Archivo de enero, 2006

Las autopistas: barreras genéticas para los muflones en Norte América. M-501: Quien dice muflón, ¿dice lince?

Un estudio publicado en la revista “Ecology letters” trata sobre la pérdida de diversidad genética de una especie de muflón americano -en riesgo de extinción- debida a la presencia de autopistas en los territorios de estas poblaciones.

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Extinción y planes generales de ordenación urbana

La verdad es que no parece que exista quien dude que la destrucción de hábitat es el primer elemento de amenaza para la diversidad biológica a nivel global. Igualmente, nadie duda de que el principal factor de destrucción de nuestro patrimonio biológico en Madrid es la construcción de viviendas. Pero ¿tenemos evidencias de que la destrucción de hábitat por la construcción y la urbanización ha supuesto algún problema desde el punto de vista de conservación? No se trata de recuperar discursos académicos que demuestran, tras precisos y detallados estudios, cómo la fragmentación y la disminución del tamaño de las poblaciones determinan primero un declive y luego la extinción de poblaciones y especies. La cuestión clara es la de si se han producido extinciones o no como consecuencia de nuestra vorágine constructiva. Bueno, pues lo que probablemente mucha gente no sabe es que efectivamente se han producido extinciones por este afán constructivo. Quizás un caso paradigmático sea el de Hohenackeria polyodon (Umbelliferae), una planta de ambientes semiáridos que aparecía en nuestra comunidad en una localidad clásica, el Cerro Negro en la inmediaciones de Madrid. Pese a ser incluido en el catálogo de especies protegidas de la comunidad de Madrid con la máxima categoría de amenaza (Decreto 18/1992, de 26 de marzo) sucumbió bajo las palas de excavadoras. Nadie fue capaz de proteger esta joya de nuestra flora. Desgraciadamente, ninguno de los que en este momento viven en ese complejo residencial son conscientes de que aquel suelo era el hábitat y ahora el cementerio de una especie exclusiva. Probablemente, muchos puedan pensar que esa pérdida tampoco es tan relevante, máxime si tenemos en cuenta que la planta no es especialmente llamativa. El problema es que cada vez que perdemos una especie perdemos todo el esfuerzo evolutivo que atesoraba. Pocas de las mujeres que son tratadas de forma exitosa con taxol, un potente fármaco para luchar, entre otros, contra el cáncer de mama, son conscientes de que la molécula que les está dando la vida procede de una planta, un pequeño tejo norteamericano (Taxus brevifolia). Menos, serán conscientes de que este pequeño arbolillo estaba al borde de la extinción en el momento en que se detectó este fármaco. Si se hubiera llegado un poco más tarde, los factores antrópicos que habían determinado su declive hubieran acabado con la especie y, lógicamente, con su tesoro. Quizás alguien hubiera podido pensar que sólo era una especie más que desaparece, pero creo que todos aquellos que son tratados con este medicamento probablemente no piensan lo mismo. La verdad es que, para mí, resulta cuestionable hablar de conservación por el interés que ello puede tener para nosotros, servicios directos o indirectos, pero creo que en este momento de crisis de conservación que vivimos puede ser ilustrativo. Quizás los amigos de la “Deep ecology” tengan razón y lo único que debemos de pensar es que todos los organismos que comparten el planeta con nosotros tienen “derechos” más allá de lo que nos ofrezcan. Eso sería abrir una caja de Pandora, porque sería cuestionar que somos, como especie, una excepción biológica, y seguramente la mayoría de nosotros no estamos preparados para ello. En fin, otro día hablamos de eso.

 Adrián Escudero

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