partes del mundo) o Chenopodium album mostraron una tasa de germinación más alta en invernadero que cuando muestreamos la cubierta vegetal lo que sugiere el riesgo potencial de estas especies si se produjera un cambio en las condiciones medioambientales, sobre todo en las climáticas.

Los resultados muestran la capacidad de Spartium para establecerse en el nuevo entorno y garantizar su crecimiento con éxito. Esto es más evidente en las exposiciones norte y este que además muestran diferencias significativas en la riqueza. Es en estas exposiciones donde esta formación contacta con el núcleo de la vegetación natural mejor conservada de esta reserva natural, de ahí su riesgo medioambiental, porque hemos comprobado in situ la capacidad para producir nuevos individuos.

Autora: Rosario G. Gavilán

Más información en:

Impact of the non-indigenous shrub species Spartium junceum (Fabaceae) in native vegetation in central Spain. Rosario G. Gavilán et al. Journal of Plant Ecology 2015; doi: 10.1093/jpe/rtv039

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El aumento de la frecuentación humana del campo los fines de semana genera estrés en las aves esteparias


Investigadores de los Departamentos de Ecología y Biología de la UAM y del CSIC (Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos y Estación Experimental de Zonas Áridas) acaban de publicar los resultados de un estudio sobre cómo reacciona el sisón, un ave amenazada característica de medios agrarios abiertos, a la frecuentación humana de dichos ambientes durante el invierno. El trabajo, publicado en la revista Behavioral Ecology (http://beheco.oxfordjournals.org/content/early/2015/04/02/beheco.arv016.abstract), muestra que el nivel de estrés fisiológico en estas aves aumenta durante el fin de semana de forma significativa con respecto a los periodos previo y posterior al mismo.

El estudio ha constatado que durante los fines de semana hay una mayor frecuencia de actividades humanas en las zonas agrícolas, incluyendo presencia de cazadores, de paseantes y de ciclistas. Para medir el nivel de estrés generan estas actividades, los investigadores han empleado una hormona, la corticosterona, presente en las heces de los sisones. Los análisis han mostrado, que el grado de estrés aumenta con la intensidad de las molestias, particularmente las relacionadas con la caza, como son la densidad de cazadores o perros, o la frecuencia de tiros por minuto.

Los investigadores también comprobaron que durante los fines de semana los sisones pasan más tiempo vigilando o volando, comportamientos éstos típicamente anti-predatorios, ocupando, además, hábitats de menor calidad trófica. En cambio, tras el fin de semana, dedican más tiempo a comer, probablemente para recuperarse del gasto energético sufrido durante los fines de semana.

El trabajo señala que, aunque estas respuestas de comportamiento y fisiológicas permiten a los individuos hacer frente a situaciones estresantes, la exposición prolongada y repetida en el tiempo a dichas molestias podría llegar a tener efectos negativos en las poblaciones de sisón, dificultando el éxito de los programas de conservación.

Bando invernal mixto de sisones y gangas fotografiado en la zona de estudio (Campo de Calatrava, Ciudad Real). Foto: François Mougeot.

Autores: Rocío Tarjuelo et al. (TEG-UAM)

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¿Qué es la Restauración Geomorfológica?


El grupo de geólogos de la Universidad Complutense de Madrid que participan en el Programa de I+D REMEDINAL2-CM acaba de lanzar una web sobre Restauración Geomorfológica, con un enfoque novedoso al servicio de la Restauración Ecológica. El trabajo de este grupo puede considerarse pionero y muy destacado a nivel europeo. La doctora Cristina Martín, quien disfrutó de un contrato postdoctoral financiado por la Comunidad de Madrid y asociado a la red REMEDINAL-2, ha contribuido de manera decisiva a su puesta en marcha durante el disfrute de dicho contrato.

La web muestra en qué consiste la Restauración Geomorfológica (RG), los ámbitos donde puede aplicarse, las técnicas y principios en los que se basa, así como ejemplos ya desarrollados en España.

