Historia y Biología I

Los personajes y los acontecimientos históricos son el objeto de estudio de la historia, mientras que, los seres vivos, lo son de la biología. El conocimiento es el objeto de la filosofía, que es la más antigua de las tres disciplinas y, de alguna manera, la más amplia. Pero sus objetos parecen comportarse de manera similar: los restos de algunos monumentos y los nombres de algunas personas permanecen en la historia, otros no. Algunas estructuras vitales y sus combinaciones permanecen a lo largo de los años, otras no. Algún conocimiento permanece, otros no…. La cuestión es : ¿Por qué?, ¿a qué regla obedecen estos procesos?. Todo el conocimiento tiene un origen común: La curiosidad humana y la capacidad de hacer preguntas. Al principio, la Naturaleza era el objeto de la filosofía y la filosofía intentaba contestar preguntas generales. Sydney Brenner, premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2002, dijo una vez que la biología pronto será una disciplina teórica y su reto será reconstruir el pasado. Estoy de acuerdo con esta opinión que encuentro muy interesante; pero entonces, la biología difiere en poco de la historia y ambas dependen de la filosofía. Tanto la historia como la biología, estudian el cambio, el efecto del tiempo en los negocios humanos (historia) o en los seres vivos (biología). Preguntarse acerca de la vida significa preguntarse por su pasado y su historia. Hacerlo acerca de la biología, significa preguntarse también por la historia de la biología. Historia y biología se entrecruzan de maneras insospechadas. El conocimiento de la historia de la biología es fundamental para la comprensión de la biología. Por lo tanto, antes de entrar en aspectos particulares de la biología o de su historia, veamos una opinión acerca de la Historia, así en general, con mayúscula, tomada de Arnold J Toynbee, que puede ponernos en el estado de ánimo necesario para abordar futuras lecturas:

Hay tres métodos diferentes de contemplar y presentar los objetos de nuestro pensamiento y, entre ellos los fenómenos de la vida humana. El primero es la indagación y registro de “hechos”; el segundo es la elucidación, mediante un estudio comparativo de los hechos establecidos, de “leyes” generales; el tercero es la recreación artística de los hechos en forma de “ficción”. Se acepta generalmente que la indagación y el registro de hechos constituyen la técnica de la Historia, y que los fenómenos de la provincia de esta técnica son los fenómenos sociales de las civilizaciones; que la obtención y formulación de leyes generales es la técnica de la Ciencia, y, que en el estudio de la vida humana la técnica es la antropología y que los fenómenos en la provincia de la técnica científica son los fenómenos sociales de las sociedades primitivas; y, finalmente, que la ficción es la técnica del drama y la novela, y que los fenómenos en la provincia de esta técnica son las relaciones personales de los seres humanos. Todo esto, en lo esencial, se puede encontrar en las obras de Aristóteles.

La distribución de las tres técnicas entre los tres departamentos de estudio no constituye, sin embargo, una separación tan radical como podría suponerse. La Historia, por ejemplo, no se interesa por el registro de todos los hechos de la vida humana. Deja aparte los hechos de la vida social en las sociedades primitivas, de la cual la antropología obtiene sus “leyes”; y entrega a la biografía los hechos de la vida individual, aunque casi todas las vidas individuales que son de suficiente interés e importancia para hacerlas parecer dignas de ser registradas han sido vividas, no en las sociedades primitivas, sino en una u otra de aquellas sociedades en proceso de civilización que se consideran convencionalmente como provincias de la Historia. Esta Historia se interesa por algunos, pero no por todos los hechos de la vida humana; y, de otra parte, además de registrar hechos, la Historia también recurre a ficciones y hace uso de leyes.

La Historia, como el drama y la novela, surge de la mitología, una forma primitiva de aprehensión y expresión en la que-como en los cuentos de hadas contados a los niños o en los sueños soñados por los adultos sofisticados-se deja sin trazar la línea que separa el hecho de la ficción. Se ha dicho, por ejemplo, de la Ilíada, que todo el que comienza leyéndola como Historia encuentra que está llena de ficción, pero que, igualmente, todo el que empieza leyéndola como ficción encuentra que está llena de Historia. Todas las historias se parecen a la Ilíada en la medida de que no pueden prescindir por completo del elemento ficticio. La mera selección, disposición y presentación de hechos constituye una técnica que pertenece al campo de la ficción, y la opinión popular está acertada en su insistencia de que ningún historiador puede ser “grande” si no es también un gran artista……….En todo caso, es casi imposible escribir dos líneas consecutivas de narración histórica sin introducir tales personificaciones ficticias como “Inglaterra”, “Francia”, “El partido conservador”, “la Iglesia”, “la Prensa”o “la Opinión Pública”…..

Si la historia surge de la mitología, suponemos que la historia natural y la biología, también. O sea que, para Toynbee entidades como “Inglaterra”, “Francia”, “El partido conservador”, “la Iglesia”, “la Prensa”o “la Opinión Pública”son personificaciones ficticias. Bien,….. tomaremos buena nota de ello cuando leamos los libros de texto y los artículos de biología a ver si “el genoma”, “los cromosomas”, “el núcleo” o “la célula”,……. incluso las propias “especies” de Linneo no vayan a ser también personificaciones ficticias. Todo habrá de ser cuidadosamente analizado. De todo ello habrá que ir hablando, pero de momento guarden en la memoria una frase para la reflexión:

La mera selección, disposición y presentación de hechos constituye una técnica que pertenece al campo de la ficción.

Porque tiene una enorme aplicación en el campo de la biología.

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