Archivo de marzo 16th, 2009

La ciencia en la literatura, panorama con luces y sombras

La ciencia estudia la vida. De esto no cabe duda. Pero al mismo tiempo, influye en ella y la modifica de manera a veces imprevista, desconocida. Si bien es cierto que, a corto plazo, los puntos de vista más generales de la ciencia van siendo admitidos e incorporados; a medio y largo plazo, la sociedad puede poseer filtros mediante los cuales aprueba o suspende, admite e integra; o por el contrario, rechaza unos u otros puntos de vista de los científicos según criterios o leyes que la historia podría ir analizando.

La literatura constituye una parte importante de dichos filtros. Algunos autores han mostrado abiertamente su simpatía con la tarea de ciertos científicos; no tanto con la de otros. Por ejemplo, el blog “Evolución, la miseria del darwinismo” nos proporciona dos casos de escritores abiertamente hostiles con el darwinismo, el del lepidopterólogo Vladimir Nabokov:

La”selección natural”, en el sentido darwiniano de la expresión, no basta para explicar la milagrosa coincidencia de la apariencia y el comportamiento imitativo; tampoco me parecía suficiente apelar a la teoría de la “lucha por la vida” cuando comprobaba hasta qué extremos de sutileza, exuberancia y y lujos miméticos podía ser llevado un mecanismo defensivo, que en cualquier caso va muchísimo más lejos de lo que pueda apreciar ningún depredador. Descubrí así en la naturaleza los placeres no utilitarios que buscaba en el arte. En ambos casos se trataba de una forma de magia, ambos eran un juego de hechizos y engaños complicadísimos.

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cuando se predicaba la doctrina neodarwiniana yo no intentaba ocultar mi desdén intelectual hacia su ciega tosquedad y su superficialidad lógica, ni mi natural aborrecimiento de lo que tiene de asqueantemente inhumana/ …/porque la selección natural carece de significación moral: trata de la parte de la evolución que carece de propósito y de inteligencia y a la que mejor se le podría llamar selección accidental y, aún mejor, Selección No Natural, pues nada hay menos natural que un accidente. Si se pudiera demostrar que todo el Universo es producto de una selección así, sólo los tontos y los granujas podrían soportar la vida”.

Por mi parte, no conozco, ni creo que sea fácil encontrar textos literarios en los que autor alguno muestre simpatía por el darwinismo. A cambio, sí que puedo proporcionar ejemplos de naturalistas, cuya obra ha sido bien acogida por autores  literarios. Veamos dos ejemplos de la huella de Cuvier.

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