También pueden consultarse los servicios ofrecidos por el grupo de trabajo, los proyectos de investigación que desarrollan y publicaciones. Todo ello llevado a cabo gracias al trabajo en red y la colaboración de muchos expertos.

Link de la web: http://www.restauraciongeomorfologica.com

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El suelo, un recurso natural amenazado. Global Soil Week, 27-31 October 2013


Autora: María Alcázar y Saturnino de Alba, doctores en Geología, Universidad Complutense de Madrid

Del 27 al 31 de octubre se celebra en Berlín la segunda Semana Mundial del Suelo (“Global Soil Week”), organizada por el Global Soil Forum del Instituto de Estudios de Sostenibilidad Avanzados (IASS) de Potsdam (Alemania) y apoyada por la Comisión Europea, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), la Convención de Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), entre otras organizaciones internacionales.

El tema central del acontecimiento, titulado “Losing Ground?”, es la pérdida de suelo y se debatirán cuestiones como la implicación de la pérdida de suelo en la alimentación, el agua y la seguridad energética y la gestión sostenible del suelo. El programa se estructura en torno a cuatro ejes temáticos: ciclos de materia, gestión sostenible del territorio e ingeniería del suelo, políticas internacionales del suelo y objetivos de desarrollo sostenible y gobernanza responsable.

El suelo es un recurso natural no renovable a una escala temporal humana y el soporte básico imprescindible para la existencia de los ecosistemas terrestres. Su naturaleza como recurso no renovable hace que cualquier proceso de degradación que sufre tenga consecuencias irreversibles en la mayor parte de los casos. Los ecosistemas agrícolas son especialmente sensibles ante los procesos de degradación del suelo ya que su productividad depende, en buena medida del estado de conservación del mismo. Más aún en los paisajes mediterráneos de agricultura extensiva donde las condiciones climáticas ya son, por sí mismas, una importante limitación para la productividad.

España es el país mediterráneo europeo con tasas más elevadas de erosión actual y potencial (García Ruíz y López Bermúdez, 2009), y en la mayor parte del territorio español la erosión del suelo representa una seria amenaza para la sostenibilidad de los agroecosistemas y el sistema socio-económico rural. Según cifras provenientes del Ministerio de Medio Ambiente (MARM, 2005), un 30% de la superficie de nuestro país se ve afectada por tasas de erosión que son calificadas como medias (pérdidas de suelo de 10-50 Mg ha-1 año-1) y más de un 10% por tasas altas (>50 Mg ha-1 año-1).

Sin embargo, a pesar de la gravedad del problema, existe una importante carencia en el estado de conocimiento de los procesos erosivos en los paisajes agrícolas mediterráneos, así como de datos medidos directamente en campo que permitan cuantificar las pérdidas de suelo que tienen lugar en los distintos escenarios agroambientales (De Alba et al., 2011). Esta información resulta necesaria en el proceso de toma de decisiones respecto a modelos de gestión del territorio que consideren como premisa la sostenibilidad de la calidad y cantidad de la productividad biológica de los suelos, así como para el desarrollo de modelos predictivos que permitan evaluar la respuesta de las distintas alternativas de uso y sistemas de manejo del suelo para las características específicas del territorio (De Alba et al., 2003).

En este contexto se desarrolla una de las líneas de investigación del grupo del Departamento de Geodinámica de la UCM, dedicado al estudio de los procesos de degradación del suelo por erosión en ecosistemas agrícolas mediterráneos en relación con diferentes usos y manejos del suelo. El grupo dispone de un campo experimental situado en la Finca Experimental La Higueruela CSIC (Toledo), operativo desde el año 1992, que representa una referencia única a nivel internacional, tanto por la información detallada que aporta sobre la respuesta hidrológica y erosiva de usos agrícolas de secano (De Alba et al., 2009), como por la amplia serie de datos actualmente disponible con un total de 20 campañas agrícolas consecutivas, de 1992/93 a 2012/13 (Alcázar, 2013).

Imágenes del campo experimental sobre erosión de suelos agrícolas (1992-2013) situado en la Finca Experimental La Higueruela del CSIC (Santa Olalla, Toledo)

Referencias

Alcázar, M. 2013. Evaluación de la erosión hídrica en parcelas experimentales en campos agrícolas de secano mediterráneo. Tesis Doctoral, Facultad de Geológicas. Universidad Complutense de Madrid.

