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Seminario sobre impactos, vulnerabilidad y adaptación de los bosques y la biodiversidad de España frente al Cambio Climático

Durante los días 28 y 29 de mayo de 2013 se celebró en las dependencias del Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM), Valsaín (Segovia), el Seminario sobre impactos, vulnerabilidad y adaptación de los bosques y la biodiversidad de España frente al Cambio Climático. El objetivo general del seminario era servir de punto de partida y base de conocimiento para la elaboración del Informe de evaluación sectorial de impactos, vulnerabilidad y adaptación de los bosques y la biodiversidad de España, previsto como una de las líneas de Trabajo del Segundo Programa del PNACC. La Universidad de Alcalá de Henares es la institución encargada de coordinar el Informe de evaluación en colaboración con la Oficina Española de Cambio Climático (OECC) del MAGRAMA en el marco de un proyecto financiado por la Fundación Biodiversidad y dicha Universidad.

El seminario contó con 45 participantes, entre gestores forestales, especialistas científicos, técnicos e investigadores en planificación forestal y biodiversidad, expertos en modelización de los impactos del cambio climático, responsables de sistemas de observación y captura de datos sobre el estado y los procesos forestales, organizaciones profesionales de ambos sectores y ONGs. A lo largo de las presentaciones y debates mantenidos durante el seminario se ha puesto de manifiesto la existencia de una enorme cantidad de información en materia de evaluación de impactos, vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en los bosques y la biodiversidad española. Las presentaciones están disponibles en la web del CENEAM para su descarga:

http://www.magrama.gob.es/es/ceneam/grupos-de-trabajo-y-seminarios/seminarioPNACC/taller-impacto-adaptacion-bosques-cc.aspx

Sin embargo, esta información a menudo se encuentra de forma dispersa y en ocasiones está muy focalizada en casos concretos muy específicos, lo que subraya la necesidad de un informe que compile, evalúe y sintetice el conocimiento disponible y las prácticas que se llevan a cabo, valorando las áreas donde es necesario enfocar los esfuerzos futuros para generar nuevo conocimiento y donde es necesario no duplicar esfuerzos.

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La transformación de la superficie terrestre por actividades humanas como componente principal del Cambio Global

Autor: José Francisco Martín Duque, Universidad Complutense de Madrid (UCM). Participante en el Programa de Actividades de I+D entre Grupos de Investigación de la Comunidad de Madrid REMEDINAL-2.

 

Con anterioridad a la actual crisis (¿sólo económica?) del ‘mundo occidental’, el problema ambiental ‘estrella’ en los medios de comunicación de estas zonas del planeta era el denominado Cambio Climático. Decimos “con anterioridad”, porque apenas queda rastro hoy de alguna noticia ecológica ‘global’ en estas regiones. Todo ello, a pesar de las evidentes conexiones que parece haber entre crisis, conflictos, crecimiento demográfico y competencia por recursos naturales, incluido el ‘territorio’.

En un artículo publicado recientemente (diciembre de 2012) en la revista GSA Today, del que son coautores dos investigadores de la red REMEDINAL (ver Hooke et al., 2012), se muestran algunas realidades que deberían dar lugar al inicio de una intensa discusión pública sobre el estado de degradación de la superficie terrestre. Esta degradación está ejercida por la presión que ha desencadenado y desencadena el crecimiento demográfico de las últimas décadas y las actividades humanas asociadas al legítimo desarrollo de las distintas sociedades.

Según dicho artículo, para el año 2007, las actividades humanas habían modificado ya el 53% de la superficie terrestre en términos ‘geomorfológicos’. Es decir, directamente moviendo tierras, o indirectamente mediante acciones que han causado cambios en los flujos de sedimentos. En un artículo anterior (Hooke, 1994), se había demostrado que los humanos éramos ya hace casi dos décadas el principal agente geomorfológico ‘esculpiendo’ la superficie terrestre.

En efecto, son varias las actividades humanas que mueven tierras y modifican, y en muchos casos degradan, la superficie terrestre. La minería, la construcción de infraestructuras o los procesos de urbanización son algunos ejemplos. Pero también el laboreo de superficies cultivadas mueve grandes cantidades de tierra, y favorece una erosión acelerada del suelo. A su vez, el pastoreo y los aprovechamientos forestales también incrementan la erosión. Una gran parte de los sedimentos erosionados acaba depositándose en la base de las mismas laderas transformadas, o bien en llanuras aluviales, modificando a su vez la configuración de la superficie terrestre. El resto es transportado por la red fluvial.

