Archivo de marzo, 2006

La presencia del Lince en Madrid o la honorabilidad de los investigadores

Estos últimos días ha salido en diversos medios de comunicación la noticia sobre un análisis de ADN en un excremento que indica la presencia del Lince Ibérico, Lynx pardinus, en Madrid. El profesor Emilio Virgós y dos investigadores de su equipo, Sara Cabezas-Díaz y Jorge Lozano, fueron las personas que encontraron en la ZEPA de los Encinares del Alberche y el Cofio el pasado mes de octubre el excremento en cuestión.

 

Este grupo de investigadores realizaba muestreos para un proyecto de investigación no relacionado con el lince cuando localizó el excremento que ha sido enviado a analizar. Este se procesó después de otras muchas muestras que tenían prioridad. Los investigadores tenían ya numerosos indicios sobre la posible presencia del Lince Ibérico en Madrid, y su experiencia les hizo sospechar que el excremento encontrado procedía de este felino en peligro crítico de extinción. El análisis de DNA confirmó su sospecha.

 

No puede negarse la relevancia científica del hallazgo. No obstante, las repercusiones políticas de este descubrimiento son las que han prevalecido en el debate público. Y la politización ha tenido lugar de un modo sorprendente y con una virulencia inusual: desde diversas fuentes se ha puesto en duda el proceso de recogida del excremento, y con ello implícitamente la honestidad de los científicos que lo encontraron.

 

La opinión pública y la clase política tienen que darse cuenta de que esta cuestión, la presencia o no de Lince Ibérico en Madrid, es un asunto puramente científico. Y por tanto, compete a los científicos y no a los políticos o al público en general el valorar la solidez de las pruebas presentadas. Se puede discutir la fiabilidad del análisis genético pero existen protocolos científicos extraordinariamente sencillos para verificar dicho análisis. Tampoco es admisible rechazar la evidencia poniendo en duda la honestidad de un científico y su equipo. Los científicos no se dedican a falsificar datos; ello va contra la lógica más elemental del proceder científico y además conduce a un desprestigio capaz de acabar para siempre con la carrera profesional del falsificador. En círculos científicos semejante acusación es gravísima y tiene que venir respaldada por pruebas o argumentos razonados que sean convincentes. En este caso, semejante falsificación sería absurda todo investigador sabe que resulta muy sencillo establecer no sólo la procedencia del material genético sino también el grado de parentesco con otros individuos conocidos de la especie. Si no se presentan esas pruebas u otras semejantes, las acusaciones carecen de fundamento y deben considerarse como un intento poco serio (y reprobable) de zanjar una disputa científica mediante un ataque personal (una falacia ad hominem en términos técnicos). La trayectoria científica de Emilio Virgós, con su demostrada experiencia en estudio de carnívoros, avalada por numerosos artículos científicos publicados en revistas de prestigio internacional, no hace verosímil para ningún científico las acusaciones de fraude. De hecho, la comunidad científica no ha manifestado ningún tipo de recelo ante la procedencia del excremento.

 

El debate científico y el debate político se rigen, obviamente, por reglas distintas. La descalificación y el ataque personal son, desgraciadamente, frecuentes en el debate político pero están fuera de lugar en círculos científicos. La propia comunidad científica tiene sus mecanismos para garantizar la honestidad profesional de sus miembros. La politización del presente hallazgo científico carece de fundamento. Si el Lince Ibérico está o no en Madrid puede tener repercusiones políticas más o menos complicadas, pero es una cuestión científica. Para los firmantes de esta nota, es admirable la honestidad científica de Emilio Virgós y su equipo, que han decidido hacer público un hecho científico a pesar de las más que predecibles consecuencias negativas que iba a reportarles desde el punto de vista personal y político.

 

Marcos Méndez Iglesias, profesor de Ecología, en representación del Área de Biodiversidad y Conservación de la Universidad Rey Juan Carlos, compuesta por 23 investigadores de plantilla y 14 investigadores en formación.

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Enhorabuena: al menos un lince en la comunidad de Madrid

Bueno, primero quería pediros disculpas por haber estado ausente durante las últimas semanas.

 

Probablemente muchos habéis tenido oportunidad de enteraros de la noticia. Un investigador de nuestra universidad, < ?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />la URJC, ha encontrado restos de lince ibérico en la comunidad de Madrid. Emilio Virgós, es un especialista en mamíferos carnívoros de reconocido prestigio internacional. Los materiales encontrados han sido analizados por el laboratorio de Ignacio Doadrio del Museo Nacional de Ciencias Naturales, uno de los dos laboratorios que en España se encargan de hacer este tipo de análisis genéticos para el lince, y los resultados son concluyentes. Se trata de restos procedentes de lince ibérico. Estamos de enhorabuena. La verdad es que la noticia no sorprende a prácticamente nadie, se trata de una zona donde las poblaciones de lince fueron abundantes hasta hace no más de 30 años y donde se acumulan numerosas referencias  de avistamientos, restos y señales de todo tipo a lo largo de estos últimos años. Además el grupo de Emilio Virgós, ya había venido detectando restos inequívocos de la presencia de estos animales durante los últimos diez años. Ellos mismos estimaban que podía existir una población residual de al menos 10 individuos. Obviamente tamaños tan pequeños de población hacen muy difícil la detección de animales tan difíciles de ver.

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Desde ámbitos no científicos se ha sugerido que quizás estos restos sean una simple manipulación. Sencillamente, y para los que habitualmente puedan ver CSI les resultará más fácil de entender, la manipulación es relativamente fácil de detectar. Buena parte de los individuos que quedan en las dos áreas con tamaños de población aceptables, Doñana y la sierra de Andújar, están genotipados, es decir conocemos su carnet de identidad genético, y para los que no, es muy sencillo establecer su parentesco genético. Es decir si alguien hubiera introducido cagarrutas de lince procedente de Doñana, por poner un ejemplo, se hubiera podido detectar con relativa celeridad.

 

En fin creo que es una noticia extraordinaria que no debe ser empañada con dudas de ningún tipo, no olvidemos que nuestro lince, es la especie de felino más amenazada del planeta. Afortunadamente la consejería de medio ambiente ha tomado medidas de urgencia e inmediatamente va a comenzar una evaluación sistemática de todo el territorio como primer paso para conocer el status real del lince en nuestra comunidad.

 

Hasta la próxima amigos weblogeros

 

Adrián Escudero

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