De Alba, S.,  Benito, G.; Lacasta, C.; Pérez-González, A. 2003. Erosión hídrica en campos de agricultura extensiva de clima mediterráneo. Influencia del manejo del suelo en Castilla-La Mancha. Edafología, 10-3: 103-113 (2003).

De Alba, S., Alcázar, M., Lacasta, C. y Benito, G. 2009. Water Erosion on Agricultural Lands in a Mediterranean Semiarid Climate in Central Spain. En: Faz Cano, A., Mermut, A. R., Arocena, J. M. y Ortiz, R. (Eds.) Land Degradation and Rehabilitation. Dryland Ecosystems. Catena Verlag, Advances in GeoEcology, 40: 27-36.

De Alba Alonso, S., Alcázar Torralba, M., Cermeño Martín, F. I. y Barbero Abolafio, F. 2011. En: Meco Murillo, R., Lacasta Dutoit, R. y Moreno Valencia, M.M. (Coord.) Agricultura ecológica en secano. Soluciones sostenibles en ambientes mediterráneos. Ministerio de Medio Ambiente Medio Rural y Marino, Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, Sociedad Española de Agricultura Española y Ediciones Mundi-Prensa, pp. 13-38.

MARM, 2005. Perfil Ambiental de España 2005: Informe basado en Indicadores. D.G. de Calidad y Evaluación Ambiental, SGT, Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino. Madrid.

García Ruiz, J.M. y López Bermúdez, F. 2009. La erosión del suelo en España. Sociedad Española de Geomorfología.

 

Enlaces de interés

-               Red de Estaciones Experimentales de Seguimiento y Evaluación de la Erosión y la Desertificación (RESEL) del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente: http://www.magrama.gob.es/es/biodiversidad/temas/desertificacion-y-restauracion-forestal/lucha-contra-la-desertificacion/lch_resel.aspx

-               Global Soil Week: http://globalsoilweek.org/

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Las comunidades microbianas del suelo y el funcionamiento de los ecosistemas de alta montaña mediterráneas


Autores: Alba Gutiérrez Girón(UCM), Rosario Gavilán García (UCM) y Agustín Rubio Sánchez (UPM)


La comunidades microbianas del suelo determinan el funcionamiento de los ecosistemas terrestres

Con frecuencia en los ecosistemas terrestres los procesos que suceden en la superficie del suelo y los que suceden en el interior del suelo han sido estudiados por separado. Sin embargo, ambos componentes de los ecosistemas son interdependientes y sus relaciones determinan el funcionamiento y propiedades de los ecosistemas (Wardle et al. 2004). Las plantas producen el carbono (C) orgánico necesario para los microorganismos del suelo (hongos y bacterias fundamentalmente), mientras que los microorganismos alteran y mineralizan la materia orgánica vegetal e indirectamente afectan a la productividad y composición de las comunidades vegetales al condicionar la tasa de renovación de nutrientes en el suelo. En un contexto de cambio global el papel de la microbiota del suelo en el reciclado de la materia orgánica es trascendental. Los suelos constituyen uno de los principales reservorios de C del planeta dado que se estima que el C orgánico del suelo representa aproximadamente el doble del C que se acumula en la atmósfera y en la vegetación terrestre (Schimel 1995). Por ello, un incremento de las temperaturas o un cambio en la composición de las comunidades vegetales puede tener efectos en la actividad microbiana y, por tanto, en la mineralización de la materia orgánica del suelo,  retroalimentando el incremento de las concentraciones de CO2 atmosférico (Davidson y Janssens 2006).