Muchas de estas actividades tienen además efectos indirectos más allá de las superficies directamente afectadas, de manera que el impacto total debido a la transformación de la superficie terrestre es muy superior al 53 %. Tanto los efectos directos como indirectos de esa modificación comprometen los servicios ecosistémicos que son esenciales para la supervivencia humana, muchos de los cuales son irremplazables.

Por todo ello, estos autores afirman que la transformación de la superficie terrestre por las actividades humanas es ya, y a buen seguro será en las próximas décadas, el componente más importante del Cambio Global.

La continua degradación de tierras agrícolas y la expansión del suelo urbano a expensas de suelos muy productivos (Figura 1), junto con la incesante degradación de servicios ecosistémicos esenciales, probablemente van a limitar la capacidad de la superficie terrestre para proporcionar una calidad de vida aceptable, incluso para la población mundial actual. De hecho, todo apunta a que podamos estar ya en un estado de superpoblación.

Figura 1. Cambios de algunos usos del suelo a lo largo del tiempo, con su extrapolación a 2050. Los datos de población y su proyección proceden de UNPD (1999). KG’01—Klein Goldewijk (2001); KG’11—Klein Goldewijk et al. (2011); P+—Pongratz et al. (2008); R+— Ramankutty et al. (2008); RF—Ramankutty and Foley (1999). Véase Hooke et al. (2012 para referencias, otras fuentes y otras estimaciones.

La superpoblación es un fenómeno según el cual la población de una especie determinada excede la capacidad de acogida de su ambiente. Y después de un tiempo en el que las reservas de los recursos se consumen de forma más rápida de la que éstos se renuevan, las poblaciones colapsan. Por todo ello, los citados autores argumentan que este tema de sostenibilidad es mucho más serio, si bien se verá amplificado por el mismo, que el Cambio Climático.

Con el objetivo de buscar una verdadera sostenibilidad de la especie humana en el planeta, las alternativas son bien conocidas: 1) reducir la demanda de recursos; 2) desarrollar soluciones tecnológicas que puedan mitigar nuestros impactos; 3) adoptar medidas que, inicialmente ralenticen el crecimiento demográfico, y eventualmente lo reviertan. En el artículo citado se argumenta cómo es improbable que, por sí solas, las dos primeras medidas solucionen el problema. En este contexto, la Restauración Ecológica constituye una herramienta esencial para invertir los procesos de degradación territorial y restituir el capital natural y los servicios ecosistémicos que son imprescindibles para la supervivencia de la especie humana.

 

 

Referencias

Hooke, R.LeB. 1994. On the efficacy of humans as geomorphic agents. GSA Today, 4: 217- 224,225.

Hooke, R. LeB., Martín-Duque, J.F. and Pedraza, J. 2012. Land transformation by humans.GSA Today, 22(12): 4-10.

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La biodiversidad es un elemento clave para mantener la funcionalidad de los ecosistemas áridos

Un equipo internacional de investigadores, liderado por el ecólogo y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Fernando T. Maestre, concluye un estudio empírico cuyos resultados sugieren que la preservación de la biodiversidad vegetal es crucial para frenar los efectos negativos del cambio climático y la desertificación en zonas áridas. El trabajo se ha publicado en la prestigiosa revista Science bajo el título “Plant species richness and ecosystem multifunctionality in global drylands

 

Los resultados de este estudio indican que el número de especies de plantas vasculares está directa y positivamente relacionado con el funcionamiento del ecosistema, y que éste está inversamente relacionado con la temperatura media anual, en zonas de clima árido, semiárido y seco-subhúmedo (zonas áridas) de todo el planeta. Las zonas áridas constituyen uno de los biomas más importantes a nivel mundial, ya que cubren el 41% de la superficie terrestre, alojan al 38% de la población humana y tienen gran importancia para el mantenimiento de la biodiversidad, al albergar el 20% de los principales centros de diversidad de plantas y el 30% de las principales áreas de aves endémicas a nivel global. Estos ecosistemas son también muy vulnerables ante el cambio climático y la desertificación, dos de los principales problemas ambientales a los que se enfrenta la humanidad.

Si bien existen evidencias de que la biodiversidad es un factor importante para el correcto funcionamiento de los ecosistemas y que, por lo tanto, aquellos en los que conviven más especies proporcionan más servicios y funcionan mejor, este estudio es el primero en evaluar de forma explícita las relaciones entre la funcionalidad del ecosistema y la biodiversidad bajo condiciones naturales a una escala global.

