Archivo de noviembre 3rd, 2008

El exceso de fe puede llevar al fraude: Ernest Haeckel

                     

La dama con vestido blanco y un sombrero en las manos es Isadora Duncan (1878-1928), una bailarina estadounidense de fama mundial. El caballero que la acompaña y que se protege de los rayos del sol con un sombrero es Ernest Haeckel, a quien vemos en otra imagen posterior pintando una acuarela del natural.

                                       

Un hecho que merece cierta atención es que, al principio, es decir antes de ser universalmente aceptado, Darwin encontró mayor audiencia en Alemania que en Francia. En su libro “Les transformations du monde animal”, Depéret nos lo explica porque en Francia dominaban las ideas y puntos de vista de Cuvier, opuesto a la transformación de las especies. Puede ser. Cierto es, también, que en Alemania el darwinismo pronto encontró dos apoyos incondicionales. Uno en Haeckel (1834-1919), otro en Weismann (1834-1914).

 Haeckel fue un tenaz defensor de las tesis darwinistas. Su legado incluye enormes árboles filogenéticos como el de la figura cuyo trazado revela, a menudo, una gran imaginación, característica que, si bien puede ser útil en muchas ocasiones, también por ser utilizada sin el debido freno, puede ser fuente de errores que el tiempo se encarga de ir mostrando.

                                            

 

A pesar de haberse trazado sin la base científica suficiente, los árboles filogenéticos de Haeckel tuvieron una enorme difusión y todavía persisten en muchos libros de texto y tratados de biología. En el curso del tiempo, el conocimiento científico ha realizado podas despiadadas en dichos árboles, que han afectado sobre todo a los troncos principales dejándo un resto como de árbol desarbolado, es decir convertido en montón de leña.

En su libro titulado “Les transformations du monde animal”, (1929), Depéret no sigue uno por uno todos los detalles de la evolución de todos los tipos incluidos en los esquemas de Haeckel, pero sin embargo sí examina con cuidado las bases paleontológicas sobre las que reposan algunas de sus deducciones. Dice, por ejemplo:

 

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