La comunidad microbiana del suelo en ecosistemas de alta montaña es diversa y dinámica

En contra de lo que podríamos esperar, en ambientes aparentemente hostiles para la vida, como son los ecosistemas de alta montaña, las comunidades microbianas de sus suelos son muy abundantes y poseen una llamativa diversidad genética y funcional (Lipson et al. 2002; Nemergut et al. 2005; Lipson 2007). Debido a las condiciones tan cambiantes que se dan en los ecosistemas de alta montaña, de una estación a otra las comunidades microbianas en estos suelos muestran variaciones importantes en su abundancia, composición y funcionamiento en periodos de tiempo muy cortos (Wardle 1998). Durante el invierno y comienzo de la primavera los cambios en las comunidades microbianas están relacionados con la existencia de una capa de nieve, con ciclos de helada y deshielo del suelo, así como con la disponibilidad de fuentes de C y N. Durante el verano los cambios en la comunidad microbiana se han relacionado con procesos de interacción con las plantas, en particular con procesos de partición y competencia por los nutrientes y con cambios en la disponibilidad de las fuentes de C procedentes de las plantas a través de exudados radiculares o calidad de la hojarasca (Bardgett et al. 2005). No obstante, en ecosistemas mediterráneos la humedad de suelo disminuye drásticamente durante el verano y es de esperar que la disponibilidad de agua en el suelo determine una dinámica de las comunidades microbianas diferente a la observada en otros ecosistemas durante este periodo. Así se ha comprobado que la disponibilidad de agua determina fuertemente la actividad de la microbiota edáfica en ecosistemas mediterráneos (Reichstein et al. 2002; Rey et al. 2002); sin embargo, en suelos de alta montaña mediterránea se desconoce si los periodos de sequía afectan a la abundancia de las comunidades microbianas y cómo la falta de agua modula el reciclado de la materia orgánica.

Figura. Aspecto de los pastos de alta montaña a mediados de junio (imagen izquierda) y a comienzos de septiembre (imagen derecha) en la Sierra de Guadarrama. Vista de la Bola del Mundo (2.200 m de altitud) desde la Maliciosa.

La comunidad microbiana en ecosistemas de alta montaña mediterránea es resistente a la sequía estival

Recientemente desde el Dpto. de Biología Vegetal II de la UCM, en colaboración con el Dpto de Silvopascicultura de la UPM, hemos abordado algunas de estas cuestiones estudiando la ecología de la comunidad microbiana en comunidades vegetales de alta montaña mediterránea en la Sierra de Guadarrama (Gutiérrez-Girón et al. 2013). Los resultados obtenidos indican un funcionamiento particular de los ecosistemas de alta montaña mediterránea determinado por la sequía estival. La microbiota del suelo en estos ecosistemas es resistente a la sequía y mantiene valores altos y relativamente constantes durante el verano. La resistencia a la sequía de la comunidad microbiana conlleva que no se liberen nutrientes, ni formas lábiles de C provenientes de la lisis de los microorganismos, en un periodo en el que la actividad biológica de las plantas y microorganismos es reducida y, por tanto, la demanda de recursos es escasa. La dinámica observada de la microbiota del suelo puede suponer un mecanismo relevante para la conservación del C y de los nutrientes del suelo. Esta dinámica es muy diferente a la observada hasta ahora en ecosistemas de alta montaña de latitudes templadas donde la alternancia en la demanda de nutrientes de plantas y microorganismos se ha descrito como el principal mecanismo que determina las variaciones de la microbiota del suelo (Jaeger et al. 1998, Bardgett et al. 2005). Finalmente, ante futuros procesos de cambio climático estos resultados sugieren que las variaciones en los patrones de precipitación en ecosistemas de alta montaña mediterránea pueden alterar notablemente la dinámica estacional de las comunidades microbianas y, por tanto, la disponibilidad y conservación de las formas lábiles de C y de los nutrientes en el suelo, lo que finalmente podría tener efectos en la productividad de estos ecosistemas.

 

Referencias

 

Bardgett RD, Bowman WD, Kaufmann R, Schmidt SK (2005) A temporal approach to linking aboveground and belowground ecology. Trends Ecol Evol 20: 634-641

Davidson EA, Janssens IA. 2006. Temperature sensitivity of soil carbon decomposition and feedbacks to climate change. Nature 440: 165-172.