El muestreo de campo ha consistido en una observación directa de 224 ecosistemas naturales dispersos a lo largo de 16 países de todos los continentes excepto la Antártida. Este trabajo ha sido completado por un escrupuloso examen de más de 2600 muestras de suelo, llevado a cabo en los laboratorios de las universidades Rey Juan Carlos (REDLABU), Pablo de Olavide (Sevilla) y de Jaén, donde se han analizado 14 variables relacionadas con el ciclo de elementos esenciales para la vida como el carbono, el nitrógeno y el fósforo. Las variables evaluadas están directamente relacionadas con el funcionamiento de los ecosistemas, así como con los servicios que nos prestan (mantenimiento de la fertilidad del suelo, control de la erosión, regulación del clima mediante la fijación de CO2 atmosférico, etc.), por lo que al medirlas no sólo se estima el estado funcional de los ecosistemas, sino que se obtiene información para poder identificar el inicio de procesos de degradación de los mismos, que en zonas como las estudiadas pueden llevar a su desertificación.

Los resultados obtenidos proporcionan evidencias empíricas sobre la importancia de la biodiversidad para mantener y mejorar la funcionalidad de las zonas áridas. La calidad y cantidad de servicios ecosistémicos depende en buena medida de variables como las evaluadas, por lo que los resultados obtenidos indican que el aumento del número de especies de plantas puede mejorar la provisión de los mismos. Asimismo, y dado que la desertificación a menudo comienza con la pérdida de la fertilidad del suelo, dicho aumento puede también aumentar la resistencia del ecosistema frente a la desertificación. En definitiva este trabajo pone de manifiesto la necesidad de considerar la biodiversidad a la hora de conseguir ecosistemas más funcionales y resistentes frente al cambio climático y la desertificación. En este sentido, los resultados de este estudio indican que el calentamiento global que está sufriendo el planeta disminuirá la funcionalidad de las zonas áridas, lo que repercutirá negativamente en su capacidad de producir servicios clave para el mantenimiento de la vida sobre el planeta. Es por ello que se puede contribuir a minimizar las consecuencias negativas del mismo, y a promover la resistencia de los ecosistemas frente a la desertificación, si se toman acciones decididas para conservar y restaurar la biodiversidad vegetal.

La publicación de este estudio es la culminación de cinco años de investigaciones, y de un esfuerzo colectivo en el que han participado más de 50 investigadores pertenecientes a 30 instituciones de 16 países diferentes. Todo este trabajo, coordinado y liderado desde la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) por el profesor Maestre, ha podido ser ejecutado gracias a la financiación aportada por numerosos organismos públicos y fundaciones privadas en los distintos países. Entre los fondos recibidos destacan muy especialmente el proyecto BIOCOM, dirigido por Maestre y financiado por el programa Starting Grants del Consejo Europeo de Investigación, así como la red de investigación EPES, financiada por el programa Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED) y coordinada por el Catedrático de Ecología de la URJC Adrián Escudero. El programa REMEDINAL, financiado por la Comunidad de Madrid y liderado por el Dr. Escudero, permitió también el muestreo de distintas parcelas en Australia y Estados Unidos.

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Vunerabildad y resiliencia de los ecosistemas forestales al cambio climático

Autores: Dr. Miguel A. Zavala, Dra. Marta Benito-Garzón, Natalia Vizcaíno-Palomar, Paloma Ruiz Benito. Grupo CIFOR-INIA, Programa REMEDINAL-2

Durante los últimos años diferentes modelos han puesto de relieve la vulnerabilidad de los ecosistemas forestales ibéricos al cambio climático con reducciones importantes en la distribución potencial de las principales especies en un escenario de creciente aridificación (Benito Garzón et al., 2008). No obstante los ecosistemas presentan numerosos procesos a diferentes niveles de organización biológica que pueden conferir resiliencia al sistema en su conjunto. Así, la evolución por selección natural, la plasticidad fenotípica, la migración o la sucesión secundaria entre otros, son procesos que pueden resultar en ajustes del sistema a las nuevas condiciones climáticas incluyendo una nueva configuración espacial y estructural de las comunidades. Estos mecanismos no obstante están ausentes de la mayoría de modelos ecológicos tales como los modelos de distribución  de especies (SDM) o los DGVM (Dynamic Global Vegetation Models), con lo que los que los niveles de vulnerabilidad  predichos presentan una gran incertidumbre.

Fig 1 (Autor: Ricardo Alia; poblaciones de Pinus pinaster en Sierra Cómpeta, Málaga). La adaptación local y la plasticidad son elementos esenciales para comprender la respuesta de las especies forestales tales como el pino negral al cambio climático (Benito-Garzón et al. 2011).

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