Gutiérrez-Girón A, Rubio A, Gavilán RG (2013). Temporal microbial biomass and plant biomass variation during summer in a Mediterranean high-mountain dry grassland. Plant and Soil DOI 10.1007/s11104-013-1887-6

Jaeger CH, Monson RK, Fisk MC, Schmidt SK (1998) Seasonal partitioning of nitrogen by plants and soil microorganisms in an alpine ecosystem. Ecology 80: 1883-1891

Lipson DA, Schadt CW, Schmidt SK (2002) Changes in Soil Microbial Community Structure and Function in an Alpine Dry Meadow Following Spring Snow Melt. Microbial Ecol 43: 307-314

Lipson DA (2007) Relationships between temperature responses and bacterial community structure along seasonal and altitudinal gradients. Microbial Ecol 59: 418–427

Nemergut DR, Costello EK, Meyer AF, Pescador MY, Weintraub MN, Schmidt SK. 2005. Structure and function of alpine and arctic soil microbial communities. Research in Microbiology 156: 775-784

Reichstein M, Tenhunen JD, Roupsard O, Ourcival JM, Rambal S, Dore S, Valentini R. 2002. Ecosystem respiration in two Mediterranean evergreen Holm Oak forests: drought effects and decomposition dynamics. Functional Ecology 16: 27-39

Rey A, Pegoraro E, Tedeschi V, De Parri I, Jarvis PG, Valentini R. 2002. Annual variation in soil respiration and its components in a coppice oak forest in Central Italy. Global Change Biology 8: 851-866

Schimel DS. 1995. Terrestrial ecosystems and the carbon cycle. Global Change Biology 1: 77-91

Wardle DA (1998) Controls of temporal variability of the soil microbial biomass: A global-scale synthesis. Soil Biol Biochem 30: 1627-1637

Wardle DA, Bardgett RD, Klironomos JN, Setälä H, van der Putten WH, Wall DH (2004) Ecological Linkages Between Aboveground and Belowground Biota. Science 304: 1629-1633

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Seminario sobre impactos, vulnerabilidad y adaptación de los bosques y la biodiversidad de España frente al Cambio Climático


Durante los días 28 y 29 de mayo de 2013 se celebró en las dependencias del Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM), Valsaín (Segovia), el Seminario sobre impactos, vulnerabilidad y adaptación de los bosques y la biodiversidad de España frente al Cambio Climático. El objetivo general del seminario era servir de punto de partida y base de conocimiento para la elaboración del Informe de evaluación sectorial de impactos, vulnerabilidad y adaptación de los bosques y la biodiversidad de España, previsto como una de las líneas de Trabajo del Segundo Programa del PNACC. La Universidad de Alcalá de Henares es la institución encargada de coordinar el Informe de evaluación en colaboración con la Oficina Española de Cambio Climático (OECC) del MAGRAMA en el marco de un proyecto financiado por la Fundación Biodiversidad y dicha Universidad.

El seminario contó con 45 participantes, entre gestores forestales, especialistas científicos, técnicos e investigadores en planificación forestal y biodiversidad, expertos en modelización de los impactos del cambio climático, responsables de sistemas de observación y captura de datos sobre el estado y los procesos forestales, organizaciones profesionales de ambos sectores y ONGs. A lo largo de las presentaciones y debates mantenidos durante el seminario se ha puesto de manifiesto la existencia de una enorme cantidad de información en materia de evaluación de impactos, vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en los bosques y la biodiversidad española. Las presentaciones están disponibles en la web del CENEAM para su descarga:

http://www.magrama.gob.es/es/ceneam/grupos-de-trabajo-y-seminarios/seminarioPNACC/taller-impacto-adaptacion-bosques-cc.aspx

Sin embargo, esta información a menudo se encuentra de forma dispersa y en ocasiones está muy focalizada en casos concretos muy específicos, lo que subraya la necesidad de un informe que compile, evalúe y sintetice el conocimiento disponible y las prácticas que se llevan a cabo, valorando las áreas donde es necesario enfocar los esfuerzos futuros para generar nuevo conocimiento y donde es necesario no duplicar esfuerzos.

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